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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-04-2015

Uruguay
El infierno de las colonias psiquitricas

Paula Barquetos y Redaccin de Correspondencia de Prensa
Rebelin


Para el progresismo, la instalacin del Sistema Nacional Integrado de Salud (SNIS) durante el primer mandato de Tabar Vzquez (2005-2010), ha sido uno de los principales logros programticos. Ms todava. En cierta ocasin, el ex ministro Daniel Olesker (Partido Socialista), lleg a calificar la reforma de la salud como una medida de carcter estructural y proto-socialista. Una estafa ms. Aunque no para las Instituciones de Asistencia Mdico Colectivas (IAMC), entidades sin fines de lucro que brindan servicios integrales de salud. O sea, las empresas mdicas privadas que, adems de sus propios negocios en el mercado de la salud, se benefician de una millonaria subvencin del Estado por va del SNIS.

Mientras tanto, los centros de Salud Pblica y el Hospital de Clnicas (Universidad de la Repblica) estn en pleno colapso. All se atiende la poblacin ms carenciada. Es decir, la ms precarizada y empobrecida. Faltan medicamentos, camas, camillas, enfermeros, mdicos, ambulancias. La mugre se amontona en baos y corredores. Los alimentos se descomponen en depsitos malolientes. El destrato a pacientes y familiares es moneda corriente. Aunque son las colonias psiquitricas quienes padecen con mayor gravedad las consecuencias de una crisis sanitaria imposible de esconder.

Martes 27 de marzo. Un paciente septuagenario es atacado por una jaura de perros salvajes en la cocina de la Colonia Etchepare (departamento de San Jos). Muri en la madrugada del sbado 28. Casi al mismo tiempo otros dos internados, un hombre y una mujer, eran atacados por otro grupo de perros. Segn funcionarios y familiares, los animales controlan diversas reas y se mueven con total libertad adentro de la Colonia Etchepare. La mayor parte de los enfermos padece minusvalas y eso los hace un blanco fcil de los animales. Los directores de la Colonia y otros funcionarios se trasladan en auto para evitar ser mordidos.

La Colonia Etchepare tiene unos 450 internos con patologas psiquitricas de distinto tipo. Frente a ese establecimiento se encuentra la Colonia Santn Carlos Rossi, tambin especializada en salud mental; all hay unos 350 pacientes. Ambos centros estn instalados sobre predios de unas 50 hectreas con intransitable forestacin que cubre casi todo el terreno. Desde hace una ao una cuadrilla militar se ocupa de limpiar el monte. En diferentes ocasiones se hallaron cadveres de pacientes. Ningn funcionario haba notado su ausencia.

Tras conocerse la muerte del paciente de 70 aos (que llevaba muchos aos internado) y la situacin de abandono de otros, la jueza penal Viviana Granese, intim a las autoridades de ASSE (Administracin de los Servicios de Salud del Estado) retirar todos los perros de las colonias, y trasladar a los pacientes de ciertos pabellones", porque se encuentran en grave estado de vulnerabilidad, en el entendido de que se encuentran gravemente afectados y desprotegidos sus derechos humanos fundamentales, como ser: su vida, su integridad fsica, su salud, su higiene y su bienestar in totum". Lamentablemente, habr que esperar. Falta infraestructura, dicen los burcratas progresistas. El calvario de los enfermos mentales y sus familias continuar como si nada hubiese ocurrido. La nota y los testimonios que siguen, dan cuenta del infierno que son las colonias psiquitricas bajo la reforma proto-socialista del Frente Amplio (Redaccin de Correspondencia de Prensa)


Vivir en una Colonia Psiquitric: Vidas rotas dentro de la Etchepare

Paula Barquetos/ El Pas, Montevideo, http://www.elpais.com.uy/

Tres mujeres llegan a la Colonia Etchepare el viernes 3 de maana. El portn est abierto. Recibe a las visitas un guardia. "A quin quieren ver?", pregunta. "A Lourdes Etelvina Espiga", responde Delia Almeida, una de las tres mujeres, que es su madre.

El hombre no entiende bien el nombre pero no le importa. "A qu pabelln quieren ir?", contina. "Al 26", contesta ella, y le extiende su cdula de identidad. Las otras dos mujeres hacen lo mismo pero el guardia dice que "con una sola alcanza".

Una calle interna con jardines a los costados conduce a los pabellones. Algunos efectivos militares estn cortando el pasto. A un lado aparece una casa con un cartel de Antel.

Del otro, otra construccin vieja donde ha estacionado una ambulancia. El primer pabelln al que se llega, despus de haber caminado unos 100 metros, es el 26. En el frente hay algunos internos apoyados sobre la pared o sentados en el zcalo. Rossana, de camisn y chancletas pero con la cartera puesta, da una bienvenida efusiva, con abrazo y beso. Otras residentes del pabelln se apuran para conversar con las visitantes. En eso aparece Etelvina, como le llama su mam. Camina como si le costara pisar el suelo, dando pequeos saltos.

