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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-04-2015

Marxismo versus ecologismo?
Socialismo ecolgico antiimperialista (II)

Iaki Gil de San Vicente
Rebelin


1. PRESENTACIN

2. UN ADELANTO PREMONITOR EN 1843

3. DIALCTICA DE AVANCE Y DESTRUCCIN

4. FRACTURA DEL METABOLISMO SOCIONATURAL

5. LA NATURALEZA DUEA DE S MISMA

6. REFORMISMO ECOLOGISTA


 

1. Presentacin

La ponencia que aqu se ofrece es la continuacin de la presentada a debate en 2010, de la que luego se habla. En estos cinco aos la crisis socioecolgica se ha agravado a la vez que se ha endurecido el imperialismo ecolgico [1]. Recientemente, Beinstein ha recurrido al mito antiguo greco-egipcio de Urboros, la serpiente que se come a s misma empezando por su cola hasta la cabeza para reiniciarlo de nuevo, una y otra vez [2] para mostrarnos lo que realmente sucede. El aumento de la precariedad vital est dando la razn a Engels: La organizacin de los obreros y su resistencia creciente sin cesar levantarn en lo posible cierto dique ante el crecimiento de la miseria. Pero, lo que crece indiscutiblemente es el carcter precario de la existencia [3]. La ONU y la FAO recomiendan que se produzcan en masas insectos, escarabajos y gusanos comestibles [4] para prevenir las hambrunas que se acercan.

Con el actual nivel de desarrollo potencial de las fuerzas productivas bajo control de poderes populares, se podra acabar con esa precariedad vital que destroza la vida. Hoy existen recursos cientficos y tcnicos capaces de prevenir con alta verosimilitud el agravamiento de la crisis socioecolgica y el consiguiente empeoramiento de la precarizacin de la vida humana. Por ejemplo, es muy probable que los efectos causados por el calentamiento climtico en Europa y en el rtico sean desastrosos para las clases explotadas, aunque las petroleras ven en el deshielo del rtico la oportunidad econmica [5].

Mientras que las grandes corporaciones energticas se frotan las manos pensando en pinges negocios gracias a los desastres socionaturales, aparecen modas ideolgicas abiertamente capitalistas o reformistas que se niegan a ir a la raz de la solucin: solo el poder poltico de las clases y naciones explotadas, de las mujeres trabajadoras, puede revertir esta situacin expropiando la propiedad capitalista de la naturaleza y haciendo que la naturaleza sea propietaria de s misma, como veremos. Con un poder socialista internacional se avanzara rpidamente en la reunificacin de la especie humana con y en la naturaleza, e incluso con poderes obreros y populares y hasta con Estados dignos que se resistieran al imperialismo, solo con esto adelantaramos mucho en la reversin de la crisis socioecolgica, que no es una crisis de la naturaleza sino una crisis del capital. De todo esto y de ms, vamos a debatir.

 

2. Un adelanto premonitor en 1843

En 1843 Engels, cuando tena 23 aos de edad, escribi la primera referencia directa a la privatizacin de la Tierra por la burguesa, y lo hizo en el primer texto crtico de la economa poltica que elaboraran l y Marx durante su larga vida terica. Es un texto que muestra el increble potencial emancipador del pensamiento comunista de aquella poca pero tambin muestra su dependencia inevitable hacia la poca objetiva en la que viva Engels. Vayamos por partes. El autor es radicalmente crtico:

Convertir la tierra en objeto de trfico, que es para nosotros lo uno y el todo, la condicin primordial de nuestra existencia, representa el paso definitivo hacia el trfico de s mismo. Era y sigue siendo hasta el da de hoy una inmoralidad solo superada por la inmoralidad de su propia enajenacin. Y la apropiacin originaria, la monopolizacin de la tierra por un puado de gentes, eliminando a los dems de lo que constituye la condicin de su vida, nada tiene que envidiar en cuanto a inmoralidad al sistema posterior de trfico del suelo [6].

Un poco despus, tras mostrar la irracionalidad del capital-dinero que produce intereses, del cobrar sin trabajar [7], y de estudiar la funcin del capital especulativo y sus devastadores efectos [8], y poco antes de la crtica a Malthus, escribe: La capacidad de produccin de que dispone la humanidad es ilimitada. La inversin de capital, de trabajo y ciencia puede potenciar hasta el infinito la capacidad de rendimiento de la tierra [...] Esta ilimitada capacidad de produccin, manejada de un modo consciente y en inters de todos, no tardara en reducir al mnimo la carga de trabajo que pesa sobre la humanidad; confiada a la competencia, hace lo mismo, pero dentro del marco de la contradiccin [...] Unos obreros trabajan hasta catorce y diecisis horas al da, mientras que otros estn sin hacer nada, parados y pasando hambre [9].

A pesar de sus obvias limitaciones, este escrito, apenas tenido en cuenta excepto por los estudiosos, fue sin embargo decisivo por varias razones para la evolucin posterior de lo que se dio en denominar marxismo. La primera de ellas fue su impacto intelectual en Marx, tanto que al poco tiempo este empezara a estudiar la economa capitalista. La segunda es que en l se adelantan ya las constantes materialistas esenciales al metabolismo entre la especie humana y la naturaleza como se ver menos de dos aos despus, en 1844, cuando Marx escriba los clebres Manuscritos econmicos y filosficos, dando forma a una idea central que se ir enriqueciendo con el tiempo.

La tercera es que esta continuidad progresivamente enriquecida en la obra de Marx y Engels llega incluso a rozar la reproduccin casi literal en el libro III de El Capital de expresiones engelsianas escritas en su texto, precisamente sobre el monopolio privado de la tierra [10], poniendo as en valor la tesis que sostiene la importante influencia de Engels sobre Marx [11]. Y la cuarta es que abre un debate entre el potencial liberador de la ciencia no sujeta al dictado capitalista y los lmites de la productividad de la tierra.

Faltaban todava 16 aos para que en 1859, W. Rankine escribiera el primer libro sobre termodinmica, no fue hasta 1865 con Clausius y1872 con Boltzmann que la ley de la entropa adquiri rigor, y no fue hasta 1880-1883 cuando empezaron a publicarse en cuatro lenguas diferentes los primeros y limitados escritos de Podolinsky. Dejando ahora de lado los debates sobre la termodinmica [12] y la entropia [13], los crticos del marxismo han utilizado a Podolinsky para mostrar su despreocupacin por la ecologa y su defensa del desarrollismo economicista. Veremos que no es as, y en lo relacionado con este ltimo J. Iglesias muestra lo superficial de esos ataques indicando las indudables limitaciones [14] tericas de Podolinsky.

Pero nunca hay que olvidar que esta evolucin enriquecedora se produce dentro de una praxis comunista cuyo objetivo es derrocar el Estado capitalista para acelerar el avance al socialismo. Nace carente de base toda reflexin sobre el contenido ecolgico del marxismo que no tenga en cuenta la permanente interrelacin de, al menos, cuatro componentes: la praxis revolucionaria en su forma esencial de lucha de clases poltica; la concepcin dialctico-materialista de la ruptura del metabolismo socionatural y el papel de la libertad humana en la reunificacin; la teora del conocimiento; y la crtica radical de la economa poltica.

Esta compleja totalidad formada por diversos componentes con relativa autonoma, explica que, por un lado, siempre haya que insistir en que no se puede escindir al ser humano en una parte natural, biolgica, etc., y en otra partes social, cultural, psicolgica, etc., sino que es un todo psicofsico y socionatural; y, por otro lado, hace que lo que ahora se denomina ecologa tuviera su propio ritmo.

Sobre el primer aspecto, hay que decir que el marxismo desde su inicio critic, junto a la alienacin, tambin los destrozos que la explotacin causaba en la unidad psicosomtica de la clase trabajadora, teniendo en cuenta la totalidad de sus condiciones de vida y trabajo. Engels volvi a ser pionero ya en 1845 en estas cuestiones con su estudio sobre la clase obrera inglesa e irlandesa, y su escalofriante crtica del trabajo en las minas [15] en la que desmenuzaba el destrozo de la totalidad psicofsica de los y las trabajadoras adultas e infantiles. Marx seguira esta senda especialmente en El Capital al denunciar la depauperacin moral y la degeneracin intelectual [16] de las y los trabajadores, y ms concretamente:

Al igual que en la industria urbana, en la moderna agricultura la intensificacin de la fuerza productiva y la ms rpida movilizacin del trabajo se consigue a costa de devastar y agotar la fuerza de trabajo del obrero. Adems, todo progreso, realizado en la agricultura capitalista, no es solamente un progreso en el arte de esquilmar al obrero, sino tambin en el arte de esquilmar la tierra, y cada paso que se da en la intensificacin de su fertilidad dentro de un perodo de tiempo determinado es a la vez un paso dado en el agotamiento de las fuentes perennes que alimentan dicha fertilidad. Este proceso de aniquilacin es tanto ms rpido cuanto ms se apoya en un pas, como ocurre por ejemplo con los Estados Unidos de Amrica, sobre la gran industria, como base de su desarrollo

Por tanto, la produccin capitalista solo sabe desarrollar la tcnica y la combinacin del proceso social de produccin socavando al mismo tiempo las dos fuentes originales de toda riqueza: la tierra y el hombre [17].

Y Marx aade en el libro III:

La gran propiedad de la tierra mina la fuerza de trabajo en la ltima regin a que va a refugiarse su energa natural y donde se acumula como fondo de reserva para la renovacin de la energa vital de las naciones: en la tierra misma. La gran industria y la gran agricultura explotada industrialmente actan de un modo conjunto y crean una unidad. Si bien en un principio se separan por el hecho de que la primera devasta y arruina ms bien la fuerza de trabajo y, por tanto, la fuerza natural del hombre y la segunda ms directamente la fuerza natural de la tierra, ms tarde tienden cada vez ms a darse la mano, pues el sistema industrial acaba robando tambin las energas de los trabajadores del campo, a la par que la industria y el comercio suministran a la agricultura los medios para el agotamiento de la tierra [18].

La destruccin de la fuerza natural del hombre y de la tierra, si bien actuaba con ritmos relativamente diferentes antes del capitalismo, tiende a interrelacionarse, como veremos ms adelante. Si en la segunda mitad del siglo XIX se aceleraba la tendencia a la unin entre la gran industria y la gran agricultura industrializada, en la segunda mitad del siglo XX las grandes agrobusines adquiran ya un poder sobrecogedor aunque lo peor estaba a punto de llegar con la irrupcin del poder omnvoro del capital financiero desde finales de ese siglo y con la omnipotencia del capital ficticio desde el inicio del siglo XXI. Se ha podido entrar as, en opinin de D. Harvey, en una fase de acumulacin especulativa [19] con impactos apenas imaginables sobre la naturaleza, como veremos.

La destruccin de la fuerza natural de la tierra y de la especie humana por el capitalismo obliga a recuperar la concepcin socio-natural o simplemente materialista del ser humano como especie-genrica destrozada y rota en su unidad material por la explotacin. Es por esto que debamos introducir el empeoramiento de la salud humana en el concepto asptico de crisis ecolgica. Sabemos que los y las nias empobrecidas [20] sufrirn durante el resto de su vida adulta los efectos dainos causados por las medidas burguesas para multiplicar su tasa de beneficios: pues bien, esta inhumanidad forma parte de la crisis socioecolgica, socioambiental o socionatural, sin mayores precisiones ahora.

Sabemos tambin que en escuelas infantiles de Euskal Herria se padece pobreza energtica [21], como denuncia el sindicato LAB: pues bien, ese fro injusto que atenaza a la infancia reduciendo sus facultades intelectivas por razones estrictamente sociopolticas burguesas, tambin entra en la ruptura del metabolismo de la especie humana-genrica con la naturaleza, ruptura causada por el capital. Otro tanto debe decirse de las causas socioecolgicas que matan a 500.000 personas al ao en la Unin Europea [22], as como del hecho de que combatirlas exige a la Unin Europea unos gastos similares al PIB de Finlandia [23].

Los siete millones de personas muertas al ao en el mundo por el aire contaminado [24] tambin son parte del desastre originado por el capitalismo y no por una crisis ecolgica sin contenido socioeconmico burgus alguno. En suma, el ecocidio [25] es parte inserta en la totalidad de la historia, presente y futuro de la civilizacin del capital, y la expresin ms directa de la ruptura del metabolismo socionatural.

