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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-04-2015

La verdadera guerra de Afganistan

Anand Gopal
TomDispatch

Traducido del ingls para Rebelin por Carlos Riba Garca


De cmo crear un Blackwater afgano

Introduccin de Tom Engelhardt

 

El otro da, mientras lea el New York Times, me top con este titular: Poderoso jefe de polica afgano ultimado en Kabul. Se llamaba Mutiullah Khan. Analfabeto, alguna vez haba sido comandante de patrulla de autopista en una oscura provincia del sur de Afganistn y ahora asesinado en un premeditado ataque suicida con bomba en una calle de la capital; entonces me di cuenta de que yo conoca a ese hombre! Dado que nunca estuve a menos de algunos miles de kilmetros de Kabul, ciertamente yo no lo conoca en la acepcin normal de la palabra. Yo haba, podramos decir, compilado a Mutiullah Khan. l haba pertenecido a esa camada de nuevos seores de la guerra que se enriquecieron y ganaron poder acercando su ambicin a la guerra que Estados Unidos y al personal militar estadounidense enviado all para combatirla. Khan, en particular, hizo sorprendentes sumas de dinero mediante la formacin de un Blackwater afgano, una agencia de proteccin de los convoyes estadounidenses que llevan mercaderas a las lejanas bases de EEUU y puestos de avanzada en el sur de Afganistn, es decir, una pistola de alquiler de hecho, muchas pistolas.

Khan se convirti en el protector y benefactor de una notable mujer afgana que es el personaje clave de No Good Men Among the Living: America, the Taliban, and the War Through Afghan Eyes, el libro de Anand Gopal que yo compil y publiqu en la serie del American Empire Project, que coadministro para la editorial American Books. No exagero cuando digo que durante aos Gopal cubri la guerra de Afganistn como ningn otro periodista occidental lo ha hecho. l pas mucho tiempo conversando con aliados del presidente Hamid Karsai y con un comandante talibn, con seores de la guerra y con tipos de Operaciones Especiales de EEUU, con polticos y con amas de casa. Ha recorrido el Afganistn rural como pocos informadores estadounidenses han sido capaces de hacerlo. En ese trabajo, Gopal hizo un descubrimiento ciertamente asombroso, algo que todava debe ser asumido aqu entre nosotros.

En pocas palabras, en 2001, los invasores estadounidenses encargaron a al-Qaeda que combatiera y aplastara a los talibanes. Desde la mayor parte del liderazgo de EEUU hasta sus soldados de infantera, los talibanes estaban todos ellos preparados, incluso impacientes, para abandonar las armas, volver a sus aldeas y que les dejaran en paz. Para decirlo de otro modo, todo estaba acabado. Solo haba un problema. Los estadounidenses, embarcados en la misin de Washington consistente en ganar la Guerra Global contra el Terror, sencillamente no podan dejar de luchar. Con su incapacidad para captar la realidad de la situacin, obligaron a los talibanes a regresar al campo de batalla; fue as que crearon una insurgencia y una guerra que no podran ganar.

La primera reaccin al libro de Gopal, publicado en abril del ao pasado, fue apagada. Esto no es sorprendente, ya que las noticias que el libro puso sobre el tapete no eran precisamente un mensaje agradable en EEUU. Sin embargo, en meses recientes, el libro gan tirn: empezaron a conocerse comentarios positivos; Roy Stewart lo eligi como el libro del ao en el New Statement (Anand Gopal ha escrito la mejor obra de investigacin periodstica sobre Afganistn de los ltimos 12 aos); fue finalista del National Book Award y ahora tambin lo es para el premio Helen Bernstein a la excelencia en periodismo de la Biblioteca Pblica de Nueva York. Otra sorpresa; el libro acaba de recibir el prestigioso premio Ridenhour de 2015 (Mediante una mezcla de intrpido periodismo y aguda mirada incluso una atractiva prosa vemos y podemos entender de verdad la violencia y la tragedia de nuestra guerra ms prolongada).

Entonces, gracias a Metropolitan Books, hoy podemos ofreceros un anticipo de un esclarecedor trabajo informativo sobre la Guerra de Afganistn. Aqu, extrado de No Good Men Among the Living..., est lo que se senta cuando la guerra que el Afganistn rural daba por terminada aunque no era as, cuando los estadounidenses no pudieron parar de disparar sus armas y una nueva tanda de seores de la guerra afganos empez a utilizar la guerra contra el terror de Washington para sus propios fines. La lista de vidas rotas, entre las cuales la muy reciente de Matiullah Khan, ya tiene 13 aos y es interminable.

* * *

De cmo la fantasa estadounidense de conflicto cre el desastre de Afganistan

[Este ensayo est extrado del captulo cinco del libro de Anand Gopal No Good Men Among the Living: America, the Taliban, and the War Through Afghan Eyes. TomDispatch.com lo presenta aqu con la amable autorizacin de Metropolitan Books.]

