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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-03-2015

A propsito de un trabajo de lvaro Garca Linera sobre Estado, democracia y socialismo

Alejandro Teitelbaum
Rebelin


I . Hace unos das recibimos la conferencia de Alvaro Garca Linera ESTADO, DEMOCRACIA Y SOCIALISMO http://rebelion.org/noticia.php?id=195607 pronunciada en la Sorbona de Paris en enero de 2015 en un coloquio de homenaje a Nicos Poulantzas.

Comienza diciendo que se va a detener en dos conceptos claves del marxismo poulantziano: el Estado como relacin social y la va democrtica al socialismo.

AGL, para situarse en el tema, comienza refirindose al teorema de Godel (Estado y principio de incompletitud gdeliana).

Quizs AGL no ley Imposturas intelectuales (edicin Odile Jacob en francs 1997 y en castellano Paidos 1998) en el que sus autores Alan Sokal (matemtico) y Jean Bricmont (fsico) se dedicaron a poner al desnudo la tendencia de no pocos pensadores posmodernos a apoyarse arbitrariamente en frmulas y principios matemticos para dar una impresin de rigor a sus teoras filosficas y sociales. En el Captulo 10 del libro (Algunos abusos del teorema de Gdel y de la teora de conjuntos) los autores comienzan citando a Regis Debray (ese francs que habla demasiado, como lo defina Ernesto Guevara):

Desde el da en que Gdel demostr que no existe una prueba de la consistencia de la aritmtica de Peano formalizable en el marco de esta teora (1931), los politlogos pudieron, por fin, comprender por qu haba que momificar a Lenin y exhibirlo a los camaradas accidentales en un mausoleo, en el Centro de la Comunidad Nacional

A rengln seguido Sokal y Bricmont escriben:

El teorema de Gdel es una fuente casi inagotable de abusos intelectuales. Ya hemos encontrado ejemplos de ello en Kristeva y Virilio, y se podra escribir todo un libro sobre el tema. En este captulo daremos algunos ejemplos realmente extraordinarios, en los que el teorema de Gdel y otros conceptos tomados de los fundamentos de las matemticas se extrapolan con absoluta arbitrariedad para aplicarlos al mbito poltico y social. El crtico social Rgis Debray dedica un captulo de su obra terica Critique de la raison politique (1981) a explicar que la demencia colectiva encuentra su razn ltima de ser en un axioma lgico que carece en s mismo de fundamento: la incompletitud}

Agregan Bricmont y Sokal: Este axioma, llamado tambin tesis o teorema, se presenta de forma ms bien grandilocuente

Y afirman: Simplemente, no hay relacin alguna entre ese teorema y la organizacin social. (pg. 175 ed. en castellano y 159 ed. en francs).

AGL escribe: Cierto marxismo de ctedra sostena que los sectores populares vivan perpetuamente engaados por el efecto de la ilusin ideolgica organizada por las clases dominantes, o que el peso de la tradicin de la dominacin era tan fuerte en los cuerpos de las clases populares, que ellas solo podan reproducir voluntaria e inconscientemente su dominacin. Definitivamente esto no es cierto. Pensar lo primero deriva inevitablemente en la suposicin de que las clases populares son tontas a lo largo de toda su vida e historia; entonces, casi por definicin, lo que constituye al menos una forma de biologizar la dominacin, clausura cualquier posibilidad de emancipacin. Por otra parte, la tradicin tampoco es omnipresente, pues de serlo, las nuevas generaciones solamente deberan replicar lo hecho por las anteriores, y por consiguiente la historia sera una perpetua repeticin del inicio de la historia.

No sabemos si el marxismo de ctedra a que se refiere AGL es el que expuso Marx mismo.

En todo caso Marx no pens que de la persistencia y reproduccin de la hegemona ideolgica de las clases dominantes haba que deducir que las clases populares son tontas, que la dominacin termina por biologizarse y, en consecuencia, quedara clausurada cualquier posibilidad de emancipacin.

No ser el teorema de Gdel que nos ayudar a encontrar una respuesta al problema de saber en que consiste y qu significa la hegemona ideolgica de las clases dominantes y cuales son los caminos de su superacin emancipatoria por parte de las clases subalternas.

Ms bien nos ayudar el empleo del mtodo materialista histrico y dialctico, inicialmente formulado por Marx , basndose siempre en el anlisis riguroso de los hechos.

Marx, escribi en la Ideologa alemana: Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada poca; o, dicho en otros trminos, la clase que ejerce el poder   material   dominante en la sociedad es, al mismo tiempo, su poder   espiritual   dominante. La clase que tiene a su disposicin los medios para la produccin material dispone con ello, al mismo tiempo, de los medios para la produccin espiritual, lo que hace que se le sometan, al propio tiempo, por trmino medio, las ideas de quienes carecen de los medios necesarios para producir espiritualmente. Las ideas dominantes no son otra cosa que la expresin ideal de las relaciones materiales dominantes, las mismas relaciones materiales dominantes concebidas como ideas; por tanto, las relaciones que hacen de una determinada clase la clase dominante, o sea, las ideas de su dominacin. Los individuos que forman la clase dominante tienen tambin, entre otras cosas, la conciencia de ello y piensan a tono con ello; por eso, en cuanto dominan como clase y en cuanto determinan todo el mbito de una poca histrica, se comprende de suyo que lo hagan en toda su extensin, y, por tanto, entre otras cosas, tambin como pensadores, como productores de ideas, que regulan la produccin y distribucin de las ideas de su tiempo; y que sus ideas sean; por ello mismo, las ideas dominantes de la poca. Por ejemplo, en una poca y en un pas en que se disputan el poder la corona, la aristocracia y la burguesa, en que, por tanto, se halla dividida la dominacin, se impone como idea dominante la doctrina de la divisin de poderes, proclamada ahora como ley eterna.

Y en la primera pgina del Prlogo a la Introduccin a la Crtica de la economa poltica, (1859) escribi Marx:

...El resultado general al que llegu y que una vez obtenido sirvi de hilo conductor a mis estudios puede resumirse as: en la produccin social de su vida los hombres establecen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de produccin que corresponden a una fase determinada de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de produccin forma la estructura econmica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurdica y poltica y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de produccin de la vida material condiciona el proceso de la vida social poltica y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia .

Explicacin sta que no se puede interpretar con el esquema simplista de que la conciencia de un individuo refleja automticamente su condicin de trabajador o de burgus. Porque el ser social a que se refiere Marx incluye, entre otras cosas, el papel dominante que desempea la ideologa y la cultura del sistema capitalista en la conciencia de los seres humanos.

Los hechos no se perciben con la mente en blanco, sin ideas previas. La percepcin de la realidad est condicionada en todos los seres humanos por conceptos anteriores, por categoras inscritas en la mente por la educacin que se ha recibido, por el medio ideolgico y sociocultural dominante en que se vive, etc.

U n trabajador manual o intelectual, por el slo hecho de serlo, no siempre tiene conciencia de que es un explotado y que debe luchar por abolir la explotacin.

E inversamente ese automatismo tampoco funciona cuando un individuo o grupo, cualquiera sea su clase social, alcanza a superar la conciencia espontnea que le impone la ideologa y la cultura capitalista hegemnicas y logra tomar conciencia de las contradicciones inherentes al sistema capitalista y de su nefasta esencia explotadora, no slo de los seres humanos sino del hbitat natural de stos.

La ideologa y la cultura del sistema capitalista forjan y mantienen su hegemona mediante lo que Gramsci, siguiendo a Hegel y a Marx, denomin la sociedad civil: el gran capital, los medios de comunicacin controlados por aqul, la parte de la intelectualidad y de las diferentes organizaciones sociales al servicio del sistema dominante, funcionando junto al Estado pero fuera de l como aparatos de dominacin econmica, hegemona ideolgica y control social. Hegel a veces la denominaba sociedad civil y otras, ms claramente, sociedad burguesa (brgerliche Gessellschaft).

