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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-05-2015

Principios tericos en las luchas sociales de Clotario Blest

Manuel Acua Asenjo
Rebelion


I Parte: PRINCIPIOS GENERALES

Al cumplirse 25 aos de la muerte de Clotario Blest Riffo, a quien hemos descrito en otro de nuestros trabajos como uno de los hijos ms ilustres que ha producido la tierra chilena [1] ,ms que traer a la memoria un recuerdo suyo en forma de ancdota o chascarro nos ha parecido mejor hacerlo en torno a los principios que orientaron su vida. En los momentos en que esta nacin enfrenta escndalos poltico/financieros que han hecho poco menos que estremecerse su institucionalidad, en los momentos en que flaquean algunos de los principios que caracterizaron la conducta de antao de gran parte de la dirigencia nacional, la figura de este hombre ejemplar se alza como un severo juez presto a dictar su dura sentencia sobre quienes, engaando a la comunidad, slo buscaron disputarse el mejor derecho a administrar la miseria de su sector ms desprotegido; de esa manera, buscaban proteger sus inters tanto personales como familiares. Clotario Blest, gstele o no a quien sea, es el smbolo indiscutido de una moral que debera estar orientando permanentemente la vida del chileno.

Existe, sin embargo, un problema que no deja de ser importante: si bien Clotario Blest fue un incansable redactor de documentos, no dej escrito en forma sistemtica los principios que orientaron su pensamiento poltico ni social; ni siquiera en esa forma explcita habitual, no exenta de repeticin, que toda persona emplea para resolver las dudas que puedan generar sus afirmaciones. En ese sentido es que sostenemos nosotros que no fue un ideologo en el sentido tradicional de la palabra. No por algo sealbamos sobre el particular en un documento que diramos a la publicidad en diciembre del pasado ao:

Aunque escribi mucho sobre sindicalismo y organizacin, Blest no fue un idelogo. De sus obras (dispersas an en hojas mimeografiadas o mecanografiadas que quedaron en poder de sus ms cercanos colaboradores) no puede deducirse una completa teora social. Sin embargo, quienes tuvimos la suerte y honra de trabajar junto a l en los difciles aos de la dictadura pinochetista, sabemos que defendi siempre el derecho de los trabajadores a construir una nueva sociedad; podemos aseverar, al mismo tiempo, que su vida estuvo regida por principios que defendi como pilares bsicos de una organizacin social verdaderamente participativa. Estos principios, de una u otra manera, los ha hecho suyos la organizacin que creara en 1970 (el CODEHS) y que supervive an en el trabajo de muchos de sus colaboradores [2] .

Por eso, acometer la tarea de determinar algunos de los principios tericos que orientaron los actos en su vida nos impele no slo a conocer sus discursos, los textos que escribi, sino, adems, recurrir a examinar su vida personal, sus lecturas, sus expresiones, sus conversaciones, sus relaciones de amistad y, especialmente, los actos que a diario ejecutaba. As, an cuando muchos de nosotros fuimos testigos de sus actos, la exgesis se nos presenta en el carcter de ineludible; pero de todas maneras no impide que podamos realizar nuestro cometido: intentar hacer una especie de compendio de sus ideas es una tarea no exenta de tropiezos. Pero es algo que invita a pensar y a descubrir los ejes centrales que orientaron el sentido de su vida.

EL CATOLICISMO COMO DOCTRINA

Podemos empezar diciendo que Clotario Blest era un hombre catlico, descripcin que poco pareciera ayudarnos en nuestro propsito de sealar los principios tericos que guiaron su accin social; y es que el catolicismo como rama del cristianismo presenta, a su vez, un impresionante nmero de variables, opciones o tendencias. En palabras ms simples: no es una corriente doctrinaria que pueda considerarse homognea, nica, sino por el contrario ofrece una impresionante gama de vas a seguir.

En este sentido, quisiramos sentar aqu, antes de todo, una premisa inicial: constituye un error de proporciones considerar al catolicismo como una simple doctrina de paz sin analizar las corrientes que, en su interior, se manifiestan. El simple hecho que el catolicismo acepte la existencia de capellanes militares que, a menudo, acompaan al condenado a muerte al cadalso, muestra un rostro de esa religin muy diferente al que habitualmente se supone. Del mismo modo, la circunstancia que obispos como Eladio Vicua Arnguiz o Emilio Tagle Covarrubias hayan estrechado filas junto a la dictadura (catlica, por cierto) pinochetista evidencia el rol de esa corriente cristiana que privilegia la imposicin de una solucin militar a las controversias sociales por sobre cualquier otra. Al otro lado, y por el contrario, en las luchas emancipadoras del continente americano, podemos descubrir una cantidad no despreciable de sacerdotes catlicos que jugaron un rol de especial relevancia pues, en no pocos casos, tomaron las armas en defensa de la autonoma de los pueblos. Un comportamiento similar puede advertirse en un sector de obispos y sacerdotes de la Iglesia Catlica que estrecharon filas en la lucha de los desamparados en contra de la dictadura pinochetista, junto a su Cardenal Ral Silva Henrquez.

As, el catolicismo no puede concebirse, simplemente, como una doctrina de paz y de sumisin sino, muy por el contrario, como un credo que tambin incita a la accin social tanto de quienes desean imponer su voluntad sobre los dems como de los que se rebelan contra el poder estatuido.

LA OPCIN CATLICA DE CLOTARIO BLEST [3]

Y puesto que, en el transcurso de la vida, todo ser humano debe no slo descubrir ciertas claves que van a determinar su destino, sino definirse frente a las alternativas que se le ponen por delante, tambin Clotario Blest lo hizo. Fue, pues, catlico; pero no cualquier catlico sino uno de aquellos que prefiri tomar partido en la corriente que opt por luchar a favor de los desamparados, aquella que se sinti heredera del Cristo obrero, el Cristo cuyos amigos eran los pescadores y las prostitutas porque vea en los primeros la laboriosidad del trabajador que crea el sustento para toda una comunidad y, en las segundas, la desgracia de un sector de la humanidad (la mujer) sometido a la voluntad del hombre y condenado a vender su cuerpo para poder subsistir [4] .

