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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-04-2015

Libro del excombatiente y sobreviviente Eduardo Arancibia
Resistencia popular y Movimiento de Izquierda Revolucionaria durante la tirana

Andrs Figueroa Cornejo
Rebelin


En la medida en que realmente pueda llegarse a "superar" el pasado, esa superacin consistira en narrar lo que sucedi.

Hannah Harendt

El 11 de septiembre de 1973, Eduardo Arancibia Ortiz era un adolescente de 16 aos. Vio como las balas militares asesinaron a sus vecinos/as de la Poblacin La Victoria. Entonces Eduardo se agreg a las Milicias de la Resistencia poltico-militar y luego de ser capturado por los servicios de Inteligencia de la dictadura, se convirti en un prisionero poltico durante 11 aos (1981-91), acusado de recuperar la bandera de la Independencia Nacional de Chile (http://www.casosvicaria.cl/temporada-uno/donde-estuvo-la-bandera-robada/), a mucha honra, a fines de marzo de 1980, adems de asaltos bancarios, etc.

Soy un sobreviviente entre mis compaeros. Charles Ramrez muri (http://www.memoriaviva.com/Ejecutados/Ejecutados_R/ramirez_caldera_charles_danuncio.htm ), Hugo Ratier muri (http://www.lashistoriasquepodemoscontar.cl/checompadre.htm), Vctor Ziga muri (http://institutanosydictadura.blogspot.com/2008/01/victor-zuiga.html), a Nelson Herrera lo mataron en Concepcin. Ellos eran un poco mayores que yo. Su ejemplo me emplaz a persistir en un proceso que me llena de orgullo hasta hoy.

El autor del libro Las Milicias de la Resistencia Popular, el MIR y la lucha social armada en la dictadura 1979-1984, Eduardo Arancibia, me dice momentos antes del lanzamiento de su obra el pasado 27 de marzo de 2015, que yo siento que existe un vaco de la gente que desarroll todo un proceso silencioso de lucha durante la tirana y que ha sido sistemticamente negado por los propios cmplices del proyecto dominante profundizado por los gobiernos civiles. Muchos quedamos al margen de la realidad oficial. Los actos de constriccin y los deseos de justicia son insuficientes para conocer lo que pas en Chile, y aade que Desde 1978 comienza a crearse un tejido social que le ofrece continuidad a lo que fueron los cordones industriales mientras que las coordinadoras de organizaciones populares iniciaron un quehacer que arranca desde lo reivindicativo, pero que se va politizando paulatinamente. Ya en los aos 76, 77, conoc a Manuel Vergara, padre de Eduardo y Rafael (http://es.wikipedia.org/wiki/D%C3%ADa_del_joven_combatiente) en la Vicara de la Solidaridad. l ya estaba en el empeo de las agrupaciones populares y su radicalizacin.

-Muchos historiadores afirman que las protestas contra la dictadura comenzaron en 1983 y que el retorno de los gobiernos civiles se logr con un papel y un lpiz (plebiscito del S y el No de 1988)

La combatividad de las protestas de 1983 fueron el resultado de la resistencia y organizacin de los aos anteriores. Mi libro tiene que ver entonces con la lucha social armada del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), sus polticas de Resistencia y el impacto que tuvieron en nuestro pueblo para perder el miedo.

Cmo el MIR sacrific a sus mejores cuadros en un esfuerzo tctico que luego permiti la irrupcin de las jornadas de protesta nacional

