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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-05-2015

Las organizaciones sociales ante la crisis de legitimidad

Manuel Acua Asenjo
Rebelin


En dos de nuestros documentos anteriores nos referimos al problema de la crisis de legitimidad que enfrenta la representacin poltica tanto natural como espuria de las clases y fracciones de clase dominantes en nuestro pas. Redactamos, al mismo tiempo, un ensayo cuya finalidad era mostrar las posibles salidas que se presentaban a esas representaciones para enfrentar dicha crisis. Sin embargo, no nos referimos en aquellos, sino slo tangencialmente, a las posibilidades que tendra el movimiento social de alterar el curso de los acontecimientos; en esta oportunidad, intentaremos abordar esa materia. Para ello, analizaremos la situacin de los sindicatos, del movimiento estudiantil y del resto de los movimientos sociales; sin embargo, los haremos, igualmente, con los partidos polticos que se autodenominan de izquierda puesto que no pocas personas continan an (y seguirn) creyendo ver en sus actuales formas de organizacin y funcionamiento la llave maestra que abrir las compuertas al ingreso de una sociedad mejor.

Los partidos polticos

Los partidos polticos de izquierda son, como su nombre lo indica, de izquierda. Esta forma simplista, a la vez que reduccionista, de concebir la sociedad con dos bandos contrapuestos, uno de los cuales (los ricos) va a ser la derecha siendo el otro (los pobres) la izquierda, se ha impuesto con fuerza en la escena poltica de la nacin. Por tanto, bajo la denominacin de izquierda se trata de identificar al sector que debera defender los intereses de los sectores desprotegidos. La mayor parte de las veces, sin embargo, dicho sector no realiza tal cometido. La izquierda, por consiguiente, raras veces cumple con su rol de representar naturalmente el inters de los vendedores de fuerza de trabajo. Obnubilada por las ideas de ciertos idelogos de moda [1] , adhiere a una extraa mezcla de doctrinas (no teoras) que los une en torno a una idntica vocacin de administrar el Estado. Pero esa es la izquierda chilena, una mezcla curiosa en donde la palabrera hueca y el lenguaje cotidiano parecen ser ms importantes que los conceptos. Actualmente, est formada por el partido Socialista PS, el partido Por la Democracia PPD, el partido Comunista PC, el partido Radical Social Demcrata PRSD, el Movimiento de Accin Socialista MAS, el MAPU obrero y campesino MOC, la Izquierda Cristiana IC y la Democracia Cristiana PDC o simplemente DC; luego de las ltimas elecciones se ha incluido en ese conglomerado el partido de Giorgio Jackson Revolucin Democrtica RD. Todas esas organizaciones constituyen el llamado pacto Nueva Mayora que es, en verdad, la ex Concertacin de Partidos por la Democracia (o simplemente Concertacin) ms el partido Comunista, el MAS y Revolucin Democrtica. Todos ellos forman parte del gobierno de Michelle Bachelet , con sus permanentes desavenencias y desacuerdos, pero unidos bajo el mismo lema del Turba philosoforum:

Pero sabed muy bien que hagamos lo que hagamos y digamos lo que digamos, todos estamos de acuerdo.

Unidos por lo que, en trminos empresariales, se denomina espritu de cuerpo, que es la conducta de quien se siente parte de una cofrada y sale ciegamente en su defensa sin siquiera preguntarse por qu lo hace [2] actan, a menudo, como una sola mente. En el fondo, adoptan una actitud de pertenencia, en donde cada persona se siente parte del grupo humano al que ha ingresado.

Esta actitud no es privativa de la izquierda; tambin la derecha la practica. Y es tan manifiesta dicha conducta que el da 9 de abril recin pasado, todos los partidos (importantes, por supuesto), desde la Unin Demcrata Independiente UDI al PC firmaron una carta en la que, junto con asumir sus plenas responsabilidades en los hechos que han puesto en tela de juicio la legitimidad de todos ellos, se comprometen a

[] superar esta situacin en un marco de legitimidad y en la perspectiva de construir una nueva institucionalidad en materia de probidad y transparencia. Nuestro mea culpa es transversal, sin apuntar a nadie con el dedo y esperamos que cada cual asuma su propia responsabilidad [3]

