Portada :: Palestina y Oriente Prximo :: El Imperio recurre al Califato: el Estado Islmico
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-03-2015

Prosiguiendo el debate sobre el EI
El Estado Islmico, un fenmeno de Occidente?

Ramzy Baroud
Politics for the People

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez.


Parece como si los dirigentes del denominado Estado Islmico (EI) estuvieran recibiendo consejos de los principales islamfobos del mundo a fin de demonizar a los musulmanes y estuvieran tratando de vivir cumpliendo las expectativas de organizaciones dedicadas a propagar el odio como la American Freedom Defense Initiative de Pamela Geller, cuyos ltimos actos propagandsticos por todo San Francisco comparaban a los musulmanes con los nazis.

Sin embargo, no importa cmo intente uno abordar la aparicin del denominado Estado Islmico (EI) en Iraq y Siria, buscando desesperadamente un contexto poltico o de otro tipo que valide el movimiento como circunstancia histrica explicable, no hay quien pueda encontrar sentido a las cosas.

La conexin occidental

No slo el EI es, hasta cierto grado, un movimiento ajeno al contexto poltico ms amplio del Oriente Medio, tambin parece ser un fenmeno parcialmente occidental, un retoo abominable resultado de las aventuras neocoloniales de Occidente en la regin, junto con la alienacin y demonizacin de las comunidades musulmanas en las sociedades occidentales.

Por fenmeno occidental no estoy tratando de sugerir que el EI es en gran medida una creacin de la inteligencia occidental, como muchas teoras de la conspiracin han defendido persistentemente. Desde luego que est justificado que uno plantee preguntas acerca de la financiacin, el armamento, el comercio del petrleo en el mercado negro y la facilidad con la que muchos miles de combatientes rabes y occidentales han conseguido llegar hasta Siria e Iraq en estos ltimos aos. Los crmenes perpetrados por el rgimen de Asad, su ejrcito y los aliados durante la larga guerra civil siria, que ya dura cuatro aos, junto al insaciable apetito de orquestar un cambio de rgimen en Damasco como prioridad suprema, han estado nutriendo, cuando no alentando, las fuerzas anti-Asad de justificados aspirantes a yihadistas.

Fue bastante revelador el reciente anuncio del ministro de asuntos exteriores turco, Meylut Cavusoglu, del arresto de un espa que trabajaba para el servicio de inteligencia de un pas integrante de la coalicin contra el EI parece ser que Canad-, por haber supuestamente ayudado a tres muchachas britnicas a unirse al EI. La acusacin alimenta un creciente discurso que sita al EI dentro del discurso occidental y no del Oriente Medio.

Sin embargo, no es la conspiracin per se lo que encuentro intrigante, incluso desconcertante, sino el dilogo en curso, si bien indirecto, entre el EI y Occidente con la participacin de supuestos yihadistas franceses, britnicos y australianos, sus simpatizantes y seguidores por un lado, y varios gobiernos occidentales, sus servicios de inteligencia, los medios de comunicacin de la derecha, etc., por el otro.

Gran parte del discurso en otro tiempo situado dentro de una narrativa consumida por la Primavera rabe, las divisiones sectarias y las contrarrevoluciones- se ha trasladado ahora a otra esfera que parece tener poca trascendencia para el Oriente Medio. Con independencia de dnde uno se site sobre cmo Mohammad Emwazi se transform en el yihadista John, el debate, curiosamente, no tiene mucho en cuenta su contexto geopoltico. En ese ejemplo concreto, se trata de un problema esencialmente britnico que tiene que ver con la alienacin, el racismo, la marginacin cultural y econmica, al igual que los atacantes de Charlie Hebdo que nacieron, crecieron y se radicalizaron en Francia, es ante todo un problema francs que tiene que ver con las mismas diferencias socioeconmicas fundamentales.

