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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-03-2015

Medios de comunicacin, globalizacin y poltica
La mentira al poder!

Marcelo Colussi
Rebelin


Introduccin

Segn la tradicin aristotlico-tomista, la realidad es una y dada desde siempre, puesta en forma indubitable a la espera de que el ser humano se contacte con ella. La realidad existe en definitiva, independientemente del sujeto que se relaciona con ella. En este marco, la verdad es la adecuacin del sujeto que conoce con la cosa conocida (adaequatio intellectus et rei decan los escolsticos). La cosa, la realidad, est a la espera de que el sujeto se dirija a ella para aprehenderla y conocerla, por medio de sus sentidos y de la razn. Durante dos milenios, sta fue la idea dominante dentro de la tradicin occidental. Y es la concepcin que sigue prevaleciendo en el sentido comn. El peso est puesto en la realidad objetiva.

Desde el Renacimiento y a partir del cambio de paradigmas que se produjo en aquel fabuloso momento histrico de la humanidad, la nocin de la realidad ha variado. En el mundo moderno y dentro del nuevo ideal de ciencia copernicana, la realidad pasa a ser construccin; es decir, producto de la forma en que el sujeto se relaciona con la cosa. La realidad deja de ser una, nica, inobjetable. Llegados al presente, con el desarrollo de un pensamiento que se descentra cada vez ms de la realidad objetiva como garanta misma de su existencia dada por un ser supremo creador, con un pensamiento mucho ms centrado en el sujeto, interesa fundamentalmente el proceso de construccin de esa realidad. Los datos de las distintas ciencias sociales y de una epistemologa que rompe vnculos con la tradicin aristotlica ponen el nfasis en la relatividad de la realidad: la misma pasa a ser entendida como construccin histrica y, por lo tanto, cambiante, variada, siempre relativa. El peso ahora est puesto en el sujeto y en las relaciones que establece con la cosa. As como una botella est medio vaca o medio llena, segn el punto de vista, as comienza a entenderse esta nueva visin de la realidad. La verdad deja de ser un absoluto.

Todo lo anterior ayuda a entender que la realidad de la que queremos hablar en trminos polticos es construida, no es absoluta ni terminada. Lo poltico, en tanto esfera en donde se juegan relaciones de poder entre grupos humanos, no es una realidad dada de antemano, asegurada por Derecho Divino, nica e indubitable. Esa realidad poltica es producto de la historia y, por lo tanto, cambiante, dinmica y en perpetuo movimiento. En esa construccin, ms all de la bienintencionada idea de paz y rechazo de la violencia, el conflicto juega un papel determinante. La historia, la realidad poltica en definitiva, es producto de una conflictividad estructural. La violencia es la partera de la historia, se ha dicho como sntesis de esta relacin y construccin. La realidad poltica tiene que ver con el juego de poderes que se va estableciendo, el que a su vez se encuentra, como ya se indic, en continuo cambio. Por otra parte, la forma de la realidad tampoco es ingenua ni neutra. Lo que se sabe de la realidad poltica que es una realidad social y por lo tanto determinada por factores sociales, econmicos en principio, as como culturales en sentido amplio es que sta siempre es una construccin hecha desde el ejercicio del poder. Lo que se piensa, se sabe y se dice es el reflejo de las luchas de poder que estructuran toda sociedad y le confieren dinamismo.

Un pequeo grupo de pensadores generalmente plegados a los poderes dominantes es el que tiende a conceptualizar, organizar y dar forma a lo que las grandes mayoras luego repiten. Dicho de otra forma: El esclavo siempre piensa con la cabeza del amo. O tambin: La ideologa dominante de una poca es la ideologa de la clase dominante. El pensamiento poltico es el reflejo de las luchas de poder que estructuran toda sociedad y le confieren dinamismo. Un pequeo grupo de pensadores generalmente plegados a los poderes dominantes es el que tiende a conceptualizar, organizar y dar forma a lo que las grandes mayoras luego repiten. En relacin con lo anterior, algo indito en la historia y que viene marcando una tendencia cultural desde inicios del siglo XX es el papel que juegan los medios masivos de comunicacin modernos. Lo que la gran mayora piensa, o ms concretamente piensa en trminos polticos-ideolgicos, proviene cada vez ms de esos medios comunicacionales: prensa escrita primero, luego radio, despus televisin (con una fuerza arrolladora) y, actualmente, toda la diversidad de medios audiovisuales, incluidos el internet y los videojuegos. Los llamados mass media han crecido hasta convertirse en una especie de nuevo medio ambiente que hace que para muchas personas ya no haya otra realidad relevante que la que esos medios producen. Segn una publicacin de la empresa encuestadora estadounidense Gallup (no sospechosa de pensamiento crtico y de ideologa de izquierda), 85% de lo que un adulto urbano promedio sabe hoy da sobre su realidad poltica proviene de esos medios masivos de comunicacin, ante todo de la televisin. Es ya sabido (aunque sea una frase hecha pero no por ello menos importante) aquello de si no est en la televisin, no existe. Lo anterior caracteriza la realidad poltica actual: los medios de comunicacin, tradicionalmente el cuarto poder, han incrementado drsticamente su importancia. Hoy en da constituyen uno de los factores del poder mismo, ya que construyen la realidad poltico-ideolgica a escala planetaria. Buena parte de las apreciaciones sobre esa realidad es producto prefabricado que esas usinas culturales elaboran, cada vez con mayor sutileza y con mayor esmero.

