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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-03-2015

El nuevo orden estadounidense

Tom Engelhardt
TomDispatch

Traducido del ingls para Rebelin por Sara Plaza


Las elecciones del 1%; la privatizacin del Estado; una cuarta rama del gobierno; y la desmovilizacin de "nosotros, el pueblo".

Alguna vez han asumido una tarea para la que no se sentan preparados solo porque saban que alguien tena que hacerla? Tomen este artculo como un ejemplo de ello, y permtanme que sintetice lo que yo entiendo: basndonos en la evolucin de nuestro mundo post-11-S, podramos estar ante el nacimiento de un nuevo sistema poltico estadounidense y de una nueva manera de gobernar para los que, de momento, no tenemos nombre.

Y esto es lo que me resulta extrao: la prueba de ello, aunque incipiente, est por todas partes y an as, es como si no pudiramos soportarla o encontrarle sentido, como si ni siquiera pudiramos admitirla.

Permtanme que, aunque de forma insuficiente, exponga mis argumentos, basndome en cinco reas en las que estaran surgiendo los plidos contornos de ese nuevo sistema: las campaas polticas y las elecciones; la privatizacin de Washington mediante la alianza entre las grandes empresas y el Estado; la deslegitimacin de nuestro sistema de gobierno tradicional; el fortalecimiento del Estado de seguridad nacional como una cuarta rama intocable del gobierno; y la desmovilizacin de "nosotros, el pueblo".

Independientemente de adnde nos lleve esto, parece sustentarse, al menos en parte, en la cada vez mayor concentracin de riqueza y poder en manos de una clase plutocrtica y en ese Estado de seguridad nacional en constante ampliacin. No cabe duda de que est gestndose algo fuera de lo normal y sin embargo los dolores del parto, si bien estn logrando una amplia cobertura meditica, suelen describirse como aspectos de un sistema estadounidense excesivamente familiar que estara desbaratndose.

1. Las elecciones del 1%

Revisen las noticias sobre las elecciones presidenciales de 2016 y enseguida tendrn la sensacin de haber vivido esto antes. Para empezar, los dos nombres asociados a ellas, Bush y Clinton, no podran resultar ms familiares, resaltando la curiosa naturaleza dinstica de las ltimas contiendas presidenciales. (Si en 2016 y de nuevo en 2020 volviera a ganar un Bush o un Clinton, un miembro de esas familias habra ejercido la presidencia durante 28 de los ltimos 36 aos)

Tomen, por ejemplo, "Why 2016 is Likely to Become a Close Race", un artculo reciente que Nate Cohn escribi para The Upshot, la nueva seccin del New York Times. Cohn, un destacado estadstico electoral, seala que a pesar de su histrico y asombroso liderazgo en las elecciones primarias del Partido Demcrata (y de la falta de rivales serios), Hillary Clinton podra perder las elecciones generales. Y lo hace basndose en lo que sabemos sobre su popularidad electoral desde los tiempos de Mnica Lewinsky en los 90 hasta la actualidad. Cohn asegura a los lectores que Hillary no "ser un Eisenhower demcrata, un alto cargo popular del gobierno que obtenga una victoria fcil". La comparacin puede interpretarse como una confirmacin implcita del futuro cercano. (No, Virginia, no hemos abandonado ese mundo de la poltica en el que el ex general y presidente Dwight D. Eisenhower an puede ser una piedra de toque.)

Cohn podra estar en lo cierto en lo que se refiere a la condicin de elegible de Hillary, pero estos no son los Estados Unidos de Dwight D. Eisenhower, ni siquiera los de Al Gore. La prueba de ello nos la dan las primarias de este ao. Me estoy refiriendo a las de 2015, por supuesto. Hubo una vez en que la temporada de campaa poltica arrancaba cuando, al comienzo del ao electoral, los candidatos acudan en bandada a Iowa y New Hampshire para captar a los votantes "de buena fe" de su partido. Hoy por hoy, sin embargo, esa es la ltima etapa de las primarias.

