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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-02-2015

La libertad de reproduccin

Lidia Falcn
Pblico.es


Siete pases de Latinoamrica tienen en sus Cdigos Penales criminalizado cualquier supuesto de aborto. Chile, Hait, Honduras, Nicaragua, Repblica Dominicana, Surinam y El Salvador. En otros como Costa Rica, Mxico y Argentina donde se contempla la posibilidad del aborto terapetico, la conjura entre mdicos y jueces hace prcticamente imposible que una mujer pueda acceder a interrumpir su embarazo en el Servicio Pblico de Salud.

En Mxico una nia de 11 aos qued encinta al haber sido violada por su propio padre. Ni la evidencia de la agresin, ni el peligro que viva la criatura inmadura para dar a luz, ni la presin de las feministas movieron un pice a la compasin ni a la Iglesia ni al Estado para permitirle el aborto.

En Chile ha gobernado una coalicin llamada de Concertacin Democrtica que ha estado presidida durante una legislatura por la socialista Michelle Bachelet, que repite ahora mandato, y sin embargo ha sido imposible que se legalizara el aborto, ni siquiera en los casos ms graves.

En Costa Rica a pesar de estar permitido el aborto teraputico es casi imposible que una mujer embarazada de un feto inviable pueda practicrselo en el Servicio Pblico de Salud.

En Nicaragua, el Presidente Daniel Ortega, otrora guerrillero y dirigente del Frente Sandinista, lleg a un acuerdo con el reaccionario cardenal Obando, para prohibir, en todo supuesto, la interrupcin voluntaria del embarazo. Me llegan los llamamientos desesperados de las organizaciones feministas explicndome que estn muriendo diariamente mujeres por practicarse abortos clandestinos en condiciones sanitarias deplorables, y que si descubren a las supervivientes las encarcelan.

En El Salvador, donde desde hace dos legislaturas han ganado las elecciones los dirigentes del Frente Farabundo Mart de Liberacin Nacional, que libraron durante veinte aos una cruenta guerra contra la oligarqua que mantena uno de los ms sanguinarios gobiernos de Centro Amrica, estn encarceladas 17 mujeres por haberse practicado un aborto. Es muy penoso comprobar que los revolucionarios pueden comportarse con las mujeres como los peores reaccionarios.

En todos estos pases los mdicos se han rendido al poder, sin mostrar un pice de compasin y humanidad, cobardes atemorizados se niegan a practicar ningn aborto, incluso cuando la vida de la madre corre peligro o el feto es inviable.

Pero tanto los medios de comunicacin como los polticos de los pases democrticos, tratan a los mandatarios latinoamericanos que mantienen tal represin contra sus ciudadanas como si se tratara de iguales, obviando cotidianamente cualquier denuncia contra la masacre que all se produce para impedirles a las mujeres la libertad de decidir su maternidad.

En unas sociedades como las de esos pases latinoamericanos, en donde rige un patriarcado primitivo y la violencia contra las mujeres se ejerce por los hombres impunemente, donde las desigualdades econmicas sitan a las mujeres pobres en el ltimo escaln de la marginacin, en las que persiste la imposibilidad de acceder a los derechos fundamentales por parte de las clases explotadas y particularmente de las mujeres, donde la participacin de estas en la vida poltica sigue siendo minoritaria o coaccionada por intereses polticos de los partidos gobernantes que no reflejan sus intereses, la penalizacin del aborto significa una doble represin contra ellas. En esos pases, a pesar de sus pomposas declaraciones de democracia, con las que sus gobernantes se llenan la boca en discursos pblicos y en las relaciones diplomticas con el resto del mundo, no se ha amenguado un pice la influencia de la Iglesia catlica ms reaccionaria, con una negacin permanente para cumplir la Laicidad del Estado, siendo as que la doctrina de las Encclicas sigue rigiendo la vida civil.