El primado de la televisin

Para precisar mejor el razonamiento considerado en los prrafos precedentes, convendra realizar un pequeo recorrido por el medio de comunicacin que ms ha impactado a escala global en la poblacin: la televisin. Sin duda, es uno de los inventos que ms ha influido en la historia de la humanidad. Su importancia es tan grande desproporcionadamente grande podramos decir que influye los cimientos mismos de la civilizacin: es la expresin mxima de los medios masivos de comunicacin, parte medular de la cultura, de esta sociedad que llamamos hoy sociedad de la informacin. Lo es, de hecho, en forma cada vez ms omnipresente, ms avasallante. Sin temor a equivocarnos, es posible afirmar que el siglo XXI ser el siglo de la cultura de la imagen, de la pantalla, cultura que ya se entroniz en las pasadas dcadas del siglo XX y que, tal como se ven las cosas, parece afianzarse con ms fuerza y sin posibilidad de retroceso. El no piense, mire la pantalla! parece haber llegado para quedarse. Hoy en da, esa pantalla ya no es slo la televisin, tenemos tambin los telfonos celulares, las agendas electrnicas y las sofisticaciones del plasma lquido que florecen por todas partes. En definitiva, la imagen va envolviendo cada vez ms al pblico, segn el modelo televisivo. Cuando la televisin se masific, se inici tambin el debate sobre si, por fin, ese medio encarnara el sueo de la educacin al alcance de la poblacin, si se convertira en informacin veraz y objetiva sobre la realidad mundial, cultura para todos, programas de debate, aporte a las ciencias y a las artes. Luego de varias dcadas de desarrollo, parece que ninguno de estos ideales se ha realizado (quiz muy poco a travs de estos medios audiovisuales, pero menos an en el caso de la televisin). Ello no slo porque a la mayor parte de la poblacin no le interesa este tipo de inquietudes aunque sera un tanto superficial presentarlo as sino, fundamentalmente, porque a quienes hacen televisin ms an, a quienes la dirigen parece importarles menos que a nadie. Como seal el msico cubano Pablo Milans: El mal gusto est de moda. Y se da ah un crculo vicioso: el pblico consume basura meditica porque eso recibe o es difcil (casi imposible) producir algo masivo (durante 24 horas al da los 365 das al ao) con altos niveles de calidad? Con el transcurso del tiempo, la televisin ha sido ms criticada pero, al mismo tiempo, es ms consumida. Prcticamente desde el momento mismo de su aparicin, no fue un medio informativo ni educativo; constituy una fuente de entretenimiento y termin siendo el centro de todo hogar moderno. As, al igual que no se piensa dos veces si se compra una licuadora o una cama cuando una pareja de recin casados estrena residencia o cuando un joven se independiza, tampoco se deja de pensar en comprar un televisor. Hoy en da, incluso en los hogares de clase media es obligado contar con ms de un aparato. Tal objeto se ha convertido en parte esencial de la vida de los seres humanos, ricos y pobres, urbanos o rurales, varones o mujeres, jvenes o adultos. Se calcula que actualmente estn funcionando no menos de 2.000 millones de aparatos televisivos y la tendencia es a seguir creciendo.

La televisin construye un mundo virtual muy especial. El poder de conviccin de las imgenes hace que a menudo stas reciban un estatus de realidad superior al de la realidad misma. En las modernas sociedades masificadas, en las que se aglomeran enormes cantidades de seres humanos que estn paradjicamente muy separados unos de otros dados los patrones de individualismo y consumismo hedonista que el capitalismo ha impuesto es ms fcil para la mayor parte de la gente encontrar un dinosaurio que un vecino, dijo sarcstico A. Touraine el elemento que une a esas grandes masas dispersas pas a ser la televisin. Si religin quiere decir re-ligar, unir, no cabe dudas que este nuevo dispositivo tiene un valor religioso en las actuales sociedades.

