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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-04-2015

Conversacin con Miguel Mazzeo
Poder popular como prctica de construccin del Socialismo Societal

Pablo Seguel Gutirrez
Rebelin


Seguel: Compaero Miguel, me gustara preguntarte algunas cosas. Fuiste militante del Frente Popular Daro Santilln durante muchos aos y, despus de una experiencia enriquecedora, de mucho debate y construccin, lleg un momento en el que tuvieron que buscar referencias tericas para proyectar la experiencia de lucha y construccin y, en un determinado momento, surge el tema del poder popular. Me gustara preguntarte, cmo fue ese proceso de bsqueda, a nivel militante y terico?

Mazzeo: Lo primero que corresponde destacar es que el concepto de poder popular es relativamente nuevo en la cultura poltica argentina. Al intentar hacer una historia del concepto de poder popular, seguramente, uno va a encontrar referencias al mismo en otros periodos histricos. Pero de todas maneras nunca fue una consigna central en la cultura poltica de la izquierda argentina. Otros conceptos emparentados con el de poder popular s tuvieron ms presencia. Por ejemplo, el concepto de poder obrero, que supo ser reivindicado por algunas organizaciones populares a comienzos y mediados de los aos setenta. [3] Tambin, en diferentes momentos histricos, se debati sobre el poder dual o el doble poder.

El concepto de poder popular aparece con mucha fuerza en Argentina entre fines de la dcada del noventa y principios del dos mil; concretamente en torno a lo que fue la rebelin popular del 19/20 de diciembre 2001. Es all precisamente, en ese contexto de auge de la lucha popular, que cobra sentido el concepto de poder popular. Particularmente en algunas organizaciones de trabajadores desocupados o del movimiento piquetero, ms concretamente en aquellas organizaciones que fueron parte de la denominada corriente autnoma. [4] Tambin en el marco del auge de las asambleas barriales o del movimiento de fbricas recuperadas.

El concepto de poder popular, en esos das, fue inseparable de otros, por ejemplo, el de autonoma y el de horizontalidad. Quin o quines lo introducen? Eso es algo imposible de determinar. Y tampoco tiene demasiado sentido intentarlo. Yo creo que surge espontneamente en la militancia popular con un sentido muy extenso y general. Inicialmente no hay ninguna referencia terica, aunque hay que tener presente que esa militancia era portadora de una memoria histrica popular que contena elementos cercanos a la idea de poder popular. Es ms, yo creo que en ese momento el concepto de poder popular fue resignificado y, de algn modo, refundado.

El trabajo de vincularlo a una cultura poltica, o mejor, a unas culturas polticas, vino despus. Justamente cuando nosotros empezamos a plantear lo siguiente: dado que el concepto, la nocin, la idea y la consigna del poder popular estaba en nuestros labios todo el tiempo y era prcticamente el eje de nuestras definiciones polticas e ideolgicas, era necesario encarar una tarea de sistematizacin y era importante determinar con cierta claridad qu entendamos por poder popular. Partiendo, claro est, de lo que ya se entenda espontneamente por poder popular.

Empezamos a ahondar en varias tradiciones emancipatorias y nos encontramos (algunos nos reencontramos) con la Teologa de la Liberacin, que era y es para nosotros una corriente emancipatoria muy importante en Nuestra Amrica. La Teologa de la liberacin, sobre todo en la dcada del setenta, haba avanzado muchsimo en la sistematizacin del concepto de poder popular. Eso se puede apreciar en los trabajos clsicos como el de Gustavo Gutirrez [5] , o en los trabajos de Enrique Dussel [6] y, aqu en Argentina, ms concretamente en la obra de Rubn Dri, [7] quien, adems, era un compaero bastante cercano a nosotros en los aos noventa y especialmente en el contexto de auge de las luchas y movilizaciones anteriores y posteriores a la rebelin popular de diciembre de 2001.

La Teologa de la libracin, en su arsenal terico-poltico, le otorgaba un sitio privilegiado al concepto de poder popular. Buena parte de las reflexiones en torno al poder popular provenan de espacios cercanos a la Teologa de la liberacin. Por ejemplo, la Teologa de la Liberacin identifica componentes quilisticos en la historia. Y algunos de nuestros planteos se podan relacionar fcilmente con esos componentes. Los componentes quilisticos remiten a un proyecto en que la comunidad de fieles esto ltimo es para nosotros una metfora se estructura a partir de los patrones que desea y promueve para el reino futuro otra metfora. O sea: hay un reconocimiento a la comunidad concreta, est presente la idea de la construccin del reino en este mundo, la idea de que el reino es utopa pero tambin presente, el reino como vnculo y lazo social. Es decir, utopa concreta. Hace falta aclarar que reino puede traducirse como socialismo o comunismo?

Seguel: eso es lo que en sus libros y los de los otros compaeros ligados al FPDS han referido como la dimensin anticipatoria, o prefigurativa

Mazzeo: exactamente. En este contexto, lo quilistico no tiene una carga teolgica, le damos un uso absolutamente profano. Evidentemente lo quilistico remite a lo anticipatorio, a lo prefigurativo y se relaciona con otras culturas polticas que no tienen absolutamente nada que ver con la Teologa de la Liberacin o el cristianismo. Adems, recuperbamos otro concepto fundamental aportado por la Teologa de la liberacin, el concepto de diakonia que remite a una dimensin de la autoridad y el mando bajo la forma de servicio, la idea del poder obedencial, [8] tan pero tan parecida al mandar obedeciendo del neozapatismo. [9]

Como se puede apreciar, la Teologa de la liberacin se nos impuso cuando nosotros empezamos a ahondar, sin preconceptos dogmticos de ninguna especie, en la cuestin del poder popular. Ahora bien, algunos pueden pensar en influencias de compaeros o compaeras que provenan del cristianismo. No fue as. Si bien haba compaeros y compaeras que tenan antecedentes de militancia cristiana tengamos presente que la corriente autnoma del movimiento de trabajadores desocupados eran muy amplia, muy heterognea, no fue una importacin. Fue ms bien una bsqueda colectiva la que hizo que nos topemos con la Teologa de la liberacin. En esa bsqueda la redescubrimos y, creo, la resignificamos en una clave nueva.

Lo que nosotros queramos lograr era una definicin mnima de poder popular para, a partir de ella, seguir reflexionando sobre el mismo. Considero, adems, que la reflexin sobre el poder popular es inagotable, porque el concepto de poder popular se va ir enriqueciendo con la propia lucha de los pueblos, con las experiencias concretas de poder popular. Es, entonces, un concepto inasible y no tiene ningn sentido la prescripcin, el intento de darle un cierre o una forma ms o menos definitiva. Estamos hablando de producir una definicin mnima, nada ms.

