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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-03-2015

Poscrecimiento y posextractivismo
Dos caras de la misma transformacin cultural

Alberto Acosta
Rebelin


 Marx haba dicho que las revoluciones son la locomotora de la historia mundial. Pero tal vez las cosas se presenten de manera completamente diferente. Es posible que las revoluciones sean, para la Humanidad que viaja en ese tren, el acto de accionar los frenos de emergencia.

Walter Benjamin (1892-194)  

El pensamiento dominante propio de la globalizacin capitalista conduce a aceptar que es imposible imaginar una economa que no propugne su crecimiento, tanto como un mundo sin petrleo, minera o agroindustria. En esta corriente de pensamiento se encuentra gente de todas las tendencias, desde la vertiente neoliberal a la socialista.

La realidad, sin embargo, dice que superar esa visin es la gran tarea del momento. Por un lado, es preciso replantearse la cuestin del crecimiento econmico, para liberarse de esta atadura que puede concluir en una debacle socioambiental mundial de impredecibles consecuencias. Y por otro lado, es cada vez ms urgente transitar del extractivismo centrado en las demandas del capital hacia una visin que priorice la vida digna en su ms amplia expresin y que viabilice la construccin de sociedades estructuralmente democrticas. Esta tarea pone a prueba toda la capacidad del pensamiento crtico as como la capacidad de inventiva y de creatividad de las sociedades, de los Estados y por cierto de las organizaciones sociales y polticas.

Cerrar la puerta a este debate, sera cerrar la puerta a la democracia misma.

El crecimiento econmico, un camino sin salida

Para una gran parte de los habitantes del planeta es muy difcil imaginar una economa sin crecimiento, inclusive van ms all, no son capaces de imaginarse una sociedad sin crecimiento econmico. Por eso, sin entrar en ms anlisis de lo que realmente sucede en cada caso, para hablar del (supuesto) xito de algunos pases se recurre a ejemplos destacados de crecimiento econmico, como por ejemplo, China o Per. En estos casos se ha logrado sostener por largo tiempo tasas importante de crecimiento econmico, el caso chino es especialmente notable en la medida que China se ha convertido ya en la economa ms grande del mundo, medida por el PIB, pero cabe preguntarse. han conseguido el desarrollo? Pregunta que puede hacerse extensiva a los grandes pases industrializados, en donde tambin hay maldesarrollo (Tortosa 2011).

Hay tambin lecturas propias del marxismo vulgar, que sin pestaar pontifican que no se puede detener el crecimiento. Eso sera, afirman, frenar la evolucin de las fuerzas productivas que -desde su visin- son la base del desarrollo de la civilizacin, las que, a la postre, con adecuados esquemas de control y distribucin, van a resolver todos nuestros problemas.

Se repite cansinamente que se debe crecer lo que se confunde con tener dinero para poder enfrentar el tema de la pobreza, para desarrollarnos tecnolgicamente, e inclusive para resolver los problemas ambientales que provoca el propio crecimiento.

Un verdadero galimatas conceptual domina el debate.

Los lmites ambientales del crecimiento econmico

En trminos ambientales, ya se superaron los lmites mundiales de emisin de cuatrocientos partes por milln de CO2 y el hecho de que nunca ms se va a regresar a una cifra inferior, lo que, por los nocivos efectos que esto produce, representa una clara advertencia de que no se puede seguir por la misma senda. El crecimiento material sin fin podra culminar en un suicidio colectivo.

Los efectos del crecimiento econmico, motivado por las demandas del capital, estn a la vista: basta considerar los impactos del mayor recalentamiento de la atmsfera o del deterioro de la capa de ozono, de la prdida de fuentes de agua dulce, de la erosin de la biodiversidad agrcola y silvestre, la elevada cantidad de nitrgeno en la atmsfera, la degradacin de los suelos o los efectos de la acelerada desaparicin de espacios de vida de las comunidades locales... Por lo tanto, Eduardo Gudynas (2009) tiene razn cuando concluye que no tiene futuro la acumulacin material mecanicista e interminable de bienes, apoltronada en el aprovechamiento indiscriminado y creciente de la naturaleza. Adems, este proceso no ha conducido ni va a conducir al desarrollo. Todo lo contrario.

Por lo tanto, se debe analizar con urgencia lo que representa la economa y la sociedad del crecimiento. Existe una suerte de mana del crecimiento econmico, como afirm oportunamente -en el ao 1971- Herman Daly (1989). Ya antes, este mismo economista, en lnea con el pensamiento de Nicholas Georgesku Roegen, de origen rumano, el gran pionero de la economa ecolgica, anticip las amenazas en ciernes. Por lo tanto, l conclua en la necesidad de pensar en un decrecimiento econmico porque el crecimiento constituye una especie de harakiri para la humanidad; textualmente deca el estado ms deseable no es un estado estacionario sino un estado en decrecimiento. Sin duda, el crecimiento presente tiene que cesar o, ms an, cambiar de signo (Daly 1971). A Kenneth Boulding (1966), economista que vea a la Tierra como una nave espacial, tambin en sintona con Georgesku-Roegen, se le atribuye haber exclamado que cualquiera que crea que puede durar el crecimiento exponencial para siempre en un mundo finito es loco o economista.

