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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-03-2015

Ibn Jaldn y la democracia desde abajo

Antoni Jess Aguil
eldiario.es


Por qu Bin Laden resulta un nombre tan popular en Occidente mientras que los nombres y contribuciones de figuras clave del mundo rabe apenas se conocen? Por qu los cnones acadmicos dominantes marginan a socilogos como Ibn Jaldn, de cuya muerte se cumplen estos das 609 aos? Qu aportaciones hizo para construir democracias desde abajo ms all de los lenguajes y narrativas polticas occidentales?

A pesar de la distancia histrica y cultural que nos separa de Ibn Jaldn, su pensamiento merece ser rescatado y resignificado no slo con el propsito de reivindicar su papel en el desarrollo inicial de la sociologa, la historia y la economa en Occidente, sino para ponerlo al servicio de las luchas por la diversidad democrtica en un contexto que a escala global busca homogenizar la democracia y neutralizar aquellas manifestaciones que no se ajustan a las pautas de la ortodoxia poltica liberal. En este sentido, las ideas polticas de Ibn Jaldn siguen siendo una herramienta til para desarrollar perspectivas inscritas en el horizonte de una nueva cultura poltica regida por la demodiversidad de la que hablan Boaventura de Sousa y Leonardo Avritzer: La coexistencia pacfica o conflictiva de diferentes modelos y prcticas democrticas.

Reconstruir la democracia sobre la base de la demodiversidad es uno de los desafos ticos y polticos ms urgentes de nuestro tiempo. En las ltimas dcadas el proyecto neoliberal ha generado un empobrecimiento democrtico basado en la hegemona mundial de una democracia representativa, partidocrtica, mercantilizada, patriarcal, vaca de contenido saturada de corrupcin, fuera de la cual, sostienen los interesados en su predominio, slo existen el populismo y la ingobernabilidad. Frente a este reduccionismo, el fortalecimiento social e institucional de la demodiversidad implicara varios aspectos, como la ampliacin de nuestros marcos conceptuales para incorporar diversas formas, lenguajes y experiencias democrticas; la apertura de nuestros criterios normativos a mltiples historias y tradiciones de pensamiento democrtico marginadas e invisibilizadas; y el combate del eurocentrismo en las ciencias sociales y humanas, expresado en discursos de inspiracin colonial (a lo Fukuyama sobre el fin de la historia) que presentan la democracia como un valor exclusivo y originario de Occidente.

La asabiya documentada en el siglo XIV por Ibn Jaldn en referencia a las poblaciones nmadas del Magreb constituye el ncleo de su aportacin al enriquecimiento de las formas democrticas de participacin. Aunque no hay una traduccin literal del trmino, designa una prctica sociocultural de accin colectiva y solidaria ejercida en el marco de las actividades de la comunidad, por lo que desde categoras occidentales se ha interpretado como solidaridad grupal, espritu comunitario o cohesin social basada en la consanguinidad y el parentesco. Para Ibn Jaldn, los pueblos organizados poltica y socialmente en estructuras tribales demuestran una prctica ms autntica de la asabiya. Aunque no todos la desarrollan necesariamente ni en la misma medida, como escribe en la Muqaddimah: Mediante la solidaridad de la asabiya los seres humanos logran su defensa, su resistencia, sus reclamaciones y la realizacin de todo proyecto en pro del cual encauza sus fuerzas unidas. As, en cuanto fuerza que impulsa y cohesiona una comunidad poltica, se establece un lazo indisoluble entre la asabiya y el ejercicio de la soberana popular como construccin colectiva de la autonoma.

Aunque la asabiya alude al espritu comunitario que Ibn Jaldn detecta en las poblaciones beduinas del desierto, se trata de un concepto que va ms all de sus expresiones locales de poltica y comunidad capaz de contribuir a la ampliacin del reducido canon democrtico construido en torno a la democracia liberal. El propio Ibn Jaldn advierte que no constituye una particularidad exclusivamente nmada ni basada slo en lazos de sangre: El verdadero parentesco consiste en esa unin de los corazones que hace valer los lazos sanguneos y que impele a los seres humanos a la solidaridad; exceptuada esa virtud, el parentesco no es ms que una cosa prescindible, un valor imaginario, carente de realidad. As, una causa social o poltica que suma esfuerzos y voluntades puede activar el potencial de la asabiya para construir alianzas independientemente de las relaciones de consanguinidad.

Resignificar la democracia desde la asabiya permite visibilizar racionalidades y prcticas polticas que apuestan por el significado radical de la democracia como poder popular. En efecto, la teora democrtica convencional concibe la democracia como un sistema de gobierno en el que la mayora elige a sus representantes, a quienes les es conferido el poder del pueblo. Aunque reconoce que el pueblo es el titular legtimo del poder, este se ejerce de manera elitista y sin el pueblo. Por el contrario, la asabiya permite profundizar y extender el ejercicio de la democracia radical dando cuenta de la infinita diversidad y complejidad de formas de articulacin del poder comunitario: el movimiento de mujeres kurdas en Kobane, organizadas solidariamente contra el Estado Islmico; los vecinos de Gamonal, unidos frente al despilfarro del gobierno municipal; las luchas de las travestis de So Paulo (y, en general, de Brasil), que se juegan la vida todos los das combatiendo en la calle el machismo y la violencia policial; el movimiento de vctimas y afectados por la tragedia qumica de Bhopal, que ha logrado unir a musulmanes e hindes en lucha contra el Estado indio y la transnacional Dow Chemical, etc.

Ahora que la crisis hecho ms evidente la farsa que supone la democracia liberal tal y como la conocemos, es tiempo de forjar nuevas asabiyas entre los pueblos y movimientos del Sur global como base de luchas por otras democracias: populares, radicales, comunitarias, directas, etc. El resquebrajamiento de la hegemona neoliberal y de su partidocracia de mercado posibilita un proceso de apertura democrtica con potencial emancipador. No se trata slo de cuestionar una versin restringida de la democracia que desacredita las alternativas existentes, sino de aprovechar la ventana de oportunidad abierta para crear nuevas posibilidades polticas, nuevas gramticas que incorporen formas de complementariedad entre las distintas formas de democracia, formas inditas de relacin entre el Estado y la sociedad, experiencias plurales de autogobierno, innovaciones institucionales y hbitos participativos ms all (y a pesar) de la cultura poltica liberal.

En este contexto, desde los parmetros eurocntricos de la democracia liberal, la asabiya aparece como un fenmeno local o un residuo folklrico que nada aporta al discurso de la representacin, la legitimidad de las urnas y el ejercicio del poder en pocas manos. Sin embargo, para los movimientos y tradiciones de pensamiento poltico que buscan ejercer el poder desde abajo, es una contribucin esencial a los procesos de democratizacin basados en la radicalidad y la diversidad de la democracia. Hoy ms que nunca ha llegado el momento de abrir el candado institucional de la democracia liberal. Por eso, lo ms revolucionario que se puede hacer es sumarse al siempre largo y difcil proceso de lucha por otra democracia.

 

Antoni Aguil es filsofo poltico y profesor del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Combra.

Fuente: http://www.eldiario.es/contrapoder/Ibn_Jaldun_6_367873243.html



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