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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-05-2015

El naufragio de la democracia secuestrada

Andrs Figueroa Cornejo
Rebelin


En Chile, la representacin ejecutiva de las clases dominantes est compuesta por los grandes capitales (donde se encuentran los propietarios y accionistas de ms del 90% de todos los medios de comunicacin de masas), la oficialidad de las Fuerzas Armadas, las jefaturas del sistema de partidos polticos, la nomenclatura del clero catlico y los intereses estratgicos del imperialismo norteamericano (tal como en Mxico, Colombia, Per, Honduras, Puerto Rico, slo para mencionar los ms evidentes de la regin).

En el sistema-mundo, Chile es plataforma financiera y de servicios; extractivismo primario exportador minero, forestal, marino; agroindustria alimenticia, retailer y pieza clave del liberalismo de vanguardia. Los modos a travs de los cuales el capital obtiene sus principales ganancias estn asociados a la sobreexplotacin humana, al saqueo de recursos naturales, al sistema financiero, las privatizaciones, el subsidio estatal y el ahorro previsional administrado privadamente por las AFP, y la deuda generalizada y con promesa de morosidad. El golpe de Estado de 1973 no restituy ni el proyecto ni a la clase dominante que precedi al gobierno de Salvador Allende. Por el contrario, el pas andino se convirti en el campo de pruebas de la nueva fase y ofensiva econmico-poltica del capitalismo desplegado posteriormente entre los 80 y 90 del siglo XX en casi todo el planeta. De un perodo nacional-desarrollista, Chile pas a transformarse en el paradigma del liberalismo y sus relaciones sociales que actualmente hegemonizan a escala mundial en sus diversas variantes y cuyos polos dominantes se encuentran en los Estados-empresariales de Estados Unidos-Canad, China, Japn, Alemania, Francia, Reino Unido, Rusia, India y Brasil.

En general y a nivel global, el capital financiero funciona como el momento tutelar de la reproduccin del capitalismo sobre sus dems momentos (produccin, intercambio (comercio) y consumo (distribucin)). El momento financiero como centro de mandos de la acumulacin del capital, dinamizado por las nuevas tecnologas en tiempo real (como ocurre en las bolsas y en la estructuracin bancaria o industria de la deuda infinita e impagable), genera las mayores utilidades, la deuda, la concentracin con tendencia monoplica del capital, y las crisis. Porque las crisis de sobreproduccin y sobrecapacidad productiva estn articuladas desde el capital ficticio, el endeudamiento y las burbujas financieras. Asimismo, el momento financiero del capital no corresponde a una parte de la totalidad del planeta capitalista. Es el momento que organiza la totalidad del movimiento del capital y sus industrias ms rentables, como la armamentista, el narcotrfico, la red de trata de personas, la prostitucin infantil, la energa (petrleo, agua, extractivismo), la deuda, la produccin alimenticia y el conocimiento de punta (ciencia y tecnologa).

Hoy Chile es presa de un fuerte decrecimiento debido a la cada internacional de los precios de los commodities y del cobre, su dependencia respecto del dlar norteamericano, la postergacin de inversiones y donde, por su condicin de economa perifrica, cualquier crisis en los centros del capitalismo, en particular del imperialismo norteamericano, se multiplica como maldicin sobre sus costas.

Las encuestas, Bachelet y las expresiones de la crisis

Como en la democracia nepotista, antipopular, elitista y secuestrada chilena no existen consultas poltico-populares de ninguna especie, entonces abundan las llamadas encuestas de percepcin de la poblacin. Adimark es una empresa de estudios de mercado que consensuadamente por y para los pocos de arriba, tiene prestigio y credibilidad.

