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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-05-2015

Principio de radicalidad

Iaki Gil de San Vicente
Rebelin


Marx dijo en 1843 que ser radical es ir a la raz de las cosas, y que para el hombre la raz es el hombre mismo. Desde entonces este principio ha sido objeto de fantico rechazo, de controversia enconada y de axioma incuestionable, todo a la vez. No poda ser de otro modo porque pone el dedo en la llaga de la praxis humana: si de lo que se trata es de profundizar en los problemas de la realidad hasta descubrir sus contradicciones internas --y efectivamente, de eso se trata--, entonces ocurre que aceptarlo y practicarlo puede implicar consecuencias arriesgadas. Para quienes detentan alguna forma de poder, este principio de bucear hasta su raz, descubrirla y divulgarla, es obviamente un peligro mortal que debe prohibirse abierta o solapadamente.

Para quienes creen que no es necesaria la lucha revolucionaria porque la democracia autocorrige sus errores mediante la movilizacin pacfica y la participacin electoral e institucional, el principio de radicalidad supone un alto riesgo de provocacin a los sectores menos democrticos que pueden irritarse y reaccionar con medidas represivas que recorten la democracia o la anulen; adems, dicen estos sectores, el principio de radicalidad espanta los votos y apoyos de los indecisos y dudosos que deben ser convencidos slo con la hegemona cultural e ideolgica normalizada, y por ltimo, el reformismo sostiene que no tiene sentido el principio de radicalidad porque, segn afirma Kant, nunca puede llegarse a conocer la esencia en s de la realidad, su raz ltima, lo que anula la eficacia ontolgica, gnoseolgica y axiolgica del principio de radicalidad.

La enconada controversia que mantiene el reformismo con los defensores de la necesidad de lo radical ha solido resolverse con medidas burocrticas en el seno de las organizaciones, sin faltar el recurso a la represin cuando la izquierda adquira fuerza y era conveniente reintroducirla incluso a golpes en la cuadra del orden. Pero estos mtodos son una parte del flexible sistema burgus de coaccin y consenso, en el que juegan un papel vital las industrias educativo-acadmica y poltico-meditica con su plomiza y masiva presin ideolgico-conformista, por ejemplo la moda postmoderna, citando un caso; pero si aplicamos el principio de radicalidad vemos que la raz ltima de la fuerza del conservadurismo y reformismo, y la debilidad de la opcin revolucionaria surge de fetichismo de la mercanca.

J. P. Garnier cre la expresin voluntad de no saber, de negarse conscientemente a conoce la realidad insoportable: La voluntad de no saber [] capitalismo, imperialismo, explotacin, dominacin, desposesin, opresin, alienacin Estas palabras, antao elevadas al rango de conceptos y vinculadas a la existencia de una guerra civil larvada, no tiene cabida en una democracia pacificada. Consideradas casi como palabrotas, han sido suprimidas del vocabulario que se emplea tanto en los tribunales como en las redacciones, en los anfiteatros universitarios o los plats de televisin (Contra los territorios del poder, Virus, 2006, p. 22).

Pensamos con conceptos. Hegel nos explic que los conceptos, si quieren ser vlidos, han de relacionar internamente la negatividad crtica con las contradicciones de los procesos: slo as se elabora la verdad, se llega a la raz y la expresa. De este modo descubrimos que el concepto ley siendo uno est partido en dos: poder patriarcal y opresin de la mujer; derecho en propiedad burguesa y explotacin del trabajo; paz en orden del capital y violencia sobre los explotados; democracia en Estado dominante y opresin nacional, etc. Los conceptos capitalismo, imperialismo, explotacin, dominacin, desposesin, opresin, alienacin, etc., develan la invisible a primera vista unidad y lucha de contrarios antagnicos que, al margen de nuestra subjetividad y creencia, determina en uno u otro sentido la vida social.

