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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-03-2015

La bufanda de Varufakis o el sibilino discurso de la imagen pblica

Armando B. Gins
Rebelin


En sus reuniones con las vacas sagradas de las finanzas de la Unin Europea, Yanis Varufakis, ministro griego de Economa, no se separaba en ningn posado de su querida bufanda a cuadros alrededor de su cuello. Los ogros europeos frente al solitario cordero heleno, uno contra todos era el leit motiv o guin de la pelcula que se rodaba con sonido directo de altos vuelos. Y dialcticos puales traidores dirigidos al unsono a la espalda y a la cara de Varufakis.

Grecia se jugaba el ser o no ser del pago de su astronmica deuda en la ms absoluta de las soledades, a cuerpo gentil o dicho a lo taurino a puerta Gayola. Esa bufanda pretenda dar a entender a la opinin pblica en general y en particular al electorado griego de Syriza que Varufakis representaba una opcin distinta a los asientos ocupados por los polticos de la UE inquisidora, tradicional, neoliberal, colonialista, mercantilista y retrgrada liderados por Merkel y sus paniaguados segundones, con Hollande en el rol de escudero venido a menos de la conservadora alemana.

Varufakis quera aparecer como un outsider radicalmente distinto: el smbolo de su bufanda coloquial as lo manifestaba, pero tambin traslad, quiz como mensaje de refiln no previsto, que Grecia luchaba en una soledad espeluznante contra los intereses bancarios y financieros de poderosos entes en la sombra, gigantes que podan aplastarlo con solo mover un dedo.

Esa bufanda de Varufakis se transform en un icono dramtico de la soledad radical de Grecia, abandonada a su suerte por el resto de las fuerzas de izquierda europeas y de la clase trabajadora de los respectivos socios de la UE. Por qu no hubo movilizaciones inmediatas de solidaridad en todos los pases de la UE con Grecia? Si tan prximos se encuentran a las tesis de Syriza, qu hicieron al respecto IU y Podemos salvo emitir comunicados timoratos de alio ms o menos adornados con el calor entraable de la distancia calculada y segura hacia Tsipras y los suyos?

Varufakis se ha quedado solo con su bufanda, al menos por el momento. Todava desconocemos que deparar el futuro inmediato, pero a simple vista parece que Syriza deber o bien transigir con la postura agresiva de la troika o bien oponerse, buscando autnticos aliados estratgicos en el resto de Europa, a las fuerzas conservadoras-socialdemcratas de corte neoliberal que dominan en Bruselas y Berln desde hace dcadas. La segunda alternativa precisar de sacrificios inmensos y de un arrojo especial por parte del pueblo griego. Y la primera opcin exigir grandes dosis de hipocresa y de discursos falaces para atemperar el previsible desencanto y furor de los electores de Syriza.

La indumentaria de los polticos transmite mucha informacin no verbal acerca de sus intenciones y de los efectos que desea provocar su imagen pblica. Todo ello es bien sabido por las consultoras que asesoran a los dirigentes polticos.

La bufanda de Varufakis no ha sido un chispazo de ingenio creativo y espontneo en su imagen de estos das, como tampoco lo es que Alexis Tsipras, primer ministro griego, use traje pero no corbata, un complemento masculino por antonomasia en el vestir formal que gentes de izquierdas suelen eludir prescindiendo de su uso para marcar distancias con sus contrincantes de la derecha. De momento, Tsipras est manejando su imagen a favor de viento: parece de izquierdas y parece que cumplir con sus promesas electorales, aunque nunca se sabe qu suceder a plazo ms o menos inmediato. Se pondr Tispras la corbata para convertirse en un poltico serio y como dios manda? Tirar al cubo de la basura Varufakis su emblemtica y colorista bufanda?

Valls, Renzi y Snchez

El no uso puntual de la corbata humaniza a los polticos y los hace ms cercanos al comn de los mortales. Casi todos tiran de ese look ms desenfadado, incluso en mangas de camisa, durante actos de fin de semana, en festivos o en campaas electorales. En mangas de camisa blanca es la puesta en escena elegida recientemente que han utilizado Manuel Valls, primer ministro francs, Matteo Renzi, premier italiano, y el secretario general del PSOE, Pedro Snchez, para impulsar la etiqueta socialdemcrata en la UE a travs de sus personalidades pblicas de nuevo cuo, diseo y formato. As se han mostrado los tres juntos y por separado: de blanco inmaculado. Sin duda que se trata de una estrategia de proximidad y largo alcance: en camisa campechana y de color blanco para significar neutralidad ideolgica y desapego subliminal al rojo revolucionario de los socialistas del siglo XX.

Nada es casual en poltica. Casi todo es imagen. Los contenidos resultan secundarios y prescindibles porque los grandes partidos defienden idnticos intereses capitalistas con ligeros matices. Al electorado se le gana por pequeos detalles, gestos estudiados, palabras sonoras, modos de conducta cool e imagen que conecte con querencias y gustos a la moda de un pblico vido de novedades con gancho y carisma desbordante.

Desde la segunda mitad del siglo XX, la poltica se ha convertido en pura imagen y permanente puesta en escena audiovisual, si bien existen enormes diferencias entres distintos pases y pocas histricas.

