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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-03-2015

El fin del modelo de negocio de las grandes petroleras
La verdadera historia detrs de la cada del precio del petrleo

Michael T. Klare
TomDispatch.com

Traducido del ingls para Rebelin por Sara Plaza.


Muchos han sido los motivos esgrimidos para explicar la drstica cada del precio del petrleo hasta los 60 dlares por barril (casi la mitad de lo que costaba hace un ao): la desaceleracin de la demanda debido al estancamiento global; la sobreproduccin de los yacimientos de esquisto en Estados Unidos; la decisin de Arabia Saudita y otros productores de Oriente Medio miembros de la OPEC de mantener los actuales niveles de produccin (probablemente para castigar a los productores con mayores costes de produccin en Estados Unidos y otros lugares); y el fortalecimiento del dlar frente a otras monedas. Sin embargo, existe una razn de la que no se habla y que podra ser la ms importante de todas: el colapso del modelo de negocio de las grandes petroleras basado en maximizar la produccin.

Hasta el pasado otoo, cuando se consolid la disminucin del precio, los gigantes de la energa estaban funcionando a todo gas, bombeando ms petrleo que nunca. En parte lo hacan, naturalmente, para beneficiarse de los altos precios. Durante la mayor parte de los seis aos anteriores el Brent, como valor de referencia para el precio del petrleo crudo, se haban estado vendiendo a 100 dlares o ms. Por otro lado, las grandes petroleras estuvieron funcionando con un modelo de negocio que asuma una demanda de sus productos cada vez mayor por muy costosos que pudieran resultar su produccin y refinado. Esto hizo que ninguna reserva de combustibles fsiles, ninguna fuente de suministro potencial sin importar lo apartada o difcil de acceder que estuviera, lo lejos que se encontrara mar adentro o en las profundidades, ni lo atrapada en la roca que estuviera fuera considerada intocable en la lucha enfermiza por aumentar la produccin y los beneficios.

En los ltimos aos, esta estrategia de maximizacin de la produccin gener una riqueza fabulosa para las grandes empresas petroleras. Solo en 2013, Exxon, la mayor productora de petrleo estadounidense, gan la impresionante cifra de 32,6 miles de millones de dlares, ms que cualquier otra compaa estadounidense salvo Apple. Ese mismo ao, Chevron, la segunda productora de petrleo, contabiliz unas ganancias de 21,4 miles de millones de dlares. Las compaas nacionales, como la saudita Aramco y la rusa Risbeft, tambin obtuvieron unos beneficios colosales.

Pero cmo han cambiado las cosas en cuestin de meses. Con la demanda estancada y el exceso de produccin como protagonistas del momento, la misma estrategia con la que se haban alcanzado beneficios rcord se ha vuelto de repente totalmente disfuncional.

Para poder entender la difcil situacin que atraviesa la industria energtica es necesario retroceder una dcada, hasta el ao 2005, cuando se utiliz por primera vez la estrategia de maximizacin de la produccin. En ese momento, las grandes petroleras se encontraban en una coyuntura decisiva. Por un lado, muchos de los yacimientos petrolferos existentes estaban siendo agotados a un ritmo desenfrenado, lo que llev a los expertos a predecir un inminente "cenit " en la produccin mundial de petrleo, seguido de un descenso irreversible; por el otro, el rpido crecimiento econmico de China, India y otros pases en desarrollo estaba provocando un aumento estratosfrico de la demanda de combustibles fsiles. En esos mismos aos la preocupacin por el cambio climtico empezaba a cobrar fuerza, amenazando el futuro de las grandes petroleras y presionando para invertir en formas de energa alternativas.

Un "mundo feliz" de petrleo difcil

Nadie capt mejor aquel momento que David O'Reilly, entonces presidente y consejero delegado de Chevron. "Nuestra industria se encuentra en un punto de inflexin estratgico, un lugar nico en nuestra historia", dijo en una reunin de directivos de la industria petrolera celebrada en febrero. "El elemento ms visible de esta nueva ecuacin", explic en lo que algunos observadores bautizaron como su discurso de un "mundo feliz", "es el relativo a la demanda, ya no dispondremos de petrleo abundante". A pesar de que China estaba succionando reservas de petrleo, carbn y gas natural a un ritmo pasmoso, O'Reilly tena un mensaje para ese pas y el resto del mundo: "La era del petrleo fcil se ha terminado".

