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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-04-2015

Una carta de disculpas para mi nieto
El futuro soado (y el no soado)

Tom Engelhardt
TomDispatch

Traducido del ingls para Rebelin por Carlos Riba Garca


Mal rayo te parta, siglo XXI de Estados Unidos!

Querido nieto:

Piensa en mi libreta de direcciones... s, simplemente el hecho de que tenga una libreta de direcciones te dice mucho de m. Todos los nombres, las direcciones, los correos electrnicos y los nmeros de telfono que me importan todava estn apuntados en papel, no en un ordenador o en un iPhone; es bastante sencillo saber qu significa eso: soy una persona mayor que se est haciendo cada da un poco ms vieja. En camino de los 71, aunque me cueste creerlo. Esa pequea libreta te muestra todas las seales de hacia dnde me dirijo. No era as hace unos aos, pero si ahora empiezo a recorrer sus pginas no puedo menos que darme cuenta de que los muertos, con sus direcciones y nmeros de telfono, se acercan sigilosamente a los vivos y que mi libreta de direcciones se parece cada da ms a un mausoleo.

ltimamente, la edad acude a mi mente, especialmente cuando estoy contigo. Este ao, mi padre tu bisabuelo, que muri en 1983, cumplira 109 aos. De alguna manera, esto me parece algo conmovedor. Siento que l forma parte de m como nunca me lo habra permitido admitir en mi juventud, y entonces pienso de m mismo con ms de 100 aos de edad. Extraamente, esto me deja con una mdica y muy personal sensacin de esperanza. A travs de mis hijos (y quizs tambin de ti), algn da bastante despus de que me haya marchado de este mundo, pueda imaginarme a m mismo ms viejo todava. No me interpretes mal; en mi cuerpo no hay una glndula de la espiritualidad, pero de verdad pienso que de alguna manera nosotros continuamos viviendo dentro de los dems, y eso nos lleva a todos hacia adelante.

Como sucede con los de mi edad, el futuro parece est acortndose, aun as contina siendo el notable misterio que siempre ha sido. No tenemos remedio: soamos sobre el futuro, nos preguntamos sobre l y tratamos de adivinar qu puede estar reservando el futuro para nosotros. Es un impulso que, supongo, est integrado dentro de nosotros. Aun as, curiosamente, por lo general nos equivocamos con los futuros que soamos. Sin embargo, cada tanto uno escudria delante de s y ve algo gracias a la perspicacia o la suerte de cada uno que prueba que ha acertado.

El futuro soado

En 2001, cuando ni siquiera imaginaba la presencia de un nieto en mi vida, tuve uno de esos momentos (y dese no haberlo tenido). Fue poco despus de los atentados del 11-S cuando, en todo el pas, los estadounidenses estbamos cumpliendo interminables ritos en los que nos concedamos una y otra vez el estatus de las vctimas ms destacadas del mundo, los nicos que importaban. Se puede decir que en esos meses, nos erigimos a nosotros mismos en las vctimas indispensables o excepcionales de la Tierra.

En ese prolongado momento de duelo nacional (junto con un temor rayano en la histeria), la administracin Bush se prepar para lanzar sus guerras globales de venganza mientras el dinero empez a derramarse en el estado de seguridad nacional de un modo sin precedentes en la historia. Fue un tiempo en el que con la palabra patria, inexistente hasta entonces en el vocabulario estadounidense, se rotul lo que acabara convirtindose en un segundo departamento de defensa, el secretismo descendi sobre el gobierno cubrindolo como una manta, la tortura se transform en la mejora de la semana en la Casa Blanca, el asesinato estaba a punto de convertirse en el centro (ms tarde, en la obsesin) del ejecutivo, y la vigilancia? An no haba comenzado a darme cuenta de la enorme y redundante vigilancia tanto en el mbito nacional como en el mundial cuando ya se haba construido todo un repertorio de descaradas ilegalidades y seudolegalidades de todo tipo.