Sin embargo, en determinadas pocas, asumir estos lmites biofsicos, ya advertidos por el Informe del Club de Roma en 1972 (Meadows 1972), fue visto como parte de una propuesta imperialista. Su verdadera intencin, decan algunos crticos, sera limitar la posibilidad de desarrollo para los pases del Sur global. Inclusive surgi la particular tesis del derecho al desarrollo, a la que apela en la actualidad, por ejemplo, China.

El punto medular para cuestionar el crecimiento permanente de la economa se centra en el hecho de que la Naturaleza tiene lmites que las economas no deben sobrepasar. El cambio climtico, especialmente debido al sobreconsumo energtico y a la transformacin del uso del suelo, es una evidencia incontrastable. Mientras tanto, el pensamiento funcional a la acumulacin de capital se limita a reflexionar y proponer cmo transformar a los bienes y servicios ambientales en simples elementos transables, a travs de la dotacin de derechos de propiedad sobre estas funciones. Otros apuestan con fe ciega a los avances tecnolgicos. Esta situacin se explica por la generalizacin de un comportamiento egosta y miope, incapaz de reconocer que un recurso tiene un lmite o umbral antes de colapsar, al tiempo que desconocen las restricciones intrnsecas de las tecnologas.

Esta posicin crtica no refleja un conservadurismo ante la idea del progreso, sino acerca de su sentido. La tcnica moderna se encuentra subsumida al proceso de valorizacin, lo cual la vuelve nociva en muchos aspectos. Pero quiz el problema sea ms profundo y pase por una pregunta acerca del mismo sentido de lo humano en un tiempo en que parece aproximarse la barbarie, tal como adverta Rosa Luxemburgo. Desde esa perspectiva, para que exista otro tipo de tcnica, es necesario transformar las condiciones de su produccin social. Adems, hay que prestar atencin al llamado efecto rebote, que se refleja en los aumentos de consumo, producto de las ganancias en eficiencia.

Ahora, cuando los lmites de sustentabilidad del mundo estn siendo literalmente superados, es indispensable construir soluciones ambientales vistas como una asignatura universal. De la mano con la propuesta de una Declaracin Universal de los Derechos de la Naturaleza se podra establecer un marco referencial para darle profundidad a esta tarea que compete a toda la Humanidad.

Los lmites econmicos y sociales del crecimiento econmico

Es imprescindible rescatar reflexiones de los pensadores clsicos del desarrollo como Albert Hirschman , quien a fines de los aos cincuenta, ya afirmaba que la economa del desarrollo debe guardarse muy bien de pedir prestado de la economa del crecimiento. Recomendacin que, como se ha visto, no fue asumida oportunamente. Se sigui creyendo por dcadas que el crecimiento era sinnimo de desarrollo. De alguna manera, esa visin se mantiene hasta ahora en amplios sectores de la sociedad y en casi todos los gobiernos. [2]

De todas maneras, poco a poco se abre paso una constatacin de que el crecimiento econmico es apenas un medio, no un fin. Amartya Sen (1985), Premio Nobel de Economa, el nico que proviene de un pas subdesarrollado, fue muy claro al respecto:

Las limitaciones reales de la economa tradicional del desarrollo no provinieron de los medios escogidos para alcanzar el crecimiento econmico, sino de un reconocimiento insuficiente de que ese proceso no es ms que un medio para lograr otros fines. () No slo ocurre que el crecimiento econmico es ms un medio que un fin; tambin sucede que para ciertos fines importantes no es un medio muy eficiente. (Sen 1985)

Se podra seguir un poco ms en este sendero y recordar a un economista, profesor de la Universidad de Columbia, Jagdish Bhagwati, quien en 1958 ya mencionaba incluso de que el crecimiento podra ser inclusive empobrecedor: el hecho de crecer no necesariamente genera condiciones positivas, si ese crecimiento afecta la realidad social y la realidad ambiental de un pas (Baghwati 1958).

Lo dicho indica que se puede crecer y no alcanzar el desarrollo, y que hasta se puede crecer y subdesarrollarse. Una experiencia comn en el mundo empobrecido. Cuntos pases han logrado sostener por tiempos relativamente largos significativas tasas de crecimiento econmico? Pocos, sin duda alguna. Y de esos pocos, cuntos se han desarrollado?, muchos menos an. Es ms, como para complicar las cosas, bien se sabe que en realidad prima el maldesarrollo inclusive entre los pases que se consideran desarrollados.

