Portada :: EE.UU. :: Katrina, con el neoliberalismo al cuello
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-09-2005

Nadie nos pregunt por Dennis cuando regresamos a Espaa
Vivir un huracn en una nacin o en el infierno

Javier Mestre
La Jiribilla


En Espaa, parte de la familia estaba muy preocupada cuando reciba las noticias de que un huracn de fuerza 4, casi cinco, con vientos sostenidos de hasta doscientos cuarenta kilmetros por hora, se cerna sobre la isla de Cuba. Estbamos all de vacaciones con nuestros dos nios de tres y cuatro aos cada uno, y los abuelos se figuraban que los bamos a exponer al desastre, tan chiquititos e indefensos. El jueves, siete de julio, no logramos tranquilizarlos demasiado cuando les contamos que nos encontrbamos en una nacin volcada en la prevencin de la catstrofe, ante un ejercicio prodigioso de movilizacin colectiva y civismo masivo. Pero no mentamos por telfono tratando de calmar los nimos en la distancia. Decamos la verdad y tenamos la tranquilidad interna de saber que no estbamos en el lugar equivocado con nuestras dos criaturas.

Anonadados, vimos las mesas redondas de las tardes de la televisin cubana convertidas en centro nacional de control de los preparativos. Fuimos espectadores privilegiados, junto con millones de cubanos, del trabajo, real y verdaderamente efectivo, de los mximos dirigentes del pas. Sin trampa ni cartn, sin trajes de mil euros, sin ningn atisbo del espectculo infinitesimalmente calculado al que nos tienen acostumbrados los polticos profesionales del mundo capitalista. Ministros y altos responsables sudorosos, sin maquillar, en camiseta y pantaln barato; responsables provinciales en sencillo uniforme verde oliva hermosa ausencia de parafernalia militar en un pueblo hecho ejrcito-; el mximo dirigente entregando horas y horas de su tiempo al escrutinio pblico de la defensa de las vidas de los ciudadanos y ciudadanas cubanos. La nacin entera se moviliz y cada cual saba bien cules eran sus responsabilidades familiares y comunitarias. Todos los rincones del pas estaban preparados porque el tejido social impresionante de la Revolucin llega a todos lados a la hora de proteger vidas e infraestructuras. Y todos los esfuerzos monitoreados desde la emisin estrella de la televisin pblica, en una experiencia inslita en el podrido mundo meditico de la globalizacin capitalista.

Dennis fue un azote brutal para la isla. La atraves en diagonal, barri todo el centro del pas. Hubo enormes inundaciones en las provincias de Villa Clara y Matanzas, un milln y medio de personas tuvieron que ser evacuadas antes de la llegada del cicln. Mat a poco ms de diez personas. Se llev por los aires miles de tejados, destruy el acuario de Santiago de Cuba, las instalaciones de la Sierra Maestra, la cosecha de mangos Pero nada parecido a un cataclismo, no se derrumbaron la nacin y sus leyes ni medio segundo. Pudimos sentimos tranquilos y seguros. Ningn peligro para nuestras vidas. Cero caos. Cuba no perdi ni un instante los cimientos de la normalidad. Y con una velocidad encomiable, todo el pueblo se puso manos a la obra para restaurar, lo antes posible, construcciones y servicios. En apenas una semana, se dej de hablar tanto del huracn.

Dennis fue un Mitch sobre una nacin civilizada. Ojo, no digo pas, ni digo rica. El huracn Mitch arras unos cuantos pases sometidos a la barbarie del capitalismo. Eran muy pobres, si bien los indicativos de renta per capita de todos ellos -el modo liberal de medir la riqueza de un pas- superan los cubanos. Mi familia pensaba en un Mitch, pero Dennis pas sobre una nacin civilizada. Cuba es socialista. Parece que es la nica manera en que se puede seguir siendo nacin civilizada en estos tiempos de capitalismo global, total.

Por supuesto, no regresamos a Espaa hasta que acabaron nuestras vacaciones en Cuba, a finales de junio. En el aeropuerto nos esperaba mi padre, no la prensa. Apenas nadie habl casi nada de Dennis en Espaa. Si hubiera resultado catastrfico, los medios se habran volcado en mostrar muerte y destruccin y no habran dudado en atribuir los daos al socialismo. Pero como, en realidad, sucedi todo lo contrario, silencio total. En Espaa no es noticia, vaya, que una nacin de menos de tres mil dlares de PIB per capita toree con maestra un huracn de fuerza cuatro, casi cinco.

Ahora, los espaoles que han tenido la desgracia de veranear en Lousiana (EEUU) regresan antes de tiempo a sus casas. En el aeropuerto, cuentan sus vivencias traumticas a decenas de periodistas. Hablan de un escenario ms de guerra que de catstrofe natural. Describen tiroteos, muertos flotando por las calles, saqueos y violaciones, horrores sin fin y dificultades para abandonar la zona. Han visto una desbandada de individuos sazonada de diarreas y clera, y tiburones acostumbrados al libre comercio que no dudan en pescar en aguas revueltas, a menudo a golpe de pistola. Se quejan de que los cuerpos de seguridad, la nica presencia real del estado en la zona, se dedicaba ms a proteger la propiedad privada que a rescatar a la gente. Quin lo iba a decir. Resulta que Katrina ha sido el Mitch que mis familiares se figuraban para Cuba. Con sus vientos de 250 kilmetros por hora, entr hace ya ms de una semana en EEUU, un pas, que no una nacin civilizada, muy, muy pobre, aunque su renta per capita supere los 36.000 dlares anuales.



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