Asumir una conducta equivale a rechazar, implcitamente, otra. Es una ley de la dialctica. Si Clotario se defina a favor del Cristo obrero, era porque rechazaba de plano la concepcin conservadora del Cristo Rey; si aceptaba al Cristo amigo de los humildes era porque rechazaba al Cristo de los poderosos y de los nobles. Y si aceptaba una Madre de Dios capaz de lavar los paales de su hijo era porque rechazaba la Reina Madre rodeada de un squito de sirvientas que criaban a su hijo y lo vestan con ropajes de oro y piedras preciosas. Quienes trabajamos con l en algn momento de su vida, podemos incluso asegurar jams haberle odo hacer una referencia a un Seor (mucho menos a un Seor de los Ejrcitos) sino a Cristo, su maestro y amigo; porque las referencias a un Dios basadas en el trato sumiso del siervo o del vasallo a su seor estaban fuera de sus concepciones.

Pero el catolicismo de Blest no se limitaba solamente a estas consideraciones. Tomando como base que el amor cristiano es impaciente, tambin Clotario era impaciente precisamente por el amor que senta hacia su prjimo. Entonces, las tendencias conservadoras de ese catolicismo que obligan al creyente a soportar estoicamente los sufrimientos en la tierra esperando una recompensa celestial a recibir en una eventual otra vida, caan hechas trizas ante a un catlico que no esperaba sino, por el contrario, consideraba imperativo exigir por sus derechos, reivindicar el lugar que le corresponda desempear en la construccin de la sociedad y resolver de modo colectivo los graves problemas particulares del ciudadano corriente.

Hechas estas consideraciones, podemos entender que el cristianismo de Clotario Blest era muy diferente al enseado por algunos pastores en el curso de la historia. Y le permiti establecer una serie de principios autnticamente revolucionarios que iran a marcar el curso de su vida. A stos nos referiremos en las pginas que se siguen.

PRINCIPIO DEL EJERCICIO DE LA FUERZA

Clotario Blest perteneci a esa clase de catlicos que se alz contra el poder. Fue un cristiano que no vacil, al igual que su Maestro, en levantar el ltigo para arrojar a los mercaderes del templo convencido que la tolerancia tiene lmites, sobrepasados los cuales toda accin destinada a revertir la situacin se convierte en legtima. No por otra cosa deca, a menudo:

Entre un cobarde y un violento, me quedo con el violento.

Es esa concepcin la que lo hace formular un dramtico llamado a los trabajadores para alzarse y tomar las armas en contra del Gobierno de Jorge Alessandri, en 1960:

Justo hoy cuando el gobierno del oligarca Alessandri cumple dos aos en el poder, nosotros le decimos la paciencia de los trabajadores se acab! Debemos despertar de este letargo; los obreros, empleados y campesinos deben salir de este sueo soporfero para levantarse en armas y derribar a este gobierno reaccionario [] [5]

No debe sorprender, en consecuencia, que ese noble sindicalista catlico sintiese una profunda admiracin por Ernesto Che Guevara a quien situaba en un pedestal similar a aquel donde colocaba al Cristo social, sin importarle que se tratara de una persona que se haba alzado en armas en contra del poder constituido en Cuba. De hecho, dos de los ms grandes cuadros que adornaron las paredes de su casa, en Ricardo Santa Cruz 630, tenan las efigies de Cristo y del Che Guevara.

Blest admiraba la Revolucin Cubana y defenda la opcin guerrillera de Camilo Torres. Jams se sorprendi o rasg vestiduras ante los revolucionarios que optaban por el uso de las armas. Y justificaba ese tipo de conductas cuando ellas sobrepasaban los lmites de la paciencia y de tolerancia. Me corresponde referirme a una personal experiencia, al respecto.

Personalmente, guardo el recuerdo de una conversacin entre muchas que sostuvimos en una oportunidad, a propsito del dolor de las madres, cnyuges e hijos de los detenidos desaparecidos y ejecutados durante la dictadura militar de Pinochet. Sus palabras, duras, atrevidas, tenan la conmovedora sinceridad que lo caracteriz:

Cuando pienso en el drama de estas personas, cuando pienso que tambin todo ello pudo sucederme a m, puede Ud. estar seguro, Manuel, que no hubiere vacilado en salir, a la calle, enloquecido, a matar [6] .

Clotario Blest fund el MIR, que no se caracteriz por ser un partido tradicional que entenda la toma del poder como un simple acto electoral. El MIR se pronunci por el ejercicio legtimo de la fuerza como forma de acceder al control de la nacin para organizar una nueva sociedad; el MIR se cre para organizar la insurreccin popular, lo que implicaba la toma violenta del poder por parte de la poblacin nacional. Clotario aceptaba esa violencia, con una sola limitacin: que esa tarea no condujese a la inmolacin de quienes iran a emprender semejante tarea ni que la misma se realizase a espaldas de los sectores sociales en cuyo nombre se actuaba (trabajadores y pobladores). Tal fue una de las causas que lo hicieron reflexionar acerca de su permanencia como militante activo del MIR. Clotario no slo tena dudas acerca de la capacidad militar de esa organizacin sino de su estrecha vinculacin con los movimientos sociales, visin muy similar a la que manifestaba Luis Vitale, contenida en el documento presentado al Comit Central del MIR en abril de 1969, donde se puede leer, entre otras cosas:

Una cosa es realizar espordicamente alguna accin de este tipo, como expropiaciones de bancos, medida con la cual estamos de acuerdo, y otra es concentrar los mejores recursos militantes en esta tarea, decisin tctica que realizada antes de que el partido haya logrado una penetracin profunda en el movimiento obrero y campesino, coarta las posibilidades de establecer cordones umbilicales con los oprimidos. As se retarda en lugar de acelerar el inicio de la insurreccin [] [7]

EL PRINCIPIO DE LA JUSTICIA INMANENTE

Clotario Blest crea en la justicia, pero no en la que aplicaban los tribunales, pues saba que aquella mostraba un doble carcter: que haba justicia tanto para los poderosos como para quienes carecan de poder. El sindicalista defenda la existencia de una justicia inmanente, distinta, una justicia derivada de principios ticos supremos originados en torno al respeto de la persona humana. Difera en este aspecto de la justicia aristotlica (y, por ende, de Ulpiano) para quien justicia era dar a cada uno lo que le corresponde, sacralizando, de esa manera el dominio de una clase por otra. Por eso, era implacable con aquellos que lucraban o ejercan el derecho a disponer de la vida o la libertad de los dems, tpica expresin de una clase o fraccin de clase acostumbrada a ejercer el poder material sobre un conjunto social al que supone propiedad suya.

