Portada :: Europa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-04-2015

Ahogados de tercera

David Torres
Pblico.es


En la famosa escena final de Titanic, de James Cameron, Kate Winslet le pide a su amante Leonardo Di Caprio, muerto de fro y de agotamiento en las heladas aguas del Atlntico, que no la abandone al tiempo que, muy suavemente, empuja el cadver mar adentro para que se hunda cuanto antes. Slavoj Zizek glosa la escena en el documental Perverts Guide to Ideology y subraya el simbolismo con que se presentan las relaciones de clase en una pelcula tan brillantemente zafia. La clase alta, con sus jvenes herederas, sus viejas arpas y sus canallas de opereta, canibaliza a los pobres emigrantes que viajan en las entraas del trasatlntico; el joven vagabundo pletrico de vida baila con la aburrida nia rica inyectndole, durante una nica noche de pasin, energa y recuerdos suficientes como para afrontar el resto de su vacua y larga existencia. Su muerte es el holocausto ofrecido para renovar la especie de los millonarios, del mismo modo que los vampiros necesitan sorber la sangre de sus vctimas.

En aguas del Mediterrneo se hunde un Titanic sigiloso y cutre cada poco tiempo, docenas y docenas de Titanics con su triste carga de Di Caprios annimos, Di Caprios famlicos, Di Caprios de piel negra, miles y miles de hombres, mujeres y nios. La millonaria Kate Winslet ya no viaja a bordo, toma el sol tumbada al sol en las playa de Italia y de Espaa, convenientemente horrorizada por esa cclica tragedia que la estremece lo justo para recordarle el valor y el sabor de la vida. Por lo dems, Kate Winslet, en el papel de Europa, hace los mismos gestos que la joven heredera subida a su barca, llora un poquito por el muerto mientras lo aleja hacia las profundidades, con una pelota de goma a ser posible. Luego, la subida de los tipos de inters, la crisis griega, el peligro de la inflacin, un avin estrellado en medio de los Alpes o un niato asesino con una ballesta reclama su atencin hasta el prximo naufragio.

El hundimiento del Titanic profetiz el siglo que se avecinaba por varias razones, desde la soberbia tecnolgica hasta la orquesta que puso banda sonora a la catstrofe, y no fue la menor el hecho de que la repercusin meditica de la noticia -su tratamiento en la prensa de la poca, en la literatura y en el cine- adoptase la perspectiva de una tragedia de clase alta. Hoy los Titanics que cruzan a rastras el Mediterrneo no son altivos trasatlnticos de primera clase sino viejos pesqueros sobrecargados y fletados por las mafias, humildes pateras y gabarras desarboladas. Ya no los hunde un iceberg a la deriva sino el hacinamiento, el exceso de pasajeros, el hambre, el pnico, la codicia de los traficantes, la abulia criminal de esta Europa anmica cuyos valores de libertad, igualdad y fraternidad hace mucho que naufragaron en el ocano de los ndices burstiles.

Cuando Renzi y Hollande reclaman una cumbre europea para atajar la falta de respuesta eficaz ante un desastre recurrente, en realidad estn pidiendo un blsamo contra la mala conciencia. Los europeos nos jugamos nuestro crdito si no somos capaces de evitar estas dramticas situaciones, ha dicho Mariano, el nico hombre sobre la tierra que todava no sabe a ciencia cierta lo que una cuchilla puede hacer sobre la carne humana. En su asptica frase de condolencia tal vez el nico trmino autntico sea crdito, aunque no se refiera exactamente a ese tipo de crdito. Mientras tanto, y como recordaba Lorca, el mar es el nico que recuerda de pronto el nombre de todos sus ahogados.

Fuente original: http://www.printfriendly.com/print?url=http%3A%2F%2Fwww.caffereggio.net%2F2015%2F04%2F21%2Fahogados-de-tercera-de-david-torres-en-publico%2F


Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter