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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-04-2015

Un cambio sustancial

Antonio Antn
Rebelin


El escenario poltico ha cambiado. El tiempo de mayoras absolutas ha quedado atrs, de forma irreversible. Los dos grandes partidos gobernantes, PP y PSOE, sufren una profunda crisis de legitimidad ciudadana. Sus apoyos electorales se han reducido en cerca de treinta puntos. El declive del bipartidismo es claro y se ha agotado como frmula exclusiva de alternancia en la gestin pblica.

Las causas de este proceso son profundas. Las resumimos en dos: su responsabilidad gubernamental y desde las instituciones europeas en la ejecucin de una poltica de austeridad y recortes sociales, de un proyecto injusto de gestin de la crisis social y econmica que genera ms desigualdad; su prepotencia institucional y sus vnculos con los poderosos, por encima y en contra de la mayora de la ciudadana, sus intereses y demandas, con el incumplimiento de sus contratos sociales y electorales y, a menudo, contaminados por privilegios y corrupcin.

La exigencia de un cambio en la orientacin de la poltica social y econmica y por la democratizacin poltica e institucional, es apoyada por la mayora de la sociedad. El masivo movimiento de protesta progresista de estos aos y la irrupcin de un electorado indignado han impuesto esta nueva agenda, frente al continuismo de la estrategia liberal-conservadora. A pesar de todos sus intentos comunicativos, las cpulas del PP y el PSOE no consiguen recuperar la suficiente credibilidad social para encabezar este nuevo proceso de regeneracin democrtica, respeto a las demandas ciudadanas y garantas para los derechos sociales y laborales y un empleo decente.

No obstante, permanecen incgnitas y riesgos sobre la profundidad, la orientacin y el tipo de cambio, la existencia de suficientes fuerzas sociales para su apoyo y, particularmente, para definir el ritmo y las prioridades en su aplicacin y el tipo de acuerdos y conflictos posibles. El dilema bsico est entre un cambio superficial en la renovacin poltica, manteniendo la continuidad bsica de las polticas socioeconmicas con fuerte desigualdad social y paro masivo, y un cambio sustantivo que apunte a una fuerte democratizacin poltica y un giro social y econmico progresista. El camino y el horizonte del cambio se dividen: se puede avanzar hacia una democracia con un contenido fuertemente social que satisfaga las principales demandas populares, o se puede mantener una democracia dbil anclada en una gran desigualdad y la vieja estructura de poder. Es decir, casi toda la clase poltica acepta ya la retrica del cambio, pero una oferta es cambiar algo para continuar con lo fundamental de lo viejo, y otra iniciar un cambio que est conectado con un proceso y un objetivo de transformacin autntica en los dos planos principales, socioeconmico y poltico-institucional.

El ritmo y las prioridades del cambio dependen de los apoyos sociales

Han aparecido nuevos actores polticos. En primer lugar, Podemos, con un continuado ascenso de la estimacin de voto hasta alcanzar, al menos, el nivel de las otras dos grandes fuerzas institucionales, con un perfil de defensa de los derechos sociales y la democratizacin poltica frente a los de arriba, sus ventajas y su corrupcin. En segundo lugar, de forma ms reciente, Ciudadanos, que se acerca a las otras tres, pero solo con un cambio de estilo y personas, en contraposicin al PP, y sin cuestionar la poltica econmica, y ha conseguido un amplio voto favorable entre el electorado de centroderecha deseoso de mayor decencia poltica.

Es evidente que se ha generado una masiva dinmica ciudadana por el cambio social y poltico. Pero, para definir el significado y las condiciones del cambio, quiz es mejor empezar por formular las preguntas ms adecuadas: esas tendencias electorales, expresan la aspiracin mayoritaria a un cambio superficial o a una transformacin profunda?; qu alcance y profundidad tienen las dinmicas sociopolticas que apuntan a la necesidad del inicio de un cambio de rumbo en la poltica socioeconmica y el impulso de la democratizacin y regeneracin de la vida pblica?; qu grado de madurez y consistencia tienen las mayoras sociales en su disposicin para imprimir un giro significativo en materia social y econmica, con la negociacin y el conflicto que supone con los poderosos y en particular las instituciones de la UE?; qu programa de mnimos y emergencia social, transparencia democrtica y regeneracin pblica, puede tener suficiente valor simblico y poltico para garantizar el comienzo de un largo camino de superacin de esta crisis y es susceptible de un amplio acuerdo popular y con sus instituciones sociales y polticas ms representativas?.