La primera etapa de las primarias, la que cuenta, se celebra entre un pequeo grupo de millonarios y multimillonarios , una nueva casta adinerada que personalmente, o mediante complejas redes de donantes, invierten miles de millones de dlares en las campaas de los candidatos que han decidido apoyar. Por eso la primera etapa de las primarias que este ao es sobre todo un asunto republicano est teniendo lugar en destinos tursticos como Las Vegas, Rancho Mirage, California o Island Sea (Georgia), tal y como los medios han informado ampliamente . En estas "contiendas" participan polticos serviles que estn a disposicin de los ricos y poderosos, reflejndose en ello nuestro nuevo sistema electoral del 1%. (Por ejemplo, el principal sper Comit de Accin Poltica a favor de Hillary pretende lograr un bote de 500 millones de dlares, mientras que la red de los hermanos Koch ya ha prometido desembolsar casi mil millones de dlares para la prxima temporada de campaa, duplicando lo gastado en el ltimo ao de elecciones presidenciales).

Desde que en 2010 el Tribunal Supremo fallara a favor de las grandes empresas en el caso [del grupo conservador] Citizens United [contra la FEC, Comisin Federal Electoral], autorizando las contribuciones ilimitadas de estas a las campaas polticas, cada una de las elecciones posteriores ha marcado un nuevo rcord en la cantidad de dinero donado y gastado. La campaa presidencial de 2012 alcanz por primera vez los 2 mil millones de dlares; y se prev que la de 2016 llegue a los 5 mil millones sin problemas. En comparacin, segn un estudio de Burton Abrams y Russell Settle titulado "The Effect of Broadcasting on Political Campaign Spending", los republicanos y los demcratas juntos habran gastado menos de 13 millones de dlares en 1956, cuando Eisenhower gan su segundo mandato.

Entre tanto, sigue siendo verdad que en las elecciones primarias de 2016 participarn los votantes reales, como tambin lo harn posteriormente en las presidenciales. La anterior temporada electoral, las elecciones de mitad de mandato de 2014, cost casi 4 mil millones de dlares, un rcord a pesar de que el nmero de pequeos donantes segua descendiendo . Represent adems la participacin ms baja en unas elecciones de mitad de mandato desde la Segunda Guerra Mundial. (Vase ms abajo la desmovilizacin del pueblo estadounidense, y smese la desmovilizacin de los demcratas como un partido real, el desmantelamiento del trabajo organizado, la fragmentacin del Partido Republicano, y el regreso de las " leyes de supresin del voto " claramente destinadas a limitar el sufragio.) No importa demasiado lo que la nueva avalancha de dinero consiga en dichas elecciones cuando te das cuenta de que el peso de la desigualdad est influyendo en todo el proceso y empujndonos hacia un lugar nuevo .

2. La privatizacin del Estado (o los Estados Unidos como futuro pas del Tercer Mundo)

En la informacin que ofrecen los medios sobre porqu Hillary Clinton utiliz una direccin de correo electrnico personal cuando estaba en el Departamento de Estado, se pueden encontrar infinidad de referencias a los Clinton de antao del estilo "ya sabis como son ellos"; y s, efectivamente, Hillary borr un montn de correos electrnicos; y s, efectivamente, se aproxima un ao electoral y, como sealan todos, los republicanos van a hacer lo posible para mantener vivo el asunto de los correos electrnicos hasta que las ranas cren pelo, etc., etc. Una vez ms, ese tipo de cobertura meditica, llamativa e hipntica, no hace sino reforzar la sensacin de que ya lo hemos visto antes, de que siempre es lo mismo.

Sin embargo, no es cierto que ya lo hayan visto todo. El aspecto ms llamativo de este pequeo revuelo reside en lo ms obvio pero menos destacado. Una secretaria de Estado estadounidense opt por su propio sistema de correo electrnico privado y protegido para realizar tareas de gobierno; es decir, eligi hacer privadas sus comunicaciones. Si estuvisemos en El Cairo no habra ni que pensarlo dos veces. Pero no ocurri en ningn pas del Tercer Mundo. Fue la accin de un funcionario clave de la superpotencia que gobierna (o azota) el planeta, una accin que aunque no fuera la primera vez que suceda una cosa as debera ser considerada como un sntoma muy pequeo de algo que no podra ser ms grande o, a la larga, ms nuevo: la continua privatizacin de los Estados Unidos, o al menos de la parte que corresponde a su seguridad nacional.