Para ir al patio y sentarse a conversar hay que atravesar el comedor. All una mujer est tirada en el piso, agarrada de un banco con una mano, como queriendo levantarse pero sin hacer movimientos. Otros toman mate y miran la televisin. Alguien se orin encima y dej un charco en el piso. Una enfermera pregunta quines son las visitantes y se conforma con la respuesta "familiares y amigas".

Afuera, el sol est fuerte pero corre aire. Etelvina y sus visitantes buscan sombra debajo de una malla negra. El patio luce casi nuevo. Hay mesas y bancos de ladrillo y hormign, todos pintados de blanco, y tambin un parrillero sin estrenar. El 26 es uno de los cuatro pabellones que ASSE logr refaccionar en los ltimos aos. All duermen 40 mujeres. En total son 15 los pabellones en uso, pero el fallo judicial que se precipit por la muerte de un paciente determin el cierre de tres pabellones por las malas condiciones edilicias y "vulneracin de los derechos humanos" de los all residentes (ver aparte) .

Cuando se sienta y ve a su mam frente a frente, Etelvina se vuelve a poner de pie, se acerca a ella y en silencio, en un gesto de amor, le acomoda el pelo por unos segundos. Se lo corre para atrs de los hombros, se lo acaricia e intenta alisarlo. Delia no dice nada, permanece seria.

Hace poco ms de un ao que Etelvina, de 32 aos, entr a la Colonia Etchepare. Cuenta su mam que fue un martes de Carnaval en el que su hija haba ido a buscar bizcochos para el mate como todas las maanas. En la panadera la intercept un polica y le dijo que tena orden de un juez de llevrsela. Y se la llev.

Durante los primeros tres meses Delia no pudo ir a visitarla porque no tena dinero para viajar desde Nueva Palmira, donde vive, a San Jos, donde internaron a su hija. Hace 20 aos cantaba y tocaba la guitarra en shows callejeros y ferias, pero luego enviud y todo se complic. Ahora se gana la vida lavando ropa ajena, aunque a veces tiene muy pocos pedidos.

Cuando por fin junt los pesos y la vio en la colonia por primera vez, se sentaron en un banco como en el que conversan ahora, Etelvina se le acurruc en la falda y ambas lloraron por un rato largo.

Pimienta blanca

La vida de Etelvina contada por su madre es una tragedia que empieza a sus nueve aos de edad. Un da, al salir de la escuela con moa, cartera y todo, la secuestr un hombre joven. La tuvo 17 das encadenada en un garaje. Cuando la encontraron no cont nada, pero unos aos despus revel que esta persona la haba violado varias veces. Despus de ese episodio Etelvina no volvi a ser la nia de conducta y rendimiento perfectos que era. Dej la escuela y tambin dej de dormir en su casa.

En cambio, sigui viendo a ese hombre que, segn su madre, "le arruin la vida para siempre". Andaba en bandita con l y otros amigos, se drogaba y llegaron incluso a copar la casa de Delia, que tuvo que denunciarlos a la Polica.

A los 18 aos naci el primer hijo de ambos. Cuatro aos despus qued embarazada otra vez, pero l estaba seguro de que no era suyo, entonces le peg duro y la revole contra el piso. Etelvina estuvo en CTI, casi se muere pero se salv, y la nia que llevaba en el vientre tambin.

La historia solo empeora porque en un momento a Etelvina se le despert una esquizofrenia. Sala a caminar de noche sola y con frecuencia dorma en las calles del centro de Nueva Palmira. A veces Delia sala a buscarla por ah con esperanzas de rescatarla. Dice que el padre de sus nietos se abusaba de la debilidad de Etelvina y la obligaba a vender pasta base hacindole creer que era pimienta blanca. Dice, tambin, que ese hombre al que llama "psicpata" (pero que hoy tiene la tenencia de los nios) estuvo preso ms de una vez.

Etelvina empez a frecuentar el hospital. Tena internaciones cortas, de dos o tres das, y le daban el alta despus de compensarla. Hasta que un da un juez entendi que la solucin era la internacin permanente. "Me dijeron que es una enfermedad que no tiene cura. Entonces, para qu la tienen encerrada?", se pregunta esta seora de 70 aos con una mezcla de ingenuidad y sentido comn.

Delia intenta visitarla los lunes porque es el da que va el psiquiatra tratante pero, aun as, no tiene informacin sobre el avance o retroceso de la enfermedad. A veces hace el esfuerzo de ir un lunes y le dicen que el mdico falt.

Lo que s ve es que a su hija se le empez a hinchar la panza. Nunca nadie del personal de la Etchepare le inform nada, pero ella sospecha est segura que su nia, la menor de siete, est embarazada y que es fruto de una violacin. A diferencia de otras pacientes, ella no tiene novio ah adentro. Y no sali ni una vez de la colonia desde que la ingresaron.

