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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-05-2015

Matanza obrera en Punta Arenas

Felipe Portales
Punto Final


Uno de los episodios ms desconocidos de la represin desarrollada por el presidente Juan Luis Sanfuentes en 1920 para frustrar el reconocimiento del triunfo electoral de Arturo Alessandri, fue la masacre de obreros en la ciudad austral. Se dio en el contexto del delirio nacionalista fomentado por Sanfuentes como respuesta a la percepcin de amenaza de un eventual ataque Per-boliviano; todo lo cual fue prefabricado por el mismo gobierno (la guerra de don Ladislao; en honor del ministro de Guerra de la poca, Ladislao Errzuriz Lazcano), como se demostr posteriormente.

En concreto, los miembros de la Federacin Obrera de Punta Arenas no quisieron asistir a una manifestacin convocada por la Liga Patritica de la ciudad para el 25 de julio. En respuesta, el gobernador de Magallanes, Alfonso Bulnes Calvo, dispuso que fuerzas del ejrcito y de Carabineros asaltaran el local de la Federacin en la madrugada del 27. Como hubo amagos anteriores, haba una guardia armada en su interior. Adems de asaltarlo a tiros, se procedi a quemar el inmueble, resultando un nmero indeterminado de muertos.

De acuerdo a la relacin efectuada en la Cmara de Diputados muchos aos despus (1937) -y que nadie refut-, el socialista Efran Ojeda Ojeda dijo que a las tres de la madrugada del da martes 27 de julio, los distinguidos asaltantes dirigidos por el comandante del Batalln Magallanes (Jos Mara Barcel Lira), secundado por el prefecto (de Carabineros) mayor seor (Anbal) Parada (Pacheco) () llegaron a asaltar el local de la Federacin al grito de Viva Barros Borgoo!. En el grupo de los asaltantes participaban militares disfrazados con antifaces; el propio gobernador de Punta Arenas, seor Alfonso Bulnes, disfrazado tambin, presenciaba desde el frente de la Federacin la obra de los jvenes patriotas, que disparaban sus revlveres y pistolas contra el edificio. Los federados que haban sido comisionados para defender el local se defendieron.

Ojeda agreg que despus de dispararse ms de dos mil tiros, y habiendo sido muertos casi todos sus defensores, y en la imposibilidad de entrar al local, los asaltantes procedieron con todo sadismo a prenderle fuego. Los obreros que no murieron por efecto de las balas, fueron quemados junto con algunos heridos que cayeron en la calle. Una hora ms tarde el local arda por todos lados. Al ser requeridos los bomberos, se encontraron con toda clase de obstculos para combatir el fuego () El agua haba sido cortada. El comandante de los bomberos, al verse en la imposibilidad de atacar el fuego, sacando el revlver grit: O me dan agua o me pego un tiro.

Adems, Ojeda seal que al incendio del local de la Federacin Obrera, al empastelamiento (destruccin) e incendio del diario El Trabajo , a la muerte de los obreros, hay que agregar el incendio de la imprenta El Socialista, cuyo administrador, Romn Cifuentes, despus de asaltrsele la casa, de resultas de lo cual su esposa a los pocos das tuvo un mal parto, fue sacado desnudo y flagelado para en seguida abandonarlo en la calle () Despus () los instigadores de estos actos vergonzosos, los ejecutores de este feroz crimen colectivo se reunieron en el Club Magallanes y entusiasmados, alegres () brindaron abundantemente por el brillante saneamiento de Magallanes (Boletn de Sesiones de la Cmara de Diputados; 26-7-1937).

 

LA VERSION OFICIAL

Por cierto, la versin oficial fue completamente distinta. As, en telegrama al ministro del Interior, el gobernador Bulnes seal: Anoche en las primeras horas de la madrugada, se produjo un gran desorden frente al local de la Federacin Obrera de Magallanes. El edificio fue incendiado y destruida la maquinaria de la imprenta del diario El Trabajo . Estando an en comienzo la investigacin que desarrollo sobre estos hechos, nada puedo adelantar sobre la forma en que se produjeron estos acontecimientos, ni de los individuos que tomaron parte en ellos. Se cree, con mucho fundamento, que algn grupo de manifestantes entusiasta de los que tomaron parte en los comicios patriticos verificados en estos das haya lanzado gritos pasando frente al local de la Federacin, a los que seguramente respondieron de adentro con descargas. Sirven de antecedente a esta creencia las afirmaciones de algunos vecinos y la justa irritacin del pblico en general, contra la Federacin, por sus principios antipatriticos y por las proclamas revolucionarias lanzadas en los ltimos das. El orden se mantiene sin alteracin hasta ahora. ( El Diario Ilustrado ; 30-7-1920).