Aunque la alianza entre el Estado y las grandes empresas tiene una prehistoria, la aparicin masiva de empresas de "servicios" asociados a la guerra tuvo lugar despus del 11-S. Algn da esa fecha ser reconocida como un momento seminal en la formacin de lo que sea que est por llegar en este pas. En solo 13 aos, no existe una sola parte del Estado blico que no haya experimentado alguna forma de privatizacin importante. El ejrcito estadounidense ya no podra ir a ninguna guerra sin sus empresas compinches haciendo turnos de cocina y de guardia, repartiendo el correo, construyendo las bases y participando en prcticamente todas sus actividades, incluyendo el entrenamiento de los ejrcitos de pases aliados y la propia lucha. Dichas empresas de guerra actualmente intervienen en prcticamente todos los aspectos del Estado de seguridad nacional, incluyendo la tortura , los ataques con drones y con cientos de miles de empleados contratados como Edward Snowden los servicios de inteligencia y espionaje. Elijan uno cualquiera y vern que en estos ltimos aos ha sido privatizado, al menos parcialmente.

Todo lo que tienen que hacer es leer el ltimo libro del periodista James Risen, Pay Any Price , sobre cmo se libr la guerra global contra el terrorismo en Washington, y sabrn que la privatizacin ha trado consigo algo ms: corrupcin, estafas, y la manipulacin del sistema para obtener beneficios del tipo que suelen asociarse con una cleptocracia tpica del Tercer Mundo. Y todo esto, el nacimiento de un nuevo mundo, estaba reflejado en cierto modo en la decisin absolutamente personal de Hillary Clinton sobre sus correos electrnicos.

Aunque se trata de un tema que conozco mucho menos, es indudable que esta clase de privatizacin (y la corrupcin que la acompaa) tambin est en marcha en la parte del Estado que no se encarga de hacer la guerra ni de planificar la seguridad.

3. La deslegitimacin del Congreso y de la presidencia

En un tercer frente, la "confianza" estadounidense en los tres poderes clsicos del gobierno diseados para controlarse y equilibrarse entre s, sigue disminuyendo segn indican los sondeos. En 2014, el porcentaje de estadounidenses que expresaron "mucha confianza" en el Tribunal Supremo alcanz un nuevo mnimo del 23%; en el caso de la presidencia fue un 11%, y en el del Congreso ara un 5%. (Por otro lado, el ejrcito tiene la confianza de un 50%). Las cifras para la opcin "prcticamente ninguna confianza" fueron 20%, 44% y ms del 50%, respectivamente. Estos nmeros se aproximan a los rcords de las ltimas cuatro dcadas, en algunos casos batiendo uno nuevo.

Se puede decir que en los ltimos aos el Congreso ha estado inmerso en su propio proceso de deslegitimacin. Donde una vez residi el poder legtimo para declarar la guerra, por ejemplo, ahora "se discute" de forma desganada una peticin de "autorizacin" para una guerra contra el Estado Islmico en Siria, Irak y seguramente otros lugares, que est en marcha desde hace ocho meses y cuyo curso, segn parece, se mantendr fundamentalmente sin cambios tanto si la autoriza el Congreso como si no lo hace.

Qu dira el presidente Harry Truman, famoso por dirigir su campaa presidencial contra un Congreso que " no hace nada ", sobre una institucin que verdaderamente no puede hacer prcticamente nada? O mejor dicho, un nuevo Congreso que da a los halcones de la guerra republicanos su parte, lo cual no es poco. Asimismo, tambin estn demostrando ser capaces de actuar con eficacia para deslegitimar la presidencia. La invitacin de John Boehner, presidente de la Cmara de Representantes del Congreso, al primer ministro israel Benjamin Netanyahu para socavar las negociaciones nucleares con Irn y la carta firmada por 47 senadores republicanos dirigida a los Ayatols iranes son ejemplos llamativos de ello. Pretenden derribar una "presidencia imperial" de la que los republicanos hacan gala hasta no hace mucho.