La televisin construye un mundo virtual muy especial. El poder de conviccin de las imgenes hace que a menudo stas reciban un estatus de realidad superior al de la realidad misma. El punto de partida para entender esto es la dificultad que el sistema nervioso en su conjunto tiene para distinguir las imgenes de la realidad de las imgenes virtuales o de representacin de la misma. Por ello es que lloramos viendo una pelcula de ficcin o nos emocionamos con los anuncios de bebidas. El cerebro ha ido evolucionando en los organismos ms complejos, incluida la especie humana, basndose en la credulidad de lo que ve. Todo el mundo sabe que aadir una imagen a una noticia cualquiera le confiere un carcter de mayor veracidad. Las informaciones icnicas producen en el cerebro la sensacin de ser algo intrnsecamente creble. A lo largo de la evolucin, no ha sido necesario desarrollar la capacidad de discriminar las imgenes virtuales de las reales, puesto que las primeras no existan o eran poco relevantes (espejismos, reflejos en el agua). La aparicin de la realidad virtual cambi, en gran medida, la historia humana. La memoria tiene dificultades para distinguir la procedencia de las imgenes mentales que posee. De dnde proviene, por ejemplo, la idea que se tiene de la nieve si se vive en el trpico, de la experiencia personal o de las pelculas que se han visto? Y la idea de la Edad Media, de la imaginacin, de los textos ledos o de las imgenes vistas? Y la idea de un sindicalista? La de los indgenas? La de la guerra? Cmo llegamos a los conceptos de los buenos y los malos? (los primeros, siempre blancos; los segundos, negros, indgenas, musulmanes).

En sntesis, la televisin influye ms sobre la humanidad que todo el arsenal nuclear. La televisin crea la realidad cultural en la que nos desenvolvemos hoy da, con ms fuerza que la familia, las iglesias o la escuela formal. Segn apreciaciones de la UNESCO, en unas pocas generaciones ms, el peso de la cultura virtual habr desalojado la importancia de la escuela tradicional. La dificultad para distinguir entre imgenes reales y virtuales, junto con el aislamiento social y el tiempo dedicado a ver televisin (en promedio, dos horas diarias para un adulto y cuatro horas y media para un nio), borra las fronteras entre realidad y ficcin e invierte el referente para conocer quines somos, cmo es la realidad y cul es el mundo deseable. Por supuesto, a los crculos que detentan el poder, lo anterior les resulta como anillo al dedo. De all seguramente el crecimiento exponencial de la televisin como pocos, o ningn otro, avance cientfico del siglo XX. Siguiendo esta misma lnea, el resto de dispositivos audiovisuales como el internet se perfila como uno de los ncleos principales en torno al que ya se est tejiendo la vida del siglo XXI.

Para mantener la atencin, el negocio televisivo transforma todo lo que trata en espectculo. El discurso poltico, el conocimiento, el conflicto, el temor, la muerte, la guerra, el sexo, la destruccin, entre otras, pasan a ser fundamentalmente espectculo, comedia, show!. El espectador es acostumbrado a ver el mundo sin actuar sobre l. Al separar la informacin de la ejecucin, al contemplar un mundo mosaico en el que no se perciben las relaciones, se crea un estado de aturdimiento, indefensin y modorra que propicia el crecimiento de la parlisis social. Como tecnologa de implantacin de imgenes en el sistema nervioso central, la televisin permite hablar directamente al interior de la subjetividad de millones de personas y depositar en ellas imgenes (que difcilmente se pueden modificar) capaces de lograr que la gente haga lo que de otra manera nunca hubiera pensado hacer. No olvidemos la ley de John Kenneth Galbraith: Se publicita lo que no se necesita. Es dable preguntarnos entonces cmo se ha logrado suprimir las diversas maneras de comer que existan en los distintos territorios y culturas y sustituirlas (en una tercera parte del planeta) por hamburguesas de McDonalds o vasos de Coca-Cola? Slo una tecnologa como la televisin podra ser capaz de lograrlo con la eficacia mostrada en el escaso margen de pocas generaciones, lo que no logr ninguna iglesia ni partido poltico. Aunque la televisin se invent en la dcada de 1920, se desarroll como tecnologa de implantacin masiva de imgenes, coincidiendo con el perodo de mayor bonanza y acumulacin capitalista tras la Segunda Guerra Mundial, liderada por la gran potencia hegemnica: Estados Unidos.

La televisin, la economa y el poder

En estos momentos, la televisin es ante todo: a) vehculo de los grandes capitales para la promocin de sus productos y b) arma ideolgica de control social implementada por los grandes centros de poder. Secundariamente, existen otras acciones para transformarla en medio educativo. El socialismo real en su momento o las propuestas alternativas para construir otro tipo de televisin no lograron torcer mucho este rumbo. Arte, hasta donde lo conocemos, definitivamente no es. Y las propuestas serias, educativas, crticas, son ms bien marginales. En trminos generales, se puede decir que, en todas partes del mundo, la televisin ofrece: a) entretenimiento rampln, barato, de muy poca profundidad esttica (la mayora de la programacin puede clasificarse dentro de este campo: desde deportes hasta telenovelas, series estandarizadas, reality shows, musicales y dibujos animados, preparados cada uno segn el pblico-objetivo buscado); b) informacin, la mayor parte de las veces tendenciosa, haciendo del manejo de la noticia otro entretenimiento ms; c) un porcentaje infinitamente menor de materiales educativos para la reflexin, programas culturales o cientficos, as como arte. En la mayora de casos, existe una fuerte carga ideolgica, en general, mayor que la calidad esttica. En lo que concierne a noticias, la situacin es pattica; en vez de informar con veracidad, se desinforma, se crean matrices de opinin en la lgica de defensa de los poderosos, se es chabacano y sensacionalista y no es para nada crtica. Una vez ms: El esclavo piensa con la cabeza del amo.