El cielo cuajaba en gris y el viento soplaba fro y racheado mientras los hombres se apretaban en la vieja gasolinera al borde de la carretera. Empezaba diciembre de 2001 y en Band-i-Timor estaba amaneciendo; cientos de campesinos con turbante estaban sentados y pensativos, sopesando la opcin que tenan ante ellos. Una vez haban sido la espina dorsal del apoyo al Talibn, el movimiento que haba surgido no lejos de aqu y muchos de ellos haban enviado a sus hijos para lucharan en primera lnea. Pero en 2000, el mullah Omar haba decretado que el cultivo de opio era contrario al islam, y policas con ltigo se ocuparon de que la produccin parara casi de la noche a la maana. Band-i-Timor haba sido la tierra del opio desde tiempos inmemoriales, pero ahora los campos estaban en barbecho y los nios pasaban hambre. Con los tiempos de los talibanes despus de la invasin de EEUU, la atmsfera estaba madura para el cambio. Pero, podan fiarse de los estadounidenses o de Hamid Karsai?

Un frgil anciano, Hajji Burget Khan, se puso de pie para hablar. Legendario guerrero y hroe y jefe de la poderosa tribu Ishaqzai, Burget Khan impona respeto como pocos all. l era un inspirado jefe, me dijo ms tarde un anciano de la tribu, tan puro como la lluvia que cae del cielo. Era tambin un consumado pragmtico; con los aos haba forjado alianzas en todo el espectro poltico, incluso con los talibanes. Ahora estaba encomiando las virtudes del recin llegado orden estadounidense. Habra trabajo, deca, y habra desarrollo. Y, lo ms importante, los campesinos seran dejados tranquilos para hacer lo que siempre haban hecho.

Despus, un segundo anciano se dirigi a la audiencia. Una generacin ms joven y algo ms fornido que Burget Khan, Hajji Bashar era el jefe de la polticamente importante tribu Noorzai, un magnate de la frontera que haba hecho muchos millones contrabandeando opio. Al igual que Burget Khan, tena la habilidad de apostar por el caballo ganador haba sido uno de los primeros financistas de los talibanes; ahora insista en que con la riqueza y el poder de los estadounidenses de su lado, el futuro no poda ser ms brillante.

Por primera vez en aos, la esperanza penetr en la mente de los campesinos pobres de Band-i-Timor. El consejo Talibn local de clrigos fue anulado e invalidado, y en su lugar los asistentes nombraron un nuevo consejo formado por representantes de todas las tribus Maiwand. Hajii Bashar fue nombrado gobernador del distrito y el jefe de polica fue despedido sin dilacin. Efectivamente, se trat de un golpe sin derramamiento de sangre; el resultado: la autoridad talibn era reemplazada por una administracin amiga de EEUU. A pesar de que Maiwand tendra muchos gobernadores en la dcada que empezaba, solo este los campesinos lo diran durante los aos siguientes les perteneca de verdad.

El reseco desierto de Maiwand empez a mostrar signos de vida. Escuelas y clnicas, ignoradas desde haca tiempo por los talibanes reabrieron sus puertas. Llegaron trabajadores para reparar los canales y sistemas de riego. Paso a paso, los mayores los mayores se dedicaron a ayudar a que el nuevo gobierno empezara a funcionar por s mismo. Hajji Burget Khan convenci a cientos de ex combatientes talibanes de que declararan su acatamiento al gobierno de Karsai. Era algo tan viejo como las mismas guerras: aquellos hombres, as como se haban volcado hacia el Talibn, ahora por pura supervivencia apostaran por el nuevo poder. Hajji Bashar entreg al gobernador de Kandahar 15 camiones cargados de armas, entre ellas cientos de lanzamisiles y misiles antiareos, que haba recogido del arsenal de los antiguos talibanes. De hecho, a Bashar, que albergaba la ambicin de convertirse en un actor nacional, le falt tiempo para encontrar su camino hacia los estadounidenses. Inici contactos con ellos tan tempranamente como noviembre de 2001 con los talibanes an en el poder mediante encuentros clandestinos con oficiales de EEUU.

Despus, en enero de 2002, se apareci por una base estadounidense y pas algunos das contando a los oficiales todo lo que saba sobre el Talibn. Su logro mximo se produjo un mes despus, cuando ayud a convencer al otrora ministro de relaciones exteriores talibn y nativo de Maiwand, Mullah Mutawakkil, que se rindiera a las fuerzas estadounidenses, haciendo de l uno de los talibanes de ms alto rango detenido por EEUU.

La rendicin del Talibn

En realidad, la desercin de Mutawakkil fue apenas la ltima de una avalancha de oficiales talibanes que trataban de cambiar de lealtad. Un mes despus de su derrumbe oficial, el movimiento Talibn haba dejado de existir. Cuando algunos clrigos religiosos iniciaron una campaa de recogida de fondos para conseguir que el Talibn volviera a ponerse de pie para lanzar la yihad contra los estadounidenses, fue rechazada rotundamente por el liderato Talibn. Queremos decirle al pueblo que el sistema talibn no existe ms, declar a los periodistas Agha Jan Mutassim, ministro de economa del rgimen cado y confidente del Mullah Omar. No debe haber donaciones a nombre del Talibn. Y aadi: Si en Afganistn se establece un gobierno estable, nosotros no tenemos intencin de lanzar accin alguna en contra de l.