De todas maneras, hay quienes sostienen que el crecimiento puede ser necesario en ciertas circunstancias, sobre todo para superar determinadas deficiencias fundamentales, por ejemplo en educacin y salud. Pero eso no justifica cualquier tipo de crecimiento. Manfred Max Neef fue muy claro al respecto. En una carta abierta al ministro de Economa de Chile, 4 de diciembre de 2001, escribi:

Si me dedico, por ejemplo, a depredar totalmente un recurso natural, mi economa crece mientras lo hago, pero a costa de terminar ms pobres. En realidad la gente no se percata de la aberracin de la macroeconoma convencional que contabiliza la prdida de patrimonio como aumento de ingreso. Detrs de toda cifra de crecimiento hay una historia humana y una historia natural. Si esas historias son positivas, bienvenido sea el crecimiento, porque es preferible crecer poco pero crecer bien, que crecer mucho pero mal. [3]

En los pases ricos, a modo de ejemplo, el hecho de tener cada vez ms bienes materiales no significa que exista una mayor felicidad. Hay estudios que demuestran cmo el crecimiento del producto interno bruto per cpita en los Estados Unidos, por ejemplo, ha sido tendencialmente sostenido en las ltimas seis dcadas , pero los niveles de felicidad no lo han hecho, se mantienen estables. En esta lnea de reflexin caben muy bien los aportes de Jrgen Shuldt (2004), sobre todo los de su libro Bonanza macroeconmica, Malestar microeconmico.

As, se puede afirmar que el crecimiento econmico, provocado por la voracidad del capital, que acumula produciendo y especulando, se da sobre bases de creciente inequidad estructural. Quizs esto explica tambin los elevados niveles de frustracin e infelicidad existente en las sociedades opulentas. Ampliando el horizonte, se constata que en el planeta la inequidad social, tan propia del capitalismo, en tanto civilizacin de la desigualdad, es una cuestin que se da a nivel global e inclusive en las economas consideradas como exitosas.

Basta ver algunas cifras de la inequitativa distribucin de la riqueza a nivel mundial: las 85 personas ms ricas del mundo tienen tanto como la mitad ms pobre de la poblacin mundial: 1 700 millones de habitantes, segn un reporte de la Oxfam (2014). Segn dicho estudio, el 1% de la poblacin ms rica acapara casi la mitad de la riqueza mundial. Revisar las cifras de la inequidad en Alemania, pas de los inventores de la tan promocionada economa social de mercado, resulta por igual aleccionador: en 2008, el 10% ms rico de la poblacin alemana posea el 53% de los activos, mientras que la mitad de la poblacin es propietaria de un 1% (Der Spiegel 2014).

De lo anterior se desprende que la organizacin misma de la economa debe cambiar de manera profunda. Este es quizs uno de los mayores retos. El crecimiento econmico, transformado en un fetiche al cual rinden pleitesa los poderes del mundo y amplios segmentos de la poblacin, debe ser desenmascarado y desarmado. Algo fcil de decir, pero difcil de hacer al margen del consenso y participacin popular.

Desde esa perspectiva, hay que tomar en consideracin todo lo que se deriva de estas lecturas que dan cuenta de los lmites geofsicos y socioeconmicos de la actual economa, y su motor, el crecimiento. Preocupa que, en lugar de buscar soluciones radicales y profundas para el tren desbocado en el que viaja la humanidad, se siga ahondando en prcticas en esencia depredadoras. Se tendr que ver si no los redoblados intentos por ahondar la lgica mercantilista de la llamada economa verde que sigue ampliando la frontera de colonizacin en el planeta, por ejemplo, con el mercado de carbono es la respuesta comercial para los problemas ambientales.

Los debates del poscrecimiento

Muchos los economistas de prestigio como Nicholas Georgescu-Roegen, Kenneth Boulding, Herman Daly, Roefie Hueting, Enrique Leff, Jos Manuel Naredo o Joan Martnez Alier ya han demostrado las limitaciones del crecimiento econmico. Incluso Amartya Sen, que no cuestiona el mercado ni el capitalismo, rompi lanzas en contra del crecimiento econmico visto como sinnimo de desarrollo.

En la actualidad se multiplican los reclamos, sobre todo en los pases industrializados, por una economa que propicie no solo el crecimiento estacionario, sino el decrecimiento [4] .

Conviene traer nuevamente a colacin las ideas de Herman Daly, aquel economista que trabaj en el Banco Mundial y que fue categrico en un punto medular: la economa debe ser entendida como un subconjunto del ecosistema. Tal como estn las cosas, por ahora funciona como una mquina idiota (palabras de Daly); es decir, como una mquina que metaboliza los recursos naturales, los procesa agotndolos y desecha contaminando y tiene que hacerlo cada vez ms para poder funcionar. Esa es la lgica de acumulacin del capitalismo.

Entonces, plantea Daly, que se tienen dos lmites claramente identificados: el ecolgico catastrfico y el punto absoluto de saturacin. Del primero ya se habl antes. Y sobre el segundo punto, se debe reflexionar y preguntar para qu pretender seguir creciendo? No cabe duda de que ya existen muchas personas, sobre todo el Norte global, que tienen saturada su capacidad de satisfacer sus necesidades con cada vez ms bienes materiales. Tiene futuro este despropsito? Estas son cuestiones fundamentales.

