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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-05-2015

Energa, caos sistmico y produccin de lo comn
El sentido comunal de la crtica al extractivismo

Emiliano Teran Mantovani
Rebelin


Como los conquistadores del Far West americano, el capitalismo avanza hacia el desierto.

Jos Natanson

Como si fueran equivalentes Estado, Gobierno y Administracin. Como si el Estado fuera el mismo, como si tuviera las mismas funciones de hace 20, 40, 100 aos. Como si el sistema fuera tambin el mismo y mismas las formas de sometimiento, de destruccin. O, para ponerlo en trminos de la Sexta: las mismas formas de explotacin, represin, discriminacin y despojo. Como si all arriba el Poder hubiera mantenido invariable su funcionamiento. Como si la hidra no hubiera regenerado sus mltiples cabezas.

Subcomandante Galeano (EZLN), abril 2015

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Como lo han planteado recientemente los zapatistas, esos nubarrones en el horizonte, significan que viene una lluvia pasajera o una tormenta? Los crecientes rasgos de caos sistmico que se desarrollan ante nuestros ojos, interpelan con fuerza, una y otra vez, el sentido de los debates polticos sobre transformaciones y resistencias a la incesante expansin del capital; impactan sus dinmicas, crean constantemente encrucijadas, dilemas ticos; hacen que sean cada vez menos tiles algunos anlisis centrados en los aspectos formales y regulares de los sistemas.

El movimiento salvaje del capital ha convertido al sistema capitalista contemporneo en una especie de Frankenstein. Se trata en efecto, de un rgimen de biopoder global muy asimtrico, pero que se despliega en un sistema de altsima complejidad e incertidumbre, con crecientes manifestaciones caticas, de mltiples bifurcaciones, inestabilidades, fragmentaciones y volatilidades, sin precedentes en su historia; un proceso que recuerda tambin la metfora de Marx en el Manifiesto Comunista, an ms pertinente para nuestros tiempos, del brujo que se vuelve impotente para dominar los espritus subterrneos que conjur. Bajo los pies de todo el juego geopoltico actual, de la guerra mundial por los recursos, de todas las pugnas territoriales de poder que hoy se desarrollan, se reproduce un orden metablico incontrolable, como lo ha planteado Istvn Mszros.

En este sentido, y con respecto a los sistemas extractivistas latinoamericanos, qu impacto tendr para stos, sus pobladores, sus territorios, el desarrollo de esta crisis civilizatoria, en relacin a los distintos niveles de vulnerabilidad de la regin? Cmo leer las mutaciones regresivas del ciclo progresista en los ltimos aos, a la luz de la dinmica de caos sistmico global? Cmo se vincula esto, con los notables cambios en los rdenes metablicos de nuestros pases de la ltima dcada, que en diversos casos, como el venezolano, hace manifiesto los lmites y el agotamiento de sus modelos de desarrollo?

De esta compleja coyuntura histrica, se desprenden tambin otra serie de preguntas fundamentales, cules son pues, los horizontes positivos, programticos, ticos, polticos de la crtica al extractivismo? Hacia dnde apunta? La crtica al extractivismo debera servir para apuntar al desarrollo de una economa nacional industrializada? El centro de los objetivos es mejorar la produccin, la productividad, y engordar el sector secundario? Ante las crecientes manifestaciones de caos sistmico, hacia dnde se dirige la crtica?, quines gestionan en los pases o territorios de Amrica Latina, las transformaciones y paliativos ante el agravamiento de la crisis global? Qu podrn ser capaces de ofrecer los Estados extractivistas (perifricos) ante esta situacin?

La primavera progresista, viva y movida en la dcada pasada en muchos pases de la regin, que aviv los debates sobre el neoextractivismo, se ve cada vez ms lejos en el retrovisor, y es opacada por los nubarrones visibles en el horizonte. Las cosas van cambiando a un ritmo sostenido.

Los anhelados Estados de bienestar, parecen formas polticas coyunturales de un momento del desarrollo histrico capitalista, de una serie de condiciones, que no parecen poder repetirse en la actualidad. Cmo se conjuga la soada industrializacin, con los lmites de la expansin de los procesos de reproduccin ampliada de capital, a escala planetaria?, cmo queda el afn de desarrollo nacional ante el hipottico fin de los ciclos Kondratieff [1] ?, a cunto tiempo, y en qu escalas geogrficas va a ser posible planificar?, cul es nuestra capacidad para atenuar los notables grados de vulnerabilidad sistmica que posee la regin, ante situaciones difciles?, qu formas van tomando las disputas territoriales y qu capacidad puede mantener el Estado para monopolizar su poder en territorio nacional? Y en este sentido, qu papel poltico pueden jugar las diversas formas de extractivismo delincuencial [2] que operan en Amrica Latina?

Ante semejantes amenazas, incluso a la propia posibilidad de vida humana en el planeta, el sentido tico-poltico de la crtica al extractivismo centra su mirada en la reproduccin de la vida y sus ciclos, en el ms amplio sentido de la palabra ―no solo vida humana―. Se trata de una moneda con sus dos caras: una que busca desnudar al extractivismo mostrando sus lmites y consecuencias, poniendo en evidencia sus narrativas y aspectos programticos, y la falsa idea de que no hay alternativas; la otra, intenta visibilizar que no hay frmula post-extractivista que valga, por ms deslumbrante que sea la promesa, si se niega a reconocer la soberana popular-territorial, si se rehsa a privilegiar la riqueza ontolgica de la vida, los procesos ecolgicos de produccin de valor. En este sentido, el proyecto tico-poltico que constituye la crtica al extractivismo, se centran en la defensa y reproduccin de los comunes, de lo comn.

Caos sistmico y territorios en resistencia: la biopoltica de los comunes

El desafo a los capitalismos extractivos, al ser stos rdenes metablicos transterritoriales [3] , son no solo horizontes polticos del campo rural, campesino o indgena, sino tambin urbano. El mbito y la produccin de los comunes, claramente diferente del mbito histrico de lo pblico y lo privado, no solo se define a partir de la accin colectiva, constitucin de comunidad, y/o tejidos cooperativos (estables o no) entre sujetos, sino en la manera sinrgica y armnica en la cual interactan con sus ecosistemas para reproducir la vida inmediata. Los bienes comunes, la riqueza comn del mundo material e inmaterial (agua, biodiversidad, saberes, etc.), son comunizados en la gestin social colectiva, mediante acuerdos intersubjetivos para garantizar la subsistencia, sin agredir a cualquier otra experiencia de comunes. Es en este sentido, que hablamos de un concepto biopoltico de lo comn : los bienes para la vida son componentes de un ecosistema, al igual que los humanos y las interacciones sociales. Se trata de un concepto ecolgico cualitativo [4] para la reproduccin de la vida.

Esta nocin potenciadora de la crtica al extractivismo tiene importantes implicaciones polticas que es necesario resaltar. En primer lugar, ante escenarios de caos sistmico, de gran complejidad y alta incertidumbre, en los cuales los entornos pueden cambiar rpidamente (en trminos polticos, sociales, climticos, etc.), el principio de orden es la comunidad y lo comunitario. Si los sistemas se caotizan, son las fuerzas sociales territoriales las que tienen principalmente el alcance y la capacidad de resistir y/o transformar las mltiples perturbaciones que afectan la reproduccin de su vida cotidiana. Es en lo molecular donde lo comn puede luchar contra los estragos del caos capitalista.

En segundo lugar, si el capital penetra todos los espacios y mbitos de la vida humana ―por esta razn es un sistema totalitario para Mszros―, esto implica que en primera instancia, es en ellos donde las formas de lo comn no slo producen sus resistencias territoriales, sino tambin germinan las formas futuras del cambio histrico en desarrollo. Mientras que las corrientes hegemnicas de la poltica en Amrica Latina acotan todo el discurso en plantear cul es el mejor balance entre Estado y Mercado, los comunes, con su diversidad de potencialidades y situaciones, trazan sus propios libretos e intentan defender y ejercer su soberana territorial, y conformar mejores balanzas de poder con los gobiernos instituidos, sobre la premisa de un mandar obedeciendo o un poder obediencial (E. Dussel); esto tanto en los mbitos rurales o semi-rurales (por ejemplo, las resistencias actuales contra el proyecto minero Ta Mara, Arequipa, Per), como en los urbanos (por ejemplo, la Asamblea Ciudadana en defensa del parque Alberdi en Santa Fe, Argentina, o los campamentos de pioneros en Caracas, Venezuela). En todos los casos, el horizonte anti y post-extractivista desde lo comn, recentra la produccin de lo poltico en la vida inmediata colectiva de los y las pobladoras, sin que eso implique el abandono de mbitos ms amplios de disputa poltica, de escalas biorregionales, nacionales, continentales o globales.

