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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-05-2015

El fascismo oculto, la baja autoestima y los otros inferiores

Armando B. Gins
Rebelin


Convivimos con actitudes fascistas casi sin darnos cuenta de ello porque las ideas intransigentes forman parte de las sociedades del espectculo que habitamos.

Aguirre , la candidata ms casposa del PP, reparte estopa barata contra los inmigrantes y los pobres y, por supuesto, aqu no pasa nada. Ella sigue siendo un modelo icnico para muchas gentes desorientadas de la clase trabajadora.

Los otros, la diferencia accidental y el matiz distintivo continan causando temores atvicos a las poblaciones autctonas que conforman la normalidad patria, tnica o social de un pas cualquiera, Espaa, sin ir ms lejos.

En pocas de crisis, lgicamente, ese nerviosismo dormido en las entraas telricas de la mente, tiende a salir a flote de manera sorda o a travs de sufragios secretos que viajan a posturas polticas que hacen del nacionalismo y lo propio sus banderas de enganche ideolgicas.

Resulta preocupante, sin duda alguna, que el fascismo sobreviva acodado en las telaraas emocionales o sentimentales de la gente, pero la verdad radical es esa. Con poco que rasquemos en la piel social, el virus despierta y se convierte en un silencio elocuente contra los que no son como nosotros.

El pobre y el inmigrante son los otros ms ingratos y malolientes en la imaginera popular. Nadie quiere ser extranjero ni marginado. Ambas categoras causan pavor por si solas. Si nos topamos con ellas en carne y hueso, desviamos la mirada al vaco para disipar preguntas morales y disolver responsabilidades personales.

El capitalismo es as, competencia feroz, aunque a veces disimulada con reuniones sociales que atemperan la vesania del rgimen. Ir de compras, el ftbol, los conciertos masivos, el credo religioso y otros espectculos similares concitan adhesiones colectivas superficiales que suplen y atemperan los empujones egostas por el espacio vital y la supervivencia econmica del acontecer cotidiano.

Parece que vivimos en sociedades libres y justas, en donde la pobreza o los reveses personales, laborales o econmicos son situaciones sobrevenidas y aleatorias sin causa desencadenante. La culpa de nuestro infortunio privado siempre es de uno mismo. Hay que trabajar ms, estudiar ms, consumir ms, competir mejor. Y resignarse a la suerte propia. Y, por supuesto, no perder el tiempo ni la energa en ayudar a los otros que se arrastran para sobrevivir al da a da. Los otros, pensamos como reflexin que calma nuestra tica ntima, haran lo mismo que yo/nosotros.

Cuando el fascismo latente dice lo que piensa sabe por qu lo hace, porque existe un caldo de cultivo que permitir captar el mensaje provocando un alivio o desage moral de excrecencias malsanas en los receptores del mismo. Le Pen, padre e hija, y Aguirre, entre otros polticos de la derecha nominal y sociolgica no necesariamente adscrita al PP, sirven de vlvula de escape a querencias ocultas o subyacentes en las clases populares.

Estamos ante resabios histricos, lacras sociales, perversiones innombrables, resentimientos purulentos y ajustes de cuenta enquistados desde tiempos remotos que precisan un catalizador (o lder con carisma) para expresarse y no daar la estructura o equilibrio mental de trabajadores y trabajadoras vejados en su condicin de clase, laboral y socialmente hablando. La inmensa mayora no han podido conectar, por ignorancia inducida o por cobarda particular, con ideas polticas que sirvan de cauce colectivo a las contradicciones inherentes al aparato capitalista.

El fascismo vela las relaciones profundas de clase del sistema capital-trabajo. En su cariz ms virulento canaliza momentos histricos donde el sistema necesita regenerarse por completo al ser imposible mediante la propaganda ideolgica conducir los conflictos sociales y polticos en favor de las clases corporativas y propietarias.

Pero el fascismo nunca desparece del todo. Sus capacidades internas para el disfraz y el travestismo son ingentes, creando mayoras sociales con artificios muy poderosos, siempre estableciendo dualidades encontradas u oposiciones de ocasin que desvan la atencin y la mirada de los problemas reales y las causas complejas que los originan.

Las expresiones ideolgicas blandas del capitalismo en sus formas democrticas parlamentarias hacen uso de la divisin social en segmentos estticos y cupos sociales arbitrarios o al dictado de modas concretas. Con ello se pretende atizar la competitividad en un todos contra todos que tanto puede ser utilizado como baluarte de la libertad de expresin o como estigma o desorden para la represin puntual o sistemtica de ideas contrarias al statu quo en vigor.

Cuando el capitalismo entra en una de sus crisis cclicas recurrentes, un cierto o gran desorden resulta inevitable. El sistema est capitalizando nuevos recursos ajenos para otra fase de expansin. Este proceso radical y ms o menos violento deja vctimas por miles o millones: pobres, marginados, inmigrantes, parados, desahuciados

A ese lumpen tan variopinto hay que controlarlo muy de cerca para que no adquiera destrezas polticas que pudieren expresarse en mayoras sociales (y electorales) peligrosas o lesivas para los intereses de la elite. Es el instante preciso, pues, de crear dicotomas o disyuntivas ideolgicas ad hoc para reunir al comn en un redil clido y confortable que mire a un enemigo ficticio con saa extrema.

Un trabajador presa del fascismo no es ms, ni menos, que una persona brutalmente herida en su autoestima. Darle un enemigo y fabricarle una fbula hace que sus impulsos primarios puedan expresarse social y polticamente sin barreras ticas que salvar. El otro o chivo expiatorio ha de convertirse en inferior o subhumano para que la baja autoestima se transforme en sucedneo de superioridad moral en el sujeto alienado y subyugado por la palabra fascista. As se extienden las ideas o actitudes del fascismo cotidiano escondido en la maraa cultural y social.

En realidad, el mecanismo es bastante similar al del hooligan futbolero o al de un fantico de un grupo musical o artista comercial de moda. Se trata de exudar cuerpo a cuerpo los sinsabores cotidianos y los conflictos vitales no resueltos convenientemente. Hay que gritar desaforadamente para exorcizar las penas propias. No es eso fascismo en incipiente germen o espritu larvario?

S, hay fascismo contenido y miseria oculta en nuestros sistemas capitalistas occidentales. Hay muchos ms lepenes y aguirres de lo que pensamos a nuestro alrededor. Jams se expresarn con franqueza hasta que un sumo sacerdote surgido del resentimiento social d la seal mgica de rebato. As surgen las greys fascistas: echando gasolina al fuego del capitalismo depredador y salvaje.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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