Otro economista notable, como John Maynard Keynes (1930), abord este tema. l mencionaba que al lmite absoluto de saturacin en trminos de consumo se llegara en 2030 [5] . Estas y otras reflexiones han planteado, sobre todo en el Norte global, la urgencia de dar paso a una economa de crecimiento estacionario y, lo antes posible, del decrecimiento.

Todas estas consideraciones sobre el decrecimiento de alguna forma encuentran un antecedente en los trabajos de John Stuart Mill. Este economista ingls, en 1848, ao en el que se public el manifiesto del partido comunista de Karl Marx y Friedrich Engels, ya anticip algunas reflexiones fundacionales de lo que hoy se conoce como una economa estacionaria. Mill afirmaba:

Mientras las inteligencias son groseras, necesitan estmulos groseros, y es preferible dejrselos. Entretanto, debe excusarse a los que no aceptan esta etapa muy primitiva del perfeccionamiento humano como el tipo definitivo del mismo, por ser ms escpticos con respecto a la clase de progreso econmico que excita las congratulaciones de los polticos ordinarios: el aumento puro y simple de la produccin y de la acumulacin. () No s por qu haya motivo para congratularse de que personas que son ya ms ricas de lo que nadie necesita ser, hayan doblado sus medios de consumir cosas que producen poco o ningn placer excepto como representativas de riqueza () Slo en los pases atrasados del mundo es todava un asunto importante el aumento de la produccin; en los que estn ms adelantados, lo que se necesita desde el punto de vista econmico es una mejor distribucin, para lo cual es un medio indispensable la restriccin ms severa de la poblacin ().

No puedo, pues, mirar al estado estacionario del capital y la riqueza con el disgusto que por el mismo manifiestan sin ambages los economistas de la vieja escuela. Me inclino a creer que, en conjunto, sera un adelanto muy considerable sobre nuestra situacin actual. Confieso que no me agrada el ideal de vida que defienden aquellos que creen que el estado normal de los seres humanos es una lucha incesante por avanzar, y que el pisotear, empujar, dar codazos y pisarle los talones al que va delante, que son caractersticos del tipo actual de vida social, constituyen el gnero de vida ms deseable para la especie humana; para m no son otra cosa que sntomas desagradables de una de las fases del progreso industrial. () la mejor situacin para la naturaleza humana es aquella en la cual, mientras nadie es pobre, nadie desea tampoco ser ms rico ni tiene ningn motivo para temer ser rechazado por los esfuerzos de otros que quieren adelantarse (Mill 1848).

En la actualidad, uno de los ms lcidos pensadores latinoamericanos, Enrique Leff, recomienda dar paso a una transicin hacia otra forma de organizacin de la produccin y la misma sociedad; asumiendo estos retos, pregunta y propone:

Cmo desactivar el crecimiento de un proceso que tiene instaurado en su estructura originaria y en su cdigo gentico un motor que lo impulsa a crecer o morir? Cmo llevar a cabo tal propsito sin generar como consecuencia una recesin econmica con impactos socioambientales de alcance global y planetario? [] esto lleva a una estrategia de deconstruccin y reconstruccin, no a hacer estallar el sistema, sino a re-organizar la produccin, a desengancharse de los engranajes de los mecanismos de mercado, a restaurar la materia desgranada para reciclarla y reordenarla en nuevos ciclos ecolgicos. En este sentido la construccin de una racionalidad ambiental capaz de deconstruir la racionalidad econmica, implica procesos de reapropiacin de la naturaleza y reterritorializacin de las culturas (Leff 2008).

Responder a este reto es una cuestin cada vez ms presente en los pases industrializados, los mayores responsables de la debacle ambiental global. No se trata de que los pases empobrecidos mantengan su situacin de pobreza y miseria para que los pases ricos conserven sus insostenibles niveles de vida. De ninguna manera. Lo que s debe ser motivo de atencin en el Sur es no intentar repetir estilos de vida social y ecolgicamente insostenibles.

Es, por lo tanto, igual de urgente abordar con responsabilidad el tema del crecimiento econmico en los pases subdesarrollados; as, inicialmente, resulta por lo menos oportuno diferenciar el crecimiento bueno del malo; crecimiento que, como se hizo referencia anteriormente a la carta de Max Neef, se define por las correspondientes historias naturales y sociales que quedan detrs, tanto como por el futuro que este crecimiento pueda anticipar.

Por un lado, los pases empobrecidos y estructuralmente excluidos debern buscar opciones de vida digna y sustentable, que no representen la reedicin caricaturizada del estilo de vida occidental. Mientras que, por otro lado, los pases desarrollados tendrn que resolver los crecientes problemas de inequidad internacional que ellos han provocado y, en especial, tendrn que incorporar criterios de suficiencia en sus sociedades antes que intentar sostener, a costa del resto de la Humanidad, la lgica de la eficiencia entendida como la acumulacin material permanente.

