Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-03-2015

Neoliberalismo vs. sindicalismo

Jesus Gonzlez Pazos
Rebelin


En numerosas ocasiones se han caracterizado detalladamente los rasgos fundamentales del neoliberalismo (o deberamos hablar ya de ultraliberalismo?), especialmente en su dimensin ms estrictamente econmica. Privatizacin de todos los sectores productivos estratgicos posibles, incluso de la vida; dominio de las lites econmicas y subordinacin a stas de la clase poltica tradicional; libertinaje de los mercados, desregularizados y omnipotentes; desigualdad, precariedad y empobrecimiento acelerado de las mayoras

Sin embargo, menos se ha profundizado en el anlisis sobre los elementos ms ideolgicos que hoy son la esencia constitutiva de este sistema. Y aqu habra que empezar por denunciar abiertamente su carcter radicalmente antidemocrtico, ya nos refiramos a los trminos de la lucha poltica que establece para con sus contrarios, ya hablemos de su entendimiento del concepto de la democracia. Si nos referimos a esto ltimo, se podra hablar de la pura y simple prostitucin de la misma, pues hace uso y abuso de la democracia, apropindose de ella y colocndola al servicio exclusivo de los intereses econmicos y polticos de aquellas lites que hoy se imponen con este sistema oligrquico. Y la democracia queda reducida a su funcin meramente de representatividad, de delegacin (no participativa), a ser ejercida por la ciudadana cada cuatro aos. En este mismo sentido, habra que dejar de hablar de democracia, para usar ms acertadamente el trmino de plutocracia, es decir, aquel sistema de gobierno en el que el poder lo controlan y ejercen quienes tienen la riqueza concentrada en sus manos.

Pero es la otra dimensin antidemocrtica la que ahora nos ocupa, y preocupa; aquella que tiene que ver con los trminos que el neoliberalismo define para la lucha poltica con sus contrarios. Y, aunque mucho de lo que sealemos a continuacin puede ser perfectamente aplicado a la lucha partidaria, queremos centrarnos ms en cmo se da sta en cuanto a la relacin que establece con el sindicalismo y su obsesin por su destruccin. De hecho, siempre ha considerado la posible fuerza de los sindicatos como un obstculo mayor en sus fines e intereses de dominio absoluto que los propios partidos polticos tradicionales del sistema; de ah precisamente su fijacin en la eliminacin y destruccin del sindicalismo.

El neoliberalismo acta hacia los sindicatos mediante dos mecanismos o formas fcilmente identificables: la cooptacin o la eliminacin. Una de las posiblemente mejores (y ms cnicas) descripciones de la cooptacin la hizo en su da el poltico socialdemcrata espaol Alfonso Guerra, cuando seal que el que se mueva no sale en la foto; es decir, si te desvas de lo que el sistema propone, te quedas totalmente fuera y ah hace mucho fro (y no hay subvenciones, ni desayunos de trabajo, ni desplazamientos pagados, ni tarjetas black, ni). A partir de ah, y una vez integrados en el sistema, el neoliberalismo deja patente la inexistencia de la lucha poltica entre iguales y sta solo es apariencia entre unos y otros pero sin afectar realmente a la posibilidad de cuestionamiento profundo del modelo (fuera de ste nada existe). A la sociedad, a la ciudadana, se la har creer que opta en libertad, pero siempre entre opciones definidas por el sistema. Como decamos anteriormente todo esto es aplicable plenamente a la inmensa mayora de las fuerzas polticas clsicas, pero tambin, y eso es lo que aqu nos interesa, absolutamente ajustable hoy a la mayor parte de los sindicatos: o se est dentro del sistema (cooptado) o se buscar su eliminacin.

