Portada :: Cultura :: Fallece Eduardo Galeano, cronista de los nadies
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-04-2015

Recuerdos de una entrevista a Eduardo Galeano

Vctor Montoya
Rebelin


Lo conoc en noviembre de 1982, en la sala de conferencias de la Agencia Sueca de Cooperacin Internacional para el Desarrollo, donde asisti para presentar la traduccin al sueco de su libro Las venas abiertas de Amrica Latina. Me pregunt de dnde era. Le dije que era boliviano. l cerr sus ojos claros, se arregl la gorra y dijo con voz de locutor: Y de qu parte de Bolivia?. De Llallagua, le contest. Tengo muy buenos recuerdos de ese pueblo minero, acot.

Luego me pidi acompaarlo hasta la puerta de entrada, porque tena ganas de fumarse un cigarrillo. Apenas salimos, me habl de doa Domitila de Chungara, de esa mujer que se llenaba de coraje a costa de reducir su miedo y de la importancia de los sindicatos mineros, capaces de dar lecciones de lucha a los dems sindicatos del mundo. All mismo me cont que en una ocasin, los mineros le metieron al interior de la mina en Siglo XX, a una galera que tena casi cuarenta grados de temperatura, y donde, a tiempo de pijchar la coca y sorber tragos de aguardiente, le preguntaron cmo era el mar. Entonces l, como todo artesano palabrero, se las ingeni para contarles cmo era el mar. Escogi las palabras apropiadas de modo que los mineros, empapados de sudor por las altas temperaturas, sintieran las palabras como si de veras las olas del mar les refrescara la cara y el cuerpo. Tambin me cont que un da, mientras caminaba por la plaza de Llallagua, la mujer de un minero, al verlo con la pinta de gringo, lo confundi con un cura y quiso llevarlo a su casa para que le diera la ltima bendicin a su marido, que estaba murindose con los pulmones reventados por la silicosis.

Cuando le solicit una entrevista, Galeano me mir dubitativo por un instante y, calculando mis veinticuatro aos de edad, contest algo as como: hazme las preguntas que quieras, pero en los lugares donde tengo programadas las charlas. As lo hice. Le segu los pasos durante dos das y me met en todos los locales donde habl de los pormenores de su emblemtica obra Las venas abiertas de Amrica Latina y sobre el compromiso del escritor con su realidad y su tiempo; circunstancias que aprovech para hacerle preguntas que fueron respondidas con elocuencia y conocimiento de causa.

Recuerdo que en la sala de conferencias, y mientras relataba que su libro fue censurado por las dictaduras militares, nos lleg la noticia de que la Academia Sueca decidi conceder el galardn del Premio Nobel Literatura a Gabriel Garca Mrquez. La noticia la dio a conocer en voz alta la escritora uruguaya Ana Luisa Valds, quien formaba parte de la editorial Nordan, conformada por un grupo de exiliados uruguayos. La sala explot de alegra y en sonoros aplausos, en tanto Galeano permaneci quieto en su asiento, como si la noticia le hubiese llegado a destiempo.

Al da siguiente, en la conferencia que dict en la sala del Instituto de Estudios Latinoamericanos, ante una multitud necesitada de sus anlisis lcidos y su voz orientadora, hizo gala de su destreza verbal, casi siempre salpicada de metforas y figuras de diccin. Los asistentes, con las mismas expectativas de quienes esperan las palabras de un mesas, lo aplaudieron por su visin particular en torno a las dictaduras militares, el saqueo imperialista y de lo mal que se trataba a los sudamericanos en Espaa, donde l mismo estaba exiliado desde 1976, tras el golpe militar protagonizado por Jorge Rafael Videla, quien lo aadi en la lista de los condenados por el Escuadrn de la Muerte.

Esa tarde, a medida que recorramos por una de las avenidas principales de Estocolmo, rumbo a la librera y cafetera Branting, donde tena prevista una charla con un grupo de suecos, se quej de que en Espaa lo ninguneaban los doctores encargados de la ctedra de historia sobre Amrica Latina. Me dijo que nunca lo invitaron a las aulas de las universidades, aunque los estudiantes lean Las venas abiertas de Amrica Latina, como texto de referencia en la facultad de historia.

Recuerdo que vesta de manera modesta y daba la impresin de ser un fumador empedernido, porque, entre disertacin y disertacin, preguntaba si haba un lugar de fumadores en el local. En la cafetera y librera Branting, que era propiedad del Partido Socialdemcrata Sueco, al no existir una sala destinada para los fumadores, se vio obligado a salir a la calle, donde fum arrimado contra la pared y soportando los vientos helados del otoo escandinavo.