En relacin al carcter dialctico del poder popular, hay que tener presente que en aquellos aos iniciales nos qued afuera la experiencia de la Revolucin Bolivariana de Venezuela, hoy por hoy, un proceso histrico clave para repensar el poder popular, un proceso que viene aportando formidables insumos prcticos y tericos. [10]

Pero retomemos el eje de la conversacin. La Teologa de la liberacin nos aportaba una serie de elementos que, para nosotros, valan ms como metforas polticas que como conceptos teolgicos. Podramos decir que, en este sentido, imitbamos a Carlos Marx quien supo recurrir a las metforas teolgicas para explicar el funcionamiento del sistema capitalista.

En la Teologa de la Liberacin encontrbamos una tradicin emancipatoria geopolticamente situada, arraigada en la historia de Nuestra Amrica. Una tradicin que nos ofreca sus formulaciones sistematizadas y sus reflexiones tericas pero, adems, agregaba el ejemplo y el testimonio de una serie de prcticas sociales, polticas y vitales de cristianos revolucionarios y cristianas revolucionarias que tambin aportaron a una definicin mnima del poder popular: la experiencia histrica de las Comunidades Eclesiales de Base, la experiencia de la militancia popular cristiana a lo largo de la historia de Nuestra Amrica.

Tambin vale decir que el cristianismo de liberacin tuvo esto de que al principio fue la prctica. De ah el nfasis puesto en la prctica un nfasis guevarista y la teora concebida como una reflexin sobre esa prctica. Una reflexin que deba producir insumos o nuevos instrumentos que retornaran a la prctica para enriquecerla, proyectarla o, por lo menos, para celebrarla. En nuestro caso, por supuesto, tambin estaba presente esa concepcin.

Por supuesto, la tarea de dar con una definicin del poder popular nos impuso una relectura del marxismo. Es imposible elaborar un pensamiento emancipador sin el marxismo. Como filosofa abierta, como filosofa de la praxis, [11] sigue siendo un componente central de cualquier pensamiento emancipador. Por supuesto, un pensamiento emancipador debe exceder al marxismo, debe ponerlo a dialogar con otras tradiciones.

En el fragor de aquellos experimentos, nosotros percibamos que haba toda una tradicin marxista muy rica pero con escaso peso en la cultura poltica de la izquierda argentina. Un marxismo societal, para llamarlo de algn modo. Un marxismo que pona el eje en ciertos aspectos en los que usualmente la izquierda argentina y la izquierda de buena parte de Nuestra Amrica casi nunca haban reparado. Ese marxismo societal presentaba varios clivajes. Un marxismo consejista, del que rescatbamos los aportes del joven Antonio Gramsci, y del Gramsci no tan joven tambin. Tambin, contribuy mucho la obra Antn Pannekoek, un marxista holands prcticamente desconocido en los medios polticos e intelectuales de la Argentina, salvo en pequeos grupos.

Por supuesto, la impronta fundamental era luxemburguista. A veces pienso que todos y todas fuimos espontneamente luxemburguistas. Rosa Luxemburgo estaba presente en nuestras formulaciones tendientes a trascender la dicotoma reforma-revolucin, estaba presente cuando asignbamos un peso determinante a la experiencia popular en el proceso de formacin de la conciencia revolucionaria, cuando nos negbamos a escindir medios de fines, cuando apostbamos al protagonismo de la bases, cuando desconfibamos del centralismo democrtico y cuando pensbamos en trminos de contra-hegemona y democracia socialista. Toda esa veta, luego, la articulamos con otros autores marxistas como Ernst Bloch. Su trabajo El Principio esperanza, nos aport muchsimo y tambin nos planteaba un dilogo con el cristianismo. En paralelo tomamos contacto con la obra de Itsvan Mszros que nos ayud a repensar la transicin al socialismo bajo nuevas coordenadas. Otros autores fueron importantes, por lo menos para m: Henri Lefebvre, Jean Paul Sartre, Nicos Pulantzas, Ren Zabaleta Mercado, Ralph Milliband, Gran Therborn, entre otros y otras. A Jos Carlos Maritegui, Franz Fanon, Ernesto Che Guevara o John William Cooke, ya los tena prcticamente internalizados. Por supuesto, la situacin ofreca la posibilidad de releer la obra ntegra de Marx en clave societal. Incluso la de Federico Engels, V.I. Lenin y Len Trotsky.

Tampoco descuidamos el anlisis y el estudio de algunas experiencias histricas donde el concepto de poder popular funcion como eje articulador de prcticas y como orientador estratgico de los grupos revolucionarios. Yo recuerdo haber visto varias veces, en nuestras actividades de formacin militante, el documental La batalla de Chile, de Patricio Guzmn; sobre todo la Parte II que se llama, precisamente, El Poder Popular. Esa parte de La batalla de Chile era y es para nosotros impecable desde lo poltico-pedaggico, porque ah tenamos al poder popular en acto, exhibido y narrado en todo su potencial y con una belleza inusual. Y en un escenario no tan lejano en el tiempo y en un pas con el que tenamos y tenemos afinidades de todo tipo. Ya no se trataba de una reflexin abstracta sobre el poder popular, sino que ah estaba el poder popular en las fbricas, en los campos, en las poblaciones, en los cordones, en los comandos; en Chile, a comienzos de la dcada del setenta, en el tiempo de la Unidad Popular y el gobierno de Salvador Allende. Nos encontrbamos tambin con la experiencias del MIR chileno y con sus originales formulaciones en torno al poder popular.

La batalla de Chile , visionada en ese contexto argentino de la inmediata post-rebelin popular, gener discusiones antolgicas. Quin o quines construyen poder popular?, Cmo se construye poder popular? Puede un gobierno construir poder popular? Es tarea de un gobierno popular, de un gobierno revolucionario construir poder popular? Qu relacin deben tener las organizaciones que construyen poder popular con un gobierno popular? Cul es el vnculo ms adecuado entre una organizacin poltica revolucionaria y las diversas instancias de poder popular? Poco tiempo despus comenzamos a pensar la Revolucin Bolivariana de Venezuela bajo coordenadas que tomaban en cuenta la experiencia de la Unidad Popular.

As como abrevamos en experiencia de la Unidad Popular, nos pusimos a buscar experiencias de poder popular en acto. Experiencias que, en muchos casos, no haban estado atravesadas por una conciencia socialista. Esto era y sigue siendo una especie de anatema, de hereja, para la izquierda dogmtica.

Seguel: cmo a cuales se referan?