La izquierda est constituida por organizaciones polticas de las cuales las ms relevantes (PS, PPD, PDC) reciben hoy el peso de la crisis de legitimidad que, en un principio, pareci afectar solamente a los sectores empresariales y a su representacin poltica natural que es la Alianza Por Chile. Paradojalmente, esta circunstancia constituye la ms fehaciente prueba que dicho sector, durante todos los aos de democracia post dictatorial, ha desempeado el rol de representante espurio del inters de las clases dominantes. A este conglomerado se ha unido, pues, el partido Comunista y Revolucin Democrtica, que tambin han iniciado la ejecucin de prcticas en donde est presente el nepotismo y su variante del amiguismo [4] . Formando todas esas organizaciones parte integrante del pacto Nueva Mayora y, en consecuencia, manifestndose como constructoras de la crisis actual, parece difcil que opten por una salida a la misma que d adecuada respuesta a las reivindicaciones sociales por tanto tiempo postergadas. Por lo dems, tienen directo inters en que as suceda. Y es que, sin perjuicio de las prcticas nepotistas en que ha incurrido gran parte de la militancia de esos partidos, la generalidad de sus miembros est directamente involucrada en los escndalos. Aunque intentara convencer de lo contrario a la poblacin nacional, ms que difcil, dicha tarea parece imposible. Su militancia ya ni siquiera cuenta con el apoyo de quienes votaron por sus candidatos y el escndalo de la corrupcin est conmoviendo seriamente las estructuras partidarias del pacto [5] . No hay que olvidar que han sido, precisamente, militantes de ese pacto quienes han propuesto como solucin a la crisis de legitimidad la realizacin de elecciones anticipadas. Por lo dems, parece difcil que la poblacin acepte que quienes han cometido los desatinos legislen, ahora, para poner fin a los mismos. Porque, como lo sealamos en otro de nuestros documentos, la poblacin se ha puesto reacia a dejar el gato a cargo de la carnicera.

En resumidas cuentas, los partidos tradicionales y los nuevos que conforman ese pacto se encuentran entrampados; y para el colmo, no tienen voluntad poltica para resolver la crisis, si intentaran hacerlo nadie les creera y, en todo caso, ni siquiera disponen de la capacidad necesaria para llevar adelante tales iniciativas.

Los sindicatos

El movimiento sindical no se encuentra en una situacin mejor. Las disputas por el liderazgo y la conduccin gremial han hecho estragos entre las organizaciones sindicales. La Central Unitaria de Trabajadores, que no es la CUT antigua, se encuentra aislada del resto de los movimientos que no forman parte de ella y que no son pocos; como lo sealara una de las diputadas del partido que dirige esa central, dicha organizacin se encuentra con un pie en la calle y otro en el Gobierno, intentando llevar adelante una reforma laboral que es resistida por la generalidad de los asalariados. No dice verdad, por ende, su presidente Brbara Figueroa, cuando afirma que

[] nunca el movimiento sindical se haba visto en mejor situacin que ahora [] [6]

para defender con esas palabras las bondades que implica una reforma laboral como la que ha propuesto el Gobierno.

La CUT no est en condiciones de asegurar que tiene la representatividad del mundo laboral; es la ms grande organizacin que existe, pero no es la central nica.

El intento ms serio de unificacin sindical est siendo llevado adelante por el llamado Comit de Iniciativa por la Unidad Sindical CIUS, pero esa labor requiere de tiempo y perseverancia. De lo cual podemos inferir que, de imponerse tal iniciativa, el proceso de unidad no ocurrir de sbito, de inmediato, como un acontecimiento, sino a un mediano o largo plazo. La tarea, sin embargo y a partir de ah, no estar terminada: la necesidad de unificar por la base a las grandes organizaciones que no han estado presente en ese proceso se har urgente [7] .

Los problemas de unificacin del mundo sindical constituyen solamente una parte de la problemtica. Al margen de todo aquello, el sindicalismo se encuentra tremendamente debilitado por efecto de la legalidad impuesta por la dictadura. Las huelgas no han logrado levantar a la aguerrida clase trabajadora ni tampoco elevar su calidad de vida; curiosamente, la generalidad de los conflictos laborales que se han generado en los ltimos aos, resultaron dainos para el inters de los trabajadores. Un estudio hecho por Gonzalo Durn y Marcos Kremerman, investigadores de la Fundacin Sol, indica que

[] en los aos 2014 y 2013 el promedio de los reajustes salariales tras negociaciones colectivas no logr superar el 1% [8] .

