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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-02-2015

A un paso del Foro Social Mundial 2015 en Tnez
El derecho a soar en otro mundo posible

Sergio Ferrari
Rebelin


Solo el derecho colectivo a soar puede ser tan o ms importante que los derechos humanos en su concepcin ms amplia econmicos, sociales, culturales y de la persona-. El derecho a soar es sinnimo de bsqueda de alternativas, en lo micro, en lo macro, en una construccin social cotidiana o en la elaboracin de conceptos y teoras que promueven el bien comn. Una apuesta a comprender de otra manera el planeta, la solidaridad internacional y las mltiples y variadas relaciones entre los seres humanos.

Tierra, democracia social, tica colectiva

Un municipio donde cada trabajador gana lo mismo, en torno a 1.200 euros por 35 horas mensuales de trabajo-, en una Espaa que sigue sumida en su fuerte crisis estructural y en una Andaluca donde las cifras de desempleo superaban en 2014 el 30 % de la poblacin econmicamente activa.

Marinaleda, con apenas 25 kilmetros cuadrados y menos de 3000 habitantes, su economa fundamentalmente agrcola y un gobierno de izquierda desde hace 35 aos, ha logrado consolidar un modelo alternativo-micro de sociedad. Con 15 euros por mes cada familia puede contar con una vivienda. Los precios de los servicios son reducidos; la guardera con comedor no cuesta ms de 12 euros mensuales por nio.

Un Estado social resultado de otra forma de hacer y entender la participacin y la poltica. Y en el cual el partido que gobierna y el fuerte sindicato agrcola refuerzan mutuamente sus sinergias usando los instrumentos institucionales del Ayuntamiento para implementar avances sustantivos tras una concepcin de democracia social efectiva.

Si la lucha por la tierra con ocupaciones, huelgas, protestas de diversos tipos - fue la palanca que propuls los avances sociales, el combate lleva dcadas y exigi paciencia y creatividad, en una regin de gran concentracin rural donde el 2 % de los propietarios poseen ms del 50 % del terreno. Pero la agricultura no resultaba suficiente y se implement entonces una propuesta de industria local a travs del Grupo Cooperativo Humar que permite desarrollar el sector secundario fbrica de conservas-, la mejor arma contra el desempleo, que en Marinaleda es inexistente.

La utopa hacia la paz, tal como lo indica el escudo-logo de Marinaleda, se fue concretando en una construccin participativa amplia que acepta hoy con toda certeza que el poder no es neutro. Experiencia solventada en una estricta rigurosidad tica que se expresa, por ejemplo, en la decisin de los gobernantes del Ayuntamiento de no tener salarios ni bonificaciones especiales. Y que hoy, en 2015, sigue moldeando un proyecto alternativo basado en la solidaridad humana.

Los sin tierra piensan en la sociedad entera

A casi 10 mil kilmetros de ese laboratorio andaluz, el Movimiento de los Trabajadores rurales Sin Tierra (MST) de Brasil, que realiz en febrero del 2014 su 6to congreso con la participacin de miles de delegados, ejercita cotidianamente su derecho colectivo a las alternativas.

Considerado uno de los actores sociales ms importantes del continente latinoamericano, promotor destacado de la red internacional Va Campesina, ha integrado en torno a la lucha por la tierra y la reforma agraria toda una nueva concepcin de poder.

Cada nueva ocupacin de extensiones improductivas se acompaa, como primer acto simblico, de la construccin de una escuelita para los hijos de los ocupantes. Cada movilizacin rural busca reforzarse con una amplia alianza ciudadana. Los cargos dirigentes son rotativos; se da un ir y volver permanente de la direccin (coordinacin) a las bases y viceversa; no existe ni presidente ni secretario general y la conduccin es colectiva y descentralizada.

En los ltimos aos, las luchas comunes y consensuadas se han convertido casi en una obsesin poltica para el MST. Abriendo su accin a otros actores del mundo rural, del urbano, de la academia, de la sociedad civil en general, para lograr una articulacin ms integral de sus objetivos y combates en sinergia.