La penalizacin absoluta del aborto, en los pases antes reseados, debe afectar a la conciencia de todas las mujeres y de todos los hombres que acepten los principios fundamentales que han construido los Estados Modernos. La libertad, la igualdad y la fraternidad son conceptos vacos, pervertidos y gastados, cuando se persigue a las mujeres por disponer de su propio cuerpo y se les prohbe escoger cuando quieren ser madres. La propia Organizacin Mundial de la Salud ha aconsejado a los gobiernos que legalicen el aborto y se practique en el Sistema Pblico Sanitario. Est demostrado que en los pases donde rigen tales normas legales no solo dejan de ocasionarse muertes por abortos spticos, as como las consecuencias invalidantes de estos, sino que implementando a su vez los mtodos anticonceptivos modernos se producen menos embarazos indeseados.

En Chile, en Honduras, en Argentina, en Mxico, cuyos gobernantes aparecen triunfantes y contentos en los medios de comunicacin, presumiendo de que en sus pases se ha implantado la democracia y la modernidad, no importa si la vida de una mujer gestante corre peligro, no importa si las condiciones del feto son incompatibles con la vida, y menos an si el embarazo es producto de una violacin. Cientos de nias, jvenes y mujeres adultas son obligadas a parir sin que haya que velar por su bienestar fsico y emocional ni se tenga en cuenta su decisin.

En ningn momento de su vida como en la maternidad se constata con total evidencia que las mujeres constituyen la clase ms explotada y oprimida de esos pases, que son vistas como simples mquinas de reproduccin, y que sobre su existencia recae con toda crueldad el dominio patriarcal que considera los cuerpos de las mujeres como su propiedad.

El machismo se ceba en todas las mujeres. Incluso las de mayores recursos econmicos que suelen pertenecer al padre o al marido- tienen que contar con el permiso de estos para que puedan abortar en los hospitales privados. No son dueas de su decisin. Los mdicos no las atenderan sin contar con la anuencia del hombre que las posee. Por supuesto, en ningn pas del mundo se considera que el aborto es responsabilidad de los hombres con quienes han engendrado las mujeres, acusadas de ser delincuentes. Tanto el sufrimiento fsico y emocional, como la responsabilidad social y criminal recaen exclusivamente en la mujer. Ellos no son cuestionados en ningn momento, ni se les imputa en el proceso penal. Inclusive cuando un embarazo es producto de una violacin en el seno del matrimonio. Y fuera de l, la imposibilidad de probar la violacin hace que el noventa por ciento de los casos queden impunes.

Todas las mujeres y todos los hombres que creen y defienden los Derechos Humanos deben unirse a la campaa para exigir que el aborto se despenalice en esos pases, por una cuestin de justicia, de derechos humanos, de salud, de tica y de libertades fundamentales; porque las mujeres son seres humanas.

Las medidas ms elementales que los gobiernos deben aprobar para proteger la vida y la salud de sus ciudadanas comienzan por despenalizar el aborto teraputico, con carcter libre y gratuito, como paso fundamental para erradicar las barreras legales que deterioran an ms los servicios de salud para las mujeres y su igualdad en derechos con los hombres.

As mismo, esos gobiernos deben organizar al acceso a mtodos anticonceptivos eficaces y no dainos y extender en la poblacin la educacin en Derechos Sexuales y Reproductivos, que genere cambios socioculturales para la erradicacin de estereotipos machistas con respecto a la maternidad, a fin de que las mujeres sean dueas de su sexualidad. Es preciso que el sistema poltico sea el de separacin de las Iglesias y el Estado Laico, que no permita la injerencia de sectores religiosos fundamentalistas y antidemocrticos en la legislacin del pas.

Y es preciso que se apoye masivamente la campaa por el indulto inmediato e incondicional a las 17 mujeres prisioneras en El Salvador, acusadas de haberse practicado un aborto.

Fuente: http://blogs.publico.es/lidia-falcon/2015/02/18/la-libertad-de-reporduccion/



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