La situacin es trgica para el sector laboral. Eliminado en gran medida el verdadero sector productor de plusvalor, que se concentra dentro del sector industrial (solamente quedan las reas del cobre y de las forestales) en beneficio de las empresas importadoras, la clase obrera ha crecido en el ramo de la construccin y en el trabajador ocasional. Pero dicho crecimiento no basta para cifrar una esperanza en ella. Los duros aos vividos por los trabajadores bajo dictadura y la veleidosidad de los partidos de la izquierda en cuanto a defender con ahinco el derecho a obtener mejoras en las condiciones laborales, han sembrado temor en esa clase que prefiere, a menudo, un salario pequeo pero seguro antes de aventurarse en paros o peticiones que puedan desatar la ira de los patrones en contra de ellos y terminar con el precario empleo que poseen.

Los movimientos sociales

Los movimientos sociales estn permanentemente apareciendo y desapareciendo a lo largo y ancho de toda la geografa nacional, circunstancia que permite caracterizarlos como verdaderas estructuras disipativas, organizaciones esencialmente efmeras, transitorias, que slo aparecen en el borde del caos [9] . Eso no es algo que deba sorprender. Los movimientos sociales surgen por indicarlo as las necesidades ms inmediatas que afectan a un sector social, satisfechas las cuales (en todo o en parte) se retorna al estado anterior. No hay, por tanto, una proyeccin hacia el futuro en las demandas, sino stas se plantean en torno a situaciones coyunturales y especficas. Difieren los movimientos sociales tanto de los partidos polticos como de las organizaciones sindicales en que estas ltimas estructuras s tienen una vigencia mayor, proyectndose en el tiempo con tareas a futuro y programas de accin, lo que no ocurre con la generalidad de las organizaciones sociales.

En consecuencia, las organizaciones sociales no estn preparadas para asumir el control de una nacin porque el estrecho marco visual de sus reivindicaciones las hace nacer y morir dentro de perodos de extraordinaria brevedad.

El movimiento estudiantil

El movimiento estudiantil se presenta como un segmento social diferente a los otros. Consta de dos grandes mbitos, herencia de la distribucin que el mando jerrquico de la nacin hizo de los jvenes: los que pertenecen a la educacin secundaria o inferior, y los que pertenecen a la educacin universitaria o superior. Esta estructura divisoria se acrecent hasta manifestarse como una separacin absoluta de intereses hasta el momento de la derrota de los pinginos en 2006. Esta derrota no fue fruto del azar sino una maniobra consciente y deliberada que se perpetr y consum bajo el primer perodo presidencial de Michelle Bachelet y con su directa participacin; la unificacin del movimiento estudiantil pudo alcanzarse slo en los aos posteriores y alcanz su clmax en las grandes marchas de 2011 que se han prolongado hasta nuestros das.

El movimiento estudiantil es diferente porque constituye el segmento doctrinariamente ms lcido y decidido de la sociedad en cuanto a los objetivos de conseguir una sociedad ms humana, fraterna y solidaria: se trata de jvenes que, tarde o temprano, tomarn en sus manos las riendas administrativas de la sociedad. No son dependientes de un sueldo o una remuneracin que les obligue a doblar la cerviz ante un empleador que pueda amenazarlos con el despido; dependen de sus padres y luchan por sus derechos y los de sus progenitores porque son capaces de constatar las dificultades econmicas en sus propios hogares; no por otro motivo protestan. Son personas que no tienen hijos que cuidar ni proteger por lo que estn libres de compromisos que puedan obligarlos a sacrificar sus ideales. Por eso son capaces de grandes sacrificios y tienen la osada de la que carecen otros sectores de la sociedad ms comprometidos con la defensa de sus hogares.

Pero tienen, tambin, desventajas; a ellas nos referiremos ms adelante.

La crisis frente a los sectores dominados y la necesidad de la unidad

As, pues, si bien es cierto que la actual crisis de legitimidad se presenta como una oportunidad para los sectores dominados en cuanto a efectuar las transformaciones estructurales que se requieren, tambin no es menos cierto que las condiciones para hacerlo no les son las ms favorables. Porque no se trata de realizar las transformaciones que el pacto Nueva Mayora llama estructurales, sino aquellas que verdaderamente lo son [10] .