Mazzeo: Varias, las experiencias de los palenques, quilombos y mocambos de esclavos en Brasil, Venezuela y Colombia, las republiquetas de guerrilleros, la comuna de Morelos, el ayllu warisata, entre muchas otras. Tambin experiencias como las del Movimiento Sin Tierra de Brasil, los caracoles y las juntas de buen gobierno neozapatistas, las distintos movimientos de las clases trabajadoras, indgenas y populares de Bolivia, los consejos comunales en la Venezuela bolivariana. Buscbamos rescatar principalmente la vivencia de las bases en todo aquello en dnde nosotros creamos y creemos se construy poder popular, ms all de las mediaciones de una conciencia socialista Aqu quiero destacar los aportes del colombiano Orlando Fals Borda. [12]

Seguel: qu otras experiencias se podran agregar?

Mazzeo: las experiencias cercanas a la democracia obrera y popular que uno ya conoca de Argentina, las que se desarrollan entre los aos cincuenta y los setenta. Muchos compaeros y compaeras rescataban la experiencia de lo que fue la Resistencia Peronista en la dcada de 1950. [13] Pero sin dudas, puntos muy altos fueron el sindicalismo combativo y clasista de las dcadas del sesenta y el setenta, las coordinadoras interfabriles inmediatamente anteriores al golpe de 1976, [14] junto con algunos planteos tericos de organizaciones revolucionarias como las Fuerzas Armadas Peronistas y el Peronismo de Base o la Organizacin Comunista Poder Obrero. [15] Otros compaeros y otras compaeras se remitan a los pueblos originarios, donde, de algn modo, las tradiciones comunitarias ofrecan un acervo fecundo, casi inexplorado y sistemticamente negado por una matriz eurocntrica para pensar el poder popular.

Los pueblos originarios ofrecen una veta importante. Y nos obligan a descolonizar muchas de nuestras categoras y paradigmas. Nosotros trabajamos en la lnea de algunos aportes de Jos Carlos Maritegui, marxista peruano de la dcada del veinte que mencionbamos hace un rato. Maritegui supo acuar un concepto que suele pasar desapercibido en su obra, el concepto de socialismo prctico o de elementos de socialismo prctico. [16] La idea de que puede haber un tipo de socialismo en acto nos parece clave porque introduce unas dimensiones fundamentales del socialismo: la dimensin societal y relacional, la que remite a la autogestin y al autogobierno popular. Adems, la idea del socialismo prctico puede considerarse altamente compatible con la idea universal del socialismo. Nos pareca muy atractiva esa idea del socialismo prctico. Nosotros, adems, de algn modo, estbamos cerca de experiencias que tenan algo de socialismo prctico.

Seguel: en el movimiento de trabajadores desocupados

Mazzeo: exactamente. Pero no solo all. Haba otros espacios. Nos pareca que pensar el socialismo como un proyecto de dimensiones universales era mucho ms factible si se parta de los elementos del socialismo prctico; es decir, era posible pensar la transicin a un sistema poscapitalista o socialista, si uno parta de esos elementos a veces difusos, a veces vagos, de socialismo en acto.

Se trata de pensar el socialismo con un principio ms societal valga la redundancia que poltico. Algo que no suele ocurrir, porque los usos de la vieja izquierda tienden a ser ms politicistas e ideolgicistas. Lo que reivindicbamos hace quince aos era un principio societal, la idea de pensar la poltica emancipatoria con un fundamento social, algo tan sencillo y tan bsico como eso. Seguimos reivindicando lo mismo, ahora un poco ms a contramano, por lo menos en Argentina.

Recuerdo que los compaeros y las compaeras decan que la poltica, como la naturaleza, aborrece al vaco. Haba un rechazo visceral a todo tipo de construccin y praxis poltica superestructural. En argentina de la dcada del noventa haba una cultura poltica muy superestructural, muy estado-cntrica y delegativa, mas centrada en de lucha de aparatos que en la lucha de clases; una cultura poltica que, lamentablemente, ha retornado en los ltimos tiempos. La consigna del poder popular no dejaba de ser una reaccin frente a esa idea de la poltica superestructural, estado-cntrica y delegativa. Una reaccin a la poltica como gestin. Los compaeros y las compaeras saban decir que la poltica estaba en otra parte y que deba ser una prctica cotidiana, de todos y todas. Una prctica ajena a toda profesionalizacin o experticia, una prctica integral.

Una franja del activismo de izquierda asumi la tarea constante y permanente de romper la escisin entre dirigentes y dirigidos. El poder popular tambin tiene que ver con eso. El poder popular tiende a romper esa escisin omnipresente en las izquierdas y en las iglesias. Por un lado los poseedores de la doctrina, los poseedores de saberes tericos, los administrados del ritual (los dirigentes) y por el otro los legos, pasivos y receptores (dirigidos). Nosotros creamos que el poder popular solamente poda construirse si se rompa con esa escisin entre dirigentes y dirigidos, entre conocedores y legos. Yo sigo pensando igual.

Seguel: La bsqueda que se inicia no es una bsqueda individual, sino que una bsqueda colectiva en el marco de una militancia poltica. Sobre todo, con un sentido de urgencia de buscarle la proyeccin a la experiencia de los trabajadores desocupados en el contexto del 2001. Qu rol crees t que juega, en ese sentido, la generacin de inteligencia colectiva y de un marco de reflexin colectiva que posibilita estas formalizaciones? Porque en el fondo yo creo que algunos trabajos de los compaeros del Frente Popular Daro Santilln, reflejan un momento en el que se formaliza un aprendizaje que es colectivo en el contexto de una organizacin.

Mazzeo: absolutamente, es as, es as. Ms all de que nuestros trabajos aparecen con una firma, con un nombre y un apellido, son el resultado de la sistematizacin de una experiencia y un debate que fueron colectivos. Sus insumos fueron las luchas y las movilizaciones, las asambleas, los plenarios, las reuniones de las mesas y de las distintas reas, los talleres de formacin, los mbitos cotidianos; en fin, los mbitos de una praxis colectiva. Ese saber poltico, su lenguaje y su mstica correspondientes, se elaboraron de manera colectiva. Sin dudas, se trat de una de las escasas oportunidades histricas en las que me ha tocado participar de un proceso de gestacin de saberes polticos colectivos. Saberes polticos colectivos que, aunque un tanto devaluados en la poltica argentina actual, no dejan de ser patrimonio del pueblo argentino. Esa devaluacin, tal vez, sea responsabilidad de una parte del activismo (nuestra, por supuesto) por no haber encontrado las formas ms adecuadas de administrar y re-actualizar esos saberes. De todos modos yo creo que ser muy difcil construir en el futuro una fuerza emancipadora, ignorando todo ese bagaje de sabidura poltica plebeya y popular.

