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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-04-2015

Diez puntos que explican cmo el revisionismo manipula la historia de la II Repblica

Ricardo Robledo
Pblico.es


La celebracin del 14 de abril no tiene el mismo significado que hace unos aos. Si la salida de la crisis no nos devolver el mundo anterior a 2007 tampoco se recuperar, al paso que vamos, la historia del siglo XX. En menos de una dcada se ha debilitado seriamente el consenso que exista en la historiografa acadmica de la Segunda Repblica espaola. Obviamente no haba unanimidades, pero el oficio de historiador se atena a las normas que configuran la profesin: exploracin y crtica de fuentes, hiptesis de partida, contrastacin, etc.

Estaban claras las fronteras entre el revisionismo filofranquista, liderado por Po Moa y adlteres, y lo que se investigaba o se explicaba en la mayora de departamentos universitarios. Los viejos planteamientos de historiadores como Carlos Seco estaban bastante sepultados en el desvn del pasado franquista.

En pocos aos, sin embargo, se ha quitado el polvo a estos recuerdos que se han reciclado de diversa forma y ha ido cogiendo fuerza una literatura emergente que ha tratado de dar respuesta a una pregunta inteligente efectuada por estudiosos europeos en otro contexto: qu pas para que vecinos de toda la vida se convirtieran en enemigos irreconciliables durante la Segunda Repblica? Los nuevos historiadores revisionistas, avalados, entre otros, por la autoridad de S. Payne, manifiestan su querencia por una tercera va (pero esta vez cientfica) a salvo de los partidistas de izquierda y derecha.

Sin embargo, el justo medio, aureola de la imparcialidad, arrastra tambin el pasivo de la ambigedad. No creo equivocarme mucho si afirmo que la mayora de los presupuestos de la nueva historia revisionista (que se documentan en el ltimo nmero de Studia Historica. Historia Contempornea coordinado por A. Vias) sern los dominantes en Espaa dentro de no mucho tiempo.

De hecho est ocurriendo ya, como se observa en bastantes de los artculos clave del Diccionario Biogrfico de la RAH. Se estara cumpliendo el pronstico de Orwell: Quien controla el pasado controla el futuro; quien controla el presente, controla el pasado

Las ideas fuerza de esta nueva-vieja corriente historiogrfica estn condensadas en el siguiente declogo del historiador revisionista:

1. Neutralidad cientfica frente la historia de combate: una cosa es la verdad cientfica -los objetivos estrictamente acadmicos que persiguen el conocimiento en s mismo- y otra la historia de los activistas polticos, la historia militante. Reiteracin de la necesidad de distanciarse, apelacin a lo emprico y condena de la ideologa porque, ya se sabe, los historiadores no deben tenerla.

2. Desprestigio de la historia estructural y de clase. Las condiciones materiales pasan a segundo plano y se da ms importancia al discurso que crea realidades, a los factores polticos y al liderazgo. Las determinaciones estructurales son coartada exculpatoria para difuminar la responsabilidad concreta de los protagonistas. Relevancia del contexto internacional para comprender los enfrentamientos polticos internos pero no para explicar el golpe de julio del 36. Domina la creencia de cultivar una corriente innovadora -los historiadores somos cientficos del pasado- frente a la historia tradicional, miope y de corte marxista.

3. Desidealizacin de la Repblica. Objeto de mitificacin, comprensible solo en la lucha antifranquista. Aquella experiencia no puede constituir antecedente de la democracia actual que es plural. Esa filiacin es un disparate. Mirada relativamente benvola sobre el rgimen de la Restauracin borbnica (hay incluso quien lo exalta) mientras que la Repblica lleg con promesas democrticas pero dio paso al perodo ms siniestro de la historia contempornea de Espaa. La Segunda Repblica no fue Caperucita Roja.