En octubre de 2001, me era imposible captar la verdadera dimensin de lo que estaba pasando, pero no importaba. Escrut en el futuro y entonces supe, y lo que supe me estremeci hasta la mdula. Dcadas antes, yo me haba movilizado para formar parte del movimiento contra la guerra de Vietnam; ya en s, aquel era un tiempo terrible, pero cuando vi hacia dnde pareca estar yendo nuestro pas, mientras el presidente prometa castigar a todo el mundo y las bombas empezaron a caer en Afganistn, no tuve la menor duda de que esa iba a ser la peor poca de mi vida.

Por supuesto, en ese octubre y noviembre no estaba pensando en ti. No obstante, estaba pensando en tu madre y en tu to, mis hijos. Estaba pensando en el mundo que yo y mis coetneos y George W. Bush y Dick Cheney y George Tenet y Donald Runsfeld y el resto de esa pandilla les bamos a dejar.

De una manera callada ya haba hecho un buen trabajo as lo senta yo desde la desmovilizacin (como tantos estadounidenses) posterior a la era Vietnam. Aunque no era un acadmico, en mi tiempo libre haba escrito una historia muy personal de la Guerra Fra de la que me senta orgulloso. Era editor en dos editoriales especializadas en la publicacin de obras a las que yo sola llamar voces desde otro sitio (incluso cuando llegaban desde aqu mismo), entre ellas por nombrar solo dos, Blowback, de Chalmers Johson, y la triloga Memoria del fuego, de Eduardo Galeano.

Pero cuando de algn modo me topaba con el futuro y todo su deprimente horror, la mayor parte de ese trabajo no pareca ser una respuesta adecuada a lo que se vena. No tena la sensacin de que pudiera hacer mucho ms, pero senta un impulso que pareca sencillo: no pasar a tu madre y tu to un pas, un planeta, un nuevo siglo, tan degradados sin haber levantado un dedo para oponerme, sin al menos un intento. Sent la necesidad de movilizarme de un modo distinto en beneficio del futuro que haba vislumbrado.

Sin embargo, en ese punto, me fall la habilidad para prever los aos por venir y no supe qu hacer hasta que de pronto TomDispatch ms o menos me dio una bofetada en la cara (pero esta es una historia que te contar otro da). Este abril, despus de ms de 13 aos que empec a enviar misivas a una lista de correos electrnicos, est claro que de esta manera muy personal me las arregl para comprometerme en aquello de lo que yo era capaz. Desgraciadamente, debe agregar que durante todo este tiempo nuestro mundo no ha hecho ms que fastidiarse y degradarse todava ms.

Una realidad que se hace pedazos

Si estiras algo demasiado empezar a desgarrarse, hacerse pedazos, romperse. Esto, sospecho, podra ser un resumen razonable de lo que ha estado pasando en este nuestro mundo del siglo XXI. Aqu, en Estados Unidos, la gente dice a veces que estaramos en una Segunda poca Chapada en Oro, una nueva era plutocrtica; mientras tanto, nuestros polticos, cada da ms en la escena de los milmillonarios, parecen favorecer esa posibilidad. Vista desde otro ngulo, sin embargo, en realidad nuestra Segunda poca Chapada en Oro es un fenmeno mundial en el sentido de que cada vez menos gente posee cada vez ms. Se estima que para 2016 el 1 por ciento de las personas de este planeta controlar ms del 50 por ciento de la riqueza mundial y ser dueo de ms bienes que el otro 99 por ciento en su conjunto. En 2013, las 85 personas ms ricas del mundo tenan tanta riqueza como los 3.500 millones ms pobres. Mientras tanto, en ciertas regiones la desigualdad pareca estar creciendo (si acaso China e India son excepciones importantes a esta descripcin es una pregunta abierta). El dinero negro crece desenfrenadamente no solo en EEUU sino en todo el mundo.

