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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-03-2015

Respuesta a la respuesta, y punto final

Joxe Iriarte, Bikila
Rebelin


Punto final a la polmica con Salvador Lpez Arnal, a propsito de la Marcha por la Dignidad, aunque no (pero en otro momento) respecto al debate sobre las cuestiones nacionales y la izquierda (caso de querer conocerse mi opinin de forma mas extensa y detallada: Los obreros tienen patria?, Editorial Gakoa, 1991).

De entrada aclarar unas pocas cuestiones. La tardanza en responder tiene que ver con que he ledo la respuesta al regresar de la dicha marcha, en la cual participe como parte de la columna Euskal Herria que durante tres das camino por la sierra norte de la Comunidad de Madrid (de cuyos organizadores y asistentes no tengo mas que agradecimiento y parabienes, si bien algn roce tuvimos por el uso del euskera en las asambleas, por parte de quienes ajenos al sentir de los organizadores- son incapaces de or con respeto otro idioma que no sea en castellano, o ingles) finalizando con la impresionante manifestacin que segn los organizadores reuni a 500.000 personas (menos que el ao pasado pero de gran importancia.)

En segundo lugar, reconozco que en ciertas parte de mi escrito, me pudo un tono demasiado expeditivo y quizs faltn. Ello fue debido a que mas all de las posiciones polticas me sent ofendido, como independentista de izquierdas, ante la acusacin de insolidaridad con los objetivos de la marcha. Aun as, mil perdones a Salvador.

Y para finalizar, dejar claro que la polmica sobre la marcha, tiene varias direcciones: la que se da dentro del independentismo de izquierdas, y la otra, con la izquierda federal. En un articulo titulado Internacionalismo es reciprocidad publicado en vsperas de las marchas (Viento Sur, digital), afirmo: S que muchos independentistas de izquierdas piensan que no tenemos por qu estar en las movilizaciones de mbito estatal. Que basta con que cada cual luche en su territorio, o quiz en Bruselas, pero nunca en Madrid. Incluso lo de evitar coincidir en el tiempo con las movilizaciones generales. Soy de la opinin contraria. Hay dinmicas propias, de mbito exclusivamente vasco, que no tienen por qu coincidir con otras; pero tambin debe haber momentos de confluencia necesarios y a todas las escalas. Sean nacionales, estatales e europeas. A mi juicio, el internacionalismo (mxime cuando se trata de pueblos oprimidos por las mismas oligarquas y el mismo sujeto estatal), consiste en unir fuerzas y solidaridades. Un dar y recibir. Un ir y venir.

Por ello es bienvenida la solidaridad que llega a Euskal Herria para exigir a nuestro lado el respeto por los derechos de las y los presos polticos vascos, como lo es tambin la que apoya nuestra lucha contra el TAV o quienes saludan la celebracin del Aberri Eguna. Y por nuestra parte, respondiendo de forma recproca, acudiendo a distintos lugares del Estado Espaol, incluida su capital, en defensa de objetivos ecologistas, feministas y sociales, y cmo no, democrticos, como el derecho a decidir como pueblos y como personas. Sin olvidar el internacionalismo del ms alto nivel como el que expresaron las Brigadas Internacionales que el 36 acudieron en defensa de la Repblica y lo que ello supona en aquel entonces. O el de militantes vascos que murieron en el Salvador combatiendo con el FLM Farabundo Mart.

Mis RAZONES favor de la independencia de Euskal Herria (validas tambin para Catalunya) y mis diferencias con el federalismo realmente existente, van por el siguiente derrotero:

En primer lugar, porque considero que en lo relativo a la cuestin nacional, los estados espaol (monrquico) y francs (republicano) realmente existentes no son transformables en lo fundamental.

Dichos estados se consideran a s mismos territorialmente indivisibles, independientemente de la voluntad de sus gentes, contrarios al ejercicio del derecho de autodeterminacin y nicos depositarios de la soberana y la autodeterminacin nacional. Los artculos 1 y 2 de la constitucin espaola son bien explcitos al respecto. Tal como afirma el catedrtico de derecho constitucional, Javier Prez Royo, en un excelente artculo publicado en El Pas: Constitucionalmente no existe ms que el pueblo espaol. No existe el pueblo de Catalua ni de Andaluca ni el de Murcia El pueblo espaol es el titular de manera exclusiva y excluyente del poder constitucional.

