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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-03-2015

Dnde qued la lucha poltica por nuestros cuerpos?

Olga Blzquez Snchez
Rebelin


Hace unas semanas estaba viendo un partido de tenis entre las dos grandes, Serena Williams y (o mejor dicho, versus) Mara Sharapova. A pesar de no ser yo una enfervorecida y entendida seguidora del tenis, siempre me ha asaltado una pregunta, llammoslo ms correctamente, una duda feminista: Qu coo (utilizo la palabra adrede) hacen ataviadas con semejantes (y ridculas) falditas? Puede que el pensamiento posmodernista, que tiene mucho de apoltico, considere que la lucha por el cuerpo es una lucha trasnochada. Existe la ingenua creencia de que ya somos dueas de nuestros cuerpos, que ya hacemos lo que queremos con ellos. Y, como consecuencia, la ropa que nos pongamos o nos dejemos de poner no tiene nada que ver con la ideologa. Menuda mentira.

La lucha por ser dueas de nuestro propio cuerpo, se quiera o no, es una batalla que an est por disputarse. A pesar de lo que nuestras predecesoras feministas consiguieran aos atrs, actualmente nuestros cuerpos le pertenecen al sistema. Serena Williams, con sus msculos, su sudor y su potencia, tiene, a pesar de todo, que enfundarse una faldita ridcula. No digo yo que una mujer musculada no pueda, si quiere, ponerse una falda. La pregunta, sin embargo, es: Quiere? La posmodernidad dir que sta es una pregunta exenta de valor e inters, pues no es tan importante si Serena Williams o Mara Sharapova llevan falda o pantalones. Pero lo cierto es que esa falda s que es importante. La falda es, en este contexto, un mecanismo para producir gnero. Es una tecnologa de la feminidad. La faldita no absorbe sudor, ni cumple ninguna otra funcin relacionada con el deporte. De hecho, las tenistas llevan pantalones cortos debajo de la falda, lo que evidencia que sta no sirve ms que para subrayar el gnero al que pertenece la jugadora. Sin embargo, tambin las deportistas tienen derecho a ser femeninas! gritan algunos, como para querer justificar la presencia de la dichosa faldita.

Pero qu es ser femenina? Quin define lo femenino? Qu prcticas son propias de lo femenino? Y, lo que es ms importante, por qu resulta urgente feminizar ciertos cuerpos? La respuesta es sencilla: los cuerpos que se salen del patrn impuesto por el patriarcado heterosexual son peligrosos. Para el heteropatriarcado, feminizar es dominar. Lo femenino es doblegable. Hay que calzarle una faldita a Serena Williams, lo quiera o no, por el bien del sistema de valores patriarcales. Porque el cuerpo musculado es esencialmente entendido como el cuerpo masculino, el cuerpo que puede moverse, el que hace cosas, el cuerpo activo, y qu ocurrira si las mujeres conquistaran con sus cuerpos el terreno de la masculinidad? Probablemente, que tambin conquistaran espacios reales de poder, espacios de libertad, espacios de independencia, espacios ms all de ser mujer. De ah la necesidad de normalizar el cuerpo anormal. En un momento en el que nadie, o casi nadie, pone en duda el derecho de las mujeres a moverse, ejercitarse o convertirse en deportistas de lite, lo que hay que hacer es feminizar al mximo el cuerpo musculado de las mujeres: tonos rosa, purpurina, volantes y lacitos inundan las estanteras de la seccin femenina del Decathlon. Con ello, lo que se consigue es que la subjetividad de lo que debe ser y siempre ha sido femenino siga habitando en el cuerpo de todas las mujeres, estn o no musculadas. Es una tctica sutil de control. Parece que las mujeres cada vez conquistan ms espacios sociales y polticos, y, sin embargo, la trampa es que, para conquistar dichos espacios, existe una condicin: La condicin consiste en no dejar de ser mujeres. Es decir, no dejar de desempear el rol histrico y machista que nos ha sido asignado a nosotras. Aunque no lo parezca, es una paradoja: Mujeres, seris libres siempre y cuando no seis libres! Haris lo que queris siempre y cuando no hagis lo que queris!

Por todo ello, hay que volver a entender que un cuerpo y su apariencia es mucho ms que un cuerpo y su apariencia. Cuando desde el machismo cotidiano se escucha que la depilacin, la moda, el maquillaje o los perfumes no son ideologa, sino eleccin individual, debemos estar alerta. Depilarse puede camuflarse o disfrazarse de decisin, pero no depilarse es un acto poltico contra un sistema de valores. As, nos encontramos ante la paradoja de que, en el contexto del capitalismo heteropatriarcal, depilarse, aunque cueste tiempo, dinero y dolor es ms sencillo que no depilarse. La no-accin se convierte, as, en reivindicacin, en lucha. No depilarse, no ponerse una faldita, no maquillarse y, en resumen, no incorporar necesariamente las prcticas de lo femenino no es un acto de pasividad o dejadez, como afirman algunos, es un acto de activa subversin.

El da que Serena Williams no se vista obligatoriamente como UNA tenista, ese da, en el estadio se escuchar un Ohh escandalizado. Ese Ohh no es otra cosa que el miedo a que las mujeres recuperen sus cuerpos.

 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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