As, las fuerzas sindicales poco coherentes con sus postulados de defensa de los intereses de las personas trabajadoras, han sido mayoritariamente cooptadas por el sistema para pasar a ser meras correas de transmisin del mismo. Ningn cuestionamiento y accin profunda contra las injusticas ms evidentes, contra los brutales recortes de derechos laborales, sindicales y polticos, contra el progresivo empobrecimiento y aumento de la desigualdad. A lo sumo, leves crticas a las consecuencias, pero sin llegar nunca al cuestionamiento de las causas estructurales, pues supondra la irremediable impugnacin, y por lo tanto accin consecuente, del modelo dominante. Y para aquellas fuerzas sindicales que no asumen el sistema neoliberal, la estigmatizacin y la eliminacin, tal y como nos demuestra cualquier repaso de hechos y acciones acontecidas en este campo durante el proceso de implantacin del neoliberalismo.

Nos retrotraemos unas dcadas y llegamos al Chile de 1973, tras el golpe de estado de Pinochet. Una vez eliminada, o exilada, la oposicin poltica, social y sindical al golpe, este pas se convirti en el primer laboratorio para introducir las medidas neoliberales de ajustes estructural y, evidentemente, de privatizaciones de sectores estratgicos, as como eliminacin generalizada de derechos. El siguiente paso se producir en paralelo en Bolivia y Gran Bretaa. Era el momento de probar el nuevo modelo en regmenes de democracia representativa. Y para ello, en ambos, casos, era esencial acabar con el sindicalismo mediante la accin combinada de cooptacin y eliminacin. Tanto en un pas como en otro el objetivo se fij en destruir el sindicalismo minero (del estao en Bolivia y del carbn en Gales) como fuerzas motrices de la potencia de las luchas de los/as trabajadores/as en todos los dems sectores productivos. Tambin estos son aos en los que la llamada transicin espaola repite estos esquemas mediante pactos sindicales y arrinconamiento de aquellos que se niegan a entrar en la correa de transmisin que ahora se dibuja para las fuerzas sindicales (y polticas).

Como ya se ha sealado, mediante lo anterior, pactos y cooptaciones, algunos sindicatos renuncian a la vieja aspiracin de transformar radicalmente la sociedad hacia otra ms justa y equitativa para las mayoras. Pero tambin a la simple posibilidad de tener voz y participacin determinante en la definicin de la poltica econmica del pas. Se impone la visin del estado del bienestar como el mximo alcanzable para los sectores trabajadores. A partir de ese momento, el carcter pactista se aplica para salvar determinados derechos, s, pero tambin demasiadas prebendas adquiridas, y todo ello en clara retirada de los objetivos ms evidentes de transformacin social y econmica, adems de poltica. Y, en esta nueva tesitura y actitud sindical integrada ya en el adn de muchas organizaciones sindicales, es cuando se produce la arremetida neoliberal definitiva para la implantacin del nuevo sistema ideolgico, libre ya de matices como el estado del bienestar que no fue sino una concesin defensiva del capitalismo en momentos de fuerte efervescencia y presin social. Esos sindicatos huirn, ms si cabe, al interior del sistema que han asumido. Evidentemente, quienes salen perdiendo son todos y cada uno de los derechos conseguidos tras dcadas de lucha que ahora, en pocos aos, se pierden ante la incapacidad absoluta de esas fuerzas sindicales.

Llegados a este punto la implantacin y dominio del neoliberalismo se pretende ya como absoluto. En ese campo solo har falta la puntilla pretendida al sindicalismo consecuente; todo ello para la desaparicin siempre buscada del opositor poltico. Los efectos de las crisis que vivimos producen, entre otros muchos, miedo individual y colectivo ante las incertidumbres, ante el paro, ante las hipotecas, ante la represin y, en el campo laboral, lleva a frenar radicalmente la sindicacin, a callar y a obedecer. Complementariamente, la precarizacin brutal del trabajo con la temporalidad como elemento distintivo es algo tambin planificado por el neoliberalismo. En el plano que nos ocupa estas nuevas formas de trabajo garantizan la no sindicacin ante el miedo a que la simple demanda colectiva de derechos traiga consigo nuevamente la prdida del puesto de trabajo. Se resta sindicacin, se resta fuerza a las demandas colectivas y se pretende, una vez ms, como en los aos dorados de los inicios de la era industrial, la total sumisin del mundo del trabajo a lo que dicten las lites econmicas. Se cierra el crculo de dominio.

Jesus Gonzlez Pazos. Miembro de Mugarik Gabe

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter