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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-05-2015

Podemos, la izquierda y las pensiones

Juan Francisco Martn Seco
Repblica de las ideas


Una vez hecho pblico el programa de Podemos, uno repara con sorpresa (y creo que no me equivoco) en que no aparecen una sola vez las palabras jubilacin o pensin, a pesar de que esta prestacin pblica -y derecho constitucional haya sido de las ms daadas, no solo en esta ltima etapa de ajustes, sino desde hace treinta aos.

Ante esta observacin cabra contestar que se trata de un programa diseado para el gobierno de las Comunidades Autnomas y el sistema pblico de pensiones es exclusivamente competencia estatal, porque hasta ahora (menos mal!) a nadie se le ha ocurrido la idea de transferirlo a las Autonomas. La respuesta en principio tiene sentido, pero pierde fuerza cuando se observa que en mltiples ocasiones (como no poda ser de otra forma) el programa aborda aunque sea tangencialmente temas y medidas que se salen de la rbita estricta de las Autonomas.

De forma quiz ms aviesa podra buscarse la razn de la ausencia en las caractersticas de la clientela electoral de esta formacin poltica, con una edad media ms bien joven. Cabe pensar que las pensiones no estn dentro de sus preocupaciones ms inmediatas. Posiblemente algo influir este factor, aunque bien es verdad que va a ser precisamente a los jvenes de hoy a los que ms va a afectar, aunque ahora lo vean lejos, el desmantelamiento del sistema pblico de pensiones.

Pero hay que ir ms all en la explicacin, al constatar que este olvido de las pensiones no es propio nicamente de Podemos, sino que participan de l, con mayor o menor intensidad, casi todas las formaciones polticas de izquierdas, incluso las organizaciones sindicales. Al mismo PSOE, que desde la oposicin y con la finalidad de diferenciarse del PP ha prometido revocar determinadas reformas acometidas por el ejecutivo de Rajoy, por ejemplo la reforma laboral, no se le ha escuchado nunca afirmar que va a derogar la ltima ley sobre pensiones, a pesar de ser una de las normas ms dainas aprobadas por el actual Gobierno y que, de no modificarse, va a condenar a la pobreza a medio plazo a la mayora por no decir a la totalidad de los jubilados.

En mi opinin, la autntica razn de que la izquierda en su conjunto se haya olvidado del tema de las pensiones y resignado a que no se actualicen con el IPC -no obstante ser un compromiso adquirido por todas las formaciones polticas y organizaciones sindicales en el Pacto de Toledo- se encuentra en que se ha terminado por dar por bueno, en una especie de sndrome de Estocolmo, el discurso oficial y se han introyectado como ciertos los sofismas y falacias que de forma reiterada han venido lanzando durante treinta aos los poderes fcticos. Se ha acabado por aceptar de forma generalizada que el incremento de la esperanza de vida y la baja tasa de natalidad conforman para el futuro una pirmide de poblacin que pondr en graves dificultades el mantenimiento del sistema pblico de pensiones. Lo que de ninguna manera tiene por qu ser cierto. Tal argumentacin olvida variables tales como la incorporacin de la mujer al mercado laboral, la emigracin, incluso el empleo, porque de nada vale que la evolucin demogrfica sea la correcta si el desempleo es cuantioso. Con cinco millones de parados no tiene sentido incrementar la edad de jubilacin.

Tras muchos aos de bombardeo ideolgico, nos hemos terminado creyendo que la reduccin del coeficiente activos/pasivos imposibilita el nivel actual de las pensiones. Pero tal planteamiento debe superarse. Lo importante no es cuntos producen, sino cunto se produce. Hay tener en cuenta la productividad. Cien trabajadores pueden producir lo mismo que mil si su productividad es diez veces superior, de manera que los que cuestionan la viabilidad de las pensiones pblicas cometen un gran error, al fundamentar nicamente sus argumentos en la relacin del nmero de trabajadores por pasivo, ya que, aun cuando esta proporcin se reduzca en el futuro, lo producido por cada trabajador ser mucho mayor. Quiz lo ocurrido con la agricultura pueda servir de ejemplo. Hace cincuenta aos, el 30 % de la poblacin activa espaola trabajaba en agricultura. Hoy, tan solo el 3 %, pero ese 3% produce ms que el 30% anterior. En resumen, un nmero menor de trabajadores podr mantener a un nmero mayor de pensionistas.