Khalid Pashtoon, portavoz del nuevo gobierno de Kandahar, declar: Los ministros y funcionarios importantes del Talibn estn viniendo uno a uno para rendirse y unirse a nosotros. Entre ellos, los ministros de defensa, de justicia, del interior, del vicio y la virtud, de informacin, de industria y de economa, en efecto, todo el gabinete Talibn, los jefes militares clave y los gobernadores ms importantes; los diplomticos y los funcionarios que haban trabajado con el Mullah Omar.

La avalancha de rendiciones no reconoca diferencias ideolgicas: los jefes de la tristemente clebre polica religiosa armada de ltigos fueron de los primeros en desertar. Un grupo de ex oficiales talibanes incluso anunci que estaba formando un partido poltico para participar en futuras elecciones democrticas. Estamos asesorando a Hamid Karsai, dijo el lder del grupo. Nosotros le apoyamos.

Con su rendicin, el Taliban estaba siguiendo las pautas que haban marcado los polticos afganos en la mayor parte de los 20 aos previos. Despus de la retirada sovitica, muchos comunistas afganos cambiaron su distintivo y pasaron a ser islamitas y se unieron a los muyahidines. Durante la guerra civil, las distintas facciones cambiaron de lealtades sobre la base del ms puro pragmatismo. A la llegada del Talibn a la escena, los seores de la guerra del cinturn pashtn se haban retirado, huido, o unido a l. Ahora era el turno de los talibanes; a medida que un miembro del movimiento tras otro se sometan a la autoridad de la administracin Karsai empez a surgir la posibilidad de un orden poltico verdaderamente inclusivo.

Durante mucho tiempo Karsai manifest su deseo de convocar una Ioya jirga, una gran asamblea de ancianos, para elegir un gobierno de transicin. La idea se abri paso por todo el pas. En el estadio de ftbol de Kandahar (usado durante el rgimen Talibn como lugar para las ejecuciones), miles de campesinos y dignatarios llenaron las gradas congregados para la jirga. Se elegiran delegados de cada uno de los ms de 300 distritos. Como era previsible, en Maiwand fue elegido el venerado Hajji Burget Khan, a pesar de su avanzada edad. Nos sentimos como si hubisemos vuelto a nacer, recordaba Kala Khan, un anciano tribal compaero de Burget Khan. No haba nada que no pudiramos conseguir.

El ataque de Estados Unidos

La primavera lleg a Band-i-Timor y florecieron las acacias y se espesaron los bosquecillos de granados, por primera vez en aos los campos mostraban el color rosado brillante de las flores de amapola. No lejos del ro, dominando esos campos, se levantaba un gran rectngulo de construcciones de adobe; haba coches y jeeps aparcados y docenas de campesinos daban vueltas por ah. Era la casa de Hajji Burget Khan, que estaba ocupado da y noche recibiendo a miembros de tribus Ishaqzai que llegaban de otros distritos, otras provincias, incluso de sitios tan distantes como Pakistn. Venan para presentar sus respetos la octogenario lder; era usual que Abdullah, el chofer de la familia, fuese despachado para acompaarlos hasta la parada del autocar.

Una clida noche de mayo, Abdullah estaba durmiendo en el patio cuando lo despert una estruendosa explosin. Al levantar la mirada una enceguecedora luz blanca ocupaba el espacio donde haba estado la entrada del patio. Unas sombras corran hacia l. Abdullah se lanz hacia la casa de los huspedes gritando que estaban siendo atacados. Dentro, Hajji Burget Khan ya estaba despierto; haba estado tomando t con unos visitantes antes de la plegaria del amanecer. Su guardaespaldas, Akhtar Muhammad corri hacia el patio disparando su arma a ciegas. Antes de que pudiera darse cuenta de qu pasaba, haba sido derribado y dos o tres hombres lo haban inmovilizado. Lo esposaron, le vendaron los ojos y lo patearon una y otra vez. Akhtar oa gritar en una lengua que no poda entender.

Hajji Burget Khan y Hajji Tor Khan, el padre de Akhtar Muhammad, corrieron hacia el patio con otros invitados y trataron de llegar a la casa principal. Fue entonces, mientras la primera luz de la maana iluminaba el complejo, cuando vieron a hombres armados junto a las paredes de adobe; llevaban uniforme de combate, gafas y casco. Eran soldados de EEUU. Sonaron unos disparos y Hajji Tor Khan cay. Antes de que Hajji Burget Khan pudiera reaccionar, tambin l fue tiroteado.

