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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-06-2015

Liberacion nacional de clase (I)

Iaki Gil de San Vicente
Rebelin


Iniciamos con este escrito para la Fundacin Pakito Arriaran (www.arriaran.org) una serie bimensual dedicada al anlisis de la realidad vasca e internacional desde la perspectiva de la liberacin nacional de clase. En qu se diferencia esta perspectiva de las dems? La respuesta es sencilla en su enunciacin y radical en su contenido y en sus consecuencias ya que lo estudia todo desde la posicin e intereses del pueblo trabajador.

Aunque hemos dicho que esta perspectiva se diferencia de las dems, en realidad slo existen dos mtodos de estudio de la sociedad: el marxista y el burgus. Ambos tienen escuelas y corrientes internas pero, dicho a grandes rasgos, entre ellos existe mucho ms que un abismo conceptual, existe una contradiccin prctica irreconciliable como iremos viendo en esta serie.

Vamos a exponer treinta tesis que sintetizan lo ms bsicos del mtodo que emplearemos de ahora en adelante en esta serie de artculos.

1. La sociedad capitalista se basa en la explotacin de la mayora que apenas tiene algo y carece de casi todo por la minora enriquecida al mximo, propietaria de las fuerzas productivas, del Estado y de sus ejrcitos; esto hace que la mayora ha de aceptar ser explotada en su trabajo para poder vivir, lo que produce una ganancia, un beneficio que queda en manos de la minora burguesa. Pero la burguesa, sostiene ella, es propietaria de las fbricas, campos, riquezas, etc., porque es ms trabajadora, inteligente y ahorrativa que el pueblo vago, vicioso e ignorante; adems, dice la burguesa que siempre han existido ricos y pobres, y siempre existirn, por lo que el derecho de propiedad privada es consustancial al hombre siendo por tanto criminales y objeto de represin las personas que quieran acabar con la propiedad privada, socializarla y colectivizarla.

2. El supuesto derecho de propiedad privada no es sino la fuerza burguesa expresada en forma de ley y elevada a derecho: fuerza, ley y derecho que se mantiene sobre la identificacin ideolgica, sumisin mental y psicolgica, sobre el miedo y sobre el egosmo individualista introyectado en el pueblo mediante el sistema educativo y la tica capitalista del todos contra todos: el Estado burgus es el eficaz y omnipresente instrumento que, en ltima instancia, mantiene el poder burgus mediante la violencia ms brutal, por lo que a la fuerza la clase obrera ha de destruir el Estado burgus y crear el suyo propio. Pero la burguesa dice que el Estado es neutral, de todos, que es democrtico y de derecho, y que por consiguiente el pueblo no tiene otra alternativa que aceptar las leyes del juego democrtico, impuestas por el Estado, siendo reprimido si lleva su lucha a la raz del problema: socializar la propiedad privada.

3. La realidad est en permanente movimiento causado por la lucha de sus contradicciones internas, cambios en los que podemos incidir mediante la praxis revolucionaria dirigiendo su evolucin hacia el socialismo, mientras que la praxis reaccionaria burguesa la dirige hacia fortalecer el capitalismo. Las mltiples formas de la realidad estn en permanente concatenacin, influencindose directa o indirectamente, de manera que debemos ver el mundo como unidad y lucha de contrarios que se relacionan como una totalidad en movimiento. La dialctica marxista es un mtodo esencialmente crtico y radical, irreconciliable con toda opresin e injusticia.

4. La burguesa responde que todo saber ha de ser neutral e imparcial, que la realidad es esttica en su conjunto, aunque admite pequeos movimientos parciales separados de los dems. Para la clase dominante el capitalismo es eterno, admitiendo reformas aisladas que mejoran la justicia del sistema en s mismo, por lo que cualquier intento de avanzar al socialismo carece de base cientfica objetiva y neutral, y es antidemocrtico al atacar el sagrado derecho de propiedad privada.

5. La base terica de estas tesis fue elaborada en lo fundamental a finales del siglo XIX cuando el crecimiento capitalista gracias al aumento de la productividad y de la tasa de beneficio, y al saqueo colonialista que pronto se hara imperialista, hizo creer a intelectuales socialistas, que rechazaban lo esencial del marxismo arriba expuesto, que se poda y deba avanzar pacficamente al socialismo mediante la exclusiva utilizacin de las instituciones parlamentarias, del Estado de todo el pueblo, de la culturizacin de las masas ignorantes y del colonialismo bueno, el que llevara el progreso, la paz y la riqueza a los atrasados brbaros.

