Portada :: EE.UU. :: Katrina, con el neoliberalismo al cuello
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-09-2005

Nuevo Orlens y la bomba de tiempo

ngel Guerra
La Jornada


Los miles de cuerpos humanos inertes que flotan o yacen bajo el agua en Nueva Orlens podran ser hoy los de seres vivos, probablemente hacinados en albergues a cientos de kilmetros de su ciudad y enfrentados a un futuro incierto, pero vivos. Cuntos sueos, aoranzas, amores, caricias, planes experiencias, sepultados para siempre. No propiamente bajo la inundacin, una consecuencia largamente anunciada del paso de un gran huracn por la mtica ciudad del Mississippi. Sino como resultado de la insensibilidad, el maridazgo con el gran capital y el desprecio por los pobres de la pandilla gobernante en Estados Unidos. No consideremos por ahora otros ngulos y causales de esta debacle, que adems de su alto costo en vidas y sufrimientos humanos ha arrasado un valioso patrimonio cultural. Centrmonos en un solo aspecto: hubiese bastado con tener listo un efectivo plan de evacuacin y la voluntad poltica de hacerlo funcionar para evitar que se perdiera una sola vida. Era lo menos que poda esperarse del pas ms rico y poderoso del mundo, al que sobran medios de transporte y dedica millonadas supuestamente a preservar la seguridad de sus ciudadanos.

Pero no, la consigna de las autoridades fue slvese el que pueda!, desentendindose de los que no tenan autos, ni dinero, ni un lugar a dnde escapar, negros en su mayora. Decenas de miles, a los que despus se les reproch el haber escogido quedarse, quedaron atrapados por la inundacin. Unos se ahogaron y otros han permanecido das atenazados por el hambre y la sed en los techos a donde nadie los fue a rescatar. Otros fueron a los refugios que se les indic, totalmente desatendidos. Cuando la indolencia ante el drama se torn un gran escndalo nacional que amenazaba gravemente la imagen de Bush II fue que comenz a fluir lentamente la ayuda.

No debemos sorprendernos, el capitalismo se trata de acumular ganancias por una minora. En la etapa neoliberal este rasgo seminal del sistema ha sido exacerbado al extremo con el enflaquecimiento del gobierno, la sustitucin de las polticas de asistencia social por la mano invisible del mercado, la entrega de los servicios que antes eran pblicos a la buena voluntad de las corporaciones y las instituciones caritativas. Fue grotesco el espectculo de los dos Bush y William Clinton pidiendo donaciones privadas desde la Casa Blanca, centro de un poder que gasta en matar miles de veces ms que lo que se requerira para reconstruir Nuevo Orlens y sostener a los refugiados decentemente por el tiempo necesario. Los personeros del imperio que exime de impuestos a millonarios y grandes empresas, mantiene cientos de bases militares en el mundo y ocupa dos pases para beneficio de un puado, mendigando migajas para los damnificados.

El desastre de Nueva Orlens revela la profunda crisis moral que atraviesan el Estado y la clase dominante de Estados Unidos. Durante las ltimas dcadas y, particularmente, durante el gobierno del eterno vacacionista, se han recortado severamente los fondos de salud, seguridad social, servicios a la comunidad y de la propia agencia de proteccin contra desastres. Todos los recursos son pocos para la poltica de guerra y por eso los diques que impiden al lago Ponchartrain verter sobre Nueva Orlens no fueron reforzados. El culto fantico por el lucro explica que cientos de kilmetros de manglares, indispensables para el equilibrio ecolgico y para proteger la ciudad de las olas, fueran sacrificados a la especulacin inmobiliaria. Bajo Bush, que se niega a ratificar el Protocolo de Kyoto, se han menospreciado como nunca los peligros del calentamiento atmosfrico para no perjudicar las exorbitantes ganancias de las grandes petroleras estadunidenses. Como consecuencia, contina elevndose la temperatura del mar, que propicia la aparicin de temporadas de huracanes de inslita intensidad. En suma, no fue Katrina, sino la codicia, el racismo y el abandono por el gobierno de sus responsabilidades lo que destruy Nueva Orlens.

Este desastre mostr tambin el creciente tercer mundo existente dentro de la superpotencia, cuya magnitud actual ha azorado a los propios estadunidenses de clase media al verlo por primera vez en las pantallas de televisin. Una realidad que no interesar a los anunciantes de las grandes cadenas ni complacer reconocerla a los privilegiados por el american way of life, pero una bomba de tiempo que puede hacer estallar al sistema.

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