En tercer lugar, una nocin biopoltica de lo comn resalta el carcter biocntrico de su proyecto emancipatorio biocntrico por estar centrado en la Vida, en el ms amplio sentido de la palabra (no solo vida humana), sin por esto borrar al ser humano. Esta idea invita a preguntarse, dnde est la riqueza?, dnde est la energa?, dnde se produce el valor?

La lgica de expansin geogrfica, de crecimiento geomtrico y fractal del sistema capitalista, no se da slo en la superficie del campo social, ni nicamente por medio de la intervencin del trabajo vivo humano, como se ha planteado generalmente desde las teoras antropocntricas del valor; sino se desarrolla fundamentalmente a partir de la bsqueda permanente de dominacin de la propia reproduccin de la Vida y sus ciclos. A parte de la dominacin sobre el trabajo vivo humano, la captura energtica que produce el movimiento del capital y sus circuitos de acumulacin se obtiene tambin de la produccin de vida de los dems componentes de un ecosistema. Incluso el trabajo vivo humano se alimenta de stos. Es imposible abstraer el plusvalor de la vida ecolgica.

Estas omisiones son reflejo de la concepcin de la economa humana como un meta-sistema, en vez de considerarlo como continuacin del proceso reproductivo de la Vida. La centralidad del trabajo humano objetivado, ha dejado de lado otros productos no humanos constitutivos de la vida social no solo los residuos, sino los diversos procesos de transformacin de energa que alimentan a otros componentes, los cuales se subsumen al primero.

El sistema capitalista pues, antes que un orden metablico social, es primero un orden metablico territorial. Produce sus propios ecosistemas, en los cuales instituye, de manera simultnea, formas de dominacin sobre los humanos y sobre la naturaleza. Aliena la riqueza ontolgica de la vida [5] para hegemonizar la forma dinero.

Hay una relacin muy estrecha (pero invisibilizada, o muy poco atendida) entre energa y valor valor definido ahora, en su amplio sentido ecolgico. Las omisiones tradicionales sobre dnde est la energa, la riqueza, o dnde se produce el valor, no solo estn muy vinculadas con las causas de la crisis ecolgica global, sino que la visibilizacin de estas formas bio-econmicas, tiene relacin con las posibilidades de potenciar formas de autonoma material para pueblos, en la medida en la que se recuperan, rescatan o expanden formas de produccin, aprovechamiento y uso de energas de escalas moleculares, descentralizadas, provenientes de la riqueza propia de los ecosistemas que constituyen la vida social.

La energa pues, no est solo en los macro-procesos energticos aunque estos son los hegemnicos, no slo es la que aparece reflejada en las estadsticas de los informes de la Agencia Internacional de Energa (AIE), de la OPEP, de la BP, o de los ministerios de energa de nuestros pases. Hay mltiples procesos moleculares de produccin de energa en numerosas formas de la vida cotidiana, muchas de las cuales estn ntimamente vinculadas con diversas formas de resistencia (directas o indirectas) a la dominacin capitalista, con tramas comunales y cooperativas, y/o con prcticas ecologistas que buscan revertir los procesos depredadores del sistema moderno.

En este sentido, podemos hablar de energas insurgentes o disidentes, en la medida en la que su produccin biopoltica crea y posibilita prcticas sociales ms all del capital [6] . Son una especie de lgicas populares de permacultura que, con variados alcances, ofrecen vas para la produccin de lo comn, y referentes materiales para enfrentar las consecuencias de la crisis civilizatoria y el caos global.