La razn ltima de la televisin es vender publicidad; dicho en otros trminos, obtener beneficios monetarios. Y la razn ltima de acumular beneficios monetarios es concentrar poder. El rating (la medicin de la teleaudiencia) pas a ser el elemento que gua la gran mayora de las programaciones. Como alguien alguna vez lo dijo, los programas son una excusa para presentar publicidad. En la actualidad y tras varias dcadas de desarrollo, las televisoras ms importantes del mundo son propiedad de las cien compaas ms grandes, las que, a su vez, son las que ms se anuncian en televisin. La ABC es propiedad de Disney Corporation, la NBC de General Electric, la CBS de Westinghouse, Antena 3 de Telefnica. CNN es una super empresa que cotiza en bolsa moviendo fortunas. Las cadenas pblicas o se privatizan o se mimetizan con las privadas y, en cualquier caso, quienes las financian son en buena parte las mismas compaas. En la actualidad existen conglomerados industrial-financiero-meditico-polticos (vanse los casos del magnate Silvio Berlusconi en Italia, Carlos Slim en Mxico una de las personas ms acaudaladas del mundo Ted Turner en Estados Unidos, propietario de CNN, Gustavo Cisneros en Venezuela el segundo hombre ms rico de Amrica Latina) que disponen de ms poder poltico que un presidente de Estado. En ellos resulta muy difcil saber quin controla a quin, la poltica a las finanzas o los medios de comunicacin a ambas, pues son todos en uno o hacia ello se encaminan.

El mundo es lo que la televisin muestra. El poder poltico, entonces, ha pasado en buena medida a quienes detentan ese potencial de los medios masivos de comunicacin, quienes ya se constituyeron abiertamente en actores polticos de primera magnitud, ms incluso que los desacreditados partidos, cada vez ms tenidos por una casta de corruptos y mercaderes mercenarios (esto es igual en todos los pases). La cultura audiovisual que el entramado del poder ha ido creando invierte la evolucin de lo sensible a lo inteligible y altera la relacin entre entender y ver, empobreciendo as la comprensin del mundo, atrofiando la capacidad de abstraccin y, por lo tanto, de actuar sobre la realidad. La humanidad no es ms tonta desde que ve televisin, sin duda; pero s es ms manejable, tremendamente ms manejable y manipulable. Y lo peor de todo, sin que se d cuenta de ello. El video-dependiente promedio de televisin o de las nuevas tecnologas que entronizan la imagen (cada vez ms gente en el planeta) tiene menos sentido crtico que quien no depende casi exclusivamente de las imgenes como fuente de conocimiento, de quien lee y piensa reflexiva y crticamente. El esfuerzo de ver es mucho menor que el de leer. Consideremos la forma de dejarse llevar por imgenes: se suceden unas a otras, el orden est fijado, se trata fragmentariamente cada tema y no hay espacio para reflexionar (es decir, para darle vueltas al asunto, examinar el contexto global en que se produce un acontecimiento, integrarlo con otros aspectos con los que interacta, darse el tiempo para pensar futuras acciones). No obstante, sera incorrecto achacar todos los males y esta cultura light del no piense y mire pasivamente al avance tecnolgico. No cabe duda que las nuevas tecnologas modelan las problemticas y perfilan cambios en la constitucin subjetiva; sin embargo, el poder de crear, innovar, formar y participar en los procesos de transformacin social sigue siendo, exclusivamente, responsabilidad nuestra. Como siempre, el vnculo interpersonal es el factor determinante en el desarrollo y uso de las potenciales capacidades intelectuales. La tecnologa condiciona, pero el proyecto antropolgico de base (poltico, para llamarlo propiamente) es el que decide cmo y para qu se usa dicha tecnologa. Por ltimo, la culpa de los males del mundo no es de la televisin, de los medios de comunicacin, de la tendencia al consumo de imgenes ni de los medios digitales (televisin y la parafernalia que la acompaa: internet, pantallas de telfonos celulares, tablas y todos medios cada vez ms sofisticados que podrn venir en un futuro). Ellos, como instrumentos de enorme penetracin, tambin pueden servir para otros fines, como ampliar el conocimiento y mejorar el anlisis y la opinin crtica. La televisin y los medios de comunicacin en general pueden ser un arma liberadora. Las experiencias conocidas hasta la fecha abren interrogantes. El socialismo real no dio una produccin televisiva excelente, aunque el recurso humano que trabajaba tal sistema tena gran preparacin y amplitud de criterio. Por el contrario, se dieron producciones que fueron, si no propaganda ideolgica pesada, programas carentes de creatividad, de chispa y que resultaban ser igualmente soporferos.