Cerca de all, unas mujeres se acurrucaban en las habitaciones, escuchando. Nunca antes su casa haba sido violentada por extraos, ni durante la ocupacin rusa, ni en la guerra civil, ni bajo el rgimen Talibn. Una de las mujeres cogi una pistola y corri hacia el patio para defender a su familia, pero los soldados le arrancaron el arma de sus manos. Entonces apareci un soldado con un intrprete afgano y ordeno a las mujeres que salieran. Era la primera vez en su vida que ellas salan de la casa sin un mahrem. Las maniataron y les pusieron una cadena en los pies, algunas de ellas fueron amordazadas con un trozo de turbante. El grupo fue luego arreado dentro de un aljibe seco detrs del complejo. Mientras rompa el nuevo da y los aldeanos iban saliendo al aire de la maana, los gritos de las mujeres recorran el campo y las casas de adobe como para que jams fueran olvidados.

Los soldados se quedaron varias horas. Recorrieron una a una las casas de la aldea, hicieron salir a los hombres y los concentraron en campo abierto. All estaba tendido Hajji Burget Khan, aferrndose a la vida. En cierto momento, l y el resto de los hombres eran 55, casi la totalidad de la poblacin adulta masculina de la aldea fueron cargados en helicpteros y camiones y llevados lejos de all.

La creacin del Blackwater afgano

La tesis central del fracaso de EEUU en Afganistan aquella que escucharis de boca de los polticos y los expertos, e incluso de los estudiosos fue presentada sucintamente por el secretario de estado adjunto Richard Armitage: La guerra de Iraq vaci de recursos a Afganistn antes de que las cosas estuviesen controladas. Desde este punto de vista, la invasin estadounidense de Iraq se convirti en una distraccin crucial de las acciones estabilizadoras realizadas en Afganistn; el resultado de ello fue un vaco en la seguridad que el Talibn aprovech en su beneficio.

El meollo de este argumento se asienta sobre una premisa clave: que el terrorismo yihadista poda haber sido derrotado mediante la ocupacin militar del pas. Esta formulacin nos pareci bastante natural a muchos de nosotros en la estela del 11-S. Pero quien viaje por las zonas rurales del sur de Afganistn escuchar una interpretacin bastante diferente de lo ocurrido. Esa interpretacin est hecha de datos aislados y destellos en las historias que cuenta la gente y en sus recuerdos de lo sucedido entonces; todo ello apunta a una contradiccin enterrada en lo ms profundo de la premisa bsica de la guerra.

Es posible encontrar esa contradiccin plasmada en la catica mezcolanza de polvorientos hangares, barracas y tiendas de Burger King, una instalacin en la abundan las alambradas de espino, los fusileros y las jaulas de internamiento: el Aeropuerto de Kandahar o KAF, por sus siglas en ingls, como acab llamndose, el centro neurlgico de las operaciones estadounidenses en el sur de Afganistn, el hogar de las SEAL (las unidades de elite de la Marina de EEUU) y los Boinas Verdes. Una base militar en un pas como Afganistn es tambin una red de relaciones, un centro de la economa local y un actor clave en el ecosistema poltico. Es necesario desenredar la forma en que esta base lleg a ser lo que es para poder empezar a entender cmo es que la guerra regres a los campos de Maiwand.

En diciembre de 2001, una unidad de las fuerzas de operaciones especiales de EEUU irrumpi en una antigua base area rusa en la periferia de Kandahar. La unidad estaba acompaada de un grupo de milicianos afganos cuyo comandante, un hombre sociable y con apariencia de un oso pardo, se llamaba Gul Agha Sherzai. Se trataba de un seor de la guerra contrario al Talibn que haba saltado a la notoriedad en los noventa despus de la muerte de su ilustre padre, Hajji Latif, un antiguo bandido convertido en muyahidin conocido como el Len de Kandahar (despus de asumir las responsabilidades de su padre, Gul Agha haba adoptado para s el nombre de Sherza, Hijo del Len. Casualmente, su primer nombre se poda traducir ms o menos como respetado seor Flor). Con el respaldo de los estadounidenses, Sherzai se apoder del campo de aterrizaje e inmediatamente se instal en la mansin del gobernador; una accin que indigno a algunos, entre ellos a Hamid Karsai. De cualquier modo, Sherzai aport cierto estilo a su despacho, y pronto se hizo famoso por sus discursos llenos de puetazos, sus emotivos monlogos y sus incontrolables estallidos de risa, algunas veces todo junto en una sola conversacin.

Es posible que Sherzai no tuviera mucha experiencia en las tareas de gobierno, salvo un breve ejercicio como gobernador de Kandahar durante los anrquicos noventa, pero saba cundo se presentaba una buena oportunidad de hacer un negocio en cuanto la vea. La base area donde acamparon los estadounidenses estaba en ruinas y llena de malezas, haba restos de mobiliario por todas partes y el suelo estaba sembrado de minas desde la poca de los rusos. Pronto, uno de los tenientes de Sherzai se encontr con el sargento mayor Perry Toomer, un estadounidense a cargo de la logstica y la contratacin. Empec a hablar con l, dijo Toomer, y me di cuenta de que esta gente saba cmo hacer para ese lugar empezara a funcionar. Despus de dar un paseo por la base, los estadounidenses firmaron su primera orden de compra: 325 dlares en metlico por un par de bombas de agua Honda.

