Portada :: Europa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-04-2015

Portugal
El triste fado de la democracia

Antoni Jess Aguil
Pblico


Por qu en estos ltimos aos Portugal se ha convertido en una semicolonia informal de Alemania y la troika? Por qu la democracia representativa desdea las formas de hacer poltica de los movimientos populares que se vienen organizando para combatir el orden neoliberal y dar continuidad a las aspiraciones revolucionarias del 25 de abril? Por qu, en definitiva, la democracia electoral se ha transformado en uno de los principales obstculos para la democratizacin de la democracia?

Pueden sealarse tres razones principales por las cuales bajo el dominio de la troika la democracia portuguesa se ha transformado en un mecanismo electoral desvinculado de la soberana popular, tutelado por fuerzas externas que lo han vaciado de contenido, basado en la naturalizacin de la austeridad como salida inevitable de la crisis y regido por formas oligrquicas de poder.

Una poltica de ultrausteridad. En mayo de 2011, el gobierno del Partido Socialista (PS) de Jos Scrates, siguiendo los pasos de Irlanda y Grecia, firm con la troika el llamado Programa de Asistencia Econmica y Financiera (PAEF), un rescate para el periodo 2011-2014 por valor de 78.000 millones de euros a cambio de aplicar un ambicioso programa neoliberal de reformas y de pagar unos 34.400 millones de euros en intereses. El PAEF inclua medidas como la desregulacin del mercado laboral, el aumento de la edad de jubilacin, la reduccin de los indemnizaciones por despido, un vasto programa de privatizaciones (aerolneas, compaas elctricas, correos, etc.) y el recorte del Estado a travs de la reforma de las pensiones, la reduccin de empleados pblicos y la disminucin de las tasas administrativas para las empresas. Un programa cuya dureza, como reconoca Jean-Claude Juncker, atentaba contra la dignidad (y la soberana, cabe aadir) de la sociedad portuguesa.

Tras las elecciones legislativas de junio, el gobierno entrante del Partido Social Demcrata (PSD, centroderecha), en coalicin con los democristianos del CDS-PP, fue ms all. El primer ministro, Passos Coelho, anunci una refundacin del PAEF en clave de una austeridad extrema con medidas no contempladas en la versin original en contra de las clases populares y trabajadoras (recortes de salarios, supresin de las pagas extraordinarias a funcionarios y pensionistas, etc.).

Contrarreforma constitucional. El modelo social de bienestar portugus es una conquista del 25 de abril de 1974. La Constitucin de 1976 es generosa en derechos sociales. Refleja diferentes influencias sociales y polticas y est marcada por la dinmica revolucionaria. No obstante, las medidas tomadas durante la intervencin de la troika han supuesto la erosin del modelo social. Incluso varias de ellas han sido declaradas inconstitucionales. En general se trata de decisiones encaminadas a recortar el gasto pblico en salarios y pensiones. Se da, as, la paradoja de que un rgano no electo por el pueblo como el Tribunal Constitucional es el que en determinadas ocasiones ejerce como salvaguarda de los valores constitucionales violados por el capitalismo del expolio y la democracia liberal.

Democracia electoral de bajsima intensidad. La celebracin regular de elecciones libres, competitivas y multipartidarias no es condicin suficiente para hablar de una democracia representativa consolidada y de calidad. Democracia resulta una palabra excesiva para referirse a un sistema en el que, al decir de Boaventura Santos, el poder se halla en manos de gobernantes que incumplen los programas electorales, eluden rendir cuentas y se multiplican en consejos de administracin; con elecciones convertidas en liturgias donde el sufragio sirve para reforzar la alternancia bipartidista sistmica (desde 1976, el PS ha obtenido seis victorias electorales y el PSD cinco); que permite la colonizacin de las instituciones pblicas por intereses antidemocrticos; que convive con el aumento de la desigualdad social, resultante de las polticas de los sucesivos gobiernos de turno, de la aplicacin del PAEF y de la sumisin a los mercados financieros; que desconstitucionaliza derechos; que instala en el sentido comn el discurso de la falta de alternativas; que desconfa de la participacin popular; y saturado de corrupcin (la detencin provisional de Scrates por sospechas de corrupcin, blanqueo de capitales y fraude fiscal corona la imagen de una democracia que lamina la legitimidad de las instituciones representativas).

Como resultado, uno de los efectos ms perniciosos ha sido la galopante deslegitimacin social y poltica de la democracia representativa. El Eurobarmetro 78/2012 constataba que el 74% de la poblacin encuestada se declaraba insatisfecha con las instituciones gubernamentales y el funcionamiento del sistema poltico vigente. La deslegitimacin que arrastran las instituciones polticas se debe en gran parte al enorme desequilibrio entre los sacrificios exigidos a las clases trabajadoras y al capital; a los resultados del programa de la troika, que han sentado las bases de lo que Jos Reis llama una economa poltica del retroceso basada en el desempleo, el empobrecimiento y la desigualdad; y a las limitaciones de la oposicin al presentarse ms como partidos de protesta que de alternativas.

Pero la situacin puede cambiar. Portugal y Europa necesitan superar el modelo poltico-institucional dominante apostando por prcticas polticas con potencial emancipador que permitan construir un futuro alternativo. Democratizar la democracia representativa y consolidar la democracia participativa (desde la transicin democrtica slo se han celebrado tres referndums nacionales no vinculantes en Portugal) son metas necesarias, aunque insuficientes. Es imprescindible articularse con las formas de autoorganizacin popular que estn fuera de las instituciones. Desde 2011 ha aumentado la participacin no convencional a travs de movimientos de contestacin que han abierto fisuras en las polticas de austeridad (Gerao rasca, Precrios Inflexveis, Congreso Democrtico de las Alternativas, Que se Lixe a Troika!, etc.). Sin embargo, todava no se ha logrado crear un polo que funcione como un contrapoder social y poltico capaz de aglutinar la indignacin y de tender puentes con las organizaciones tradicionales (partidos y sindicatos), ya sea en forma de herramienta electoral que aspire a romper el tablero poltico, como Syriza o Podemos, o de movimiento asambleario de base lo suficientemente potente para articular luchas populares en diferentes escalas de accin. Mientras no se den pasos en estas direcciones, a lo que invita la candidatura ciudadana Tempo de Avanar, que ha propuesto a las fuerzas polticas con trazos comunes la construccin de un gran acuerdo nacional contra la austeridad y por la profundizacin democrtica, la democracia portuguesa sonar como un autntico lamento.


Antoni Aguil es filsofo poltico y profesor del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Combra.

Fuente: http://blogs.publico.es/otrasmiradas/4486/el-triste-fado-de-la-democracia/



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter