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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-05-2015

Entrevista a las psicoanalistas Ana Miarro y Teresa Morandi, coordinadoras del libro Trauma y transmisin. Efectos de la guerra del 36
Los traumas de la guerra no pueden cerrarse nunca

Enric Llopis
Rebelin


Muertes durante la guerra de 1936 en el combate (unas 300.000), pero tambin lejos del frente de batalla (cerca de 200.000 personas); en torno a 20.000 republicanos asesinados en el periodo inmediatamente posterior al triunfo fascista; crceles, campos de concentracin, exilio Las psicoanalistas Anna Miarro y Teresa Morandi son las coordinadoras de un libro Trauma y transmisin. Efectos de la guerra del 36, la posguerra, la dictadura y la transicin en la subjetividad de los ciudadanos, editado por Xoroi y la Fundaci Congrs Catal de Salut Mental. El texto trata de explicar cmo la guerra desgarr la biografa de las personas que la sufrieron, pero tuvo efectos tambin sobre las generaciones posteriores, hasta hoy. Segn las autoras, el trauma no puede cerrarse, de manera que la huella queda indeleble. Ahora bien, existe la posibilidad de elaborar el duelo, expresar con palabras el dolor e iniciar un proceso de resignificacin. Anna Miarro y Teresa Morandi tambin explican que ante la prisin, las torturas y los campos de concentracin, los principales mecanismos (psicolgicos) de defensa eran la ideologa y la solidaridad.

-Reaparecen las heridas mal cerradas, los muertos mal enterrados? Es posible el olvido?

-Anna Miarro: No, es absolutamente imposible. El recuerdo siempre retorna en estos casos, porque no ha podido hacerse el duelo. Ahora bien, ha de establecerse la diferencia entre los vencedores, que ante el fusilamiento o la desaparicin de un familiar pudieron elaborar el duelo desde el primer momento. Y el caso de los vencidos, cuyos muertos estn enterrados bajo las cunetas y el duelo fue imposible. 75 aos sin que pueda hablarse del asunto hacen que la impunidad se convierta en una tortura.

-Teresa Morandi: No puede enterrarse bien a los muertos a quienes se ha asesinado sin juicio previo y en crmenes perpetrados con nocturnidad. Los seres humanos celebran una serie de rituales para conmemorar el nacimiento o la muerte, y as estar cerca de sus seres queridos. Esto fue imposible para ms de 100.000 personas en el estado espaol. Todava no los ha reconocido un estado que debera haberlos amparado.

-Qu aporta la mirada psicoanaltica al estudio de la guerra civil espaola y la posterior represin?

-AM: El terror, adems de una actividad con finalidad represora, se convirti en un mtodo de control social y en un elemento decisivo de la forma de gobierno franquista. Se impuso el silencio como nica posibilidad de sobrevivir. La imposibilidad de hablar, de pensar, de expresarse ideolgicamente e incluso en relacin con los afectos y las vivencias, profundiz las heridas psquicas heredadas de la guerra. Esto impidi la elaboracin de duelos y la psi(ci)catrizacin de las heridas. Buscamos, entonces, analizar los efectos psquicos en la subjetividad de los ciudadanos producto de la violencia. Precisamente en el oficio del Psicoanlisis, cuestiones como sujeto, memoria, trauma y duelo tienen una importancia fundamental.

-TM: El sujeto, el ser humano, no puede pensarse sin lo social, ni tampoco puede pensarse sin el cuerpo. Es nuestro oficio escuchar estas dificultades que tiene el sujeto con sus lazos sociales. Desde hace mucho tiempo se habla de los soldados que volvieron de la primera guerra mundial o de la guerra de Vietnam, sus traumas y dificultades para enfrentarse a lo social o los maltratos que fueron capaces de infligir a otras personas. Incluso se est conociendo el suministro de drogas a soldados. Hay un documental sobre ello titulado Drogas con receta. Pero en el estado espaol no se ha hablado, en general, sobre los efectos de la guerra. Ha habido un gran desconocimiento.

-Qu testimonio destacarais de vuestro trabajo de investigacin?

-AM: El caso de una seora de 92 aos. Nos dijo que quera hablar porque estaba a punto de morirse. Hicimos la entrevista en la comarca de El Valls (Barcelona). El lugar al que nos dirigamos El tur de la Ilussi- no figuraba en las guas, lo buscbamos sin encontrarlo. La seora se exili a Francia con sus hijas de dos y tres aos, y su marido permaneca en el campo de concentracin de Argels-sur-mer. Me impact mucho su testimonio. Yo no saba que se hubieran cometido violaciones incluso dentro del estado francs (que supuestamente debera proteger a los exiliados). Esta mujer result violada con 20 aos por el prefecto de Perpin, a cambio de obtener ms vituallas para sus hijas. Ella viva en una precariedad absoluta. Cuando volvieron del exilio, su marido no la dej salir de casa.