Ese sera el inicio de una larga y fructfera asociacin. Gracias a los servicios de Sherzai, la pista de aterrizaje, con sus grietas y crteres, se convirti en una enorme base militar que creci descontroladamente y alberg a uno de los aeropuertos ms activos del mundo. El aeropuerto de Kandahar crecera para convertirse en un centro clave en la guerra de Washington contra el terror; all encontraron sitio las oficinas del comando de operaciones secretas y las grandes jaulas para los sospechosos de terrorismo destinados a ser trasladados a la prisin estadounidense de Guantnamo, en Cuba.

Para Sherzai, el KAF no sera ms que el comienzo. Con unos pocos hbiles golpes, hizo que el desierto floreciera con instalaciones estadounidenses; sus beneficios econmicos fueron desmesurados. Consigui tierras y las alquil a la fuerzas de EEUU por millones de dlares. En medio del boom de la construccin que sigui a esto se apropi de yacimientos de grava, que venda a 100 dlares la carga, una carga que normalmente costara unos ocho dlares. Aprovision a las tropas estadounidenses con combustible para sus camiones y trabajadores para sus proyectos cargando sustanciosas comisiones al mismo tiempo que funcionaba como una agencia de empleo temporal para los miembros de su propia tribu.

Con los beneficios obtenidos, Sherzai diversifico sus actividades y empez a ocuparse de la distribucin de gasolina y agua, de operaciones inmobiliarias, de servicios de taxi, de la explotacin de minas y, lo ms lucrativo de todo, del opio. Ya no era un mero gobernador; ahora era el hombre ms poderoso de Afganistn. Cada maana, las colas de suplicantes serpenteaban fuera de la mansin del gobernador.

A medida que creca su red de influencias, Sherzai empez a proporcionar sicarios, hombres generalmente de su propia tribu Barakzai, convirtindose as en un contratista de seguridad privada, una Blackwater afgana. Y al igual que los empleados de esa famosa empresa estadounidense, los pistoleros de Sherzai vivan al margen de cualquier jurisdiccin oficial. Aunque Washington destinaba fondos para la creacin de un ejrcito nacional afgano y una polica legal, los militares de EEUU subsidiaban a los mercenarios de Sherzai, que solo eran leales al gobernador y a las fuerzas especiales estadounidenses. Algunas de estas unidades podan ser vistas con uniformes de EEUU y conduciendo camiones de plataforma fuertemente armados por las calles de Kandahar.

De cmo combatir una guerra sin tener un enemigo

Por supuesto, ni siquiera en el nuevo Afganistn haba algo parecido a una comida gratis. A cambio de un acceso privilegiado a los dlares estadounidenses, Sherzai proporcion aquello que las fuerzas de EEUU ms necesitaban: informacin. Sus hombres se convirtieron en los ojos y odos de los estadounidenses en su campaa para erradicar al Talibn y a al-Qaeda de Kandahar.

No obstante, es aqu donde est la contradiccin. Despus del derrumbe del Talibn, al-Qaeda haba huido del pas y cada uno de sus integrantes regres a su respectiva regin tribal en Pakistn e Irn. En abril de 2002 ya era imposible encontrar un talibn en Kandahar, ni en cualquier otro sitio de Afganistn. En el nterin, la organizacin haba dejado de existir, sus miembros se haban retirado cada uno a su casa y rendido sus armas. Salvo unos pocos ataques de lobos solitarios, en 2002 las fuerzas estadounidenses en Kandahar no encontraron resistencia alguna; aun as las fuerzas especiales de EEUU estaban en territorio afgano con un mandato poltico muy claro: derrotar al terrorismo.

Cmo es posible librar una guerra en la que no hay un enemigo? Ah estaba Gul Agha Sherzai, y hombres como l en todo el pas. Deseando sobrevivir y medrar, l y sus comandantes siguieron la lgica de la presencia estadounidense hasta su consecuencia ms obvia. Aprovechando al mximo los perversos mecanismos de incentivacin que los estadounidenses haban implementado sin siquiera darse cuenta de ello, Sherzai, y sus pares, crearan enemigos all donde no los haba.

Los enemigos de Sherzai se convirtieron en los enemigos de Estados Unidos, y los estadounidenses libraron las batallas de Sherzai. Este se dedic a empaquetar sus enemistades y envidias y les puso el rtulo de contraterrorismo; sus intereses comerciales eran ahora los de Washington. Y all donde las rivalidadades no eran suficientes para que funcionara el ardid, la perspectiva de ms beneficios lo consigui (un panfleto lanzado desde un avin estadounidense en esa zona pona: Consiga la riqueza y el poder que nunca so. Ayude a que las fuerzas anti-Talibn limpien Afganistn de asesinos y terroristas).

En una pequea oficina de Kandahar, durante varias horas al da, oficiales de las fuerzas especiales y la CIA estudiaban a fondo los informes de inteligencia llegados del territorio, casi todos ellos producidos por la red de Sherzai. Trabajaban en estrecho contacto con el jefe de la agencia de espionaje local, un compinche de Sherzai llamado Hajji Gulalai. Antiguo muyaidhin, haba sido tan brutalmente torturado por los comunistas que haba desarrollado una enfermedad en la piel por la que tena un ayudante solo para que le rascara la espalda y le hiciera masajes.