Aunque todava no lo sabas, ya estabas viviendo en un mundo cada vez ms desigual cuyas tensiones solo parecen estar multiplicndose. Entre otras cosas, se est produciendo una verdadera descomposicin: el colapso del orden social, de unidades nacionales de largo arraigo, incluso posiblemente de asociaciones completas de estados. Parece asombroso; desde Ucrania hasta Grecia, Espaa a Francia, este clima de fragmentacin parece incluso estar llegando a Europa. Por supuesto, en gran parte de Oriente Medio y el norte de frica, la desintegracin forma parte de nuestra historia: naciones que se derrumban, guerras endmicas, extremismos de variada especie en franco crecimiento y poblaciones enteras arrancadas de cuajo de su entorno, exiliadas y soportando presiones casi inconcebibles. En gran parte de esto, me entristece decirlo, nuestro pas tiene una dolorosa responsabilidad.

En estos aos, escrib varias veces sobre la cuestin; es decir, acerca de un grupo de enloquecidos visionarios estadounidenses que tenan el sueo de establecer una Pax Americana en el Gran Oriente Medio por la fuerza de las armas y luego tratar con prepotencia al mundo entero durante generaciones. Invocando la libertad y la democracia y confiando fundamentalmente en el poder transformador del ejrcito de Estados Unidos, este grupo invadi alegremente Iraq y produjo un agujero en el corazn de Oriente Medio cuyas consecuencias son ahora horrorosamente evidentes: el Estado Islmico y su califato.

Despus, por supuesto, hubo la interminable serie de guerras fracasadas, intervenciones, ataques, campaas de asesinatos y dems cosas por el estilo; en pocas palabras, hubo la guerra global contra el terror lanzada por George W. Bush para castigo de todos los terroristas del planeta, para (como entonces a ellos les gustaba decir) desecar la cinaga en 80 pases. Era una guerra que, con todos sus excesos, se transform rpidamente en un cartel de reclutamiento o la propagacin de organizaciones extremistas. En estos momentos, esa guerra se ha convertido en algo tan institucionalizado que no me sorprendera si, en tu edad adulta, Washington estuviese todava en ella tan implacablemente y con tan poco xito como hoy.

En el nterin, el presidente se ha convertido primero en el torturador en jefe y despus en el asesino en jefe; por otra parte, lamento decrtelo, muy pocos aqu arriesgaron la menor objecin. Ha sido una pesadilla de por utilizar algunas palabras que probablemente no entenders hasta dentro de un tiempo arrogancia desmedida y locura, utilidades y horrores, inflados sueos de gloria y el regreso como desde un siglo anterior de la corporacin de guerreros y la guerra para el beneficio econmico a una escala pasmosa.

Todo esto pas en un pas que todava se propone como el ms rico y poderoso de la Tierra (a pesar de que se est comprobando que ese poder y esa riqueza tienen cada vez ms dificultades para ser aplicados con eficacia) y todo ello sucedi a pesar de obvias y honorables excepciones sin demasiada oposicin. Si esta es la Segunda Era Chapada en Oro el 1 por ciento de los estadounidenses, 16.000 familias, controla el 11 por ciento de la riqueza (como lo hizo por ltima vez en 1916) y el 22 por ciento de la riqueza de las familias (el 7 por ciento hace 30 aos), tambin es, en palabras del historiador Steven Fraser, la era del consentimiento.

Esto ha sido verdad en lo que concierne al regreso de la plutocracia, como tambin al crecimiento del estado de seguridad nacional, segn esos plutcratas milmillonarios adquiran poder y el pueblo estadounidense lo perda. Si ese Estado dentro del Estado tiene una divisa, esta podra ser esta particularmente antidemocrtica: los estadounidenses estn ms a salvo y seguros cuanto ms ignoren lo que hace su gobierno. En otras palabras, en el Estados Unidos del siglo XXI, nosotros, el pueblo (una frase que espero todava est vigente en tu tiempo) solo debemos saber qu hace nuestro gobierno en nuestro nombre solo lo que ese gobierno est dispuesto a revelar.