-TM: Yo le hice una entrevista a su hija. Nos dijo que saba que el franquismo existi y que hubo represin, pero no todo lo que estaba pasando. Al cabo de un rato nos dijo que su hijo tuvo problemas con la drogadiccin, nos explic cmo luch para que este hijo no acabara malamente, y que ahora estaba mucho mejor. No me hablaba del nieto (que estaba all delante) sino de su hijo. Y hablaba de l como de ese vaco que se produce a causa de un trauma. Es como si uno no tuviera el recuerdo de algo que ha pasado, pero a veces se despierta por cualquier situacin (hay como una llamada al trauma) y se produce una angustia superior a la que el sujeto puede aceptar. Esto se traduce en pesadillas, escalofros o repeticin de determinados actos y situaciones que indican que algo est ocurriendo. Todo tiene que ver con el impacto terrible de situaciones muy violentas.

-Hay posibilidades de forjar una identidad personal y colectiva sin memoria?

-AM: Absolutamente imposible. La identidad personal se construye. Pero hay que distinguir entre las personas que no han podido construir su identidad y otros que s la tenan constituida (una personalidad estructurada). En el exilio la identidad es una de las primeras cosas que se pierde, porque te marcan con un nmero e incluso te quitan el nombre. Hay adems casos de cambio de nombres vinculados a la naturaleza en el mundo anarquista (Floreal, Armona). Hubo muchos ejemplos en el Camp de la Bota (Barcelona). Recuerdo una mujer, Armona, a quien las monjas le cambiaron su nombre por el de Mnica.

-TM: El ser humano no es idntico a s mismo. En todo caso se identifica con las personas que le acogen cuando nace y las que se encuentra a lo largo de la vida. El legado de la familia, nombre y apellidos, las dictaduras se lo cargan de un plumazo. La historia de los campos de concentracin con los nmeros, o con la prdida de identidad humana es terrible. En el Colegio de Periodistas de Barcelona se celebr una mesa redonda con el historiador Ricard Vinyes, Armona (la mujer que te citbamos) y un nieto recuperado por las Abuelas de la Plaza de Mayo. Se repetan muchas de las cuestiones: les haban robado parte de su vida.

-Cmo se podan soportar, segn los testimonios recabados, los ingresos en prisin, las torturas o el exilio? Cules eran los mecanismos de defensa? Algo parecido a lo que hoy se llama pensamiento positivo?

-AM: Hay muchos mecanismos de defensa. Aquellas personas con creencias ms fuertes y, digamos, ideolgicamente constituidas (con una ideologa poltica), tenan una mayor capacidad de resistencia. Otro mecanismo era la solidaridad. Uno poda ser solidario, por ejemplo, a la hora de repartir el pan o quitarle los piojos a un compaero, pero teniendo en cuenta que este compaero al da siguiente poda ser torturado o estar muerto. Sabemos que el trauma es una herida profunda y difcil de de trabajar, que elabora mejor la persona que de inicio no tena dificultades psquicas. Se presentaban numerosos sntomas en el cuerpo y a nivel psquico como consecuencia de la guerra, que nunca se han reconocido. Hay muchas mujeres con dolores por todas partes, que nadie vincula con una madre deprimida o vestida todo el da de negro.

-TM: La resistencia se daba sobre todo mediante la solidaridad. Porque una persona sola, en una situacin tan extrema como un campo de concentracin o una prisinEsto del pensamiento positivo es propio de una sociedad que dice que todo est bien, y que aqu no pasa nada. El pasado tiene un peso en la poblacin que no podemos negar. En ocasiones la gente mayor vive situaciones de descontrol, asiste al mdico y ste le prescribe medicamentos. Cuando puedes hablar con esta persona o su familia, lo que aparece es la angustia. Recuerdo el caso de un seor que, en un estado ya de problemas con la memoria, le dice a sus familiares: Que no me fusilen; miren si estoy en la lista, miren si estoy en la lista, Este seor no pudo sacar la tortura interior. Es muy importante hablar las cosas, aunque no de cualquier manera.

-Queda siempre la huella del trauma? Es posible la resiliencia, la resignificacin en lenguaje freudiano?