La naturaleza radical de esa carta, no como un acto de Estado sino de su deslegitimacin, fue constatada incluso en Irn, donde el lder supremo Ali Khamenei calific dicha carta como "un signo de la decadencia de la tica poltica y de la desintegracin interna del sistema estadounidense". Aqu, sin embargo, la carta se interpreta o bien como un acto aislado particularmente extremo ("traicin!") o bien, como hizo Jon Steward en "The Daily Show", como parte del constante toma y daca entre demcratas y republicanos por ver quin controla la poltica exterior. Ni una cosa ni la otra. La carta forma parte de un patrn creciente segn el cual el Congreso pasa a ser una institucin cada vez menos eficiente, salvo en su empeo de asumir y, potencialmente, eliminar la presidencia.

En el siglo XXI, para lo nico que los republicanos del "gobierno pequeo" y los demcratas del "gobierno grande" se ponen de acuerdo es para apoyar de manera casi incondicional al ejrcito y al Estado de seguridad nacional. El Partido Republicano con sus diversas facciones cada vez ms tan enfrentadas entre s, al tiempo que se oponen a los demcratas solo se muestra razonablemente unido en los asuntos que tienen que ver con la guerra y la seguridad. En cuanto a los demcratas, una administracin impopular continuamente atacada por quienes odian al presidente Obama, mantienen su posicin alindose y fundindose con el Estado de seguridad nacional. Un presidente que lleg al poder rechazando la tortura y que pretenda aportar luz y transparencia al gobierno, al cabo de seis aos y pico, ha llegado a identificarse casi totalmente con el ejrcito estadounidense, la CIA, la NSA y similares. Al tiempo que lanzaba una campaa sin precedentes contra denunciantes e informantes (y arrojaba luz y transparencia), la Casa Blanca de Obama se ha revelado como un factor clave para el Estado dentro del Estado del que se ha vuelto particularmente dependiente, un destino extrao para la "presidencia imperial".

4. El auge del Estado de seguridad nacional como el cuarto poder del Estado

Una de las "ramas" del gobierno est creciendo e independizndose de cualquier tipo de supervisin. Su capacidad para hacer cumplir sus deseos sin apenas oposicin por parte de Washington es un rasgo sorprendente de nuestro momento actual. Pero aunque se informa regularmente de los sntomas de este proceso, el fenmeno en su conjunto la creacin de una cuarta rama de facto del gobierno merece muy poca atencin. En la era de la lucha contra el terrorismo, el Estado de seguridad nacional ha encontrado su razn de ser. Su crecimiento ha sido excepcional. Aunque raramente se seala, debera considerarse extraordinario que en este periodo hayamos conseguido un segundo "departamento de Defensa" completo, el departamento de Seguridad Interior, y que este y el Pentgono se hayan atrincherado todava ms, cada uno rodeado de su propio y cada vez mayor "entramado" de empresas privadas, cabilderos y aliados polticos. La militarizacin del pas ha avanzado a buen ritmo en estos aos.

Entre tanto, resulta llamativa la duplicacin que se aprecia en la comunidad de inteligencia de Estados Unidos, con sus 17 agencias y organizaciones subsidiarias. Su creciente capacidad para vigilar y espiar a escala global, incluyendo a sus propios ciudadanos, dejara en ridculo a los estados totalitarios del siglo pasado. El que las distintas partes del Estado de seguridad nacional puedan actuar como les parezca sin tener que rendir cuentas ante ningn tribunal resulta tan obvio que no necesita explicacin. A medida que la riqueza se ha ido redistribuyendo hacia arriba en la sociedad estadounidense de una forma que no se vea desde la primera "Edad dorada" (Gilded Age), el dinero de los contribuyentes ha pasado a manos del Estado de seguridad nacional de manera casi plutocrtica.

