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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-05-2015

Nuestra obsesin por la esperanza es una maldicin

Chris Hedges
Information Clearing House

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez.


La ingenua creencia en que la historia es lineal, en que el progreso moral acompaa al progreso tcnico, es una forma de ilusin colectiva. Paraliza nuestra capacidad para actuar de forma radical y nos apacigua con un falso sentido de seguridad. Quienes se agarran al mito del progreso humano, creyendo que el mundo se mueve inevitablemente hacia un estado moral y material superior, se convierten en rehenes del poder. Slo quienes aceptan la posibilidad muy real de la distopa, del auge de un despiadado totalitarismo corporativo, reforzado por el aparato de seguridad y vigilancia ms terrorfico en la historia humana, podrn llevar a cabo el autosacrificio necesario para la sublevacin.

El anhelo de positivismo que impregna nuestra cultura corporativa ignora la naturaleza y la historia humanas. Pero, para desafiarlo, para exponer el hecho obvio de que las cosas estn empeorando, y que es posible que pronto empeoren mucho ms, es preciso arrancarlo del crculo del pensamiento mgico que define la cultura estadounidense y gran parte de la de Occidente. La izquierda est tan contaminada por esa mana de la esperanza como la derecha. Es una mana que oculta la realidad aunque el capitalismo global se desintegre y el ecosistema se descomponga, condenndonos potencialmente a todos.

El terico del siglo XIX Louis-Auguste Blanqui, a diferencia de casi todos sus contemporneos, rechaz la creencia, central en Karl Marx, de que la historia humana es una progresin lineal hacia la igualdad y una mayor moralidad. Advirti de que este positivismo absurdo es la mentira perpetrada por los opresores: Todas las atrocidades del vencedor, sus largas series de ataques se transformaron framente en una evolucin constante e inevitable, como la de la naturaleza Pero la secuencia de los hechos humanos no es inevitable como la del universo. Se puede cambiar en cualquier momento. Previ que los avances cientficos y tecnolgicos, ms que representar un indicador de progreso, podran ser un arma terrible en manos del Capital contra el Trabajo y el Pensamiento. Y en una poca en que muy pocos lo hacan, conden el expolio del mundo natural. El hacha derriba y nadie vuelve a plantar. No hay preocupacin por la mala salud del futuro.

La humanidad, escribi Blanqui, no es algo inmvil. Avanza o retrocede. Su marcha progresiva conduce hacia la igualdad. Su marcha regresiva la hace retroceder a travs de cada etapa de privilegio hasta la esclavitud humana, la palabra final del derecho a la propiedad. Adems, escribi: No me sito entre quienes dan por sentado que el progreso es algo garantizado, que la humanidad no puede ir hacia atrs.

Blanqui entenda que la historia tiene largos perodos de esterilidad cultural y represin brutal. Por ejemplo, la cada del Imperio romano caus miseria por toda Europa durante la Edad Media, ms o menos desde el siglo VI hasta el siglo XIII. Se perdieron conocimientos tcnicos (un ejemplo destacado fue la forma de construir y mantener acueductos) y el empobrecimiento cultural e intelectual produjo una inmensa amnesia histrica que suprimi a los grandes pensadores y artistas del mundo clsico. Ninguna de estas prdidas pudo recuperarse hasta el siglo XIV, cuando Europa presenci el inicio del Renacimiento, un desarrollo que fue en gran medida posible gracias al florecimiento cultural del Islam, que, al traducir a Aristteles al rabe, adems de otros logros intelectuales, mantuvo vivos el conocimiento y la sabidura del pasado. La Edad Media estuvo marcada por los gobiernos arbitrarios, las guerras incesantes, la inseguridad, la anarqua y el terror. Y no veo nada que pueda impedir la aparicin de una nueva Edad Media si no abolimos el Estado corporativo. Confiar en que nos salve una mtica fuerza denominada progreso supone quedarnos en estado de pasividad ante el poder corporativo. Los pueblos no pueden sino desafiar esas fuerzas. Y el destino y la historia no aseguran nuestra victoria.

Blanqui tuvo que saborear los trgicos reveses de la historia. Tom parte en una serie de revueltas francesas, entre ellas un intento de insurreccin armada en mayo de 1839, el levantamiento de 1848 y la Comuna de Pars, un levantamiento socialista que control la capital francesa desde el 18 de marzo hasta el 28 de mayo de 1871. Los trabajadores de ciudades como Marsella y Lyon intentaron, aunque sin lograrlo, organizar comunas similares antes de que la Comuna de Pars acabara militarmente aplastada.

Las elites del poder y sus cortesanos en la prensa y el mundo acadmico dotan siempre a la torpe historia de la raza humana del significado y coherencia de los que carece. Necesitan elaborar mitos nacionales para ocultar la avaricia, violencia y estupidez que caracterizan el devenir de la mayora de las sociedades humanas. Para Estados Unidos, la negativa a enfrentar la crisis del cambio climtico y nuestras inacabables y costosas guerras en el Oriente Medio no son sino dos ejemplos de la locura que nos empuja hacia la catstrofe.