No deja de ser admirable la sentencia que pronunci aquel da 25 de febrero de 1979 cuando un vasto contingente social realiz la romera a los hornos de Lonqun, lugar donde haban sido encontrados los cuerpos semiconsumidos por la cal de la totalidad de los varones que componan las familias Maureira y Recabarren, asesinados por la dictadura pinochetista. Blest, a la cabeza del Comit de Defensa de los Derechos Humanos y Sindicales CODEHS, organizacin que haba fundado en 1970 y an presida, subi al cerro que se levantaba contiguo a los hornos. Patricia Matus de la Parra describe de esta manera aquella escena:

El sol est detrs de l y su cuerpo pequeo no se compara con la potencia de sus palabras y la fuerza de su voz. Llama a los familiares a que no se detengan en su bsqueda de justicia exclamando con profunda emocin no busquen entre los muertos a los que estn vivos, levanten la mirada, levanten la mirada hacia el cielo []. Mucho rato despus, mientras las enfermeras y mdicos destinados a auxiliar a .los afectados continuaban su labor, la columna humana inicia su descenso hacia la iglesia de Lonqun [8] .

Sin embargo, aquellas palabras eran solamente una parte de un discurso destinado a sembrar esperanzas en personas que lo haban perdido todo. Por eso, su voz no decay cuando, desde lo alto del lugar en donde estaban ubicados los hornos de cal, exclam con rabia:

Pero eso no significa perdonar; tampoco olvidar. Eso nunca. Lo digo aqu y lo dir siempre: Ni olvido ni perdn!

El concepto de justicia de Clotario Blest era total. Muy diferente al que mostraran, ms tarde, los lderes de la Concertacin, empeados en ocultar los documentos de la Comisin Valech hasta que hubieren fallecido todos los herederos de las vctimas de la represin, para evitar dar a conocer los nombres de los victimarios.

PRINCIPIO DE LA IMPACIENCIA : CLOTARIO BLEST Y SU RECHAZO AL CAPITAL DE GRACIA

La impaciencia del amor cristiano, presente en las ideas de Clotario Blest, le impeda aceptar la permanencia de una vida de sufrimientos para los sectores dominados de la sociedad. El sindicalista no tena capacidad para entender, siquiera, que alguien pudiese predicar la multiplicacin de la resignacin jobana en el proletariado como requisito sine qua non del ingreso al reino de los cielos. No aceptaba, en suma, que en vez de acumular riquezas, estuviese el pobre obligado a acumular sufrimientos y privaciones para alcanzar la vida eterna o el tan mentado premio celestial. Para Blest, hacer el bien para el slo efecto de recibir un premio era la manifestacin ms elocuente de concebir la sociedad como un vasto mercado en donde solamente la formacin de un capital de gracia, o la acumulacin de obras buenas habilitaba para recibir el premio eterno, lo que repugnaba a la conciencia de lder sindical. Para Blest, ciertos sectores de la Iglesia realizaban la acumulacin capitalista en espera de la recompensa de una vida eterna, lo que le resultaba francamente inaceptable.

Prefiero a los ateos que hacen el bien sin esperar recompensa alguna en la vida eterna, a los catlicos que slo actan de buena manera porque sern premiados. Eso no es cristianismo sino comercio.

El cristianismo de Clotario Blest era, en consecuencia, una doctrina social. Pero no la misma de Alberto Hurtado; ni siquiera la del Padre Vives, sino una ms potente: la que exiga el protagonismo social del conjunto de las clases dominadas, concepto que jams us y que nosotros empleamos aqu porque nos parece que define con mayor propiedad lo que el dirigente sindical buscaba para la sociedad chilena. Porque Clotario quera una democracia del proletariado o, en palabras ms tcnicas, una ergocracia, como la llamaba, empleando la denominacin que usara su amigo Vctor Krger, como lo veremos ms adelante.

La impaciencia de Clotario Blest marchaba a parejas con el rigor del cumplimiento del deber y, con mayor razn, de la palabra empeada. Cuando eso no suceda, el sindicalista se molestaba profundamente. En no pocas oportunidades, el simple hecho de no asistir a las reuniones o llegar tarde a ellas, de no redactar un documento, de no hacer un contacto sindical, de olvidar una tarea, le haca exclamar, con visible molestia:

Nuevamente estamos como las virgenes necias! Esto no puede ser!

LA ESTRATEGIA DE LA DEMOCRACIA DEL PROLETARIADO O ERGOCRACIA

Se puede descubrir en Clotario una constante que define su estrategia: la toma del poder por parte de la clase trabajadora lo cual quiere decir, simplemente, que slo tienen derecho a dirigir un pas, una nacin o una formacin social quienes trabajan y, en consecuencia, los que verdaderamente hacen posible la perpetuacin de esa sociedad. Y cuando se habla de trabajar no se hace referencia sino a la actividad de quienes no tienen otra mercanca que vender sino tan slo su fuerza o capacidad de trabajo, llmense stos productores directos o simplemente funcionarios del comercio, de la banca o de la industria. El objetivo debe ser uno: simplemente la construccin de lo que el propio Clotario llamaba democracia del proletariado, concepto que identificaba a la nueva sociedad que propugnaba y que hoy podemos asimilar a lo que Marx denominaba autogobierno de los productores directos, con una sutil diferencia: Marx haca referencia a los obreros productivos como fuerza hegemnica de esa organizacin; Blest comprenda a todas las clases dominadas, sin mencin a una fuerza de esa naturaleza. Se puede colegir de todo ello que no fue casualidad en modo alguno la seleccin de aquella frase que acuara Karl Marx para la Primera Internacional La liberacin de los trabajadores ha de ser obra de los trabajadores mismos como lema de la Central nica de Trabajadores de Chile CUT.

La democracia del proletariado fue denominada, tambin, por Clotario Blest, ergocracia, concepto que, como ya lo hemos dicho, tom de la obra de su amigo Vctor Krger Ergocracia, libro que siempre tena consigo y que consultaba de vez en cuando para fijar algunas de sus ideas. Porque Vctor Krger haba escrito esa obra buscando una denominacin alternativa a lo que Friedrich Engel denominara, de manera tan poco felz, dictadura del proletariado [9] .