II. La ideologa y la cultura dominantes

Los medios de comunicacin de masa o medios masivos de intoxicacin mental, a los que nos referiremos ms abajo, son el instrumento visible destinado a mantener y consolidar la hegemona de la ideologa y la cultura del sistema capitalista y formidables vectores para la neutralizacin del espritu crtico, la domesticacin y la degradacin intelectual, tica y esttica del ser humano.

Son la plataforma privilegiada de periodistas obsecuentes, politlogos, socilogos, economistas, filsofos mediticos y otros formadores de opinin justificadores del sistema y del TINA ("There Is No Alternative"). En resumen, ilustres representantes de la estupidez prestigiosa, como deca John Kenneth Galbraith.

Como hay que guardar las apariencias, muy de tanto en tanto y muy brevemente se da acceso a dichos medios a personas intelectualmente respetables. Una gota de racionalidad en un ocano de mediocridad.

Dicha hegemona ideolgico-cultural tambin se mantiene y consolida de una manera ms sutil y menos visible a travs de todas las actividades humanas, sociales, culturales, ideolgicas e incluso cientficas, formateando la conciencia de la gran mayora de los seres humanos.

En los medios culturales, ideolgicos, polticos y cientficos, se produce una especie de seleccin o jerarquizacin -entre espontnea y provocada- del prestigio o renombre de determinadas personas, donde ocupan casi siempre los primeros puestos los que (dicho de manera muy esquemtica) tienen en comn algunas de las siguientes ideas: no cuestionar la propiedad privada de los medios de produccin y de cambio; atribuir a l mercado capitalista la cualidad de inherente a la sociedad humana ; no cuestionar el sistema poltico-social elitista existente (la llamada democracia occidental o democracia representativa) y el rechazo (expreso o no) del materialismo histrico y dialctico como mtodo de investigacin en las ciencias sociales y en las ciencias llamadas duras.

La razn del rechazo del materialismo dialctico en el estudio de la economa y otras ciencias sociales es evidente: no querer admitir que el capitalismo y el mercado no son eternos y son slo una etapa en la historia de la humanidad.

Pero ah no se terminan los crculos de pensadores que son funcionales a la ideologa de las clases dominantes, el que se completa con figuras mediticas que critican los actuales efectos devastadores de la economa de mercado, o se declaran altermundialistas, o en lucha contra la pobreza, contra el Imperio, o proponen- bizarramente- cambiar el mundo sin tomar el poder.

Su papel asumido o no deliberadamente - consiste en distraer con teoras socio-polticas ms a menos fantasistas a quienes estn sinceramente indignados, protestan, se organizan y luchan contra las profundas injusticias sociales existentes e impedirles as tomar de conciencia sobre la verdadera naturaleza del capitalismo, que los lleve a comprender que para terminar con esas injusticias no hay otro camino que quitarle el poder a las elites dominantes y establecer un poder realmente democrtico y popular que tenga por objetivo la abolicin del capitalismo.

El resultado es la falta de un anlisis riguroso de las bases materiales y de las dinmicas y tendencias de los procesos poltico-sociales, incluida la relacin de fuerzas de las clases en presencia.

Todo ello tambin contribuye a que casi no exista una respuesta argumentada y coherente al discurso neocolonialista, racista y xenfobo de la extrema derecha, que pretende explicar los graves problemas socioeconmicos (desocupacin, etc.) y a que dicho discurso encuentre una audiencia cada vez mayor en las clases populares como se puede verificar en los resultados electorales de varios pases. Aunque las mayoras electorales (las mayoras de los que votan, porque la abstencin electoral no cesa de crecer) generalmente optan entre la sartn y el fuego (la derecha tradicional o la socialdemocracia).

Esa ideologa y cultura dominantes funcionan como una pantalla que opaca y deforma la percepcin de la realidad de la gran mayora de la gente y dan contenido a su conciencia espontnea.

III. Las bases materiales de la expansin de la ideologa capitalista hegemnica

1. En el mbito de la produccin

El taylorismo u organizacin cientfica del trabajo y su aplicacin en la prctica, el fordismo, (que ilustr tan bien Charles Chaplin en Tiempos Modernos) se bas en la idea de hacer del trabajador un mecanismo ms en la cadena de montaje: el obrero, en lugar de desplazarse para realizar su tarea se queda en su sitio y la tarea llega a l en la cadena de montaje. La velocidad de sta ltima le impone inexorablemente al trabajador el ritmo de trabajo.

El primero en aplicarlo en la prctica fue Henry Ford, a principios del siglo XX, para la fabricacin del famoso Ford T. Este trabajo embrutecedor agotaba a los obreros, muchos de los cuales optaban por dejarlo. Ante una tasa de rotacin del personal sumamente elevada Ford encontr la solucin: aumentar verticalmente los salarios a 5 dlares por da, cosa que pudo hacer sin disminuir los beneficios dado el enorme aumento de la productividad y el pronunciado descenso del costo de produccin que result de la introduccin del trabajo en cadena. Los nuevos salarios en las fbricas de Ford permitieron a sus trabajadores convertirse en consumidores, inclusive de los autos fabricados por ellos.

Los trabajadores, que no se sentan para nada interesados por un trabajo repetitivo que no dejaba lugar a iniciativa alguna de su parte, recuperaban fuera del trabajo su condicin humana (o crean recuperarla) como consumidores, gracias a los salarios relativamente altos que perciban.

Esta situacin se generaliz en los pases ms industrializados sobre todo despus de la Segunda Guerra Mundial y de manera muy circunscripta y temporaria en algunos pases perifricos. Es lo que se llam el Estado de bienestar.

Lars Svendsen escribe: [los trabajadores] terminaron por aceptar la relacin salarial y la divisin del trabajo resultante. Contrariamente a lo que esperaba el marxismo revolucionario, dejaron de cuestionar el paradigma capitalista, contentndose con la ambicin ms modesta de mejorar su condicin en el interior del sistema. Eso significaba tambin que su esperanza de libertad y de realizacin personal radicaba en su papel de consumidores. Su objetivo principal pasaba a ser el aumento de sus salarios para poder consumir ms [1].

El Estado de bienestar se termin ms o menos abruptamente con la cada de la tasa de ganancia capitalista y la consiguiente cada de los salarios reales.

Para dar un nuevo impulso a la economa capitalista y revertir la tendencia decreciente de la tasa de beneficios, comenz a generalizarse la aplicacin de la nueva tecnologa (robtica, electrnica, informtica) a la industria y a los servicios [2].

La introduccin de las nuevas tecnologas requera otra forma de participacin de los trabajadores en la produccin, que ya no poda reducirse a la de meros autmatas. Haba que modificar-perfeccionar el sistema de explotacin, pues las nuevas tcnicas, entre ellas la informtica, requeran distintos niveles de formacin y de conocimientos, lo que condujo a que comenzaran a difuminarse las fronteras entre el trabajo manual e intelectual.

Esas nuevas tecnologas extendieron el mbito de la hegemona ideolgica y cultural de las clases dominantes sobre las clases laboriosas, pues hicieron necesaria otra forma de participacin de los trabajadores en la produccin, que ya no poda reducirse a la de meros autmatas, propia del fordismo. Haba que modificar-perfeccionar el sistema de explotacin, pues las nuevas tcnicas, entre ellas la informtica, exigan distintos niveles de formacin y de conocimientos, lo que condujo a que comenzaran a difuminarse las fronteras entre el trabajo manual e intelectual.

Es as como naci el management en sus distintas variantes, todas tendentes esencialmente a que los asalariados se sientan partcipes -junto con los patrones- en un esfuerzo comn para el bienestar de todos.

Esto no implica la desaparicin del fordismo, que sigue vigente para las tareas que no requieren calificacin y subsiste en lo esencial en la nueva concepcin de la empresa: el control del personal una de las piedras angulares de la explotacin capitalista- que se realiza fsicamente en la cadena fordista de produccin, contina acentuado- en la era postfordista por otros medios. Gracias a las tecnologas informticas escribe Lars Svendsen- la direccin puede vigilar lo que sus empleados hacen en el curso de la jornada y cual es su rendimiento ( Lars Svendsen, pg. 140).

El nuevo management apunta a la psicologa del personal. Los directores de personal (o Directores de Recursos Humanos) peroran acerca de la creatividad y del espritu de equipo, de la realizacin personal por el trabajo, de que el trabajo puede y debe resultar entretenido, (work is fun) etc. y se publican manuales sobre los mismos temas. Hasta se contratan funsultants o funcilitators para que introduzcan en la mente de los trabajadores la idea de que el trabajo es entretenido, de que es como un juego (gamification -del ingls game- del trabajo).

Si se les pregunta a los asalariados si estn satisfechos en su trabajo muchos respondern que s, que si no trabajaran su vida carecera de sentido. Y esto vale incluso para quienes realizan las tareas ms simples.

Pero lo cierto es que slo una nfima minora, que se puede considerar privilegiada- realiza su vocacin en el trabajo. Porque lo que dice el artculo 1 del Convenio 122 de la OIT de 1964 sobre el empleo libremente elegido es algo que est fuera del alcance de la inmensa mayora de los trabajadores.

En la cadena fordista la empresa se apodera del cuerpo del trabajador, con el nuevo management se apodera de su espritu. Escribe Svendsen: Las motivaciones y los objetivos del empleado y de la organizacin se presume que estn en perfecta armona: El nuevo management penetra el alma de cada empleado. En lugar de imponerle una disciplina desde el exterior, lo motiva desde el interior.

Hans Magnus Enzensberger, poeta y ensayista alemn, escribi en el decenio de 1960: La explotacin material debe esconderse tras la explotacin no material y obtener por nuevos medios el consenso de los individuos. La acumulacin del poder poltico sirve como pantalla de la acumulacin de las riquezas. Ya no slo se apodera de la capacidad de trabajo, sino de la capacidad de juzgar y de pronunciarse. No se suprime la explotacin, sino la conciencia de la misma (Hans Magnus Enzensberger, Culture ou mise en condition ? Collection 10/18, Paris 1973, pgs. 18-19).

Algunos entre ellos el ya citado Svendsen- objetan a Marx el haber pronosticado que con el progreso tecnolgico y el aumento de la productividad el capitalismo cavara su propia tumba, pues al reemplazar a los trabajadores con mquinas, los primeros dejaran de ser asalariados y, carentes de dinero, cesaran de ser consumidores. Pero la cuestin no es tan simple.

En primer lugar es un hecho indiscutible que con el progreso tecnolgico aplicado a la produccin y el consiguiente aumento de la productividad, disminuye la necesidad de trabajo humano en particular de trabajo manual- en la produccin, Con menos asalariados, habra menos consumidores y el capitalismo estara cavando su propia tumba.

La contradiccin entre el aumento de la productividad y el estrechamiento del mercado consumidor en el largo plazo es inherente al sistema capitalista porque entre la produccin y el consumo se interpone la apropiacin de la plusvala por parte de los propietarios de los instrumentos y medios de produccin y de cambio. No obstante el aumento de la productividad, la jornada de trabajo no disminuye, los salarios reales estn congelados o aumentan muy ligeramente, pues una tasa importante de desocupacin permite hacer presin para rebajar los salarios de los trabajadores ocupados, etc.

La mayor parte del beneficio resultante del aumento de la productividad engrosa la renta capitalista y una mnima parte se incorpora al salario, aunque no siempre. Es as como una constante del sistema capitalista es la profundizacin de la desigualdad en la distribucin del producto.

Y del mismo modo y aqu volvemos al tema de las bases materiales de la hegemona ideolgica y cultural de las clases dominantes- el tiempo social liberado por el aumento de la productividad se distribuye desigualmente: el tiempo que dedican al trabajo los asalariados no disminuye, ni aproximadamente, en la misma proporcin en que aumenta la productividad.

Con el management se procura que el trabajador de cuello blanco, que es o tiende a ser- mayoritario en las pases ms industrializados, centre su vida como persona en el seno de la empresa y llene su tiempo libre fuera de ella orientado por la moda y la publicidad- como consumidor de productos necesarios o superfluos, creados estos ltimos para responder a la necesidad de la reproduccin ampliada del capital y tambin como consumidor de distinto tipo de entretenimientos alienantes, como espectador de deportes mercantilizados, de series televisivas, como adicto a juegos electrnicos (verdadero flagelo contemporneo), etc., en la medida que se lo permiten sus ingresos reales y los crditos que pueda obtener (y que, en tiempos de crisis no puede rembolsar).

Dicho de otra manera, el sistema capitalista en su estado actual trata de superar sus contradicciones insolubles inherentes a la apropiacin por los propietarios de los medios de produccin de buena parte del trabajo humano social (plusvala) apoderndose de la mayor parte del creciente tiempo libre social (distribucin desigual del tiempo libre social ganado con el aumento de la productividad) para poner plustrabajo, como escribe Marx en los Elementos fundamentales para la crtica de la economa poltica (Grundrisse) y apoderndose tambin del escaso tiempo libre particular que les queda a quienes trabajan, mercantilizndolo como objeto de consumo y de ejercicio de su dominio ideolgico y cultural.

De modo que puede decirse que la esclavitud asalariada propia del capitalismo, que estuvo limitada slo a la jornada laboral y a una parte del tiempo libre, ahora se extiende a TODO EL TIEMPO de la vida de los asalariados. Y as se ha ampliado tambin el mbito, el tiempo y las formas en que las clases dominantes ejercen su hegemona ideolgica y cultural.

2. Este sistema de dominacin tiene tambin una base material en el control oligoplico de la informacin.

La gente, para informarse ms all de su entorno inmediato a fin de conocer lo que ocurre en el mundo, tiene que recurrir a los proveedores de informacin, es decir a los medios de comunicacin.

En la transmisin de la informacin a travs de los medios de comunicacin existen por lo menos dos niveles de subjetividad. El primero consiste en la seleccin y jerarquizacin de la informacin: el comunicador decide primero qu hechos son noticias y deben comunicarse y luego cules son importantes y cules no, es decir, el lugar o el tiempo que se le atribuye a cada noticia en el medio de comunicacin. El segundo nivel de subjetividad es la intepretacin de cada noticia: el comunicador impregna al hecho con su versin del mismo. De modo que el derecho a estar informado est mediatizado por la subjetividad (o ms concretamente por la ideologa) del comunicador. Pero adems, por regla general, el comunicador est subordinado a los intereses de quienes tienen el control econmico y/o poltico directo o indirecto del medio de comunicacin.

La propiedad de los medios de comunicacin est sometida desde hace tiempo a un proceso de concentracin que se ha acentuado en los ltimos decenios.

Con el desarrollo de las tecnologas de la comunicacin se han formado grandes conglomerados transnacionales que abarcan la produccin y utilizacin de los soportes materiales: editoriales, peridicos, radiodifusoras, filmes, emisoras de televisin, vdeos, satlites, medios electrnicos, etc., que dominan tambin las redes de comercializacin y difusin.

Es cierto que en la mayora de los pases todo ciudadano o grupo de ciudadanos tiene tericamente derecho a crear un medio de informacin. Pero si tal medio llega a existir su alcance es limitado y finalmente desaparece o es absorbido por los grandes oligopolios. De todos modos no pueden competir con los consorcios transnacionales, que llegan con sus productos (informativos y otros) a centenares de millones de personas y que son los verdaderos formadores (ms bien deformadores) de la opinin pblica.

Actualmente la concentracin oligoplica de los medios de comunicacin de masas (incluida la comunicacin electrnica) y de los productos de entretenimiento de masas (series televisivas, msica popular, parques de diversiones, juegos de vdeo, filmes, etc.) est en su apogeo. Grandes empresas, tienen el control mundial casi total de esos productos, quienes dictan a los seres humanos cmo deben pensar, qu deben consumir, cmo deben utilizar su tiempo libre, cules deben ser sus aspiraciones, etc. Uniformizan a escala planetaria los reflejos y comportamientos del ser humano, anestesiando en las personas el espritu crtico y destruyendo la originalidad y riqueza de la cultura de cada pueblo. Son los vectores de la ideologa del sistema dominante, que filtran la informacin y que tien la informacin ya filtrada de esa misma ideologa y en funcin de sus intereses particulares.

Esas sociedades transnacionales se ocupan al mismo tiempo de las actividades ms diversas, desde la fabricacin de equipos electrnicos para uso militar hasta el tratamiento y distribucin del agua potable y la recoleccin de residuos.

Es decir que de la comunidad de intereses existente entre los grandes medios de comunicacin de masa y el gran capital a travs del capital financiero y de los presupuestos publicitarios, se ha pasado a una comunidad concreta de intereses a travs de la fusin de conglomerados industriales de diversa naturaleza que incluyen medios de comunicacin de masas.

Es bastante comn que tales conglomerados meditico-industriales incluyan la industria militar.

La contracara del oligopolio privado de los medios de comunicacin, igualmente nefasta para el derecho a la informacin y la libertad de comunicacin, es el monopolio o cuasi monopolio estatal y burocrtico de dichos medios.

El ejercicio pleno de los derechos a estar informado verazmente, a opinar y a participar en la toma de decisiones requiere una pluralidad de fuentes, una pluralidad de medios de informacin y su gestin democrtica y transparente, requisitos bsicos que no se cumplen con la concentracin monoplica u oligoplica de los medios de comunicacin que acabamos de describir.

Cmo las masas populares llegan a romper con la ideologa dominante es otro tema.

IV . Y esto nos lleva a la concepcin del Estado de AGL, quien escribe (pg. 3):

El Estado como proceso paradojal: materia e idea, monopolizacin y universalizacin.

Por lo tanto, el Estado es un conglomerado de instituciones paradojales. En primer lugar, representa relaciones materiales e ideales; en segundo lugar, es un proceso de monopolizacin y de universalizacin. Y en esta relacin paradojal es donde anida el secreto y el misterio efectivo de la relacin de dominacin.

Decimos que el Estado es materia, porque cotidianamente se presenta ante el conjunto de las y los ciudadanos como instituciones en las que se realizan trmites o certificados, como leyes que deben ser cumplidas a riesgo de sufrir sanciones, y como procedimientos a seguir para alcanzar reconocimientos o certificaciones, por ejemplo, educativas, laborales, territoriales, etc. Adems, el Estado materialmente se presenta tambin como tribunales, crceles que recuerdan el destino del incumplimiento de la legalidad, ministerios donde se hacen llegar los reclamos y se exigen derechos, etc. Pero por otra parte, el Estado asimismo es idea y smbolo. De hecho, es ms idea y smbolo que materia, y es el nico lugar del mundo donde la idea antecede a la materia [nuestro el subrayado] porque la idea-fuerza, la propuesta social, el proyecto de gobierno, la enunciacin discursiva triunfante en la trama de discursos que define el campo social, devienen en materia estatal, en ley, decreto, presupuesto, gestin, ejecucin, etc.

Al afirmarlo l mismo, AGL nos exime de sealar que tiene un enfoque idealista, hegeliano y antimaterialista del Estado.

Escribi Marx:

Lo importante es que Hegel convierte constantemente a la Idea en el sujeto, y al sujeto autntico y real por ejemplo la conviccin poltica en el predicado, cuando el desarrollo corresponde siempre al predicado.

Una explicacin que no contiene la diferencia especfica no es explicacin. El inters de Hegel se limita a reconocer en todo elemento la Idea a secas, la Idea lgica, trtese del Estado o de la naturaleza. Los sujetos reales como aqu |78| la Constitucin se convierten en meros nombres de la Idea y el conocimiento real es sustituido por su mera apariencia; en vez de ser comprendidos en su ser especfico, como realidades concretas que son, permanecen impenetrables . (Karl Marx, Crtica de la Filosofa del Estado de Hegel, Editorial Biblioteca Nueva, Madrid, 2002. pgs. 76 y 77).

Dice AGL: En relacin al primer punto (el Estado como relacin social), no cabe duda que uno de los principales aportes del socilogo marxista francs [Poulantzas], es su propuesta de estudiar al Estado como una condensacin material de relaciones de fuerzas entre clases y fracciones de clases [ii] . Pues claro, acaso no se elige al poder ejecutivo y legislativo con los votos de la mayora de la poblacin, de las clases dominantes y dominadas? Y aunque, por lo general, los sectores populares eligen por sufragio a representantes de las lites dominantes, acaso los elegidos no adquieren compromisos respecto a sus electores? Acaso no existen tolerancias morales aceptadas por los votantes, que marcan los lmites de accin de los gobernantes y cuyas transgresiones generan migraciones hacia otros candidatos o hacia movilizaciones sociales? (pg. 1).

Y ms adelante (pg.2):

Entonces, queda claro que ni las clases populares son tontas ni la realidad es nicamente una ilusin, y tampoco la tradicin es omnipresente. En medio de engaos, imposturas y herencias de dominacin asumidas, la gente del pueblo tambin opta, escoge, aprende, conoce, decide y, por ello, elige a unos gobernantes y a otros no [3] ; reafirma su confianza o revoca sus esperanzas. Y as, en esta mezcla de dominacin heredada y de accin decidida, los sectores populares constituyen los poderes pblicos, forman parte de la trama histrica de las relaciones de fuerzas de esos poderes pblicos, y cuando sienten que son burlados, se indignan, se asocian con otros indignados, y si ven oportunidad de eficacia, se movilizan; adems, si su accin logra condensarse en la esperanza colectiva de un porvenir distinto, transforman sus condiciones de existencia.

Estas movilizaciones muchas veces se disuelven ante la primera adversidad o el primer logro; otras veces se expanden, generan adhesiones, se irradian a los medios de comunicacin y generan opinin pblica; mientras que en ciertas ocasiones, dan lugar a un nuevo sentido comn. Y cuando esas demandas logran materializarse en acuerdos, leyes, presupuestos, inversiones, reglamentos, se vuelven materia de Estado.

Justamente esto es el Estado: una cotidiana trama social entre gobernantes y gobernados, en la que todos, con distintos niveles de influencia, eficacia y decisin, intervienen en torno a la definicin de lo pblico, lo comn, lo colectivo y lo universal.

Ya sea como un continuo proceso de monopolizacin de la coercin, de monopolizacin del uso de los tributos, de monopolizacin de los bienes comunes, de monopolizacin de los universales dominantes, de monopolizacin de la redaccin y gestin de la ley que abarcar a

todos; o como institucin de derechos (a la educacin, a la salud, a la seguridad, al trabajo y a la identidad), el Estado −que es precisamente todo lo anterior en proceso− es un flujo, una trama fluida de relaciones, luchas, conquistas, asedios, seducciones, smbolos, discursos que disputan bienes, smbolos, recursos y su gestin monoplica. El Estado definitivamente es un proceso, un conglomerado de relaciones sociales que se institucionalizan, se regularizan y se estabilizan (por eso Estado, que tiene que ver con estabilidad), pero con la siguiente particularidad: se trata de relaciones y procesos sociales que institucionalizan relaciones de dominacin poltico-econmica-cultural-simblica para la dominacin poltico-econmica-cultural-simblica. El Estado es en casos una institucin, una mquina de procedimientos, pero esa mquina de procedimientos, esa materialidad son relaciones, flujos de luchas cosificados que objetivizan la cualidad de las relaciones de fuerza de esos flujos y luchas sociales.