De acuerdo a la encuesta de abril de 2015 de Adimark ( http://www.adimark.cl/es/estudios/index.asp?id=280 ) , a casi 5 meses del estallido de los casos de corrupcin que involucran a miembros de todo el sistema de partidos polticos dominante (Nueva Mayora y Alianza, PRO incluido), o los dos rostros intercambiables del partido nico que administra los intereses del gran capital), los resultados pusieron a la presidenta Michelle Bachelet con un 31% de aprobacin y un histrico 64% de rechazo. El gobierno fue aprobado por un 26% y deplorado por un 70%. En el tem de Corrupcin de organismos del Estado, la encuesta arroj un 14% de aprobacin y 84% de rechazo.

Nueva Mayora obtuvo una aprobacin del 24% y un 67% de desaprobacin, mientras que la Alianza tuvo un 17% de aprobacin. O sea que el conjunto de partidos polticos, oficialismo y oposicin burguesas, sumaron un magro 41% de aprobacin entre la poblacin. Por su parte, ambas cmaras, parlamento y senado, lograron romper su propio rcord con casi un 80% de rechazo.

Como efecto de la colaboracin en los desastres naturales en el norte del pas, los bomberos, carabineros y el ejrcito alcanzaron una aprobacin de alrededor de un 90%. Es preciso puntualizar que la nota positiva se debi a la ayuda a la gente en las catstrofes mencionadas y no a causa de la represin contra el pueblo movilizado ni contra la resistencia Mapuche.

En materia de trabajo, la desaprobacin de la gestin gubernamental toc el 61% de rechazo; en economa un 65% de rechazo; en transporte colectivo un 72% de desaprobacin; casi un 70% de rechazo en el mbito Mapuche; en gestin ambiental sac un 62% de desaprobacin; en el Transantiago casi un 80% de desaprobacin; un 74% de rechazo en el sector de la salud y un 65% de desaprobacin en educacin.

El relato convenido por el poder como un todo para caracterizar su propio drama es de crisis de confianza en la clase poltica, delimitado convenientemente a los casos de corrupcin de Soquimich, Penta y Caval. O sea, segn las mismas leyes de la tirana luego refinadas por los gobiernos civiles, su crisis sera primero moral y luego correspondera a una clase poltica. Sin embargo, la supremaca sin discusin de los intereses econmicos del gran capital transnacional y combinado con capitales de origen nativo- sobre cualquier cargo pblico que reclama el voto, no es un acontecimiento, una ancdota o un incidente. Es el modo hegemnico a nivel planetario a travs del cual se desenvuelve el capitalismo en su presente fase. Con el fin violento del perodo nacional-desarrollista en Amrica Latina, y en Chile en particular, los gobiernos civiles votados (salvo en Venezuela de Chvez y Maduro, y Bolivia de Morales, procesos devenidos de sendos levantamientos populares, como el caracazo y la guerra del agua) que el marco de accin decisional de los ejecutivos y legislativos se encuentra acotado a la sola administracin de un mismo sistema econmico, poltico, cultural y social. Como la inflacin, el voto ha sido devaluado estructuralmente porque as lo demanda la ganancia del capital.

Asimismo, los pocos dueos de todo hablan de clase poltica, cuando incluso en trminos burgueses, la poltica en sistemas de representacin electoral debe asociarse al derecho de cualquier persona a participar en igualdad de condiciones en la disputa de cargos pblicos. Decir clase poltica es plantear explcitamente la existencia de una arquitectura social de castas inamovibles dentro de la cual la poltica es la especialidad de un grupo de autoproclamados administradores del Estado. Semejante discurso slo ahonda an ms la distancia entre los funcionarios pblicos elegibles y las grandes mayoras. Es cierto que la dictadura del capital histricamente ha requerido de una representacin leal a sus intereses en el Estado cuya sola realidad ya expresa una sociedad dividida entre una minora opresora y una mayora oprimida. Lo particular en la actual coyuntura chilena es la revelacin y el sinceramiento pblico de la lucha de clases y las relaciones de fuerza y de poder como las contradicciones reales que definen la poltica.

