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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-04-2015

El colapso de la doctrina Obama
La guerra del Yemen como oportunidad?

Ramzy Baroud
Politics for the People

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez.


Sugerir que las polticas de EEUU en Yemen han sido un fracaso sera un eufemismo. Implicara que EEUU habra tratado al menos de conseguir el xito. Pero xito, en qu? La guerra estadounidense con aviones no tripulados no tena otro objetivo ms que celebrar la eliminacin de quienes aparecen definidos como terroristas en la lista negra estadounidense.

Pero ahora que ha estallado una guerra civil y regional y ha quedado claro que el grado de influencia de EEUU en Yemen es limitado , la guerra contra al-Qaida en la Pennsula Arbiga (AQPA) en un contexto ms amplio de rivalidad poltica, tribal y regional- resulta insignificante.

El fracaso si es que nos decidimos a utilizar el trmino- es desde luego no slo estadounidense, sino que implica a la mayora de los aliados de EEUU que han ignorado la prolongada miseria imperante en el Yemen: pobreza, corrupcin, violencia y ausencia de horizontes polticos, hasta que finalmente el pas implosion. Cuando los hutes tomaron Sanaa el pasado septiembre, un acto en cualquier caso insensato, slo entonces se consider que la situacin en Yemen era lo suficientemente urgente como para intervenir .

As pues, de forma muy conveniente, se pas a definir a los rebeldes hutes zaides del norte como rebeldes chies, antes de transformarlos en rebeldes chies apoyados por Irn. Slo con eso fue suficiente como para trazar una lnea en la arena que sirviera de grito de guerra para que los pases musulmanes sunnes formaran una coalicin sin precedentes a fin de restaurar el gobierno legtimo del Presidente Abdrabbuh Mansur Hadi, cuya legitimidad es, en el mejor de los casos, cuestionable.

Durante mucho tiempo, EEUU pareci invulnerable a lo que incluso los analistas del Yemen admiten que es un tema complicado de entender, y no digamos ya intentar explicarlo de forma sencilla. Los aviones no tripulados de EEUU zumbaban all por lo alto ajenos a todo esto, dedicados a liquidar a cualquiera del que se sospechara que poda ser un afiliado de al-Qaida. Se revel incluso que el Presidente Obama haba aprobado una lista secreta para matar y que estaba de acuerdo en que se contaran las victimas de tal forma que fundamentalmente se designaba como combatientes militares a todos los hombres en edad militar presentes en una zona de combate.

De hecho, una cronologa de los acontecimientos acaecidos en ese depauperado Yemen muestra un extrao fenmeno por el que la implicacin estadounidense en ese pas va en paralelo, aunque de forma separada, de otros sucesos horrendos de violencia, sufrimiento y politiqueo. S, la oscura guerra de EEUU ha servido para aumentar el sufrimiento, desmoralizar la nacin y socavar cualquier proceso poltico que hubiera en marcha, especialmente tras la versin yemen de la Primavera rabe a principios de 2011. Sin embargo, EEUU prest muy poca atencin a las frgiles alianzas del Yemen y al hecho de que el pas se encaminaba velozmente hacia una guerra civil o algo incluso peor: una guerra regional directa o por poderes.

La responsabilidad de recomponer un Yemen roto qued en manos de las Naciones Unidas. Pero con la rivalidad regional entre Irn y los pases del Golfo en su momento lgido, los enviados de la ONU disponan de poco margen para negociar de forma provechosa. A pesar de las repetidas seguridades de que el dilogo nacional estaba en marcha para restaurar la entidad poltica del Yemen, todo se vino abajo.

Sin embargo, EEUU continu incansable su guerra, armando a quien pudiera parecerle un aliado, explotando las diferencias regionales y fomentando el potencial de al-Qaida en formas que excedan en mucho su presencia sobre el terreno, considerando el Yemen como una guerra contra el terror conveniente. Esto fue suficiente como para darle a Obama el tono duro que a los votantes estadounidenses les gusta tanto en sus presidentes, sin necesidad de atolladeros militares como los que su predecesor, George W. Bush, cre en Iraq y Afganistn.

Pero no era tan sencillo. Incluso una guerra limpia con aviones no tripulados activados desde lugares remotos rara vez es suficiente para garantizar resultados.

Dejando a un lado la responsabilidad moral de torturar a una nacin ya herida, EEUU pareca incapaz de entender cmo sus acciones frustran cualquier esfuerzo y contribuyen a los conflictos regionales. La forma en que se exacerbaron las lneas sectarias en Iraq tras la invasin de 2003, que provoc una guerra civil masiva pocos aos despus, fue una leccin ignorada. Lo de divide y vencers suele resultar contraproducente. Un empobrecido y brutal gobierno chi apoyado por EEUU, que se dedic tras la guerra a vengarse de las tribus y comunidades sunnes por todo Iraq, encontr la horma de su zapato con el ascenso del brutal grupo denominado Estado Islmico (EI), convirtiendo Iraq, y por supuesto Siria, en un salvaje campo de batalla.