II Parte: PRINCIPIOS ESPECIFICOS.

En las ideas de Clotario Blest, la tarea de construir la ergocracia estaba condicionada al cumplimiento de cuatro tareas previas, la primera de la cual era obtener la unidad sindical; la segunda era el empleo de la desobediencia civil en las luchas sociales; la tercera, el uso de la no violencia activa en el desarrollo de esas mismas luchas, y la cuarta y ltima era la asuncin del modelo guevarista del hombre nuevo. A estos principios nos referiremos de inmediato.

1. EL SINDICALISMO Y LA UNIDAD SINDICAL

Para Clotario Blest, el sindicalismo era y deba ser, siempre, el motor de los cambios. No importaba si se trataba de obreros productivos o simplemente empleados, es decir, vendedores de fuerza o capacidad de trabajo destinados exclusivamente a la prestacin de servicios, a la transferencia del plusvalor y no a la creacin del mismo. Como lo sealramos ms arriba, difera el sindicalista en esta materia de la visin de Karl Marx para quien el motor de la revolucin y de los cambios deba ser el obrero productivo, el productor directo, el verdadero productor de plusvalor.

Entendidas as las cosas, cmo sera posible llevar a cabo la construccin de una democracia del proletariado o ese autogobierno de los productores directos?

Si la democracia del proletariado o ergocracia solamente era posible construirla con la fuerza social que arranca del sindicalismo, Clotario estimaba que la unidad sindical era el requisito sine qua non de toda accin destinada a poner en tensin la naturaleza misma del sistema.

Sin embargo, esa unidad no haba de entenderla en forma restrictiva; si bien, en un principio, deba ser entendida en el carcter de unidad sindical, sera forzoso extenderla, luego, a todas las organizaciones sociales bajo la conduccin de la clase trabajadora. En este sentido, las diferencias entre las ideas de Karl Marx y Clotario Blest se reducan a la nada, pues ambos le asignaban un rol central a la accin en conjunto de la clase trabajadora. La unidad de los trabajadores fue pues, el norte que gui las acciones de Clotario Blest. Y era tan manifiesta en l esta concepcin que, incluso en plena dictadura, como lo sealramos en una de nuestras obras,

[] cada vez que [ ] encontraba a Tucapel Jimnez en las reuniones de la ANEF o en los actos a los cuales ambos concurran, no vacilaba en repetirle, como una cantinela:

La unidad sindical, Tucapel, la unidad sindical. Eso es lo primordial [10] .

La idea de la unidad sindical fue un norte que persigui a Clotario hasta su muerte. Hbil, perspicaz, conocedor del alma humana, aquel 1 de mayo de 1952 se dio cuenta de inmediato que si esperaba lograr acuerdos con la dirigencia sindical la unidad jams plasmara por ms que se agotara en sucesivas conversaciones. Entonces ide una estratagema. Puesto que en el transcurso del acto deberan hacer uso de la palabras varios dirigentes entre los cuales se contaba l, esper pacientemente su turno. Cuando le toc hablar a los trabajadores reunidos en la Plaza de los Artesanos, comenz destacando el inmenso poder que todos ellos tenan, poder que slo podra ejercerse si se unan en torno a una sola central sindical. En un momento de su intervencin, dirigindose a todos ellos, les grit:

Slo la unidad sindical har posible que triunfemos en nuestras demandas! Por eso les pregunto: quieren o no la unidad sindical?

Un inmenso clamor respondiendo s se escuch responder a la muchedumbre. Y Clotario insisti:

Entonces, dganselo a todos estos dirigentes! Dganles ustedes mismos que quieren la unidad!

Entonces, durante minutos que parecieron siglos se escuch solamente unidad, unidad, unidad. La Central nica de Trabajadores de Chile comenzaba a nacer.

Las ideas de Blest diferan profundamente de las que tena el Padre Hurtado para quien los catlicos deberan unirse en torno a una central sindical catlica que llam Asociacin Sindical Chilena ASICH. Convencido que la unidad sindical de todos los trabajadores, sin excepcin, era crucial para provocar el encuentro de toda una nacin consigo misma y realizar la toma definitiva del poder por parte de la poblacin, era lgico que el sindicalista acusara a Alberto Hurtado de divisionista, pues la proposicin del segundo santo chileno atropellaba los principios de unidad defendidos por l.

La unidad sindical, sin embargo, no poda ser posible sin la concurrencia de otros requisitos entre los cuales era posible sealar los siguientes principios:

a) La independencia;

b) La autonoma;

c) El internacionalismo;

d) La cooperacin; y

e) La solidaridad.

Intentemos dar una idea general de todos estos principios.

a) La independencia

Blest consideraba que las organizaciones de los trabajadores (mutuales, asociaciones, sindicatos, federaciones y confederaciones de sindicatos) deban ser independientes, es decir, estructuras ajenas a toda injerencia partidaria o de alguna organizacin poltica; con mayor razn, de los Gobiernos. Lo cual no significaba en modo alguno privar a los miembros de ese sindicato o federacin de su derecho a militar en una organizacin poltica. La independencia estableca como nica condicin no someter la organizacin sindical a la direccin de un partido o estructura poltica.

Blest jams puso en tela de juicio el derecho que cada persona tiene a participar en la organizacin poltica que considere ms cercana a sus ideas, pero s mantuvo su ms enrgico rechazo al sometimiento absoluto que algunos partidos exigen de su militancia obligndola a poner por encima del inters colectivo, el de la propia organizacin poltica.

La adopcin de este principio no fue casual. Blest saba que, cuando no se respeta, se deja abierta la puerta al ingreso de la cooptacin, con lo que se inicia la corrupcin del sujeto y de la institucin que dirige. Lo haba experimentado en carnes propias [11] .

Anteponer el inters poltico-partidario al inters colectivo (social o sindical) constitua uno de los ms graves errores que poda cometer un dirigente, a juicio de Blest, pues esa prctica impeda resolver los reales problemas de la clase trabajadora. Y pona en riesgo la propia unidad de esa clase. Tal situacin era tanto o ms censurable cuando las organizaciones sindicales adheran a partidos que participaban en la formacin de una coalicin gubernamental. En ese caso, sus actos perdan toda la imparcialidad que debera caracterizarlos. La independencia era, pues, un requisito indispensable para mantener la unidad sindical y el poder de la clase obrera.

b) La autonoma

La autonoma de la clase trabajadora implicaba el derecho que tenan las organizaciones sociales a darse la estructura y forma de funcionamiento que deseaban, con prescindencia de lo que podan indicar las leyes o reglamentos.