Creo que tambin haba en un sector de la militancia popular una necesidad de conformar un campo identitario. Eso lo pienso ahora, a la distancia. Entiendo que la generacin militante y el espacio poltico que emergen de las luchas sociales en torno de la rebelin popular de 2001, y que luego se sentirn contenidos en el Frente Popular Daro Santilln y en el ms extenso y difuso campo de la izquierda independiente, se saban distintos y ajenos al espectro poltico tradicional. Entonces queran saldar cuentas con la izquierda dogmtica, con la izquierda eurocntrica, con la izquierda unidimensional, pero tambin con otras tradiciones polticas, como el nacionalismo revolucionario o el peronismo de izquierda. Entonces, en esa necesidad de delimitar un campo identitario, se fue conformando ese pensamiento de la izquierda independiente, en debate con viejas culturas polticas pero sin dejar de asumir algunas herencias.

Seguel: entrando un poco ms en fino en lo que correspondera al poder popular en trminos de las reflexiones que ustedes han dado, sera interesante que partiramos con un tema que sin duda es imprescindible al momento de entrarle al poder popular y se refiere a la cuestin del poder y de lo popular. Especficamente, me gustara preguntarte respecto de la composicin de lo popular. Porque, por ejemplo, uno puede observar que las trasformaciones que se generan en las relaciones salariales, las trasformaciones que se van generando en los sistemas de estratificacin social, en las clases sociales, van modificando el contenido de lo popular, los espacios en los que se produce el sujeto. Me imagino que ustedes han afrontado esto, porque no deja de ser un asunto menor el confrontar a la tradicin marxista que nos plantea que la construccin de la fuerza social se genera en torno al proletariado industrial y que de su seno debe surgir una organizacin que la represente. Pero hoy en das esa relacin se modifica un poco, en el contexto de expansin de los servicios sociales en desmedro de las actividades ms industriales, de precarizacin y flexibilizacin de las relaciones de trabajo, de retroceso y modificacin de las relaciones en el agro. Cmo fue entonces que ustedes comprendieron lo popular y de ah la creacin de un tipo de poder especfico que estamos denominando como poder popular?

Mazzeo: Al inicio de este proceso de recomposicin del campo popular en Argentina, a mediados de los noventa, aparece el debate respecto del sujeto y muchos compaeros y compaeras, y amplios sectores de la izquierda dogmtica, sostenan que el sujeto segua siendo el sujeto clsico, compuesto por la clase trabajadora industrial, por el proletariado. Nosotros veamos que, dado los cambios que haban tenido lugar en Argentina y en el mundo, esa concepcin deba cuestionarse o complejizarse al menos un poco. En lneas generales, la clase trabajadora industrial por obra y gracia del desarrollo desigual y combinado, entre otras cosas no haba sido el sujeto protagnico en la historia de Nuestra Amrica.

En el caso de Argentina, sin dudas por su historia particular, esta clase s supo tener centralidad estratgica, pero esa condicin se haba modificado sustancialmente, a partir de la ltima dictadura militar y, sobre todo, durante la dcada del noventa, como consecuencia de la aplicacin de las polticas neoliberales. La vieja izquierda insista en que nuestras concepciones reivindicaban al lumpen proletariado, o lo que en la cultura poltica italiana se llam los lazzaroni. [17]

Nosotros entendamos que los desocupados, los compaeros y compaeras de los barrios populares, eran parte de esa clase trabajadora, pero definida ahora en una forma mucho ms extensa. Nosotros partamos de sostener esto: la clase trabajadora industrial haba perdido centralidad estratgica. Ya no se pareca a clase obrera de las dcadas del sesenta y el setenta. Esta idea mecnica de la centralidad estratgica de la clase trabajadora industrial llev a la vieja izquierda a cometer errores bastante importantes.

Para referirnos a la prdida de centralidad estratgica de la clase trabajadora industrial utilizbamos otra definicin, menos dura y ms descriptiva polticamente: la prdida de su capacidad para dinamizar el conjunto de las luchas populares. Y ah veamos a otros sujetos que comenzaban a tener mayor preponderancia. Entonces, como un elemento importante de nuestra definicin mnima del poder popular, decamos que el sujeto popular deba ser pensado como un sujeto plural. Por supuesto, en esa pluralidad no va en contra del carcter clasista del sujeto. Obviamente ese sujeto plural integra a la clase que vive de su trabajo (que ya bastante heterognea de por s), a la que apenas vive de su trabajo y a la clase expulsada del trabajo: proletariado, precariado y pobretariado. [18] Por supuesto que ese sujeto no est integrado por los dueos de medios de produccin, ni por los que gestionan a alto nivel los medios de produccin. O sea, la burguesa est afuera y en contra. Por otra parte, convivamos con ese sujeto y era demasiado evidente su condicin diversa, plural, heterognea.

Seguel: en la construccin cotidiana

Mazzeo: Efectivamente. Ese sujeto estaba muy lejos de ser una clase homognea. Existan compaeros y compaeras de la vieja izquierda que prcticamente sostenan que haba que luchar para conseguir trabajo formal para todos y todas y as recomponer la sociedad salarial y, junto con ella, al sujeto tradicional para hacer posible una poltica socialista. Nosotros decamos que eso era un determinismo absurdo, delirante.

La nocin del sujeto popular plural fue una idea-fuerza asumida por este espacio de la izquierda independiente y que tambin sirvi para diferenciarla de la vieja izquierda. Esa idea aport a la tarea de articular componentes de clase con componentes culturales, la clase social con la diferencia. Digo: en pleno auge de las narrativas posmodernas, haba como una exaltacin de la diferencia y no era nuestro caso; nosotros considerbamos la diferencia, pero la articulbamos con un componente de clase.

Al mismo tiempo comenzamos a asignarle una relevancia cada vez mayor al territorio, como relacin social, como espacio de subjetivacin y articulacin del sujeto popular plural, como campo de la lucha de clases...

Seguel: en relacin a eso, cmo pensaban la organizacin? Si se enfrenta a una transformacin de lo popular, al sujeto que va a conducir este proceso, cmo estaban pensando la organizacin o cmo afrontaron esta tensin que se puede generar entre movimientos sociales diversos, heterogneos, con una organizacin que apuesta a insertarse y que bien puede potenciar esa diferencia y generar cierto grado de unidad en torno a la lucha pero tambin puede hacer todo lo contrario?