El PSOE, por ejemplo, se hizo alternativa de gobierno visualizada por la mayora empezando por los pantalones de pana y las patillas largas de Alfonso Guerra, lo que otorgaba pedigr inconfundible de izquierdas a sus principales lderes mediticos, que al poco tiempo cambiaron a ternos ms clsicos y adecuados para elevarse a lderes de la izquierda aceptable en el contubernio borbnico de la transicin posfranquista. Al principio fue la pana la que se llev a los izquierdistas irredentos o de alma sentimental; ms tarde para captar a un electorado menos politizado, de centro, la pana hubo que dejarla en el bal de los recuerdos.

 Podemos 

Es curioso observar como los ms destacados dirigentes de Podemos, jvenes profesores universitarios la mayora de ellos, participan de ese look juvenil urbanita underground globalizado que los hace tan diferentes a la casta profesional de polticos a la que dicen combatir con frenes y entrega desmedida desde su aparicin en la escena pblica. Desde su xito en las elecciones europeas, el discurso de Podemos ha ido bajando de intensidad y fuerza expresiva, en palabras de su mximo dirigente, Pablo Iglesias, porque ya son alternativa real de gobierno segn las encuestas demoscpicas y hay que ponerse serio y riguroso en las propuestas. Esa seriedad y responsabilidad sbita, tras entrevistarse casi de tapadillo con el embajador USA en Espaa, le llevar a Iglesias a cortarse la coleta que ahora mismo luce? Nunca se sabe aunque cosas veredes amigo Sancho, como dijera el inefable Alonso Quijano.

La imagen a veces suplanta al discurso y otras lo modifica, suavizando o reforzando los elementos que se pretenden difuminar o potenciar. Sin salir de Espaa, fueron un paradigma los jerseis de cuello alto del lder histrico de CC.OO., Marcelino Camacho. La imagen encajaba con su funcin sindical de obrero de toda la vida. El cuello alto daba un calor suplementario a la clase trabajadora en su conjunto que madrugadaba a diario y tena que soportar los reveses rudos de los fros invernales. Camacho era un lder obrero en la realidad y en la imagen pblica que trasladaba. Su indumentaria transmita verdad sin aditivos ni colorantes.

Mao, Fidel Castro y Hugo Chvez

Otras imgenes eran desmenuzadas y sopesadas con exhaustividad previamente. Es el caso de la China comunista de Mao, vestida como un solo ser humano uniforme y colectivo en pos de un destino comn: la revolucin cultural contra el atraso secular y la explotacin capitalista. Sus efectos fueron contradictorios, aunque China diera un salto adelante espectacular desde sus estructuras casi feudales. Hoy, el hombre uniforme se ha convertido en millones de personalidades unidimensionales en disputa, paradoja de paradojas en nombre de los ideales comunistas, eso s con lderes ataviados a la usanza occidental de hombres avezados en negocios internacionales de alto standing. Cada fase histrica (e ideolgica) tiene su tempo interno y sus seas de identidad propias. En China, la modernidad es hacerse ricos y perseguir el lucro personal en bien de la colectividad, un sistema comunista muy sui gneris.

En este repaso veloz de las imgenes convertidas en discurso poltico no poda faltar Fidel Castro, un maestro de la palabra hecha imagen y viceversa. Es ms que conocido que la revolucin cubana est asediada desde su mismo origen por EE.UU. y fuerzas transnacionales de diverso signo y pelaje. Castro us siempre de su casaca militar para trasladar la idea-fuerza al mundo a y a su pueblo de que haba que defender los logros conseguidos con uas y dientes si ello fuera preciso. Su porte militar e imponente de comandante en jefe mantena alerta constante a todo un pas.

Sigamos con Fidel Castro. Y el difunto Hugo Chvez. Para la esttica occidental sus encuentros en chndal suponan un choque frontal con los prejuicios de lo que debe ser un lder o dirigente poltico. En Espaa, el chndal, adems de su uso deportivo, es una indumentaria informal entre chabacana y ligera de andar por casa. Chvez y Castro conversaban as, en chndal, de cosas profundas e intrascendentes, sin protocolos o puestas en escena sofisticadas o rimbombantes, esto es, como la gente normal de la calle en Cuba o Venezuela.

Esas hipotticas secuencias distendidas o relajadas entre polticos occidentalizados buscaran eventos en bellos entornos artificiales y decorados ad hoc ampulosos: un campo de golf, una mansin en el campo o una delicatessen grfica original donde pudieran encajar al milmetro los recortables de las figuras polticas concretas. La espontaneidad poltica en Occidente es un oxmoron de libro.

No es un secreto que todo discurso poltico tiene un componente esencial en la imagen o soporte fsico de sus principales lderes. La cultura en la que vivimos es eminentemente audiovisual: un gesto, un tic, una mirada, una prenda de vestir o una forma peculiar de moverse pueden arruinar o lanzar al xito inminente cualquier propuesta poltica que enganche con el subconsciente ideolgico de la gran masa consumidora de emociones evanescentes.

Lo poltico se ha transformado en una mercanca ms en el mercado capitalista. En ocasiones dice ms la expresividad subliminal de un detalle nimio o circunstancial, la bufanda de Varufakis, que todo un discurso de palabras tcnicas plagadas de argumentaciones farragosas y prolijas. El mundo actual no est preparado para excesivas tonteras y estriles disputas intelectuales.

Perder la bufanda Varufakis l solito o se la birlar Merkel al descuido? Se la quitar motu proprio o seguir ufano y orgulloso alrededor de su cuello? En la bufanda de Varufakis residen muchas claves polticas de los prximos meses.

 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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