Al contrario de las ideas autoritarias que se inclinan ante la majestad de la ley, Blest sostena que las organizaciones sindicales no deban ser reguladas previamente por el legislador sino ste deba sancionar y reconocer como legtimo el entramado jurdico que acostumbran a darse los propios trabajadores. El caso ms notable de la defensa de este principio fue protagonizado por la propia Central nica de Trabajadores CUT que, a pesar de haber sido creada en 1952, slo vino a obtener el reconocimiento jurdico durante el gobierno de Salvador Allende.

La autonoma de la clase trabajadora no se limitaba, sin embargo, a esos actos. Como lo sealramos en uno de nuestros documentos:

Esta idea de la autonoma no se limitaba solamente al tipo de organizacin que cada grupo social estimaba conveniente para s. Blest saba que, ms all de esa forma de organizacin autnoma que los trabajadores y pobladores podan construir para s, subyaca la concepcin segn la cual el modelo de sociedad que deben darse los seres humanos ha de depender de ellos mismos y no de un poder situado por encima que los obligue a adoptar determinadas forma de organizacin reidas, muchas veces, con sus intereses particulares y generales. Esta nueva sociedad, que deba reemplazar a la actual, fue llamada por l democracia del proletariado. Corresponda a lo que, en otras instancias, se acostumbraba a llamar poder social organizado, poder popular y, tambin, autogobierno de los productores directos [12] .

c) El internacionalismo .

Clotario Blest era un profundo internacionalista. Como veremos ms adelante, la propia Central nica de Trabajadores de Chile (primero CUTCH, luego CUT) fue conversada previamente con Juan Lechn, lder de los trabajadores bolivianos; la COB se fund a fines de 1952; la CUT se fund a principios de 1953. Y todo ello no fue casualidad. Blest crea que era posible crear una Amrica unida por los intereses de los trabajadores. Un continente autogobernado por la clase laboriosa que, en definitiva, sostiene la existencia de todas las sociedades en el transcurso de la historia.

d) La cooperacin .

Jams crey Blest en la competencia como forma de poner en movimiento el ingenio y la accin dinmica del ser humano, tesis que sostiene hoy lo que se ha dado en denominar darwinismo social. Por el contrario: sostena el sindicalista que los nexos que unen al ser humano entre s deban ser los de la cooperacin, la ayuda mutua, el trabajo conjunto por el bienestar de la comunidad.

Se adelantaba Blest, en esta materia, a las investigaciones que entregan hoy los bilogos acerca del principio de la cooperacin como ley fundamental para la convivencia de los seres humanos. Esta forma de relacin humana es reconocida hoy como tal, asignndosele a la competencia el rol de ley universal supletoria que rige cuando la primera no est presente o se ha hecho imposible.

La cooperacin se funda sobre el principio segn el cual la realizacin particular del individuo slo es posible lograrla en la realizacin colectiva, es decir, en comunidad. Es la aplicacin prctica del uno para todos, todos para uno. Implica, en todo caso, permanente reciprocidad.

e) La solidaridad .

A diferencia de la cooperacin que presume el do ut des, facio ut des, do ut facies et facio et facies, es decir, el principio de la reciprocidad, Clotario sostena la necesidad de practicar, adems, el principio de la solidaridad, que es el dar sin esperar siquiera los agradecimientos de quien recibe la accin solidaria. Podemos suponer que ese principio, expresin de los mecanismos que provocan los actos empticos del ser humano, lo tom Clotario de los principios cristianos en donde se le puede descubrir bajo diversas denominaciones; incluso, la alegra de dar, o el entregar lo que se tiene sin esperar una recompensa o algo a cambio.

2. LA NO VIOLENCIA ACTIVA

Estrechamente vinculado al concepto de la unidad sindical, el principio de la no violencia activa constitua otro de los aspectos que era necesario considerar para avanzar en la construccin de la democracia del proletariado o nueva sociedad. Blest arranc este principio de las luchas sociales libradas por el Mahatma Gandhi para quien la manifestacin de disconformidad con las polticas de los poderosos haban de realizarse con apoyo de grandes contingentes sociales que haran presente dicha disconformidad con tenderse en los parques pblicos o en las calles y esperar la violenta reaccin de la fuerza pblica sin importarles lo que pudiera suceder. El objetivo era invertir el uso de la violencia y dejar establecido que los nicos que, en verdad, la emplean en contra una poblacin inerme son los rganos represivos del Estado.

De hecho, Clotario emple la forma de protesta denominada no violencia activa en el acto dentro del cual procedi a encadenarse, junto a los familiares de los detenidos desaparecidos, en las rejas del ex Congreso Nacional, en 1979.

Sin embargo, el principio de la no violencia activa permiti a Clotario Blest iniciar lo que se llamara posteriormente proceso de recuperacin de plazas y lugares pblicos para los trabajadores. Y esto comenz a hacerse desde antes, incluso, de la creacin de la CUT: Clotario estaba convencido que, tanto plazas como lugares pblicos, pertenecan a la comunidad y no al Gobierno de turno; menos a una dictadura como la pinochetista. El proceso de recuperacin de las plazas y lugares pblicos comenz, pues, aplicndose otro principio que es al cual nos referiremos de inmediato.

3. LA DESOBEDIENCIA CIVIL .

Clotario Blest conoca el pensamiento de Henry David Thoreau y sus obras Los bosques de Conrad y La desodediencia civil, especialmente esta ltima de la cual posea un ejemplar [13] . Siempre tuvo presente cmo aquel pensador mostr su profundo rechazo a la guerra que Estados Unidos desat contra Mxico para apoderarse de la provincia de Texas: Thoreau se neg a enrolarse para participar en el conflicto armado, desobedeciendo las rdenes de la autoridad. En esa lnea de pensamiento, sostena Clotario que la verdadera defensa ha de entenderse como la defensa de los civiles frente a las decisiones de la autoridad; agregaba que resistir las malas decisiones de aquella no era simple rebelda sino un problema eminentemente tico. Como Jeffersson, alegaba el sindicalista que todo ciudadano tiene el derecho a sublevarse contra un gobierno corrupto o asesino [14] .