Cinco principios de la biopoltica de los comunes

A partir de lo antes expuesto, proponemos cinco principios fundamentales en relacin a energa, caos sistmico y produccin de lo comn:

a) Tenemos que apropiarnos de nuevas escalas de valor y nuevos conceptos de riqueza: nuevos parmetros en la representacin del valor, que tengan un carcter biocntrico, que permitan no slo desmantelar el aparato argumental que justifica al extractivismo, sino reformular nuestros patrones de vida cotidiana, nuestros horizontes polticos, nuestros procesos de produccin de subjetividad, y nuestras capacidades materiales de autogestin, en la medida en la que desarrollamos nuevas relaciones ecosistmicas, que sean ecolgicamente productivas, y que se potencian a partir de la gestin cooperativa.

b) Comunismo resiliente: la produccin de lo comn es imperiosa ante el caos sistmico. Junto con la conciencia de la crisis civilizatoria, y de sus posibles consecuencias socioterritoriales, est el concepto de resiliencia, que nos remite a la capacidad de una comunidad/ecosistema, de soportar y recuperarse ante perturbaciones significativas del mismo. En este sentido, es fundamental recuperar los procesos que hacen posible la reproduccin de la vida social y mantenerlos cerca de nuestros territorios, como lo propone Rob Hopkins [7] . Difcilmente se puedan pensar procesos de transformacin y resistencias sociales ms all del concepto de resiliencia.

c) Otras soberanas: comunizar, ocupar y reapropiar: reconocer que los ecosistemas bsicamente funcionan de manera cooperativa y no jerarquizada, y que los bienes comunes para la vida no pertenecen exclusivamente a nadie, no basta para producir lo comn. El tipo de relacin y gestin comn que se produce entre los sujetos, y su relacin con los ecosistemas debe ser ejercido. De esta forma, si se trata de un open source, de una empresa de propiedad mixta, de una okupa, o de una comuna venezolana legalizada por el Estado socialista, es secundario. No interesan primordialmente los aspectos formales o nominales de estas gestiones, sino la potencialidad poltica popular de ejercer la soberana y lo comn sobre el territorio y los bienes para la vida, sea por vas de accin directa o bien por negociaciones vistas desde el poder obediencial .

d) Comunizar a partir de la reproduccin de la vida: como lo ha reconocido Silvia Federici, la centralidad de la poltica y la economa, ha girado en torno al campo de los medios de produccin, dejando de lado lo que ha denominado los medios de reproduccin de la vida, un campo que no slo ha sido llevado fundamentalmente por la mujer, sino que tambin ha sido el mbito de la vida social donde suelen reproducirse las formas de lo comn [8] . Es por tanto esencial, recuperar la reproduccin de la vida como elemento central de la poltica.

e) Las diversas tradiciones de lucha, las diversas formas de lo comn: cada territorio, cada nacin, tiene tejidos y formas cooperativas y comunitarias diversas, con cosmovisiones, parmetros y complexiones diferentes. Pueden tener viejas tradiciones ancestrales o ser ms contemporneas y fragmentadas como los grandes mbitos urbanos. Son estas las caractersticas ecosistmicas que definen cada una de estas luchas, sus puntos de partida, y no as lo es un libreto pre-establecido, aunque es importante compartir algunos horizontes tico-polticos de lucha. Hemos insistido, por ejemplo, para el caso venezolano, que la subjetividad contrahegemnica ms potente y masiva de la historia del capitalismo rentstico es el chavismo, y que esta es una fuerza que se constituye ontolgicamente de abajo hacia arriba, aunque esto haya sido presentado generalmente al revs [9] , y aunque diversas tramas corporativas intenten capturar su potencia popular-insurgente. Como lo han reconocido Negri y Hardt, uno de los escenarios decisivos de la accin poltica hoy implica la lucha en torno al control o la autonoma de la produccin de subjetividad [10] . Cada experiencia de produccin de lo comn, se enfrenta no slo a la conflictividad geopoltica, a la crisis civilizatoria, sino tambin a la micropoltica de agresin sobre estos procesos contrahegemnicos de subjetividad, de corporalidad, de creacin de nuevos sentidos comunes. He ah uno de los grandes desafos para estos procesos de transformacin, en todas sus escalas, que se vive con enorme intensidad en la Revolucin Bolivariana.

