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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-04-2015

Eduardo Galeano y la necesaria escuela de la utopa

Jordi Mir Garca
Rebelin


La noticia de la muerte de Eduardo Galeano ha hecho que sus palabras brotaran de gran cantidad de personas que en algn momento las haban ledo o escuchado. Estas palabras en muchos casos tienen un valor educativo. Sus palabras no slo son bellas, que lo son. No slo son sensibles, que lo son. No slo nos ayudan a expresar mucho mejor de lo que nosotros sabramos unas ideas que compartimos, que lo hacen. Sus palabras han contribuido a educarnos. Nos han ayudado a encontrar ideas, maneras de hacer, de decir, de ser. Palabras siempre atentas a lo comn, a las personas despreciadas; aunque esto no interese a los de arriba, o precisamente porque no les interesa.

 

Galeano no es un pedagogo, no es un terico de la educacin. Pero en sus libros est muy presente. Tal vez hay uno que merece ser destacado al hablar de su preocupacin por la educacin: Patas arriba. La escuela del mundo al revs (1998). Un libro para enfrentarse a un mundo que est al revs. Este mundo nos ensea lo contrario de lo que tocara y hay que poner remedio: El mundo al revs nos ensea a padecer la realidad en lugar de cambiarla, a olvidar el pasado en lugar de escucharlo y a aceptar el futuro en lugar de imaginarlo: as practica el crimen, y as lo recomienda. En su escuela, escuela del crimen son obligatorias las clases de impotencia, amnesia y resignacin. Pero est visto que no hay desgracia sin gracia, ni cara que no tenga su contracara, ni desaliento que no busque su aliento. Ni tampoco hay escuela que no encuentre su contraescuela. Y el miedo est muy presente. El miedo en un mundo que prefiere la seguridad a la justicia, como dice Galeano. El miedo que es la materia prima de las prsperas industrias de la seguridad y el control social.

A Galeano le gusta recordar a Simn Rodrguez, a quien nos presenta como maestro de Simn Bolvar y anduvo medio siglo por los caminos de Amrica, a lomo de mula, fundando escuelas y diciendo lo que nadie quera escuchar . De l cita en ms de una ocasin algunos principios bsicos de la educacin: Mandar recitar de memoria lo que no se entiende, es hacer papagayos. Enseen a los nios a ser preguntones, para que se acostumbren a obedecer a la razn: no a la autoridad como los limitados, ni a la costumbre como los estpidos.

Una de las formaciones que necesitamos es la que nos permite tener memoria. La historia que nos puede llevar a la memoria de lo no vivido. Pero hay historia, memoria, que puede que no conviene que conozcamos: La memoria del poder no recuerda: bendice. Ella justifica la perpetuacin del privilegio por derecho de herencia, absuelve los crmenes de los que mandan y proporciona coartadas a su discurso. La memoria del poder, que los centros de educacin y los medios de comunicacin difunden como nica memoria posible, slo escucha las voces que repiten la aburrida letana de su propia sacralizacin. La impunidad exige la desmemoria. Hay pases y personas exitosas y hay pases y personas fracasadas, porque los eficientes merecen premio y los intiles, castigo. Para que las infamias puedan ser convertidas en hazaas, la memoria del norte se divorcia de la memoria del sur, la acumulacin se desvincula del vaciamiento, la opulencia no tiene nada que ver con el despojo. La memoria rota nos hace creer que la riqueza y la pobreza vienen de la eternidad y hacia la eternidad caminan, y que as son las cosas porque Dios, o la costumbre, quieren que as sean. Qu historia conocemos? Conocemos la historia de las personas que han luchado a lo largo de la historia? Las que han luchado para no ser explotadas, para establecer unos derechos para las personas, para garantizarlos? Conocemos esa historia? Alguien nos la ha contado? Tenemos que dar la vuelta a este mundo patas arriba para conocer lo que hay que conocer.

No siempre el mundo ha sido tan "patas arriba" como hoy. Galeano recuerda lo que ocurra en la dcada de los sesenta y setenta: Hasta hace veinte o treinta aos, la pobreza era fruto de la injusticia. Lo denunciaba la izquierda, lo admita el centro, rara vez lo negaba la derecha. Mucho han cambiado los tiempos, en tan poco tiempo: ahora la pobreza es el justo castigo que la ineficiencia merece. La pobreza puede merecer lstima, en todo caso, pero ya no provoca indignacin. El mundo gira, no para de girar. La direccin que siga depender del impulso que le demos. En Galeano no hay lugar para la resignacin, el pesimismo debe quedar para tiempos mejores. Galeano es un defensor de la utopa, de la importancia de nuestras ilusiones, de la fuerza que nos dan. La utopa est en el horizonte, nos acercaremos diez pasos y se alejar diez pasos. La utopa nos ayudar a caminar en la direccin que queremos seguir.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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