La sociedad, el Estado y sus instituciones son como la geografa apacible de una campia. Parecen estticas, fijas, inamovibles. Pero eso solo es la superficie; por debajo de esa geografa hay intensos y candentes flujos de lava que circulan de un lugar a otro, que se sobreponen unos frente a otros y que van modificando desde abajo la propia topografa. Y cuando vemos la historia geolgica, con fases de duracin de millones de aos, vemos que esa superficie fue trabajada, fue fruto de corrientes de lava gnea que brotaron sobre la superficie arrasando a su paso toda la anterior fisonoma, creando en su flujo, montaas, valles, precipicios; que con el tiempo, se solidificaron dando lugar a la actual geografa. Las instituciones son igual que la geografa: solidificaciones temporales de luchas, de correlaciones de fuerza entre distintos sectores sociales, y de un estado de esa correlacin de fuerza que, con el tiempo, se enfran y petrifican como norma, institucin, procedimiento. En el fondo, las instituciones nacen de luchas pasadas y con el tiempo olvidadas y petrificadas; en s mismas son luchas objetivadas, pero adems, sirven a esas luchas, expresan la correlacin de fuerzas dominante de esas luchas pasadas y que ahora, con el olvido funcionan como estructuras de dominacin sin aparecer como tales estructuras de dominacin. Se trata de una doble eficacia de dominacin: son fruto de la dominacin para la dominacin; pero dominan, con el tiempo, sin aparecer como tales estructuras de dominacin.

En la pg. 5 AGL escribe: Para existir, el Estado debe representar a todos, pero solo puede constituirse como tal, si lo hace como un monopolio de pocos; y a la vez, si quiere afianzar ese monopolio, no puede menos que ampliar la preservacin de las cosas comunes, materiales, ideales o simblicas, de todos.

Los subrayados son nuestros.

Esta descripcin idlica, idealista, con giros poticos y en todo caso anacrnica del Estado, no tiene nada que ver con el Estado real actual tal como es.

Por eso AGL prefiere citar a Poulantzas, quien escribi que hay que estudiar al Estado como una condensacin material de relaciones de fuerzas entre clases y fracciones de clases y no a Lenin que defini al Estado como aparato especial de represin de las clases dominantes. Aclaremos que represin no es slo violencia fsica, es tambin dominacin y manipulacin ideolgica y cultural.

En 2007, en el 90 aniversario de la publicacin de El Estado y la Revolucin de Lenin, (Lenin hoy, http://ciberpatriotas.net/politica-mainmenu-57/1992-lenin-hoy.html) escribamos:

en estos 90 aos el sistema capitalista hizo lo suyo para preservar su dominacin: la intervencin armada de 22 Estados contra las jvenes Repblicas soviticas entre 1918 y 1922, los innumerables golpes de Estado, la promocin y apoyo de dictaduras terroristas, las guerras de agresin, los asesinatos de lderes populares, siempre en nombre de la libertad y la democracia, de la defensa de la civilizacin occidental, de la lucha contra el terrorismo y hasta de la defensa de los derechos humanos.

Este recurso del sistema capitalista a la violencia es relativamente espordico: cuando cuenta con el consenso de las mayoras populares, es decir mientras stas aceptan la delegacin de la direccin del Estado en las clases explotadoras y en sus agentes polticos, el sistema puede permitirse los regmenes llamados democrticos y hasta progresistas, que son mejores garantes de la continuidad y estabilidad del sistema que los regmenes abiertamente dictatoriales.

La lectura de Lenin a la luz de las experiencias de estos 90 aos pone de manifiesto la actualidad de su reflexin terica, de su anlisis del funcionamiento del sistema capitalista y de las bases y condiciones necesarias para que un proyecto de transformacin socialista de la sociedad se realice y no concluya en el fracaso, en el derrumbe o en una progresiva degeneracin.

Lenin, al contrario de los tericos burgueses del Estado que consideran que ste est por encima de las clases y acta como rbitro entre ellas, dice que el Estado es un producto de la sociedad de clases y funciona como aparato de dominacin y represin de las clases dominantes sobre las clases subordinadas. Todos sus estamentos desempean esa funcin : las lites y la burocracia gobernante, el ejrcito, la polica, la magistratura, el sistema educativo, etc.

A travs del Estado, una minora explotadora ejerce su dictadura sobre las mayoras explotadas. Aunque revista la forma de una democracia representativa.

Escribe Lenin: Segn Marx, el Estado es un rgano de dominacin de clase, un rgano de opresin de una clase por otra, es la creacin del "orden" que legaliza y afianza esta opresin, amortiguando los choques entre las clases.

Y ms adelante cita a Engels, quien escriba en 1891: En la repblica democrtica la riqueza ejerce su poder indirectamente, pero de un modo tanto ms seguro", y lo ejerce, en primer lugar, mediante la "corrupcin directa de los funcionarios" (Norteamrica), y, en segundo lugar, mediante la "alianza del gobierno con la Bolsa" (Francia y Norteamrica)

Y contina Lenin: En la actualidad, el imperialismo y la dominacin de los Bancos han "desarrollado", hasta convertirlos en un arte extraordinario, estos dos mtodos adecuados para defender y llevar a la prctica la omnipotencia de la riqueza en las repblicas democrticas, sean cuales fueren En la pgina siguiente Lenin cita nuevamente a Engels:

"Por tanto, el Estado no ha existido eternamente. Ha habido sociedades que se las arreglaron sin l, que no tuvieron la menor nocin del Estado ni del Poder estatal. Al llegar a una determinada fase del desarrollo econmico, que estaba ligada necesariamente a la divisin de la sociedad en clases, esta divisin hizo que el Estado se convirtiese en una necesidad. Ahora nos acercamos con paso veloz a una fase de desarrollo de la produccin en que la existencia de estas clases no slo deja de ser una necesidad, sino que se convierte en un obstculo directo para la produccin. Las clases desaparecern de un modo tan inevitable como surgieron en su da. Con la desaparicin de las clases, desaparecer inevitablemente el Estado. La sociedad, reorganizando de un modo nuevo la produccin sobre la base de una asociacin libre e igual de productores, enviar toda la mquina del Estado al lugar que entonces le ha de corresponder: al museo de antigedades, junto a la rueca y al hacha de bronce".

De esta caracterizacin del Estado burgus concluye Lenin que la primera tarea de una revolucin socialista es DESTRUIR el aparato del Estado de la burguesa y erigir lo que el llama un semiestado proletario con caractersticas absolutamente distintas a las del Estado capitalista.

Dicho semiestado es tambin una dictadura, pues por su naturaleza, el Estado es la forma en que una clase ejerce su dictadura sobre otra u otras.

Pero a diferencia del Estado burgus, el semiestado proletario es la dictadura de las mayoras explotadas sobre las minoras explotadoras y debe ejercer la violencia contra estas en la medida que estas intenten por la violencia restablecer el sistema capitalista.

Desde el momento mismo de su instauracin, el semiestado proletario comienza un largo proceso hacia su extincin que avanza en la medida en que al establecerse las bases econmicas (la propiedad colectiva de los medios de produccin) se van extinguiendo las clases y, por lo tanto, el antagonismo entre ellas.

Cesa entonces, dice Lenin, la administracin sobre las personas y slo resta la administracin sobre las cosas.

Este proceso de progresiva extincin del Estado no puede producirse si no se profundizan los cambios econmicos tendentes a suprimir totalmente la explotacin capitalista. La experiencia indica que cuando no se sigue este camino es inevitable la regresin y la restauracin del capitalismo y de la explotacin que le es inherente.

Tambin, como lo muestra la experiencia histrica, el estancamiento y la regresin puede producirse si no se profundiza permanentemente la democracia socialista. La profundizacin de la socializacin de la economa y la profundizacin de la democracia socialista son interdependientes, son dos caras de la misma moneda: no puede haber democracia socialista sin economa socialista y tampoco puede haber y perdurar una economa socialista sin democracia socialista.

La democracia es, segn la definicin corriente, el sistema poltico de gobierno cuya autoridad emana del pueblo o como con cierto lirismo la definiera Lincoln : el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.

Pero, qu es la democracia en concreto en el contexto del sistema capitalista y qu debe ser la democracia socialista?

Lenin escribe: Nosotros somos partidarios de la repblica democrtica, como la mejor forma de Estado para el proletariado bajo el capitalismo, pero no tenemos ningn derecho a olvidar que la esclavitud asalariada es el destino reservado al pueblo, incluso bajo la repblica burguesa ms democrtica. Ms an. Todo Estado es una "fuerza especial para la represin" de la clase oprimida. Por eso, todo Estado ni es libre ni es popular.

