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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-05-2015

El teatro, un arma poltica
El Frente Cvico-Valencia recupera el valor de las representaciones teatrales en la II Repblica

Enric Lopis
Rebelin


Todo el teatro es poltico. Transmite una ideologa y unos valores. Fue poltico el teatro religioso, los dramas morales de Caldern o la comedia neoclsica de Moratn. Pero en un sentido ms estricto, fue a mediados del siglo XIX cuando empez a observarse la cultura y el arte desde una perspectiva diferente. Y ello no sucede slo en el teatro y la literatura. Pintores como Courbet reflejan la realidad cotidiana de las clases populares al tiempo que participan en la Comuna de Pars. La idea es, mediante el arte, trasladar el conflicto social a la gente comn. La cultura y el arte, entiende esta nueva concepcin, sirven para la denuncia y la educacin de las clases populares (tambin el teatro es un espacio de formacin).

En el estado espaol surge la idea de teatro poltico en los aos 60 del siglo XIX, que se prolonga durante la I Repblica y se enriquece durante el periodo de la Restauracin, pero es con los gobiernos de la II Repblica (a partir de 1931) cuando el teatro poltico contar con un decidido apoyo institucional. Durante la guerra de 1936, se desarrollar un teatro de combate contra el fascismo. En estos grandes trazos puede incluirse el teatro obrero impulsado por el anarquismo, el socialismo o la utilizacin que hace de las representaciones el movimiento republicano (durante la I Repblica). El teatro poltico nace muchas veces al margen de los grandes actores y escuelas, y aparece con el estigma de que no es un arte puro; tuvo que aguantar siempre esa mala fama de panfletario, ha explicado el catedrtico de Historia del Teatro Espaol, Josep Lluis Sirera, en un acto organizado por el Frente Cvico-Valencia.

Son autores y actores que no hacen teatro para minoras, al contrario, utilizan gneros ms cercanos al gran pblico y con un lenguaje asequible. Es un teatro poltico que, lejos del elitismo intelectual, toma forma de sainetes, de melodramas y tambin se preocupa por hacer rer a la gente. Otras veces se incorporan aspectos de la zarzuela, el cupl, el musical y el teatro de variedades. Presentan problemas cotidianos de las clases trabajadoras de una manera muy primaria e inteligible. Jose Lluis Sirera recuerda a un autor de izquierdas como Felip Meli, autor de sainetes como Patrons i proletaris. O el caso de una compaa catalana que, siguiendo esquemas de cercana al gran pblico, represent una obra teatral sobre el asesinato de Ferrer i Gurdia. La obra se grab en placas de pizarra y se llev a los casinos y las casas del pueblo, no sin antes lidiar con la censura de la Restauracin reforzada por los crticos (la obra es mala y llena de tpicos).

Yo no me hago beata aborda el voto femenino (instituido en tiempos de la II Repblica) y alerta sobre los peligros de manipulacin eclesistica. En 1936 Max Aub pretende difundir por los pueblos de Espaa que la escasez de agua reside en su control por los caciques. Para explicarlo compone una obra, El agua no es del cielo, de contenido evidente y estructura muy sencilla. La alternativa que propone el autor queda bien clara en la representacin: votar al Frente Popular. Otro autor, Jos Mara Latorre, aborda en un melodrama de tono panfletario la sublevacin de Jaca (diciembre de 1930), que pretenda la instauracin de la Repblica. La idea de fondo se le traslada al pblico sin ambages: los hroes de Jaca no murieron en vano. El problema de estos textos y autores, afirma Josep Lluis Sirera, es que no se estudian en las facultades, son temas mal vistos y a los que se ha puesto una cruz.

El catedrtico apunta el punto de ruptura que introduce la II Repblica. Teatro poltico y de agitacin ya lo haba antes; lo que hace la Repblica es dotar a este entramado de autores y obras de un apoyo institucional. Se aprovecha al mximo en este periodo el potencial educativo del teatro, por ejemplo con las Misiones Pedaggicas. La Repblica no slo construye escuelas y pone en el centro a los maestros nacionales, sino que lleva la cultura a los pueblos ms recnditos. En cuanto al teatro, se institucionaliz como medio educativo, pero las posibilidades se abren tambin a expresiones como la danza o el ballet. Proliferaron las obras de cometido transformador. Un maestro nacional y autor teatral, Alejandro Casona, que acab exiliado en Argentina, estren en febrero de 1936 Nuestra Natacha. Fue una obra de gran xito durante la guerra civil. Trata de una hurfana rica que organiza una escuela donde nios y nias pueden aprender en libertad, incluso con la metodologa Freinet.

En 1931 se era consciente de que el teatro era un fenmeno urbano, limitado principalmente a capitales y ciudades medias. Pero en los pequeos pueblos se continuaba representando en corrales. Garca Lorca es el encargado de ampliar la masa de espectadores y crear un pblico nuevo. La Barraca parte, para ello, de una idea unamuniana (el pblico espaol de finales del siglo XIX tiene el gusto corrompido sin que haya posibilidad de salvacin). Federico Garca Lorca tiene el apoyo del gobierno (1931-33) para recuperar una idea ya materializada en Estados Unidos, durante la presidencia de Roosevelt: llevar a las compaas y a los actores a hacer teatro crtico en los pueblos.