La sabidura no es conocimiento. El conocimiento se ocupa de lo particular y de lo real. El conocimiento es el dominio de la ciencia y la tecnologa. La sabidura aborda lo trascendente. La sabidura nos permite ver y aceptar la realidad, no importa lo desalentadora que pueda ser. Slo a travs de la sabidura podemos enfrentarnos con el desorden y lo absurdo de la vida. La sabidura tiene que ver con la objetividad. Una vez conseguida la sabidura, la idea de progreso moral se destruye. La sabidura es una constante a travs de los tiempos. Reemplaz Shakespeare a Sfocles? Es Homero inferior a Dante? Acaso no tiene el Libro del Eclesiasts los mismos profundos poderes de observacin sobre la vida que Samuel Beckett ofrece? Los sistemas de poder temen y tratan de acallar a quienes acceden a la sabidura; ese es el objetivo de la guerra de las fuerzas corporativas contra las humanidades y el arte. La sabidura, al ver lo que hay detrs de la fachada, es una amenaza para el poder. Expone las mentiras y las ideologas utilizadas por el poder para mantener sus privilegios y su distorsionada ideologa de progreso.

El conocimiento no conduce a la sabidura. El conocimiento es muy a menudo una herramienta para la represin. El conocimiento, a travs de una cuidadosa seleccin y manipulacin de los hechos, proyecta una falsa unidad sobre la realidad. Crea una memoria colectiva y una narrativa ficticias. Para ocultar el poder el Estado, elabora conceptos abstractos sobre el honor, la gloria, el herosmo, el deber y el destino, alimentando la enfermedad del nacionalismo y exigiendo obediencia ciega en nombre del patriotismo. Permite explicar a los seres humanos los avances y retrocesos en el logro y la moralidad humanos, as como el proceso de nacimiento y decadencia del mundo natural, como partes de un inmenso movimiento hacia adelante en el tiempo. El entusiasmo colectivo por las fabricadas narrativas nacionales y personales, que es una forma autoexaltacin, borra la realidad. Los mitos que creamos fomentando una esperanza ficticia y un falso sentido de superioridad son celebraciones de nosotros mismos. Se burlan de la sabidura. Y nos convierten en seres pasivos.

La sabidura nos conecta con fuerzas que no pueden medirse empricamente y que estn fuera de los confines del mundo racional. Ser sabio es rendir homenaje a la belleza, la verdad, el dolor, la brevedad de la vida, nuestra propia inmortalidad, el amor y lo absurdo y misterioso de la existencia. Es, en pocas palabras, honrar lo sagrado. Quienes permanecen atrapados en los dogmas perpetuados por la tecnologa y el conocimiento, los que creen en la inevitabilidad del progreso humano, son sabios idiotas.

La conciencia de uno mismo es a la vez una discapacidad y un poder, escribe el filsofo John Gray. La pianista ms consumada no es la que es ms consciente de sus movimientos cuando toca. El mejor artesano puede no saber cmo trabaja. Muy a menudo cuando ms hbiles somos es cuando somos menos conscientes de ello. Eso puede deberse a que muchas culturas han tratado de perturbar o disminuir la conciencia autoconsciente. En Japn se ensea a los arqueros a que acertarn en el blanco slo cuando no piensen en ello, o en ellos mismos.

Los artistas y filsofos que exponen los trasfondos mercuriales del subconsciente nos permiten enfrentarnos a una verdad sin adornos. Las obras de arte y filosofa fundamentadas en los meandros intuitivos e inarticulados de la psique humana trascienden las construidas por una mente consciente laboriosa. La fuerza liberadora de los recuerdos viscerales no llega a travs del intelecto. Esos recuerdos son impermeables al control racional. Y slo ellos conducen a la sabidura.

Los poderosos han manipulado siempre la realidad y creado ideologas definidas como progreso para justificar sistemas de explotacin. Los monarcas y las autoridades religiosas as lo hicieron durante la Edad Media. Igual hacen actualmente los sumos sacerdotes de la modernidad: tecncratas, acadmicos, cientficos, polticos, periodistas y economistas. Deforman la realidad. Impulsan el mito de la predestinada inevitabilidad y de la racionalidad pura. Pero ese conocimiento que domina nuestras universidades- va contra el pensamiento. Excluye todas las alternativas. Se utiliza para poner fin al debate. Se disea para dotar de una capa de discurso racional a las fuerzas de la ciencia o del libre mercado o de la globalizacin, para persuadirnos de que pongamos nuestra fe en esas fuerzas y les confiemos nuestro destino. Esas fuerzas, nos aseguran los expertos, son tan inalterables como la naturaleza. Nos harn avanzar. Cuestionarlas es hereja.

