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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-04-2015

Barbarie policial

Editorial de La Jornada
La Jornada


Cientos de manifestantes protestaron ayer en la localidad de North Charleston, Carolina del Norte, por el asesinato del ciudadano afroestadunidense Walter Scott, de 50 aos, quien fue baleado el sbado pasado por un polica blanco mientras intentaba huir, tras haber sido detenido debido a una aparente infraccin de trnsito.

La difusin de un video que muestra al agente Michael Slager disparando a la espalda de Scott magnific el sentir generalizado de descontento, sobre todo por el contraste entre esa evidencia y el reporte que el uniformado pas a sus superiores luego del incidente. Segn l, la vctima haba intentado quitarle una picana elctrica, por lo que se vio forzado a disparar para defender su vida. La salida a la luz pblica del documento videogrfico tambin propici un vuelco en las investigaciones sobre el caso, al grado que la alcalda de North Charleston ha anunciado que Slager enfrentar cargos por asesinato y que podra ser condenado a cadena perpetua e incluso a la pena de muerte.

Debe tenerse en cuenta, sin embargo, que la brutalidad policial y la inocultable orientacin racista del asesinato de Walter Scott no son rasgos aislados. Antes al contrario, forman parte de una distorsin de las funciones de seguridad que aqueja a las corporaciones pblicas del vecino pas, y que se ha expresado en numerosos casos de asesinatos violentos de civiles a manos de uniformados, en los que las vctimas son, por lo general, negros o latinoamericanos.

Entre los casos ms destacados de violencia policial se encuentran el asesinato del adolescente Trayvon Martin, de 17 aos, en febrero de 2012 en Florida por un guardia de seguridad que lo consider sospechoso. El 30 de abril de 2014, el uniformado Christopher Manney dispar contra Dontre Hamilton, de 31 aos, quien estaba desarmado. En julio de ese mismo ao, Eric Garner, de 43 aos, muri estrangulado por el polica blanco Daniel Pantaleo. Un mes despus, el agente Darren Wilson asesin al joven estadunidense Michael Brown, de 18 aos, en Ferguson, Misuri, regin en la cual, das despus, fue ultimado Antonio Martin, de 18 aos, tambin por elementos policiales.

Posteriormente, en septiembre, efectivos de Utah balearon al afroestadunidense Darrien Hunto, de 22 aos de edad. El 22 de noviembre, Tamir Rice, de 12 aos, fue tiroteado por la polica en Cleveland, al sacar una pistola de juguete mientras jugaba en un parque de esa ciudad. En marzo pasado, el adolescente negro Tony Robinson, de 19 aos, fue abatido por un uniformado de Madison, Wisconsin.

A estos asesinatos deben aadirse los de los mexicanos Ernesto Javier Canepa Daz, Antonio Zambrano Montes y Rubn Garca Villalpando, en Santa Ana, California; Pasco, Washington, y Euless, Texas, respectivamente, todos a manos de efectivos policiales.

El comn denominador en estos casos, adems de la condicin inerme de las vctimas, es la tendencia manifiestamente racista y clasista en la aplicacin del uso de la fuerza y la proclividad de las autoridades a proteger a los autores materiales de los asesinatos. Cabe suponer que de no haber existido el video que muestra el momento en que se dispara a Walter Scott, la situacin se habra saldado con impunidad similar a la que prevaleci, por ejemplo, en el homicidio de Michael Brown.

Semejante combinacin de barbarie policial, racismo e impunidad debiera propiciar en las organizaciones internacionales defensoras de los derechos humanos un repudio similar al que se ha originado en amplios sectores de la poblacin del vecino pas.

Por ltimo, la circunstancia descrita pone de manifiesto el contraste entre las acciones y el discurso de un rgimen que se presenta como lder mundial en la proteccin de los derechos humanos y la dignidad individual, y que desde esa posicin autoasumida se dedica a hostilizar a gobiernos de otras naciones, como ha ocurrido recientemente con Venezuela.

Episodios como los de Ferguson y North Charleston dan cuenta de una crisis de derechos humanos dentro del territorio estadunidense que resta autoridad moral a las nfulas humanitarias de Washington.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2015/04/09/opinion/002a1edi



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