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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-05-2015

Otra vez militares a Centroamrica?

Editorial de La Jornada
La Jornada


El Comando Sur de las fuerzas armadas estadunidenses anunci ayer que esta misma semana empezar a desplegar una fuerza de tarea de 280 infantes de marina ( marines) conformada por tropas de aire, mar y tierra, con el propsito de entrenar a las fuerzas locales sobre todo las hondureas en combate a la delincuencia organizada y tareas de rescate de poblacin civil ante desastres naturales. El grupo principal de esta fuerza, de 180 efectivos, ser enviado a la base militar que Washington controla en Honduras, en la localidad de Palmerola. Los otros 100 se distribuirn en otros puntos del territorio hondureo, as como en Belice, El Salvador y Guatemala.

Los marines estarn en posibilidad de agrupar rpidamente personal y equipos en la regin si son requeridos ante una situacin de emergencia, indic el Comando Sur en el comunicado.

La informacin resulta preocupante porque, de acuerdo con los antecedentes histricos, la presencia de fuerzas militares de la potencia del norte nunca ha sido positiva para las poblaciones centroamericanas. Desde las incursiones del filibustero William Walker en Nicaragua, Costa Rica y Honduras (ya antes haba intentado, sin xito, hacerse con el control de Sonora y Baja California), a mediados del siglo XIX, hasta el respaldo genocida de las administraciones Reagan y Bush a las dictaduras guatemalteca y salvadorea, en la penltima dcada del siglo pasado, la presencia de los contingentes militares estadunidenses en Centroamrica se ha traducido en masacres, violaciones masivas a los derechos humanos, apoyo a tiranos impresentables y prdida de soberana para las naciones afectadas. De hecho, esas aventuras blicas han terminado en ocupaciones en forma como ocurri en Nicaragua con Walker, quien proclam una repblica esclavista, o 70 aos ms tarde, con tropas regulares cuya presencia provoc el inicio de la guerra de liberacin encabezada por Augusto Csar Sandino o en la conformacin de regmenes marioneta, como pas en la propia Nicaragua con la dinasta de los Somoza; en Guatemala, con Carlos Castillo Armas, y en Honduras, con gobernantes civiles puramente decorativos, hace tres dcadas.

Hoy da Washington no es ms respetuoso de los derechos humanos y las soberanas que hace 30, 60 o 100 aos, como demuestran los abusos policiales que ocurren mes tras mes en las calles de las ciudades estadunidenses; las torturas en Guantnamo y Abu Ghraib, y las incursiones blicas de la administracin Obama en Libia y Siria. Por lo dems, Estados Unidos tampoco ha renunciado a su orientacin colonialista e injerencista.

En tales circunstancias, un nuevo despliegue de tropas de Washington en Centroamrica abre la perspectiva de un nuevo ciclo de violaciones masivas a los derechos humanos y a atrocidades como las que perpetraron los militares y paramilitares de la regin bajo la direccin, entrenamiento y financiamiento del Pentgono y la CIA. Para colmo de males, si los gobiernos de la regin son incapaces de enfrentar al crimen organizado y llevar a sus cabecillas ante los tribunales, cabe dudar de su capacidad para sancionar a tropas ocupantes que, como ocurre hasta con los cascos azules de la ONU, tienen la impunidad garantizada para cometer cualquier clase de atropellos contra la poblacin civil.

La noticia comentada abre, en suma, una perspectiva ominosa para Guatemala, Honduras, El Salvador y Belice. Cabe esperar que los gobernantes de esas naciones hermanas recapaciten y rechacen semejante ayuda.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2015/05/27/opinion/002a1edi



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