Las otras races del EI

El anlisis convencional sobre la aparicin del EI ya no es suficiente. Rastrear el movimiento hasta octubre de 2006 cuando se estableci el Estado Islmico de Iraq al unirse varios grupos, entre ellos al-Qaida, sugiere simplemente un punto de partida en la discusin y vemos que sus races llegan hasta el desmantelamiento del Estado y ejrcito iraques por la Autoridad de la Ocupacin Militar de EEUU. Slo la idea de que la Repblica rabe de Iraq estuvo dirigida desde el 11 de mayo de 2003 hasta el 28 de junio de 2004 por Lewis Paul Bremer III, es suficiente para delinear una ruptura irremediable en la identidad del pas. Bremer y los altos mandos del ejrcito estadounidense manipularon las vulnerabilidades sectarias de Iraq, y esto unido al inmenso vaco que se produjo en la seguridad motivado al mandar a casa a todo un ejrcito, marcaron el comienzo de la aparicin de numerosos grupos, algunos movimientos de resistencia autctonos y otras entidades extraas que buscaron en Iraq un refugio o un grito de guerra.

Tambin desaparecida, de forma conveniente, del comienzo del contexto del yihadismo est la asombrosa brutalidad de los gobiernos de dominio chi y de sus milicias por todo Iraq, con total apoyo de EEUU e Irn. Si la guerra de EEUU (1990-91), el bloqueo (1991-2003), la invasin (2003) y la posterior ocupacin de Iraq no fueran ya suficientes para radicalizar a toda una generacin, entonces, la brutalidad, marginacin y constantes ataques contra los sunnes iraques en los aos posteriores a la invasin de Iraq completaron sin duda el trabajo.

La narrativa de los medios convencionales sobre el EI se centra sobre todo en la politiquera, la divisin y unidad que se da entre diversos grupos, pero ignora ante todo las razones subyacentes en la existencia de esos grupos.

La expansin del EI en Siria

La guerra civil siria fue otra oportunidad de expansin buscada con xito por el Estado Islamico de Iraq (EII), cuya capital hasta entonces era Baquba, en Iraq. El EII estaba dirigido por Abu Bakr al-Baghdadi, un actor clave en el establecimiento del Yabhat al-Nusra (Frente al-Nusra). La tan citada ruptura entre al-Bahdadi y el lder de al-Nusra, Mohammed al-Golani, suele referirse como la fase final del brutal ascenso del EI al poder, convirtindose entonces en el Estado Islmico para Iraq y Siria (EIIS), antes de recurrir finalmente a la actual designacin de simplemente Estado Islmico o EI.

Tras la divisin, algunas estimaciones sugieren que alrededor del 65% de los elementos de Yabhat al-Nusra declararon rpidamente su lealtad hacia el EIIS. La mayora de ellos eran yihadistas no sirios, informaba al-Safir, del Lbano.

Dejando a un lado la politiquera de los militantes, unos hechos tan masivamente destructivos y altamente organizados no surgen en el vaco y no operan con independencia de las muchas plataformas existentes que ayudan a que se generen, se armen y se mantengan. Por ejemplo, sobre al acceso del EI a las refineras de petrleo, no conocemos nada de cmo pudo llegar a controlar esas riquezas. Para obtener fondos de las formas econmicas existentes, el EI necesit acceder a un complejo aparato econmico que implicaba a otros pases, mercados regionales e internacionales. Es decir, el EI existe porque hay quien est invirtiendo en esa existencia, y la tan publicitada coalicin anti-EI ha hecho evidentemente muy poco para enfrentar esa realidad.

Arrogancia intelectual y debate musulmn occidental

Es especialmente interesante lo rpidamente que cambia el punto focal del debate, desde todo lo relacionado con Siria e Iraq hasta llegar a la discusin que en Occidente se ha centrado en los yihadistas de origen occidental que parecen haberse retirado de la regin de Oriente Medio y de sus conflictos y prioridades polticas.