Mazzeo: Esa tensin nunca se resolvi. Estuvo presente desde el principio y sigue siendo un problema. Recuerdo que nosotros decamos que, si haba organizaciones polticas participando en los espacios de los movimientos sociales y las organizaciones populares, lo que esas organizaciones polticas podan hacer, su mejor aporte, pasaba por politizar el colectivo y aportar recursos ideolgicos, organizativos e identitarios. Es decir, la propuesta de meter toda la poltica en la base, nunca reservar la poltica para una elite. Hay una cultura poltica, prcticamente hegemnica y hasta dira transideolgica, que alimenta las lgicas en las que la poltica queda reservada para una minora mientras que las bases se dedican a otras tareas despolitizadas.

Nosotros plantebamos que lo mejor era asumirse como organizaciones biodegradables. Lo mejor que le poda pasar a una organizacin era disolverse en un colectivo ms amplio. Por supuesto, despus haba necesidades concretas donde tenas que dar con formas organizativas que te permitieran resolver tareas puntuales y ah es donde aparecen otros problemas.

Seguel: qu tipo de problema especficamente?

Mazzeo: se puede estar en contra de cualquier forma de especializacin especficamente poltica, pero las necesidades prcticas pueden llevan a asumir formas de especializacin. Esas formas de especializacin generan permanentes de hecho que, ms temprano que tarde, hacen que se concentre poder decisorio en un ncleo, para peor, con un discurso antipolitico y sin ninguna posibilidad control.

Seguel: el problema del burocratismo que puede estar presente constantemente.

Mazzeo: lo interesante es que no surge de una conducta burocrtica, una especie de ser burocrtico inherente a los sujetos sino que, a veces, hay necesidades y situaciones concretas que indirectamente conducen a ciertos vicios burocrticos. Se puede pensar en una secuencia: la situacin lgica de tener que resolver problemas puntuales, la conformacin de grupos que se abocan esa tarea, la rutina que los convierte en especialistas y les permite acumular informacin y saberes, finalmente, los azares de la coyuntura hacen que esa tarea devenga estratgica, por lo tanto ese grupo aventaja al resto, se diferencia y comienza a concentrar poder. Se convierte en grupo dirigente y reedita la escisin entre dirigentes y dirigidos. Pero fueron las necesidades prcticas las que desencadenaron esa secuencia. Partamos de suponer que nadie pretenda concentrar poder en un ncleo, incluso todo lo contrario.

Luego, tambin existe la dificultad de sostener en el tiempo un tipo de militancia integral. Muchas veces los compaeros y las compaeras no pueden sostener en el tiempo un mismo grado de compromiso militante. El inters poltico y la predisposicin a asumir compromisos militantes radicales, van de la mano de ciertas coyunturas de politizacin masiva. En los tiempos de reflujo los compaeros y las compaeras vuelven a su vida cotidiana, siguen militando pero en tareas que, de repente, tienen menos implicancias polticas, menos proyeccin poltica, y ah es donde otra vez aparecen las elites, donde ciertos grupos empiezan a asumir roles dirigenciales. Esto lo sealo como una dificultad histrica general para los espacios de la izquierda independiente que se han propuesto modelos de organizacin alternativos.

Me gustara agregar algo respecto de la concepcin de la poltica de los compaeros y las compaeras que estructuraron su praxis en torno del concepto de poder popular. La poltica para ellos y para ellas supo ser concebida como apuesta. A diferencia de lo que ocurra con la vieja izquierda, para la cual la poltica siempre es la concrecin de alguna verdad preestablecida. Para la vieja izquierda, la poltica siempre es la concrecin de un plan preelaborado, la interpretacin de un libreto que ya fue escrito por otros y otras. Slo nos queda ser ms o menos hbiles en la ejecucin del plan y en la interpretacin del libreto pero, finalmente, la poltica no es ms eso, la concrecin de una verdad prefabricada. Esta concepcin sirve adems para entronizar ncleos de direccin y fomenta el elitismo. Nosotros confiamos en otros itinerarios, en un proceso de politizacin masivo y constante. Entendemos la poltica emancipatoria como apuesta, en realidad como apuestas, que deben formularse colectivamente y reactualizarse constantemente.

Seguel: me imagino que llegan a una concepcin de la organizacin heterognea, flexible.

Mazzeo: s, una de las palabras ms reiteradas en la discursividad del espacio de la izquierda independiente, en sus comienzos y respecto del tipo de organizacin fue, precisamente, flexibilidad. Se buscaba dar con un tipo de estructura organizativa flexible. Era necesario experimentar, no haba un modelo que copiar. Se buscaba un tipo de estructura con responsabilidades rotativas, estructuras abiertas y democrticas; en fin, estructuras organizativas lo ms alejadas posibles de la idea de un comit central.

Seguel: y, por ejemplo, nociones de direccin colectiva?

Mazzeo: s, la idea era gestar una organizacin democrtica en su funcionamiento cotidiano. La idea siempre fue que el trazo grueso de la poltica se estableciera en los espacios de mayor participacin, en los espacios ms colectivos, ms amplios. Una vez que el conjunto asume el trazo grueso, se supone que habr menos dificultades en la implementacin y ejecucin descentralizada de las polticas. Para cuestiones puntuales y urgentes no pods, ni necesits, hacer una asamblea. Porque tambin se presenta un tema de eficacia poltica. Cmo conciliar esa eficacia con la democracia ms profunda? Sigo pensando que la clave est en que las decisiones estratgicas se tomen colectiva y democrticamente. Luego, las decisiones ms prcticas, ms inmediatas, pueden recaer en colectivos o personas puntuales, para eso resulta fundamental generar estructuras organizativas basadas en la confianza y en soportes identitarios slidos.

Cuando se piensa en estructuras organizativas tienden a surgir visiones extremas. Por una parte, una idea de la organizacin formal, pulcra, que funcione como un reloj a partir de los reglamentos, los organigramas y las sanciones. Por otra parte, una idea de la organizacin basada en la confianza y en la capacidad y la libre iniciativa de sus miembros. Los espacios de la izquierda independiente, en un comienzo, apostaron a las organizaciones basadas en la confianza. Puesto en una frmula quedara as: mayor democracia y participacin en los trazos estratgicos y toda la confianza a la hora de las decisiones prcticas; y otro elemento fundamental para que esto funcione, la formacin poltica de base. La formacin poltica no como una instancia donde ciertos saberes polticos son socializados eso tambin, por supuesto. La formacin poltica como la nica forma de hacer factible la democracia de base. La nica forma de que el conjunto de los compaeros y compaeras participen en las decisiones estratgicas. Una forma apta para romper con la escisin dirigentes-dirigidos. Tuvieron tuvimos xitos y fracasos. El hecho de que una organizacin se funde en la confianza y en la identidad no es garanta de buen funcionamiento, aunque sigo pensando que son un punto de partida imprescindible.