Por qu? Porque el relato encarnado en la figura de Michelle Bachelet respecto de reformas cosmticas en materia de derechos sociales (trabajo, educacin, salud, impuestos, derechos indgenas, atencin a las regiones e incluso proceso constituyente) no habra sido necesario sin las grandes protestas estudiantiles que arrancaron en los albores del siglo XXI y tuvieron su pico en el 2011. Fue la juventud sin porvenir, los secundarios de lo que va restando de la educacin municipal destruida sistemticamente por su apropiacin privada, junto a un sector aspiracional de los universitarios; fue la lucha consistente del Pueblo Mapuche; fue la multiplicacin del ambientalismo contra el extractivismo destructivo; fue el protagonismo de la mujer en todo el movimiento popular; fueron las grandes protestas en distintas regiones por el abandono estatal; fueron las huelgas de los trabajadores/as del subcontrato, los puertos y las forestales fuera de la legalidad, en conjunto, los procesos que ofrecieron las pistas programticas de Bachelet (que gan la presidencia con un 26% del electorado habilitado para sufragar, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=176975 ).

No obstante, y pese a que las luchas arriba mencionadas fueron convertidas en promesas electorales por cumplir, el descrdito popular de la democracia secuestrada chilena ya estaba instalado. A su vez, y como seala Antonio Gramsci, las expresiones polticas de las clases dominantes suelen meterse al bolsillo las demandas de las clases subalternas, de acuerdo a las relaciones de fuerza. Esto es, junto con intentar cooptar por todos los medios a los liderazgos colectivos, el poder recoge las reivindicaciones del pueblo en lucha y las retorna descafeinadas, vaciadas de transformacin radical. A fin de cuentas, en tiempos de paz inestable, el objetivo del poder bajo el capitalismo es la gobernabilidad necesaria para su reproduccin. Y en Chile actual, es la gobernabilidad para beneficio del capital inversionista y el acatamiento a las reglas del juego impuestas por la OCDE, el FMI y el Banco Mundial. Eso ha hecho Bachelet con cada una de las vociferadas reformas, mutadas finalmente en papel mojado. Por eso los trabajadores/as organizados continan exigiendo un nuevo cdigo laboral; por eso los estudiantes convocaron a una segunda protesta nacional por una educacin gratuita y pblica para el 14 de mayo prximo ( http://www.rebelion.org/noticia.php?id=197756 ); por eso los Mapuche radicalizan su combate antiguo; por eso el ambientalismo consecuente sigue dando batallas por el agua y la sobrevivencia de las comunidades vctimas del extractivismo. Los casos de corrupcin solamente coronan una verdad que el pueblo conoca desde hace tiempo. La presidenta nunca ha salido de la clebre frase que el escritor italiano Giuseppe Tomasi di Lampedusa puso en boca de su personaje Tancredi: Si queremos que todo siga como est, necesitamos que todo cambie.

Contra la peste del olvido en Chile, urge precisar que Michelle Bachelet es hija del general de brigada area, Alberto Bachelet, muerto de un ataque al corazn mientras era torturado por agentes de la Inteligencia de la dictadura pinochetista por ser un oficial que no estuvo de acuerdo con el golpe de Estado. Michelle Bachelet durante la Unidad Popular de Allende, influida por el despus detenido y desaparecido diputado y miembro del comit central del Partido Socialista, Carlos Lorca, comenz a militar en esa tienda desde muy joven. Durante su exilio, prosigui sus estudios de medicina en la entonces Repblica Democrtica de Alemania o Alemania Oriental donde se cas con Jorge Dvalos en 1977, tambin miembro del PS. Con Dvalos tuvo dos hijos (Sebastin y Francisca) y su matrimonio acab en 1984. Bachelet volvi a Chile en 1979 y entre 1985 y 1987 sostuvo una relacin emocional con el combatiente y uno de los voceros del Frente Patritico Manuel Rodrguez (FPMR, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=113276 ), lex Vojkovic, quien muri en un extrao accidente automovilstico el 16 de octubre de 2014. Vojkovic realiz la vocera de la organizacin revolucionaria cuando ocurri la internacin de armas en la zona de Carrizal Bajo y el fallido intento de ajusticiar al tirano en 1986. En aquella poca Bachelet estaba adscrita al Movimiento Democrtico Popular (MDP), nica agrupacin que congregaba a todas las fuerzas de la izquierda radical contra la tirana y que propagaba todas las formas de lucha. Su constitucin fue tarda y relativamente breve, y se diluy ante el debate de participar o no en el plebiscito de 1988, parte de la agenda de la propia junta militar gobernante. En la realidad, el triunfo del No a la extensin del mandato del rgimen militar fue el resultado de un pacto interburgus digitado por el imperialismo norteamericano. Para el Pentgono la dictadura ya era un estorbo y un peligro ante las masivas protestas populares. Necesitaba que Chile volviera a los gobiernos civiles a condicin de que se mantuviera el capitalismo de vanguardia del pas y no fuera tocado Pinochet ni su entorno (pacto cumplido al pie de la letra por la inmensa mayora de los mandarines de la oposicin liberal posteriormente agrupada en la Concertacin de Partidos por la Democracia, hasta el presente).

