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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-04-2015

La 'elite' chilena: perpleja y en implosin

Pedro Santander
Rebelin


Son mltiples y reiteradas las seales que indican que en Chile estamos asistiendo al ocaso de un ciclo poltico. Lo novedoso no es tanto el agotamiento de ste - tarde o temprano todos decaen - sino el hecho de que sean los grandes privilegiados del ciclo quienes ms han contribuido a acelerar su fin.

El ciclo poltico al que nos referimos es aqul que fue pensado y consensuado, bajo el alero de la actual Constitucin, entre el pinochetismo y la Concertacin a finales de los 80 y principios de los 90 y que algunos autores denominan la etapa pos-pinochetista y neoliberal de nuestro pas.

Uno de los rasgos ms ntidos y constitutivos del fin de este ciclo es el desprestigio de todos los liderazgos que lo han sostenido, tanto institucionales como personales. Bajo la lgica de un acuerdo nacional, los partidos polticos (Concertacin y Alianza), las FF.AA., los empresarios y la Iglesia propusieron hace veinticinco aos al pas un nuevo contrato social -liderado por ellos- que nos traera equidad, democracia y desarrollo. Hoy vemos como ninguna de esas instituciones fundacionales del pacto o sus actores son capaces de proponer ni liderazgos, ni ejemplaridad, ni menos decirnos que las promesas se han cumplido. Despus de las 125 cuentas de Pinochet (alias Daniel Lpez) en el extranjero, y de los escndalos de corrupcin como los casos Fragatas en la Armada, Tanques Leopard en el Ejrcito o los Aviones Mirage de la Fuerza erea, eso de reserva moral de la patria no se lo creen ni las esposas de los oficiales. La otra institucin que histricamente ha aspirado a ser gua espiritual y moral del pas, la Iglesia, tiene hoy lo suyo con los casos de pedofilia, al extremo nunca antes visto de que congregaciones cuestionen una decisin papal como nombrar a un obispo y que los laicos se manifestaran tan decididamente como lo hicieron en la catedral de Osorno contra dicho nombramiento. Ni qu decir de los partidos polticos o los empresarios, tan desprestigiados hoy que cuando estallan en Chile, como nunca antes, los escndalos, a nadie se le ocurre incluirlos en una comisin presidencial anticorrupcin que debera salvar la nacin de esa lacra. Ni la Presidencia de la Repblica se salva despus de las acusaciones contra el hijo y la nuera de Michel Bachelet. Esa intocable institucin chilena es hoy pifiada en festivales, es el hazmerreir de rutinas humorsticas y asunto rutinario del cotilleo callejero en nuestro pas presidencialista.

Como vemos, todos los liderazgos institucionales y personales que cumplieron un rol fundacional para este ciclo poltico estn desprestigiados, sin capacidad de convencer, ni de generar confianza, menos de seducir y, por lo tanto, imposibilitados de articular consenso social o de reconstruir estructuras de lealtad perdidas lenta, pero sostenidamente en 25 aos de cotidianeidad pos-pinochetista. Slo les queda mandar y decir cosas como que las instituciones funcionen.

Y esta frase nos lleva a una segunda caracterstica de la crisis orgnica del rgimen poltico: resulta evidente la imposibilidad de la elite de pensar estratgicamente el pas o de proponer relatos que permitan a corto plazo imaginar escenarios diferentes al estado actual de las cosas. Por el contrario, se ensayan medidas desde la propia institucionalidad que no hacen ms que profundizar el desprestigio y la crisis de liderazgo. Es lo que ocurre, por ejemplo, con el cuoteo que coloca a la pinochetista senadora Jaqueline van Rysselberghe como presidenta de la Comisin de DDHH del Senado, o con el fallo unnime (5:0) y clere del Tribunal Constitucional que dificult el proceder de la fiscala que investiga corrupcin, o con la renuencia del Servicio de Impuestos Internos a facilitar la investigacin contra grandes empresas, o las crticas corporativas que los parlamentarios hicieron contra la Comisin Asesora Presidencial para la corrupcin. Verdaderas joyas antropofgicas para graficar cmo el rgimen se come a s mismo, imposibilitado de idear salidas fuera de los marcos institucionales que lo llevaron a estos riscos.