Los pases ricos, en definitiva, deben cambiar su estilo de vida que pone en riesgo el equilibrio ecolgico mundial, pues desde esta perspectiva tambin son, de alguna manera, subdesarrollados o maldesarrollados (Tortosa 2011). En este empeo tendrn que desandar gran parte del camino recorrido, dando marcha atrs en ese crecimiento que resulta irrepetible a nivel mundial. A mismo tiempo, deben asumir su corresponsabilidad para dar paso a una restauracin global de los daos socioambientales provocados; en otras palabras, deben pagar su deuda ecolgica e inclusive su deuda histrica.

Revisar la esencia del crecimiento econmico se muestra, entonces, indispensable. Lo que cabra es preguntarse si hay formas de desarrollo de las fuerzas productivas que puedan transitar en otra direccin. Por lo pronto lo que s est claro es que la destruccin que produce el crecimiento econmico en su forma de acumulacin capitalista es efectivamente la que conduce a un camino sin salida. Esa evolucin alternativa debera entraar, sin duda alguna, otras lgicas econmicas. Esta nueva economa deber ser repensada desde la bsqueda y construccin de alternativas aplicadas con una visin holstica y sistmica, plasmada desde los Derechos Humanos y los Derechos de la Naturaleza.

A la conclusin a la que se llega es que el crecimiento no puede ser el motor de la economa y menos an su fin ltimo. Urge, entonces, discutir de manera seria y responsable sobre el decrecimiento econmico, inicialmente en el Norte global (no basta el crecimiento estacionario), que necesariamente deber venir de la mano del posextractivismo en el Sur global.

Superar los lmites coloniales del extractivismo

 

El extractivismo es una modalidad de acumulacin que comenz a fraguarse masivamente hace quinientos aos. Constituye una categora que permite explicar el saqueo, acumulacin, concentracin, destruccin y devastacin colonial y poscolonial, as como la evolucin del capitalismo hasta nuestros das. Desarrollo y subdesarrollo son elementos que hay que ubicar en este contexto.

Con la conquista y la colonizacin de Amrica, frica y Asia empez a estructurarse la economa mundial: el sistema capitalista. Como uno de los elementos fundacionales de la civilizacin capitalista se desarroll y consolid la modalidad de acumulacin extractiva, determinada desde entonces por las demandas de los centros metropolitanos del capitalismo naciente. Unas regiones fueron especializadas en la extraccin y produccin de materias primas, es decir de bienes primarios, mientras que otras asumieron el papel de productoras de manufacturas, normalmente utilizando los recursos naturales de los pases pobres o empobrecidos. Las primeras exportan Naturaleza; las segundas, en su mayora, la transforman y exportan bienes terminados.

El extractivismo [6] , desde entonces, ha sido una constante en la vida econmica, social y poltica de muchos pases del Sur global. As, con diversos grados de intensidad, todos los pases de Amrica Latina estn atravesados por estas prcticas ; hablar de extractivismo se ha convertido en un lugar comn del lenguaje cotidiano en estos pases, que atraviesan por un proceso cada vez ms brutal de intervencin de las empresas movidas por intereses transnacionales. El extractivismo est en el corazn del discurso poltico de las distintas tendencias polticas, no solo entre las que se adscriben al neoliberalismo, sino tambin entre las que se distancian de l. Una lectura crtica de estos discursos y los argumentos con que se sostienen resulta necesaria para elaborar cualquier propuesta alternativa.

Por lo tanto, es indispensable conocer el significado y los alcances del extractivismo, sus bases, fundamentos, y la propia historia de sus elementos. Es un esfuerzo complejo pues se trata de una prctica que, en Amrica Latina, lleva cientos de aos como base de su economa y que ha calado hondo en sus sociedades, que parecen presas de un ADN extractivista [7] .

Es preciso, entonces, debatir las visiones extractivistas de los gobiernos neoliberales, as como las de los gobiernos progresistas, que en la prctica profundizan esta modalidad de acumulacin, aun cuando, en el discurso, reconocen la necesidad de una transicin. El neoextractivismo de los gobiernos progresistas tiene algunos puntos recuperables, como podra ser un mejor control del Estado sobre las actividades extractivas y una mayor participacin en la renta minera o petrolera, pero no se aleja para nada de una modalidad de acumulacin dependiente y subdesarrolladora, tambin de raigambre colonial.

Superar el extractivismo, inclusive como atadura de raigambre colonial, es una condicin bsica para salir del subdesarrollo. Sin embargo, en el camino de salida de una economa extractivista, se tendr que arrastrar por un tiempo algunas actividades de este tipo. Se precisa una transicin pensada claramente y adoptada slidamente por la sociedad. Debe quedar muy claro que manteniendo o, peor an, profundizando el extractivismo, no se encontrar un escape a este complejo dilema de sociedades ricas en recursos naturales, pero condenadas a un empobrecimiento casi inevitable.