Como vemos, el concepto de metabolismo natural y de intercambio orgnico, y de su ruptura, es decisivo para entender lo que el reformismo denomina crisis ecolgica, pero sobre todo es fundamental para la entera concepcin marxista. Segn D. Harvey: La idea del metabolismo, con el trabajo como mediador entre la existencia humana y la naturaleza, es central para el argumento materialistas histrico de Marx. Volver a parecer en distintos puntos de El Capital, aunque no quede nunca muy desarrollada [26], por lo que una de las mejores definiciones que Marx nos ofrece en El Capital es esta: Como creador de valores de uso, es decir, como trabajo til, el trabajo es por tanto condicin de vida del hombre, y condicin independiente de todas las formas de sociedad, una necesidad perenne y natural sin la que no se concebira el intercambio orgnico entre el hombre y la naturaleza ni, por consiguiente, la vida humana [27].

Pero ms exactamente, qu debemos entender por ruptura del intercambio orgnico, del metabolismo natural o universal de la naturaleza. La respuesta nos la da J.B. Foster:

Para explicar el vasto mbito natural en el que haba surgido la sociedad humana, y en el que exista necesariamente, Marx emple el concepto del metabolismo universal de la naturaleza. La produccin mediaba entre la existencia humana y este metabolismo universal. Al mismo tiempo, la sociedad y la produccin humana seguan estando en el interior de este metabolismo terrenal mayor y dependan del mismo, que haba precedido a la aparicin de la vida humana misma. Marx explicaba que esto constitua la condicin universal para la interaccin entre la naturaleza y el hombre, y como tal, una condicin natural de la vida humana. La humanidad, a travs de su produccin, extrae sus valores de uso naturales y materiales de este metabolismo universal de la naturaleza, al mismo tiempo insuflando una [nueva] vida a estas condiciones naturales como elementos de una nueva formacin [social], generando por ese motivo una especie de segunda naturaleza. Sin embargo, en una economa mercantil capitalista esta segunda naturaleza asume una forma alienada, dominada por el valor de cambio antes que por el valor de uso, conduciendo a una fractura en este metabolismo universal [28].

Pero cada modo de produccin tiene sus formas propias de metabolismo socionatural, de intercambio orgnico entre la especie humana y la naturaleza. Desde los criterios del materialismo histrico y dialctico en la medida en que la produccin de valores de cambio, de mercancas va desplazando la produccin de valores de uso, en esa medida la fractura del intercambio metablico socionatural va variando, va complejizndose en la medida en que aumenta la divisin social del trabajo [29], segn Marx. La complejizacin de la fractura socionatural en el capitalismo est esencialmente unida con la esencia contradictoria de la mercanca, contradiccin inserta en la dialctica valor de uso, valor de cambio y valor: Marx reconoca que los valores de uso son increblemente diversos, que los valores de cambio son accidentales y relativos y que el valor tiene (o parece tener) una objetividad fantasmagrica, que est sometido a continuas revoluciones causadas por los cambios tecnolgicos y las turbulencias en las relaciones sociales y naturales. Esa totalidad no es esttica y cerrada, sino fluida y abierta y, por tanto, en perpetua transformacin [30].

Volveremos a la importancia crucial de conocer las contradicciones en la mercanca, en el capitalismo en suma, para conocer qu es la crisis socioecolgica, de dnde surge, por qu se expande y cmo debemos combatirla, pero antes debemos sentar las bases de otro componente elemental del marxismo: el de la historia como proceso dialctico, abierto a la posibilidad y probabilidad de la derrota, la ruina, la destruccin.

 

3. Dialctica de avance y destruccin

D. Tagliavini e I. Sabbatella han demostrado cmo en la obra de Marx y Engels s se encuentran anlisis concretos sobre la naturaleza finita, agotable, de los recursos naturales, etc.; y adems de otras consideraciones sobre el debate de la acogida de las tesis de Podolinsky por ambos amigos, tema del que ya hemos hablado, nos recuerdan la existencia de eco-marxistas de mucho renombre terico y poltico, con especial mencin a Lenin, o a Bujarin, cuyos escritos ecolgicos fueron escondidos por Stalin tras su fusilamiento en 1938. Fue el estalinismo el que anul el rico contenido ecolgico del marxismo imponiendo un mecanicismo productivista y desarrollista [31].

Es muy interesante esta referencia al ocultamiento de los escritos de Bujarin y de la corriente eco-marxista liderada por  Verndsky, como veremos, porque nos recuerda la necesidad de tener siempre en cuenta la realidad histrica, exigencia que se desprecia frecuentemente. Es por esto que tampoco hay que olvidar las dursimas condiciones de miseria extrema, feroces ataques militares y frreos cercos de asfixia econmica y tecnocientfica que sufri la URSS desde el primer instante de su existencia, y a la vez los logros obtenidos [32]. Las agresiones sucesivas y permanentes del imperialismo a la URSS han causado al conjunto de sus pueblos infinitamente ms destrozos socionaturales que los derivados de la marginacin y ocultacin del eco-marxismo por la burocracia desde finales de la dcada de 1930, sobre todo con la invasin nazifascista.

El casi inconcebible grado de arrasamiento y devastacin de la vida realizado por el nazifascismo en la URSS y grandes zonas del Este europeo nos sirve como leccin necesaria para la crisis ecolgica actual: la ventaja cualitativa de la economa planificada [33]. Y si avanzamos un poco ms hasta llegar a la crisis socioecolgica, es decir, por un lado, al principio dialctico de que la especie humana es parte de la naturaleza y por tanto parte del ecosistema concreto y de la ecologa en s misma, y, por otro lado, esa unidad socionatural fue destrozada por el capitalismo, partiendo de aqu queda claro que todo lo que concierne a nuestra especie debe insertarse en la socioecologa. Pues bien, cuando J. M. Olarieta reivindica con absoluta razn que la era de la salud pblica naci en la URSS [34] est dejando constancia de un avance socioecolgico decisivo para la libertad humana pero antagnico con la industria capitalista de la salud, que es ms rentable [35] que los gigantescos beneficios de la banca burguesa.

Segn C. C. Vizia, en la teora de Marx y Engels s estaba presente una crtica de los efectos negativos de la mercantilizacin de la naturaleza por el capitalismo, del mismo modo que en Engels haba una crtica bastante razonada de las ideas de Podolinsky teniendo en cuenta las condiciones de la poca, y tambin opina que fue el estalinismo el que arras con el contenido ecolgico del marxismo al anular y marginar Verndsky y a su grupo de eclogos y aupar a Lysenko. Volviendo a Marx y Engels, el autor sostiene que:

Las razones por las cuales la problemtica de la naturaleza, si bien central en su concepcin filosfica, no adquiri mayor preponderancia en sus anlisis de la sociedad capitalista, salvo los sealados respecto a la agricultura, la contaminacin de las ciudades y las deficientes condiciones sanitarias de la clase trabajadora, se basan en la creencia afn con el clima poltico de la poca en la inminencia de una revolucin socialista de alcance internacional, que debera resolver estos y otros problemas de la humanidad [36].

Pero no era solo un clima poltico de prxima revolucin social, que tambin, sino que esa proximidad estaba apremiada por una visin de las contradicciones capitalistas que admita la posibilidad de una especie de catstrofe si la clase trabajadora no se impona a la clase burguesa: todo dependa de la lucha de clases, nada estaba ciegamente determinado con antelacin. En 1848, tras exponer la larga y permanente lucha entre explotados y explotadores, aaden: una lucha constante, velada unas veces y otras franca y abierta; lucha que termin siempre con la transformacin revolucionaria de toda la sociedad o el hundimiento de las clases en pugna [37].

Y ms adelante: Las relaciones burguesas de produccin y de cambio, las relaciones burguesas de propiedad, toda esta sociedad burguesa moderna, que ha hecho surgir como por encanto tan potentes medios de produccin y de cambio, se asemeja al mago que ya no es capaz de dominar las potencias infernales que ha desencadenado con sus conjuros [38].

El capital ha desencadenado monstruos del averno, esto es cierto y ms con los datos disponibles desde mediados del siglo XX; pero su destructividad puede ser domeada si el proletariado desarrolla una conciencia poltica revolucionaria que incida en todas y cada una de las contradicciones del sistema, anulndolas y superndolas. Los llamados textos polticos de Marx y Engels profundizan en esta problemtica con sofisticados anlisis sin parangn en su poca. Avanzando en el tiempo, vemos que en 1874 Engels escribe una verdadera profeca que se materializar cuarenta aos ms tarde, en 1914:

Para Prusia-Alemania no hay posibilidad de hacer otra guerra que no sea la mundial. Y sera una guerra mundial de magnitud desconocida hasta ahora, de una potencia inusitada. De ocho a diez millones de soldados se aniquilarn mutuamente y, adems, se engullirn toda Europa, dejndola tan devastada, como jams lo haban hecho las nubes de langosta. La devastacin producida por la guerra de los Treinta Aos condensada en tres o cuatro aos y extendida a todo el continente; el hambre, las epidemias, el embrutecimiento de las tropas y tambin de las masas populares, provocados por la aguda necesidad, el desquiciamiento insalvable de nuestro mecanismo artificial en el comercio, la industria y el crdito: todo ello termina con la bancarrota general; el derrumbe de los viejos Estados y de su sabidura estatal rutinaria una quiebra de tal magnitud, que las coronas estarn tiradas a docenas por el pavimento y no se encontrar a nadie que las levante-; una imposibilidad absoluta de prever cmo terminar todo esto y quien saldr vencedor de la lucha. solo un resultado no deja lugar a dudas: el agotamiento total y la creacin de las condiciones para la victoria definitiva de la clase obrera [39].

Engels se equivoc en una sola cosa: que la guerra dur cinco aos en vez de tres o cuatro, acertando en lo dems, en especial en que la guerra creara las condiciones para la victoria de la revolucin obrera como efectivamente sucedi. Desde 1916 los pueblos trabajadores de Europa empezaron a sublevarse contra la masacre, estallando en 1917 la oleada de revoluciones que todos y todas conocemos. Y en otro escrito algo posterior vaticina que Prusia-Alemania perder esa guerra que solo de reportar malestares y huesos rotos [40].

En 1877, Engels, escribiendo sobre las contradicciones internas capitalistas, dice que: la sociedad corre hacia la ruina como una locomotora cuyo maquinista fuera demasiado dbil para abrir la bloqueada vlvula de escape [41], y poco ms tarde, insistiendo sobre el comportamiento de la burguesa, dice: sus propias fuerzas productivas han rebasado el alcance de su direccin y empujan a toda la sociedad burguesa, como con necesidad natural, hacia la ruina o la subversin [42]. Aun as no es la ltima vez que Engels advierte sobre el estallido de crisis que culminen en la ruina o en la subversin ya que muy poco antes de morir escribe en 1895 sobre la inevitabilidad de prximas insurrecciones [43] urbanas obreras y populares como realmente sucedi en 1905.

Esta visin de la historia capitalista como historia dialctica, contradictoria y por eso abierta a futuros diferentes segn sea el resultado de la lucha de clases y de la accin consciente humana como fuerza material una vez que la teora ha prendido en el pueblo explotado [44], ya estaba presente en el Marx de 1842-1843. En cuanto historia sin cerrar, las medidas impuestas por la burguesa en el proceso de explotacin laboral, o proceso productivo, tambin repercuten directamente en la victoria e imposicin de uno u otros futuros concretos y en el general, en el futuro de la especie humana como parte de la naturaleza. En este sentido, las advertencias sobre el posible y hasta previsible estallido de conflictos atroces, de exterminios mutuos, ruinas y catstrofes, esta dialctica lleva implcita como elemento necesario de su unidad y lucha de contrarios la agudizacin de lo que ahora se denomina muy restrictivamente crisis ecolgica.