Seguel: Claro, porque en ltima instancia una direccin es la acumulacin de un saber especfico ...

Mazzeo: es saber, es informacin, es poder decisorio y capacidad de conduccin poltica. Eso es una direccin. La idea es que sea lo ms colectiva posible. Sobre todo si pensamos en un proceso de emancipacin de las clases subalternas y oprimidas.

Seguel: y, por ejemplo, los problemas sobre el alcance de la poltica? Me refiero a la tensin que se puede llegar a generar entre cierto nivel de universalizacin, en el sentido de tener que salir a disputar los trminos de una poltica de incidencia nacional. Pero tambin, est esta necesidad de que la poltica tenga un fuerte anclaje hacia lo concreto, sectorial o territorial. Ac se me figura la tensin entre la universalizacin y la concrecin. En el fondo, la tensin entre la construccin y la disputa de una poltica especfica. En ese sentido ustedes cmo abordaron ese problema.

Mazzeo: ese problema sigue presente. Te dira que cada vez es ms acuciante. Sobre todo porque para los espacios de la izquierda independiente, en una primera etapa, prim lo particular y lo universal estaba prcticamente vedado o abandonado. Pero a medida que se consolidaron los particulares y se percibi que tenan proyeccin, que eran potencialmente universalizables, que existan elementos que podan convertirse en el sostn de un proyecto social y poltico alternativo, se gener una enorme tensin.

Mientras no se sale de lo particular, cuando tu poltica es digamos el socialismo en un solo barrio, cuando tu horizonte no se aparta del corporativismo, el trayecto puede parecer apacible, aunque sea un trayecto que lleva a la autodisolucin o a la integracin sistmica. Pero cuando te das cuenta de que eso que ests construyendo tiene la posibilidad de proyectarse, de universalizarse, ya aparecen otros problemas.

Tambin puede ocurrir que, por distintos factores histricos, los particulares pierdan fuerza y dejen de ser un lugar de enunciacin legtimo de la poltica emancipatoria.

Seguel: Ya vimos la tensin entre movimientos sociales y organizacin, luego vimos la tensin entre universalizacin y particularidad. Sera interesante en ese contexto, referirnos a eventuales tensiones que se pueden ir generando entre formas de construccin de poder popular y formalizaciones en trminos de organizacin con la institucionalidad. Cmo se piensa la construccin en ese contexto especfico, en el cual una organizacin y los movimientos sociales salen a disputar la poltica nacional, pero tambin manteniendo la construccin en los barrios, en los liceos, en las universidades, en las fbricas.

Mazzeo: eso, de alguna manera, estaba presente en estas organizaciones. Hablo del Frente Popular Daro Santilln, que es la organizacin que conoc ms directamente, y que deriva en buena medida de la experiencia de las corrientes autnomas del movimiento piquetero.

El movimiento piquetero se estructur a partir de la lucha por planes de empleo. Esto planes eran obtenidos ejerciendo alguna forma de presin colectiva y organizada frente al Estado. Era el Estado el que otorgaba estos planes de empleo. Esto gener, en el comienzo, la idea de que era compatible mantener un proyecto de transformacin radical de la sociedad, con una lucha social para obtener reformas, pero siempre con la clara conciencia de que no se trataba de una simple negociacin con el Estado sino de una disputa poltica. Tambin se pensaba que cualquier conquista, aunque parcial y transitoria, cobraba valor s era parte de un proceso de lucha y un proyecto ms amplio.

Desde un comienzo se plante la importancia y la necesidad de acciones reivindicativas. Infinidad de acciones reivindicativas. De ningn modo eran consideradas incompatibles con una lucha en una escala ms elevada. Conciente o inconcientemente asumamos que la democracia es un campo contradictorio. Puede ser el campo del enemigo, un campo de integracin sistmica, pero tambin puede ser un campo que nos permite tensionar al sistema, que nos permite luchar por ms democracia, que nos permite los procesos de subjetivacin popular.

Esa tensin entre lo reivindicativo y lo poltico, no creo que haya planteado tantas dificultades. Creo que fue la cuestin electoral fue la que plante ms inconvenientes. Porque no se dio con una forma de intervencin en lo electoral que no implique aceptar las reglas del juego del sistema poltico. Una accin gremial, con objetivos ms claros e inmediatos, donde los compaeros y las compaeras se organizan y luchan para conseguir algo, genera menos tensiones que la participacin en el juego electoral. Porque el juego electoral te obliga, de cierta manera, a seguir ciertas reglas y eso s gener muchas contradicciones en el espacio de la izquierda independiente. En buena medida esa cuestin gener una crisis que, en realidad, responda a otros motivos ms de fondo como la prdida de arraigo territorial, la falta de desarrollo en el campo sindical y la prdida de presencia en el movimiento estudiantil, etc. Es decir, la generacin de un vaco al que, sabemos, aborrece la poltica emancipatoria. Es lo que sealaba recin, los particulares perdiendo fuerza y dejando de ser un lugar de enunciacin legtimo de la poltica emancipatoria. Paralelamente el Estado, la poltica convencional, la poltica como gestin, la poltica delegativa, recuperaron terreno. La crisis llev a la fragmentacin del espacio de la izquierda independiente.

El ingreso al terreno electoral de los distintos fragmentos que componan el espacio de izquierda independiente, tiende a realizarse bajo el imperio de los modos que reproducen la poltica burguesa convencional. Aunque la experiencia militante acumulada se bas en prcticas bien alejadas de las lgicas de la poltica burguesa convencional, a la hora de asumir el juego electoral, lo primero que aflora es una fuerte tendencia reproducir esas lgicas. A aquellos grupos que pensaban que podan reinventar la poltica se les presenta el problema del fetichismo del poder. Desde mi punto de vista, de cara a un proyecto emancipatorio, la tensin principal se da entre la reinvencin de la poltica y el fetichismo del poder. El Poder Popular es un concepto emparentado con la reinvencin de la poltica emancipatoria, no tiene absolutamente nada que ver con el fetichismo del poder.

Seguel: segn esta forma de comprender el conflicto no resuelto entre disputar y construir, que lugar le corresponde a la militancia integral, a una tica militante determinada. Circula por ah alguna manera de contener las tendencias hacia la burocratizacin? Cmo se piensa eso? Me imagino que en parte las tensiones a las que nos estamos refiriendo fueron parte de las tensiones del Frente Popular Daro Santilln.