La esperanza de vida, la pirmide de poblacin y la proporcin entre activos y pasivos no son las variables significativas si se quiere analizar la viabilidad o inviabilidad del sistema pblico de pensiones, sino la evolucin de la renta per cpita. Si la renta per cpita crece, no hay motivo, sea cual sea la pirmide de poblacin, para afirmar que un grupo de ciudadanos (los pensionistas) no puedan seguir percibiendo la misma renta. Si la renta per cpita aumenta, las cuantas de las pensiones no solo no deberan reducirse, tendran ms bien que incrementarse por encima del coste de la vida.

El problema de las pensiones hay que contemplarlo en trminos de distribucin y no de carencia de recursos. En los ltimos treinta aos la renta per cpita se ha duplicado y es de esperar que en el futuro contine una evolucin similar. Si es as, resulta absurdo afirmar que no hay recursos para pagar las prestaciones de jubilacin, todo depende de que haya voluntad por parte de la sociedad, y especialmente de los polticos, de realizar una verdadera poltica redistributiva. Solo el hundimiento de la economa podra poner en peligro real el sistema de pensiones. Pero entonces no seran los jubilados los nicos que tendran problemas.

Pero ello nos conduce a la existencia de otro sofisma muy extendido y que tambin han ido asimilando las izquierdas: la creencia de que el sistema pblico de pensiones debe ser financiado exclusivamente con cotizaciones sociales; lo que nos introduce en la trampa de la relacin activos-pasivos, amn de tener que sostener la presin constante de los que piden que esta figura impositiva disminuya, al tratarse de un gravamen al trabajo. En cierta forma, la culpa ha sido del Pacto de Toledo con su reiterada separacin de fuentes, que ha dado lugar al equvoco de entender que la Seguridad Social es un sistema cerrado y autosuficiente separado del Estado. Por qu la sanidad, el seguro de desempleo o las carreteras tienen que financiarse con impuestos mientras que las pensiones deben hacerlo con las cotizaciones sociales? Es el Estado con todos sus ingresos el que debe asegurar que todos los trabajadores en su vejez cobren una prestacin digna. El obstculo no estriba en la pirmide de poblacin o en el incremento de la esperanza de vida, sino en las reformas fiscales que hacen ms regresivos los sistemas tributarios y minan la capacidad recaudatoria de los impuestos.

Las transformaciones en las estructuras sociales y econmicas comportan tambin cambios en las necesidades que deben ser satisfechas y, por ende, en los bienes que hay que producir. La incorporacin de la mujer al mercado laboral y el aumento en la esperanza de vida generan nuevas necesidades y exigen por tanto la dotacin de nuevos servicios.

Hace ya tiempo que Galbraith anunciaba que todos estos cambios demandaban una redistribucin de los bienes que deben ser producidos y en consecuencia, consumidos, a favor de los llamados bienes pblicos y en contra de los privados. Habr quien diga que estos bienes y servicios, incluso las pensiones, los puede suministrar el mercado. Pero tal aseveracin significa en realidad privar a la mayora de la poblacin de ellos. Muy pocos ciudadanos en este pas podran permitirse el lujo de costear todos estos servicios, incluyendo la sanidad, con sus propios recursos. Cuntos espaoles tienen capacidad de ahorro en cuanta suficiente para garantizarse una jubilacin digna? La nica dificultad se encuentra en que, bajo el imperio del neoliberalismo econmico, la tendencia es la contraria. Ms sector privado y menos pblico.

El pronosticado envejecimiento de la poblacin de ninguna manera hace insostenible el sistema pblico de pensiones, pero s obliga a dedicar un mayor porcentaje del PIB no solo al gasto en pensiones, sino tambin a la sanidad y a los servicios de atencin a los ancianos y a los dependientes. Detraccin, por una parte perfectamente factible y, por otra, inevitable si no queremos condenar a la marginalidad y a la miseria a buena parte de la poblacin, precisamente a los ancianos; una especie de eutanasia colectiva.

En este tema como en otros muchos, si la izquierda est perdiendo la contienda es tan solo porque antes ha perdido la batalla ideolgica y ha terminado por asumir el discurso de la derecha y dado por bueno sus argumentos.

Fuente: http://www.caffereggio.net/2015/05/16/podemos-la-izquierda-y-las-pensiones-de-juan-francisco-martin-seco-en-republica-de-las-ideas/



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