Caracas, mayo de 2015

*Emiliano Teran Mantovani es socilogo e investigador del Centro de Estudios Latinoamericanos Rmulo Gallegos (CELARG).

Referencias bibliogrficas

- BEINSTEIN, Jorge. Esperando intilmente al quinto Kondratieff. Agencia Latinoamericana de informacin. 11/03/2009. Disponible en: http://www.alainet.org/es/active/29366. Consultado: [17/05/2015].

- FEDERICI, Silvia. Feminism and the politics of the commons, en: Bollier, David. Helfrich, Silke. The wealth of the commons: a world beyond market & state . David Bollier, Silke Helfrich and Heinrich Bll Foundation. Massachusetts, USA. 2012.

- HARDT, Michael. Negri, Antonio. Commonwealth. Ediciones Akal. Madrid 2011.

- HOPKINS, Rob. Resilience thinking, en: Bollier, David. Helfrich, Silke. The wealth of the commons: a world beyond market & state . David Bollier, Silke Helfrich and Heinrich Bll Foundation. Massachusetts, USA. 2012.

- LOHMANN, Larry. Hildyard, Nicholas. Energy, Work and Finance. The Corner House. March 2014. Disponible en: http://www.thecornerhouse.org.uk/sites/thecornerhouse.org.uk/files/EnergyWorkFinance%20%282.57MB%29.pdf. Consultado: [17/05/2015].

- MATTEI, Ugo. First thoughts for a phenomenology of the commons, en: Bollier, David. Helfrich, Silke. The wealth of the commons: a world beyond market & state . David Bollier, Silke Helfrich and Heinrich Bll Foundation. Massachusetts, USA. 2012.

- TERAN Mantovani, Emiliano. Extractivismo delincuencial y la metstasis del capitalismo rentstico venezolano. Rebelin. 05-02-2015. Disponible en: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=195084. Consultado: [17/05/2015].

- TERAN Mantovani, Emiliano. Las espirales del debate sobre extractivismo y los nuevos tiempos. Rebelin. 09-09-2014. Disponible en: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=189388 . Consultado: [09/09/2014].

- TERAN Mantovani, Emiliano. Desnudar al extractivismo: repensar el origen y destino de la riqueza. Rebelin. 14-11-2014. Disponible en: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=191979. Consultado: [17/05/2015].

- TERAN Mantovani, Emiliano. Re-ocupar el chavismo. Rebelin. 01-07-2014. Disponible en: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=186718. Consultado: [17/05/2015].



[1] Sobre esto vase: BEINSTEIN, Jorge. Esperando intilmente al quinto Kondratieff.

[2] Cfr. TERAN Mantovani, Emiliano. Extractivismo delincuencial y la metstasis del capitalismo rentstico venezolano.

[3] Cfr. TERAN Mantovani, Emiliano. Las espirales del debate sobre extractivismo y los nuevos tiempos.

[4] MATTEI, Ugo. First thoughts for a phenomenology of the commons. p.42

[5] Cfr. TERAN Mantovani, Emiliano. Desnudar al extractivismo: repensar el origen y destino de la riqueza.

[6] Para Larry Lohmman, existe una Energa con E mayscula, vinculada a la termodinmica, y una serie de otras energas (con e minscula) que estn alrededor de nosotros, estn ligadas a la sobrevivencia, son no-termodinmicas, y aunque coexisten con la Energa, sin embargo, estn opuestas a ella. Sobre esto vase: LOHMANN, Larry. Hildyard, Nicholas. Energy, Work and Finance.

[7] HOPKINS, Rob. Resilience thinking. p.20

[8] Cfr. FEDERICI, Silvia. Feminism and the politics of the commons.

[9] Cfr. TERAN Mantovani, Emiliano. Re-ocupar el chavismo.

[10] HARDT, Michael. Negri, Antonio. Commonwealth. p.12

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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