En todas las charlas que dio, entre aplausos, bromas y risas, capt sus palabras en una grabadora de bolsillo y luego transcrib sin quitarle ni agregarle nada, en forma de una entrevista, que meses despus se public tanto en Presencia Literaria de Bolivia como en el semanario Liberacin de Suecia. Esta misma entrevista, sin embargo, no quisieron publicarla en el peridico El Deber de Santa Cruz, ya que su redaccin de cultura me devolvi los papeles mecanografiados unas semanas ms tarde, junto a una nota que deca: Sr. Montoya. Le sugerimos que, por favor, nos enve entrevistas a autores ms conocidos en nuestro medio.

Desde ese hecho curioso, han transcurrido ms de tres dcadas, y el Galeano que por entonces no era tan conocido como el Galeano de hoy, ha hecho correr mucha tinta en los medios de comunicacin, porque sus libros se han vendido como pan caliente, llenndolo de fama y de fans, ya que sus buenos textos, escritos con una increble economa de palabras, han dado la vuelta el mundo, traducidos a ms de una veintena de idiomas.

Eduardo Galeano, a varios aos de haber escrito Las venas abiertas de Amrica Latina, en sesenta das y sesenta noches, con aciertos y desaciertos, estaba imbuido esos das en una lectura ms profunda sobre la historia de nuestro continente, para terminar de escribir lo que llegara a constituir su triloga: Memoria del fuego, publicada entre 1982 y 1986, y cuyo primer volumen, Los nacimientos, fue publicado por la editorial uruguaya Del Chanchito, pocos meses antes de que lo conociera en Estocolmo.

Ya se sabe que las obras de este prolfico autor, que rompen con los gneros ortodoxos clasificados por los doctores de la literatura, se encuentran a medio camino entre el periodismo y la literatura, entre la realidad y la ficcin. Sus relatos breves, a veces escritos en prosa potica y amena, son un rescate de la memoria colectiva, pero tambin un repaso cronolgico de la historia de Amrica Latina, donde se mezclan las luchas polticas con los mitos, las leyendas y los ritos de las culturas ancestrales.

A su estilo depurado y compromiso poltico obedece el hecho de contar con miles de seguidores y admiradores, que en un determinado momento intentamos pensar y escribir como l, con ese mismo desparpajo caracterstico de los grandes escritores, que son como la miel en medio de un enjambre de abejas. Mi obsesin por su obra lleg a tal extremo que, de tanto leerlo y releerlo, lo tena como a un fantasma persiguindome hasta en los sueos, quizs, porque estaba convencido de que en Bolivia haca falta, ms que los escritores de literatura light, un Eduardo Galeano, muchos, muchsimos Galeanos, para reescribir la historia oficial y rescatar la memoria secuestrada de un pas que busca su identidad perdida, sin dejar de soar con un proceso de cambio y descolonizacin.

Como constatarn, mi admiracin por su prosa fue tan grande que, a veces, intent escribir como l, como cuando Borges intent escribir como Kafka, hasta que se dio cuenta de que Kafka ya haba existido, aunque en este oficio, no siempre grato, los escritores jvenes aprendemos a caminar de la mano de otro escritor ms brillante y fogueado en el mundo de las letras, como quienes viven acechados por la tentacin de plagiar textos, tcnicas y estilos literarios, incluso a riesgo de perder su nombre propio por pretender parecerse al otro.

Por suerte, desde que dej de ser un joven ingenuo e indocumentado, me liber de la sombra de este autor que admir con infinita pasin, porque, como l mismo enseaba, aprend a andar con mis propios pies y a pensar con mi propia cabeza. De todos modos, le agradezco por haberme ayudado a ver la luz entre las tinieblas de los sistemas de dominacin, por haberme enseado a descubrir la grandeza que se esconde en las pequeas cosas y, sobre todo, por haberme estimulado a rescatar la memoria secuestrada de los sin nombre, de los sin voz, de esa gente humilde que habla poco, porque hasta las palabras les duele como estocadas en el alma, como hoy nos duele su dolorosa partida, ah!, pero tal vez sea mejor pensar que su muerte no es verdad, ya que Eduardo Galeano, como dira Jos Mart, ha cumplido bien la obra de su vida, y si su muerte fuera verdad y si de veras no estuviera ya con nosotros, entre nosotros, al menos sus libros seguirn teniendo vida como la memoria viva de Amrica Latina.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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