Los principios bsicos de una democracia socialista los explica Lenin en el prrafo 2 (Con qu substituir la mquina del Estado una vez destruda? del Captulo III (La experiencia de la Comuna de Paris de 1871. El anlisis de Marx).

Lenin escribe:

En 1847, en el "Manifiesto Comunista", Marx daba a esta pregunta una respuesta todava completamente abstracta, o, ms exactamente, una respuesta que sealaba las tareas, pero no los medios para resolverlas. Sustituir la mquina del Estado, una vez destruida, por la "organizacin del proletariado como clase dominante", "por la conquista de la democracia": tal era la respuesta del "Manifiesto Comunista". Sin perderse en utopas, Marx esperaba de la experiencia del movimiento de masas la respuesta a la cuestin de qu formas concretas habra de revestir esta organizacin del proletariado como clase dominante y de qu modo esta organizacin habra de coordinarse con la "conquista de la democracia" ms completa y ms consecuente. En su "Guerra civil en Francia", Marx somete al anlisis ms atento la experiencia de la Comuna, por breve que esta experiencia haya sido. Citemos los pasajes ms importantes de esta obra: En el siglo XIX, se desarroll, procedente de la Edad Media, "el poder centralizado del Estado, con sus rganos omnipresentes: el ejrcito permanente, la polica, la burocracia, el clero y la magistratura". Con el desarrollo del antagonismo de clase entre el capital y el trabajo, "el Poder del Estado fue adquiriendo cada vez ms el carcter de un poder pblico para la opresin del trabajo, el carcter de una mquina de dominacin de clase. Despus de cada revolucin, que marcaba un paso adelante en la lucha de clases, se acusaba con rasgos cada vez ms salientes el carcter puramente opresor del Poder del Estado". Despus de la revolucin de 1848-1849, el Poder del Estado se convierte en un "arma nacional de guerra del capital contra el trabajo". El Segundo Imperio lo consolida. "La anttesis directa del Imperio era la Comuna". "Era la forma definida de aquella repblica que no haba de abolir tan slo la forma monrquica de la dominacin de clase, sino la dominacin misma de clase. . ." En qu haba consistido, concretamente, esta forma "definida" de la repblica proletaria, socialista? Cul era el Estado que haba comenzado a crear?... La Comuna sustituye la mquina estatal destruida, aparentemente "slo" por una democracia ms completa: supresin del ejrcito permanente y completa elegibilidad y amovilidad de todos los funcionarios. Pero, en realidad, este "slo" representa un cambio gigantesco de unas instituciones por otras de un tipo distinto por principio. Aqu estamos precisamente ante uno de esos casos de "transformacin de la cantidad en calidad": la democracia, llevada a la prctica del modo ms completo y consecuente que puede concebirse, se convierte de democracia burguesa en democracia proletaria, de un Estado (fuerza especial para la represin de una determinada clase) en algo que ya no es un Estado propiamente dicho. Todava es necesario reprimir a la burguesa y vencer su resistencia. Esto era especialmente necesario para la Comuna, y una de las causas de su derrota est en no haber hecho esto con suficiente decisin. Pero aqu el rgano represor es ya la mayora de la poblacin y no una minora, como haba sido siempre, lo mismo bajo la esclavitud y la servidumbre que bajo la esclavitud asalariada. Y, desde el momento en que es la mayora del pueblo la que reprime por s misma a sus opresores, no es ya necesaria una "fuerza especial" de represin! En este sentido, el Estado comienza a extinguirse. En vez de instituciones especiales de una minora privilegiada (la burocracia privilegiada, los jefes del ejrcito permanente), puede llevar a efecto esto directamente la mayora, y cuanto ms intervenga todo el pueblo en la ejecucin de las funciones propias del Poder del Estado tanto menor es la necesidad de dicho Poder. En este sentido, es singularmente notable una de las medidas decretadas por la Comuna, que Marx subraya: la abolicin de todos los gastos de representacin, de todos los privilegios pecuniarios de los funcionarios, la reduccin de los sueldos de todos los funcionarios del Estado al nivel del " salario de un obrero ". Aqu es precisamente donde se expresa de un modo ms evidente el viraje de la democracia burguesa a la democracia proletaria, de la democracia de la clase opresora a la democracia de las clases oprimidas, del Estado como " fuerza especial " para la represin de una determinada clase a la represin de los opresores por la fuerza conjunta de la mayora del pueblo, de los obreros y los campesinos. Y es precisamente en este punto tan evidente -- tal vez el ms importante, en lo que se refiere a la cuestin del Estado -- en el que las enseanzas de Marx han sido ms relegadas al olvido! En los comentarios de popularizacin -- cuya cantidad es innumerable -- no se habla de esto. "Es uso" guardar silencio acerca de esto, como si se tratase de una "ingenuidad" pasada de moda, algo as como cuando los cristianos, despus de convertirse el cristianismo en religin del Estado, se "olvidaron" de las "ingenuidades" del cristianismo primitivo y de su espritu democrtico-revolucionario. La reduccin de los sueldos de los altos funcionarios del Estado parece "simplemente" la reivindicacin de un democratismo ingenuo, primitivo. Uno de los "fundadores" del oportunismo moderno, el ex-socialdemcrata E. Bernstein, se ha dedicado ms de una vez a repetir esas burlas burguesas triviales sobre el democratismo "primitivo". Como todos los oportunistas, como los actuales kautskianos, no comprenda en absoluto, en primer lugar, que el paso del capitalismo al socialismo es imposible sin un cierto "retorno" al democratismo "primitivo" (pues cmo, si no, pasar a la ejecucin de las funciones del Estado por la mayora de la poblacin, por toda la poblacin en bloque?); y, en segundo lugar, que este "democratismo primitivo", basado en el capitalismo y en la cultura capitalista, no es el democratismo primitivo de los tiempos prehistricos o de la poca precapitalista. La cultura capitalista ha creado la gran produccin, fbricas, ferrocarriles, el correo y el telfono, etc., y sobre esta base , una enorme mayora de las funciones del antiguo "Poder del Estado" se han simplificado tanto y pueden reducirse a operaciones tan sencillsimas de registro, contabilidad y control, que estas funciones son totalmente asequibles a todos los que saben leer y escribir, que pueden ejecutarse en absoluto por el "salario corriente de un obrero", que se las puede (y se las debe) despojar de toda sombra de algo privilegiado y "jerrquico". La completa elegibilidad y la amovibilidad en cualquier momento de todos los funcionarios sin excepcin; la reduccin de su sueldo a los lmites del "salario corriente de un obrero": estas medidas democrticas, sencillas y "evidentes por s mismas", al mismo tiempo que unifican en absoluto los intereses de los obreros y de la mayora de los campesinos, sirven de puente que conduce del capitalismo al socialismo. Estas medidas ataen a la reorganizacin del Estado, a la reorganizacin puramente poltica de la sociedad, pero es evidente que slo adquieren su pleno sentido e importancia en conexin con la "expropiacin de los expropiadores" ya en realizacin o en preparacin, es decir, con la transformacin de la propiedad privada capitalista sobre los medios de produccin en propiedad social.

Hasta aqu la cita de Lenin (el subrayado de la ltima frase nos pertenece).

Algunas pginas ms adelante Lenin precisa:

Organizaremos la gran produccin nosotros mismos , los obreros, partiendo de lo que ha sido creado ya por el capitalismo, basndonos en nuestra propia experiencia obrera, estableciendo una disciplina rigurossima, frrea, mantenida por el Poder estatal de los obreros armados; reduciremos a los funcionarios del Estado a ser simples ejecutores de nuestras directivas, "inspectores y contables" responsables, amovibles y modestamente retribuidos (en unin, naturalmente, de tcnicos de todas clases, de todos los tipos y grados): he ah nuestra tarea proletaria, he ah por dnde se puede y se debe empezar al llevar a cabo la revolucin proletaria. Este comienzo, sobre la base de la gran produccin, conduce por s mismo a la "extincin" gradual de toda burocracia, a la creacin gradual de un orden -- orden sin comillas, orden que no se parecer en nada a la esclavitud asalariada --, de un orden en que las funciones de inspeccin y de contabilidad, cada vez ms simplificadas, se ejecutarn por todos siguiendo un turno, acabarn por convertirse en costumbre, y, por fin, desaparecern como funciones especiales de una capa especial de la sociedad.