Para prosperar en ese ambiente, explic O'Reilly, la industria petrolera tendra que adoptar una nueva estrategia. Tendra que mirar ms all de los recursos de fcil extraccin que la haban sostenido en el pasado y realizar enormes inversiones para extraer lo que la industria llama "petrleo no convencional" y lo que yo denomin entonces "petrleo difcil " ["tough oil"]: recursos que se encuentran localizados muy lejos de la costa, en los hostiles ambientes del extremo norte, en lugares polticamente peligrosos como Iraq, o en formaciones rocosas de esquistos. "El abastecimiento futuro" insisti O'Reilly "depender cada vez ms de encontrar recursos en aguas ultraprofundas y en otras zonas remotas, proyectos de desarrollo que requerirn nuevas tecnologas y la inversin de billones de dlares en nuevas infraestructuras".

Para los grandes ejecutivos de la industria como O'Reilly pareca evidente que los gigantes de la energa no tenan alternativa. Habra que invertir esos billones de dlares en proyectos de petrleo difcil o perder terreno respecto a otras fuentes de energa, cortando el chorro de beneficios. Cierto, el coste de extraer petrleo no convencional sera muchsimo mayor que el de obtener petrleo convencional fcilmente accesible (por no hablar de los peligros ecolgicos), pero eso sera problema del mundo, no suyo. "Estamos asumiendo el reto de manera conjunta", declar O'Reilly. "La industria est realizando importantes inversiones para aumentar la capacidad de produccin futura".

Sobre esta base, Chevron, Exxon, Royal Dutch Shell y otras grandes compaas invirtieron enormes cantidades de dinero y recursos en una carrera por el petrleo y el gas no convencional, una epopeya extraordinaria que narr en mi libro The Race for Whats Left . Algunas, incluyendo Chevron y Shell, empezaron a perforar en aguas profundas del Golfo de Mxico; otras, entre ellas Exxon, pusieron en marcha proyectos en el rtico y en Siberia Oriental. Prcticamente todas ellas comenzaron a explotar las reservas de esquito de Estados Unidos mediante fractura hidrulica.

Solamente un alto ejecutivo cuestion el enfoque "perfora, chico, perfora" [drill-baby-drill]: John Browne, el entonces director ejecutivo de BP. Al sealar que la base cientfica del cambio climtico resultaba lo suficientemente convincente como para negarla, Browne argument que los gigantes energticos deberan mirar "ms all del petrleo " y dedicar importantes recursos a las fuentes alternativas de abastecimiento. "El cambio climtico es una cuestin que plantea interrogantes fundamentales respecto a la relacin entre las compaas y la sociedad como un todo, y entre una generacin y la siguiente", declar ya en 2002. Para BP, indic, eso significaba desarrollar la energa elica, la solar y los biocombustibles.

No obstante, Browne fue apartado de BP en 2007, justo cuando estaba despegando el modelo de negocio de las grandes petroleras basado en maximizar la produccin, y su sucesor, Tony Hayward, abandon rpidamente la estrategia que apuntaba "ms all del petrleo". "Se podra cuestionar si el crecimiento [de la energa mundial] debe provenir de los combustibles fsiles", dijo en 2009. "Pero aqu es vital que nos enfrentemos a la dura realidad [de la disponibilidad de energa]". A pesar del creciente nfasis en las renovables, "an contemplamos que para 2030, el 80% de la energa producida provendr de combustibles fsiles".

Bajo la direccin de Hayward, BP interrumpi en gran medida su investigacin sobre formas alternativas de energa y reafirm su compromiso con la produccin de petrleo y gas, cuanto ms difcil mejor. Siguiendo los pasos de otros gigantes energticos, BP corri a explorar el rtico, las aguas profundas del Golfo de Mxico y las arenas bituminosas de Canad, una forma de energa particularmente sucia y muy difcil de producir. En su campaa para convertirse en el mayor productor del Golfo, BP apur la perforacin de un yacimiento petrolero en el mar a grandes profundidades al que llam Macondo, provocando la explosin del pozo Deepwater Horizon en abril de 2010 y el devastador derrame de petrleo de enormes proporciones que sigui.