Si el sistema capitalista posee una estructura basada en la existencia contrapuesta de compradores y vendedores de fuerza o capacidad de trabajo, una transformacin estructural implica alterar esa composicin, situacin que, necesariamente, lo hace derivar a un sistema diferente. He ah el quid del problema. Por eso, cuando se habla de transformaciones estructurales no se habla de simples reformas sino de alteraciones en la composicin estructural de un sistema. En palabras ms directas, en el cambio de un sistema por otro. Todo lo dems es un eufemismo.

Pero, es, acaso, posible realizar esa tremenda tarea? Para que una poca de cambios se haga presente, para aprovechar las ventajas que arroja una crisis de los sectores dominantes como sucede en el pas, es necesario estar en posesin de poder; y el poder se consigue acumulando fuerza social, lo que se logra unificando a los sectores desprotegidos. Dicha unificacin se puede alcanzar de muchas maneras.

Por una parte, puede hacerse a travs de proponer la consecucin de la propia unidad en el carcter de meta a lograr en determinado plazo; por otra, puede igualmente conseguirse en virtud de establecer un objetivo que sirva para alcanzar esa unidad, es decir, entregando una propuesta que entusiasme al conjunto social de tal manera que lo haga plegarse en forma incondicional al logro de ese objetivo. Estas formas de alcanzar la unidad del conjunto social pueden estimarse como contrapuestas; no lo son, sin embargo. Por el contrario, pueden ser consideradas, incluso, como alternativas perfectamente compatibles entre s. Pero este es slo el primer aspecto del problema.

En efecto, la formulacin de la tarea a realizar requiere de algo ms: debe ser propuesta por alguien y ese alguien no puede ser un sujeto cualquiera. Por tanto, se trata de determinar a quin o quines van a realizar la propuesta, y si tal persona o personas tienen o no legitimidad para hacerlo. Porque cuando eso no sucede, cuando quien formula la propuesta no tiene an reconocimiento de la sociedad, las consecuencias que genera su accin pueden desatar un movimiento e incluso desarrollarlo, pero este movimiento no va a poseer la fuerza social que permita producir el efecto deseado. Porque estamos hablando, aqu, de la legitimidad del convocante.

La legitimidad del convocante

Convocante es la persona u organizacin que convoca o llama a otro u otros a efectuar una determinada accin. Un convocante puede o no ser legtimo; pero eso nada significa. Lo que importa s es que posea moralidad. La legitimidad de un convocante habla acerca de una conducta suya que es de sobra conocida y de la seriedad de su convocatoria. La conducta de un convocante que le otorga legitimidad implica ausencia de comportamientos anmalos, fracasados o dudosos, que puedan poner en tela de juicio su probidad o capacidad de conduccin. La seriedad de su convocatoria, ntimamente relacionada con lo anterior, implica su compromiso de tomar parte activa en ella. Por el contrario, se pone en tela de juicio su legitimidad cuando el convocante es una persona acerca de cuya probidad o capacidad de conduccin se duda; tambin, cuando se trata de una persona que acostumbra a convocar y no participa l o los suyos a su propia convocatoria.

Nosotros recordamos, en esta parte, lo sucedido en Chile antes de las protestas de 1983. Qu las hizo posible? Por qu la Coordinadora Nacional Sindical, el Grupo de los Diez, la ANEF nunca pudieron convocar a la ciudadana a manifestarse en la forma que lo hicieron las protestas de 1983? A nuestro juicio, porque los convocantes no posean legitimidad; en este caso, credibilidad social. Pero cuando tom esa iniciativa la Confederacin de Trabajadores del Cobre CTC y apareci un dirigente carismtico como lo fue Rodolfo Seguel, la comunidad se sinti representada por esa organizacin establecida en medio de la columna vertebral de la riqueza chilena.

Quin o quines pueden ser los convocantes

Sostenemos nosotros en este documento que los partidos de la llamada izquierda estn impedidos de tomar en sus manos la convocatoria a realizar las transformaciones que la sociedad requiere por dos cosas:

a) No son convocantes legtimos; perdieron su legitimidad y se encuentran desprestigiados, incluso, ante sus propias bases;

b) Para el caso que lo fueran, no tienen la conviccin ni estn interesados en hacer transformaciones verdaderamente estructurales al sistema porque sus objetivos son otros;

c) Esos objetivos se pueden resumir en uno solo: el perfeccionamiento constante de la vigencia del sistema de dominacin introducindole reformas que permitan reducir o amortiguar las contradicciones de clase;

d) Lo que lleva a concluir que, por ello, se han transformado en representantes espurios de las clases y fracciones de clase dominantes.