Por lo tanto, se debe considerar un punto clave: el inmediato decrecimiento planificado del extractivismo (Acosta 2011) [8] ; y, en la misma lnea, la superacin del concepto mismo de desarrollo, dando paso a alternativas al desarrollo como las que propone el buen vivir o sumak kawsay (Gudynas y Acosta 2011; Acosta 2013; Unceta 2014).

Esta opcin implica no deteriorar ms la Naturaleza y no sostener estructuras sociales profundamente inequitativas. El xito de este tipo de estrategias para procesar una transicin social, econmica, cultural, ecolgica, depender de su coherencia y del grado de respaldo y ponderacin social que tenga.

Poscrecimiento y posextractivismo, un debate compartido

De lo anteriormente expuesto se desprende que la Humanidad est conminada a debatir de manera seria y responsable sobre el urgente decrecimiento econmico en el Norte global. Esto, como se anot anteriormente, necesariamente deber venir de la mano del posextractivismo en el Sur global, en donde tambin habr que cuestionarse las estrategias de crecimiento aplicadas hasta ahora.

Este reclamo no implica de ninguna manera negar la cuestin de las desigualdades e inequidades sociales. Todo lo contrario. Demanda siguiendo las reflexiones de Enrique Leff (2008) una estrategia de deconstruccin y reconstruccin, para no volver invivible la vida del ser humano en el planeta. Se precisa reorganizar la produccin, desengancharse de los engranajes de los mecanismos de mercado (sobre todo del mercado mundial), restaurar la materia utilizada para reciclarla y reordenarla en nuevos ciclos ecolgicos. Urge tambin desmontar la irracionalidad de la especulacin en todas sus formas. El mundo precisa una racionalidad socioambiental capaz de deconstruir la actual racionalidad econmica dominante, para construir procesos de reapropiacin de la naturaleza y reterritorializacin de las culturas.

Enrique Leff (2008) dice que hablar de decrecimiento o de economa estacionaria no es el tema de fondo:

Decrecer no solo implica des-escalar o des-vincularse de la economa. No equivale a des-materializar la produccin, porque ello no evitara que la economa en crecimiento continuara consumiendo y transformando naturaleza hasta rebasar los lmites de sustentabilidad del planeta. La abstinencia y la frugalidad de algunos consumidores responsables no desactivan la mana de crecimiento instaurada en la raz y en el alma de la racionalidad econmica, que lleva inscrita el impulso a la acumulacin del capital, a las economas de escala, a la aglomeracin urbana, a la globalizacin del mercado y a la concentracin de la riqueza. Saltar del tren en marcha no conduce directamente a desandar el camino. Para decrecer no basta bajarse de la rueda de la fortuna de la economa; no basta querer achicarla y detenerla. Ms all del rechazo a la mercantilizacin de la naturaleza, es preciso desconstruir la economa.

No se trata entonces, de acuerdo a Leff, solo de ecologizar a la economa, la solucin al crecimiento no es solo el decrecimiento sino la deconstruccin y la transicin hacia una nueva racionalidad econmica. La tarea es cuestionar el pensamiento modernizador, la ciencia, la tecnologa y las instituciones que han instaurado la jaula de la racionalidad de la modernidad. Esto lleva irreparablemente a plantear ideas del poscrecimiento desde una perspectiva mucho ms amplia, no solo econmica, sino social y poltica, sin perder de vista el amplio campo cultural. Hay que salir de la sociedad del crecimiento, ese es un primer punto.

Ante estos retos, aflora con fuerza la necesidad de repensar la sustentabilidad en funcin de la capacidad de carga y resiliencia de la Naturaleza. En otras palabras, la tarea radica en conocer las verdaderas dimensiones de la sustentabilidad y en asumir la capacidad de la Naturaleza para soportar perturbaciones, que no pueden subordinarse a demandas antropocntricas. Esta demanda requiere una nueva tica para organizar la vida misma. Se precisa reconocer que el desarrollo convencional, sustentado en el crecimiento econmico, conduce a la Humanidad por un camino sin salida. Los lmites de la Naturaleza, aceleradamente desbordados por los estilos de vida antropocntricos, particularmente exacerbados por las demandas de acumulacin del capital, son cada vez ms notorios e insostenibles.

La tarea parece simple, pero es en extremo compleja. En lugar de mantener el divorcio entre la Naturaleza y el ser humano, hay que propiciar su reencuentro; algo as como intentar atar el nudo gordiano de la vida, roto por la fuerza de una concepcin de organizacin social depredadora y, por cierto, intolerable. La Naturaleza establece los lmites y alcances de la sustentabilidad y la capacidad de reposicin que poseen los sistemas para autorenovarse, de las que dependen las actividades productivas. Es decir, que si se destruye la Naturaleza, se destruye la base de la economa misma.

En concreto, la economa debe echar abajo todo el andamiaje terico que, de acuerdo a Jos Manuel Naredo (2009), vaci de materialidad la nocin de produccin y separ por completo el razonamiento econmico del mundo fsico. Ese proceso supuso la ruptura epistemolgica que desplaz la idea de sistema econmico, con su carrusel de produccin y crecimiento, al mero campo del valor.