Lo sealado anteriormente nos lleva a replantear la cultura de la imagen que est en la base de esta proliferacin de medios masivos que cada vez ms se van imponiendo. Cuando se escribe un guin televisivo, hay que pensar que el potencial consumidor es un nio de seis aos de edad; as presentaba las cosas un prestigioso profesor de semiologa para demostrar cmo se hace televisin. Quiz era un poco crudo, pero no estaba exagerando. En la sociedad actual, el rumbo lo marca la suma de apoyo individual de millones de ciudadanos incoordinados que caen fcilmente en el radio de accin de personalidades magnticas y atractivas, quienes explotan de modo efectivo las tcnicas ms eficientes para manipular las emociones y controlar la razn, se expresaba sin mayores tapujos Zbigniew Brzezinsky, asesor del ex presidente de Estados Unidos James Carter e idelogo de los reaccionarios documentos de Santa Fe [1] . En otros trminos, el funcionario de Estado no deca nada muy distinto a lo que nos enseaba aquel docente de comunicacin social: manipular a la gente tratndola como niitos tontos. As de simple (o de monstruoso). La televisin y junto con ella los nuevas tecnologas centradas en la cultura de la imagen es parte fundamental de lo que los estrategas de la potencia imperialista llaman guerra de cuarta generacin. Dicho de otra forma, guerra psicolgico-meditica, guerra a muerte para controlar poblaciones enteras, la poblacin planetaria, no con armas de destruccin masiva, sino con medios ms sutiles, no sanguinarios, pero de ms impacto final.

La humanidad no es ms tonta desde que ve televisin, sealbamos, pues el ncleo del problema no est en el consumidor sino en el productor. Lo que debe enfatizarse es que ese productor de imgenes es, cada vez ms, el gran poder poltico. En la dcada de 1960, el padre de la semitica, el italiano Umberto Eco, deca: Quien detente los medios de comunicacin, detentar el poder. Evidentemente no se equivocaba. Vale la pena recordar la afirmacin del dirigente nazi Joseph Goebbels, padre de la manipulacin meditica moderna: A quin debe dirigirse la propaganda: a los intelectuales o a la masa menos instruida? Debe dirigirse siempre y nicamente a la masa! (...) Toda propaganda debe ser popular y situar su nivel en el lmite de las facultades de asimilacin del ms corto de los alcances de entre aquellos a quienes se dirige [nio de seis aos?]. () La facultad de asimilacin de la masa es muy restringida, su entendimiento limitado; por el contrario, su falta de memoria es muy grande. Por lo tanto, toda propaganda eficaz debe limitarse a algunos puntos fuertes poco numerosos, e imponerlos a fuerza de frmulas repetidas por tanto tiempo como sea necesario, para que el ltimo de los oyentes sea tambin capaz de captar la idea [2].

No hay ninguna duda de que la inmediatez y unidireccionalidad de los mensajes audiovisuales, de los que la televisin es el principal exponente (ms que el cine, la foto, el internet o los videojuegos), gener una cultura de la imagen que hoy pareciera muy difcil, si no imposible, de revertir. En la dinmica humana, la conducta reiteradamente repetida termina creando hbito: algunos puntos fuertes poco numerosos se imponen a fuerza de frmulas repetidas, enseaba el ministro de Propaganda del Tercer Reich. Al igual que la intuicin de Eco, tena razn. La cultura de la imagen que hace aos viene repitindose con fuerza creciente ya cre un hbito en todas las capas sociales en estas ltimas generaciones. Hoy por hoy, pareciera imposible desarmarla. Pero en esa cultura anida un lmite intrnseco, quiz imposible de ser franqueado: no importa el tipo de programa televisivo que se presente, mirar la pantalla no facilita la actitud crtica que s posibilita, por ejemplo, la lectura. De todos modos, esa cultura de la imagen no parece que vaya a desaparecer con facilidad, por varios motivos. En el marco del actual sistema de libre mercado, la imagen es un fcil expediente para generar enormes ganancias y herramienta idnea para seguir incentivando el hiper consumo que la economa necesita. El negocio de la televisin mueve fortunas y ninguna de las corporaciones que lo manejan est dispuesta a perderlo. Por otra parte, la televisin se ha revelado como un arma de dominacin terriblemente eficaz (guerra de cuarta generacin, ms letal que las peores armas de fuego). Los centros de poder no dejarn de usarla, por el contrario, apelarn cada vez ms a ella. Es un instrumento de sujecin mucho ms efectivo que la espada de la antigedad o las bombas inteligentes actuales. Por ambos motivos entonces, fabuloso negocio y mecanismo de control social, la televisin es parte medular de los factores de poder que manejan el mundo. Adems y esto es incontratable la imagen nos hace caer en ella como la luz brillante atrapa a los insectos. La cultura meditica (audiovisual en lo fundamental) prefigura cada vez ms el pensamiento poltico. Pensamos poltica e ideolgicamente en trminos pasivos lo que el espectculo meditico presenta, sin mayores cuestionamientos. Por ejemplo, que los musulmanes son unos fanticos terroristas, que los narcotraficantes constituyen el nuevo demonio que mueve la poltica en los narco-Estados latinoamericanos, que las temibles maras son el principal problema en Centroamrica, que Osama Bin Laden y Al Qaeda o el recientemente aparecido Estado Islmico manejan buena parte del mundo desde las tinieblas con un proyecto de siembra de terror que nos paraliza, que estamos mal porque los polticos corruptos se roban todo. Y tambin, sin formulaciones crticas al respecto, que la democracia es un bien en s mismo y que los pases exitosos son tales porque han abrazado la democracia. Nuestro pensamiento, recordmoslo una vez ms, muchas veces (siempre?) se moldea a travs de poderes hegemnicos que imponen lo que se debe pensar. En el mbito universitario, esto resulta ser descarnadamente cierto, aunque debera ser el lugar de la crtica por excelencia. La cultura de la imagen lo barre todo: el copia y pega pareciera haber llegado para quedarse. Y acaso no son eso mismo los noticieros que nos llenan la cabeza de informacin?