Claudio Prez Silva, acadmico de la Universidad de Humanismo Cristiano y profesor-gua de la tesis de grado de Eduardo Arancibia transformada en libro, indica que Esta fue la primera vez que me toca dirigir una tesis de un ex militante que busca historiar su testimonio. Eduardo sintetiza a un historiador de su propio pasado, rompiendo as un mito historiogrfico que intenta relegar este tipo de trabajos a la que llaman historia militante, con el fin de quitarle valor y rigor. As, el libro fue terminado alrededor de 2010, cuando interesadamente se observaba la resistencia de la izquierda revolucionaria como pura martiriologa, llanto, derrota, delacin, falta de proyecto poltico. Acadmicamente, Eduardo es capaz de situar la historia del movimiento popular y del MIR en otro plano, ya no desde el paternalismo o la caridad, sino que recolocando los mbitos de la lucha de clases, la estrategia y la tctica, el proyecto histrico, el socialismo y el poder. Y una de sus hiptesis centrales se refiere a las tensiones de la direccin del MIR entre los roles de la fuerza central poltico-militar, por una parte, y el papel de las milicias de la resistencia, por otra, con el fin de comprender uno de los factores importantes de la derrota de ese partido. A su vez, el autor logra relevar la lucha en los marcos de una fuerte represin, la Operacin Retorno ( http://www.puntofinal.cl/550/neltume.htm ), la emergencia de las protestas y la rearticulacin del movimiento popular. Adems, Eduardo instala su material en tiempos de una desventaja enorme para las perspectivas revolucionarias que se ve ntidamente reflejada en la academia.

-A qu intelectuales te refieres?

A los protagonistas de la cruzada posmodernista, el culebreo intelectual, los conversos tericos.

-Cmo crees que se expres esa renuncia en lo poltico?

En los 90 y en el 2000 se manifest una efervescencia del basismo sin sentido, sin perspectivas, que permiti el grito absurdo de El pueblo unido avanza sin partido, colaborando funcionalmente a sacar la poltica de los proyectos histricos. En ese contexto surgen las primeras pginas de la produccin de Eduardo Arancibia.

-Qu elementos del libro consideras sustantivos para las luchas actuales del pueblo?

Cuando Eduardo logra definir el carcter de la milicias que tienen como emergencia la reivindicacin rupturista de las masas y el complemento miliciano y militar en la estrategia poltica. Asimismo, el texto alcanza a describir la legitimidad de la violencia jams separada de la lucha de masas y de la lucha por el poder. Desde all, el libro se aleja de una izquierda pasiva y melanclica que tiene que justificar permanentemente ante la declaracin de los derechos humanos el empleo de la violencia. En ese sentido, tambin Eduardo inscribe la incorporacin del pueblo trabajador y los jvenes a la lucha radical contra la dictadura en medio de las modernizaciones capitalistas. As, el libro explica cmo las acciones milicianas colaboraron contra el terror impuesto por la tirana sin contrapeso hasta 1979. Ello tiene que ver con una nueva disposicin de combate del movimiento popular, y cmo el MIR sacrific a sus mejores cuadros en un esfuerzo tctico que luego permiti la irrupcin de las jornadas de protesta nacional y la masificacin de la lucha miliciana y militar con la incorporacin posterior de otros destacamentos populares, como el Frente Patritico Manuel Rodrguez y el MAPU-Lautaro.

Nuestro pueblo vivi fue una secuencia de luchas contra el miedo

La ex militante de la Milicias de la Resistencia, Rita Pea, expresa que Me cost contestar las preguntas de Eduardo para su libro porque cuando yo ca detenida en 1982, como un mecanismo de defensa, dej muy guardado en mi memoria mi papel en las milicias. Todos los contenidos del texto de Eduardo han sido tratados de borrar por el conjunto del sistema actual, en un intento de blanquear la lucha contra la dictadura y de caricaturizarla como un fenmeno espontneo e inorgnico. La verdad es que usamos la violencia poltica y su desarrollo, y s tuvieron sus frutos en las grandes protestas de la primera parte de los 80. Lo que nuestro pueblo vivi fue una secuencia de luchas contra el miedo. Y se dice bien que en el punto de arranque, en 1975, el MIR contaba con una fuerza de alrededor de medio centenar de militantes apenas, producto de la represin feroz contra todo el pueblo consciente y aade que uno de los factores esenciales nuestros fue el rescate de algo que hoy parece no existir: el valor de la tica en el quehacer poltico. Nosotros/as actubamos sin recursos y con la conviccin de que era necesario lo que estbamos haciendo. Nuestro objetivo era demostrar que se poda resistir. Por supuesto que contbamos con el apoyo de personas sin las cuales, entre muchos/as, yo misma no habra logrado sobrevivir. Nuestras primeras acciones fueron de propaganda armada. Raybamos paredes con apoyo armado. Comenzamos a colocar bombas de ruido en los bancos. Luego ya pudimos interceptar radios vecinales. A m me toc participar en las milicias en el perodo 1979-80, cuando todava tenamos muy pocas bases. Entonces actubamos como grupos operativos del MIR. El libro describe muy bien las contradicciones entre lo que nosotros/as hacamos y las demandas del partido para las tareas estratgicas de las guerrillas rurales de Neltume y Nahuelbuta ( http://www.lashistoriasquepodemoscontar.cl/neltume.htm ). En 1982 yo fui una prisionera poltica ms en la crcel de mujeres de San Miguel (populosa comuna de Santiago de Chile). La verdad es que no perdimos nunca el miedo: aprendimos a dominarlo. Luego ese ejemplo perme al pueblo y a los partidos polticos antidictatoriales.

-Existe algn reto poltico que extraes del libro?

El desafo que nos plantea la obra de Eduardo, luego de una cruda y ruda autocrtica, son las lecciones que debemos adquirir para adelante. Tenemos frente a nosotros/as a un tremendo enemigo que no hemos vencido y que ha tenido muchos aciertos. En el Chile actual, el enemigo incluso puede darse el lujo de mostrar ms o menos tranquilamente el vnculo entre el poder poltico y el econmico, y su corrupcin. Cada vez que asisto a alguna asamblea o reunin, todos se quejan de lo dividida que estn las fuerzas antisistema. All veo una de las grandes victorias de nuestro enemigo. Al respecto, creo que nos sentimos muy caciques (jefes), que nos falta humildad, que an no estamos dispuestos a reconocer que cada uno de los granos dispersos contra el capitalismo son necesarios. Considero que se crece potenciando cada una de nuestras posiciones concretas en la lucha, as como cada lucha concreta. Y por sobre todo, debemos confiar en las fuerzas del pueblo, en sus capacidades colectivas.

El pueblo haciendo poltica

Robinson Silva es acadmico de la Universidad Austral y dice que el libro es parte de un debate absolutamente actual y que tiene que ver con la violencia poltica, cuestin que se rehye con frecuencia. Hannah Harendt (http://es.wikipedia.org/wiki/Hannah_Arendt) habla de la banalidad del mal para referirse al terrorismo de Estado, al aparato burocrtico que constituye la maldad, la maldad que reprime, que mata, que exilia, que aprisiona a las personas que buscan la liberacin. Eso fue exactamente lo que ocurri en Chile durante la tirana. Los agentes estatales no se cuestionaron sobre la tica de su trabajo.

-Hay innumerables casos de la banalidad del mal en el pas

Por supuesto. Por ejemplo, Rosauro Martnez Labb (http://es.wikipedia.org/wiki/Rosauro_Mart%C3%ADnez), asesino de los fusilados del intento de guerrilla en Neltume y que fue diputado hasta el ao pasado cuando fue desaforado.

El Estado es violento en s mismo, declara Robinson Silva, tiene su origen en la violencia. Por eso la legitimidad de la violencia de los oprimidos se encuentra en la misma gentica del Estado.

-T indicas que el libro de Arancibia se entronca con una herencia de lucha

Desde que el MIR nace, pone temas que hasta ese instante resultaban intocables. El electoralismo de la izquierda tradicional, el poder popular como un proyecto histrico. Nosotros como pueblo queramos ser y no que nos dijeran cmo debamos ser. La tica poltica para la accin. En esta lnea, la obra de Eduardo recrea los comandos comunales, las asambleas populares de los 60 y comienzo de los 70 y los liga a las milicias de la resistencia. Existe un puente entre la experiencia poltica pre-golpe de Estado y el posterior combate radical contra la dictadura.

-Cules son los pilares del texto que riman con la actualidad?

