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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-02-2015

Contina la masacre estadounidense en Afganistn

Bill Van Auken
World Socialist Web Site

Traducido del ingls para Rebelin por Sara Plaza


Menos de dos meses despus de que el presidente Barack Obama anunciara el fin de la misin de combate en Afganistn, altos cargos del Pentgono han dejado claro que estas operaciones asesinas no solo continan, sino que se recrudecen, al tiempo que los planes para la retirada de las tropas estadounidenses est siendo reconsiderados.

A finales del ao pasado, el presidente estadounidense declar que "la guerra ms larga de la historia americana llega a una conclusin responsable". Y aadi que el repliegue de las tropas estadounidenses marcaba "un hito para nuestro pas".

Pero la guerra en Afganistn contina, y existen pruebas cada vez ms evidentes de que el resultado de ms de 13 aos de ocupacin militar denominada "Operacin Liberacin Duradera" ha sido un desastre para la poltica exterior de EE.UU. y una catstrofe humanitaria para la empobrecida poblacin afgana.

La guerra ms larga de la historia de EE.UU. se ha cobrado la vida de 2.356 soldados estadounidenses y dejado 20.066 heridos, y la mayora de estas vctimas se han registrado durante la administracin de Barack Obama. El actual presidente promovi la intervencin en Afganistn como la "guerra buena" y triplic con creces el nmero de soldados y marines estadounidenses que participaron en ella. El coste para la economa de EE.UU se estima entre 750 mil millones y varios billones de dlares.

Durante su discurso el pasado mes de diciembre, Obama asegur que 13 aos de guerra y ocupacin estadounidense haban servido para "devastar el ncleo de Al-Qaida, hacer justicia en el caso de Osama bin Laden, desbaratar operaciones terroristas y salvar incontables vidas estadounidenses". As mismo haban "ayudado a la poblacin afgana a recuperar sus comunidades" y a "asumir la conduccin de su propia seguridad"

Esta elogiosa valoracin dio un giro diferente la semana pasada, cuando el nuevo secretario de Defensa, Ashton Carter, dijo que Washington quera asegurarse de que "los afganos son capaces de mantener la situacin que nuestras fuerzas han creado en los aos recientes, de relativa seguridad y estabilidad". Por eso mismo, dijo, Washington estaba "reconsiderando" sus operaciones de "contraterrorismo", as como el calendario establecido para la retirada de tropas.

La caracterizacin de la situacin por parte de Carter como de "relativa seguridad y estabilidad" es absurda. Todo indica que el rgimen ttere de Kabul instalado por EE.UU. afronta una catstrofe, y que sus patrocinadores estadounidenses estn convencidos de que solo la intensificacin de la masacre puede revertir las tendencias ms amenazadoras y evitar una derrota al estilo de Vietnam.

Actualmente hay unos 10.000 soldados estadounidenses en Afganistn, adems de unos 20.000 contratistas militares y varios cientos de agentes de la CIA. Mientras Obama asegura haber puesto fin a la misin de combate en el pas, su administracin ha ordenado aumentar las redadas nocturnas de las fuerzas especiales estadounidenses en los pueblos afganos, as como intensificar los bombardeos areos contra presuntos objetivos insurgentes.

Ambas tcticas despertaron un intenso rechazo popular y fueron prohibidas formalmente por el anterior presidente Hamid Karzai. Sin embargo, cuentan con el apoyo de su sucesor, Ashraf Ghani, que cada vez est ms desesperado ante la creciente ofensiva por parte de las fuerzas opositoras.

La escalada militar se ha cobrado un precio muy alto entre la poblacin civil afgana. La Misin de Asistencia de las Naciones Unidas para Afganistn registr 10.548 vctimas civiles (3.699 muertos y 6.849 heridos) en el ltimo ao. Esta cifra supone un incremento en el nmero de muertos del 25% con respecto al ao anterior, y el mayor nmero de muertos y heridos civiles desde que la ONU comenz a documentar el nmero de vctimas de manera sistemtica en 2009.

Cada vez son ms las seales que indican que las fuerzas de seguridad afganas, equipadas y entrenadas por EE.UU., se encuentran en un estado de desintegracin. El mes pasado, el Inspector General para la Reconstruccin de Afganistn (SIGAR, en ingls) cit al teniente general Joseph Anderson, el entonces comandante de las fuerzas de ocupacin dirigidas por EE.UU., cuando afirm que el nivel de vctimas que haban sufrido las fuerzas afganas (solo en 2014 fueron asesinados ms de 5.000 soldados y policas afganos) "no era sostenible", ni tampoco lo era la tasa de desercin.