 

Esto significa, claramente, que constituira un error de magnitudes creer o suponer siquiera que ellos estaran en condiciones de llevar adelante un proceso de transformaciones que pueda superar el actual estado de cosas. Por el contrario: permitirles que encabecen un proceso de esa naturaleza constituira una accin simplemente suicida que podra solamente conducir a nuevas y sucesivas derrotas de los sectores dominados de la sociedad. Por tanto, no slo debe concluirse que jams ha de contarse con esos partidos sino EVITAR LA REALIZACIN DE CUALQUIER TRABAJO EN ESE SENTIDO con los mismos. Los partidos del pacto Nueva Mayora se han transformado en obstculos para la satisfaccin de los intereses de las grandes mayoras nacionales. Por consiguiente, lo nico que queda es analizar las posibilidades de iniciar esos trabajos con el mundo sindical, los movimientos sociales y el movimiento estudiantil.

En el mundo sindical, la CUT no es un legtimo convocante. Descontando el hecho que no representa al mundo laboral pues los trabajadores sindicalizados constituyen apenas el 8% de la poblacin laboral chilena, con buena voluntad podra aceptarse que un porcentaje cercano a la mitad de ese contingente humano se encontrara afiliado a la CUT, lo cual confirma nuestra aseveracin; la CUT ha aceptado, adems, la forma de funcionar del Parlamento en el sentido de imponer para quienes defienden a los trabajadores rentas que superan en diez o ms veces las remuneraciones de sus defendidos [11] . As, pues, hay que mirar hacia otras organizaciones. La Confederacin de Trabajadores del Cobre es extraordinariamente importante pues el cobre ha sido y seguir siendo la columna vertebral de la economa chilena; se trata, por consiguiente, de una organizacin sindical establecida en empresas del rea estratgica de la economa. As, esta confederacin contina manteniendo su predominio. Este predominio lo mantuvo hace algn tiempo atrs, pero lo perdi cuando uno de sus dirigentes ms carismticos, Cristian Cuevas, militante del partido Comunista, se separ del gremio luego del comienzo de la colaboracin de ese partido con el pacto Nueva Mayora, siendo cooptado por el Gobierno para desempearse en el cargo de agregado laboral de Chile en Espaa. Tambin constituye un sector estratgicamente importante el sector bancario pues la fraccin bancaria de los compradores de fuerza o capacidad de trabajo es el sector que conduce hegemnicamente el Bloque en el Poder. Pero tambin es importante esperar las gestiones que realiza el Comit por la Iniciativa de la Unidad Sindical CIUS y no las opiniones de la CUT, pues sta se encuentra cooptada por el Gobierno y ocupada en discutir una reforma laboral que no tiene futuro y en colocar a su dirigencia en cargos de direccin dentro de la Administracin Pblica. No han sido fruto del azar las manifestaciones paralelas del 1 de mayo y las protestas a la lnea impuesta por la directiva de la CUT.

El movimiento estudiantil no est en las mismas condiciones que en 2011. Si bien la FECH mantiene la lnea de accin que trazara Gabriel Boric en 2012, el apoyo del estudiantado de la Universidad Catlica es limitado. La CONFECH ha podido realizar sus marchas no como antao sino tan slo con cierto xito pues su llamado al cacerolazo tuvo escasa repercusin el da de la protesta. Los secundarios tienen dos organizaciones que son la Confederacin Nacional de Estudiantes Secundarios CONES y la Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios ACES, ambas con direcciones que buscan llevar adelante ideas bastante avanzadas.

Qu posibilidades tienen los estudiantes de constituirse en ncleo aglutinador de una nueva corriente proclive a los cambios?