Al borde del precipicio

A finales de la primera dcada de este siglo, las grandes petroleras abrazaron juntas la nueva estrategia de maximizacin de la produccin, "perfora, chico, perfora". Realizaron las inversiones necesarias, perfeccionaron la tecnologa para extraer el petrleo difcil y, de hecho, se impusieron al declive de los yacimientos de "petrleo fcil" existentes. En esos aos lograron aumentar la produccin de manera notable, incorporando yacimientos de petrleo cada vez ms difciles de acceder.

Segn la Administracin de Informacin de Energa de Estados Unidos (EIA, por sus siglas en ingls), la produccin mundial de petrleo subi de 85,1 millones de barriles diarios en 2005 a 92,9 millones en 2014, a pesar del declive continuado de muchos yacimientos en Norteamrica y Oriente Medio. Hace un ao, cuando afirm que las inversiones de la industria en nuevas tecnologas de perforacin haban ahuyentado el fantasma de la escasez de petrleo, el ltimo consejero delegado de BP, Bod Dudley, asegur al mundo que las grandes petroleras se estaban expandiendo y que la nica cosa que haba tocado techo era "la teora del cenit del petrleo".

Eso, por supuesto, ocurri justo antes de que el precio del petrleo se despease e inmediatamente puso en tela de juicio la pertinencia de seguir extrayendo petrleo a niveles rcord. La estrategia de maximizacin de la produccin diseada por O'Reilly y los otros consejeros delegados se basaba en tres premisas fundamentales: que, ao tras ao, la demanda continuara aumentando; que esa demanda creciente asegurara precios lo suficientemente altos como para justificar las costosas inversiones en petrleo no convencional; y que la preocupacin por el cambio climtico no alterara la ecuacin de manera significativa. Hoy, ninguno de esos supuestos es vlido.

La demanda seguir aumentando eso es innegable, dado el crecimiento esperado de poblacin e ingresos mundiales pero no al ritmo al que estaban acostumbradas las grandes petroleras. Hay que tener en cuenta lo siguiente: en 2005, cuando muchas de las inversiones ms importantes en petrleo no convencional estaban en su fase inicial, la EIA pronostic que la demanda de petrleo alcanzara los 103,2 millones de barriles diarios en 2015; en este momento ha rebajado esa cifra hasta los 93.1 millones de barriles. Esos 10 millones de barriles diarios de consumo esperado "perdidos" quiz no parezcan mucho considerando el nmero total, pero no hay que olvidar que las inversiones multimillonarias de las grandes petroleras en energa difcil se basaban en la materializacin de esa demanda aadida, la cual justificara los altos precios necesarios para compensar los crecientes costes de extraccin. Sin embargo, con la desaparicin de mucha de la demanda anticipada, los precios estaban destinados a hundirse.

Las indicaciones actuales sugieren que el consumo seguir siendo inferior a lo esperado en los prximos aos. En un anlisis de las tendencias futuras publicado el mes pasado la EIA sealaba que, debido al deterioro de las condiciones econmicas globales, muchos pases experimentarn una ralentizacin del crecimiento o bien una reduccin real en el consumo. El consumo de China, por ejemplo, se prev que crezca solo en 0,3 millones de barriles diarios durante este ao y el prximo; muy lejos del aumento de 0,5 millones de barriles diarios que experiment en 2011 y 2012 y del de un milln de barriles en 2010. Entre tanto, en Europa y Japn se prev un descenso del consumo durante los prximos dos aos.

La Agencia Internacinal de Energa (AIE), uno de los brazos de la Organizacin para la Cooperacin y el Desarrollo Econmico (OCDE, el club de los pases ricos e industrializados), sugiere que esta ralentizacin de la demanda probablemente contine ms all de 2016. Aunque la AIE predijo que los bajos precios de la gasolina podran estimular un incremento del consumo en Estados Unidos y otros pocos pases, la mayora de ellos no experimentar dicha mejora y por eso, segn este organismo, "[e]l reciente declive de los precios solo tendr un impacto marginal en el crecimiento de la demanda en lo que queda de dcada".