No se trata de un teatro de intervencin poltica, matiza Josep Lluis Sirera, sino ms bien de volver a las esencias del teatro clsico espaol; por ejemplo Cervantes, con su mensaje de respeto y tolerancia; tambin el teatro barroco. Se pretenda que la gente de los pequeos pueblos se acercara por primera vez a un teatro no realista, y que ello condicionara un nuevo gusto. Las Misiones Pedaggicas introdujeron asimismo fuertes innovaciones, por ejemplo al integrar al pblico y hacerlo participar en las obras. Un ejemplo de los nuevos tiempos son las representaciones teatrales al aire libre, por ejemplo en la plaza de toros de Las Ventas, lo que rompe con los marcos tradicionales y democratiza las artes escnicas.

Cul fue el resultado de aquella experiencia? A Lorca lo asesinaron, Max Aub estuvo en campos de concentracin antes de llegar a Mxico; al cantante Miguel Molina lo torturaron; Alejandro Casona acab en el exilio No se ha hecho justicia con ellos, y mucho menos con quienes les acompaaron y apoyaron en esas iniciativas, explica el catedrtico de Historia del Teatro Espaol. Es ms, el franquismo se apoder de una parte de su trabajo. Aade Sirera que autores como Buero Vallejo, militante comunista y condenado a muerte, tambin se form en la escuela del teatro republicano. En la Transicin se le dej de lado. Otro dramaturgo que bebe de esta fuente es Lauro Olmo, que en la dcada de los 60 intenta desarrollar un teatro parecido al de la II Repblica. En La camisa aborda la cuestin migratoria.

Autores de gran xito a principios de los aos 30, muy reconocidos en la calle por sus obras, murieron en el olvido. Y as permanecen 40 aos despus. El profesor de Lengua- Literatura Castellana y miembro del Frente Cvico, Antonio Espejo, investiga el recorrido de lvaro de Orriols, un dramaturgo muy reconocido durante la II Repblica incluso fuera del estado espaol, y que hoy es casi un desconocido. Nacido en 1894 en una acomodada familia barcelonesa (hijo de notario y nieto del mdico personal de Alfonso XII), de Orriols fue sin embargo un autor republicano, de ideario marxista y afiliado tanto al PSOE como a la UGT (el partido socialista actual ha olvidado la reivindicacin de su legado). Adems, su compromiso literario le llev al exilio francs.

Las obras de lvaro de Orriols se divulgaban mediante ediciones populares y muy baratas, que se vendan en los quioscos. Rosas de sangre, estrenada en 1931, abordaba el drama del paro, el final del reinado de Alfonso XIII, el levantamiento de los hroes de Jaca El xito de la obra fue enorme. Las representaciones en Madrid (ms de un centenar en el Teatro Fuencarral) coincidan con otras tres diarias en Buenos Aires. El periodista y crtico del diario republicano El Heraldo de Madrid, Juan Gonzlez Olmedilla, calific a lvaro de Orriols como el poeta de la Repblica. Contaba asimismo que en el estreno de Las rosas de sangre el pblico llev a hombros al autor desde el Teatro de Fuencarral (Chamber) hasta la Puerta del Sol.

A los pocos meses este autor estrena en Madrid Los enemigos de la Repblica. Pero lvaro de Orriols no se limita a los grandes estrenos en la capital. Segn Antonio Espejo, estrena sus obras hasta en los pequeos pueblos del Pirineo Aragons; en los lugares ms remotos tiene un xito enorme. Con el nimo de hacerse entendible y llegar al gran pblico, de Orriols combina el lenguaje popular y la tradicin del melodrama, lo que le lleva a problemas con la crtica. Utiliza adems materiales, como la zarzuela, que en su primera etapa le condujeron al xito. Tambin la temtica amorosa. En 1933 estrena Cadenas en el Teatro Espaol, un drama histrico ambientado en el siglo XIII sobre la insurreccin de un pueblo del Pirineo cataln. El objetivo es aleccionar a las clases populares, y que la gente aprenda mediante el teatro, apunta Antonio Espejo.

lvaro de Orrios manifiesta su compromiso poltico y literario en obras como Espaa en pie, sobre la resistencia republicana en el Madrid bajo las bombas. En el ao 1938 lleva a la escena Retaguardia en Barcelona, donde participa con un papel menor- Fernando Fernn Gmez. Espejo recuerda, tras el xito, el ocaso del autor cataln: Perdi las dos maletas en las que guardaba su obra mientras marchaba al exilio francs; en el pas galo desempe oficios muy modestos. Estren en Francia Romance de Madrid, con el fin de inducir a una intervencin aliada que liquidara el franquismo. Muri en 1976 sin que en Espaa se le reconocieran sus mritos literarios, detalla el profesor de Literatura. lvaro de Orriols es uno de los autores a quienes por razones polticas y acadmicas- se ha ninguneado. Pero es un autor que contina vivo, remata Antonio Espejo.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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