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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-03-2015

Chiapas, donde el miedo cambi de bando

Jaime Gimnez Snchez de la Blanca
Rebelin


Desde 1994, todos los 31 de diciembre tenamos miedo de que vinieran los zapatistas. Hasta los indgenas nos amenazaban. Estas palabras de una mestiza de Ocosingo dejan claro lo que supuso la irrupcin del Ejrcito Zapatista de Liberacin Nacional (EZLN) en la vida pblica para la clase dominante chiapaneca. Una sociedad abiertamente racista, donde los descendientes de Pakal gobernante maya del siglo VII-, no tenan permitido caminar por las aceras de ciudades coloniales como San Cristbal de las Casas o Comitn de Domnguez, despert incrdula en el amanecer de 1994. El primero de enero de ese ao, mientras Mxico soaba con el espejismo de incorporarse al primer mundo mediante la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de Amrica del Norte, un ejrcito de indgenas encapuchados tom por sorpresa varios municipios del centro y oriente de Chiapas. Pese a que el asalto a los edificios del poder fue tan simblico como fugaz, el impacto del levantamiento de los pueblos mayas socav profundamente el imaginario colectivo del pas mesoamericano.

El Mxico del PRI, del indigenismo paternalista y del mestizaje etnocida recibi una bofetada de realidad al contemplar a un puado de indios organizados capaces de burlar a las fuerzas de seguridad y dominar por unas horas la antigua capital chiapaneca, la Ciudad Real de los espaoles rebautizada San Cristbal de las Casas en honor al dominico Fray Bartolom que luch para que la corona ibrica reconociera que los indgenas eran tan humanos como los europeos. Los esfuerzos de Las Casas, sin embargo, nunca calaron en el grueso de la lite blanco-mestiza de Chiapas. Como muestran las novelas de la escritora comiteca Rosario Castellanos, hasta bien entrado el siglo XX los grandes hacendados continuaron tratando a los indgenas como a seres infrahumanos a los que se poda matar, violar o insultar segn la voluntad del patrn. Quinientos aos de sometimiento sirvieron para que muchos mayas olvidaran el legendario pasado de su pueblo e interiorizaran su condicin de inferioridad. Todava hoy se puede escuchar de la boca de un indgena chiapaneco referirse a los blancos o mestizos como las personas de razn. Cmo va a gobernar un tojolabalero o un tzeltalero? Tendrn que hacerlo las personas de razn No obstante, tanto tojolabales como tzeltales, tzotziles, choles y el resto de pueblos mayas que habitan Chiapas recuperaron su conciencia de pueblos explotados y oprimidos en un proceso que culmin con el levantamiento zapatista. Emulando la sublevacin indgena de 1712 contra la autoridad colonial, el EZLN lider en 1994 un alzamiento que busc devolver la dignidad a los pueblos originarios mexicanos.

La guerra abierta contra el estado apenas dur doce das, los que tard el presidente Salinas de Gortari en decretar un alto el fuego unilateral ante la presin nacional e internacional para buscar una solucin dialogada al conflicto. La negociacin, interrumpida en febrero de 1995 por el ataque sorpresivo del Ejrcito mexicano a la comandancia zapatista, culmin con los Acuerdos de San Andrs sobre Derechos y Cultura Indgena en 1996. Este acuerdo parcial, sin embargo, nunca se transform en ley. Una versin reducida del mismo pas el filtro parlamentario varios aos despus, en 2001, ya con el Partido de Accin Nacional en el poder tras desbancar al Partido Revolucionario Institucional (PRI) de su dictadura perfecta que haba durado ms de 70 aos. Los zapatistas no aceptaron la nueva ley al considerarla una traicin al pacto alcanzado cinco aos antes, dado que no reconoca plenamente la autonoma y autogobierno indgena. Ante esta situacin, el movimiento rompi toda relacin con el estado y decidi recluirse en sus territorios de la Selva Lacandona y los Altos y Norte de Chiapas para construir su nueva sociedad por la va de los hechos.

A lo largo de los ltimos 21 aos, el zapatismo ha demostrado ser mucho ms que un ejrcito guerrillero. Su estructura militar es apenas un tentculo del organismo rebelde, cuyo corazn lo forman las comunidades indgenas identificadas como Bases de Apoyo Zapatistas. Son los civiles organizados los que forman las asambleas de las comunidades, los consejos municipales y las Juntas de Buen Gobierno regionales. El EZLN, por tanto, no es una milicia revolucionaria al uso, sino un movimiento armado que se supedita a las decisiones de las comunidades indgenas donde tiene apoyo.