El comportamiento de las dirigentes comunistas Carol Cariola y Camila Vallejo en cuanto al cambio radical que tuvieron, de contradictoras al gobierno del pacto Nueva Mayora a sostenedoras del mismo, aunque era fcil de prever, ha producido un severo dao a la credibilidad del movimiento estudiantil. Sin embargo, este deterioro ya vena de antes. En 2006 el sector estudiantil dirigido Rodrigo Peailillo abandon a su suerte al resto de sus compaeros incorporndose su directiva al PPD. No fue extrao que el entonces presidente de la FECH Rodrigo Roco (militante del partido Comunista) se viera obligado a considerar a Peailillo como traidor al movimiento estudiantil. Sin embargo, al incorporarse el partido Comunista al pacto Nueva Mayora, tambin Rodrigo Roco fue cooptado por el gobierno de Michelle Bachelet; hoy se desempea en calidad de asesor. No hay que olvidar, adems que el propio vocero lvaro Elizalde fue dirigente estudiantil y luch activamente contra el gobierno concertacionista; hoy no slo est incorporado a las labores del gobierno de Nueva Mayora sino tiene a dos de sus hermanas trabajando en el Gobierno como, asimismo, a su cuado [12] . El diputado Giorgio Jackson, que luchara con tanto ahinco contra el Gobierno de Piera y manifestara dudas respecto del pacto Nueva Mayora, termin llamando a votar por Bachelet en la segunda vuelta. Hoy, cuando se le pregunta por si los escndalos le hacen arrepentirse de haber apoyado a Bachelet, mueve negativamente la cabeza.

No me arrepiento que en un contexto de segunda vuelta nosotros desde Revolucin Democrtica, que es el movimiento en el que participo, hayamos tenido una discusin comparando el programa de Michelle Bachelet con el de Evelyn Matthei, y haber dicho, saben qu, en esta disyuntiva nosotros estamos con Michelle Bachelet [] [13]

As, pues, la situacin no es la de 2011: la confianza en el movimiento estudiantil tambin se ha deteriorado; sin embargo, a pesar de ello, es el ms indicado para nuclear en torno suyo a los sectores ms proclives a los cambios. Pero es dudoso si tiene o no la calidad de convocante dotado de legitimidad.

El convocante legtimo

Puede suceder que ese convocante legtimo no exista o no haya an manifestado su presencia dentro de la comunidad; pero puede, adems, suceder que la bsqueda del mismo se haya centrado en personas individualmente consideradas, como acostumbra hacerse respecto del lder. Y es que, corrientemente, el convocante legtimo es un sujeto particular pues as sucedi en su tiempo con Rodolfo Seguel y la convocatoria hecha a las protestas del 83. Pero la individualidad del convocante legtimo no es un requisito esencial de su existencia. Porque cuando tal convocante particularmente considerado no se manifiesta, en su reemplazo puede hacerlo como tal una persona colectiva, un conjunto de individuos que ha querido concertarse con el fin de presentar a la comunidad una propuesta para actuar en contra de los dominadores. En ausencia del convocante legtimo particular corresponde, en consecuencia, crear al convocante legtimo colectivo pues la sumatoria de sujetos, en potencia de ser reconocidos en el carcter de tal, actuando de consuno, dan nacimiento a un solo convocante dotado de legitimidad. Por lo dems, esta forma de proceder responde a la nueva forma de organizacin horizontal que ha ido adoptando la propia comunidad.

El convocante legtimo es, pues, un factor de unidad, pero de unidad social. Se trata de una persona, como ya se ha dicho individual o colectivamente considerada, reconocida por la comunidad como un actor cuyo llamado a la accin no slo debe ser considerado, sino constituye, adems, para ese conjunto social un imperativo imposible de resistir. Por consiguiente, repetimos que cuando el convocante legtimo individualmente considerado no aparece o no se manifiesta, es tarea de los movimientos sociales realizar encuentros sucesivos destinados a provocar la emergencia de aquel en el carcter de sujeto colectivo.

Problemas que se presentan [14]  

En poltica y, en general, en todos los actos de la vida que, de por s, posee su propia dinmica de desarrollo, la inmovilidad de un actor poltico no slo implica el avance de su adversario sino le significa, a la vez, un verdadero retroceso pues, sin que para aquel constituya esfuerzo adicional alguno, le hace recuperar el terreno perdido en la imposicin de sus ideas. Por eso, la incapacidad que presentan los movimientos sociales en cuanto a tomar en sus manos la conduccin del proceso de reformas estructurales de la sociedad chilena, coloca naturalmente la solucin de la crisis en manos de otros. Y esos otros no son sino los actores polticos. No actores polticos de izquierda o de derecha; simplemente actores polticos, es decir, actores genricos, de toda la gama posible de ideas que existen en poltica, no sociales. Porque la lucha de clases se ha trasladado a ese mbito, en donde la escena poltica de la nacin en su conjunto se ha vuelto representativa de los intereses del gran capital contraponindose al inters general de la poblacin nacional. Entonces, los movimientos sociales, que no han podido ni pueden actuar (por las razones que sean), abandonan el campo de la lucha social para que los actores polticos vuelvan, una vez ms, a tomar en sus manos la conduccin de la nacin con sus mismos personajes y sus mismas prcticas, que es lo mismo que decir, con sus mismos usos y costumbres. La inmovilidad puede hacer posible, pues, el triunfo del adversario.