6. La palabrera reformista no poda ocultar los debates en la izquierda europea despus de la sucesivas derrotas totales o parciales-- del movimiento obrero desde la dcada de 1830 hasta poco antes de 1848, debates que dieron un salto en calidad con los textos de Marx y Engels de esos aos: puede confiar la clase obrera en que la burguesa siga adelante con su revolucin hasta hacerla socialista, suicidndose ella como clase propietaria, o las y los obreros deben prepararse para seguir la revolucin contra la burguesa una vez que esta se haya hecho reaccionaria?

7. Marx y Engels expresaron tericamente la respuesta de una parte del movimiento revolucionario, incluidos muchos blanquistas: la clase obrera ha de seguir adelante su propia revolucin pero ahora contra la burguesa y pequea burguesa que han tomado el poder e instaurado su dictadura de clase que machaca a la clase trabajadora que haba sido su aliada transitoria. La oleada revolucionaria de 1848 en Europa confirm que la clase obrera no deba fiarse de la burguesa, ni incluso de la llamada burguesa nacional que luchaba por conquistar una independencia estrictamente poltica, que no cuestionase la propiedad privada de las fuerzas productivas sino que nicamente expulsase al Estado ocupante dejando la propiedad en las nuevas manos, las de la burguesa autctona.

8. Nos hacemos una idea aproximada de lo que decimos recurriendo al debate sobre la primera y la segunda independencia en Nuestra Amrica: la primera sera la lograda por el bloque criollo con apoyo de masas trabajadoras, esclavas e indgenas, incluso con la ayuda de potencias imperialistas que queran desplazar al poder espaol para quedarse ellas con los recursos. Una vez conquistada una independencia formal, dependiente del mercado capitalista y vigilada de cerca o de lejos por potencias imperialistas como Gran Bretaa y luego EEUU, la burguesa criolla aplastaba a las clases trabajadoras y multiplicaba la explotacin de los pueblos indgenas para acelerar la integracin de sus economas en el mercado mundial: de la opresin y ocupacin espaola se pas mediante esta primera independencia a la real dependencia del capitalismo internacional.

9. La segunda independencia, la verdadera, supone, desde este esquema, la ruptura con el imperialismo y la superacin de las relaciones de produccin y propiedad capitalistas mediante su socializacin. Un componente decisivo de independencia verdadera es la libertad de las naciones originarias. La segunda independencia es el perodo de trnsito al comunismo pleno, es decir, la fase socialista en la que los pueblos han de ir interrelacionando sus independencias respectivas dentro de una planificacin mundial de la economa con mtodos de democracia socialista, comunal, basada en los consejos y en los soviets. De la misma forma que la independencia slo puede darse mediante una planificacin de la economa por el pueblo trabajador, lo mismo pero a escala internacional los pueblos emancipados de la propiedad capitalista planificarn sus desarrollo en base al internacionalismo proletario.

10. El mtodo marxista es histrico: descubrir qu luchas hay en la historia, por qu surgen y qu lecciones nos aportan. Antes de que las burguesas criollas, muy frecuentemente cobardes, traicioneras y oportunistas, se atrevieran a oponerse al ocupante espaol, las burguesas europeas haban ejercitado las mismas virtudes de la tica capitalista que acabamos de enumerar. Ya en el siglo XV haban aparecido las primeras tmidas y botarates presiones burguesas con el objetivo de echar del poder a la Iglesia, al feudalismo y a la monarqua, o al menos, si no lo lograban, reducrselo bastante a la vez que aumentaba ella sus propiedades bajo la dominacin poltica algo atenuada. Pero en este siglo apenas puede hablarse de conciencia nacional-burguesa, que empezara a formarse como tal varias dcadas ms tarde, cuando en el primer tercio del siglo XVI las burguesas protestantes reivindican sus lenguas y culturas nacionales como armas de liberacin y enriquecimiento mediante la industria cultural burguesa del momento.

11. La lucha cultural para imponer en las clases y pueblos la ideologa burguesa, su individualismo metodolgico, su mecanicismo materialista, su agnosticismo y hasta atesmo vergonzoso, fue decisiva en el desarrollo del nacionalismo burgus; pero lo fundamental fue su cobarda dispuesta siempre a detener su lucha, a negociar con el poder para obtener cualquier beneficio un poco rentable. Slo en muy contadas ocasiones se atrevi a seguir adelante y cuando lo hizo es porque no tena otra alternativa ante la cerrazn fantica del absolutismo, y ante el peligro de que las masas radicalizadas que eran la carne de can, que pona los muertos, la ira y el odio al tirano se independizasen de su tutela y tomasen una va colectivista, como suceda cada vez con ms frecuencia segn se agudizaban las contradicciones.

12. Es interminable casi el listado de masacres de mujeres, campesinos, artesanos, obreros y movimientos de lucha nacional-popular aplastados a sangre y fuego por la burguesa antes democrtica y revolucionaria, y muchas veces mediante alianzas con la nobleza, el clero y la monarqua. Junto a este terrorismo inherente a la acumulacin originaria de capital, tambin actuaba la violencia patriarcal, el terror moral de las corrientes cristianas y el adoctrinamiento lingstico-cultural para crear un Estado-nacin burgus sobre los cadveres de otros pueblos.

