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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-02-2015

A John Wayne no lo mat Stalin, lo mat su gobierno

Pepe Gutirrez
Rebelin


Smbolo de actor derechista, casi fascista, Wayne fue admirado como un actor que fue ganando mientras envejeca. Su muerte fue una de las paradojas del siglo americano.

Se cuenta que Josef Stalin era un admirador ferviente de las pelculas de John Wayne, en particular las dirigidas por John Ford, algo de lo ms comn considerando que por ejemplo- a Trotsky tambin le gustaban las pelculas del Oeste y que sala de los cines imitando a los vaqueros. Lo que ya no era nada humano ni comn era el poder que lleg a tener el padrecito de los pueblos quien, segn cuentan testigos, en una de sus noches de borrachera no soport que le dijeran que el actor era un furibundo anticomunista, por lo que orden que lo mataran. Un bigrafo de Wayne ha escrito que este sufri varias tentativas de asesinatos, pero quien en realidad, lo mat fue su propio gobierno mediante unas pruebas atmicas que radiaron a millares de personas de su propio pas, aunque eso era secreto nacional y tuvieron que pasar muchos aos para que salieran a la luz un poco de informacin.

Retomaremos este punto al final, ahora queremos explicar aunque sea en cuatro trazos como fue que un actor tan limitado como Wayne llegara a erigirse como la mxima expresin del western, justo cuando este gnero conoca su mayor esplendor, en realidad su canto de cisne.

Como era propio en Hollywood, John Wayne no se llamaba as. Su nombre eral era el de Marin Michael Morrison, llamado (Winterset, Iowa, 1907-Los ngeles, California, 1979), un nombre para nada cinematogrfico.. Con su familia establecida en el Oeste, el joven Morrison viva cerca de los estudios, lo que le llev a actuar como figurante, a conoce al legendario Tom Mix y lo que fue ms importante, a hacer amistad con John Ford (1927) y su clan irlands. John apareci por primera vez en los crditos de una pelcula con el nombre de "Duke" Morrison, en 1929. Fue lo suficiente para que Raoul Walsh lo adoptara como protagonista de todo un clsico, La gran jornada, (The Big Trail, 1930), un comienzo deslumbrante que no tendr continuidad.

No fue hasta casi una dcada despus que Wayne tiene otra oportunidad de oro con La diligencia (Stagecoach, 1939), un ttulo que demuestra la ambivalencia tica de John Ford, que al mismo tiempo que denuncia el cinismo de los banqueros emplea a Gernimo como lo que nunca fue, un tipo que se dedicaba a asaltar diligencias para que los viajeros mostraran su puntera; al final, el proscrito (Wayne) y la muchacha del saloom (de la vida), comienzan una nueva vida. El encuentro queda para la historia. Wayne ya ha encontrado a su maestro, alguien que hace de este limitado actor de serie B, un profesional o quizs ms, todo un personaje.

A lo largo de su dilatada trayectoria, Wayne alterna ttulos mediocres fuera del western, con una serie de westerns excepcionales bajo la batuta, por supuesto, de John Ford con el que alcanzar la perfeccin (Fort apache, La legin invencible, Tres padrinos, Centauros del desierto, Misin de audaces, El hombre que mat a Liberty Valance) pero tambin con Raoul Walhs (Mando siniestro), Michael Curtiz (Los comancheros), John Farrow (Hondo), casi alcanza alturas comparables a las de Ford con Howard Hawks (Ro Rojo, Ro Bravo, Eldorado) o se aproxima con Henry Hathaway (El pastor de la colina, Los cuatro hijos de Katie Elder, Valor de ley que le proporciona el Oscar)Un listado para entusiasmar a Stalin y a cualquiera, a varias generaciones de cinfilos que se sintieron atrapados por un arquetipo de personaje duro, socarrn, ambiguo, odioso y entraable a la vez. Es una figura ejemplar, asequible gracias a su sencillez, de la nica epopeya del mundo, alguien reconocible, incluso para las chicas intrpidas que habran gustado de un padre as.

A lo largo de los aos, Wayne fue perfeccionando con meticulosidad en cada ocasin, paralelamente a su largo recorrido de "hombre del Oeste", acreditado o no con una estrella de sheriff; el ropaje del western le sentaba como un guante. Pero tambin destacar ms ocasionalmente- con otras variaciones fordianas

Es un cine nico que reflejan a la vez una nostalgia y una inquietud que los aos setenta acusan su crepsculo. En sus ltimos aos, el "Duke", como se le apoda desde hace tiempo en los estudios, arrastra la decadencia en un Oeste que se parece al grande pero que ya es resulta mera repeticin. El actor sufre en estas circunstancias, y se humaniza, sin l todas aquellas pelculas de Andrew MacLaglen o de Burt Kenindy, no seran nada. Finalmente, su forma de andar, el rostro cuadrado raramente maquillado (a veces un bigote), un acento de pato y ladridos irnicos o conminatorios, una sonrisa afilada, eso no se olvida; como tampoco se borra la imagen del imparable revs con el rifle en la cabeza del malo de turno, rasgo de una firma que, a lo largo de la leyenda, se mantiene viva. Es lo que explica que 16 aos despus de su muerte, John Wayne siga figurando el primero en la lista de los actores proferidos por el pblico, eso a pesar de que sus pelculas solamente se pueden ver ya en su formato domstico