El gobierno en la sombra nunca habra ganado tanto poder de no haber sido por el trauma del 11-S, el impacto de vivir durante una jornada un tipo de violencia y destruccin bastante normal en cualquier sitio del mundo, y la amenaza planteada por un fenmeno nico al que llamamos terrorismo. No cabe la menor duda de que los grupos extremistas islmicos reunidos bajo esa denominacin representan una amenaza para los seres humanos reales desde Siria hasta Pakistn, desde Somalia hasta Libia, pero son una amenaza poco ms o menos igual a cero en la hoy llamada patria estadounidense.

Por supuesto, siempre hay algn tipo reventado que puede coger un arma de fuego e, inspirado por algn extrao vdeo de propaganda, mate a algunas personas en EEUU en nombre de una organizacin extremista cualquiera. Pero las matanzas sin nimo ideolgico (como la del beb que mat a su madre) ya existen y son un tpico en nuestro pas, y a nadie se le ocurre organizar un sistema de seguridad de millones de millones de dlares para prevenirlas.

Que el miedo a este moderado peligro haya transformado el estado de seguridad nacional en un notable centro de poder, beneficios econmicos e impunidad sin casi ninguna ingerencia de nosotros, el pueblo es una especie de funesto milagro de nuestro tiempo. En qu estbamos pensando cuando les permitimos que se gastaran algo as como un milln de millones de dlares al ao en lo que se llama seguridad nacional para que nos dejen un mundo que tiene tan poca seguridad, si acaso la tiene? Qu tenamos en la mente cuando les permitimos que financiaran su delirante proyecto de sistemas de armas para 2047 en lugar de gastar ese dinero en escuelas, energas renovables o infraestructuras para hoy mismo? Podra hacer una lista interminable de preguntas como estas, pero si lo que les hemos cedido todava interesa dentro de 20, o 30, o 40 aos, y t tienes el privilegio de mirar atrs en nuestro tiempo, en el origen de tus problemas, estoy seguro de que podrs ver ms claramente todo esto en lo que est sucediendo en el momento que ests viviendo.

Soy incapaz de imaginar cmo ser el Estados Unidos de tu adultez; aun as puedo notar que este pas est cambiando de una forma inquietante. Lo estn transformando en algo que a tu bisabuelo le parecera irreconociblemente contrario a lo estadounidense. Si bien no podemos hablar de descomposicin, expresiones como polarizacin poltica y punto muerto ya forman parte del estilo de vida de nuestros milmillonarios. No estoy seguro de adnde nos lleva todo esto, pero a m no me parece que sea algo conocido y bueno. Por supuesto, no se parece en nada al mundo estadounidense que habra querido dejarte.

Estados Unidos en el divn

No has puesto un pie en una escuela, apenas sabes cmo se usan esas omnipresentes y brillantes patinetas ni puedes todava entender la magia del pensamiento infantil, de decir por ejemplo que ests escondido aunque se te ve de cuerpo entero y asumir que nadie puede verte. Por eso s que es un poco pronto para traerte a la aparentemente trastornada naturaleza de los asuntos de los adultos.

No obstante, si este pas mo y algn da tuyo pudiera ser llevado al divn del psicoanalista, sospecho que recibira el diagnstico de, en trminos accesibles a todos, trastornado (en un planeta cada da ms alterado). Lo peor de todo es que en realidad ya no somos capaces de ver cul es nuestra mayor amenaza, que no es una panda de yihadistas sino lo que estamos hacindonos a nosotros mismos y al mundo que habitamos.