La disputa por la soberana nacional ante la recuperacin de la bandera de Chile donde se jura por la Independencia. Esta y otras muchas acciones nunca fueron reconocidas por el centrismo de aquel entonces. La R en la bandera simboliza esa lucha. Ahora bien, a la represin dictatorial le interesaba aniquilar y desarticular a las milicias. Al gobierno de hoy le interesa invisibilizar las luchas de nuestro pueblo, arrancndolas de la historia oficial. Desde el retorno de las administraciones civiles, la propaganda gubernamental ha hecho todo lo posible para instaurar que a la tirana se le venci con un lpiz y un papel, y eso no es verdad. Tambin est el debate entre las iniciativas guerrilleras de Neltume y Nahuelbuta y el quehacer de las milicias sobre lo cual hay que contextualizar poltica, social y territorialmente los hechos. Carecemos de muchos anlisis al respecto. Estudiantes universitarios ya estn investigando cmo los procesos de reforma agraria fueron distintos en el sur que en el resto del pas. Por otro lado, la categora analtica de territorialidad de las milicias permite reconocer al pueblo como el constructor de la historia. Eso propone el libro. Y eso explica el carcter territorial de las grandes protestas populares bajo la tirana. Las milicias y la protesta a escala nacional configuran al mismo pueblo haciendo poltica. Nada que ver con la estrategia del centrismo poltico, la Alianza Democrtica y los gobiernos de la Concertacin despus.

La unidad revolucionaria

El militante popular de la generacin de fines de los 80 hasta ahora, Abner Vega, plantea que el segmento revolucionario de la izquierda chilena se encuentra en una lamentable situacin de fragmentacin, lo que no nos permite dar cuenta de una serie de tareas pendientes.

-Cules son las claves de la unidad?

Reconocer el pasado, recobrar la memoria. Hacernos cargo de los combatientes que cayeron y de los sobrevivientes; de los errores que se cometieron en algunas decisiones y no slo mostrar lo positivo de esa gesta. El libro de Eduardo refleja muy bien que la lucha del pueblo es integral. El problema ya no es discutir sobre el uso de todas las formas de lucha, sino de los contextos que permiten tomar una u otra decisin poltica al respecto. La unidad de los revolucionarios/as no es una cuestin rpida, instantnea. Es un proceso que nos demanda mucho tiempo y generosidad. En los ltimos aos ha comenzado a transitarse parte de ese proceso complejo mediante la articulacin prctica de los distintos empeos polticos existentes. Dentro de sus ejercicios y objetivos ha estado referenciarnos como izquierda revolucionaria a nivel nacional. Es preciso perseverar en la prctica de las iniciativas polticas conjuntas. El mismo Eduardo en su libro da cuenta de que sin la vocacin unitaria de la Resistencia, no habra sido posible su existencia.

Ahora bien, no siempre todo es vlido en aras de la unidad. Para aclarar los aspectos esenciales de la unidad es importante relevar el carcter y la disputa de las conmemoraciones, de la historia, de las iniciativas polticas en construccin. Tampoco los revolucionarios/as deberamos alentar los aventurerismos electorales que sabemos que en las relaciones de fuerza actuales, nacen derrotados. Y no es una cuestin de principio, de que la lucha electoral jams sirve. Pero en los presentes contextos, la lucha electoral lo nico que nos ha reportado es un mayor desarme de lo poco que hemos conseguido en materia de organizacin. Tampoco podemos validar cualquier forma de violencia. La violencia poltica sin contexto ni objetivos tambin es cuestionable. En el perodo actual, nuestros esfuerzos estn concentrados en la lucha por la sobrevivencia, por los derechos conculcados, contra las injusticias y, estratgicamente, con terminar definitivamente con la dominacin y la explotacin. Asimismo, nos corresponde colaborar con las formas de lucha violenta de los pescadores artesanales, de los estibadores portuarios, de los estudiantes, de los mapuche. De lo contrario cometemos otro error. La historia mundial de los pueblos nos seala que las mayoras oprimidas avanzan de manera multidimensional, pero colocando siempre en el centro sus intereses histricos independientes de las clases dominantes.

*Libro publicado por la Editorial Escaparate, Coleccin Rojo y Negro.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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