Peridicamente aparecen nuevos informes sobre las actividades de las partes que componen ese Estado. En las ltimas semanas, por ejemplo, supimos a travs de Jeremy Scahill y Josh Begley, del Intercept, que la CIA lleva aos intentando desencriptar los iPhones y las iPads de Apple; es decir, tratando de atacar a una empresa estadounidense (aun cuando haya externalizado importantes partes de su proceso de produccin a China). Mientras tanto, Devlin Barret, del Wall Street Journal, inform de que la CIA, una agencia que tiene prohibido llevar a cabo operaciones de espionaje dentro de Estados Unidos, sean del tipo que sean, ha estado ayudando a los Marshals (parte del departamento de Justicia) a desarrollar una red area digital para capturar delincuentes usando los telfonos mviles estadounidenses. Los aviones que sobrevuelan hasta cinco ciudades estadounidenses llevan una tecnologa que "imita una torre de telefona mvil". Esta tecnologa, desarrollada y probada en zonas de guerra alejadas y que acaba de ser trada a "casa", forma parte de la militarizacin en curso del pas, desde sus fronteras hasta sus fuerzas policiales . Y prcticamente no ha habido una sola semana desde que Edward Snowden filtrara los primeros documentos de la NSA en junio de 2013 en la que esos "avances" no hayan ocupado la actualidad.

Regularmente surgen noticias sobre la ampliacin, reorganizacin y modernizacin de partes del sistema de inteligencia, un tipo de reportajes que se ha convertido en el zumbido de fondo, apenas audible, de nuestras vidas. Recientemente, por ejemplo, el director de la CIA, John Brennan, anunci una importante reorganizacin de la Agencia para acabar con la tradicional separacin entre espas y analistas, y que se iba a establecer un Directorio de Innovacin Digital responsable, entre otras cosas, de la ciberguerra y el ciberespionaje. Casi al mismo tiempo, segn el New York Times, se otorgaba al Centro para las Comunicaciones Estratgicas de Contraterrorismo, una oscura agencia del Departamento de Estado, un nuevo y amplio papel en la coordinacin de "todos los esfuerzos de contra-propaganda en marcha [contra la propaganda en lnea de grupos terroristas como el Estado Islmico] por parte de los organismos federales ms importantes, incluyendo el Pentgono, la Seguridad Interior y las agencias de inteligencia".

Este tipo de cosas son habituales en una era en la que el Estado de seguridad nacional no ha hecho ms que fortalecerse, elaborando, duplicando y solapando una y otra vez las distintas partes de su creciente estructura laberntica. Y tengan presente que, en una estructura que ha luchado duramente para mantener en secreto lo que hace, hay muchsimas ms cosas que desconocemos. Sin embargo deberamos saber lo suficiente como para darnos cuenta de que este proceso en curso refleja algo nuevo en nuestra sociedad estadounidense (incluso si a nadie quiere verlo).  

5. La desmovilizacin del pueblo estadounidense

En The Age of Acquiescence , un nuevo libro sobre las dos pocas doradas estadounidenses, Steve Fraser se pregunta porqu en el siglo XIX, otro periodo de excesos plutocrticos, concentracin de la riqueza y desigualdad, compra de polticos e intentos de desmovilizar a la gente, los estadounidenses salieron a la calle masivamente y con tanta determinacin durante largos periodos de tiempo para protestar contra el modo como estaban siendo tratados, y permanecieron all incluso cuando el Estado emple la fuerza para reprimirlos. Y se pregunta tambin porqu, en el momento actual, la gente permanece sorprendentemente callada ante acontecimientos similares.

Despus de todo, un nuevo y desalentador sistema estadounidense est surgiendo ante nuestros ojos. Todo lo que una vez aprendimos en los libros de educacin cvica de nuestra infancia sobre cmo funciona nuestro gobierno parece estar torcindose mientras que el aumento de la pobreza, el estancamiento de los salarios, el ascenso del 0,01%, el colapso del trabajo y la militarizacin de la sociedad resultan evidentes.