En tercer lugar, hemos comenzado a presenciar una prdida de cohesin de la elite, algo desacostumbrado en nuestro homogneo escenario nacional. Congregaciones cuestionando a la Nunciatura, democratacristianos y sacerdotes criticando a la Conferencias Episcopal, Evelyn Matthei pidiendo la renuncia de Novoa, diputados de la coalicin oficialista cuestionando a la Presidenta por su reaccin en el caso de su hijo; empresarios criticando a empresarios, renuncias en directorios de empresas cuestionadas, etc. Empezamos as a testimoniar un incipiente proceso de desagregacin, de comportamiento corporativo egosta, que si las condiciones se extremaran, pudiera llegar a convertirse en un proceso de slvese quien pueda. Suele ser sta una caracterstica inmanente de los ciclos polticos que se agotan histricamente.

Atisbamos as los inicios no de una explosin, sino de una implosin del bloque de poder. Sus propias rutinas, dinmicas, costumbres y usos son los que hoy se evidencian como causas importantes de las tensiones y contradicciones que est viviendo la elite. Es una situacin nada f ones:e dejar todo en sus manos, )ividad amanbiado.quilibrios de poder del Estado. Pero s los mismos que lideraban el ciclo polin cil de manejar para sus integrantes pues las tensiones y los antagonismos principales se estn manifestando al interior del propio bloque. No existe por el momento un otro a quien culpar, un exterior contra quien constituir un discurso que los salve, algo que siempre facilita las cosas para salir de las cuerdas. No es posible, por ejemplo, generar lgicas de diferencia, como se hizo con el movimiento social que durante el 2011-2012 y desde el exterior del campo del poder cuestion con fuerza el statu quo. Un antagonismo entre bloques es ms fcil de gestionar, por ejemplo, dividiendo, cooptando, criminalizando, negociando, etc. pero qu estrategia -comunicacional por ejemplo- adoptar cuando slo hay lgicas de equivalencia y no un externo a quien referirse, cuando todo el centro de la referencia es el bloque mismo? Esto no significa que el ciclo de movilizacin social fuera intil, significa que no fue suficiente para desequilibrar y alterar los equilibrios de poder del Estado, aunque ciertamente abri un nuevo clima de poca y fue fundamental para comenzar a desnudar las contradicciones, a aejar y ranciar los discursos de la elite. Por lo mismo, esta vez la comunicacin no los va a salvar, la esttica de esta crisis endgena se impone inevitablemente a las acostumbradas estrategias comunicacionales de palacio. Slo les quedara, a modo de plan comunicacional, tratar de parecerse lo menos posible a s mismos.

Es esta pues una crisis de auto-atentado oligrquico, en tanto los privilegiados que en estos 25 aos han dirigido los destinos del pas, rompieron sus propias promesas de pacto social ofrecidas por entonces al pueblo. Han sido los propios privilegiados los que han roto con sus acciones el contrato social vigente que nos propusieron y promocionaron a partir de 1990. A cambio de nuestra despolitizacin, de dejar todo en sus manos, de reducirnos a espectadores de cmo los expertos y tcnicos gestionan el pas, nos prometieron meritocracia, ascenso social, sana competencia de mercado, democracia, equidad, etc. Esas promesas, ese contrato que ciment estructuras de lealtad, esperanza, confianza y paciencia en los liderazgos, lo rompieron los mismos que han liderado el ciclo poltico.

Gracias al desfile de empresarios por tribunales ya sabemos que el ncleo central de ese contrato no fue cumplido, que no existe libre mercado, sino planificacin centralizada de la economa, slo que no aquella controlada por el Estado, sino por grupos econmicos que se coluden para regular precios, tarifas, ofertas, etc. Gracias al descubrimiento de boletas falsas de polticos sabemos que quienes realmente ganan las elecciones no son los que compiten en ellas, sino quienes los financian, es decir, mandan los que no se presentan a elecciones y que financian a los que s se presentan.

Valga, finalmente, sealar que este agotamiento del ciclo postpinochetista no puede ser considerado una crisis de Estado, antes bien podra ser visto como una crisis de rgimen poltico. Esto ltimo no slo por la naturaleza endgena de los antagonismos, sino tambin porque a falta de un bloque desafiante que proponga un horizonte de poca alternativo, la correlacin poltica de las fuerzas sociales aun no ha cambiado. Mientras ello no ocurra, seguiremos presenciando la fase de develamiento de la crisis de rgimen.

Pedro Santander - Periodista

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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