Ponlo de otra manera, si no estamos apreciablemente amenazados por aquello en lo que hemos gastado tanto dinero y energas, eso quiere decir que casi no hay amenaza alguna contra la vida de Estados Unidos. En realidad, ni siquiera te mencion lo que ms me preocupa cuando pienso acerca de tu futuro: la tensin cada vez mayor a la que est sometida la vida aqu y en el resto del mundo debido a la explotacin y consumo de los combustibles fsiles.

En cualquier caso, yo tena ganas de dejar constancia de todo esto, a pesar de que no tengo forma de saber si esa constancia tiene alguna permanencia, ni si en el mundo de 2047 tendrs posibilidad de acceder a lo que he escrito. Para decirlo de otro modo, no tengo idea de que acaso leas esto alguna vez. Sin embargo, de verdad temo que si lo haces ser en un planeta ms fragmentado, desquiciado y tensionado que el que hoy compartimos t y yo. Soy conciente de que nuestra responsabilidad era proporcionar a ti y los dems nios lo menos que se merecen: un lugar decente donde crecer.

Para dejar constancia, entonces, quiero decir que a pesar de mis mejores (y modestos) esfuerzos, siento que te debo un pedido de disculpas. Me resulta difcil expresarlo: lo siento, por lo que hay y por lo que puede haber. Este no es el pas que yo soaba para ti. Este no es el mundo que yo quera dejarte. No es lo que t mereces.

Aun as, todava tengo esperanzas en relacin contigo y con tu tiempo. Como seal una magnfica escritora de mis tiempos [Rebecca Solnit], la oscuridad del futuro es algo cercano a una bendicin. Siempre deja abierta la posibilidad de que a pesar de la locura del momento la verdadera decencia, la amabilidad que veo en ti la que todo el mundo puede ver en cualquier nio, tengan una mnima posibilidad de crear una diferencia en nuestro planeta.

Y ms especficamente, aunque cuando se trata de la riqueza y la guerra esta pueda ser una era del consentimiento, no est comprobado que sea lo mismo en la cuestin ms importante: el cambio climtico. Contra las fuerzas de la autntica criminalidad y la riqueza, y pese a la tenaz negacin de la realidad financiada por las empresas que se han beneficiado histricamente de la explotacin de los combustibles fsiles, en este pas y en el mundo se ha ido consolidando un movimiento que trabaja para salvar a la humanidad del maltrato al planeta Tierra que ella misma comete. Desde la resistencia a los oleoductos hasta la desinversin, su fuerza ha estado creciendo sin cesar al mismo tiempo que el costo de los sistemas alternativos de energa cae rpidamente. Esta es una combinacin que al menos ofrece una mdica esperanza contra las peores presiones por la desintegracin y, en ltima instancia, la destruccin lisa y llana de este planeta como sitio de bienvenida para ti y tus hijos y los hijos de tus hijos.

Entonces, permteme que termine de esta manera: espero que algn da del distante futuro leas esta carta y que, dados el ingenio de nuestra especie y su valenta para resistirse a la locura, dadas todas aquellas sorpresas que guarda el futuro dentro de s, sonras con indulgencia por mis miedos. T me hars ver o al menos a aquel rastro de m que haya quedado en ti que yo tena la tpica incapacidad humana de imaginar el impredecible futuro y que, al final, las cosas nunca han estado a la altura de mis peores temores. Espero que, a pesar de que nosotros no lo hicimos, t tendrs la posibilidad de una vida de milagros, de esos que todos nosotros en este planeta nos merecemos.

Tu abuelo, que te quiere

Tom

Tom Engelhardt es cofundador de American Empire Project y autor tanto de The United States of Fear como de una historia de la Guerra Fra, The End of Victory Culture. Dirige TomDispatch.com, del Nation Institute. Su nuevo libro es Shadow Government: Surveillance, Secret Wars, and a Global Security State in a Single-Superpower World (Haymarket Books).

Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/175986/tomgram%3A_engelhardt%2C_the_future_foreseen_%28and_not%29/#more



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