Y en un nuevo telegrama, el mismo da, Bulnes agregaba: Ampliando las informaciones sobre la destruccin del local de la Federacin Obrera, con circunstancias que olvid consignar o posteriormente establecidas, comunico a US que las descargas fueron hechas desde el interior del edificio y que estallaron explosivos, uno de los cuales reson en toda la poblacin, lo que comprueba la existencia de gran cantidad de esos elementos en el interior del local social. En la remocin de los escombros aparecieron tres cadveres carbonizados, a los cuales no se ha podido reconocer. Un guardin fue asesinado al querer entrar a dominar el desorden. Hay escasos heridos. La poblacin y los servicios locales resguardados por la polica se mantienen en perfecto orden (Ibid.). Reveladoramente, no hubo ms versiones oficiales ni investigaciones de alguno de los poderes pblicos sobre dichos sucesos.

Como en casi todas las matanzas de la primera mitad del siglo XX, el nmero de vctimas ha quedado muy indeterminado. Prueba de ello es que 17 aos despus el diputado Ojeda no dio ninguna cifra. En su momento, el diputado democrtico Nolasco Crdenas Avendao declar que hay antecedentes claros que demuestran que han sido asesinados treinta obreros dentro del local de la Federacin (Boletn de la Cmara; 25-8-1920); a lo que el diputado liberal Jorge Errzuriz Tagle le interrumpi sealando que habra alguna bomba adentro (Ibid.), hacindose eco de la versin oficial. Pero lo notable es que Errzuriz no objet para nada el nmero de vctimas dado por Crdenas, pese a que el gobierno sealaba que haba habido solo cuatro muertos, entre ellos, un polica.

Adems, el senador liberal Gonzalo Bulnes haba dicho que existen dos versiones: una es que hubo un disturbio interno entre los federados, y la otra que el pueblo, por una legtima indignacin al ver los actos antipatitricos cometidas por ella, la atac. Cuando la polica fue advertida del hecho, envi fuerzas a restablecer el orden, la que fue recibida a balazos, de lo cual result muerto un guardin, quedando heridos dos o tres individuos de la Federacin, que tambin murieron a causa del incendio que se produjo en la casa donde funcionaba (Boletn de Sesiones del Senado; 18-8-1920).

El historiador Gonzalo Vial aos despus se hizo eco de la versin oficial: Los obreros de Punta Arenas, agrupados en su combativa Federacin, no asistieron el 25 al acto patritico de esa ciudad. Esto calent cabezas, y el 27, anocheciendo, el hermoso local que posea orgullosamente la Federacin fue asaltado e incendiado, en medio de una infernal balacera. Qued reducido a escombros y murieron varios, atacantes y agredidos ( Historia de Chile (1891-1973) , Volumen II, Triunfo y decadencia de la oligarqua (1891-1920) ; Edit. Santillana, 1983; pp. 676-7).

A su vez, el contemporneo Carlos Vicua da las mismas cifras de vctimas obreras que el diputado Crdenas: El tiroteo de los soldados continu hasta que el edificio, devorado por las llamas, se desplom con estrpito. Todos los que quedaban dentro, treinta o ms, perecieron, pocos heridos de bala, los ms abrasados vivos por la saa innoble ( La tirana en Chile ; Edit. LOM, 2002; p. 80). Respaldando explcitamente la versin de Vicua, el historiador Julio Heise seal tambin que ms de una treintena de personas murieron quemadas ( Historia de Chile. El Periodo Parlamentario, 1861-1925 , Tomo I; Edit. Andrs Bello, 1974).

 

ARRECIA LA REPRESION

Luego de la matanza -como era costumbre- arreci una represin generalizada. As, Vicua seal que todas las manifestaciones pblicas fueron prohibidas; las calles de Punta Arenas eran patrulladas y los grupos de transentes pacficos, disueltos como si hubiese estado de sitio. (Vicua; p. 80). Proliferaron, tambin, otras formas de violacin de derechos: Censura de la prensa, delacin, fiscalizacin de las conversaciones en los clubes, clausura de los caminos, etc. (Ibid.). Incluso se comenz a perseguir a diversos lderes y militantes obreros: Sus casas fueron allanadas, sus mujeres detenidas, y ellos mismos buscados por todas partes como fieras dainas (Ibid.).

A tal punto cundi el terror, que Vicua relata que un obrero perseguido, para salvarse de la polica vivi ocho das entabicado, esto es, metido entre los forros exteriores de un tabique de madera () Sus amigos lo encerraron all y clavaron de nuevo las tablas por fuera para eludir toda sospecha. Era una caja de tres metros de alto por ochenta centmetros de ancho y treinta de espesor. De noche lo sacaban de esa angustia, a la que haba de volver apenas aclaraba. Al fin lograron conseguirle medios para fugarse (Ibid.; pp. 80-1).

En todo caso, las fugas no eran fciles, dado que Punta Arenas est rodeada de llanuras desoladas y sin bosques. El nico lugar de refugio lo constituan algunas casuchas de ovejeros (puestos) diseminadas fuera de los caminos. Por lo mismo, eran muy vulnerables a la polica: La mayora de los corifeos obreros refugiados en los puestos cayeron as en poder de los carabineros. Segn la saa, ya violenta, ya aquietada, de los sayones, hubieron de soportar prisiones, golpes y vejmenes (Ibid.; p. 81).

Tambin se utiliz el mtodo de fondear a los cabecillas: Les ataban a los pies una pesada piedra de cantera con un alambre de fierro resistente y los arrojaban as al mar desde una chalupa tripulada por media docena de verdugos (Ibid.; p. 81). Esto se supo por un sobreviviente del mtodo, Ulises Gallardo, que gracias a lo tempestuoso del mar y a que lo dejaron cerca de un faro y en mar poco profundo, no se ahog y fue salvado por el vigilante que escuch sus estruendosos llamados de auxilio (Ibid,; p. 81-2).

 

OTRA DE EL MERCURIO

Como de costumbre, la prensa de la poca apoy plenamente la versin oficial y la represin gubernativa. De partida, el corresponsal de El Diario Ilustrado en Punta Arenas expres que se protest enrgicamente por la publicacin en peridicos socialistas () de artculos antipatriticos en los que se instaba a la fuerza armada a plegarse al movimiento anarquista (sic); y que la opinin se encuentra indignada por el acuerdo de la Federacin Obrera () de abstenerse de concurrir al comicio patritico. Anoche se produjo un choque en el local de la Federacin. Se sabe que ha habido 4 muertos, cinco heridos graves y varios contusos. A las 3 de la madrugada de hoy se declar un incendio en el local de la Federacin. El fuego destruy la totalidad del edificio y la imprenta socialista. La ciudad est tranquila (29-7-1920).

Pese a los evidentes cabos sueltos de la noticia, el diario no dio ms informaciones y no hizo comentario alguno respecto del tema  

A su vez, El Mercurio -pese a que se abanderiz a ltima hora con Alessandri en la pugna presidencial!- simplemente no inform de los sucesos y seal, un mes despus, que el informe del gobernador de Magallanes ha revelado que exista all un centro de subversin sumamente peligroso y que bajo la apariencia de asociacin obrera se sustentaba una escuela de revuelta y de traicin nacional () La Federacin (Obrera) magallnica no era, como se ha pretendido mostrarla en la Cmara de Diputados, una organizacin de cultura obrera, sino de revolucin y a nosotros nos consta esto, porque nos hemos informado durante aos de sus ideas en sus propios rganos de propaganda oficial, cuya literatura hemos denunciado al gobierno por considerarla perversa y traidora al pas () Una institucin alimentada con tales propsitos no poda, pues, sino adoptar la actitud que adopt en presencia del movimiento patritico nacido de la amenaza de una agresin a la Repblica en el norte; de la misma manera que era inevitable el choque con el elemento sano de la poblacin, como desgraciadamente se produjo con las consecuencias que conocemos ( El Mercurio ; 27-8-1920).

Incluso el ferviente diario alessandrista La Nacin hizo causa comn con el gobierno, que estaba tratando de desconocerle el triunfo a su candidato!: Segn nuestras informaciones que estaran en todas sus partes de acuerdo con () el gobierno () al pasar la manifestacin (patritica) frente al local de la Federacin Obrera de Chile, los manifestantes invitaron a las personas que se encontraban en su interior a que se plegaran al desfile, y como stas se negaran a hacerlo, los primeros lanzaron algunas expresiones duras contra ellas. Exaltados los nimos, algunos de los desfilantes descargaron sus revlveres, y como aun los federados se negaran a tomar parte en la manifestacin, llegaron hasta prender fuego al local de la Federacin () Mientras arda el edificio, se dejaron or violentos estallidos, lo que ha inducido a creer que en el interior de la Federacin haba elementos explosivos. El incidente no alcanz a tomar otras proporciones debido a la rpida intervencin de la polica ( La Nacin ; 29-7-1920).

 

 

 

(*) Este artculo es parte de una serie que pretende resaltar aspectos o episodios relevantes de nuestra historia que permanecen olvidados. Ellos constituyen elaboraciones extradas de su libro Los mitos de la democracia chilena , publicado por Editorial Catalonia.

 

Publicado en Punto Final, edicin N 828, 15 de mayo, 2015

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www.puntofinal.cl

 



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