Carecemos de espacio para seguir desarrollando cmo marxistas posteriores actualizaron en sus condiciones especficas esta concepcin dialctica de la historia capitalista, en la que se van fundiendo las crisis inicialmente parciales econmica, ecolgica, poltica, social, militar, etc., en una crisis general. Cuando hablamos de crisis parciales no afirmamos su absoluta desconexin y aislamiento, sino que decimos que, en realidad, todas ellas estn sujetas internamente a tres de los grandes descubrimientos de Marx: uno es la ley general de la acumulacin capitalista [45], que F. Jameson ha definido esta ley como el punto desde el cual se hace visible todo el capitalismo porque explica la identidad entre produccin y miseria [46], y el otro es la ley de la tendencia decreciente de la cuota de ganancia [47], ley tendencial negada siempre por la burguesa y cuestionada abierta o solapadamente por el reformismo porque pone el dedo en la llaga de la irracionalidad global del sistema; ley tendencial decisiva para comprender la ruptura del metabolismo socionatural, junto con el apoyo de otras aportaciones bsicas del marxismo como la fortaleza de la ley del valor, del fetichismo de la mercanca y del trabajo alienado [48].

En el capitalismo del siglo XXI es ya innegable, en especial desde 2007, que la llamada crisis ecolgica no solo va unida a la crisis econmica sino que incluso la estaba agravando desde hace algunos aos. Es tan innegable que hasta los defensores del reformismo ecologista lo admiten, pero [49] cometiendo la incoherencia de no extraer de ello las lecciones sociopolticas pertinentes, muy en especial la que demuestra el acierto histrico de la concepcin de la historia abierta al desastre dependiendo del resultado de la lucha de clases. El Estado burgus y sus fuerzas militares tienen la decisiva tarea, adems de otras, del vencer en esa guerra social. Desde la visin marxista aqu expuesta, los ejrcitos del capital, la militarizacin en suma, son fuerzas materiales destructivas a la vez que reflejo ideolgico de la civilizacin burguesa.

Engels lo explic as: La moderna nave de combate no es solo un producto de la gran industria moderna, sino tambin una muestra de la misma; es una fbrica flotante aunque, ciertamente, una fbrica destinada sobre todo a dilapidar dinero [50]. Es cierto que el llamado keynesianismo militar puede reactivar algunos capitalismos concretos durante un perodo y mantener la supremaca de una potencia durante un perodo gracias a las sobreganancias de su burguesa como es el caso yanqui [51], pero a la larga y visto el sistema en su totalidad es un despilfarro que, adems, refuerza la necesidad de saquear an ms la naturaleza y a sus pueblos. La militarizacin es una de las caractersticas fundamentales del progreso destructivo [52]. Pero hablar de la militarizacin estructural del capitalismo es reabrir el debate estratgico de la necesidad de la revolucin comunista, lo que produce pnico en el capital y miedo histrico en el reformismo.

 

4. Fractura del metabolismo socionatural

Despus de analizado el funcionamiento interno de la destruccin de la fuerza natural de la tierra y de la especie humana y de la dialctica de la historia abierta a la destruccin y a la ruina, visto esto, debemos avanzar algo en otra de las cuestiones planteadas por Engels en 1843: las condiciones sociales necesarias para que la ciencia pueda facilitar y acelerar la reunificacin entre la especie humana y la naturaleza. La condicin inexcusable es el dominio prctico de la dialctica materialista de la interpenetracin entre lo natural y lo social, y cmo a partir de su dialctica pueden surgir nefastas contradicciones nuevas que exigen a la conciencia humana avances intelectuales cualitativos:

El materialismo marxista, que en s mismo supone la adopcin de un enfoque realista de la naturaleza, no puede sin embargo identificarse con formas ingenuas de realismo en las que la naturaleza aparece como una esencia ahistrica e inmutable. La historicidad de la naturaleza, que las investigaciones de Darwin  vinieron a confirmarla a ojos de Marx, elimina esa posibilidad. La combinacin de la misma con la historicidad social da lugar a una relacin sociedad-naturaleza dinmica y cambiante, donde ambas estn en constante transformacin y mutuamente se influyen. El realismo de Marx es pues un realismo ontolgico, que afirma la existencia independiente de los procesos y estructuras causales de la naturaleza a un nivel profundo, pero reconoce su esencial modificabilidad y la inexistencia a ojos del hombre de una naturaleza identificable como esencia inmutable. La interpenetracin de sociedad y naturaleza, la fusin de historia social e historia natural, apuntan en la misma direccin: el carcter sociohistrico de la naturaleza. No hay una naturaleza prstina, separada del hombre y definida por su independencia respecto de la accin transformadora de este [53].

Para no extendernos asumimos que la dialctica consiste, exactamente, en la habilidad de comprender la contradiccin interna de una cosa, el estmulo de su autodesarrollo, donde, el metafsico ve solo una contradiccin externa resultando de una colisin ms o menos accidental de dos cosas internamente no contradictorias [54]. Engels ya nos ilustr sobre este mismo concepto con una explicacin de la dialctica del metabolismo socioambiental:

El animal no hace ms que usar su ambiente, y provoca cambios en l, nada ms que con su presencia; con sus cambios, el hombre lo hace servir a sus fines, lo domina. Esta es la diferencia final, esencial, entre el hombre y otros animales, y, una vez ms, es el trabajo el que la produce. Pero no nos jactemos demasiado de nuestras victorias humanas sobre la naturaleza. Pues por cada una de esas victorias, se venga de nosotros. Cada triunfo, es verdad, produce ante todo los resultados que esperamos, pero en segundo y en tercer lugar provoca efectos distintos, imprevistos, que muy a menudo anulan al primero [] Y as, a cada paso que damos se nos recuerda que en modo alguno gobernamos la naturaleza como un conquistador a un pueblo extranjero, como alguien que se encuentra fuera de la naturaleza, sino que nosotros, seres de carne, hueso y cerebro, pertenecemos a la naturaleza, y existimos en su seno, y que todo nuestro dominio sobre ella consiste en el hecho de que poseemos, sobre las dems criaturas, la ventaja de aprender sus leyes y aplicarlas en forma correcta [55].

Si algo han confirmado todas las investigaciones es que, por un lado, la evolucin de la vida nicamente es comprensible accediendo a su dialctica interna [56], y que por otro lado:

La ciencia moderna muestra, en general, que el movimiento lineal o la acumulacin de algunas de las variables involucradas provoca saltos repentinos; que el movimiento implica la dinmica de fuerzas y tendencias opuestas y diversas, y que los saltos cualitativos, debido a la acumulacin cuantitativa por medio de contradicciones, dan lugar a nuevos fenmenos y estabilidades relativas, que niegan las leyes anteriores al surgir nuevas y, al mismo tiempo, procesos en los que se puede rastrear sus antecesores porque conservan algunas leyes como subordinadas. Estas son, a grandes rasgos, las tres leyes generales del mtodo dialctico abstrado de la naturaleza y de la sociedad como un modelo que refleja en su generalidad la dinmica del movimiento y que puede ser aplicado a lo concreto, nuevamente para comprender sus mltiples determinaciones especficas en sus manifestaciones infinitas [57].

G. Foladori sostiene que la ciencia moderna, por va de la experimentacin en la fsica, en la qumica, en la biologa, y en campos interdisciplinarios, est descubriendo lo que la filosofa dialctica haba anunciado hace cien aos [58], presenta una brillante comparacin en siete principios entre lo que l, y toda una corriente cientfico-filosfica, define como nuevo paradigma cientfico (NPC) y la dialctica de la naturaleza de Engels [59]:

1) NPC: La naturaleza es irreversible y en permanente cambio, pero creando estructuras que resisten el cambio.

Engels: Las tendencias se presentan como resultado de mltiples fuerzas contratendenciales.

2) NPC: En determinados momentos surge una transicin de fase, una estructura nueva.

Engels: Los cambios cuantitativos se convierten en alteraciones cualitativas.

3) NPC: Los sistemas adaptativos complejos cambian

Engels: La totalidad es un proceso histrico.

4) NPC: Las leyes de la fsica deben explicar los sistemas adaptativos complejos (inclusive la conciencia y la sociedad).

Engels: La conciencia es un producto tardo del desarrollo de la materia. El ser social solo puede surgir del ser orgnico, y este del ser material inorgnico.

5) NPC: El Universo es rico en diversidades cualitativas y sorpresas potenciales. Los sistemas complejos presentan resultados imprevistos.

Engels: La realidad es siempre ms rica que la teora. La interconexin de los elementos de la naturaleza genera resultados imprevistos.

6) NPC: El atractor es una regin del espacio de fases que ejerce una traccin magntica sobre todo el sistema.

Engels: Existe una jerarqua en las relaciones. Las relaciones sociales de produccin determinan en ltima instancia al resto.

7) NPC: La previsibilidad es asinttica, aunque el movimiento se da dentro de ciertos lmites.

Engels: El conocimiento es asinttico, las posibilidades de libertad estn limitadas por las restricciones impuestas a la estructura material pasada.

Cuando G. Feladori sostiene con razn que Engels defiende la tesis de que l a interconexin de los elementos de la naturaleza genera resultados imprevistos, est reconociendo la verosimilitud de la tesis marxista del desencadenamiento brusco, abrupto de desastres y conflictos catastrficos, tremendos, que van gestndose en el subsuelo siempre agitado y tenso de la realidad, movimiento interno que hace que lo real siempre vaya por delante del pensamiento. Qu mtodo cientfico-filosfico puede acortar en cierta medida esta distancia inevitable? Segn F. Cordn:

Mi experiencia de cientfico me ha demostrado que el materialismo dialctico en el estado actual del pensamiento constituye una primera gua certera para ordenar los conocimientos de no importa que ciencia y de que, a su vez, l puede ser ampliado o corregido a la validez universal por los avances ms generales de cualesquiera de las grandes ciencias [60].

Segn la dialctica materialista la llamada transicin de fase puede definirse tambin como punto de inflexin o punto de no retorno: el momento del salto cualitativo a partir del cual aparece una nueva realidad que impide volver a la situacin anterior, en este caso el derretimiento de una gran parte de los glaciares del Antrtico Oeste [61] ha entrado en deshielo irreversible por el calentamiento climtico. La necesidad de recurrir a la dialctica interna de los procesos para conocer la realidad siempre en movimiento, aunque se oculte o se niegue hacerlo, vuelve a confirmarse de nuevo con este dato cientficamente demostrado [62], de la misma manera en que la tesis cientfica de que el tiempo de agota [63] en la lucha contra el calentamiento climtico solo es entendible si descubrimos la dialctica interna del incremento cuantitativo que precede al salto cualitativo, a la transicin de fase, al punto de inflexin y no retorno.

La misma lgica dialctica est activa en las contradicciones internas del espacio-tiempo en el que se mueve la mercanca-dinero en sus movimientos de valor de uso, valor de cambio y valor, como explica D. Harvey:

Esos tres conceptos diferentes interiorizan referentes espacio-temporales fundamentalmente diferentes. Los valores de uso existen en el mundo material fsico de las cosas que se pueden describir en trminos newtonianos y cartesianos del espacio y el tiempo absolutos. Los valores de cambio residen en el espacio-tiempo relativo del movimiento y el intercambio de mercancas, mientras que los valores solo se pueden entender en trminos del espacio y el tiempo relacional del mercado mundial (el valor relacional inmaterial del tiempo de trabajo socialmente necesario nace en el espacio-tiempo evolutivo del desarrollo global capitalista). Pero como Marx ha mostrado ya convincentemente, los valores no pueden existir sin los valores de cambio, y el intercambio no puede existir sin los valores de uso. Los tres conceptos estn dialcticamente integrados entre s [...] el espacio-tiempo del capitalismo no es constante, sino variable (como sucede con la velocidad y lo que Marx denomina en otro lugarz la aniquilacin del espacio mediante el tiempo efectuada mediante las repetidas revoluciones en los transportes y las comunicaciones) [64].

En el metabolismo socionatural, en el intercambio orgnico global, los saltos cualitativos entre fases y la evolucin espacio-temporal se materializan definitivamente cuando irrumpe el capitalismo en 1450-1640, largo siglo XVI que marca el punto de inflexin [65] en las relaciones entre la especie humana y la naturaleza, habiendo llegado ya a su fusin desde hace un tiempo, como muestra la eco-historia [66]. Realizado ese irreversible salto cualitativo, el capitalismo evoluciona aceleradamente desde la revolucin industrial dando giros [67] hacia la crisis ecolgica moderna.