Ello no es por casualidad. Ambos estados son producto de una historia donde abundan la expulsiones de minoras tnicas y religiosas; anexiones mediante la fuerza militar, polticas de unificacin lingstica; guerras y aventuras coloniales, actos de rapia sobre otros pueblos, explotacin y opresin al servicio de las clases dominantes.

En segundo lugar, no aportan ninguna ventaja derivada de su mayor tamao respecto a las naciones que oprimen (mantengo tal afirmacin) , y son poco eficaces a la hora de buscar soluciones a problemas que slo pueden darse a escala ms amplia (por ejemplo, la degradacin medio ambiental, el cambio climtico, etc), es decir, continental, mundial.

La Unin Europea es un paso en esa direccin, slo que desde el punto de vista de los objetivos del capital.

En un mundo globalizado en el que muchos centros de decisin son lejanos y opacos, nos parece saludable una reaccin desde lo local, para alterar la globalizacin en un sentido diferente a sus parmetros actuales. Esto es, constituidos en sociedad autogobernada (en su doble sentido nacional y societario) capaz de funcionar como pueblo soberano, con capacidad para decidir libremente con quienes queremos vivir, unirnos y, en que trminos. Por ejemplo, en pie de igualdad con el resto de las naciones, en el marco de una Europa al servicio de los trabajadores y los pueblos.

Hace tiempo que me convenc de que el dicho, ande o no ande caballo grande eran lo mas conveniente, (tan querido por cierto marxismo que consideraba que el desarrollo de las fuerzas productivas requera grandes estados, argumento este ya obsoleto desde un punto de vista ecologista y desde la propia globalizacin capitalista trasnacional, pero que sigue pesando en muchos colegas de izquierda) no es un requisito desde el punto de vista del espacio nacional, ni tampoco PARA la construccin socialista, salvo cuando se vistan como se vistan, corresponden a pretensiones hegemonistas o imperialistas (la antigua URSS y el Pacto de Varsovia, la actual y travestida China).

Sobre el proyecto nacional espaol, consagrado en la Constitucin, AADIR:

Tres ocasiones de oro ha tenido el Estado espaol para cambiar de rumbo: la primera y la segunda repblicas, y la transicin. El peso del nacionalismo reaccionario espaol en el aparato de estado, las clases dirigentes, y sectores de la sociedad espaola, derrotaron en los dos primeros casos y arrastraron en el tercero, al resto de las fuerzas polticas (incluidas una buena parte de las nacionalistas, temerosas de perder toda posibilidad de cambio) hacia un proyecto que sigue negando su plurinacionalidad en beneficio de la nacin espaola (la nica que goza del pleno reconocimiento y soberana en exclusiva) cuya integridad, en ltima instancia, es depositada en las fuerzas armadas.

Cabe una cuarta oportunidad? Una hipottica III Repblica espaola democrtica y Plurinacional donde Euskal Herria se reubique en libertad?

Por aquello de que no hay nada imposible, no se puede descartar tal hiptesis (por lo menos transitoriamente), aunque, me resulta harto improbable.

Es ms, por todo lo anteriormente expuesto, y la negativa evolucin del problema nacional (cuestionamiento de competencia de las regiones autnomas) dentro de la UE, me parece que las dinmicas soberanistas (que en principio podran ser compatibles con el confederalismo) apuntan hacia el independentismo, o sea, la insercin, directa y sin intermediarios, en una Europa Federal, conformada por pueblos y naciones soberanas, libremente asociados entre s. Jaime Pastor, en su excelente trabajo, Los nacionalismos, el Estado Espaol y la izquierda, reconoce que la actual crisis de la UE no hace ms que hacer ms probable la hiptesis que hace tiempo avanzaba Michael Keating cuando aseguraba que una UE intergubernamental cuyos Estados impongan muchas restricciones sobre las capacidades de los gobiernos subestatales, incentivar a las nacionalidades a convertirse en Estado, aunque ello no fuera en principio un objetivo prioritario.

Este es el verdadero debate entre la izquierda federalista y la independentista.

Sin dejar de lado la controversia, como dice un viejo refrn euskaldun: gaizki esanak barkatu eta ondo esanak onartu. Lo cual traducido (ms o menos) al catellano vendra a decir: disculpen lo mal dicho pero estimen lo bien dicho .

Salvador, un abrazo.

Joxe Iriarte, Bikila. Miembro de Alternatiba y EH-Bildu

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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