El mundo globalizado, la aldea global, se rige en forma creciente por un pensamiento nico, por un continuo copia y pega, donde cada sujeto recibe el texto pegado que habr de repetir acrticamente. En trminos polticos, esa globalizacin viene a uniformar puntos de vista y a contar con parmetros universalmente compartidos. Al hablar de globalizacin proceso hoy da en la cresta de la ola del discurso sociopoltico y meditico debemos precisar de qu se trata pues, en verdad, el trmino no aporta nada nuevo en lo conceptual. Quizs pueda incluso ser un estorbo si no se lo delimita adecuadamente. Globalizacin es ms que o incluso no es para nada la posibilidad de tener en cualquier parte del mundo, en medio de la selva o del desierto, un telfono celular fabricado por una empresa japonesa en algn pas del medio oriente, con chips elaborados a base de coltn africano y activado por una compaa telefnica de origen espaol, cuya buena parte del paquete accionario es francs o estadounidense. ste es el detalle descriptivo, no ms. La globalizacin es ms que eso.

El proceso de globalizacin

Para una sntesis sobre qu entender por globalizacin, podramos proponer (a modo de definicin aproximativa) que se trata del proceso econmico, poltico y sociocultural que est teniendo lugar actualmente a nivel mundial. Este proceso hace que exista una interrelacin econmica cada vez mayor entre todos los rincones del planeta, por alejados que estn, bajo el control de las grandes corporaciones transnacionales. Esto gracias a tecnologas que han borrado prcticamente las distancias, permitiendo comunicaciones en tiempo real y que sirve bsicamente a esas enormes empresas, aunque se viva la ilusin que todos nos beneficiamos de ella. Tomando en cuenta lo anterior, el proceso de globalizacin (generalmente considerado en su faceta econmica) implica que cada vez ms mbitos de la vida son regulados por el libre mercado, que la ideologa neoliberal se aplica en casi todos los pases con cada vez ms intensidad, que las grandes empresas consiguen cada vez ms poder a costa de los derechos ciudadanos y la calidad de vida de los pueblos y, por ltimo, que el medio ambiente y el bienestar social se subordinan absolutamente a los imperativos del sistema econmico (cuyo fin es la acumulacin insaciable por parte de una minora cada vez ms poderosa). Acompaa a todo este proceso el desprecio de los valores culturales y sociales de las distintas comunidades del planeta, con la imposicin de una matriz nica, producida y exportada desde los principales centros de poder, fundamentalmente los Estados Unidos de Amrica. Ahora bien, las caractersticas sealadas no son en realidad nuevas. Desde que el capitalismo comenz a solidificarse en Europa, su expansin global no ha cesado. La llegada de los espaoles a tierras americanas puso en marcha este proceso de universalizacin del sistema econmico europeo, proceso que desde hace cinco siglos no se ha detenido. El capitalismo es, en definitiva, sinnimo de comercio a escala planetaria. La trata de esclavos negros en frica, el saqueo de recursos en Asia o Amrica y el crecimiento de los bancos europeos son parte de un mismo proceso. La globalizacin ya lleva varios siglos en curso. Como se dijo en alguna ocasin: en realidad comenz la madrugada del 12 de octubre de 1492, cuando Rodrigo de Triana pronunci su infausto grito de tierra! Con el final de la Guerra Fra y el triunfo del gran capital transnacionalizado, el discurso hegemnico el del neoliberalismo en boga se sinti en condiciones de decir lo que le placiera. No slo de decir, sino tambin de hacer. Surgen as los mitos post cada del muro de Berln que, como todo mito y construccin simblica, responden a momentos, coyunturas sociales y entramados de poder. El fin de las ideologas, el pragmatismo, el discurso del posibilismo y la resignacin; el ingls como lengua universal, dont worry, be happy; Coca-Cola y McDonalds como conos; individualismo triunfalista y desprecio por lo local; aquello que evoque el pasado; todos stos son distintos elementos que conforman los nuevos paradigmas. Como parte de los smbolos de la globalizacin, debe incluirse tambin lo que se ha llamado flexibilizacin laboral (eufemismo de la sobreexplotacin de la mano de obra). Es decir, prdida de derechos sindicales histricos obtenidos luego de dcadas de luchas, contratos laborales precarizados, casi extincin de sindicatos. Se complementa esto con la deslocalizacin, o sea, la posibilidad de instalar centros productivos en los que la mano de obra sea ms barata, con menor regulacin y escasos o nulos controles medioambientales por parte de los Estados. La globalizacin es siempre la de los grandes capitales. Si algo posibilita todo lo anterior, es la universalizacin del dominio del capital financiero. Entre los conos de la globalizacin se inscribe tambin el mercado, como punto mximo del desarrollo y la democracia, como expresin superior de organizacin poltica. Los medios masivos de comunicacin, cada vez ms globalizados y concentrados, juegan un papel clave en la expansin de este fenmeno y de sus mitos.