La respuesta a estos interrogantes es lo principal para el debate pblico. Abordar, simple o prioritariamente, el problema de la estabilidad gubernamental, mediante pactos que garanticen mayoras parlamentarias, volvera a conducirnos a un callejn sin salida. Se trata, ante todo, de que las lites polticas, incluso en el mismo momento en que son elegidas, confirmen su respeto por el mandato ciudadano, reafirmen la credibilidad de su papel representativo y delegado y se sometan a la deliberacin y el mandato pblicos. Todava ms en el mbito local ante la existencia de un importante movimiento municipalista. Sin esa profunda regeneracin y renovacin democrtica y el impulso participativo de la ciudadana no se podr realizar el imprescindible cambio social, econmico e institucional.

Para Podemos, igual que para Izquierda Plural y otras fuerzas sociales y polticas progresistas, es fundamental e innegociable su orientacin global transformadora. Lo que se dilucida es el proceso de su implementacin, las prioridades con un fuerte contenido social y simblico, los equilibrios segn los apoyos sociales para su gestin institucional. Para ello es imprescindible un ejercicio de realismo para conocer el punto de partida del apoyo y la legitimidad ciudadana a los pasos y propuestas planteados. Se trata de analizar las restricciones y condicionamientos derivados de las dinmicas institucionales y estructurales, las presiones previsibles de los distintos poderes fcticos. Pero, sobre todo, contar con la disponibilidad y confianza de la mayora de la ciudadana, su dimensin y consistencia, la credibilidad y confianza cvica en las nuevas lites representativas, necesitada de renovacin y refuerzo y cuyo buen hacer democrtico debe ser constante. La tensin y el reequilibrio se producen entre, por un lado, la reafirmacin en los objetivos transformadores y, por otro lado, la gestin compartida de las medidas intermedias o mixtas, los pasos mnimos y prioridades, en resumen los acuerdos y pactos avalados por segmentos relevantes de la poblacin. El aspecto principal es el fortalecimiento del contrato social y poltico de las lites institucionales con el grueso de la ciudadana, la conquista de la credibilidad y confianza popular en la gestin poltica de las lites gobernantes para garantizar un cambio sustancial y un camino hacia el progreso.

Gobernabilidad y pactos

La estabilidad gubernamental e institucional es positiva siempre que garantice una gestin democrtica en beneficio de la poblacin. La experiencia inmediata nos dice que ha sido utilizada para ampliar los privilegios de una clase poltica, autonomizada de sus compromisos sociales y democrticos con la sociedad, y defender los intereses de los poderosos, principalmente, financieros. El declive de la simple alternancia bipartidista abre un nuevo escenario del sistema de partidos y los equilibrios institucionales.

Segn la ltima encuesta de abril de Metroscopia se configurara, a nivel estatal, un cudruple empate, entre el 19,4% y el 22,1% (entre el 17% y el 24% contando con el margen de error estadstico). Todo ello evidencia la imposibilidad, de cada partido por separado, de una gobernabilidad con suficiente estabilidad institucional. Por un lado, todos ellos, incluido el portavoz andaluz del PP, apuestan por el cambio, ya sea sensato, seguro o autntico. Por otro lado, se impone la necesidad de acuerdos y, por tanto, gana cierta indefinicin programtica, poniendo por delante quin manda antes que el para qu.

La campaa y el discurso de Susana Daz han sido un ejemplo de ello: refuerzo de su continuidad como representacin de Andaluca, aunque apenas supere el tercio de votos vlidos (no llega al 23% del censo), y rechazo respecto del Gobierno central conservador; garanta de la estabilidad institucional y el orden socioeconmico frente al desastre de la gestin del PP o su idea sobre el carcter iluso o catico de las propuestas de Podemos. Esa imagen le ha permitido frenar el descenso de la marca PSOE, asociada, a pesar del cambio personal del equipo dirigente y su alejamiento de las responsabilidades gubernamentales, a las inercias del pasado. La excepcin conseguida es retener su posicin dominante para imponer su programa y su gestin. Esa situacin prevalente, con cierta autonoma frente a los pactos con otros partidos, es envidiada por el resto de barones territoriales del PSOE y su secretario general. Pero es difcilmente repetible en otros mbitos.

Sigue quedando en el aire, desde una perspectiva progresista, analizar el sentido y el alcance del cambio en el actual ciclo electoral hasta las elecciones generales y qu fuerza, dentro del empate actual y una geometra variable, encabeza la iniciativa de la gestin institucional. Empecemos por lo que ofrecen los principales partidos sobre la gobernabilidad.