La voluntad de no saber es la voluntad de interpretar slo lo superficial y externo de los procesos, rechazando abiertamente el principio de radicalidad, de llegar a la raz de las miserias y necesidades del hombre mismo que malvive en una guerra civil larvada entre una minora imperialista y una mayora desposeda. Dicho popularmente, la voluntad de no saber es la poltica del avestruz, alienacin que se expresa en el masoquista y reaccionario dicho de ms vale malo conocido que bueno por conocer. El refranero rebosa de dichos que muestran el deliberado rechazo de la verdad, inseparable del miedo a la libertad.

La izquierda busca desde siempre la activacin la voluntad de saber, de conocer la realidad y de transformarla. La izquierda siempre ha pensado sobre cmo recuperar la radicalidad que tras un momento de fulgor tiende a ser engullida en la normalidad. Hasta el presente slo se ha encontrado un mtodo vlido, la praxis: la dialctica entre hacer y pensar, entre prctica y teora. A medio plazo uno sin otro no sirve para nada.

La izquierda es responsable de la prdida de tensin revolucionaria cuando decide reorientar el radicalismo de las masas por el sendero del realismo poltico para engordar la bolsa de votos. Grosso modo, el proceso suele ser as: se empieza por sobrevalorar los errores propios y minusvalorar los aciertos insistiendo en que hay que adaptarse a las nuevas condiciones. A la vez, sus voceros lanzan mensajes a la burguesa insistiendo en que si bien mantienen los mismos objetivos de siempre, han cambiado de estrategia y de tcticas. Tambin desaparecen del lxico habitual conceptos como revolucin, lucha frontal, toma del poder, poder popular, justicia popular, sustituidos por otros ms laxos, ambiguos, aceptables por la prensa del sistema. Mientras tanto, acenta su indiferencia y la dejadez por la formacin terica de la militancia lo que facilita que esta rebaje su voluntad de saber. Y llega incluso a la condena pblica de formas de resistencia que antes eran aceptadas, lo que genera confusin y hasta consternacin en parte de las bases.

Muchas izquierdas han recorrido esta cada hacia la normalidad democrtica, pero muy pocas fueron capaces de remontar el vuelo justo antes de estrellarse: les une la prioridad que dieron a las luchas de sus pueblos como fuerza directora. Cuando durante dcadas la praxis ha moldeado una amplia, rica y compleja red de movimientos, grupos, organizaciones y partidos, dinmica durante la que se han formado miles de militantes, simpatizantes y personas comprometidas con reivindicaciones y derechos parciales. A pesar de los diferentes niveles de formacin poltica y de intensidad en el voluntariado, durante ese tiempo se han formados varias generaciones de personas de izquierda independentista, soberanistas, progresista o demcrata consecuente con mucha o suficiente capacidad de anlisis ms o menos radical.

Las izquierdas que pudieron remontar el vuelo se basaron en estas fuerzas populares para volver a subir. Pero eso no se logr sin otro esfuerzo simultneo: volver a reivindicar el principio de la radicalidad. En la sociedad capitalista la radicalidad consiste en luchar contra la deshumanizacin mercantilizada, contra la desnaturalizacin de las personas transustanciadas en valores de cambio, en mercancas explotables por su propietario. La cuestin de la propiedad privada y de la explotacin, opresin y dominacin forman una unidad: ser radical es socializar la propiedad, hacer que las personas, las clases y las naciones oprimidas vuelvan a ser propietarias de ellas mismas. Pero para descubrir esta realidad hay que querer saber, recuperar no solo los conceptos radicales, dialcticos, sino fundamentalmente volverse a unir con las luchas de masas que son su raz material, fusionarse con ellas en el interior de los conflictos que sostienen. Solamente as se recupera el potencial de la praxis.

Ahora bien, aqu se agudizan los problemas porque durante la cada libre al agujero negro de la normalidad se ha podido extender la voluntad de no saber y el miedo a volver a la lucha por temor a perder votos e influencia parlamentaria: cmo explicar a los aliados de coalicin que se radicalizan los conceptos y las luchas que vuelven a orientarse hacia la recuperacin de la propiedad del pueblo, dueo de s mismo, y por tanto a la expropiacin de los expropiadores? Cmo explicar a la sociedad civil que la famosa hegemona se centra ahora, por ejemplo, en la recuperacin de edificios, fbricas, escuelas, abandonadas, y bienes pblicos privatizados? Cmo explicar a las gentes de paz y ley que muy probablemente esa recuperaciones sern reprimidas con la violencia de los ricos y respondida con la violencia de los pobres?