El embarazo es evidente, pero Etelvina no parece verlo. Dice que como engord tuvieron que darle ropa nueva. Cuenta que hace un tiempo le duele "la boca del estmago" y por eso se saltea algunas comidas. Rossana, la que anda de camisn y cartera, en un arranque de astucia le dice a su amiga Etelvina que se le meti un bicho por adentro de la camisa holgada y as logra levantrsela. Por unos segundos, la innegable panza de embarazo queda a la vista. Parece de cinco o seis meses.

Cuenta Etelvina que hace un tiempo los internos del pabelln 29 donde hay "gente brava y violadores" entraron al dormitorio del 26 y "violaron gurisas". "A m no me pas nada, me salv. No me tocaron", asegura Etelvina a El Pas. "Pero a Albita s, se la llevaron al campo". Albita, que est a su lado haciendo como que le cambia los paales a un beb de plstico, tiene una parlisis facial severa pero se hace entender: "Me taparon la boca. Me bajaron la bombacha".

Ahora Delia, impulsada por una vecina que la aconseja, planea pedirle a uno de sus hijos, que vive en Argentina pero est de paso en Uruguay, que vaya a la colonia y que exija saber si Etelvina est embarazada. Por ahora no le da el alma para pensar en la criatura.

Yo soy libre

"Me quiero ir. Extrao a los gurises. Quiero estar con mi familia. No quiero que ellos vengan porque ac hay mucho degenerado. Ese comentario de que yo ando con drogas es mentira, no me gusta. El mdico me dice andate cuando quieras pero sola no puedo porque tengo una valija. Qu pasa que no me sueltan? Yo soy libre. Por qu no me dan el alta? Por qu, si viene mi mam, no me puede llevar? Es mi madre!".

Etelvina est desesperada por hablar con el mdico y concretar su salida de la colonia. Cuenta que Margarita, una de sus hermanas, fue a verla y le dijo que podra llevrsela a su casa. Delia asiente con la cabeza dando por buena la versin.

En la Etchepare solo come, duerme, toma mate y fuma. A veces sale a caminar pero poco. La comida es buena pero es siempre la misma, dice. Asegura que hay una enfermera que es "atrevida", que la "maltrata" y que le tira baldes de agua para obligarla a baarse.

"Squenme de ac. El mdico me quiere dar una inyeccin para matarme. No s por qu me quiere matar, si yo no he hecho nada", dice Etelvina, e insiste: "Me quiero ir, squenme de ac".

Embarazos, noviazgos, denuncias de abuso y fugas

Carlos Grecco tena 72 aos y estaba desde los 18 en la Colonia Etchepare. Muri el mircoles 25 por las mordeduras que sufri de una jaura de perros. Otros dos pacientes resultaron heridos ese da. Esto tiene un nico antecedente en 2001, cuando tambin falleci un hombre en condiciones similares. Lo que s es frecuente son las fugas. Una funcionaria cuyo nombre pidi preservar dijo a El Pas que el nico control que se ejerce sobre los pacientes consiste en contarlos cada algunas horas. La mayora del tiempo se los deja caminar por los campos de las colonias, que tienen un tejido perimetral fcilmente evitable. "Ha pasado que se fugan y aparezcan muertos. Se lleva un registro de las muertes, pero no lo conozco", afirm. La funcionaria dijo que es comn que los pacientes se ennovien y tengan relaciones sexuales durante el da, pero afirm que de noche cada uno duerme en su cama. As es que hubo internas embarazadas. Tambin hubo denuncias de abuso sexual de parte de funcionarios a internas, aunque nunca se pudo corroborar. El Pas intent comunicarse con autoridades de ASSE pero desde ese organismo dijeron que recin la semana que viene se habilitarn entrevistas y recorridas.

Cambio del modelo asilar: cuestin de derechos

En 1984 se anunci la creacin de un Plan de Salud Mental. Sus objetivos eran la "potenciacin del primer nivel de atencin", la "creacin y desarrollo de unidades de salud mental en hospitales generales" y la "inclusin de los nuevos modelos de asistencia", con la "voluntad de superar el modelo asilar".

En 2012 se cumplieron 100 aos de las colonias. Si bien hay voces a favor de cerrarlas, an no hay unanimidad entre autoridades y especialistas.

Para el psiquiatra Ricardo Acua, que estudi la historia de la salud mental en Uruguay, la gravedad de que no se haya concretado el cambio reside en los derechos humanos de los pacientes. Acua se pregunta: "Qu tanto se ha afectado a los cerca de 1.000 residentes en todos estos aos? Cuntos de ellos sufrieron un proceso regresivo provocado por la propia institucionalizacin que profundiza los dficits de la patologa? Qu habra pasado si hubieran sido sometidos a tratamientos de recuperacin, estmulo e inclusin social, como se hace en algunas partes del mundo con programas especiales? Cunto pesa el estigma de la enfermedad mental?

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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