Ms adelante, en el Prrafo 2 del Captulo VI, Lenin insiste:

Los obreros, despus de conquistar el Poder poltico, destruirn el viejo aparato burocrtico, lo desmontarn hasta en sus cimientos, no dejarn de l piedra sobre piedra, lo sustituirn por otro nuevo, formado por los mismos obreros y empleados, c o n t r a cuya transformacin en burcratas sern tomadas inmediatamente las medidas analizadas con todo detalle por Marx y Engels: 1) No slo elegibilidad, sino amovilidad en todo momento; 2) sueldo no superior al salario de un obrero; 3) se pasar inmediatamente a que todos desempeen funciones de control y de inspeccin, a que todos sean "burcratas" durante algn tiempo, para que, de este modo, nadie pueda convertirse en "burcrata".

Y Lenin agrega en una de las ltimas pginas Bajo el socialismo todos intervendrn por turno en la direccin y se habituarn rpidamente a que ninguno dirija.

V . Las ideas de Marx y de Lenin sobre el Estado conservan plena actualidad pues no consisten en una representacin idealista, ahistrica, esttica y esquemtica del mismo sino que, partiendo de sus mltiples aspectos, en un proceso de sntesis rescatan sus rasgos esenciales que persisten, pues no es un Estado abstracto, sino un Estado capitalista, que se va adaptando a las cambiantes condiciones del sistema dominante, como veremos ms adelante. Es el mtodo de anlisis expuesto por Marx, entre otros lugares de su obra en la Introduccin a la crtica de la economa poltica, 1857, Cap. III, El mtodo.

De modo que corresponde analizar al Estado contemporneo en relacin con la estado actual del sistema capitalista, caracterizado muy esquemticamente- como un sistema totalmente transnacionalizado y en crisis prcticamente permanente.

El Estado moderno responde a la necesidad de gestionar las relaciones sociales en un determinado sistema productivo cuyos rasgos esenciales son la propiedad privada de los medios de produccin y la economa de mercado, es decir el intercambio de mercancas entre propietarios y productores por intermedio de su equivalente general, el dinero. Entre dichas mercancas intercambiadas est la fuerza de trabajo, donde no hay intercambio de equivalentes.

Esto ya lo vio - a su manera- Jacques Necker hace casi dos siglos y medio quien en su libro Sur la lgislation et le commerce des grains (1775) escriba:

El Propietario slo ve en el trigo el fruto de sus cuidados y el producto de la tierra que le pertenece y quiere disponer del mismo como de sus otros ingresos. (...) El Comerciante slo ve en ese alimento una mercanca que se vende y se compra y quiere poder comprarla y revenderla de conformidad con sus intereses. El Pueblo (...) ve el trigo como un elemento necesario para su conservacin, quiere vivir de la tierra que est bajo sus pies y asegurarse la subsistencia con su trabajo. (...) El Propietario invoca los derechos de la propiedad; el Comerciante los derechos de la libertad; el Pueblo los derechos de la humanidad.(...) Es en medio de ese choque continuo de intereses, de principios y de opiniones que el Legislador tiene que buscar la verdad.

El Estado aparece como un aparato administrativo mediador entre grupos y clases con intereses contradictorios (el propietario se queda con el excedente- plusvala- producida por el productor) para preservar el inters general que no es otra cosa que la reproduccin preferiblemente pacfica- del sistema vigente.

Esta funcin mediadora del Estado es relativamente real en las primeras etapas de la evolucin y consolidacin del sistema capitalista. Decimos relativamente real porque el Estado ha funcionado siempre como garante por medios pacficos o violentos- de la reproduccin del sistema.

Pero esta funcin de mediador, escribe Hirsch se modifica con la penetracin progresiva de las relaciones capitalistas, en que el slo poder de las condiciones econmicas (Marx, El Capital) instala la organizacin de dominacin en tanto que instrumento para la instauracin de relaciones capitalistas, donde el capital se reproduce por si mismo y donde finalmente la sumisin completa del organismo del Estado (Marx, Grundrisse) al capital determina la forma y la funcin del Estado [4].

Esta relativa autonoma del Estado y su papel de mediador (tanto de los Estados nacionales como de las organizaciones internacionales interestatales) ha cesado y su sumisin completa al capital ha culminado con la transnacionalizacin de la economa de los ltimos decenios. Sumisin acentuada por la crisis casi permanente del sistema.

Un grupo de economistas franceses describieron esto en 1983 con notable exactitud:

"La culminacin de la regulacin monopolista privada a escala mundial conducir a una reestructuracin drstica y, sin duda, irreversible, de los Estados- naciones. Estos se convertirn en territorios amorfos cuyas funciones econmicas estarn determinadas desde el exterior por oligopolios internacionales. Esos territorios sern a la vez grandes espacios abiertos y fragmentados. Se impondr una estructura dualista, hecha de un sector "moderno" y otro "tradicional". En el primero, ampliamente internacionalizado, estarn concentradas las sedes de los grandes grupos, las industrias de alta tecnologa, las grandes instituciones de enseanza, los dirigentes y los ingenieros mejor formados, ellos mismos muy movibles y hablando el mismo idioma, los laboratorios y todo el complejo de medios de comunicacin internacionales. El sector "tradicional" agrupar la masa de la poblacin, con baja remuneracin y calificacin, dedicada a las tareas subcontratadas por el sector moderno en las que, quizs, un tiempo de trabajo ms corto ser compensado por la reduccin de la cubertura de las necesidades sociales, la que ser preferida al desempleo, cuya tasa ser elevada" [5].

Mientras prevaleci un sistema de economas nacionales, en las que la produccin y el consumo se realizaba fundamentalmente dentro del territorio fue posible el pacto social de hecho entre los capitalistas y los asalariados en tanto consumidores en el marco del Estado-nacin. Pero en el actual sistema mundializado la produccin se destina a un mercado mundial de "clientes solventes" y ya no interesa el poder adquisitivo de la poblacin del lugar de produccin. Y el Estado-nacin tiende a convertirse en una entidad amorfa dentro de un Estado mundial de hecho y formado por diversas instituciones y tratados mundiales, regionales y bilaterales (Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Organizacin Mundial del Comercio, OCDE, Grupo de los 8, Comisin Europea, Banco Central Europeo, Tratados de Promocin y Proteccin de Inversiones, etc.) dominado poltica, econmica, militar y culturalmente- por el gran capital transnacional y sus gerentes, los lderes polticos.

En este sentido, cabe sealar un caso actual realmente grotesco (cuya veracidad hemos confirmado con un miembro del Parlamento Europeo) de clausura de lo que restaba de espacios formalmente democrticos para debatir decisiones que afectan a toda la poblacin.

Escribe un periodista espaol:

Se ha conocido una arbitrariedad fascistoide de la Comisin Europea con los diputados del Europarlamento y el tratado libre comercio e inversin (TTIP) que negocian muy en secreto la Unin Europea y Estados Unidos. La UE slo permite a los eurodiputados leer dos horas el texto negociado del tratado! Para mayor desgracia, prohbe a los europarlamentarios hablar con nadie del mismo. El corto tiempo de lectura del oscuro tratado ha de ser en una sala segura, sin grabadoras, magnetfonos ni otros dispositivos electrnicos. Ni siquiera papel y bolgrafo y bajo vigilancia. No sabemos si los vigilantes van armados, pero s que los legtimos representantes de ciudadanos y ciudadanas europeos reciben el trato de sospechosos de un delito. (Xavier Cao Tamayo, Impedir el tratado entre Estados Unidos y Europa, CCS - Centro de Colaboraciones Solidarias, 20/03/15).