Sin embargo, y como sobran los casos en Chile, Amrica Latina y el mundo, la historia y decisiones polticas de Michelle Bachelet sufrieron una sustantiva vuelta de tuerca poltica. En 1996, la actual mandataria estudi en la Academia Nacional de Estudios Polticos y Estratgicos en Chile (dirigido por oficiales que, a su vez, estudiaron las polticas de guerra en contra del pueblo en la Escuela de las Amricas, hoy Instituto del Hemisferio Occidental para la Cooperacin en Seguridad, http://es.wikipedia.org/wiki/Instituto_del_Hemisferio_Occidental_para_la_Cooperaci%C3%B3n_en_Seguridad ) y luego en el Colegio Interamericano de Defensa en Washington ( http://es.wikipedia.org/wiki/Colegio_Interamericano_de_Defensa ), conducido directamente por instructores de las FFAA usamericanas. De esta ltima institucin, tres de sus alumnos han terminado en la presidencia de sus pases: Bachelet, Lucio Gutirrez de Ecuador y el actual presidente de Guatemala, Otto Prez Molina. Sus conductas en comn? Intensificacin de las polticas capitalistas antipopulares, fidelizacin con el imperialismo norteamericano y corrupcin. Casi est de ms ilustrar la amistad y subordinacin de Bachelet con el presidente Barak Obama.

Siempre dentro del mismo mbito, en 2009, la presidenta chilena obtuvo la Insignia de Oro de Americas Sociaty en reconocimiento de los logros sociales y econmicos del gobierno chileno en tiempos de crisis global. El acto se efectu en el Council of the Americas presidido por el influyente archimillonario sionista David Rockefeller. El evento fue co-auspiciado por la minera canadiense Barrick Gold, la cual posee un puesto en el Council junto al Banco de Chile de la familia Luksic y la Celulosa Arauco de la familia Angelini. Otros miembros incluyen a CorpBanca, vinculada al empresario lvaro Saieh, y El Mercurio SAP de Agustn Edwards Eastman, ntimo de Rockefeller, y uno de los artfices fundamentales del golpe de Estado de 1973.

Por ello no resulta extrao que el anuncio de cambios en el gabinete de gobierno realizado por Bachelet el pasado 7 de mayo de 2015 fuera mediante una entrevista con Mario Kreutzberger, Don Francisco, uno de los grandes sionistas en Chile y ms all, a travs del canal 13 de televisin cuyo accionista mayoritario es el grupo Luksic. Todo cuadra y nada es accidental. Las seales de confianza fueron dadas hacia los intereses del gran empresariado, al capital financiero, al imperio norteamericano y al sionismo. Para los poderosos, garantas, para el pueblo chileno, circo.