Dicho esto, la AIE cree que el petrleo mantendr un precio medio de unos 55 dlares por barril en 2015 y no volver a alcanzar los 73 dlares hasta el 2020. Estas cifras estn muy por debajo de lo que sera necesario para justificar la inversin y la explotacin del petrleo difcil como las arenas bituminosas canadienses, el petrleo del rtico y numerosos proyectos de esquisto. De hecho, la prensa econmica est llena de informes sobre mega proyectos energticos parados o suspendidos. Shell, por ejemplo, anunci en junio que haba abandonado sus planes para construir una planta petroqumica en Qatar, cuya inversin era de 6,5 miles de millones de dlares, aludiendo al "clima econmico actual que prevalece en la industria energtica". Al mismo tiempo, Chevron aparc su plan de perforar en el mar de Beaufort, y la noruega Statoil dio la espalda a la perforacin en Groenlandia.

Existe adems otro factor que amenaza el bienestar de las grandes petroleras: el cambio climtico ya no puede excluirse de ningn modelo de negocio energtico futuro. Las presiones para afrontar un fenmeno que podra aniquilar, en el sentido ms autntico de la expresin, la civilizacin humana son cada vez mayores. Aunque en estos aos las grandes petroleras han gastado ingentes cantidades de dinero en una campaa para levantar dudas sobre la base cientfica del cambio climtico, cada vez son ms las personas que estn empezando a preocuparse por sus efectos condiciones meteorolgicas extremas, tormentas ms intensas, periodos ms largos de sequa, aumento del nivel del mar, y otros y exigen que los gobiernos acten para reducir el alcance de la amenaza.

Europa ya ha adoptado medidas para reducir las emisiones de carbono en un 20% para 2020, comparado con los niveles de 1990, y para lograr mayores reducciones en las prximas dcadas. China, aunque sigue aumentando su dependencia de los combustibles fsiles, finalmente ha prometido al menos alcanzar el tope de sus emisiones de carbono en 2030 y aumentar el uso de fuentes de energa renovable hasta llegar al 20% de la energa total ese mismo ao. En Estados Unidos, los cada vez ms rigurosos estndares de eficiencia energtica obligarn a que los coches vendidos en 2025 rindan una media de 54,5 millas por galn, lo que reducir la demanda estadounidense de petrleo en 2,2 millones de barriles diarios. (Por supuesto, el Congreso, con mayora republicana y fuertemente subsidiado por las grandes petroleras, har todo lo posible para erradicar las restricciones al consumo de combustible).

Sin embargo, a pesar de la insuficiente respuesta que se ha dado hasta ahora a los peligros del cambio climtico, la cuestin sigue siendo el mapa energtico, y su influencia global en la poltica solo puede aumentar. Tanto si las grandes petroleras estn preparadas para admitirlo como si no, la energa alternativa est ya en la agenda mundial y no hay vuelta atrs. "Estamos en un mundo diferente del que exista la ltima vez que vimos una cada estrepitosa del precio del petrleo", dijo en febrero Maria van der Hoeven, directora ejecutiva de la IEA, refirindose al derrumbe econmico de 2008. "Las economas emergentes, en particular China, han entrado en fases de desarrollo menos intensivas en petrleo... Adems, las preocupaciones sobre el cambio climtico estn influyendo en las polticas energticas [y por eso] las renovables estn cada vez ms generalizadas".

Naturalmente, la industria petrolera est esperando que la actual cada del precio se invierta pronto y que con niveles de 100 dlares el barril vuelva su modelo de maximizacin de la produccin, que ahora est derrumbndose. Pero estas esperanzas de retorno a la "normalidad" son quimeras energticas. Como sugiere van der Hoeven, el mundo ha cambiado de manera significativa y por el camino ha destruido las bases sobre las cuales descansaba la estrategia de maximizacin de la produccin de las grandes petroleras. Los gigantes energticos tendrn que adaptarse a las nuevas circunstancias reduciendo su actividad, o bien afrontar el riesgo de ser absorbidos por compaas ms hbiles y agresivas.

 

Michael T. Klare es profesor de estudios por la paz y la seguridad mundial en el Hampshire College y colaborador habitual de TomDispatch.com. Es autor de "The Race for What's Left: The Global Scramble for the World's Last Resources" (Metropolitan Books) y en edicin de bolsillo (Picador). La versin documental de su libro "Blood and Oil" est disponible en Media Education Foundation. Contactos: michaelklare.com.

Fuente: http://www.tomdispatch.com/blog/175967/



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