La desobediencia civil no es un concepto pasivo; puede, en la generalidad de los casos, llegar a provocar a la autoridad y hacer que sta desate una respuesta violenta. La fuga de quienes son apresados por las fuerzas policiales durante una protesta, el no pago de los boletos de la locomocin colectiva cuando sta es deficiente, constituyen ejemplos manifiestos de desobediencia civil, como tambin lo es el no asistir o participar en los comicios electorales, en fin.

Un caso tpico de desobediencia civil fue protagonizado por Rodrigo Ambrosio cuando, en pleno gobierno de Eduardo Frei, llam al campesinado a marchar por las bermas cuando aquel prohibi las marchas por las calles.

En las ideas de Clotario Blest, la desobediencia civil estaba implcita y formaba parte inherente del principio de la no violencia activa.

4. EL HOMBRE NUEVO

La cuarta premisa que Clotario Blest exiga para la construccin de su estrategia poltica de construir la democracia del proletariado era la creacin del hombre nuevo, concepto que Blest lo tom prestado de las concepciones guevaristas. El hombre nuevo es el sujeto aquel que nacer con la sociedad del futuro como consecuencia de una nueva forma de concebir las relaciones sociales, y para facilitar su llegada, sostena Blest que quienes toman en sus manos la tarea de realizar a nombre de la comunidad nacional las transformaciones que van a conducir al establecimiento de una nueva sociedad deberan predicar con el ejemplo de sus vidas, a la manera que lo hiciera Ernesto Che Guevara. No podan ser sujetos amantes del poder, del dinero o de las prebendas; se trataba de personas limpias, de alta moralidad, incapaces tomar para s o para los suyos objetos, bienes o estructuras pertenecientes a otras personas o a la colectividad; estaban fuera de su concepcin de hombre nuevo los sujetos corruptos, individuos inmorales u hombres de negocios o polticos tradicionales. Los valores ticos eran fundamentales para el desempeo de cargos de representacin o de direccin social o sindical. En este sentido las condiciones que puso Blest para el desempeo de labores de conduccin social fueron draconianas: nada con la corrupcin, nada con los negociados, nada con los sueldos altos, nada con los altos cargos estatales. La aceptacin de esas prebendas y privilegios constituyen una traicin a la clase trabajadora. Clotario Blest haba dado un ejemplo de ello cuando el presidente Carlos Ibez lo llam para ofrecerle el cargo de Tesorero General de la Repblica. Sus palabras fueron elocuentes:

Ud. no me conoce, Excelencia. Le agradezco su gesto, pero no puedo aceptarlo. Me encuentro impedido de hacerlo. No lo hago por una cuestin de principios. Por lo dems, estara traicionando a todos los compaeros que han confiado en m. Ellos no me lo perdonaran. Ni yo tampoco.

No era aquel un desprecio a los cargos de gobierno ni tampoco un rechazo a desempear tales tareas sino su rotundo desprecio al soborno, a la forma abierta o solapada de comprar la conciencia de un ser humano cualquiera fuese su forma, aprovechando su estado de necesidad, en algunos casos, o sus deseos de escalar posiciones dentro de la escala social, en otros.

LA VIDA EN PAREJA COMO LASTRE PARA LAS LUCHAS SOCIALES

Clotario Blest tena una concepcin muy especial del matrimonio y de la vida en pareja. Jams se opuso a ese derecho inmanente que ejercen los seres humanos de formar una familia, pero nunca la acept para s pues tena el firme convencimiento que tal opcin constituye un lastre para la realizacin de las tareas que demandan las luchas sociales. Y era tan profundo su convencimiento al respecto que su negativa a aceptar la vida en pareja hizo a muchos creer equivocadamente, por cierto, que el dirigente sindical era un misgino. Clotario Blest jams lo fue. Sin desconocer el derecho que cada cual tiene para formar hogar y seguir por la senda de la lucha social, tom (nuevamente) el ejemplo de Cristo y del Che Guevara que continuaron solos en ese empeo, convertido ya en verdadero apostolado. No debe sorprender, as, que cuando debi enfrentar la difcil alternativa de decidir si optar por la lucha social y la formacin de un hogar, haya conversado con su prometida de entonces y de siempre, Teresa Ossandn, para acordar una separacin ineludible: ella tomara los hbitos y l dedicara su vida a las grandes jornadas sindicales.

Esta concepcin clotariana no se vio en la vida prctica de la militancia del MIR, el partido en cuya organizacin particip. Por el contrario, la vida en pareja era uno de los rasgos que pareca constituir un derecho irrenunciable para la dirigencia de esa organizacin. Miguel Enrquez fue ultimado precisamente cuando se encontraba con su pareja, que era Carmen Castillo, quien esperaba un hijo suyo. Dagoberto Prez fue muerto cuando se detuvo para proteger la huida de Andrs Pascal y Nelson Gutirrez que permanecan en una parcela de Malloco junto a sus parejas Mara Ins Beausire y Mara Elena Bachmann, respectivamente. Gran parte de los miembros de la llamada Fuerza Central fueron detenidos en sus domicilios o en la calle pero, en todo caso, haciendo una normal vida de hogar, junto a sus parejas quienes, en determinados casos, se encontraban embarazadas o haban tenido recientemente un beb [15] .

LA CONCEPCIN DE PARTIDO [16]

Blest jams fue una persona que repudi a los partidos polticos. Por el contrario: en las tres oportunidades que particip en la creacin de una fuerza poltica Liga Social de Chile, primero junto a Fernando Vives; Partido Social Sindical, PSS, cuyo presidente fue Carlos Vergara Bravo y, finalmente, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria MIR, junto a Luis Vitale, Humberto Valenzuela, Ernesto Miranda, Waldo Grez, Luciano Cruz, Bautista Van Shouwen y Miguel Enrquez, entre otros lo hizo pensando en un instrumento que podra impulsar el desarrollo de las organizaciones sociales y no en un partido vanguardia, como lo conceba Lenin. Su retiro del MIR obedece, en gran medida, a esa concepcin que reivindica el poder en manos de una comunidad activa y no de un selecto conjunto de revolucionarios como termin pregonndolo la organizacin que fundara. No es acertada e induce a error, en consecuencia, la visin rousselliana/sartreiana de Andrs Pascal Allende cuando, consultado sobre las causas que alejaron a Clotario Blest del MIR lo atribuye a un conflicto generacional:

Creo que la verdadera causa, o por lo menos la ms profunda de la separacin de don Clota y otros compaeros de l, fue que la generacin de los viejos como les llambamos nosotros, corresponda ms bien a concepciones generacionales de la prctica poltica. Don Clota al igual que Salvador Allende, eran de la generacin del perodo de los Frentes Populares, que de manera sucinta tendramos que decir que los Frentes Populares correspondieron a un gran pacto histrico [17] .