Mazzeo: Bueno, s, como te deca, durante mucho tiempo estuvo presente la ida de una militancia integral. La idea de un militante alejado de la especializacin, de la profesionalizacin de la poltica. Eso te remite a la figura del militante integral. Y a una situacin en la que no existe una separacin tajante entre la poltica y la vida cotidiana. Una de las grandes utopas de la izquierda independiente en sus etapas iniciales fue hacer que la poltica forme parte de lo cotidiano, que no sea un asunto de elites y expertos. En trminos marxistas: hacer que las funciones separadas y concentradas del Estado, lo que usualmente se denomina poltica, sean absorbidas por la sociedad civil popular, preferentemente bajo algn formato comunal. En este sentido, la figura del militante ms funcional es la del militante integral. Un militante organizador de la hegemona, de la coercin, investigador, educador; en fin, la figura del intelectual orgnico o el poltico crtico. Claro, el proceso de produccin de esta figura no resulta sencillo, porque la realidad, el sentido comn imperante, nos conducen a otros sitios. La realidad del orden burgus genera divisin del trabajo, diferenciacin, especializacin. Lo poltico tiende a escindirse de lo cotidiano.

Seguel: Volviendo un poco a la relacin entre tradicin y elaboracin, que siempre entendemos que est presente en el momento que nos planteamos el problema de la construccin. La poltica no nace foja cero. Cmo inscribiran ustedes en la experiencia del Frente Popular Dara Santilln de la cultura montonera, de la cultura del errep? [19]

Mazzeo: eso fue interesante, porque cuando emergen estas organizaciones, prcticamente en su prehistoria, se da toda una discusin sobre los setenta. En los noventa, en Argentina, comienzan a debatirse seriamente los setenta.

Podramos decir que las organizaciones y movimientos que luego conforman el espacio de la izquierda independiente, nacen en el marco de un debate sobre la dcada de los setenta. No es casual. Siempre se va al pasado desde el presente. No existe una fuerza antigua que condicione nuestros pasos.

Ms all de los debates acadmicos, folklricos y, por lo general, abstractos, en el marco de los movimientos sociales y las organizaciones populares tiene lugar una reivindicacin en bloque de la lucha revolucionaria de los setenta. No hubo reivindicaciones retrospectivas puntuales por parte de los compaeros y las compaeras.

Adems la mayora eran muy jvenes, y no vivieron esas experiencias. Si bien participaban del espacio compaeros y compaeras ms grandes que haban militado en organizaciones revolucionarias de los sesenta y los setenta, no van a promover ninguna identificacin retrospectiva. Insisto: se da una reivindicacin en bloque de parte de estos movimientos, de la experiencia montonera, de la experiencia del errep, de la experiencia de la FAP, la experiencia de los sindicatos clasistas, etc... Pero, fundamentalmente, la identificacin histrica es con una tradicin de lucha popular radical, con un pueblo en rebelin que gest una pluralidad de organizaciones.

 

 

 

 

 

 

 

Lans Oeste, Gran Buenos Aires. Argentina, agosto de 2014.

NOTAS

Miguel Mazzeo es Profesor de Historia y Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires. Es docente e investigador en varias universidades argentinas e investigador del Instituto de Estudios de Amrica Latina y el Caribe (IIEALC). Tambin ejerce como docente en espacios de formacin de distintas organizaciones populares y movimientos sociales de Argentina y Nuestra Amrica. Fue militante del Frente Popular Daro Santilln desde su fundacin hasta 2013. Autor de los libros: El socialismo Enraizado (2014), Introduccin al poder popular. (2015), Piqueteros. Breve Historia de un movimiento popular argentino (2014; 2004), Qu (no) hacer? (2014), Poder popular y nacin (2011) entre otros.

Pablo Seguel Gutirrez es Egresado de historia y estudiante de sociologa de la Universidad de Chile. Investigador del Proyecto Bicentenario para el estudio de los movimientos sociales: memoria y poder dirigido por Gabriel Salazar y del Ncleo de investigacin en movimientos sociales y poder popular ( www.poderymovimientos.cl , Universidad de Chile). Coordinador con Matas Ortiz del libro Poder popular, militancias y movimientos sociales. Desarrollo del proyecto de la Unidad Popular. (2015. En prensa). Contacto: [email protected]

[3] Entre las organizaciones polticas de la izquierda argentina es el Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejrcito Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP) la que dio mayor desarrollo a esta orientacin estratgica. Segn el historiador Sebastin Leiva, en torno a la nocin de Poder Obrero y Popular se conjugaron una concepcin estratgica de Guerra Popular Prolongada, cercana a la experiencia China, con un modelo de complejo partidario propio de la experiencia vietnamita (la concepcin de Pueblo en Armas de Vo Nguyen Giap), bajo una conceptualizacin de dualidad de poder. Vase: Leiva, Sebastin. Revolucin socialista y poder popular. Los casos del MIR y PRT-ERP 1970-1976. Concepcin: Escaparate ediciones, 2010. As tambin lo ratifican historiadores argentinos. Vase: De Santis, Daniel. El nico camino hasta el poder obrero y el socialismo, La historia del PRT-ERP por sus protagonistas. Buenos Aires: a formar filas editora guevarista, 2010, pp. 97-121. Mattini, Luis. Hombres y mujeres del PRT-ERP. La Plata: De la campana, 1996. Pozzi, Pablo. Partido Revolucionario de los Trabajadores-ERP. Concepcin: Escaparate, 2013.

[4] Mazzeo, Miguel. Piqueteros. Breve historia de un movimiento popular argentino. Buenos Aires: Editorial Cuadrata del Incunable, 2014.

[5] Gutirrez, Gustavo. Teologa de la Liberacin. Perspectivas. Salamanca: Ediciones sgueme, 1975.  Gutirrez, Gustavo. La fuerza histrica de los pobres. Lima: CEP, 1979.

[6] Dussel, Enrique. Caminos de liberacin latinoamericana I: Interpretacin histrico-teolgica de nuestro continente latinoamericano. Buenos Aires: Latinoamericana, 1972. Dussel, Enrique. Caminos de liberacin latinoamericana II: teologa de la liberacin y tica. Buenos Aires: Latinoamericana, 1974.

[7] Dri, Rubn. La revolucin de las asambleas. Buenos Aires: Diapora, 2006. Dri, Rubn. Movimientos sociales: la emergencia del nuevo espritu. Buenos Aires: Ediciones Nuevos Tiempos, 2008. Dri, Rubn. Racionalidad, sujeto, poder. Buenos Aires: Biblos, 2002.