Atrs quedaron los das en que slo las polticas estadounidenses dictaban el curso de la historia en el Oriente Medio. La guerra de Iraq fue tan catastrfica a tantos niveles que hizo que el recin electo Presidente Obama descartara la intervencin militar directa como va para conseguir objetivos polticos y estratgicos.

La doctrina Obama fue un intento de combinar el uso de la influencia militar estadounidense aunque reduciendo la intervencin militar directa- por una parte, y las alianzas regionales e internacionales, por otra, a fin de mantener la supremaca de EEUU en la regin tanto como fuera posible. Lo que pareci ser un xito relativo en Libia con el derrocamiento de Muammar Gadafi result algo demasiado difcil como para repetirlo en Siria. Las apuestas eran sencillamente demasiado altas. Rivales regionales como Irn y rivales internacionales como Rusia se resistan demasiado a cualquier intento claro de derrocar al rgimen de Bashar al-Asad. Y con el auge del EI, Asad se ha reconvertido en un papel diferente, el de tampn, a pesar de que todava se le designa como enemigo. Las declaraciones de John Kerry acerca de la disposicin a entablar conversaciones con Asad indicaron un giro radical en las polticas estadounidenses all.

Ahora, con un acuerdo nuclear preliminar alcanzado entre Irn, EEUU y sus aliados, lo ms probable es que EEUU prosiga con el ruido de sables como har seguramente tambin Irn- y no se prev que Obama promulgue un cambio importante en sus polticas regionales. Al contrario, es probable que su administracin se repliegue, ocultndose an ms detrs de sus aliados para conseguir los confusos objetivos que pueda tener en este catico momento.

Para Irn, y en un grado menor EEUU, el Yemen puede quiz ser el campo adecuado para una guerra simblica. En Why it may suit Iran to let the Saudis win in Yemen? [Por qu puede irle bien a Irn dejar que los saudes ganen en Yemen?], Daniel Levy y Julien Barnes-Dacey defienden que la actual rivalidad en el Yemen tiene en su corazn las conversaciones nucleares entre Irn y Occidente. Irn no gan nunca Yemen para perderlo de todas formas y apoyar a los hutes puede slo empujar a los enemigos rabes de Irn a un prolongado conflicto del que no hay fcil escapatoria.

Sin embargo, aunque la implicacin militar indirecta es consistente con la doctrina blica de Obama, EEUU podra an soportar perder. S, Obama puede contrarrestar las crticas republicanas los ms firmes partidarios de Israel, por tanto firmemente opuestos a cualquier acuerdo con Irn- implicando militarmente a Irn desde la distancia en una intil guerra del Yemen. Dicho esto, si los aliados de EEUU fracasan a la hora de conseguir una victoria rpida, lo que de todos modos es improbable, EEUU tendra una de estas dos opciones: renegar de sus aliados (que estn ya furiosos por el doble lenguaje estadounidense respecto a Irn) o enredarse en una guerra imposible de ganar que no puede perderse.

Que los hutes perdieran supondra ciertamente hacer que sangre la nariz de Irn, pero no mucho ms all de eso. Son los rabes y sus aliados regionales los que se arriesgan a una prdida importante debido a su implicacin directa. Y ya que la derrota no es una opcin, es probable que el atolladero del Yemen resulte ms prolongado y letal. Se ha informado de que en las primeras dos semanas de guerra han muerto ya 500 yemenes. Y es slo el principio.

Desde luego, hay una salida. Irn y sus rivales rabes deben comprender que los escenarios polticos donde uno aniquila al otro resultan imposibles de lograr. Siria constituye un supremo ejemplo, aunque trgico, de esa realidad.

Deben tambin tener en mente que EEUU que juega en ambos bandos contra el otro- est slo interesado en la regin por razones econmicas y estratgicas. Con independencia de las exageradas divisiones sectarias, los chies, sunnes y otros grupos numerosos se han entrelazado, solapado y coexistido en el Oriente Medio durante siglos. Ninguna guerra, no importa lo destructiva que sea, y ninguna alianza, no importa lo que dure, puede posiblemente cambiar esa inevitabilidad histrica.

Irn y Arabia Saud, que comprensiblemente no confan el uno en el otro, no deberan buscar sus ambiciones regionales a expensas de sus vecinos. No pueden apoyar selectivamente a varios grupos sunnes y chies, fomentando una visin terrorfica de un futuro dominado por el islam sunn o chi, mientras protestan por el sectarismo de la otra parte.

Aunque la trgica situacin del Yemen ha sido motivo de lamento ante el fracaso global, podra tambin presentar una oportunidad de compromiso poltico que empezara por el Yemen y se extendiera ms all.


Ramzy Baroud ramzybaroud.net - es doctor en Historia de los Pueblos por la Universidad de Exeter. Es editor-jefe de Middle East Eye, columnista de anlisis internacional, consultor de los medios, autor y fundador de PalestineChronicle.com. Su ltimo libro es My Father Was a Freedom Fighter: Gazas Untold Story (Pluto Press, Londres).

Fuente: http://ramzybaroud.net/the-collapse-of-the-obama-doctrine-yemen-war-as-an-opportunity/



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