Con una historia como esta, la lista de los enemigos era muy larga; los estadounidenses lo saban. Segn ex soldados de las fuerzas especiales, las dos partes haba llegado a un pacto informal: l deba darnos informacin, explicaba uno, despus, le dejbamos que hiciera lo que quisiera. Un grupo de soldados de un destacamento de las fuerzas especiales escribi en una nota colectiva que en algunas operaciones, los hombres de Gulalai podan entrar en lugares y vengarse por algo que nada tena que ver con la misin. Y agregaron, Esto pas algunas veces. El destacamento tena un trato con l.

Ms all de lo que hubieran sido antes, Sharzai y sus hombres eran ahora criaturas de un mundo en el que, como proclamara la administracin Bush: o ests con nosotros o contra nosotros. La red de Sherzai alimentaba a las fuerzas de EEUU con informacin que, en ausencia de un enemigo real, era casi toda falsa y recoga la recompensa: un imperio de los negocios que se extenda por el desierto, ramplonas villas en el extranjero e ilimitado control poltico en el sur de Afganistn, Los estadounidenses, a su vez, realizaban incursiones contra enemigos fantasma, cumpliendo alegremente el mandato de Washington.

En medio de esta prodigalidad, los agentes de Sherzai establecieron su domicilio sobre todo en un lugar: un distrito no lejos de la ciudad de Kandahar al que apodaron Dubai, una referencia a la metrpolis portuaria de centros comerciales y palmeras que para los kandahares representaba un oasis de desenfrenadas riquezas y oportunidades; su nuevo Dubai no era otra cosa que la empobrecida regin desrtica de Maiwand.

xito en Maiwand

Hajji Burget Khan y los dems prisioneros fueron llevados al KAF y metidos en jaulas metlicas colocadas unas junto a otras a la intemperie e iluminadas por brillantes luces blancas. Eran obligados a permanecer de rodillas durante horas con las manos atadas a la espalda. Algunos se desmayaban por el dolor, otros tenan insensibilizados los pies y las manos. Despus los llevaron a una sala y fueron obligados a desnudarse ante los soldados estadounidenses que los inspeccionaban; en el ethos de los pashtunes, esta es una humillacin difcil de imaginar.

Cuando nos hicieron andar desnudos delante de todos esos estadounidenses, le cont despus el prisionero Abdul Wahid a un periodista, rec para que Dios me permitiera morir. Si alguien me hubiese ofrecido una pastilla de veneno por 100.000 dlares, yo la habra comprado.

La ltima afrenta lleg cuando aparecieron unos soldados con mquinas de cortar el pelo; uno a uno, les cortaron la barba a los cautivos. Varios de ellos rompieron a llorar; a alguno que se resisti, tambin le cortaron las cejas.

A Hajji Burget Khan, jefe tribal y hroe de guerra, no volvera a vrsele vivo. Es posible que nunca se sepa la verdad de lo ocurrido en sus ltimas horas. Una versin dice que muri en el viaje al KAF como consecuencia de sus heridas de bala. Otra, un despacho confidencial de la fuerza conjunta de tareas N 2 del ejrcito canadiense, que formaba parte del grupo de fuerzas especiales que realiz el ataque, declaraba que un anciano muri mientras era custodiado en el aeropuerto de Kandahar, segn se inform, debido a un golpe en la cabeza, lo que caus profunda pena en su aldea.

Los prisioneros fueron interrogados durante varios das. No sabamos a quines tenamos, pero esperbamos haber capturado a algn jefe talibn, o al menos a algunos combatientes talibanes, le dijo a los periodistas el teniente coronal Jim Jonts, portavoz del comando centrad de EEUU. Sin embargo, pronto empez a quedar en claro que todos los cautivos haban seguido a Burget Khan en su adhesin al nuevo orden estadounidense. Despus de cinco das fueron trasladados al estadio de ftbol de Kandahar y liberados. Una multitud de miles de personas llegadas desde Maiwand, estaba all para recibirlos y saludarlos. Algunos meses antes muchos de estos campesinos haban llenado las gradas del estadio ondeando la bandera afgana y cantando en favor de la prxima Ioya jirga. Ahora, por primera vez, el aire estaba lleno de eslganes contra los estadounidenses.

Si hemos cometido un delito, ellos deben castigarnos, gritaba Amir Sayed Wali, un aldeano ya mayor. Si somos inocentes, nos vengaremos de esta ofensa. El anciano tribal Lala Khan preguntaba: Hay aqu alguna ley? Alguien se hace responsable? Quines son nuestros jefes, los ancianos o los estadounidenses?