El escritor austraco Stefan Zweig, en su novela de 1942 Novela de ajedrez, narra las especializaciones arcanas que han creado los tecncratas que son incapaces de cuestionar los sistemas a los que sirven, as como a la sociedad que estpidamente les venera. Mirko Czentovic, el campen mundial de ajedrez, representa al tecncrata. Su energa mental se invierte nicamente en las 64 casillas del tablero de ajedrez. Aparte del juego, es un memo, un monomanaco como todos los monomanacos que escarba como las termitas en su propio y particular material para construir, en miniatura, una imagen del mundo extraa y totalmente individual. Cuando Czentovic detecta una persona instruida se mete en su caparazn. De esa forma, nadie podr alardear nunca de haberle odo decir alguna estupidez o de haber sondeado las profundidades de su ignorancia aparentemente ilimitada.

Un abogado austraco conocido como el Dr. B., a quien la Gestapo haba mantenido durante muchos meses en rgimen de aislamiento, desafi a Czentoviz a una partida de ajedrez. Durante su aislamiento, el nico material de lectura del abogado fue un manual de ajedrez, que memoriz. Reconstruy las partidas en su cabeza. Obligado por su cautiverio a reproducir la monomanaca obsesin del tecncrata Czentovic, el Dr. B. lleg a estar tambin atrapado dentro de un mundo especializado y, a diferencia de Czentovic, se volvi loco temporalmente al vivir concentrado en una diminuta pieza especializada de la actividad humana. Cuando desafa al campen de ajedrez, le vuelve la locura.

Zweig, que lamentaba profundamente que el fascismo y la burocracia moderna hubieran devorado la amplia cultura liberal de la Europa educada, advierte de lo absurdo y del peligro de un planeta dirigido por tecncratas. Para l, el auge de la Era Industrial y del hombre y de la mujer industrial es una metamorfosis terrorfica de la relacin de los seres humanos con el mundo. Al igual que los especialistas y los burcratas, los seres humanos se convierten en herramientas capaces de hacer que sistemas de explotacin e incluso de terror funcionen eficientemente sin el ms mnimo sentido de responsabilidad o entendimiento personal. Se repliegan al lenguaje arcano de todos los especialistas para enmascarar lo que estn haciendo y dar a su trabajo un barniz clnico sanitizado.

Ese es el punto central de Hannah Arendt en Eichmann en Jerusaln. Los seres humanos tecnocrticos estn espiritualmente muertos. Son capaces de cualquier cosa, no importa lo atroz que pueda ser, porque no reflejan ni cuestionan el objetivo ltimo. Cuanto ms se le escuchaba, escribe Arendt sobre el nazi Adolf Eichmann en el juicio, ms obvio resultaba que su incapacidad para hablar estaba estrechamente relacionada con su capacidad para pensar, es decir, para pensar desde el punto de vista de otra persona. La comunicacin era imposible con l, no porque mintiera, sino porque estaba rodeado de la ms fehaciente de las salvaguardias contra las palabras y la presencia de los otros, y por tanto contra la realidad como tal.

Zweig, horrorizado ante un mundo regido por tecncratas, se suicid junto a su esposa en 1942. Era consciente de que a partir de ese momento en adelante, los Czentovics al servicio de las monstruosidades estatales y corporativas seran glorificados.

La resistencia, como seala Alexander Berkman, consiste primero en aprender a hablar de forma diferente y abandonar el vocabulario de los tecncratas racionales que nos gobiernan. Una vez que descubramos nuevas palabras e ideas a travs de las que percibir y explicar la realidad, nos liberamos a nosotros mismos del capitalismo neoliberal, que funciona, como Walter Benjamin saba, como una religin de Estado. La resistencia se llevar a cabo fuera de los lmites de la cultura popular y del mundo acadmico, donde el peso entorpecedor de la ideologa dominante restringe la creatividad y el pensamiento independiente.

Como el capitalismo global se desintegra, la hereja que nuestros amos corporativos temen va ganando adeptos. Pero esa hereja no ser eficaz hasta que se divorcie de la mana de la esperanza, que es parte esencial del adoctrinamiento corporativo. El ridculo positivismo, la creencia de que nos dirigimos hacia algn futuro glorioso, desafa la realidad. La esperanza, en este sentido, es una forma de quitarnos poder.

No hay nada inevitable en la existencia humana, excepto el nacimiento y la muerte. No hay fuerzas, ni divinas ni tcnicas, que nos garanticen un futuro mejor. Cuando desistamos de las falsas esperanzas, cuando veamos la historia y naturaleza humana como lo que son, cuando aceptemos que el progreso no est predeterminado, entonces ser cuando podamos actuar con la urgencia y pasin de los que comprenden las sombras posibilidades que tenemos delante.


Chris Hedges fue corresponsal en Centroamrica, Oriente Medio, frica y los Balcanes durante casi dos dcadas. Ha informado desde ms de cincuenta pases y ha trabajado para The Christian Science Monitor, National Public Radio, The Dallas Morning News y The New York Times.

Fuente: http://www.informationclearinghouse.info/article41955.htm



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