La relacin entre medios masivos de comunicacin y globalizacin, hoy en da en su apogeo, se perfilaba ya algunas dcadas atrs. As, por ejemplo, el Informe McBride de UNESCO en 1980 lo denunciaba explcitamente: La industria de la comunicacin est dominada por un nmero relativamente pequeo de empresas que engloban todos los aspectos de la produccin y la distribucin, las cuales estn situadas en los principales pases desarrollados y cuyas actividades son transnacionales. () Se deben adoptar medidas encaminadas a ampliar las fuentes de informacin que necesitan los ciudadanos en su vida cotidiana. Procede emprender un examen minucioso de las leyes y reglamentos vigentes para reducir las limitaciones, las clusulas secretas y las restricciones de diversos tipos en las prcticas de informacin. () Con harta frecuencia se trata a los lectores, oyentes y espectadores como si fueran receptores pasivos de informacin [3].

Globalizacin, democracia y medios de comunicacin

Se encuentran entronizados distintos mitos que recorren el planeta, de los que hoy pareciera imposible despegarse. Las ideas de libre mercado y democracia (entendida como democracia representativa y formal) parecen haber llegado para quedarse, inundando todo el mundo y no dando lugar a crticas o alternativas. Estar globalizados es participar de estos valores comunes, universales, fijados desde centros de poder omnmodos y que no dan ningn espacio para la actitud crtica. Cualquier disenso es tomado como irrespetuoso acto de rebelda. Consideremos un ejemplo del impacto de esta construccin meditico ideolgica en el pensamiento poltico dominante; analicemos as la nocin de democracia entronizada hoy como un bien en s mismo. Con la democracia tambin se come, gritaba en su campaa proselitista Ral Alfonsn antes de convertirse en el primer presidente constitucional luego de la dictadura militar en Argentina entre 1976 y 1982. La promesa levantaba grandes expectativas; tantas, que le permiti ganar las elecciones. Hoy, con ms de tres dcadas de ejercicio democrtico, el pas no se termina de recuperar de la peor crisis de su historia. No es nada infrecuente que muchos de sus habitantes deban comer de los recipientes de basura (en el pas de las vacas!) y tampoco fueron infrecuentes, en estos ltimos aos, saqueos a parques zoolgicos para comerse algn animal. Parece ser que la democracia no ha dado mucho para comer. En el histrico pas de las vacas, con la democracia se pasa hambre y los ndices de desnutricin crecieron en forma dramtica. Una investigacin del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en 2005 mostr con cifras elocuentes que 55% de la poblacin estudiada apoyara de buen grado un gobierno dictatorial si resolviera los problemas de ndole econmica. Ello llen de consternacin a ms de un politlogo. Sin lugar a dudas, dcadas de dictaduras militares y regmenes totalitarios dejaron una profunda marca poltica en la regin. Pero ello no habla slo de una cierta vocacin autoritaria en la poblacin latinoamericana, transformada ya hoy en hecho cultural; habla, ms que nada, del fracaso de estas democracias formales aparecidas alrededor de la dcada de 1980, luego de los tristemente clebres gobiernos militares.

Democracia es una de las nociones ms manoseadas y retorcidas del vocabulario poltico universal. Si intentramos precisarla en pocas palabras, seguro que no lo lograramos. El solo hecho de que pueda ser presentada como opcin buena ante otras equivocadas alerta ya que no es universalmente aceptada y que es materia de equvocos, que alcanzan para todo. Cmo es posible que en su nombre se produzcan guerras de conquista, como las de Irak o de Afganistn? Cmo es posible que en su nombre se bombardee poblacin civil no combatiente? Sin duda, la democracia es un tema explosivamente polmico, pero el insistente discurso meditico en lo fundamental lo ha colocado en un sitial de honor que casi no admite discusiones. Si en algn determinado pas las cosas no funcionan del todo bien, el discurso dominante dado en muy buena medida por los medios masivos de comunicacin dice que es porque an ese lugar no vive en democrtica o porque la institucionalidad democrtica es muy dbil.