El ataque haba dejado marcas indelebles en distintos niveles. Si tocan otra vez a nuestras mujeres, debemos preguntarnos por qu estamos vivos. Expres el aldeano Sher Muhammad Ustad. La nica opcin que tendremos ser combatir. Ya de regreso en la aldea pudo orse a una mujer que gritaba a sus familiares varones: Vosotros tenis grandes turbantes en la cabeza la indumentaria viril pashtun por excelencia, Pero, qu habis hecho? Sois unos cobardes! Ni siquiera sois capaces de protegernos. Y decs que sois hombres?

El hijo de Hajji Burget Khan, herido en la incursin, qued condenado a usar una silla de ruedas de por vida. El amigo ntimo de Burget Khan, Tor Khan, que haba recibido cuatro disparos, muri tras una larga agona. Los aldeanos, temerosos de que los estadounidenses lo encontraran y terminaran su trabajo, no lo llevaron al hospital hasta cerca de 24 horas despus. Zarghuna, de seis aos, que se despert cuado llegaron los soldados, entr en pnico y sali en busca de sus padres; cay dentro de un pozo de aljibe. Sus padres lo buscaron varias horas antes de encontrar su cuerpo. Ella era la alegra de la casa, dijo su madre.

Oficiales estadounidenses declararon categricamente que la misin haba sido un xito. Como explic el mayor A.C. Roper Se trata de todo un esfuerzo de la coalicin para ayudar a limpiar este pas de personas que estn contra la paz y la estabilidad. La confianza de Roper se basaba en informaciones que indicaban que Hajji Burget Khan se haba reunido con importantes jefes talibanes. Esta acusacin, se supo despus, estaba en lo cierto, pero solo en su sentido ms literal: l haba intentado convencer a los talibanes de que apoyaran al gobierno de Karsai. La nota contra l haba sido escrita casi enteramente a partir de la acusacin de Sherzai y sus adeptos. Burget Khan era demasiado independiente, dijo Hajji Ehsan, miembro del gobierno de Kandahar. Era tan independiente y popular que Sherzai lo vea como una amenaza.

En las semanas que siguieron a la matanza, las tribus Ishaqzai de los alrededores bajaron a Maiwand para ofrecer sus respetos. La comunidad Ishaqzai ms amplia en Pakistn lanz enfadadas protestas. En los aos siguientes, miles de ellos seran ultimados en ambos lados, pero el recuerdo del asesinato de Hajji Burget Khan contina vivo entre los aldeanos.

Resurreccin del Talibn

Los hombres de Band-i-Timor no eran ajenos a la tragedia; a medida que llegaba el verano, volvieron a sus campos y se reunan cada viernes en la mezquita para conversar sobre el trabajo y las lluvias y el futuro. Entonces, una maana de agosto, tres meses despus de la muerte de Hajji Burget Khan, se enteraron de que las fuerzas estadounidenses haban atacado otra vez Maiwand; esta vez haba hecho prisionera a la totalidad de la polica 95 agentes y la tenan encerrada en un precinto. El gobierno anunci que todos los cautivos eran al-Qaeda-Talibn.

La gente estaba desconcertada. Formaban parte del gobierno, dijo el jefe de polica de una comisara cercana. El gobierno pagaba sus sueldos y la comida. No entiendo cmo pudieron hacer eso. De hecho, los agentes de polica haban sido designados por Hajii Bashar, el anciano Noorzai que haba trabajado muy asiduamente para conseguir el apoyo del nuevo gobierno. Pocos das despus de los arresto, una nueva unidad de polica asumi el control del recinto; todos ellos eran hombres de Sherzai. Mientras tanto, los policas prisioneros custodiados por soldados estadounidenses fueron golpeados; algunos sufrieron la rotura de costillas, adems les quitaron sus pertenencias. Finalmente, solo fueron liberados cuando un portavoz del gobierno admiti que los oficiales nunca tuvieron la certeza de una conexin con militantes de al-Qaeda. En lugar de ello, el portavoz reconoci que todas esas personas eran de la tribu de Hajji Bashar y muy leales a l.

El clima en Band-i-Timor continu endurecindose. Si el gobierno era capaz de hacer eso a su propia gente, dijo Amanullah, dueo de un comercio, no hay garanta alguna de que acudir en ayuda de la gente comn. Nadie est a salvo de esto. Algunas semanas ms tarde, fuerzas de EEUU volvieron a atacar Band.i-Timor; esta vez detuvieron a Hajji Nasro, un jefe local partidario de Hajji Basha, quien se haba aliado igualmente con el nuevo gobierno.

El lazo estaba apretndose tambin alrededor del mismo Hajii Bashar. Al principio, l se encontraba regularmente con militares y oficiales de inteligencia estadounidenses. El objetivo, le dijo ms tarde a un periodista, era estabilizar la situacin en Afganistn y dems ayudar a los estadounidenses en sus negociaciones con miembros moderados de al-Qaeda y conseguir as una reconciliacin con el gobierno. Pero ahora las cosas estaban claras: los estadounidenses en absoluto estaban combatiendo contra el terrorismo, sencillamente haban elegido como blancos a aquellos que no formaban parte de las redes de Sherzai y Karzai. Bashar y su familia huyeron a Pakistan para esperar que se asentara la polvareda.