Tales afirmaciones no son ciertas en modo alguno; por el contrario, son tremendamente tendenciosas y denotan un desconocimiento de la historial misma del MIR o, simplemente, un intento de exculpar la conducta de quienes optaron por una determinada lnea poltica que condujo a esa organizacin al holocausto. Ninguno de los ilustres viejos, incluido Clotario Blest, que participaron en la creacin del MIR era partidario de los Frentes Populares sino todos ellos participaban de la idea de la insurreccin popular; las disputas estaban centradas nicamente en la forma de llevarla a cabo.

En el caso de Clotario Blest, nos atrevemos a afirmar aqu que su concepcin de partido lo acercaba, ms bien, a imaginar una estructura partidaria que, luego de contribuir al triunfo del proletariado y a la toma del poder por parte de las fuerzas populares, pudiere disolverse una vez alcanzado el objetivo, e integrarse a las labores propias de la nueva sociedad. En otras palabras, sostenemos que Clotario hubiere defendido la existencia del partido que no era partido, del partido que era la negacin de s mismo, la organizacin poltica capaz de autodisolverse en beneficio de la comunidad por la liberacin de la cual realiz su labor. Pero esta no ha sido la concepcin que haya imperado en las organizaciones polticas que, por el contrario, no slo luchan para perpetuarse y dominar sino se preparan para gobernar y construyen, en consecuencia, una vasta clientela electoral que espera la asuncin del mando de la nacin para acceder a los cargos gubernamentales y resolver, de esa manera, no los problemas de la sociedad sino los propios y de su ncleo familiar o de relaciones humanas. No sabemos si Clotario Blest conoci las tesis de Rodrigo Ambrosio y del Frente Revolucionario que eran similares a las suyas, tesis que fueron derrotadas en el Primer Congreso del MAPU por una dirigencia cuyos integrantes, durante estos aos de democracia post dictatorial, se han avocado a la causa de administrar la miseria de la poblacin nacional. Mimetizada con esa mentalidad de partido tradicional que se prepara para gobernar, su militancia ha usado el Estado como botn de contiendas electorales en tanto lucha por acceder a los cargos estatales.

LA SOLUCIN AL DIFERENDO MARTIMO CON BOLIVIA

Uno de los aspectos ms interesantes de la vida de Clotario Blest dice relacin con un proyecto de solucin para el diferendo martimo que Chile mantiene con Bolivia por ms de 130 aos. Para explicar este proyecto, menester es que nos remitamos a otros hechos contingentes.

Entre los aos 1947 y 1951 se desat una feroz persecucin en contra de los trabajadores y dirigentes sindicales de Bolivia muchos de los cuales emigraron a Chile en busca de asilo; uno de ellos fue el dirigente Juan Lechn quien, entre sus muchas actividades en este pas, conoci y trab fuertes lazos de camaradera con Clotario Blest, dirigente en esos aos, de los empleados fiscales. Durante los primeros meses de 1952, algunos de esos dirigentes del vecino pas, retornaron al mismo y participaron activamente en la revolucin de 9 de abril que logr consolidar una especie de cogobierno de los trabajadores; el 17 de ese mismo mes y como expresin de la unidad sindical, surgi la Central Obrera Boliviana COB, acontecimiento que hara decir a Blest que as como 1809 fue el ao en que Pedro Domingo Murillo alz su voz en contra de la corona espaola, 1952 deba ser el grito de unin de los trabajadores para el mundo latinoamericano.

No fue, por consiguiente, casualidad que el 12 de febrero de 1953, y luego del grito de unidad que pronunciara Blest en una de las ltimas manifestaciones del ao anterior, se fundara la Central nica de Trabajadores de Chile CUTCH (despus, simplemente, CUT), sino consecuencia de las extensas jornadas de conversaciones sostenidas entre el sindicalista chileno y Juan Lechn. Porque tambin en la nacin surea se buscaba organizar, a la manera boliviana, una especie de cogobierno entre polticos y dirigentes sindicales.

El acercamiento entre los trabajadores de ambos pases no iba a eludir el tema de la salida de Bolivia al mar. Una delegacin presidida por Ernesto Miranda, Manuel Collao y Juan Vargas Puebla, viaj al primer congreso de la COB en noviembre de 1954 llevando en su agenda de actividades la tarea de iniciar las conversaciones al respecto. Al ao siguiente, en 1955 y al realizarse, a su vez, el congreso de la CUT, una delegacin boliviana quiso devolver la mano a la visita de sindicalistas chilenos viajando a Chile a fin de retomar una propuesta del diplomtico boliviano Alberto Ostria, de 1950, segn la cual

[] Chile haca secesin de una franja territorio de diez kilmetros al norte de Arica que sera compensada con el uso de las aguas del lago Titicaca con el fin de generar fuerza hidroelctrica para el norte de Chile [18] .

Esta brillante proposicin que, aos ms tarde, paradojalmente, hara suya la dictadura pinochetista al firmar los llamados Acuerdos de Charaa, tuvo una corta vida. Como lo sealara Oscar Ortiz en una entrevista que le hiciera un peridico boliviano,

Eso dura hasta 1957, cuando los sectores ms proclives a una solucin son desplazados y la demanda martima se va diluyendo [ ] No hay ms, desapareci en 1957, despus sali del mundo sindical. Lamentablemente esta iniciativa se trunc muy pronto [19] .