13. Desde entonces, el nacionalismo burgus es inseparable de la industria de la cultura mercantilizada y alienante, que tergiversa lo real segn el fetichismo de la mercanca, nacionalismo de clase burguesa obsesionado en ocultar que los pueblos estn divididos en clases sociales enfrentadas que tienen intereses opuestos porque una explota, oprime y domina a la otra. La divisin entre Capital y Trabajo hace que las mujeres, la juventud, la tercera edad, los colectivos sociales, etc., que no tienen medios econmicos independientes y que por ello viven de un salario o de ayudas sociales, pblicas, de jubilaciones y pensiones, o del salario familiar, o de la autoexplotacin como personas autnomas, etc., es decir, la mayora de la poblacin sin propiedad burguesa, esta amplia franja de poblacin pertenece a la clase trabajadora, forma parte del Trabajo, no pertenece a la burguesa, no forma parte del Capital.

14. La burguesa dice que estas personas no pertenecen a ninguna clase, que las clases sociales son muy pocas y reducidas, que lo que existen son ciudadanos, individuos, o gente, multitud; incluso sostiene que ya no existe la clase obrera, que el moderno capitalismo ya no se basa en el sucio trabajo grasiento de las fbricas del pasado, sino en los limpios laboratorios de la economa inteligente e inmaterial: por tanto, dice la burguesa, el pueblo, la nacin, ya no est dividida entre Capital y Trabajo, sino que es de todos los ciudadanos.

15. La nacin est dividida en dos naciones opuestas, la del Capital y la del Trabajo, que se enfrentan de forma abierta o encubierta, pblica o latente segn coyunturas y contexto; que la nacin burguesa tiene todas las ventajas para imponer su ideal de nacin del Capital sobre el ideal de nacin del Trabajo, y que el Estado burgus es decisivo en esta superioridad, ms an, cuando no disponga de Estado propio, la burguesa no duda en apoyarse en el Estado ocupante para seguir imponindolo; que esa lucha entre dos naciones opuestas dentro de una se expresa en los presupuestos generales del Estado, en las medidas socieconmicas, polticas, culturales, policiales, sexuales y demogrficas, etc., que la burguesa impone a diario sin que la clase trabajadora se entere. La clase dominante dice que es el parlamento democrtico el que, en nombre de la ciudadana gua la nacin de todos, y que los comunistas son mercenarios que quieren entregar la patria a poderes extranjeros.

16. Las clases trabajadoras tienen muchas dificultares para elaborar, concretar y desarrollar su modelo de nacin trabajadora: apenas tienen tiempo de estudio, apenas tienen intelectuales propios, y si los tuvieran carecen de prensa para divulgar sus ideas. Si ascender de la simple conciencia-en-s a la conciencia-para-s de la clase trabajadora supone un gran esfuerzo prctico y organizativo, ms esfuerzo supone desarrollar la conciencia nacional de clase que es la expresin ms plena del proceso que surge de la simple conciencia, sube a conciencia poltica, se desarrolla en conciencia poltica de clase y se materializa en conciencia poltica nacional de clase, irreconciliable con la conciencia nacional burguesa.

17. Esta segunda, la burguesa, es la conciencia nacional dominante en un pueblo porque es la conciencia de su clase dominante, es decir, el modelo nacional dominante es el de la clase que tiene la propiedad de las fuerzas productivas, del Estado con su violencia y de los medios de produccin de cultura e identidad burguesa. Identidad y cultura que, entre otras, tiene la funcin de ocultar su naturaleza de clase, presentarse como unidad nacional y como expresin de todo el pueblo.

18. La nacin trabajadora es la nica que defiende la independencia cuando es atacada desde el exterior, porque la mayora inmensa de la clase burguesa negocia de alguna forma con la potencia atacante para conservar su propiedad privada, descargando los duros costos de la ocupacin sobre las clases trabajadoras. Sectores muy reducidos de la burguesa y algo mayores de la pequea burguesa se integran a la lucha obrera y popular en defensa de la soberana, generando fricciones ms o menos speras en esas alianzas.

19. Segn sea la mundializacin capitalista en las regiones del planeta, las burguesas formalmente independientes pero dbiles van cediendo cotas de su soberana a otras burguesas ms poderosas y al capital financiero para mantener el grueso de su propiedad privada en un mercado mundial cada vez ms duro y competitivo. Es la nacin trabajadora la que sufre los recortes sociales de esta poltica entreguista. La burguesa nacional dice que cede toda la nacin en cosas ya superadas para que gane toda la nacin en cosas nuevas.