A pesar de que todo confirma la dialctica de la naturaleza [68], el reduccionismo inherente a la ideologa burguesa est profundamente anclado en la burocracia intelectual y en el aparato tecno-cientfico, en especial en la biologa, sirviendo fielmente a los intereses de la clase burguesa. Para negar la dialctica, desde finales del siglo XIX el reformismo se lanz frontalmente contra Engels acusndole entre otras cosas de privilegiar el determinismo naturalista. J. M. Bermudo ha desmontado esta acusacin:

Aun as podra insistirse que, no obstante, Engels no olvida nunca la determinacin natural, tendiendo a privilegiarla. Pensamos que no es as y que, si lo fuera, habra sido una intuicin engelsiana digna hoy de ser elogiada. Pues hoy, precisamente, se pone de relieve el insuficiente tratamiento histrico del elemento natural en su determinacin natural y humana en el marxismo occidental. El desprecio en el marxismo -y aqu el estalinismo es protagonista- por ciertas ciencias, de la psicologa a la embriologa, expresa ese olvido. El comprensible esfuerzo por poner en lo social la raz, el factor nico del mal y del bien, de la miseria o de la libertad, de la barbarie o de la salvacin, hoy muestra sus lmites. Y con ello Engels debera dentro del marxismo- ganar puestos, ya que an con las limitaciones indicadas- fue quien ms insisti en unir a la determinacin histrica la determinacin natural [69].

Por su parte, la profesora y mdico C. Cruz Rojo amplia esta defensa de la dialctica socionatural argumentando la necesidad de una ciencia no reduccionista, dialctica, basada en la interaccin de todos los factores naturales y sociales que forman la vida humana. La autora explica que existen dos grandes bloques de reduccionismo, el biolgico y el cultural, dividindose este segundo en otros dos menores, y afirmas:

Dar preponderancia a lo biolgico (en el caso del determinismo biolgico) o drsela a lo social (en el del determinismo cultural), es no entender la necesaria interrelacin dialctica entre lo biolgico y lo social que se codeterminan mutuamente en el devenir de la vida. En el primer caso se considera que las partes (por ejemplo, los genes) existen de forma independiente y con anterioridad a su integracin en estructuras complejas (por ejemplo, los organismos), y que son las propiedades intrnsecas de las partes las que producen y explican las propiedades del conjunto. Sin embargo, la dialctica no separa las propiedades de las partes aisladas de las que adquieren cuando forman conjuntos, porque ambas se influyen mutuamente [] solo a travs de la dialctica se consigue integrar los antagonismos o anttesis entre las causas y los efectos, entre la biologa humana y la educacin o entre la herencia gentica y el medio ambiente en una visin en la que ambos polos no estn aislados uno del otro ni estn determinados en una sola direccin, sino que mantienen una constante y activa compenetracin [70].

La dialctica del conocimiento es interdisciplinar porque la realidad es compleja lucha de contrarios:

El estudio e intervencin de este grupo de enfermedades actuales es un ejemplo clarificador de la importancia de abordar procesos complejos desde un enfoque multidisciplinar e interdisciplinar [] Dejar su solucin a la exclusiva competencia de la disciplina mdica o sanitaria sera condenarla para siempre a la cronicidad. La curacin, o mejor la prevencin, de los problemas de salud pasa por la labor coordinada, interrelacionada y complementaria de distintas ciencias, incluyendo las ciencias sociales [71].

y ms adelante:

El mundo material posee una naturaleza ontolgica unitaria donde es imposible dividir las causas en un porcentaje social y otro porcentaje biolgico. Desde una visin dialctica, lo biolgico y lo social, lo interno y lo externo, no son separables, ni alternativos ni complementarios [72].

Concepcin Cruz vuelve a uno de los puntos citados por el Engels de 1843, arriba visto: una ciencia al servicio del pueblo y no de la burguesa: En relacin con el derecho y la utilizacin tica de la tecnociencia en el mbito de la alimentacin, llmese biotecnologa, biologa sinttica o nanotecnologa, debe ser radicalmente rechazada mientras est en manos y favorezca la convergencia de las corporaciones privadas y, adems, entren en la maquinaria financiera (bolsa) afectando a los precios de los alimentos y productos de primera necesidad [73].

Las explicaciones de Concepcin Cruz nos facilitan el entendimiento de los procesos en espiral que van integrando reivindicaciones y luchas parciales sin conexin interna a simple vista hasta subsumirlas en un todo superior. Comprendemos as que lo simplemente ecolgico pertenece a la totalidad socionatural en la que malviven los pueblos explotados. J. Castillo detalla esta dinmica ascendente al estudiar las integraciones de las luchas directamente ecologistas con las movilizaciones sociales y populares en defensa de parques pblicos, viviendas dignas, condiciones de trabajo, transportes sociales, reordenacin del suelo urbano, servicios de salud y un largo etctera [74].

Este mismo autor profundiza tambin en las relaciones entre el sindicalismo de clase y la ecologa desde los primeros choques duros entre el capital y el trabajo ya en el siglo XIX: Como nos muestra el desarrollo del movimiento obrero, las plantillas se movilizan frente a impactos socioambientales que afectan a su salud directamente y que, habitualmente, impactan tambin fuera de los centros de trabajo [75].

 

5. La naturaleza duea de s misma

Siendo verdad que durante la ltima dcada y media los investigadores ecolgicos han utilizado la perspectiva terica del anlisis de Marx sobre la fractura metablica para estudiar las contradicciones capitalistas que se desarrollan en una amplia variedad de reas: los lmites del planeta, el metabolismo del carbono, el agotamiento del suelo, la produccin de fertilizantes, el metabolismo ocenico, la explotacin indiscriminada de la pesca, la desforestacin, la utilizacin de los incendios forestales, los ciclos hidrolgicos, la megaminera a cielo abierto, la cra de ganado, los agro-combustibles, la apropiacin de tierras a nivel mundial, y la contradiccin entre la ciudad y el campo [76]; siendo esto cierto lo es an ms que pese a este empleo silencioso del mtodo dialctico, existe una negativa a reconocerlo.

El rechazo sutil o descarnado de la dialctica es imprescindible para asentar cualquier poltica reformista en alguna de las mltiples versiones de la extravagancia kantiana de la incognoscibilidad de la cosa en s. F. Jameson sostiene que la amputacin de la dialctica en el marxismo conduce al reformismo socialdemcrata: El impacto de la formulacin dialctica apuntaba a subrayar la fatdica unidad del capitalismo como modo de produccin cuya expansin no puede ser frenada a voluntad mediante la reforma socialdemcrata, ya que a medida que acumula nuevo valor, el capitalismo continua produciendo un ejrcito de reserva de desempleados que nunca para de crecer, ahora a escala global [...] lo que pasa por alto en la mencionada revisin -y en verdad, escisin- de la dialctica de El Capital es la funcin central que cumplen la negatividad y la contradiccin [77].

Una valiosa sntesis actual sobre los permanentes ataques que ha sufrido la dialctica materialista, intentando expulsarla de un supuesto marxismo cientfico neokantiano y neopositivista, la encontramos en el texto de R. Astarita: el rechazo de la dialctica dentro del marxismo tiene una larga data; recorre casi toda su historia, hasta nuestros das. A pesar de que el sesgo antidialctico ha dominado en los movimientos polticos de masas (Segunda y Tercera Internacional, el movimiento comunista oficial), y en buena parte del marxismo acadmico, la mayor parte del tiempo (primero con el estructuralismo marxista, incluyendo al regulacionismo marxista, y luego con el marxismo analtico), sus frutos tericos no son llamativos [78].

Simultneamente al intento de ridiculizacin de la dialctica, los enemigos del marxismo la emprendieron con su teora de la explotacin social, la teora de la plusvala y del valor, etc., y con su teora del Estado. Es significativo que el grueso del reformismo ecologista se sume a esta santa cruzada. De entrada se niegan a profundizar en el contenido de la muy correcta afirmacin de J. Cervantes: Crisis ecolgica: una crisis del capital. Dado que para el capitalismo la acumulacin ampliada es una necesidad de supervivencia, todo, absolutamente todo debe ser mercantilizado: Para el capital, la naturaleza es el requisito ineludible para la obtencin de un excedente a partir de una fuerza de trabajo dada, y por tanto, a la materializacin de este excedente en valores de uso vendibles productos, mercancas este tratamiento instrumental de la naturaleza se manifiesta en la forma del valor del tiempo de trabajo, el cual representado en dinero, constituye la sustancia social de acumulacin del capital [79].

J. Cervantes est en lo cierto al plantear la necesidad del empleo de la teora marxista del valor, etc., para conocer tanto causas de la fractura del intercambio orgnico o crisis socioecolgica, como los mtodos para salir de ella reintroduciendo lo social en lo natural, esta verdad es confirmada empricamente por la agudizacin de las tensiones mundiales por la manipulacin poltico-econmica de los precios del crudo de petrleo [80] y del carbn [81], y los desastres naturales, como veremos, y a la vez reafirmada tericamente por los marxistas como D. Harvey:

Si alguien cree que puede resolver una seria cuestin medioambiental como el calentamiento global sin afrontar siquiera la cuestin de quin y cmo determina la estructura bsica de valores de nuestra sociedad, se est engaando a s mismo. Por eso Marx insiste en que debemos entender qu es el valor de las mercancas y cules son las necesidades sociales que las determinan [...] el valor es sensible a las revoluciones tecnolgicas y a la productividad [...] Las transformaciones en el entorno natural o la migracin a lugares con condiciones naturales ms favorables (recursos ms baratos) revolucionan los valores. Los valores de las mercancas, en resumen, estn sometidos a una amplia variedad de fuerzas [...] lo que llamamos valor no es una cantidad constante, sino que est sometido a incesantes transformaciones revolucionarias [82].

La privatizacin burguesa de la naturaleza responde a la objetividad ciega de la ley de la acumulacin ampliada del capital en general y a la agudizacin de las contradicciones interimperialistas por la posesin de los cada vez ms escasos recursos energticos y materiales. Frente a esta voracidad depredadora basada en la propiedad burguesa de la naturaleza, el marxismo opone lo irreconciliablemente opuesto: la naturaleza es de ella misma y no de la burguesa. Decir que la naturaleza se pertenece a s misma y no al capital implica que ni siquiera la humanidad concreta que existe fsicamente en un momento preciso de la historia, lo que se dice ahora mismo, ni siquiera ella es propietaria de la tierra. En el libro III de El Capital Marx escribe que: Ni la sociedad en su conjunto, ni la nacin ni todas las sociedades que coexistan en un momento dado, son propietarias de la tierra. Son, simplemente, sus poseedoras, sus usufructuarias, llamadas a usarla como boni patres familias y a trasmitirla mejorada a las futuras generaciones [83].

La naturaleza es duea de s misma porque la especie humana, el ser-humano-genrico, es parte integrada en ella, pero separada y enfrentada a ella desde la fractura del metabolismo socionatural, una de cuyas expresiones es la actual crisis socioecolgica. Engels nos ofrece la nica alternativa para unir esa fractura, una poltica radical de regulacin de las relaciones de propiedad, de produccin, de distribucin y de consumo:

Pero esta regulacin exige algo ms que un simple conocimiento. Exige una revolucin total en nuestro modo de produccin existente hasta ahora y al mismo tiempo una revolucin en todo nuestro orden social contemporneo. Todos los modos de produccin conocidos hasta ahora apuntaron nada ms que al logro del efecto til ms inmediato y directo del trabajo. Las consecuencias posteriores, que solo aparecen despus y adquieren efectividad debido a la repeticin gradual y a la acumulacin, fueron desatendidas [] Los capitalistas que dominan la produccin y el intercambio pueden dedicarse solo al efecto til ms inmediato de sus acciones [] Mientras el fabricante o comerciante vende una mercanca fabricada o comprada, con la habitual y ansiada ganancia, se siente satisfecho y no se ocupa de lo que luego pueda suceder con la mercanca y sus compradores. Lo mismo rige para los efectos naturales de sus acciones [84].

Es urgente una revolucin total que avance resueltamente en las medidas imprescindibles para soldar la fractura del metabolismo socionatural, porque ser imposible lograrlo con polticas reformistas que respeten el poder del capital. J. R. Fabelo desarrolla pormenorizadamente la lgica de la expansin del imperialismo y, con ella, la creciente agudizacin de las contradicciones irreconciliables que enfrentan al modo de produccin capitalista con la naturaleza y por tanto con la especie humana, y concluye:

No hay duda, la lgica mercantil cada vez se hace ms divergente de la lgica de la vida. La racionalidad instrumental se ha tornado irracionalidad humana. El capitalismo nunca podr salvar la miopa congnita que caracteriza al mercado: el inters a corto plazo, sin importar el costo natural y humano que su consecucin presuponga. El fetiche mercantil contina ocultando las realidades. En la mercanca que encontramos en el mercado no es fcil ver su costo social y ecolgico, solo distinguiremos sus muchas veces inducido y enaltecido valor de uso y su precio, como expresin este ltimo de su abstracto valor de cambio. Pero, aun suponiendo, que la sociedad capitalista supere todo fetiche y alcance plena conciencia de lo que sucede, la solucin seguir estando en el estricto control y regulacin del mercado. Es esto posible en el capitalismo? [85].