-AM: El trauma no puede cerrarse nunca. La marca es imborrable y quedar para toda la vida. Pero las personas que pueden testimoniar y ser escuchadas tienen la posibilidad de iniciar la resignificacin. Pensaba en una seora de Vall dUix, que naci en la prisin de Castelln, y que fue desterrada a Barcelona con su madre. Nos cont que haba llevado al mdico a la madre, ya que tena miedo muchos aos despus de la guerra- de salir a la calle por si la mataban. El facultativo le recet un antipsictico. Pero decidi dejar de darle a su madre la medicacin, ponerle una persona para su cuidado y, sobre todo, que fuera escuchada. Resignificar, por tanto, quiere decir saber qu te han hecho y decidir qu hacer con ello. Poderlo hablar y, a partir de ah, darle un sentido. Hace falta marcar la diferencia entre la resiliencia (de origen estadounidense) y la resignificacin. Estamos en este caso ante una persona diagnosticada como psictica, cuando no lo era. Se trataba de una persona (previamente sana), que a causa del maltrato recibido en la prisin y con nueve familiares fusilados, viva con el miedo en el cuerpo.

-TM: En los Grupos de Palabra y Transmisin con diferentes generaciones se habla mucho de los bombardeos, y de lo que significaron en trminos de miedo permanente y angustia. Cuando hablamos de las dictaduras y del estado de guerra, la persona convive el da entero con el terror. Eso tiene un impacto en el cuerpo, en la mente y en la relacin con los dems. Por otro lado, la resiliencia es una palabra muy de moda, cuyo origen est vinculado a la guerra del Vietnam. Cada cierto tiempo aparecen las mismas ideas expresadas de manera diferente.

Con independencia del nombre que le demos, el ser humano convive con situaciones traumticas. El mismo nacimiento lo es, en el sentido de que hay algo que se fractura. Nos hallamos ante procesos que afectan a la vida familiar y social, relacionados con situaciones, digamos, excesivas, de impacto o extrema violencia y que la persona no puede asumir. El tener la posibilidad de decir qu le ha pasado, cmo, qu siente, es una manera de dar un lugar a eso que es inexplicable. Buscar un sentido que pueda integrarse en la vida cotidiana de cada uno. Ello supone una cierta pacificacin.

-Qu concepcin de la salud mental tena el franquismo? Quedan reminiscencias en el presente?

-AM: El gran mentor del franquismo en la materia era Antonio Vallejo-Njera, una persona formada por en la psiquiatra tradicional alemana. Est basada en la ideologa de la diferencia, es decir, todo lo que se consideraba diferente (mujeres, locos, homosexuales o rojos) tena una psima consideracin. Este tipo de psiquiatra se mantuvo durante muchos aos. El problema, hoy, es que la mayora de los psiquiatras no escuchan. No se hace, por ejemplo, una historia clnica completa como en Alemania, que incluya informacin sobre el contexto familiar.

Pero tambin a los psicoanalistas, que supuestamente somos los que ms escuchamos, nos falta la formacin adecuada, y tambin el deseo de saber, de comentar con el paciente. A algn paciente se le ha dicho: Bueno, ha pasado ya mucho tiempo de la guerra civil. Est todo por hacer. En la universidad tampoco se imparte la formacin necesaria. Ciertamente aquella violencia de la guerra civil y la posguerra tiene efectos en el presente. Todo el mundo tiene vnculos con la violencia, tanto los que fueron represaliados como los que no.

-TM: Vallejo-Njera fue formado en la psiquiatra nazi, donde todo el que pensaba de una manera diferente era considerado un enfermo mental, lo que constitua un estigma social. Histricamente, estas enfermedades han sido incomprendidas y tratadas con el encierro, de manera que hoy las crceles de Estados Unidos estn llenas de enfermos mentales. En cuanto a Vallejo Njera, actualmente nos parecera ridculo. Aunque una jueza catalana, Silvia Ventura, ha escrito un libro muy interesante sobre la transmisin de pensamiento tanto en el colectivo mdico como en el de la salud mental. Es un pensamiento que no se cuestiona. Por ejemplo, en las historias clnicas de las mujeres no se pregunta por la emigracin (por hambre o represin poltica) interna. Eso implica que nunca se han estudiado los efectos psquicos de lo que llamamos las catstrofes sociales (en contraposicin a las naturales). Los profesionales psiclogos, psiquiatras o psicoanalistas- tienen muy buena voluntad, pero carecen de tiempo para escuchar. Eso incluye el tiempo de formacin. Si un profesional est preparado para escuchar a un paciente, lo escucha; pero si te preparas para callar lo que a una persona le pasa, le das una pastilla.

En las jornadas sobre Defensa de la Atencin Pblica a la Salud Mental, hemos considerado fundamental atender a las personas de otra manera. No medicando excesivamente, como est hacindose con la poblacin infantil, juvenil y mayor. Una de las drogas que se hacan servir para que los soldados salieran a matar sin mayores problemas eran las anfetaminas; hoy las anfetaminas estn absolutamente extendidas entre la poblacin infantil para combatir el Trastorno de Dficit de Atencin por Hiperactividad (TDH).

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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