4. Polticas de exclusin. Con la Segunda Repblica se inaugur un proceso revolucionario. Las izquierdas, especialmente, los socialistas, la consideraron patrimonio suyo y practicaron polticas de intransigencia que no permitieron la alternancia. La Repblica no fue democrtica. Los sindicatos eran agencias delegadas del gobierno. El sistema electoral fue ideado por socialistas y republicanos para marginar a los adversarios conservadores. La Constitucin no busc frmulas de transaccin con la Iglesia.

5. Radicalismo revolucionario, nada retrico, de la izquierda, que no defenda una democracia pluralista sino una democracia concebida como revolucin por sus fundadores. El rgimen republicano, antes de la guerra, fue extremadamente violento. Entre 2.500-3.500 vctimas. La izquierda pudo ser ms culpable que la derecha y el descontrol del Frente Popular facilit el golpe de Estado. El caos del Frente Popular fue el primer ensayo de democracia popular o un pequeo golpe de Estado.

6. La CEDA, por su carcter heterogneo, no fue el caballo del Troya del fascismo. Ni la CEDA ni la JAP utilizaron la violencia en las elecciones de 1936 como s hicieron los socialistas y comunistas. Aunque hubo excesos verbales, la CEDA no vulner la legalidad, salvo a fines de junio y principios de julio de 1936 y solo por parte de algunos cedistas. (Claro, ya no tenan ms remedio). No hubo ningn cedista que participara en la conspiracin relanzada en marzo.

7. El Bienio negro no fue tan negro: fue un periodo de rectificacin, no de reaccin. Hasta bien entrado 1935 ni los salarios ni la legislacin laboral cambiaron mucho. Octubre del 34, si no fue el comienzo de la Guerra civil, s fue su ms importante premisa y, de alguna forma, su ensayo general. Crtica desigual a la represin de octubre del 34 (slo hubo dos sentencias de muerte) es decir, bondad del gobierno. (Como si las derechas no hubieran exigido ms y mucha mano dura). La Guardia Civil no era hostil a los obreros o a la izquierda ni era instrumento de los propietarios conservadores; cumpla rdenes de los gobernadores civiles.

8. Equiviolencia. No hubo planificacin de la violencia azul. Inadecuacin (o desatino) de trminos como holocausto o genocidio. Los crmenes republicanos obedecieron a la lgica revolucionaria de socialistas y comunistas. La izquierda tena un proyecto represivo bien definido, mientras que en la represin franquista no hubo planificacin del exterminio y solo una parte minoritaria de las causas de la posguerra culminaron en condenas a muerte. Las races de la violencia en ambos bandos estn en la demonizacin del contrario durante la democracia republicana.

9. Menosprecio de la memoria histrica. Una cosa es la historia y otra la memoria a quien se asigna como mucho un papel secundario aunque ms bien se la descalifica como involucin intelectual. Nefasto papel de la memoria, que ha derivado en disputas ideolgicas histricamente absurdas. Hay que pasar pgina. No ha habido ningn pacto por el olvido y se ha podido investigar todo lo que se ha querido desde 1976. Debe renunciarse expresamente a una memoria histrica que conduzca nuevamente al enfrentamiento civil entre los espaoles. Por lo tanto: no hay tanta necesidad de indagar en los tiempos oscuros. Solo el nuevo enfoque cientfico es el adecuado.

10. Idealizacin del espritu de la transicin, que puede peligrar si se da cancha a la memoria histrica. Si la guerra fue el final irremediable de la Repblica, sobre todo por la violencia del Frente Popular, la democracia, en la versin dura revisionista, habra venido impulsada por el desarrollo del franquismo, rgimen que nunca fue fascista sino autoritario. Franco fue un oligarca astuto, no un fascista .

En definitiva: qu fue la Repblica? Una anomala histrica.

Ricardo Robledo. Universidad de Salamanca y Universitat Pompeu Fabra

Fuente: http://www.caffereggio.net/2015/04/14/diez-puntos-que-explican-como-el-revisionismo-manipula-la-historia-de-la-ii-republica-de-ricardo-robledo-en-publico/



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