Hay que partir de la certidumbre de que el sistema capitalista puede cambiar de color, como los camaleones [86], para sobrevivir a sus crisis: puede volverse verde cuando se trata de hacer negocio de la crisis socioecolgica, o naranja cuando quiere aparentar ser demcrata y humanista, y hasta africano cuando hay que poner una cara negra que legitime las nuevas polticas militares [87] y a la vez las disfrace bajo el celofn de negociaciones con Cuba, Irn, etc., mientras endurece sus ataques a Venezuela y a otros muchos pueblos.

La camalenica adaptabilidad de la burguesa es una de las razones que justifican el catastrofismo de muchos movimientos ecologistas que ignorando lo bsico del capitalismo creen que se hundir debido a la hecatombe medioambiental. Pero este sistema tiene grandes recursos para integrar los desastres ecolgicos que l genera en su propia reproduccin: desde el llamado capitalismo verde o eco-capitalismo, hasta las salidas ms tpicamente burguesas como los bonos para financiar los costos de las crisis como la militarizacin, segn explica R. Keucheyan:

Los bonos de catstrofe -llamados bonos CAT- no estn vinculados a inversiones futuras, como los bonos gubernamentales o privados tradicionales, sino a la posible ocurrencia de una catstrofe, por ejemplo, un terremoto en Japn o las inundaciones en Gran Bretaa, cuyo coste para el sector de seguros se estim en 3.000 millones de libras. Un gobierno emite bonos CAT para acumular fondos. A cambio paga un inters interesante para los inversores. Si la catstrofe se produce, el gobierno cuenta con el dinero para reconstruir las infraestructuras o compensar a las vctimas. Si no se produce, los inversores recuperan al final del plazo su dinero (y se quedan con los intereses) [...] Un informe publicado en Estados Unidos en 2007 titulado Seguridad nacional y cambio climtico, entre cuyos autores se incluyen a once generales y almirantes de tres y cuatro estrellas, define el cambio climtico como un multiplicador que intensificar las amenazas existentes. Por ejemplo, al debilitar ms a los Estados fallidos, permitir que los terroristas encuentren refugio en ellos ms fcilmente. O al provocar migraciones climticas, desestabilizar las regiones a las que lleguen los migrantes y se exacerbarn los conflictos tnicos. El informe concluye que el ejrcito de Estados Unidos deba adaptar sus tcticas y su equipamiento a un medio ambiente que cambia [88].

D. Harvey sostiene en contra del catastrofismo que el sistema capitalista tiene cuatro soluciones para mantener su explotacin de la naturaleza: 1) su larga y prolongada experiencia de resolucin de estas dificultades; 2) la naturaleza est ya internalizada en la circulacin y acumulacin de capital; 3) el capital ha convertido los asuntos medioambientales en una gran rea de actividad empresarial; y 4) perfectamente posible que el capital contine circulando y acumulndose en medio de catstrofes medioambientales [89]. Insiste en que debemos ser conscientes de las capacidades de supervivencia del capitalismo y de su fantica determinacin para sobrevivir a cualquier costo por inhumano que sea, y pone como ejemplo el engao sobre las llamadas catstrofes naturales:

Los as llamados desastres naturales no tienen nada de naturales y la humanidad sabe ya lo suficiente como para mejorar o controlar la amenaza que suponen la mayora de las catstrofes medioambientales, aunque nunca todas. Sin embargo, es poco probable que el capital tome las medidas oportunas sin que se produzca una lucha tanto entre sus facciones enfrentadas como con otros actores que se ven afectados por las transferencias de costes que tan oportunamente se est produciendo. Los motivos por los que persisten los problemas son de orden poltico, institucional e ideolgico y en ningn caso atribuibles a lmites naturales [90].

Antes de seguir, y para reforzar lo que acabamos de leer, debemos saber que segn el Banco Mundial en su ltimo informe al respecto cuantifica en 148.000 millones de dlares los costos provocados por los llamados desastres naturales. Afirma cnicamente que si los pases subdesarrollados invirtieran en edificios e infraestructuras antes de los desastres reduciran en un 50% estos costos. Segn datos de la aseguradora alemana Munich Re las prdidas relacionadas con el clima han aumentado desde los 37.000 millones de euros anuales en la dcada de los 80, hasta cerca de 148.000 millones de euros durante la ltima dcada [...] El total de daos llega a 2,8 billones de euros entre 1980 y 2012. De ellos, el 74% se relaciona con las condiciones meteorolgicas extremas [91].

D. Harvey indica que el capitalismo ha creado un ecosistema adecuado a sus necesidades, pero que sus contradicciones internas son tales que se irn incrementando los problemas que retrasan y dificultan la acumulacin ampliada del capital encorsetado en el ecosistema que l mismo ha creado. Y esto por dos razones bsicas: 1) porque el capital rentista que obtiene beneficios extras gigantescos con la explotacin de la naturaleza, de su propio ecosistema, podra terminar estrangulando al capital productivo, el nico que produce valor y vital por ello mismo para el sistema; y 2) la alienacin impuesta al ser humano por el ecosistema capitalista funcionalista, artificial y tecnocrtico [...] privatizado, comercializado, monetizado y orientado a la maximizacin de la produccin de valores de cambio (rentas, concretamente) mediante la apropiacin y produccin de valores de uso, por ambas razones, el capitalismo va comindose su propio futuro [92], lo que refuerza sus dinmicas opresoras.

Ante esta perspectiva los defensores menos obtusos del capitalismo presentan tres grandes soluciones: una es el decrecimiento, sobre el cual no vamos a hablar aqu porque ya lo hicimos en el debate [93] de 2010 realizado en el Parlamento Latinoamericano, en Caracas, y pensamos que el lustro transcurrido ha zanjado la cuestin [94], como era previsible. Otra es el cuento del capitalismo verde, el eco-capitalismo, etc.; y ltima es la tercera va propuesta por casi la totalidad de la llamada Ecologa Poltica.

Con respecto a la segunda solucin, M. Husson sostiene que deberan cumplirse tres requisitos para que fueran efectivas las propuestas que hacen los defensores del capitalismo verde: 1) que el capitalismo verde no debera provocar una disminucin de la tasa de beneficio; 2) que se defina un rgimen de acumulacin coherente: mercados, configuraciones de la economa mundial, organizacin de la competencia; y 3) la ms fundamental: cmo transitar del capitalismo neoliberal al capitalismo verde [95].

M. Husson analiza una a una de las medidas argumentando la imposibilidad de su desarrollo real en aislado y menos en conjunto porque son normas totalmente extraas que en muchos puntos entrar en contradiccin con los mecanismos fundamentales del sistema capitalista, incluso aunque se invirtieran grandes sumas en innovacin tecnolgica y en ecotasas porque estas medidas terminan teniendo un rendimiento decreciente [96].

Viendo la imposibilidad del capitalismo verde como alternativa, el autor sostiene que la alternativa a la crisis socioecolgica ha de ser el ecosocialismo, con planificacin internacional de medidas que rompan con la lgica de produccin y consumo capitalista, como una bajada significativa de la tasa de excedente social o en todo caso una profunda transformacin de su contenido [...] el aumento de la duracin de los bienes de consumo sera en s un factor de bajada de la rentabilidad. Tambin proponer verdear es decir un crecimiento ms rpido de los sectores dedicados a producir nuevas fuentes de energa, mejorar la calidad tcnica de las viviendas, etctera [97], pero advierte que verdear el capitalismo chocar inevitablemente con la lgica del beneficio.

Es esta lgica la que determina que no hayan tenido xito las medidas tomadas en las seis ltimas dcadas de polticas econmicas destinadas a acabar definitivamente con las crisis y el desempleo, si partimos de la situacin de la dcada de 1970, como explican J. A. Tapia y R. Astarita: este sistema sufre fases de normalidad y de crisis pese a todos los intentos de acabar con las segundas y normalizar la normalidad, pero el sistema de mercado recrea permanentemente el ejrcito de desocupados y arroja peridicamente al pauperismo y a la miseria a millones de personas [98]. La desocupacin, el pauperismo y la miseria son formas de la crisis socioecolgica global, no son costos sociales corregibles tcnicamente con polticas keynesianas, socioliberales, verdes o/y de la ecologa poltica reformista.

Ambos autores sostienen que conocer los efectos del CO2 fue uno de los descubrimientos cientficos claves del final del siglo XX. Esto se confirma al saberse que una de las consecuencias ms demoledoras de calentamiento climtico, segn la ONU, es la prdida de la biodiversidad gentica en los alimentos Entre el 16 y 22 por ciento de las especies de cultivos silvestres podran estar en peligro de extincin dentro de los prximos cincuenta aos, segn el documento de la FAO. Incluyen un 61 por ciento de especies de man, 12 por ciento de especies de papas y un 8 por ciento de especies de caup. Prdida que frenara grandemente la posibilidad de aumentar en un 60% la produccin mundial de alimentos para 2050, logro imprescindible para luchar contra el hambre en el mundo [99].

Pese a los conocimientos cientficos, han fracasado los intentos de reducir la emisin de CO2 porque los gobiernos a menudo han sido los representantes de las empresas y de los intereses comerciales: preocupados por la repercusin que sobre sus ganancias podran tener las regulaciones o las polticas fiscales destinadas a reducir las emisiones de CO2 [100]:

Poderosos intereses sobre todo las compaas petroleras y las empresas mineras que explotan el carbn- forman un lobby de enorme influencia que financia a cientficos y presiona a los polticos para crear incertidumbre sobre los riesgos del cambio climtico y para bloquear cualesquiera medidas tendentes a reducir las emisiones de CO2, que seran tambin medidas que reduciran las ventas y por tanto las ganancias de esas empresas. Como, adems, el transporte y la generacin de energa necesaria para la industria son las fuentes principales de las emisiones de CO2, las polticas para reducir las emisiones aumentaran los costos de produccin o de distribucin en general y as reduciran las ganancias empresariales. Es esa la razn por la que, a pesar de las personas bienintencionadas que predican al business community las bondades de un capitalismo verde, la comunidad empresarial se opone a cualquier medida efectiva que reduzca las emisiones [101].

Tapia y Astarita vuelven as a una de las cuestiones claves presentadas por Engels en 1843: el papel de la ciencia al servicio del capital o del trabajo. Es una pugna esencial que recorre al proceso de produccin de verdad cientfica con sus radicales implicaciones ontolgicas, gnoseolgicas y axiolgicas [102] en las que no podemos entrar ahora sino solo para denunciar las mentiras deliberadas y manipulaciones [103] que realizan las grandes corporaciones en sus laboratorios industrializados sometidos a la dictadura del mximo beneficio en el mnimo tiempo posible.

Citamos tres casos de los muchos existentes, uno sobre las mentiras cientficas que daan la salud humana y agravan la crisis socioecolgica y la fractura del metabolismo socionatural:

Uno, el llamado Contramovimiento por el Cambio Climtico suma unas 140 organizaciones en Estados Unidos, logrando redirigir la discusin pblica y la comprensin del pblico sobre el cambio climtico. Para ello reciben millones de dlares al ao, un financiamiento que nunca ha sido muy claro [...] reciben cerca de 900 millones de dlares al ao -en gran parte de sociedades conservadoras-, seala que el dinero negro -que bautiza as al sealar que no es posible rastrear quin lo dona- ha crecido del 3,3% que representaba en 2003 al 23,7%, en 2010 [104], obstinado en negar la evidencia cientfica de la crisis socioecolgica, y en legitimar el desarrollismo. La econmicamente interesada obstinacin negacionista raya el fanatismo y ha alcanzado unos niveles de carcter casi religioso [105].