[8] Para una profundizacin de la relacin entre el componente qulistico y la diakonia en la construccin poltica, vase: Mazzeo, Miguel. Poder popular, utopa y teologa de la liberacin, Introduccin al poder popular. El sueo de una cosa. Santiago: Tiempo Robado Editoras, 2014, pp. 165-223.

[9] Para profundizar la relacin entre el mandar obedeciendo y la construccin de poder popular, vase: Ernst, Ricardo. Notas sobre un ejercicio de poder popular en Amrica Latina. El EZLN y su mandar obedeciendo, en GESP (coor.). Movimientos Sociales y Poder Popular en Chile. Santiago: Tiempo Robado Editoras, 2015.

[10] Mazzeo, Miguel. La revolucin Bolivariana y el poder popular. Introduccin al poder popular. El sueo de una cosa. Santiago: Tiempo Robado Editoras, 2014, pp. 243-275. Zendejas, Diego. Poder Popular, la va bolivariana al socialismo. Los Consejos Comunales: entre autonoma y subordinacin, Estudios Latinoamericanos, Nueva poca, no. 34, Julio-Diciembre, 2014, pp.137-164. Es necesario adems sealar la importancia de la nocin de poder popular en el desarrollo del estado cubano desde la dcada de 1970. Vase: Flordelisio Coll, Mariana. Poder Popular y autogobierno en Cuba. La revolucin desde el municipio. Mxico: ITACA, 2007.

[11] Para profundizar sobre la importancia del concepto de praxis en el desarrollo del marxismo latinoamericano, vase: Snchez Vsquez, Adolfo. De Marx al marxismo en Amrica Latina, Mxico: ITACA, 2011.

[12] Vease: Fals Borda, Orlando. Ciencia, compromiso y cambio social. Buenos Aires: Editorial el Colectivo, 2013.

[13] Vase: James, Daniel. Resistencia e integracin. El peronismo y la clase trabajadora argentina. Buenos Aires: Siglo XXI editores, 2010. Guillispie, Richard. Soldados de Pern. Historia crtica sobre los montoneros. Buenos Aires: Sudamericana, 2011.

[14] Para una revisin en extenso de las coordinadoras interfabriles en Argentina. Vase: Werner, Ruth y Aguirre, Facundo. Insurgencia obrera en la Argentina. Clasismo, coordinadoras interfabriles y estrategias de la izquierda. Buenos Aires: Ediciones IPS, 2007.

[15] Para un panorama de la guerrilla marxista en Argentina: Santucho, Julio. Los ltimos guevaristas. La guerrilla marxista en la Argentina. Buenos Aires: Byblos, 1994.

[16] Vase: Mazzeo, Miguel. No violentar la realidad, artificios no: la nocin de elementos de socialismo prctico. Algunos de sus significados e implicancias tericas y polticas, El socialismo enraizado. Jos Carlos Maritegui: vigencia de su concepto de socialismo prctico, Lima: Fondo de Cultura Econmica, 2013, pp. 233-292.

 

[17] Marx se identifica a los lazzaroni dentro de la categora del lumpen proletariado en el 18 de brumario de Luis Bonaparte. En la edicin de la Fundacin Federico Engels, se aclara el concepto de Lazzaroni utilizado por Marx, sealadno Lazzaroni: sobrenombre que se daba en Italia al lumpemproletariado, elementos desclasados. Los lazzaroni fueron utilizados reiteradas veces por los medios monrquico reaccionarios en la lucha contra el movimiento liberal y democrtico. Nota al pie de pgina nmero 80. Marx, Karl. Dieciocho de brumario de Luis Bonaparte. Madrid: Fundacin Federico Engels, 2003, p. 64.

[18] Para una ampliacin de la heterogeneidad de actores que compones las clases subalternas latinoamericanas que viven de su trabajo, vase: Antunes, Ricardo. Adis al trabajo? Ensayo sobre la metamorfosis y rol central del mundo del trabajo. Buenos Aires: Ediciones Herramienta, 2003. Antunes, Ricardo. Los sentidos del trabajo. Buenos Aires: Ediciones Herramienta, 2013.

[19] Me refiero a la cultura poltica del PRT-ERP.

Bibliografa de Miguel Mazzeo.

Libros.

1. Mazzeo, Miguel (2014). Introduccin al poder popular. El sueo de una cosa. Santiago: Tiempo Robado editoras. (primera edicin 2007)

2. _____________ (2014). Piqueteros. Breve historia de un movimiento popular argentino. Buenos Aires: Editorial Cuadrata del Incunable SLN. (primera edicin de 2004)

3. _____________ (2014). Entre la reinvencin de la poltica y el fetichismo del poder. Cavilaciones sobre la izquierda independiente argentina. Rosario: Puo y Letra ediciones.

4. _____________ (2014). Qu (no) hacer? Apuntes para una crtica de los regmenes emancipatorios. Buenos Aires: Anarres. (primera edicin 2005)

5. _____________ (2013). El socialismo enraizado. Jos Carlos Maritegui: vigencia de su concepto de socialismo prctico, Lima: Fondo de Cultura Econmica.

6. _____________ (2012). Conjurar a Babel. La nueva generacin intelectual argentina a diez aos de la rebelin popular de 2001. Bueno Aires: Editorial el Colectivo.

7. _____________ (2011). Poder Popular y nacin. Notas sobre el bicentenario de la Revolucin de Mayo. Buenos Aires: Editorial el Colectivo & Herramienta ediciones.

 

Captulos de libros:

1. Miguel Mazzeo y Fernando Stratta (2014). Introduccin. En Varios Autores, Reflexiones sobre el poder popular (pp. 17-28). Santiago: Tiempo Robado editoras (primera edicin 2007)

2. Miguel Mazzeo (2015). Poder Popular y memoria En GESP (Coor.), Movimientos sociales y poder popular en Chile. Santiago: Tiempo Robado editoras.

3. _____________ (2013). Requisitos estratgicos. En Varios Autores, socialismo desde abajo (pp. 83-94). Buenos Aires: Ediciones Herramienta

4. _____________ (2009). Los elementos del socialismo prctico: un concepto necesario para pensar el socialismo del siglo XXI. A propsito de la vigencia de Jos Carlos Maritegui y la actualidad de los Siete Ensayos de interpretacin de la realidad peruana. En Varios Autores, Vigencia de J.C. Maritegui. Ensayos sobre su pensamiento (pp. 49-66).Buenos Aires: Dialektik.

5. ____________ (2008). La globalizacin neoliberal. Algunas definiciones generales. En Varios Autores, Historia Argentina Contempornea. Buenos Aires: Dialektik.

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