Uno de los objetivos actuales ms trascendentes para el MST es la soberana alimentaria. Lo que implica confrontar al modelo de produccin del agro-negocio con su prioridad exportadora- y denunciar activamente, por ejemplo, el uso abusivo de txicos. Cada brasilero consume hoy en sus alimentos unos 5 litros de veneno por ao y la confrontacin contra ese esquema debe ser obra del conjunto de la sociedad brasilera, que debe incluir, tambin, segn el MST, el debate por un cambio de paradigma en el campo.

El MST ha logrado ya que ms de 400 mil familias obtengan parcelas. Centenas de cooperativas y asociaciones en los asentamientos aseguran la produccin de alimentos. Completada por el desarrollo al igual que en la experiencia andaluza de Marinaleda- de la agro-industria. Los Sin Tierra contestan el modelo que considera a la tierra como una simple mercanca, que pregona el mono-cultivo, que visualiza en la agro-exportacin su principal objetivo y que desprecia totalmente la naturaleza, el medio, el suelo y el ser humano mismo. Y fortalecen el paradigma de la produccin familiar agro-ecolgica que se sustenta en la cooperacin agrcola con el necesario ingrediente de la agro-industria. El MST es ya, por ejemplo, en Ro Gran del Sur, uno de los principales productores del arroz bio debidamente certificado. Miles de toneladas de sus productos agrcolas enriquecen con debidos acuerdos oficiales- la dieta bsica de los escolares en todo el Brasil.

Las ciudades del futuro

De la campaa a los centros urbanos, solo un paso a recorrer. Del arroz biolgico certificado en Ro Grande del Sur al presupuesto participativo como herramienta de democracia directa, apenas facetas de un mismo y novedoso ejercicio del derecho a soar.

Porto Alegre, la capital de ese Estado sureo de Brasil, se lanz a la invencin de esta herramienta. Corra el ao 1989 y el Partido de los Trabajadores (PT) acababa de ganar las elecciones en ese municipio. Momento oportuno para someter las prioridades financieras y presupuestarias a un ejercicio gradual y paulatino de anlisis colectivo, a travs de asambleas de ciudadanos que designan delegados, y que van desde los barrios y comarcas hasta la ciudad entera.

Sera la experiencia novedosa del presupuesto participativo el imn que atrajo la convocatoria en dicha ciudad al 1er Foro Social Mundial en 2001, que luego de 14 aos de existencia y nueve cnclaves centralizados realizados en tres continentes diferentes, se ha convertido en el espacio de reflexin e intercambio ms amplio con el que cuenta actualmente la sociedad civil planetaria organizada. Y que ahora vuelve a auto-convocarse para la ltima semana de marzo 2015 en la capital de Tnez.

A poco ms de 25 aos de esa primera experiencia brasilera de presupuesto participativo, ms de 1500 ciudades del mundo entero de las ms diversas dimensiones -Brasilia, Buenos Aires, Bolonia, Sevilla, Mlaga, Portland, Ontario, Yokohama etc. - lo ejercitan actualmente en sus ms diversas variantes y modalidades.

La ciudad del maana est en construccin, enfatizan urbanistas comprometidos socialmente, quienes en estos ltimos aos enriquecen conceptos y propuestas. Los millones de amenazados de expulsiones urbanas constituyen el rostro humano del trgico decorado social. Y Brasil es un caso emblemtico visible internacionalmente por los costos sociales que implic la construccin de los estadios para albergar el Mundial de Ftbol 2014 y los Juegos Olmpicos del 2016. Todo individuo debe apropiarse del conjunto de la ciudad, enfatizan. Y esto significa disputar los espacios pblicos, luchar por el agua potable, la construccin de escuelas y dispensarios, cloacas y transporte colectivo.

