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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-09-2005

La sonrisa satisfecha de un asesino: Terminar con la impunidad de la Casa Blanca de Bush

Norman Solomon
CounterPunch

Traducido para Rebelin por Felisa Sastre


El hombre que ocupa el Despacho Oval es un aficionado a condenar a los asesinos pero su Administracin contina matando con impunidad.

Ellos pueden ir a Irak y hacer esto o aquello, deca el jueves pasado Martha Madden, antigua secretaria del Departamento de Calidad Ambiental de Luisiana, pero no pueden lanzar alimentos sobre Canal Street en Nueva Orlens, Luisiana, ahora mismo?. Es alucinante.

La poltica es el arte de las prioridades. Y las prioridades de la Casa Blanca de Bush estn muy claras. Para matar en Irak no ahorran gastos pero para proteger y conservar vidas humanas las arcas estn vacas. El problema no es la incompetencia sino la inhumanidad, la crueldad y la codicia.

Los medios de informacin han difundido algunas crticas tcticas sobre las operaciones militares de EE.UU. en Irak pero la Administracin es lo suficientemente lista para mantener en marcha el complejo industrial militar. Es bueno para producir enormes beneficios para los fabricantes de defensa, las compaas petroleras y similares. Lo primero es lo primero y lo ltimo lo ltimo.

Por qu apuntalar los diques cuando ese precioso dinero poda ser mejor utilizado en la guerra de Irak? Por qu dejar las unidades de la Guardia Nacional en casa cuando pueden ser tiles matando y muriendo en una lejana guerra basada en mentiras?

Y cuando la catstrofe se cierne sobre la gente de casa, por qu habra de responder el presidente con urgencia y de forma adecuada si las vidas de esas gentes no ocupan un lugar importante en sus clculos polticos?

Ha llegado el momento de acabar con la impunidad del presidente George W. Bush.

Por supuesto que l no aprieta el gatillo, no arroja las bombas ni supervisa las torturas. l evita contemplar la muerte que ha hecho posible tras el paso del huracn. Los criminales de cuello blanco- en este caso criminales de guerra de cuello blanco-, raramente se acercan a presenciar sus trabajos ms sucios.

Cada minuto era precioso tras el huracn. Mientras perda tiempo y la tragedia se iba desarrollando, Bush quera desviar la responsabilidad. Deberamos pararnos y reflexionar sobre las razones por las que agit ruidosamente una gran hucha a mediados de semana.

Mientras los muertos aumentaban en Nueva Orlens y las crticas por su falta de reaccin crecan con mayor indignacin por el pas, el hombre- sin tomar ninguna decisin poltica- quera que pensramos en hacer una donacin de caridad. As que no se puede dejar escapar a George Bush y Dick Cheney.

Hay algo escandalosamente obsceno en el hecho de que los responsables del Gobierno de Estados Unidos hablen a los ciudadanos de hacer donaciones de dinero para ayuda de emergencia por los daos de un huracn, mientras la Administracin, del presidente abajo, ha abdicado de sus responsabilidades ms esenciales.

Para los asuntos que considera realmente importantes, como la guerra de Irak, la Casa Blanca de Bush apenas solicita contribuciones privadas mientras engulle enormes cantidades de los fondos de los contribuyentes, pero cuando se trata de salvar vidas en lugar de destruirlas se supone que los ciudadanos tienen que romper sus huchas.

La verdadera compasin- recalcaba Martin Luther King Jr.- es algo ms que arrojar una moneda a un mendigo; es reflexionar sobre el hecho de que un sistema que produce mendigos necesita una reestructuracin . l acusaba al Gobierno Federal de mostrar hostilidad hacia los pobres, ya que financiaba los fondos militares con celeridad y generosidad y los fondos para los pobres con avaricia. Cuatro dcadas ms tarde, la hostilidad hacia los pobres contina siendo de hecho la poltica gubernamental, y sus consecuencias el enorme nmero de muertes en Nueva Orlens que podran haberse evitado.

Se debe rendir respeto, y se debe hacer justicia. La muerte no tiene vuelta atrs; el sufrimiento de estos ltimos das no puede repararse. Pero es asunto nuestro el presionar al mximo para que se lleven a cabo verdaderas y adecuadas actuaciones de rescate y de organizacin, al tiempo que se exigen responsabilidades polticas. Responsabilidades que suponen despojar del poder que ostentan sin piedad a Bush, Cheney y sus aliados en el Congreso. Y supone acabar con su impunidad, de forma que la verdad tenga sus consecuencias.



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