Finalmente, el pirotcnico cambio de gabinete anunciado se tradujo el lunes 11 de mayo en un parto de los montes. Hubo cinco salida de ministros y 4 enroques entre los que ya estaban. Lo predecible? El militante demcrata cristiano Jorge Burgos en la cartera del Interior; el socialista Marcelo Daz, ex embajador en Argentina, a la vocera gubernamental; el PPD Jorge Insunza en la secretara general de gobierno; y, tal vez el cambio ms relevante para mayor tranquilidad del empresariado (y que signific la inmediata reaccin positiva de la bolsa), la ubicacin en el Ministerio de Hacienda del PPD Rodrigo Valds, ex presidente del BancoEstado, asesor de Hacienda durante el gobierno de Ricardo Lagos, con un pasado de altas responsabilidades en el Banco Central, el Fondo Monetario Internacional, Barclays Capital y BTG Pactual. Esto es, un incuestionable amante del liberalismo reinante.

Las modificaciones formales de Bachelet terminaron por ratificar, sobre cualquier duda, el contenido de clase de su administracin con superior nitidez. Los pocos de arriba, felices.

La iglesia y la lucha de clases

Chile est entre los cinco pases con mayor poblacin catlica de Amrica Latina. El Papa Francisco es jesuita y los jesuitas en Chile han jugado un rol importantsimo a nivel educacional, el cual se ha traducido en el egreso de sus establecimientos de estudio de relevantes figuras polticas (desde la Democracia Cristiana, la pinochetista UDI, hasta la izquierda revolucionaria (en sus aulas se educ hasta el periodista que suscribe este artculo)), como de distintos mbitos de la vida nacional.

El nmero uno de la oficialidad de la Iglesia Catlica chilena es, hasta ahora, Ricardo Ezzati, quien ha padecido el cuestionamiento de una relevante fraccin de la Iglesia Catlica y de los catlicos en general ( http://www.theclinic.cl/2015/03/26/revuelta-en-la-uc-contra-ezzati-por-profesor-jesuita-despedido-60-academicos-arremeten-con-una-carta/ ), a causa de sus posiciones ultra conservadoras en todos los campos de la poltica pblica, la proteccin de sacerdotes pedfilos y el castigo a la Iglesia de la opcin por los pobres.

El bur de la Iglesia Catlica es parte del directorio que comanda desde arriba, junto al gran empresariado, las FFAA y el sistema de partidos polticos dominante, guardianes ejecutivos del actual orden de las cosas en el pas. Sin embargo, ocurre que las polticas del Papa Francisco tienen como fundamento una urgente renovacin con el fin de salvar la crisis mundial de la Iglesia asociada a un ramillete de variables donde sobresalen los innumerables casos de pedofilia sacerdotal y el distanciamiento sideral entre la curia y los pueblos. De all el perfil del Papa Francisco, su conducta y discurso tendientes a la actualizacin e influencia en los problemas ms acuciantes del planeta. Al interior de esa estrategia de sobrevivencia y reposicionamiento de una de las instituciones ms antiguas del mundo, Ricardo Ezzati no tiene cabida. Esto es, el dao que ha provocado y que provoca Ezzati al diseo poltico de la direccin del Vaticano, lo convierte en un obstculo preciso de sortear lo antes posible.

La Iglesia Catlica no es impermeable a la lucha de clases. En su interior, de manera histrica y sobre todo en Amrica Latina, la Iglesia e incluso los jesuitas en particular, ha estado cruzada por las contradicciones propias de una sociedad dividida en clases sociales de intereses irreconciliables. Cuntos sacerdotes han sido parte protagnica de insurrecciones, guerrillas, del poder popular, de las resistencias contra las tiranas, etc. en el continente? Y en Chile? Innumerables. Aun, han practicado el internacionalismo popular, pagando con su vida la lucha por la liberacin de los pueblos.

Entonces, por un lado, parte significativa de la Iglesia Catlica oficial chilena debe estar reclamando con fuerza el alineamiento con la estrategia vaticana en curso con el fin de recobrar la autoridad moral sobre la sociedad chilena, y por otro, desde hace un tiempo que sacerdotes y seminaristas han retomado la tradicin de conjuntar su compromiso con el Cristo trabajador y mapuche y humillado/a y empobrecido/a y en combate y el paraso en la tierra.