En esas condiciones, la escena poltica de la nacin cuenta con una extraordinaria herramienta: la administracin del Estado o ms exactamente, la Presidencia que, por razones estratgicas, al igual que el Estado mismo, se presenta en el carcter de ente neutro. En realidad, la razn es que tanto el Estado como el jefe de la nacin o representante poltico del Estado, son factores de unidad de una amalgama social: el Estado lo hace como factor de unidad del Bloque en el Poder; el jefe de Estado lo hace como factor de unidad del Estado/nacin. Por eso, aparentemente, se presentan en el carcter de elementos neutros. Y, sin embargo, representan los intereses del sector hegemnico del Bloque en el Poder. Por eso se les protege y se les presenta como entes inmaculados, capaces de conducir a la nacin e incapaces de cometer un desatino.

El carcter neutro del jefe del Estado (en este caso, de la presidenta Bachelet) la hace aparecer como un ibis de la paz, un rbitro supremo en las disputas de las organizaciones polticas, un amigable componedor en los diferendos presentes o futuros que puedan amenazar la continuidad del sistema. Esta idea se encuentra admirablemente bien expresada en un artculo de Bet Gerber recientemente publicado en donde, a propsito de la discusin en donde algunos opositores a Bachelet acusan, al interior de Nueva Mayora, existir una soterrada lucha generacional:

No se trata de una generacin joven de alto vuelo poltico dispuesta a luchar por sus ideales contra otras, vetustas y reaccionarias. Ciertas disputas parecen ms bien darse en torno a la administracin del poder. En este escenario, los caminos de salida habr que construirlos entre muchos ms, con el imprescindible liderazgo de la presidenta, que tiene en sus manos armar equipo con las y los mejores. Y stos no se concentran ni en un grupo, ni en una generacin [15] .

As, la estructura social mediada por la fuerza se prepara para la defensa; y en esa tarea se empean todos los socialistas, liderados por la regina mater. La defensa de la institucionalidad, y, por ende, del Estado, la gobernabilidad y el resguardo institucional como salida a la crisis [16] pasan a ser la necesidad de todos los actores polticos. La creacin del Consejo Asesor contra los Conflictos de Inters, Trfico de Influencias y la Corrupcin (simplemente Comisin Engel fue el primer paso en ese sentido; la intervencin de Bachelet a travs de una cadena nacional de radios y TV del da 28 de abril pasado ha sido el segundo; probablemente el tercero tenga lugar el 21 del presente. De esa manera se configura el escenario en donde los involucrados en los escndalos sern los encargados de poner fin a los mismos. Jams podr el ratn experimentar mayor regocijo al quedar cuidando el queso.

Por tanto, y como conclusin: sostenemos nosotros que, de no ocurrir un cambio importante en la conducta de las organizaciones sociales, sindicales y estudiantiles en torno a encontrar cauces de unidad, y de no hacer su aparicin un convocante dotado de absoluta legitimidad, es muy posible que los actores polticos vuelvan a tomar en sus manos el control de la situacin y alejen, merced a maniobras realizadas en el plano del manejo de ciertas instituciones y de los recursos estatales [17] , adems de la propaganda y de los medios de comunicacin [18] , el fantasma de la crisis que ha penado hasta ahora por las instituciones estatales.

Santiago, mayo de 2015



[1] El caso ms notable es el de Thomas Piketty quien, en el prlogo a su obra El Capital en el siglo XXI reconoce no haber ledo la obra de Karl Marx El Capital, a cuyo contenido dedica su trabajo.

[2] Este espritu de cuerpo, o identidad de grupo se manifiesta en la hinchada de los clubes deportivos, en las naciones, en las empresas, en fin.

[3] Redaccin: Desde la UDI al PC firman documento para fijar posicin frente a la crisis [] , El Mostrador, 09 de abril de 2015. La carta est firmada por los presidentes de todos los partidos importantes: Osvaldo Andrade (PS), Javier Macaya (UDI), Cristin Monckeberg (RN), Jaime Quintana (PPD), Guillermo Teillier (PC), Ernesto Velasco (PRSD) e Ignacio Walker (DC).