El proceso de desmovilizacin de la gente sin duda comenz con el ejrcito. Inicialmente fue una respuesta a los reclutas revoltosos y rebeldes de la poca de Vietnam. En 1973 un plumazo presidencial acab con el servici militar obligatorio y a partir de entonces las agencias de publicidad se encargaran de los nuevos reclutamientos (un anticipo de la privatizacin posterior); se mand a la gente a casa y no volvi a inmiscuirse en asuntos militares. Desde 2001, esa forma de desmovilizacin ha pasado a estar escrita en piedra y se ha convertido en un modo de vida en nombre de la "seguridad" y la "proteccin" de la gente.

Desde entonces, "nosotros, el pueblo" nos hemos identificado de tres maneras muy distintas: por la izquierda con el movimiento Occupy, que con sus consignas sobre el 1% y el 99% situ la cuestin de la creciente desigualdad econmica en el mapa de la conciencia estadounidense; por la derecha con el movimiento Tea Party, una expresin compleja del descontento respaldada y al menos parcialmente financiada por agentes de la derecha y multimillonarios, que apunta a la deslegitimacin del "Estado niera"; y con la reciente ola de protestas post-Ferguson motivadas, al menos en parte, por la militarizacin de la polica en comunidades negras y latinas de todo el pas.

El nacimiento de un nuevo sistema

Por lo dems, cuando la situacin se vuelve cada vez ms extrema tambin se produce un momento de "aquiescencia", usando el trmino de Fraser. Se supone que algn da entenderemos mucho mejor cmo ocurri todo esto. Mientras tanto, permtanme ser tan claro como pueda sobre algo que parece ciertamente turbio: este periodo no representa una versin, por perversa o extrema que sea, de la poltica habitual; tampoco la campaa electoral de 2016 ser una campaa corriente; y tampoco estamos viendo a Washington como siempre. Junten las elecciones del 1%, la privatizacin de nuestro gobierno y la deslegitimacin del Congreso y la presidencia, smenles el fortalecimiento del Estado de seguridad nacional y del ejrcito estadounidense, y aadan a todo ello la desmovilizacin de la gente (para protegernos del terrorismo) y tendrn algo parecido a un juego de bisbol nuevo.

Aunque ha habido una importante planificacin en todo esto, puede que no exista un patrn o un diseo para dirigirlo. Mucho de lo que pasa puede estar sucediendo de modo improvisado. Como respuesta, no ha habido necesidad de declarar oficialmente que algo nuevo est en marcha, menos an de convocar una nueva asamblea constituyente. Sin embargo, no piensen ni por un segundo que el sistema poltico estadounidense est dejando de ser rescrito sobre la marcha por las partes interesadas del Congreso, nuestra actual cosecha de multimillonarios, los intereses empresariales, los cabilderos, el Pentgono y los funcionarios del Estado de seguridad nacional.

A partir del caos de este prolongado momento y bajo el caparazn del viejo sistema, una nueva cultura, una nueva clase de poltica, un nuevo tipo de gobierno est naciendo justo ante nuestros ojos. Llmenlo como quieran, pero nmbrenlo de algn modo. Dejen de fingir que no est pasando nada.

[Nota: Quiero dar las gracias a mi amigo John Cobb, que me acompa durante el proceso de escritura de este artculo, el cual no habra sido posible sin su ayuda. Tom]

Tom Engelhardt es uno de los fundadores del American Empire Project . Es autor de The United States of Fear y de una historia de la Guerra Fra: The End of Victory Culture . Desde 2002 dirige la publicacin online TomDispatch.com , un proyecto del Nation Institute del que es miembro.  Su ltimo libro es Shadow Government: Surveillance, Secret Wars, and a Global Security State in a Single-Superpower World (Haymarket Books) .

Fuente: http://www.tomdispatch.com/blog/175970/



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