En una carta firmada por ms de cien eruditos musulmanes que se public el pasado septiembre, telogos y clrigos de todo el mundo musulmn repudiaban con toda justicia al EI y a sus sangrientas ambiciones por antiislmicos. En efecto, las tcticas de guerra del EI son el reverso de las normas de la guerra en el Islam, pero han sido una bendicin para quienes han hecho carreras triunfantes a costa de vituperar al Islam y defender polticas exteriores que predican un temor irracional hacia los musulmanes. Pero especialmente interesante fue el nfasis que pona la carta, en su versin rabe, en la falta de dominio de la lengua rabe por parte del EI, eficiencia que es un requisito indispensable para elaborar normas legales islmicas y fatwas.

Quin os dio autoridad sobre la ummah [comunidad musulmana]?, preguntaba la carta. Un grupo de unos pocos miles se nombran a s mismos gobernantes de ms de un billn y medio de musulmanes. Esta actitud se basa en una lgica circular corrupta que dice: Slo nosotros somos musulmanes y decidimos quin es el califa, hemos elegido a uno y por tanto quien no acepte a nuestro califa no es musulmn.

La carta se enfrenta a la arrogancia intelectual del EI, que se basa sobre todo en un conocimiento errneo del Islam que rara vez se ha engendrado en la regin misma. Pero esa arrogancia intelectual que ha llevado a los asesinos de tanta gente inocente y autores de otros delitos abominables como la legalizacin de la esclavitud para satisfaccin de los numerosos islamfobos que pululan por el paisaje intelectual occidental-, se sita en gran medida en un contexto poltico y cultural diferente no perteneciente al Oriente Medio.

El debate alrededor del Islam empez a hacer furor tras los ataques del 11-S, en parte porque de esos ataques se culp a los musulmanes, permitiendo as que los polticos desviaran la atencin de otros problemas y redujeran las discusiones al centrarlas en una determinada religin y en un pretendido choque de civilizaciones. A pesar de las seguridades ofrecidas por los dirigentes occidentales de que las guerras encabezadas por EEUU en los pases musulmanes no iban contra el Islam, el Islam sigue siendo el punto crucial del discurso intelectual colindante con la cruzada militar declarada por George W. Bush, empezando por la primera bomba arrojada sobre Afganistn en 2001.

Ese discurso est demasiado implicado como para que se mencione tan slo de pasada porque es un elemento esencial en la historia del EI, que implica varias escuelas de pensamiento, incluida una modalidad de liberales musulmanes, utilizada convenientemente para yuxtaponerla con el grupo de extremistas. Sin embargo, entre los apologistas y los denominados yihadistas, el autntico debate sobre el Islam auspiciado por eruditos musulmanes no cooptados sigue desaparecido.

Ese vaco intelectual es ms peligroso de lo que pueda parecer. No hay duda de que mientras la batalla sigue librndose en la regin del Oriente Medio, el mismo discurso est siendo cada vez ms manipulado y convirtindose en el discurso de Occidente. Por esto es por lo que el EI est expresndose en ingls, porque todo su lenguaje est lleno de autnticos acentos, mtodos y mensajes occidentales, e incluso los monos naranja de los rehenes tienen que ver con otro contexto sociopoltico y cultural.

Es extrao, aunque revelador, cmo una discusin que se inici con las revueltas a favor de la libertad y la igualdad en los pases rabes se haya quedado reducida a lo referido al resurgimiento islmico: musulmanes occidentales liberales versus extremistas, yihadistas como John y espas occidentales reclutando jvenes musulmanes occidentales para escapar de la marginacin en sus propias comunidades. Sin embargo, en vez de servir como llamada de atencin y necesidad urgente de introspeccin para Occidente, lo que hay es una terca insistencia en utilizar el EI como trampoln para un mayor intervencionismo en Oriente Medio, alimentando as el ciclo de la violencia sin querer ver ni enfrentar sus races.


Ramzy Baroud ramzybaroud.net - es doctor en Historia de los Pueblos por la Universidad de Exeter. Es editor-jefe de Middle East Eye, columnista de anlisis internacional, consultor de los medios, autor y fundador de PalestineChronicle.com. Su ltimo libro es My Father Was a Freedom Fighter: Gazas Untold Story (Pluto Press, Londres).

Fuente: http://ramzybaroud.net/islamic-state-as-a-western-phenomenon-reimagining-the-is-debate/

 



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