Esto conmina a evitar las acciones que eliminen la diversidad, reemplazndola por la uniformidad. Y justamente eso es lo provoca la megaminera o los monocultivos, por ejemplo, pues estas actividades uniformadoras, como reconoce Godofredo Stutzin (1984), rompen los equilibrios, producindose desequilibrios cada vez mayores. Adems, ahora, cuando los lmites de sustentabilidad del mundo estn siendo literalmente superados, es indispensable, adems, construir soluciones ambientales universales.

Por otro lado, si la economa debe subordinarse a los mandatos de la Tierra, el capital tiene que estar sometido a las demandas de la sociedad humana, que es parte de la Naturaleza misma: los seres humanos somos Naturaleza! Esto exige dar paso a esquemas de profunda redistribucin de la riqueza y del poder, as como de construccin de sociedades fundamentadas en equidades en plural. No solo est en juego la cuestin de la lucha de clases, es decir, el enfrentamiento capital-trabajo. Est en juego la superacin efectiva del concepto de raza, en tanto elemento configurador de las sociedades dependientes, en donde el racismo es una de sus manifestaciones ms crudas. Es tarea fundamental y urgente la superacin del patriarcado y del machismo.

A manera de corolario

Tener ms no hace ms felices a las personas. Desde esa perspectiva, no interesa cuntas cosas produce una persona en su vida, sino cmo las cosas de las que dispone, le ayudan a tener un mejor nivel de vida. Eso significa que hay que superar esta religin dominante del crecimiento econmico, de la acumulacin incesante de bienes materiales y la lgica misma del progreso que est desde hace mucho tiempo quizs ms de quinientos aos nutriendo las bases de la economa capitalista.

Este dilema no va a resolverse de la noche a la maana. Hay que construir, como recomienda una y otra vez Eduardo Gudynas , transiciones plurales, claras y precisas a partir de horizontes utpicos como puede ser el buen vivir o sumak kawsay, aunque mejor sera hablar de los buenos convivires, como sugiere Xavier Alb (2009).

El buen vivir, en tanto propuesta despejada de prejuicios y en construccin, abre la puerta para formular visiones alternativas de vida con su postulacin de armona con la Naturaleza, de reciprocidad, de relacionalidad, de complementariedad y de solidaridad entre individuos y comunidades, con su oposicin al concepto de acumulacin perpetua, y con su regreso a valores de uso. Sin olvidar y menos an manipular sus orgenes ancestrales, puede servir de plataforma para discutir, concertar y aplicar respuestas frente a los devastadores efectos de los cambios climticos a nivel planetario y las crecientes marginaciones y violencias sociales en el mundo. Incluso puede aportar en el planteamiento de un cambio de paradigma en medio de la crisis que golpea a muchos de los pases otrora centrales. En ese sentido, la construccin del buen vivir, como parte de procesos profundamente democrticos, puede ser til para encontrar incluso respuestas globales a los retos que tiene que enfrentar la humanidad.

Como es fcil comprender, cuestionamientos de ese tipo estn ms all de cualquier correccin instrumental de una estrategia de desarrollo y del crecimiento econmico permanente. El discurso del desarrollo que justifica visiones de dominacin y exclusin, de raigambre colonial no se puede sostener ms. Se requiere de un discurso contrahegemnico que subvierta al dominante an y sus correspondientes prcticas de dominacin, a la vez que genere nuevas reglas y lgicas de accin. Su xito depender de la capacidad de pensar, proponer, desenvolverse, e inclusive de mostrar indignacin, de ser el caso, tambin globalmente.

En consecuencia, el buen vivir o sumak kawsay, al abrir la puerta para transitar hacia una nueva civilizacin, demanda otra economa. Esta no surgir de la noche a la maana y menos an de la mano de caudillos iluminados. Se trata de una construccin paciente y decidida en desmontar varios fetiches y en propiciar cambios radicales, recuperando los valores, las experiencias y sobre todo las prcticas existentes en el mundo andino y amaznico, nutrindose de aquellas visiones y vivencias sintonizadas con la praxis de la vida armnica y de la vida en plenitud que se desarrollan en todo el mundo .

De todo lo anterior, a modo de sntesis, se puede concluir en la necesidad de considerar los siguientes aspectos:

En resumen, como parte de una gran transformacin, que tendr que ser eminentemente cultural, se precisa de una visin que supere el fetiche del crecimiento econmico, que propicie la desmercantilizacin de la Naturaleza y los bienes comunes, la descentralizacin y el cambio de las estructuras de produccin y consumo, la redistribucin de la riqueza y del poder, como bases para una estrategia de construccin colectiva y constante de otra economa, indispensable para otra civilizacin.

Apuntamos, pues, a una economa que propenda a la reproduccin de la vida y no a la del capital. Esta tarea implica acciones locales, nacionales como internacionales, que exigen un horizonte utpico de futuro, pero que demandan, por igual, respuestas a corto y mediano plazo.