Quien escribe el presente texto tambin es cristiano. Del Cristo de los de abajo. Y sabe cmo rima ese Cristo con la tica libertaria y rebelde. Como sabe que la pureza profilctica o la ortodoxia o los manuales o los remedos histricos son materiales intiles si no se adecan a la realidad y dinmica concreta de los pueblos en su carrera por la conquista de una sociedad liberada del capitalismo inhumano.

Ezzati ya es el pasado hasta para los creyentes ms moderados/as.

Y la organizacin de los trabajadores/as y los pueblos?

Al sur inmensamente mayoritario de la sociedad de clases, como en casi todo el mundo, la fragmentacin premeditada o inconsciente del movimiento popular en Chile traba su densidad y protagonismo. Son incontables las agrupaciones anticapitalistas que intentan y edifican poder y luchas limitadas territorial y sectorialmente. La superacin del tribalismo anticapitalista no slo demanda un proyecto poltico de poder unitario y poscapitalista, una estrategia, las tcticas, una lnea poltica de orientacin colectiva ( http://kaosenlared.net/chile-que-es-una-linea-politica-para-la-transformacion-social/ ). Todava se trata de empeos en Intranet, desbrozados, compartimentados, ensimismados. Tan cierto como que no existe todava el instrumento poltico de la revolucin en Chile, es la ausencia de ataduras frreas entre las diversas expresiones del combate contra el capitalismo. La accin y reflexin conjunta de los denominados movimientos sociales es la condicin sin la cual no es posible constituirse en actor y sujeto de transformaciones estructurales. En verdad, no hay movimientos sociales, sino que un movimiento popular descoyuntado.

Siempre existe lucha de clases, lo que falta es conduccin, victorias parciales, direccin unitaria de la totalidad de las batallas poltico-sociales. El sindicalismo que procura destruir el economicismo funcional, el antipatriarcado, el ambientalismo consecuente, la pelea dura de los pueblos originarios, los pobladores sin casa ni derechos sociales, los endeudados desde muy jvenes, los estudiantes, el activismo de los Derechos Humanos, todas las caras resueltas contra la infamia, la alienacin y la miseria ms o menos encubierta, etc., tal como el enemigo de la humanidad que en Chile mantiene una unidad grantica, deben convertirse en una fuerza social total. De sus hijos/as mejores devendrn, por autoridad ganada en la prctica y las polticas correctas, la organizacin revolucionaria. De menos a ms, de lo simple a lo complejo, de la unidad en la accin hasta la unidad poltica y orgnica. Desde la conviccin de poder, la formacin poltica, la prctica coherente y cada cual en su sitio.

Si bien la tica de quienes aspiran a cambiar la vida radicalmente est sintetizada esencialmente en los intereses histricos de los trabajadores/as y los pueblos, esa misma tica se sostiene sobre la solidaridad militante, la reciprocidad, la conducta insobornable, el colectivo sobre el individualismo, la democracia sobre el caudillismo, los intereses del pueblo sobre cualquier bandera, la crtica y autocrtica permanente, el amor y la disposicin de combate, y la mismidad entre los pblico y lo privado.

Y un asunto aoso que resulta estratgico: el internacionalismo concreto y no slo declarativo. Ante los poderes mundializados del liberalismo y el capital insaciable, ni siquiera los proyectos socialdemcratas son posibles en un solo pas. La emancipacin humana poscapitalista, por necesidad material, exige la coordinacin metlica con los movimientos populares y las organizaciones revolucionarias del mundo. Y no por razones de retaguardia. Sino que por razones de sobrevida y garanta de duracin y profundizacin de la sociedad futura en trminos ampliados geopoltica y econmicamente. Por cuestiones ligadas a la hegemona de la humanidad sobre el capitalismo.

Toda la imaginacin poltica e insubordinada al ruedo. No importa el tiempo que tome. Importa que se viva como un aqu y un ahora.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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