Cada uno de los principales partidos (PP, PSOE y Podemos), aspira a obtener por separado la mayora suficiente y distante de los otros dos para garantizarse la preponderancia en la composicin gubernamental y la aplicacin de su programa.

La experiencia socialista en las recientes elecciones andaluzas, enseguida ha servido para reforzar este modelo deseable para ellos. El PSOE (35,4%) ha mantenido sus 47 escaos y se ha colocado a una distancia significativa frente al PP (26,7%) y Podemos (14,8%); pero ha perdido ms de cuatro puntos respecto de las elecciones autonmicas anteriores de 2012. El PP ha perdido casi catorce puntos; es decir, entre ambos partidos de gobierno han perdido dieciocho puntos. Mientras tanto, a pesar del fuerte retroceso de IU, sumados sus votos a los de Podemos, este electorado crtico con el poder establecido se incrementa en ms de diez puntos. Es decir, en el mbito y el momento ms favorables, Andaluca, con una fuerte campaa personalista de Susana Daz, una extraordinaria estructura territorial y una slida base social y confrontando con el Gobierno de Madrid, con tintes nacionalistas y demaggico-populistas, el PSOE no ha impedido la tendencia del deterioro de su legitimidad social, ni evitado el salto adelante de Podemos (y Ciudadanos). Aun as, a tenor de los estudios demoscpicos, e incluso de la propia lder andaluza, interesada ms en su propia marca personal no en la del PSOE, ese resultado es difcilmente generalizable en las elecciones generales o en la mayora de ayuntamientos y Comunidades Autnomas.

El PP ha comprobado tambin en Andaluca lo que vienen diciendo las encuestas: el profundo desgaste de su representatividad. Su legitimidad queda seriamente tocada. La justificacin de su estrategia de austeridad por los beneficios de crecimiento econmico y de empleo (precario), tan raquticos e inestables, no le permite retener o recuperar al grueso de su electorado desafecto, una parte del cual ha ido a engrosar Ciudadanos. Los efectos de sus recortes se siguen notando; su prepotencia y la corrupcin les pasan factura. Aunque tengan una base conservadora slida, es difcil que alcancen una posicin determinante para formar nuevo Gobierno o dirigir Comunidades Autnomas tan emblemticas como la valenciana y la madrilea o, en otro plano, la navarra. Ah queda, no obstante, la opcin de pacto con Ciudadanos como complemento para una nueva mayora de centroderecha.

En el caso de Podemos hay dos elementos a considerar sobre su expectativa de ganar con suficiente amplitud para ser eje principal o exclusivo del cambio institucional. Su representatividad electoral se ha consolidado de forma meritoria en Andaluca, en condiciones desfavorables, pero queda todava a veinte puntos del partido socialista. Estaba diagnosticado y era de esperar. Los estudios demoscpicos ms serios (CIS y Metroscopia) esta vez han acertado en sus pronsticos con un rango inferior a dos puntos, que suele ser el margen de error estadstico cuando se mantienen las mismas condiciones. No tiene mucho sentido hurgar en el perfil de su candidata o su campaa cuando han tenido poca influencia para modificar las tendencias electorales de fondo. Hay que elevar la mirada para enfocar la superacin de esos lmites. Adems, las encuestas estatales recientes diagnostican que ha alcanzado un importante y superior porcentaje de intencin directa de voto pero que se ha debilitado algo el peso del sector que expresaba su simpata hacia ellos. Supone que la estimacin de su resultado electoral sobre voto vlido se estanca o retrocede ligeramente hasta situarse por debajo de la cuarta parte del voto vlido. Influye la campaa meditica del poder establecido generando miedo al cambio o embarrando el campo de juego democrtico, el bloqueo producido por Ciudadanos a su expansin por el centro y la persistencia de un suelo electoral significativo del PSOE. Pero esa situacin tambin expresa los lmites actuales de su discurso, su actividad y su liderazgo para seguir ensanchando su base social y electoral. Mantener unas proyecciones ascendentes supone aceptar un desafo para la mejora de sus mensajes y propuestas, desarrollar su programa en el doble sentido apuntado e incrementar su capacidad de articulacin de las demandas populares, la movilizacin de todas sus capacidades y la convergencia con distintos actores crticos y alternativos.