De sus incursiones, bastante raras, en el filme de tipo ms psicolgico, se pueden retener un hito (su adis a la Republic: va pasar a la Warner), Et hombre tranquilo (Ford, 1952), y su ltimo trabajo, que no es una interpretacin inventada: Wayne muere de cncer (El ltimo pistolero, de Don Siegel, 1976). Si, por otra parte, Wayne ha pagado con creces el tributo, a la pelculas de guerra, exaltando el valor y la abnegacin por tierra, mar y aire, paga la estupidez de los productores con su presencia irrisoria en Genghis Kahn, o como el soldado romano que ayuda a Max von Sydow portador de la cruz de Cristo, en una engolada pasin pesadamente contada por el peor George Stevens (1965).

Habra mucho que hablar de sus incursiones militaristas (No eran imprescindibles, Escrito bajo el sol), de su aporte sobrio al gnero de aventuras (Piratas del Caribe, La venganza del bergantn, sobre todo Hatari, tan delerznable ticamente), s bien el nmero de mediocridades reaccionarias tambin es considerable, aunque en este caso fueron ttulos ms bien olvidables. Wayne humill a Nicholas Ray (y a Robert Ryan) en Infierno en las nubes, golpe a Frank Sinatra porque este defendi a un guionista de las listas negras, estrope el brbaro y la geisha, donde John Huston lo humill a l hacindole morder el papel cuando, tras vencer a un gigante japons, otro casi enano lo tir por tierra, algo que para una espada del Imperio resultaba inadmisible de manera que ech pestes del autor de El halcn malts.

El halcn de extrema derecha, el colono racista y orgulloso, el beato hipcrita, el aplogo de ecocidio del Vietnam, fue empero una de las vctimas del pentagonismo nuclear, al igual que miles, quizs millones, de norteamericanos annimos. Sucedi durante la filmacin de The Conqueror (El conquistador de Mongolia, con cuyo material se podra realizar una comedia surrealista), que se desarroll en pleno desierto muy trabajosamente y con mltiples problemas: durante los meses del rodaje el personal soport unos demoledores 38 Algunos testimonios de los sobrevivientes del equipo aseguran que, de noche, se produca un fenmeno extrao: las arenas del desierto de Escalante brillaban en la oscuridad con un resplandorEl rodaje comenz a principios de junio de 1954. Powell y su equipo se trasladaron desde Los ngeles, California hasta la ciudad de St. George, Uta ya que, en plena guerra fra, era obvio que Mongolia estaba completamente vedada . el resultado fue una experiencia trgica donde las haya ya que, a la larga, todo el equipo fue falleciendo de cncer, incluyendo claro est los componentes del reparto: John Wayne, Susan Hayward, Agnes Moerehad, Pedro Armendriz, Lee Van cleef

.John Wayne ilustra como pocos actores de Hollywood las palabras de Walter Benjamn que detrs de cada pgina civilizatoria hay otra de barbarie, a veces incluso son pginas que van pergaminadas en el mismo objeto, un objeto de arte que, al mismo tiempo, puede ser una apologa del mal social. Esta ambivalencia nos perturb antao, y perturbar a travs de los tiempos ya que buena parte de sus pelculas son inmortales. En este punto, Godard dio de lleno cuando dictamin que se poda amar al actor y odiar al individuo, a uno de los contados famosos que haba apoyado la causa franquista, el ms repulsivo de los anticomunistas. Un tipo que, en una de sus entusiastas contribuciones macarthistas, Big Jim McLain (1952), presenta una conspiracin comunista digna del franquismo, ante lo cuales no admite la menor contemplacin. As, cuando la chica (Nancy olson9, le dice que estos pueden seres humanos, l responde secamente: Son enemigos y a mis enemigos los mato.

Al igual que Tony Blair, John Wayne acab convirtindose a la Iglesia catlica, algo que esta present como un triunfo, de manera que en una Web afn se dice al respecto: Desde temprana edad, mi abuelo tuvo un gran sentido de lo que era moralmente correcto. Se cri en un mundo regido por principios cristianos y una especie de fe bblica que, creo, tuvo un fuerte impacto sobre l. Tambin recuerda que pasado el tiempo, mi abuelo fue involucrndose en la recaudacin de fondos para los pobres y para las labores sociales de la Iglesia que organizaba siempre mi abuela, y despus de un tiempo, not que la visin caricaturesca que le haban infundido sobre los catlicos no se corresponda con la realidadSanto neoliberal, partidario de Barry Goldwater que defenda el empleo de la bomba atmica en China o en el Vietnam, John Wayne era uno de esos individuos dispuestos a que los pobres pudieran comer lo que caa de su mesa, alguien para los que fue ideado el fuego del infierno.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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