Cmo explicar que a esa burguesa a la que se le dijo que se tranquilizase porque no corra peligro su propiedad privada que va a sufrir un fuerte descenso en sus beneficios por la radical reforma fiscal y tributaria que la izquierda quiere aplicar? Cmo decirle ahora que no se le ocurra sabotear la economa, descapitalizarla con fuga de capitales, dejarla envejecer al no invertir en tecnologa, porque va a sufrir multas y condenas varias a manos del poder popular? Cmo decirle que debe aumentar sus inversiones en sanidad, descontaminacin y reciclaje, y que a la vez tiene que reducir el tiempo de trabajo para absorber mano de obra desempleada reduciendo drsticamente la tasa de paro, cuando sabemos que es una muy efectiva arma de intimidacin y divisin de la clase obrera? Cmo explicarle que debe aceptar derechos radicales como el control obrero del libro de cuentas, la negociacin en el plan de inversiones y de ritmos y productividad del trabajo...?

Pero en una nacin oprimida la primera y fundamental conquista es la de su Estado propio: debe la izquierda independentista advertir desde ahora mismo que dentro de la UE y de la dictadura del euro es imposible y por tanto hay que salir de la UE como hay que salir de la OTAN? Debe organizar ya mismo grupos de estudio que diseen la estrategia y las tcticas adecuadas, las polticas econmicas y sobre todo la concienciacin popular necesaria para superar los innegables costos que han de pagarse por la independencia estatal? Qu formas de contrapoder obrero, popular y social ha de impulsar desde ahora para tener ese poder de masas sin el cual nada es posible? Y la autodefensa de ese poder popular: tema tab?

Ms urgentes y necesarias resultan ser ahora mismo las movilizaciones contra todas las injusticias con la que el poder golpea al pueblo, para detener y revertir los crecientes ataques a nuestra lengua e identidad, a nuestros derechos colectivos e individuales, a nuestra salud y nuestra naturaleza: la consigna de contrapoder como antesala de situaciones de doble poder en luchas concretas es aqu decisiva. Lo es tambin la espiral expansiva de las cuatro As: autoorganizacin sin depender de la ley, autogestin de base, autodeterminacin de democracia directa, y autodefensa ante la violencia injusta. La experiencia indica que toda lucha determinada a vencer debe aplicar estas lecciones.

Simultneamente, esta praxis colectiva ha de ser individual porque el capital est convirtiendo todo en mercanca, desde los sentimientos y afectos, hasta los planes de privatizar astros y planetas, pasando por las patentes genticas: es imprescindible otra forma opuesta a la burguesa de consumo, alimentacin, relaciones interpersonales, de placer, pero siempre desde y para el objetivo histrico de avanzar en la recuperacin de los bienes comunes, de lo colectivo y pblico, o sea, de la socializacin de las fuerzas productivas. La lgica del beneficio privado genera personas alienadas e individualistas en extremo que pelean entre s en una lucha cainita por morderse mutuamente lo ms posible.

La izquierda ha de iniciar una titnica lucha contra la deshumanizacin mercantil, para lo que es necesario potenciar las iniciativas solidarias, ayuda mutua, trueque, bancos de tiempo, dinero o formas de equivalencia que acten fuera del mercado capitalista, potenciacin del valor de uso, cooperativas de produccin y consumo, redes de distribucin directa, etc., siempre en unin con el movimiento sindical, popular y social porque la experiencia histrica es impresionante y hay que aprender de ella ya que apunta a un principio fundamental: llegar a la raz, a la lucha entre la propiedad burguesa y la propiedad socialista.

Podemos sintetizar el principio de radicalidad as: De quin es Euskal Herria, del pueblo trabajador o del capital financiero? La lgica humana nos dice que del pueblo, la lgica burguesa que del capital.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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