Otro es especialmente descarado e insultante porque se basa en el empleo manipulador de los difusos y limitados sentimientos ecologistas para vender comida-basura [106]. Y el ltimo incide en los intereses irreconciliables entre la salud humana y el capitalismo porque la industria burguesa de la salud es una de las que ms beneficios producen al capital mundial: Que el sector farmacutico es capitalismo puro lo indica que, en la lista de las 500 mayores empresas del mundo, los beneficios de las 10 mayores farmacuticas superan los de las otras 490 empresas de esa relacin. [107].

El capitalismo verde estara anclado en dos pilares: el mercado como medio de racionalizacin de los costos e inversiones mediante la ley de la oferta y la demanda, y el reciclaje, la eficiencia tecnolgica, el uso de la ciencia para producir mercancas verdes. La naturaleza es vista para esta corriente como capital natural que hay que rentabilizar respetando lo ms posible sus propias caractersticas [108]. Una vez que se ha puesto precio a la naturaleza [109] se hunde definitivamente y para siempre cualquier viabilidad del reformismo ecologista porque la vida no puede ser evaluada en precio alguno y menos si se utilizan los parmetros mercantiles capitalistas. Absorbidos por el agujero negro de la rentabilidad mercantil como criterio evaluador, el reformismo ecologista queda condenado para siempre a buscar el justo equilibrio de mercado entre calidad y precio de sus reivindicaciones.

Aunque algunos defensores del capitalismo verde intentan endulzarlo hablando de economa verde, la oportuna respuesta de Silvia Ribeiro ha sido concluyente: en realidad es economa fnebre [110]. J. Beinstein piensa exactamente lo mismo cuando analiza la depredacin de la naturaleza por el capitalismo:

Desde el punto de vista de las relaciones entre el sistema econmico y su base material la depredacin (en tanto que comportamiento central del sistema) comenz a desplazar a la reproduccin. En realidad, el ncleo cultural depredador existi desde el gran despegue histrico del capitalismo industrial (hacia fines del siglo XVIII), principalmente en Inglaterra, y an antes durante el largo perodo precapitalista occidental. Marc para siempre a los sistemas tecnolgicos y al desarrollo cientfico, empezando por su pilar energtico (carbn mineral primero, luego petrleo) y una amplia variedad de explotaciones mineras de recursos naturales no renovables. Esa exacerbacin depredadora es uno de los rasgos distintivos de la civilizacin burguesa con respecto a las civilizaciones anteriores; sin embargo, durante las etapas de juventud y madurez del capitalismo la depredacin estaba subordinada a la reproduccin ampliada del sistema [111].

J. Beinstein narra cmo se ha llegado al techo energtico que convergen con otros techos de recursos renovables que disminuirn y encarecern de las actividades mineras, que junto a la explotacin salvaje de los recursos naturales renovables hace que nos encontremos ante un escenario de agotamiento general de recursos renovables. Unido a esto, la fiesta financiera (que tuvo en su recorrido numerosos accidentes) se convierte en techo financiero que bloquea el crecimiento [112]. Frente a este panorama, el autor propone como nica alternativa el comunismo del siglo XXI cuyas caractersticas debieran ser: plural, radical, democrtico, revolucionario, libertario e insurgente [113].

Una de las muchas buenas aportaciones de J. Beinstein en este libro es precisamente esta de plantear radicalmente la necesidad del comunismo como nica alternativa factible a la depredacin causada por la economa fnebre. Otros autores tambin han descrito con extremo rigor la capacidad de autodestruccin del sistema, los lmites de su poder de recuperacin energtica, tecnolgica, social, etc., y la necesidad de rebelarse contra el capitalismo antes de que nos destruya como humanidad para, as, sobrevivir l, pero no han llegado a ofrecer una alternativa precisa [114]. Y no faltan quienes desde una aparente radicalidad repleta de datos y cifras tiles que siempre son bienvenidas, al final se limitan a repetir tpicos reformistas sobre gestionar la contradiccin [115] en vez de acabar con ella, y gestionarla con medidas que rayan el idealismo voluntarista con sus propuestas que nos remiten al socialismo utpico.

Al reivindicar el comunismo bajamos a la raz del problema: reunificar el metabolismo socionatural fracturado por la mercantilizacin, por el valor de cambio: En la sociedad futura que imagin Marx  desaparecera el valor y los productos contaran exclusivamente por su valor de uso. Y el problema ambiental es un asunto de productos naturales, de valores de uso [116].

 

6. Reformismo ecologista

En 1843 Engels escribi en la obra con la que hemos empezado este texto que la contradiccin se suprime sencillamente superndola [117]. Insisti en este principio de la dialctica porque era uno de los grandes abismos insondables que separaban a la izquierda revolucionaria del reformismo: ms de 170 aos despus sigue siendo as como hemos comprobado al leer lo de gestionar la contradiccin en vez de superarla. Si en las condiciones europeas la gestin de la crisis puede camuflarse de alguna forma bajo los restos del mal llamado Estado del bienestar (sic) ello ya es imposible en amplias regiones del planeta. La situacin general de Amrica Latina y el Caribe as lo confirma.

Siendo cierto que, como demuestra B. McKibben [118], entre otras muchas investigaciones, el cambio climtico es demoledor, insistimos en que la crisis socioecolgica multiplica esos desastres y muy en especial cuando tal crisis interacta cada vez ms con la militarizacin estructural [119] a la que nos hemos referido arriba. Adems, mientras aumenta el empobrecimiento de las masas, la burguesa aumenta su despilfarro, los gastos suntuarios e insultantemente lujosos [120], en una muestra ms de la fractura socioecolgica.

La trgica situacin salvadorea acerca del control imperialista de las semillas [121] se debe extender a toda Nuestra Amrica y ya casi al planeta entero puesto quela naturaleza imperialista de la transnacional Monsanto es incuestionable [122]. Atencin especial merece el extractivismo: La principal crtica de los ecologistas se funda en la orientacin econmica de esos gobiernos, llamada por ellos extractivista, es decir, de promover un desarrollo clsico, basado en la idea capitalista del progreso y del crecimiento econmico, que ya se ha revelado totalmente ineficaz para salir del sub-desarrollo y, ms grave an, terriblemente nociva para la naturaleza [123]. El acaparamiento de tierras debe inscribirse en la estrategia del capital mundial para someter a las naciones de Amrica Latina, como explica C. Kay:

Estos nuevos capitales que acaparan tierras, extensiones de 100 mil hectreas, y algunas llegando hasta a un milln de hectreas, son cantidades de tierras inimaginables histricamente, van mucho ms all del antiguo latifundio. La diferencia es que son capitales no exclusivamente agrarios, sino que muchos de estos nuevos inversionistas vienen de la agroindustria, de la industria forestal, de la industria del procesamiento de la caa de azcar, de la palma africana. O incluso, en el caso de capitales extranjeros, de capitales mineros o financieros; y capital comercial, incluso hay supermercados que invierten. Entonces, ya no es solamente un capital agrario, sino un capital que se origina de varias fuentes, que controla la cadena productiva. Es como toda una cadena de valor que est totalmente integrada y controlada por ese capital corporativo, que tiene tremendo poder, porque conoce el mercado internacional, tiene acceso a las ltimas tcnicas productivas, tiene la capacidad de financiar maquinaria, cosechadoras e industrias procesadoras [124].

Debemos partir de l impresionante poder de las grandes corporaciones que dominan la agroindustria mundial: tres empresas controlan ms de la mitad (53 por ciento) del mercado mundial de semillas. Se trata de Monsanto (26 por ciento), DuPont Pioneer (18,2) y Syngenta (9,2). Entre las tres facturan 18.000 millones de dlares anuales. Entre el cuarto y dcimo lugar aparecen la compaa Vilmorin (del francs Grupo Limagrain), WinField, la alemana KWS, Bayer Cropscience, Dow AgroSciences y las japonesas Sakata y Takii. Tres empresas controlan el 53 por ciento del mercado mundial de semillas, seis compaas de plaguicidas dominan el 76 por ciento del sector y diez corporaciones se hacen del 41 por ciento del mercado de fertilizantes. Con nombres propios y cifras de ganancias, un informe internacional arroja datos duros sobre las multinacionales del agro [125].

Adems, solo 32 pases son responsables de casi el 80% de las emisiones de gases de efecto invernadero lo que, segn proyectos en estudio, deberan reducir sus emisiones para 2050 entre el 80 & y el 90% respecto a 1990, segn se pretende decidir en la cumbre de Pars [126]. Por otra parte, la demanda de recursos supera en un 20% la capacidad del planeta en los ltimos sesenta aos al menos el 40% de los conflictos internos mantienen relacin con la explotacin de los recursos naturales. Por un lado, porque se consideran de alto valor: madera, diamantes, oro o petrleo; pero tambin por considerarse escasos, como la tierra frtil y el agua. Cuando se trata de conflictos relativos a los recursos naturales, se duplica el riesgo de recaer en el conflicto, agrega Naciones Unidas.

En los ltimos aos, pases como China, India, Japn, Corea del Sur o Arabia Saud, entre otros, han adquirido en frica, en los ltimos aos, 67 millones de hectreas de tierra. Las emisiones mundiales de efecto invernadero generadas por la actividad humana han ido en aumento desde la poca preindustrial, con un incremento del 70% entre 1970 y 2004. Este incremento tiene su origen, sobre todo, en el suministro de energa, el transporte y la industria [127].

Tanta concentracin de capital y de poder en tan pocas manos solo puede sostenerse gracias a una compleja dinmica de coercin y consenso, obediencia sumisa y alienacin, miedo y egosmo en la adoracin del fetiche de la mercanca, todo ello con dosis de sado-masoquismo y narcisismo, adems de a la utilizacin de un lenguaje superficial e ideolgicamente burgus, como veremos. Con respecto a la fractura del metabolismo socionatural ocurre que en opinin del Tribunal se mostraron numerosas evidencias y pruebas sobre la relacin de connivencia que existe entre las empresas, los gobiernos e incluso las Naciones Unidas, que estn provocando, con su falta de accin o con sus acciones, el cambio climtico que afecta tan negativamente a la naturaleza y a la vida de los seres humanos [128].

Pero a un nivel ms profundo y oculto, la CIA lleva aos preocupndose por la manipulacin del clima para emplearlo como arma contra los pueblos rebeldes [129], utilizndose ya durante la guerra contra Vietnam, y desde 1996, como mnimo, existe un informe pblico de las Fuerzas Areas yanquis sobre la manipulacin climtica.

Adems del cambio climtico, la crisis hdrica, alimentaria y sanitaria, el capitalismo se enfrenta a la dramtica disminucin de otros recursos como el agotamiento de las reservas de minerales estratgicos, de las tierras raras, nombre dado a un conjunto de quince lantnidos (lantano, cerio, praseodimio, neodimio, prometeo, samario), o tierras raras livianas. Las tierras raras pesadas son europio, gadolinio, terbio, disprosio, holmio, erbio, tulio, iterbio y lutecio. El escandio y el itrio tambin son consideradas tierras raras. Estas tierras raras son imprescindibles para cualquier desarrollo tecnolgico, son por tanto vitales, y por ello causa de guerras:

El cerio y el erbio participan de la composicin de aleaciones metlicas especiales; el neodimio, holmio y disprosio son necesarios en ciertos tipos de cristales de lser; el samario es un componente esencial de los imanes permanentes ms intensos que se conocen y que han abierto el camino para la creacin de nuevos motores elctricos; el iterbio y el terbio tienen propiedades magnticas que se aprovechan en la fabricacin de burbujas magnticas y dispositivos pticos-magnticos que sirven para el almacenaje de datos en las computadoras; y el europio y el itrio excitan al fsforo rojo en las pantallas a color. Otras aplicaciones tienen que ver con fenmenos catalticos en la refinacin del petrleo, elaboracin de cermicas superconductoras, fibras pticas, refrigeracin y almacenaje de energa, vidrios de alto ndice, polvos de pulido en ptica, bateras nucleares, captura de neutrones, tubos de rayos X, comunicacin por microondas, tubos de haz electrnico, equipos de imgenes en medicina, entre otros usos relevantes de las tecnologas modernas [130].