Por supuesto, sus objetivos y su horizonte de obtener una legitimidad electoral superior al PSOE, suficiente para determinar la orientacin y la composicin gubernamental, siguen siendo legtimos; incluso son posibles en diversos mbitos autonmicos y locales como ha sucedido al revs en Andaluca con el partido socialista-. La cuestin es que una posicin tan claramente hegemnica y unilateral es improbable en las elecciones generales y la conformacin del Congreso de diputados. Y ello nos remite al tema de cmo impulsar un cambio lo ms profundo posible; cmo avanzar a pesar de los lmites de su representatividad ciudadana al no llegar a ser suficientemente mayoritario; cmo continuar andando en un camino, con curvas y cuestas, compartindolo parcialmente con otros grupos y sectores y apoyado en amplias mayoras, sin desviar el rumbo de una orientacin democrtica y de progreso.

En esa tesitura lo ms probable para impedir el inicio de un cambio institucional sustancial es la concrecin de la tendencia a un pacto de corresponsabilidad en la gobernabilidad, entre PP y PSOE, amparado en los consensos europeos entre liberal-conservadores y socialdemcratas. Pero no hay que infravalorar las grandes dificultades del partido socialista para participar de forma subordinada en ese acuerdo y legitimarlo, ni descartar las posibilidades de avanzar hacia un gobierno de progreso. Particularmente, ese camino es ms posible en mbitos locales y autonmicos en los que la cpula socialista no d un giro de ciento ochenta grados, pero s pueda hacerlo de noventa, en un mbito competencial menos dependiente de los grandes intereses y estrategias estatales, europeas y financieras. O sea, se pueden conformar acuerdos programticos mixtos, intermedios o mnimos que posibiliten el comienzo de un camino hacia dinmicas y modificaciones progresistas. Por ejemplo, es buena cosa que, en Andaluca, Podemos inicie un dilogo con el partido socialista con la reclamacin de poner freno a los desahucios, hacer dimitir a los expresidentes de la Junta, Chaves y Grin, y ampliar el empleo pblico para servicios esenciales para la ciudadana. El aspecto principal de una negociacin es la valoracin de si supone un avance de progreso, por muy limitado que sea, sin la corresponsabilidad de una gestin regresiva y prepotente, y si tiene la garanta de deliberacin, decisin y apoyo popular, no los intercambios de posiciones de poder de la vieja poltica.

En definitiva, la estrategia de austeridad, aplicada por el gobierno del PP y promovida por los poderes econmicos e institucionales europeos, est agotada. La ligera mejora de algunos indicadores macroeconmicos no derivan de los ajustes y recortes sociales aplicados sino de otras variables favorables: bajos precios del petrleo, expansin monetaria del BCE, bajos tipos de inters, plan de estmulo de la CE La recuperacin econmica es limitada y frgil y no garantiza el incremento de empleo decente y menos la reorientacin hacia un crecimiento econmico y una modernizacin productiva con bases slidas y sostenibles a medio y largo plazo. Y no goza, justamente, de credibilidad entre la ciudadana.

Esa continuidad estratgica de fondo, tambin avalada con algunos matices por la socialdemocracia europea, hace que los discursos de cambio, incluido el de Ciudadanos, se queden en la retrica o la superficie. Afectan a aspectos limitados de transparencia o renovacin generacional o medidas econmicas parciales, pero tienen el efecto de consolidar la vieja estructura de poder econmico y poltico. El continuismo consolida la prdida de derechos sociales y laborales, la fuerte desigualdad social, las graves consecuencias del paro masivo y la precariedad, la subordinacin de las capas populares, el debilitamiento de los servicios pblicos y la proteccin social y unas estructuras econmicas e institucionales obsoletas. Todo ello con el reforzamiento de la alternancia bipartidista (con el nuevo comodn de Ciudadanos), un sistema poltico anquilosado y un freno a las dinmicas reales de cambio y sus representantes sociales y polticos.

Por tanto, desde una ptica progresista, de izquierdas o de defensa popular, el objetivo de un cambio sustantivo, poltico y socioeconmico, es irrenunciable para Podemos y el resto de fuerzas alternativas y movimientos sociales progresistas. Conforma su identidad y su papel en este ciclo histrico: aprovechar la ventana de oportunidad, basada en la deslegitimacin social de los poderosos por su poltica regresiva y la persistencia de una amplia ciudadana con una cultura democrtica y de justicia social. Se trata de impulsar una transformacin profunda, social y econmica, poltica e institucional, y solidaria e integradora en el marco territorial y europeo. Esa perspectiva es la que hay que combinar con el realismo de los apoyos sociales disponibles, los acuerdos necesarios y el diseo del camino a recorrer.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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