La indicacin ms clara de las terribles condiciones en que se encuentran el Ejrcito Nacional afgano y la polica, la encontramos en la reciente decisin del Pentgono y la OTAN de clasificar toda la informacin sobre sus capacidades de combate como secreta, cuando llevaba aos publicndola.

La situacin econmica y social que enfrenta el pas es, si cabe, incluso ms desesperada. En trminos de renta per cpita Afganistn ocupa la posicin 215 a nivel mundial, y casi la mitad de la poblacin vive en condiciones de extrema pobreza. La economa ha empezado a contraerse con la disminucin de la presencia militar estadounidense y de la ayuda externa, las principales fuentes de ingresos.

Las cifras proporcionadas por las agencias estadounidenses, que alardean de la espectacular mejora de la esperanza de vida, la educacin y otros ndices, han sido puestas en entredicho por las agencias internacionales, que consideran los datos de Washington poco menos que propaganda de guerra.

Al contrario que las declaraciones engaosas sobre los avances logrados por la Casa Blanca y el Pentgono, las encuestas de opinin han demostrado que una gran mayora del pblico estadounidense cree que la guerra de Afganistn no ha merecido la pena, y solo un 23% de los soldados estadounidenses que lucharon all consideran que su campaa fue un xito.

El giro que ha dado la administracin de Obama hacia una nueva escalada militar en Afganistn est movido por los mismos intereses geoestratgicos depredadores que guiaron originalmente la invasin y ocupacin estadounidense. Detrs de estos intereses no est la preocupacin por el terrorismo sino el deseo de afianzar la hegemona de EE.UU. sobre las regiones ricas en recursos energticos de la cuenca del Mar Caspio y Asia Central, y de posicionar las tropas estadounidenses lo ms cerca posible de las fronteras de Rusia y China.

Dentro del Gobierno estadounidense crecen los temores de que una retirada precipitada de EE.UU. pueda crear un vaco que sera ocupado por Beijing y Mosc.

La "reconsideracin" de la misin de combate de EE.UU en Afganistn se lleva a cabo en medio de la intensificacin de las intervenciones militares estadounidenses a escala global. Washington ha anunciado sus planes de una gran ofensiva dirigida por EE.UU. contra la ciudad iraqu de Mosul, con 1,5 millones de habitantes, mientras continan los bombardeos areos en Irak y Siria. Casi simultneamente, se sum al anuncio de Turqua de un programa conjunto para entrenar a miles de "rebeldes" sirios que lucharan nominalmente contra el Estado Islmico de Irak y Siria (ISIS), pero tambin por el cambio de rgimen en Siria.

En Ucrania aumentan las provocaciones de Washington contra Mosc. El nuevo secretario de Defensa ha mostrado su apoyo a la propuesta de armar al ejrcito de Ucrania para combatir en una guerra que podra llevar a EE.UU. a una confrontacin directa con Rusia (ambos poseedores de armas nucleares).

Al mismo tiempo, la Armada estadounidenses ha desvelado sus planes de desplegar cuatro buques de combate litoral diseados para operar en zonas costeras en el noreste de Asia como parte de una nueva estrategia de defensa denominada "pivot to Asia", que incluye planes para trasladar el 60% de la flota naval estadounidense a la regin Asia-Pacfico para hacer frente al ascenso de China.

Como escribi Len Trotski en el perodo previo a la Segunda Guerra Mundial, mientras que para la Alemania nazi se trataba de "organizar" Europa, el imperialismo estadounidense "tiene que 'organizar' el mundo".

"La historia", nos advirti, "est enfrentando a la humanidad con la erupcin volcnica del imperialismo norteamericano".

Este pronstico queda confirmado por las continuas guerras en Afganistn e Irak y la amenaza de confrontacin militar con Rusia y China. La posibilidad de una tercera guerra nuclear mundial solo puede ser contrarrestada por la movilizacin de la clase trabajadora mundial como una fuerza revolucionaria independiente contra la guerra imperialista y su origen, el sistema capitalista.

Bill Van Auken es un poltico y activista estadounidense del SEP (Socialist Equality Party), de tendencia trotskista. Fue candidato a las elecciones presidenciales estadounidenses de 2004.

Fuente: http://www.wsws.org/en/articles/2015/02/24/pers-f24.html



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