De no haber sido por su insaciable ambicin de labrarse una posicin en el gobierno de Afganistn, la historia de Bashar podra haber acabado aqu. Hacia 2005, l reiniciara contactos con los estadounidenses, esta vez a travs de una empresa privada que trabajaba con la FBI. Despus de tomar t en una serie de reuniones en Dubai y Pakistn, l dio comienzo a algunos de sus negocios con la esperanza de conseguir el apoyo de Occidente para sus aspiraciones polticas.

Sin embargo, los funcionarios de EEUU tenan otros planes. Los burcratas de la administracin Bush haban confeccionado una lista de los barones de la droga ms buscados en el mbito internacional que pudieran representar una amenaza para los intereses de EEUU. Cuando Bobby Charles ayudante del secretario de estado vio la lista, pregunt: Por qu no tenemos a ningn afgano en la lista de los barones de la droga? Ciertamente, este era un problema espinoso, ya que algunos de los ms poderosos cerebros afganos del mundo de la droga entre ellos, Gul Agha Sherzai y Ahmed Wali Karsai, hermano del presidente eran aliados de Washington; en algunos casos, incluso estaban pagados por los estadounidenses. Finalmente, los funcionarios se decidieron por un nombre: Hajji Bashar. l era un jugador de poca monta en una lista de pesos pesados; adems, para Washington era potencialmente valioso como agente para la paz, pero cuestiones de oportunismo poltico sellaron la suerte de Bashar.

Bashar fue atrado a una suite del hotel Embassy de Nueva York. Durante varios das tom el t y comparti comidas con agentes de la DEA estadounidense y convers sobre temas de inteligencia. Cuando terminaron de hablar, un asombrado Bashar fue esposado y le leyeron sus derechos. A esto sigui un juicio por trfico de drogas; hoy est en el centro de detencin metropolitano de Brooklin cumpliendo una condena de cadena perpetua.

Las tribus Noorzai e Ishaqzai, las dos mayores en cuanto a poblacin de Maiwand, han perdido a sus jefes clave, ambos posibles puentes con los estadounidenses, y ahora las comunidades se sienten perdidas y a la deriva. Nos sentimos como si nos hubiesen cortado la cabeza, dijo el patriarca Akhtar Muhammad Mansur, ex jefe de la fuerza area del Talibn, que despus de retirarse ofreci su respaldo al nuevo gobierno. Testigo de la violencia reinante, se ha acercado repetidamente a funcionarios del gobierno rogando el apoyo de alguien dispuesto a escuchar. Por fin, enterado de que l tambin estaba en la lista de los estadounidenses, huy a Pakistn. Sin embargo, al contrario de Hajji Bashar, l abandon la reconciliacin. Aos despus, se convertira en uno de los jefes de la insurgencia talibn.

A los odos de los estadounidenses, la informacin de Sherzai son cierta porque las tribus que habitan Maiwand haban apoyado al Talibn en su primera aparicin. Pero las exigencias de la guerra contra el terror significaron que las fuerzas de EEUU eran incapaces de reconocer el hecho de que esas mismas tribus cambiaran sus lealtades en 2001, que es precisamente lo que hizo que Maiwan pasara a ser tan lucrativa para Sherzai. All haba armas que deban ser incautadas, ancianos tribales que deban ser cacheados, dinero de recompensas que deba ser recogido; enormes beneficios que deban aprovecharse. Para Sherzai y sus aliados, aquello era de verdad el Nuevo Dubai.

En otros tiempos, cuando los soldados pasaban por Band-i-Timor, la gente del lugar les sonrea y los saludaba, pero ahora solo los observan en silencio. La gente empez a portar armas una vez ms. Los ataques continuaron y los aldeanos comenzaron a defenderse; eso signific que algunas personas se encontraran en medio de la refriega. Pronto, para algunos no qued otra opcin que marcharse.

Aldeas enteras levantaron todo y se fueron a Pakistn, abandonando los campos y regresando a los campamentos de refugiados. Era una situacin que los funcionarios de Kandahar no podan ignorar, pero insistieron que se trataba de un mal necesario en la guerra contra el terrorismo. Algunas veces, para coger los peces, lo mejor es secar la charca, deca Khan Muhammad, un funcionario de seguridad de alto rango.

No obstante, qu pasa si no hay peces en la charca?

 

Anand Gopal, colaborador habitual de TomDispatch, es autor de No Good Men Among the Living: America, the Taliban, and the War Through Afghan Eyes (Metropolitan Books) de donde se ha extrado este ensayo. Ha escrito crnicas sobre la guerra de Afganistn para el Wall Street Journal y el Christian Science Monitor. No Good Men Among the Living... fue finalista del premio National Book y tambin lo es del premio Helen Bernstein a la excelencia en periodismo de la Biblioteca Pblica de Nueva York. Es el ganador de este ao del premio Ridenhour Book.

Extrado de No Good Men Among the Living: America, the Taliban, and the War Through Afghan Eyes, de Anand Gopal, publicado por Metropolitan Books.

Fuente: http://www.tomdispatch.com/blog/175977/



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