Un tema medular a tener en cuenta ser que la gran mayora de la poblacin, condenada sistmicamente a la exclusin e incluso a la pobreza, no reflexiona sobre estas cuestiones. Por el contrario, aspira permanentemente a vivir con los niveles de consumo que tienen los grupos ms acomodados a nivel mundial y nacional, sin preguntarse si es o no posible e inclusive conveniente. Recordemos que la sociedad, en el Norte y en el Sur, est bombardeada con masivos mensajes que le predisponen al consumismo. Inclusive parecera que a los marginados se les hubiese incorporado en la cabeza un chip consumista de aspiraciones elevadas, pero que no puede cumplir por carecer de los recursos para financiarlas o porque, si esto se produjera, se ahondaran los problemas ambientales globales.

De la mano del consumismo viene el despilfarro de todo tipo. As, por ejemplo, segn la FAO, al ao se desperdician ms de 1,3 mil millones de toneladas de alimentos perfectamente comestibles: 670 millones en el Norte global y 630 en el Sur global. Estas situaciones, aberrantes desde cualquier punto de vista, se agravan cuando cada vez ms superficie agrcola e ingentes recursos de todo tipo se destinan para producir suministros para los automviles: los agrocombustibles, y no para atender la demanda alimenticia de los seres humanos. Eso explica por qu, a pesar de los indiscutibles avances tecnolgicos, ni siquiera el hambre ha sido erradicada del planeta, y no por falta alimentos. Estos existen.

El gran reto de la Humanidad se sintetiza en cmo procesar democrticamente una nueva forma de organizar la economa, reconociendo los lmites de la Naturaleza y asegurando una vida digna para todos los habitantes del planeta. En este empeo tambin tendremos que dejar atrs la civilizacin del desperdicio, como acertadamente define la actual realidad el economista Jrgen Schuldt (2013).

Hay que hacer realidad una gran transformacin histrica y dar el paso desde una concepcin antropocntrica a una (socio)biocntrica, superando una economa inspirada en el crecimiento atado a la acumulacin del capital para que est al servicio de la vida. Ese es el gran reto de la Humanidad, si es que no se quiere poner en riesgo la existencia misma del ser humano sobre la Tierra.

Desde esa perspectiva, hay que consolidar y ampliar la vigencia de los Derechos Humanos y de los Derechos de la Naturaleza, vistos como un punto de partida para la construccin democrtica de sociedades democrticas, es decir, para asegurar una mayor y efectiva participacin ciudadana y comunitaria.- 

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[1] Economista ecuatoriano. Profesor e investigador de Flacso, Ecuador. Ex-ministro de Energa y Minas. Ex-presidente de la Asamblea Constituyente. Ex-candidato a la Presidencia de la Repblica.

[2] Para conocer y analizar a profundidad la evolucin de este debate es recomendable revisar el valioso aporte de Jrgen Schuldt (2012); Desarrollo a escala humana y de la Naturaleza.

[3] Manfred Max Neef fue muy claro al respecto en una carta abierta al ministro de Economa de Chile, 4 de diciembre del 2001

[4] Revisar los trabajos de Latouche 2008, Jackson 2014 o Paech 2013, entre muchos otros

[5] A momentos se duda de que eso suceda, si se considera el poder y la capacidad de la propaganda y de la publicidad para hacer creer a las personas que cada vez hay ms necesidades, derivadas de las demandas de acumulacin permanente del capital.

[6] Para intentar una definicin comprensible, se utilizar el trmino extractivismo para referirse a aquellas actividades que remueven grandes volmenes de recursos naturales que no son procesados (o que lo son limitadamente) en su pas de origen, y sirven, sobre todo, para la exportacin en funcin de la demanda de los pases centrales. La actividad extractiva no se limita a los minerales o al petrleo. Hay tambin extractivismo agrario, forestal e inclusive pesquero.

[7] En la actualidad, la cuestin de los recursos naturales renovables debe ser enfocada a la luz de las recientes evoluciones y tendencias. Dado el enorme nivel de extraccin, muchos recursos renovables como, por ejemplo, el forestal o la fertilidad del suelo, pasan a ser no renovables, ya que se pierden porque la tasa de extraccin es mucho ms alta que la tasa ecolgica de renovacin del recurso. Entonces, a los ritmos actuales de explotacin, los problemas de los recursos naturales no renovables podran afectar por igual a todos los recursos, renovables o no.

[8] No ampliar ms la frontera petrolera es una de las acciones inmediatas, por ejemplo. Hay que considerar que esta es una demanda cada vez ms urgente, si se considera que entre el 50% y el 75% de las reservas petroleras probadas a nivel mundial no pueden ser extradas, si se pretende prevenir una catstrofe ecolgica de enorme magnitud. En el caso del carbn, las estimaciones hablan de la necesidad de dejar en el subsuelo un 80% de las reservas probadas mundialmente.

Artculo publicado en el libro Pos-crecimiento y Buen Vivir. Propuestas globales para la construccin de sociedades equitativas y sustentables - FES-ILDIS, Quito, 2014

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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