A la tremenda escasez de tierras raras hay que sumar el agotamiento de las reservas minerales estratgicas normales todava existentes:

El posible fin mineral del planeta Tierra constituye una relativa novedad cientfica internacional de alarmantes consecuencias. Antes de enfrentar una crisis energtica, la humanidad enfrentar una crisis de escasez generalizada de minerales. En pocas dcadas, nuestra civilizacin habr consumido los combustibles fsiles y dispersado los mejores materiales por el planeta sin posibilidad real de recuperacin. El colapso sistmico es cada vez ms evidente, a menos que se gestione de forma radicalmente distinta el recurso mineral. El proceso de reciclaje podr posponer el pico pero no lo evitar. De los 57 minerales existentes, 11 (casi el 20%) ya llegaron a su mxima extraccin: mercurio (1962), telurio (1984), plomo (1986), cadmio (1989), potasio (1989), fosfato (1989), talio (1995), selenio (1994), zirconio (1994), renio (1998) y galio (2002). Y ms de la mitad de los minerales llegarn a su punto mximo de extraccin en los prximos treinta aos [131].

Acabamos de decir que adems de algunos instrumentos de sojuzgamiento fsico y mental brevemente expuestos, tambin el lenguaje comn invisibiliza la realidad de la lucha de clases, del imperialismo ecolgico, de la ley de la acumulacin de capital, etc.: a lo sumo que se llega es a reconocer la huella empresarial en el clima [132] como quien rastrea algo desconocido y encuentra huellas que pueden sugerirle una solucin parcial pero nunca definitiva: a qu sistema de produccin pertenecen los empresarios? Qu intereses defienden y quienes son los y las ms golpeadas por sus decisiones?

No solo se echa la culpa al ser humano [133] en el desencadenamiento de la sexta extincin de la vida en el planeta, a la sociedad y al antropocentrismo, en vez de al sistema capitalista, sino que la responsabilidad del exterminio de muchas especies y del peligro de extincin de otras 22.400 especies a la gula humana [134]. El Quinto Informe de Evaluacin del IPCC, o calentamiento climtico, muestra que este golpea y golpear todava ms fuertemente a la mayora de la humanidad, la empobrecida, que sufrir ms que la minora enriquecida; adems estos cambios estn al borde de ser irreversibles, pero el informe insiste en su origen antropocntrico [135].

Masivamente, se acusa a los seres humanos y no al capitalismo del cambio climtico, y aunque alguna vez se haga una crtica rigurosa de la responsabilidad de las grandes corporaciones y de los partidos conservadores y derechistas en la crisis ambiental, sin embargo en ningn momento se profundiza en la denuncia especfica del sistema capitalista [136]. No hace falta decir que esta licuacin del rigor intelectual tambin afecta a la poltica, etc. Es la industria poltico-meditica la que fabrica y actualiza una forma ignorante y lbil de hablar sin conceptos radicales, cientficos, divulgando unas ideas y marginando otras. En su respuesta a Garca Linera, A. Teiltebaum sostiene que

En los medios culturales, ideolgicos, polticos y cientficos, se produce una especie de seleccin o jerarquizacin -entre espontnea y provocada- del prestigio o renombre de determinadas personas, donde ocupan casi siempre los primeros puestos los que (dicho de manera muy esquemtica) tienen en comn algunas de las siguientes ideas: no cuestionar la propiedad privada de los medios de produccin y de cambio; atribuir al mercado capitalista la cualidad de inherente a la sociedad humana; no cuestionar el sistema poltico-social elitista existente (la llamada democracia occidental o democracia representativa) y el rechazo (expreso o no) del materialismo histrico y dialctico como mtodo de investigacin en las ciencias sociales y en las ciencias llamadas duras [137].

La charlatanera que se produce en esta industria es diariamente emitida en televisiones y radios. Muy oportunamente J. P. Garnier cre la expresin voluntad de no saber, de negarse conscientemente a conocer la realidad insoportable: La voluntad de no saber [] capitalismo, imperialismo, explotacin, dominacin, desposesin, opresin, alienacin Estas palabras, antao elevadas al rango de conceptos y vinculadas a la existencia de una guerra civil larvada, no tiene cabida en una democracia pacificada. Consideradas casi como palabrotas, han sido suprimidas del vocabulario que se emplea tanto en los tribunales como en las redacciones, en los anfiteatros universitarios o los plats de televisin [138].

A lo anterior hay sumar que el papel de la industria universitaria como fbrica de ignorancia funcional, de conculcacin de una forma de interpretar la realidad que desconoce absolutamente los rudimentos de la dialctica. D. Harvey sostiene que:

Una de las cosas curiosas de nuestros sistemas educativos, sealar de paso, es que cuanto ms formado est uno en determinada disciplina, menos probable es que se haya acostumbrado al mtodo dialctico. De hecho, los nios son muy dialcticos; lo ven todo el movimiento, en contradiccin y transformacin. Tenemos que ejercer un inmenso esfuerzo para arrebatarles esa capacidad y que dejen de ser buenos dialcticos. Marx quera recuperar la capacidad intuitiva del mtodo dialctico y ponerla en funcionamiento para entender que todo est en proceso de cambio, todo est en movimiento. No habla simplemente de trabajo; habla de proceso de trabajo. El capital no es una cosa, sino ms bien un proceso que solo existe en movimiento. Cuando la circulacin se detiene, el valor desaparece y todo el sistema se viene abajo [139].

Exactamente lo mismo pero con otras palabras viene a decir Gonzalo Pontn basndose en su muy dilatada experiencia como editor e intelectual. Tras afirmar que de la universidad sale gente muy analfabeta [140] no duda en poner el dedo en la llama de la ignorancia de los economistas y de todos los cientficos sociales en general-, y hablando sobre las lecturas y preparacin terica de los economistas antes y durante la actual crisis, capacitndose as para prevenirla y superarla, afirma sin tapujos que: los estudiantes y los profesores de economa son los ms analfabetos [...] ellos no nos pueden explicar lo que ha sucedido porque tericamente tenan que haber sabido lo que iba a suceder.

La licuacin del rigor conceptual e intelectual es tanto ms grave cuanto que la gente alienada generalmente interpreta su malvivir bajo la presin compulsiva del deseo consumista [141], por lo que se hace urgente su crtica terica y prctica:

La nacionalizacin de los grandes monopolios de produccin capitalista, bajo control de los trabajadores, sindicatos, organizaciones populares, democrticos, elegidos por la sociedad deben ser un eje fundamental para la construccin de un proyecto socialista, como tambin para la superacin de los problemas del consumismo irracional y daino en la sociedad. Con esto, se lograr controlar activamente la produccin y el consumo, cmo administrar la produccin para producir productos tiles, sanos al consumo y duraderos. Para ello, necesitar ser parte por lo menos de la discusin social, planificada de la produccin y deber influir con su voto, como desde su decisin y criterio en el desarrollo de la produccin [142].

La lucha contra el consumismo va mucho ms all que las siempre necesarias reivindicaciones de otra forma de consumo que, empero, se limitan a la superficie del problema, o dicho ms exactamente: se limitan a la esfera de la circulacin de las mercancas que van a ser consumidas pero no al decisivo nivel interno de su produccin. Es aqu, en la produccin capitalista, en donde hay que intervenir decididamente contra, por ejemplo, la obsolescencia programada.

Desde la ptica marxista [143] es la clase trabajadora la primera interesada en producir bienes de obsolescencia indefinida, de calidad y uso mltiple, mientras que es el capital quien necesita productos de muy poca duracin. Fue a raz de la crisis de 1929 cuando la burguesa comenz a pensar en reducir el tiempo de uso de las mercancas y a partir de 1950 la obsolescencia programada y la psicotecnia del marketing publicitario [144] irrumpieron definitivamente reforzando la explotacin a travs del consumo [145]. Una vez en el interior de las contradicciones sociales, que surgen en el nivel de la produccin, vemos que cambiar las formas de consumo exige cambiar las de su produccin, lo que nos enfrenta directamente a la burguesa y a su propiedad privada.

Pero la Ecologa Poltica tiende a evitar en lo posible el empleo de conceptos cargados polticamente como los arriba empleados. En un breve artculo F. Marcellesi hace malabarismos verbales para responder negativamente a la pregunta que l mismo plantea sobre si la Ecologa Poltica es de izquierdas: viene a decir que rechaza el colectivismo de la izquierda y el liberalismo de la derecha porque la Ecologa Poltica es una especie de tercera va [146] entre ambos extremos. H. Daly, otro de los idelogos fundamentales de esta corriente reformista, sustituye el concepto de capitalismo por el de economa humana y si alguna vez menciona el capitalismo o los capitalistas es en referencia a las premisas que se utilizan en la economa ortodoxa del crecimiento [147].

Sin duda ello es debido tanto a su opcin poltica ya nombrada como a su origen ideolgico que se remonta a las nociones econmicas de la rama neoclsica convencional que, a su vez, se apoya en el gigantesco aparato estatal acadmico, empresarial y meditico del neoliberalismo dominante. Todo ello hace que la Ecologa Poltica no contemple la lucha de clase como fuerza estructurante y que la propiedad privada sea aceptada como garanta para controlar los abusos que pueden cometerse si es colectiva: el propietario privado tendr que asumir los costos de la sobreproduccin, que los acomparar con sus ingresos, mientras que, en rgimen abierto, los usuarios tendern al despilfarro por que no estn supeditados a calcular los costos y los ingresos [148].

Si bien esta corriente pretende estudiar las relaciones econmicas con la naturaleza, como tambin lo hace el marxismo, sin embargo, cree que puede lograrse en el marco de la racionalidad burguesa, mientras que Marx  pens que el prerrequisito para una teora basada en el valor de uso era cambiar la racionalidad, el sistema econmico y social [149].

M. Alier sostiene que la Ecologa Poltica no quiere resolver los conflictos que causa la crisis socioecolgica, y los que misma causa a su vez, sino que busca solucionar problemas como la prdida de biodiversidad y otros [150] recurriendo exclusivamente al pacifismo gandhiano de resistencia cvica; como ejemplo de las limitaciones de la Ecologa Poltica segn la versin de M. Alier tenemos que en ninguna parte de su texto hace referencia a la lgica capitalista en profundidad aunque cita la definicin que hizo W. K. Kapp segn la cual el capitalismo es un sistema de costos sociales no pagados.

Segn J. Iglesias: En los argumentos de Alier que defienden la eficiencia de la propiedad privada sobre la propiedad pblica -vase El ecologismo de los pobres: India. Mxico y Per, de J. Martnez Alier-, nos parece encontrar de manera encubierta, un acatamiento al mandamiento nico del capitalismo: no atentars contra la propiedad privada [151].

Desde luego, el que cumple ese mandamiento y respeta la propiedad burguesa en su sentido fuerte y real es F. Marcellesi. Vayamos por partes y cronolgicamente. F. Marcellesi [152] propone diez medidas para combatir la crisis socioecolgica: empieza definindola con tres caractersticas: crisis de modelo, de escasez y de tica de una sociedad basada en el productivismo desde 1945 y en el neoliberalismo desde finales de los aos 70. Por lo que se lee aqu, parece que el productivismo no exista antes de esa fecha y la pregunta es exista entonces el capitalismo?

Para resolver esta triple crisis, la Ecologa Poltica propone: 1) establecer los lmites de los recursos; 2) construir una macroeconoma ecolgica; 3) relocalizar la economa; 4) establecer un New Deal verde; 5) hacer un uso masivo de la jornada laboral y del reparto del trabajo; 6) (re)distribuir la riqueza a travs de una renta mxima, una renta bsica de ciudadana y una fiscalidad sobre los capitales y los recursos naturales; 7) Convertir la banca tica en norma para el sector financiero; 8) desmantelar la lgica social del consumismo; 9) reestructurar nuestras ciudades y territorios; y 10) poner en marcha una democracia participativa.

Muchas de estas propuestas entran dentro de lo que M. Husson llama verdear el capitalismo, por las que hay que luchar pero desde y para una estrategia revolucionaria orientada al desarrollo del socialismo ecolgico antiimperialista, estrategia ausente en la Ecologa Poltica. Es muy significativo el punto 4 sobre el New Deal verde porque el New Deal pudo aplicarse gracias, entre otras cosas, tanto a las sobreganancias obtenidas por el saqueo imperialista externo como a la represin interna de la izquierda popular, obrera, sindical y poltica [153]. Es importante este punto 4 porque los otros nueve nos remiten directa o indirectamente al Estado: cmo forzar al sector financiero que se suicide funcionando con las normas de la supuesta banca tica? Preguntas idnticas debemos hacer a las restantes propuestas, y con respecto a la 4 la pregunta es: acepta como modelo de Estado el que exista en Estados Unidos entre 1929-1941? Un intento de respuesta lo encontramos en otro texto inmediatamente posterior.