Unas comunidades que, en la actualidad, se encuentran en su mayora divididas entre zapatistas y no zapatistas, lo que provoca tensiones entre sus habitantes. A veces, las tensiones desembocan en violencia y en muerte, como ocurri en mayo de 2014 con el asesinato de Galeano, prominente zapatista de la regin de la Selva Fronteriza. Todava sin esclarecer, este incidente muestra el nivel de crispacin interno de las comunidades, donde las instituciones del estado se ocupan de agudizar la divisin mediante la entrega de ayudas en forma de alimentos, medicinas o material de construccin a los no zapatistas. La continua presencia de militares armados en los caminos no hace sino fortalecer la idea de que el conflicto no est ni mucho menos solucionado. Abandonada temporalmente la poltica gubernamental de armar a los indgenas no zapatistas formando grupos paramilitares que instauren el terror en las comunidades cuyo auge tuvo lugar a finales de los 90 y su ejemplo ms atroz se vivi en Acteal con el asesinato a sangre fra de 45 civiles indefensos-, ahora el gobierno trata de debilitar al zapatismo mediante el reparto de limosnas. Ellos reciben comida y ahora ya no quieren trabajar. Se lo dan todo hecho. Tienen cosas materiales. Nosotros, en cambio, trabajamos duro para salir adelante. Tenemos algo mucho ms grande que ellos han perdido: dignidad. La dignidad de lucha por lo que creemos. As se expresaba un tojolabal zapatista con quien convers hace unas semanas en plena Selva Lacandona.

Sin pauelo rojo ni pasamontaas, las bases zapatistas construyen su autonoma da a da con su trabajo en la milpa, cultivando maz, frijol o caf, levantando escuelas y clnicas para sus hijos o participando en las asambleas comunitarias. Su resistencia es dura. En un entorno donde no existen las comodidades de la ciudad y donde los alimentos, medicamentos o lpices no abundan, los zapatistas se niegan a recibir ayudas del estado, mientras observan cmo sus vecinos que renunciaron a la lucha obtienen todo tipo de ventajas. Sin embargo, son muchos los que continan ondeando la bandera con la estrella roja. Muchos son los que, 21 aos despus del alzamiento y 32 aos despus de la creacin del EZLN, siguen creyendo en que otro mundo es posible.

Desde 1994, el miedo cambi de bando en Chiapas. La oligarqua local comenz a observar a los indgenas ya no como a seres inferiores e indefensos a los que poder explotar y menospreciar impunemente, sino como a sujetos organizados capaces de articular sus propias demandas y de llevarlas a la prctica en sus comunidades. Puede que el EZLN no consiguiera forjar un movimiento a nivel nacional que propiciara un cambio poltico radical e inmediato en todo Mxico, pero lo que sin duda consigui fue devolver la dignidad a los pueblos originarios desde Sonora hasta Yucatn al grito de Nunca ms un Mxico sin nosotros.

En una ciudad tomada por el Ejrcito mexicano, la mujer mestiza de Ocosingo que mostraba su miedo a los indgenas al principio de este escrito no es la nica que observa al zapatismo como una amenaza para sus intereses. En esta cabecera municipal considerada la puerta hacia la Selva Lacandona se produjo en enero del 94 el suceso ms sangriento del enfrentamiento armado. 34 zapatistas murieron y 32 ms desaparecieron durante la batalla librada en el mercado de Ocosingo, ciudad mayoritariamente tzeltal. Paradjicamente, pese a este revs militar, fueron los indgenas chiapanecos quienes perdieron el miedo a reivindicar sus derechos y a poner en prctica sus formas de gobierno autnomo e independiente de las instituciones del estado. Unas instituciones que solo se empezaron a acordar de ellos una vez emergi el movimiento zapatista, que representa una alternativa real al estado mexicano. El miedo, que dejo de tener rostro indgena y se traslad a los blancos y mestizos chiapanecos que teman perder sus privilegios, cambi entonces de bando. Un miedo que trat de ser devuelto a sus portadores originales mediante la militarizacin y paramilitarizacin. Sin embargo, ya era demasiado tarde. Los indgenas organizados ya han probado el sabor de la libertad, de la democracia y de la justicia. Cambiaron el miedo por la dignidad.

Por trabajar nos matan, por vivir nos matan. No hay lugar para nosotros en el mundo del poder. Por luchar nos matarn, pero as nos haremos un mundo donde nos quepamos todos y todos nos vivamos sin muerte en la palabra. Nos quieren quitar la tierra para que ya no tenga suelo nuestro paso. Nos quieren quitar la historia para que en el olvido se muera nuestra palabra. No nos quieren indios. Muertos nos quieren.

Para el poderoso nuestro silencio fue su deseo. Callando nos moramos, sin palabra no existamos. Luchamos para hablar contra el olvido, contra la muerte, por la memoria y por la vida. Luchamos por el miedo a morir la muerte del olvido. EZLN, Cuarta Declaracin de la Selva Lacandona, 1996.

"Escucharon?

Es el sonido de su mundo derrumbndose.

Es el del nuestro resurgiendo.

El da que fue el da, era noche.

Y noche ser el da que ser el da." EZLN, 2012.

Artculo publicado originalmente en el blog Crtica Krnica el 3 de marzo de 2015: http://criticakronica.blogspot.com/2015/03/chiapas-donde-el-miedo-cambio-de-bando.html

@jaimegsb

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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