Portada :: EE.UU. :: Katrina, con el neoliberalismo al cuello
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-09-2005

Dios o los hombres

Juan Francisco Martn Seco
La Estrella Digital


Por muy horrible que nos parezca, desde el fundamentalismo islmico habr quien haya visto en los enormes desastres que estos das estn afectando a la nacin americana un castigo de Dios, Al es grande habrn exclamado y ha vengado a sus fieles. No, no nos puede extraar demasiado, cuando el presidente de Estados Unidos, desde otro fundamentalismo religioso, invoca pblicamente la ayuda de Dios antes de iniciar la masacre de otras naciones. Los griegos, que no eran monotestas y por tanto posean un visin ms light de la religin, al enfrentarse con el misterio del dolor y las catstrofes, les conferan un valor esttico, de espectculo, y con cierta resignacin pagana recitaban aquel verso memorable de la Odisea: Los dioses traman y cumplen la destruccin de los hombres para que tengan argumentos de cantos venideros.

Los que militamos en una sociedad secular y laica procuramos dejar a Dios en paz, al menos de tejas para abajo. Recurrimos a explicaciones cientficas que tan slo ofrecen, y ya es bastante, la medida de la insignificancia del hombre con la inmensidad del universo, y su fragilidad en relacin con la furia que la naturaleza puede desatar, al tiempo que nos preguntamos si no son los hombres los que traman y cumplen su propia destruccin, y no precisamente como argumento artstico, sino por propio fanatismo o estulticia.

Hay ya quien ve en el cambio climtico y en el calentamiento del planeta el origen del espantoso huracn que ha recorrido estos das varios estados de Norteamrica, o al menos de su extraordinaria intensidad, y juzgan culpables a las grandes compaas petroleras y a un Gobierno como el de Bush, que se deja sobornar por ellas impidiendo que avancen protocolos y acuerdos como el de Kioto. Pero al margen de responsabilidades ecolgicas, lo que no deja lugar a dudas es la responsabilidad en la incapacidad de respuesta. Quizs no se hubiera podido evitar el huracn, pero lo que es seguro es que se deberan haber reducido y paliado sus negativas consecuencias.

La incapacidad que la Administracin americana est mostrando al no acudir en ayuda de la multitud de damnificados, la situacin de caos que se est creando y el nmero tan elevado de vctimas que por pura pasividad pblica se est produciendo han asombrado a medio mundo y han hecho dudar de si la tragedia haba ocurrido en la primera potencia mundial o en un pas subdesarrollado.

Desastres de este tipo ponen al descubierto la mentira del neoliberalismo econmico, e indican bien a las claras que Dios y la propiedad privada no son suficientes para responder a situaciones de crisis como sta. No es que falten medios, falta el Estado; est ausente lo pblico que tanto se ha denigrado y destruido, y cuando todo es privado, la respuesta tan slo puede ser la de slvese quien pueda. Hoy, diputados, senadores, alcaldes, los americanos todos, vuelven la cara avergonzados y se preguntan cmo es posible que este caos, que este cataclismo est ocurriendo en su pas.

Estaba anunciado sin margen de error que si Nueva Orleans sufra un huracn, dada su situacin geogrfica, las consecuencias podan ser dramticas, pero el dinero que se deba haber dedicado a reforzar los diques se fue en bajada de impuestos a los ricos y en recursos para la guerra de Iraq, y en Iraq y en Afganistn parece que estaban los helicpteros, los camiones y las tropas de la Guardia Nacional que se necesitaban para evacuar a los damnificados.

Cuando se aplica el slvese quien pueda, los que se salvan son los ricos, los que tienen medios. Por el contrario, los que perecen son los que carecen de recursos; en Luisiana y en Misisip, los negros y los chicanos, junto a algn turista despistado. Los ms maliciosos afirman que a Bush le preocupa poco Luisiana, ya que es el Estado ms demcrata de toda la Unin. Ha pedido al Congreso una ayuda extraordinaria de 10.500 millones de dlares, cifra que contrasta con los 24.000 concedidos el ao pasado para Florida por unos terremotos cuyas consecuencias eran incomparablemente menores. Claro que 2004 era ao electoral y Florida un Estado estratgico para que Bush saliese elegido presidente de nuevo.


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