Preguntndose por cmo transformar al Estado [154] para adaptarlo a las necesidades de la Ecologa Poltica, Marcellesi propone tres puntos: Una descomplejificacin del Estado, es decir una menor necesidad de recursos energticos para alimentar sus estructuras y que s sean capaces de adaptarse a la nueva realidad socio-ecolgica. Su descentralizacin, que permita un circuito corto de produccin-consumo de servicios pblicos as como un acercamiento de las decisiones democrticas a nivel local. Y Una desestatalizacin: de la mano de la desmercantilizacin, es una devolucin de poder a las comunidades y un refuerzo de la democracia desde abajo (barrio, municipio, comarca, etctera).

Nada de lo propuesto es radicalmente nuevo. En su vaporosa abstraccin sociohistrica y vaciedad conceptual pueden incluso referenciarse a las tesis de Marx y Engels sobre las lecciones de la Comuna de Pars de 1871 y a los estudios de Lenin sobre el Estado: los tres insisten en Estados y gobiernos baratos, descentralizados y sujetos a los consejos, soviets y comunas.

Marcellesi reconoce que la burguesa puede terminar recurriendo a su violencia para seguir poseyendo su Estado, pero admitiendo esta posibilidad o probabilidad no planea medidas preventivas sino que p ara que la transicin sea cuanto ms ordenada y pacfica posible, es necesario pensar por tanto la institucionalizacin y generalizacin de las prcticas e iniciativas llevadas desde abajo, pero en ningn momento plantea la destruccin del Estado burgus y la construccin de otro, el Estado obrero. Concluye as su artculo: En este contexto, la cuestin del Estado su realidad y su potencial tanto de resistencia como de cambio es clave de cara al futuro y hace falta desarrollar un discurso y una prctica que tengan en cuenta su papel en la transicin hacia una sociedad equitativa y ecolgica.

Muy posiblemente, M. Lebowitz incluira a Marcellesi en el grupo de los fantaseadores modernos. Lebowitz estudia la transicin del Estado capitalista al Estado socialista, analizando las grandes dificultades del pueblo para lograrlo, entre ellas destaca que el viejo Estado burgus funciona como un todo coherente capaz de tener una visin global de la marcha de la crisis, cosa mucho ms difcil para el pueblo oprimido en su avance:

Por el contrario, el viejo Estado es capaz de ver el cuadro como un todo desde el primer momento. Cuando hay revolucionarios en el gobierno del viejo Estado, es posible hacer frente no solo a capitales individuales sino tambin al poder del capital como un todo. Esto es esencial, ya que el proceso de la subordinacin del capital requiere que la clase obrera le arrebate al capital el poder del Estado existente (y por lo tanto elimine su acceso a las fuerzas militares del Estado). Esta es la fuerza del viejo Estado: est situado para identificar los cuellos de botella crticos y lugares que requieren una concentracin de fuerzas (incluyendo para defender el proceso militarmente de los enemigos externos e internos). Podemos imaginar la construccin de una nueva sociedad sin arrebatar el poder existente a aquellos que lo poseen en la sociedad anterior? A diferencia de los fantaseadores modernos, Marx comprenda que la transferencia de las fuerzas organizadas de la sociedad, o sea, del poder estatal, de los capitalistas y los terratenientes a los productores es necesaria; comprenda que no se puede cambiar el mundo sin tomar el poder [155].

Lebowitz parte del principio de que las fuerzas revolucionarias han llegado al gobierno del viejo Estado y que lo utilizan en la medida de sus posibilidades, de que esas fuerzas se han formado mediante la militancia colectiva e individual simultnea [156], y que hay grandes principios que dirigen y rigen el proceso liberador: la propiedad social de los medios de produccin; la produccin organizada por trabajadores; la satisfaccin de las necesidades y los procesos comunales [157]. Nada de esto aparece en la Ecologa Poltica ni en F. Marcellesi. Por el contrario, respondiendo a preguntas de Mara Cappa, opina que:

Primero hay que cambiar individualmente, si no difcilmente vas a ser coherente contigo mismo y exigirle a nadie que cambie nada. Pero solamente esto no es suficiente. Tambin hace falta un cambio colectivo, que pasa por recuperar y ejercer el poder que est en nuestras manos. Esto se puede lograr a travs de cooperativas como MsPblico en informacin, como Som Energia en cuanto a energa, como SostreCvic en vivienda O sea, hay que juntarse con otras personas y ejercer nuestro poder de forma colectiva. [...] la ecologa poltica es autnoma, no se puede reducir a la socialdemocracia, al comunismo o a ninguna otra ideologa. La ecologa poltica es una ideologa independiente. Una vez dicho esto, tambin hay que reconocer que tenemos una lucha comn con otros movimientos. Cuando hablamos de justicia social hay que saber reconocer que existen bastantes similitudes con las ideologas ms asociadas a la izquierda y que pasan por defender a los ms pobres. Y, justamente, reconociendo los nexos que podemos tener con los dems es como se puede construir, a largo plazo, la mayora social, que es fundamental.

Y qu es la ecologa poltica? Por hacer una definicin breve, dira que es aquella que propone justicia social y ambiental en el norte y en el sur para las generaciones presentes y futuras y de forma armnica con la naturaleza [158].

Las diferencias entre marxismo y ecologismo poltico aparecen aqu ntidamente expuestas, pero vuelven a confirmarse leyendo algunas opiniones de N. Klein [159], que quiere movilizar a amplias capas sociales en loables y necesarias movilizaciones democrticas, anti-consumistas, de ahorro y racionalizacin energtica, de reciclaje, etc., pero que en ningn momento plantea ir a la raz del problema: la lgica capitalista, la propiedad burguesa y el Estado imperialista. Su reformismo ecologista llega incluso a jugar con el concepto de eco-revolucin [160] pero despus de haberlo vaciado de su radicalidad comunista.

Una propuesta mucho ms coherente que la de N. Klein es la de J. Coronado: tras demostrar que el causante del calentamiento climtico es el capitalismo, sus incontrolables flujos financieros astronmicos, las prcticas especulativas ilegales que eluden todos los controles de los pueblos saqueados, etc., propone una nueva Arquitectura Financiera Global y Gobernanza Global, que ponga el acento en las personas y no en los negocios, que ponga el acento en la complementariedad y no en la competitividad, que ponga el acento en la igualdad y no en la desigualdad, y que establezca que hay responsabilidades compartidas, pero obligaciones mayores de acuerdo a la mayor responsabilidad de quienes ms contaminan y depredan el planeta [161].

El limitado espacio disponible imposibilita al autor extenderse en los medios, tcticas y alianzas internacionales necesarias para llegar a ese objetivo, aunque se echa en falta siquiera una reflexin sobre los objetivos ltimos a lograr: hay que luchar por la propiedad socialista o debemos limitarnos a que el decrecimiento, el capitalismo verde y la Ecologa Poltica convenzan al imperialismo que se autodisuelva voluntaria y pacficamente?

Concluimos con estas palabras de F. Jameson:

La originalidad paradjica e incluso podramos decir dialctica- del anlisis de Marx radica en el hecho de que en El Capital el sistema se caracteriza por una unidad de los opuestos, y entonces es el sistema abierto del capitalismo el que resulta ser cerrado. En otras palabras, lo abierto del capitalismo es su dinmica de expansin (de acumulacin, de apropiacin, de imperialismo), pero a su vez esta dinmica es fatdica y necesaria: el sistema no puede no expandirse; si permanece estable, se estanca y muere; debe continuar absorbindolo todo a medida que a medida que avanza, interiorizar todo lo que hasta entonces era exterior a l. As, mediante un quiasmo que ha devenido dialctico, todo lo que era malo en la calificacin de lo cerrado se ha transferido a lo abierto sin que necesariamente haya ocurrido lo mismo a la inversa. El capitalismo es entonces eso que a veces se denomina mquina infernal, un movimiento perpetuo o milagro innatural cuyas fortalezas resultan de su parte ms intolerable [162].

Y por fin:

Pero la fuerza y el logro construccional de El Capital consisten precisamente en evidenciar que las injusticias y desigualdades forman parte estructural de este sistema total, con lo cual nunca pueden ser reformadas en un sistema en el que lo econmico y lo poltico se han fusionado, las tcticas tales como las que se implementan en la regulacin gubernamental son meras construcciones verbales y retricas ideolgica, puesto que por definicin su funcin y propsito consiste en ayudar a que el sistema funcione mejor. El argumento en favor de la regulacin es un argumento en favor del control ms eficiente del sistema econmico, con el objeto de prevenir o evitar su colapso. Tal como lo anunci hace mucho tiempo Stanley Aranowitz, la vocacin de la socialdemocracia, como opuesta a una diversidad de partidos facciosos, consiste en tener siempre presentes los intereses totales del capitalismo y mantener su funcionamiento general [163].


Notas

[1] R. Vega Cantor: El imperialismo ecolgico, Herramienta, n 31, marzo de 2006, pp. 71-99.

[2] 2 J. Beinstein: Convergencias. Origen y declinacin del capitalismo, 6 de mayo de 2013 ( www.lahaine.org ).

[3] 3 F. Engels: Contribucin a la crtica del proyecto del programa socialdemcrata de 1891, Obras escogidas, Progreso, 1978, tomo III, p. 453.

[4] 4 13 de junio de 2013 ( www.elpais.com ).

[5] 8 de abril de 2015 ( www.publico.es ).

[6] F. Engels,  Esbozo de crtica de la economa poltica, Los anales franco-alemanes, Martnez-Roca, Barcelona 1973, p. 131.

[7] F. Engels, Esbozo de crtica de la economa poltica, idem, p. 132.

[8] F. Engels, Esbozo de crtica de la economa poltica, idem, p. 137.

[9] F. Engels, Esbozo de crtica de la economa poltica, idem, pp. 138-139.

[10] K. Marx. El Capital, FCE, Mxico 1973, libro III, p. 575.

[11] I. Senz de Ugarte: Entrevista con Tristram Hunt: Marx entendi el capitalismo gracias a Engels, 15 de marzo de 2011 ( www.lahaine.org ). G. Stedman Jones: Semblanza de Engels, Historia del marxismo. El marxismo en tiempos de Marx (2), Bruguera, 1980, pp. 245 y 281, pp. 289-290.

[12] J. Iglesias Fernndez: El final est cerca, pero el comienzo tambin. Desde el marxismo, reflexiones para la recuperacin del ecologismo. Para escudriados y Baladre, Cochabamba, Bolivia, 2014, pp. 37-45.

[13] A. Woods y T. Grand: Razn y revolucin. Filosofa marxista y ciencia moderna. Fundacin F. Engels, Madrid, Madrid 1995, p. 440.

[14] J. Iglesias Fernndez: El final est cerca, pero el comienzo tambin. Desde el marxismo, reflexiones para la recuperacin del ecologismo. Para escudriados y Baladre, Cochabamba, Bolivia, 2014, pp. 109-116.

[15] F. Engels, La situacin de la clase obrera en Inglaterra, OME, Crtica, Barcelona 1978, pp. 490-507.

[16] K. Marx: El Capital, FCE, Mxico 1973, libro I, p. 328.

[17] K. Marx: El Capital, FCE, Mxico 1973 , libro I, pp. 423-424.

[18] K. Marx: El Capital, FCE, Mxico 1973 , libro III, p. 753.

[19] D. Harvey: Diecisiete contradicciones y el fin del capitalismo, Traficantes de sueos, Quito, Ecuador, 2014, pp. 219-240.

[20] J. Prats: Los nios pobres sufrirn toda su vida los efectos de la crisis, 27 de marzo de 2015 ( www.elpais.com ).

[21] 17 de febrero de 2015 ( www.naiz.eus ).

[22] 19 de noviembre de 2014 ( www.elpais.com ).

[23] 25 de noviembre de 2014 ( www.publico.es ).

[24] 26 de marzo de 2014 ( www.rebelion.org ).

[25] P. Gonzlez Casanueva: Ecocidio: conocimiento y corporaciones, marzo de 2013 ( www.rcci.net ).

[26] D. Harvey: Gua de El Capital de Marx, Akal, Madrid 2014, p. 35,

[27] K. Marx, El Capital, FCE, Mxico 1973, libro I, p. 10.

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Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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