EPLOGO

Clotario Blest no fue solamente un dirigente sindical; tampoco nicamente un defensor de los derechos humanos. Fue eso y mucho ms. Fue un hombre capaz de aglutinar a todos los trabajadores en una sola organizacin sindical, desafiar a la autoridad y dejar tras de s un impresionante legado de principios que no slo resultan imposibles de ser ignorados por la comunidad sino logran avergonzar a ese sector de la dirigencia de este pas que aun no ha perdido la capacidad de ruborizarse ante sus propios actos. Principios que, por su extraordinaria relevancia, constituyen hoy un instrumento indispensable para orientar las luchas sociales de la comunidad y que hemos intentado escuetamente reproducir en este breve anlisis.

La figura de Clotario Blest emerge, pues, del pasado y de las sombras para recordar a una poblacin cansada de abusos y exacciones, de picaros y truhanes, de saltimbanquis y charlatanes, que la va para resolver sus propios problemas sigue siendo aquella que establecieran los trabajadores unidos en la Primera Internacional, a saber, que la liberacin de los trabajadores ha de ser obra de los trabajadores mismos. Por eso su figura crece da a da y se proyecta sobre la existencia de los sectores ms desprotegidos de la sociedad como un modelo a seguir; en ese sentido, y como lo sealramos en uno de los documentos que hemos citado, fue un hombre verdadero, un hombre en el sentido ms sublime de la palabra.

Santiago, mayo de 2015



[1] Acua, Manuel: Clotario Blest y su concepcin de partido poltico, documento publicado en junio de 2012 en las pginas de Piensachile.cl y Rebelion.org, en la Red Internet.

[2] Acua Manuel: Un nuevo cumpleaos de Clotario Blest, documento de diciembre de 2014, publicado en las pginas de Piensachile.com y Rebelion.org, en la Red Internet.

[3] Recomendamos, al respecto, la excelente obra de Mnica Echeverra Clotario Blest, antihistoria de un luchador; y, aunque en menor medida, las de Maximiliano Salinas Clotario Blest y La reivindicacin de Jess, Clotario Blest y su tiempo.

[4] Esta circunstancia y, a la vez, referencia no es casual. En el sistema capitalista, la prostituta de la antigedad es sustituida por el trabajador, que vende su energa corporal o, si se quiere, se arrienda por horas al comprador de fuerza o capacidad de trabajo. Por eso, Marx sostena que la prostitucin dela mujer no es ms que un aspecto de la general prostitucin del trabajador.

[5] Ortz Vsquez, Oscar: Nuevas crnicas anarquistas de la subversin olvidada, Editorial La Simiente, Santiago, 2008, pg. 253.

[6] Acua, Manuel: In Memoriam, Editorial Senda/Senda F rlag i Stockholm, Estocolmo, 2010, pgs. 98 y 99.

[7] Documento presentado por Luis Vitale al CC del MIR para la discusin del IV Congreso Nacional, abril de 1969, en Archivo del Instituto de Investigacin de Movimientos Sociales Pedro Vuskovic.

[8] Matus de la Parra Tern, Patricia: Clotario Blest y la lucha obrera, Editorial Quimant, Santiago, 2014, pg.68.

[9] La democracia del proletariado, ergocracia, el autogobierno de los productores directos, fue denominado muy inapropiadamente por algunos marxistas, que siguieron a Engels en esta materia, dictadura del proletariado. Otros prefirieron usar un concepto peor que fue estado proletario, lo que hizo reaccionar bruscamente al propio Engels quien, finalmente, propuso la palabra gemeinwessen (comunidad) para indicar cul sera a su juicio el nombre ms adecuado para la sociedad del futuro. En realidad este concepto es ms puro pues implica un retorno a lo que Marx denominara unidad originaria que es el fenmeno que se da, precisamente, en la comunidad.

[10] Acua, Manuel: Prolegmenos a las grandes protestas del 83, Editorial Senda/Senda F rlag i Stockholm, Estocolmo, 2012, pg.252.

[11] Acua, Manuel: Obra citada en (2).

[12] Acua, Manuel: Obra citada en (2).

[13] Henry David Thoreau haba sido el maestro de Len Tolstoi, a su vez maestro del Mahatma Ghandi, inspirador de la no violencia activa de Martin Luther King y, en Chile, de Clotario Blest.

[14] Thomas Jefferson, junto con Thomas Paine, Henry David Thoreau y Ralph Emerson defendieron el concepto de individuo contra el del colectivo, pero no a la manera neo liberal de hoy sino de modo liberal Por eso se les conoce como representantes del liberalismo. En realidad, posean pensamientos arrancados de los anarquistas de su poca y algunos autores los incluyen como parte de la filosofa anarquista de USA. Jefferson tradujo la Biblia al ingls para su uso personal; sin embargo, quit de ella toda referencia a la calidad divina de Cristo dejando vigente solamente su enseanza social.

[15] La va militar exige el abandono de la familia cuando la lucha se hace presente. En la historia de Chile, solamente el caso de Jos Miguel Carrera, que huye por la pampa continuamente, en compaa de sus cinco hijos y de su mujer Mercedes Fontecilla, presenta una analoga con esos casos, aunque es aparente. Porque Jos Miguel no tiene alternativa posible: no tiene lugar alguno en donde dejar a su mujer o a sus hijos y debe llevarlos consigo de un lado a otro. La generalidad de los hroes se ve forzado a abandonar su familia e inmolarse por la causa. En contados casos, cuando la insurreccin se propaga, las familias enteras salen a combatir; pero eso no siempre sucede sino ocurre cuando la contienda se propaga a toda la sociedad.

[16] Sobre el particular, nos remitimos a nuestro documento que citramos en la nota 1, intitulado Clotario Blest y su concepcin de partido poltico.

[17] Pascal, Andrs: Clotario Blest, la huella de un viejo en los jvenes del MIR, contenido en el libro Clotario Blest: Visiones actuales de un libre pensador, varios autores, obra financiada por el Consejo Nacional del Libro y la Lectura, Santiago, 2006, pg.28.

[18] Peralta, Pablo: Trabajadores de Bolivia y Chile intentaron resolver el tema mar, entrevista a Oscar Ortiz en Pgina Siete, peridico boliviano de 23 de marzo de 2012, pg. 6.

[19] Redaccin: Bolivia tiene derecho de ir a los tribunales, entrevista a Oscar Ortiz, peridico Cambio, La Paz (Bolivia), 23 de marzo de 2012, pg. 5.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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