[4] Esta no es una afirmacin antojadiza. En el caso del partido Comunista, a la participacin de Julio Sarmiento Machado, marido de Camila Vallejo en la asesora del Ministerio de Salud (Minsal), cooptado con el sueldo de $ 3.500.000, se han sumado la de Martn Pascual Arias, padre de la ministra Pascual, como asesor del Ministerio del Trabajo con un sueldo de $ 3.700.000.

[5] Necesitamos insistir aqu, una vez ms, sobre la suciedad en que se desenvuelve la poltica en el pas? El 5 de febrero dos personas denunciaron haber sido inscritas por la vicepresidenta del PS Mnica Aguilera por la corriente de Escalona en el sector de San Ramn. (Vase el artculo de Pedro Pablo Ramrez Elecciones PS: inscripciones falsas de militantes en San Ramn, la jugada del escalonismo en su comuna fuerte, publicado en El Mostrador, 23 de abril de 2015). Un ejemplo: en las elecciones de la directiva del partido Socialista en abril pasado, de los 200 mil militantes inscritos votaron solamente 25 mil, aproximadamente.  

[6] Entrevista a Brbara Figueroa en Hora 20, Canal 4 La Red, 27 de abril de 2015.

[7] La CUT actual no es la vieja CUT. La distincin no es slo semntica: la actual es una central unitaria, es decir, una central que no es nica sino busca lograr la unidad; los acuerdos con alcanzados con la DC que no quera saber de una central nica al trmino de la dictadura hicieron el cambio de nombre.

[8] Ramrez, P. y Barrera, K.: Trabajadores que negociaron colectivamente en 2013 no alcanzaron el 1% en reajustes salariales, El Mostrador, 21 de abril de 2015.

[9] Vase este concepto de estructuras disipativas en la obra de Murray Gelman El quark y el jaguar, y en las diferentes obras del premio Nobel en Qumica Ilya Prigogine. Tambin en la obra de James Gleick Caos, el nacimiento de una ciencia.

[10] Transformaciones estructurales implican transformaciones en la estructura de un fenmeno o de un sistema, es decir, transformaciones que, de ocurrir, lo pueden hacer derivar en un fenmeno o sistema diferente.

[11] Las rentas de los dirigentes de la CUT son bastante elevadas. Brbara Figueroa gana poco ms de tres millones de pesos al mes.

[12] Mara Eugenia Elizalde Soto es directora del centro de salud Capredena y gana $2.268.514; Mara Soledad Elizalde Soto es jefa de departamento en el Instituto de Seguridad Laboral, con un sueldo de $ 2.704.680; Jos Roa Ramrez, que se desempeara en varios cargos de gobierno durante el perodo de Sebastin Piera lo hace actualmente como Director del plan Estadio Seguro, con una remuneracin mensual de $ 5.782.907.

[13] Redaccin: Giorgio Jackson no se arrepiente de haber apoyado a Michelle Bachelet en segunda vuelta, El Mostrador, 23 de abril de 2015.

[14] Sobre el contenido terico de esta parte, nos remitimos a las obras de Nicos Poulantzas, en especial, Poder poltico y clases sociales en el estado capitalista.

[15] Gerber, Bet: De viejas guardias y generaciones lquidas, El Mostrador, 28 de abril de 2015.

[16] Cienfuegos S., Ignacio: La gobernabilidad y el resguardo institucional como salida a la crisis, El Mostrador, 28 de abril de 2015.

[17] Entre otros, la mantencin del Director de Impuestos Internos Michel Jorrat a fin de impedir que se interpongan querellas contra los involucrados en el caso de SQM y el retiro de la urgencia al proyecto que dotaba de mayores recursos a la Fiscala Nacional, con idntico fin.

[18] Algunos peridicos han comenzado ya con la campaa de destacar en sus titulares a una presidenta que lidera su coalicin, que golpea fuerte en la mesa o habla claro. Se hermanan en esta tarea El Siglo (del PC), Cambio 21 (de la DC), Las ltimas Noticias (del consorcio de Agustn Edwards El Mercurio), en fin. Del mismo modo, de las dos marchas realizadas el 1 del presente, slo se dio cobertura en los medios informativos a la oficial que encabezaron la CUT y algunos ministros del pacto Nueva Mayora.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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