Y en este marco, las alternativas proliferan en el mundo en paralelo a la agudizacin de las tensiones urbanas como resultado de la concentracin excesiva. Por ejemplo las ms de 250 Community Land Trust, estructuras colectivas de propiedad terrena nacidas en Estados Unidos a partir de los aos 80. Y que ahora se extienden a China e India. O bien las cooperativas de propiedad en otras tantas ciudades del planeta con la intencin de favorecer una democratizacin del acceso a la propiedad urbana con sentido social. As mismo las propuestas de agricultura urbana o periurbana en expansin; los huertos colectivos; y tantas otras iniciativas socio-culturales barriales que intentan modificar los paradigmas de pertenencia y apropiacin ciudadana. Y que se suman a otras tantas formas de cuestionamiento a los valores hegemnicos del sistema dominante.

Las Zonas a Defender (ZAD), espacios de resistencia

Ejemplo emblemtico de la movilizacin resistente en Europa. Son experiencias de resistencia ciudadana que por decenas atraviesan el territorio francs y se extienden en otros pases y regiones - Blgica, el Pas Vasco, etc.- reactualizando una metodologa de lucha basada en la ocupacin territorial. Su objetivo principal: oponerse a los GPII (Grandes Proyectos Intiles e Impuestos), pretensiosas obras de desarrollo que no tienen en cuenta ni del medio ambiente ni la consulta de las poblaciones aledaas.

Zonas de construccin diferidas (segn los promotores inmobiliarios), Zonas a Defender (ZAD), segn los resistentes, son espacios para vivir, -es decir superficies ocupadas con otro paradigma de vida-, resultantes de luchas, en particular, contra grandes proyectos de infraestructura.

Sean stos el pospuesto aeropuerto de Notre-Dame-des Landes, en la Loire atlntica; o la fallida represa concebida para la irrigacin en el Tarn cuyas protestas costaron la vida en octubre del 2014 del militante Remi Fraisse- ; o en la regin del Rhne contra el Gran Estadio de lOlympique lyonnais.

Luchas tenaces, muchas veces heroicas y de largo alcance de meses, aos, e incluso lustros- que cuestionan radicalmente valores de crecimiento, produccin, consumo y propiedad, para proyectar una nueva forma de ciudadana y responsabilidad colectiva. Otro mundo posible, ya, aqu, ahora.

Existe otro pensamiento posible

En los ltimos aos, de la mano especialmente de la explosin de la participacin indgena en nuevos procesos polticos latinoamericanos Bolivia, Ecuador etc.- fue consustancindose la concepcin del Buen Vivir como una alternativa al desarrollo convencional. Concepto fuertemente presente en gran parte de los pueblos indgenas del continente pero que gana en visibilidad poltica en las nuevas constituciones de esos dos Estados andinos.

La nueva relacin con la Madre Tierra; la ruptura con la lgica antropocntrica tan propia al capitalismo y al socialismo real; el cuestionamiento a conceptos hasta ahora invulnerables como el de desarrollo y crecimiento; ha ido abriendo un marco que realimenta tambin en el Norte reflexiones interesantes.

Por ejemplo las teoras/concepciones como las del descrecimiento, que han ganado espacio intelectual en Francia, Suiza y otros pases europeos.

Sin subestimar la revitalizacin de la reflexin sobre el eco socialismo, que si bien no es nueva, adquiere cierta actualidad en el debate actual europeo a la luz, especialmente, de la crisis del pensamiento social demcrata.

Incluyendo el nacimiento de nuevas teoras como las del bien comn o bien pblico, en tanto proyecto econmico abierto a las empresas que busca implantar una economa sostenible y alternativa a los mercados financieros.

Incorporando tambin las constantes reflexiones sobre la comunicacin alternativa como necesidad y condicin ideolgica para acercar mundos, promover la conjuncin de experiencias, revitalizar el debate sobre conceptos y paradigmas.

Prcticas locales, experiencias globales, teoras reanimadas, nuevas formas de pensamientoUna bsqueda concreta, un zigzag propositivo, un ejercicio activo del ciudadano global para no negociar su derecho a soar. Y revitalizarlo colectivamente entre el 24 y el 28 de marzo en el prximo Foro Social Mundial de la capital tunecina.

Sergio Ferrari en colaboracin con la Agenda Latinoamericana 2015 y E-CHANGER/COMUNDO



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