En uno de sus informes, el Banco Mundial revel que la Repblica Popular China sac de la marginacin a 200 millones de personas en veinte aos, sin que sus reformas se apegaran a las recetas neoliberales en boga. Ms an, con una organizacin poltica abominada por las democracias occidentales en la que brillan por su ausencia todas las libertades esgrimidas como logros democrticos. Como seal Luis Mndez Asensio al analizar el fenmeno: El ejemplo chino nos incita a una de las preguntas clave de nuestro tiempo: es la democracia sinnimo de desarrollo? Mucho me temo que la respuesta habr que encontrarla en otra galaxia. Porque lo que reflejan los nmeros macroeconmicos, a los que son tan adictos los neoliberales, es que el gigante asitico ha conseguido abatir los parmetros de pobreza sin recurrir a las urnas, sin hacer gala de las libertades, sin amnistiar al prjimo [4]. Tan elstico es este vapuleado concepto de democracia que sirve para cualquier propsito: para comer segn Alfonsn, para mantener un bloqueo contra Cuba, para invadir Irak o Afganistn, para deponer al presidente Jean-Bertrand Aristide en Hait o a Manuel Zelaya en Honduras, o para intentar hacerlo con Nicols Maduro en Venezuela Quiz, por tan elstico, en realidad no significa ya nada. Pero todo ello puede llevarnos a concluir que lo que pensamos rara vez es original, ya viene pensado por otro.

En el mbito poltico, que es el que nos interesa fundamentalmente para el presente anlisis, ese pensamiento viene muy marcadamente preparado por determinados centros de poder. Como tendencia siempre creciente, los medios masivos de comunicacin juegan un papel cada vez ms decisivo en la construccin de las imgenes polticas que las poblaciones tenemos de lo que somos, de por qu somos as y de lo que podemos hacer al respecto. Ms all de todo el despliegue cientfico-tcnico con que nos movemos como una sociedad globalizada que entr en la modernidad todos tenemos telfono celular, el internet es un hecho y avanza portentoso, todos directa o indirectamente consumimos petrleo en el mbito ideolgico-poltico seguimos apegados a mitos, a frases hechas, a estereotipos que repetimos sin la ms mnima crtica. Cul es la diferencia entre cualquier mito tradicional (el Hombre-lobo, la Llorona, Santa Klaus, determinada virgen milagrera, Mara Lionza en Venezuela o Palas Atenea en la Grecia clsica) y los mitos en torno a la democracia? Entretanto, los medios masivos de comunicacin, en vez de ser crticos al respecto, los alimentan generosamente.

Estos medios, en manos de empresas capitalistas lucrativas, por supuesto que seguirn defendiendo el sistema a cualquier costo (adems de seguir haciendo negocio, pues eso son en definitiva: buenos business). Lo seguirn defendiendo a costa de la verdad, ms all de las pomposas declaraciones de defensa irrestricta de la libertad de expresin y altisonantes palabras que nadie puede tomarse en serio. Lo defendern, alejados de la pretendida objetividad de la que tanto se habla, pues lo que est en juego no es una verdad cientfica, neutra, sincera, sino la perpetuacin de un sistema de explotacin que beneficia slo a algunos, justamente a quienes detentan esos jugosos negocios. Es por eso que todo lo que tenga que ver con medios de comunicacin debe ser tomado totalmente con pinzas si en verdad se busca objetividad. El campo popular, en todo caso, tiene que estar siempre alerta, desconfiando y en actitud de discordia con el discurso meditico, porque all hay, ante todo, el ocultamiento de una mentira. La poltica en tanto red de relaciones que determina a la totalidad de una sociedad, no guarda la ms mnima relacin con la verdad objetiva; la poltica es una forma de mantener el engao sobre el que se edifican las sociedades de clase, asentadas en la propiedad privada de los medios de produccin. De eso no se habla, y ah est el meollo de todo.

En ese sentido, poltica no es slo el oficio de los polticos profesionales que administran gerencialmente el sistema. La poltica est en el da a da, en la calle, en la comunidad, en la protesta ante los atropellos, en la reaccin ante cualquier injusticia. Y de eso, los medios masivos de comunicacin hoy absolutamente globalizados y monopolizados, no quieren saber nada. Por eso desconfiemos de esa mentira bien organizada, pensemos con nuestra propia cabeza, hagamos nuestra da a da aquella frase de crtica implacable de todo lo existente.

 

Bibliografa

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Notas

[1] Zbigniew Brzezinsky, The Technetronic Society, en Encounter, Vol. XXX, No. 1 (enero de 1968)

[2] Joseph Goebbels. Artculo publicado el 30 de abril de 1928 en Der Angriff, rgano de prensa del Nacional Socialismo.

[3] Sean McBride, Un solo mundo, voces mltiples: comunicacin e informacin en nuestro tiempo (Mxico: Fondo de Cultura Econmica (FCE) y UNESCO, 1980), pgs. 260-262

[4] Luis Mndez Asensio, Cunto vale la democracia?. En http://www.pa-digital.com.pa/periodico/edicion-anterior/opinion-interna.php?story_id=439652


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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