En las condiciones del capitalismo monopolista e imperialista y de las crisis a repeticin, se producen nuevas formas de intervencin estatal e interestatal para asegurar la reproduccin del sistema y la tasa de beneficio: adems de las institucionales que acabamos de mencionar, el Estado participa en ciertas industrias y servicios (especialmente en los no rentables), en sectores de la investigacin cientfica y tecnolgica, en la constitucin de coaliciones militares para agredir pases en nombre de los derechos humanos pero en realidad para someterlos a su esfera geoeconmica y geoestratgica. Hasta, en algunos casos, desintegrarlos como Estados, como ha ocurrido con Libia y, en buena medida, con Irak. Con el resultado colateral de situaciones caticas de las que han surgido organizaciones terroristas muy poderosas y de un salvajismo extremo.

Desde los orgenes del capitalismo hasta la actualidad, el Estado ha sido y es una mquina esencialmente capitalista, el Estado de los capitalistas (Engels, Anti-Dhring, citado por Hans Joachim Hirsch, op. cit.).

Un caso paradigmtico que muestra cmo funciona el Estado capitalista contemporneo es el litigio que opone el actual Gobierno griego a la Troika y a los lderes europeos.

En Grecia se acumul una enorme deuda por mala gestin de Gobiernos corruptos, por pago de intereses muy elevados sobre las deudas y por compras desproporcionadas de armamentos. Grecia ocup el quinto lugar en el mundo entre los compradores de armas convencionales en el periodo 2005-2009. El 31% de esas armas las compr a Alemania, el 24% a Estados Unidos y otro 24% a Francia, ahora sus principales acreedores. La troika le impone a Grecia condicionalidades consistentes en privatizar el patrimonio nacional, le exige congelar y en muchos casos bajar los salarios y las jubilaciones y en general reducir considerablemente los gastos sociales.

El nuevo Gobierno griego quiere renegociar la deuda con la Unin Europea, deuda mayoritariamente ilegtima, cumpliendo mnimamente con sus promesas electorales y con el mandato recibido del pueblo griego.

La Troika (la Comisin Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional) -que no tiene legitimidad institucional alguna- y los lderes europeos se muestran intratables: chantajean y extorsionan al Gobierno griego exigindole la rendicin incondicional, que renuncien al mandato recibido y sometan a su pueblo a una cura extrema de austeridad. Todo ello para pagar una deuda fruto de la corrupcin pasiva de los anteriores gobernantes griegos, la corrupcin activa de las grandes potencias y de la banca internacional y de la usura practicada en gran escala por estos ltimos.

El 29 de abril de 2010 Eric Woerth, entonces Ministro del Gobierno francs explicaba con todo cinismo por la radio France Inter: Ayudando a Grecia nos ayudamos a nosotros mismos. Los 6 mil millones [de euros prestados por Francia a Grecia] no provienen de la caja del Estado. Se toman prestados [en los mercados financieros] a un inters del 1,4 o 1,5% y se prestan a los griegos al 5% aproximadamente. De manera que nosotros ganamos en la operacin. Es bueno para el pas, es bueno para Grecia y sobre todo es bueno para la zona euro. Hay que tranquilizar a los mercados. Siempre es as, hay que tranquilizar a los mercados [...] hay que tender una red pblica de seguridad .

Mario Draghi, uno de los actuales verdugos del pueblo griego como Presidente del Banco Central Europeo, fue vicepresidente para Europa de Goldman Sachs Internacional y como tal trabaj con los gobiernos griegos anteriores para disimular una parte de la deuda griega.

La Troika, que ms bien debera llamarse Triada pues acta como una organizacin mafiosa, lo mismo que las elites dirigentes europeas, practican la extorsin y el chantaje para robarle al pueblo griego lo que le pertenece.

Esta es la realidad del Estado capitalista, totalmente ajena a la visin un tanto idlica que nos ofrece lvaro Garca Linera.

En las condiciones del capitalismo contemporneo, monopolista e imperialista y en estado de crisis permanente, no ha quedado espacio alguno para la participacin popular en las decisiones, pues las instituciones estatales e interestatales son totalmente funcionales a la reproduccin del sistema y a la preservacin de la tasa de ganancia del gran capital.

Hoy, ms que nunca, sigue siendo vlida la frase le Lenin: Todo Estado es una "fuerza especial para la represin" de la clase oprimida. Por eso, todo Estado ni es libre ni es popular (Lenin, El Estado y la Revolucin, 1917).

No se trata entonces de mejorar Estado, sino de desmontarlo (destruirlo, deca Lenin) y cambiarlo por otras formas institucionales totalmente distintas, que confieran el poder de decisin a los que trabajan (que no es lo mismo que la participacin formal en las decisiones que toman los lderes) y constituyan una barrera infranqueable a la formacin de burocracias (mandatos breves, revocables y no renovables en todos los niveles). Al mismo tiempo que se suprimen las relaciones de produccin capitalistas, socializando los instrumentos y medios de produccin y de cambio.

Dicho de otra manera, un socialismo democrtico y participativo consistente en un sistema fundado en la propiedad social o colectiva de los instrumentos y medios de produccin y de cambio y en la intervencin activa y conciente de los individuos y las colectividades en la adopcin de decisiones en todos los niveles y en todas las etapas, desde la determinacin de los objetivos y los medios para alcanzarlos hasta la puesta en prctica de los mismos y la evaluacin de los resultados.

Este debera ser el proyecto de los que realmente quieren un cambio radical en la sociedad que conduzca a la liberacin y a la realizacin del ser humano como tal.

Quienes deberan prefigurarlo en sus propias organizaciones.


Notas

[1] Lars Svendsen, Le travail. Gagner sa vie, quel prix ? Editions Autrement, Paris, setiembre 2013, pg. 140.

[2] En toda la historia del capitalismo, desde la gran revolucin industrial de fin del siglo XVIII hasta nuestros das, el sistema econmico se ha desarrollado por movimientos sucesivos de inversiones y de innovaciones tecnolgicas. Esos movimientos parecen principalmente vinculados a las dificultades inherentes al proceso de acumulacin del capital: este, en un momento dado, se traba y todo se cuestiona: la regulacin, los salarios, la productividad. La innovacin tecnolgica es una manera de salir de la crisis, pero no viene sola: ella afecta directamente, a veces el nivel del empleo, siempre la organizacin del trabajo y el control ejercido por los trabajadores sobre su oficio y sobre sus instrumentos de trabajo y por sus organizaciones sobre el nivel de los salarios, sobre la disciplina en el trabajo y la seguridad laboral. Alfred Dubuc, Quelle nouvelle rvolution industrielle? en: Le plein emploi laube de la nouvelle rvolution industrielle. Publicacin de la Escuela de Relaciones Industriales de la Universidad de Montreal , 1982. https://papyrus.bib.umontreal.ca/jspui/handle/1866/1772

[3] Es lo que se llama el voto pendular, siempre por los candidatos del sistema. Como decamos ms arriba las mayoras electorales (las mayoras de los que votan, porque la abstencin electoral no cesa de crecer) aparte de una tendencia creciente al voto por la extrema derecha, generalmente optan entre la sartn y el fuego, es decir por la derecha tradicional o la socialdemocracia.

[4] Hans Joachim Hirsch, Elementos para una teora materialista del Estado, publicado en castellano en Crticas de la Economa Poltica, edicin latinoamericana, nm. 12/13, Mxico, El Caballito, 1979, pp. 3-75 y en francs en LEtat contemporain et le marxisme, Critiques de leconomie politique, Ed. Franois Maspero, Paris, 1975.

[5] Michalet, Delapierre, Madeuf y Ominami, Nationalisations et Internationalisation.Ed. La Dcouverte/Maspero, Pars, 1983, p. 147. Cita extrada de nuestro libro La armadura del capitalimso. El poder de las sociedades transnacionales en el mundo contemporneo. Editorial Icaria, Espaa, 2010.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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