20. La concentracin y centralizacin de capitales, refuerza una forma de dependencia nacional de Estados formalmente independientes que ya exista al comienzo del capitalismo, y que se aprecia claramente en la dependencia estructural de Nuestra Amrica al mercado mundial antes incluso de las independencias criollas a comienzos del siglo XIX. Cuando ms se centraliza y concentra el capital las burguesas dbiles ceden ms independencia de facto, real, pero reforzando su Estado para reprimir a sus clases trabajadoras. Se refuerza as una nueva forma de opresin nacional invisible a simple vista porque esas naciones empobrecidas mantienen sus Estados independientes en apariencia.

21. La burguesa de estos pueblos sostiene ms o menos a regaadientes, o con alivio y alegra segn los casos, que esta evolucin es buena en general porque viene a salvarle su amenazada economa tanto del enemigo interno, la clase trabajadora, como del enemigo externo, otras economas capitalistas ms productivas y expansivas. Muchas naciones formalmente independientes estn entrando en dependencia nacional fctica que ocultan nuevas formas de opresin nacional apenas visibles aunque reales y muy duras.

22. La concentracin de capitales destroza sobre todo y fundamentalmente el ideal nacional de las clases trabajadoras, del Trabajo, dejando espacios econmicos, polticos y culturales para que las burguesas de esos pueblos sigan obteniendo beneficios explotando ms duramente a sus clases trabajadoras y recibiendo parte de los beneficios que las burguesas ms poderosas obtienen con sus saqueos imperialistas.

23. Si los pueblos oficialmente independientes empiezan a sufrir una nueva forma sibilina o descarada segn los casos de opresin nacional, la suerte de los pueblos nacionalmente oprimidos es peor en lo cuantitativo y en lo cualitativo porque les es prohibido disponer de un imprescindible Estado independiente, progresista y antiimperialista. Hace ms de un siglo y medio que las burguesas dejaron de sacrificar sus vidas y sus propiedades para conquistar el Estado propio, y cuando sus clases trabajadoras se pusieron en pie para expulsar a los ocupantes esas burguesas se dividieron entre muchos colaboracionistas y oportunistas pasivos, y pocos luchadores; tras expulsar a los ocupantes, esas burguesas maniobraron para recuperar y ampliar sus propiedades, desarmar a las clases trabajadoras y si es posible encarcelar sus dirigentes.

24. Ocurre as porque desde hace tiempo la burguesa como clase social que vive de la explotacin de la clase obrera sabe que sta es su mortal enemigo y que no puede concederle ms derechos y libertades que los estrictamente necesarios para mantenerla adormecida y sumisa mediante la poltica de la zanahoria y el palo, y las burguesas de los pueblos oprimidos tambin lo saben. Peor an, por experiencia propia e internacional ellas saben que una vez que el pueblo trabajador se ha lanzado a la lucha de liberacin nacional, aunque sea al principio con objetivos meramente democrticos y polticos, no socialistas, puede cada vez ms difcil evitar su radicalizacin socialista, su ascenso de conciencia nacional alienada, burguesa, a conciencia nacional de clase, independentista y socialista.

25. La dificultad en domearla tiende a crecer en la medida en que el pueblo trabajador aprende por su propia lucha que la mejora cualitativa de sus condiciones de vida y trabajo va unida a la independencia socialista: en la medida en que va ganando batallas parciales, conquistando derechos concretos y derrotando contraataques del Estado ocupante y de la burguesa colaboracionista. Aqu, en este aprendizaje, juega un papel creciente el internacionalismo de los pueblos, de las clases trabajadoras, que comprenden que deben ayudarse mutuamente en lo prctico y en lo terico.

26. Estudiar esta realidad de nacin oprimida desde la perspectiva de la liberacin nacional de clase quiere decir que se parte de un hecho central que lo determina todo: la realidad social entera est estructurada por la opresin nacional que sufre la clase obrera y el pueblo trabajador, y dentro de este la mujer trabajadora como su componente decisivo en la reproduccin del sistema y en la produccin de plusvala. Opresin nacional de clase quiere decir que es el sistema capitalista, como unidad de modo de produccin y reproduccin, el que oprime nacionalmente para extraer un beneficio global mediante la explotacin de la fuerza de trabajo social y la dominacin poltica, lingstico-cultural e ideolgica. Desde esta perspectiva no existen contradicciones antagnicas sino un mismo inters bsico de clase entre las burguesas franco-espaolas y la llamada burguesa vasca.

27. La opresin nacional de clase no desaparecer mientras no lo haga su causa: el capitalismo. S puede aliviarse parcialmente en cuestiones importantes por su contenido simblico y referencial, lingstico-cultural, democrtico, meditico, educativo, sanitario, administrativo y econmico. Se trata de quitar presin a la olla para que no estalle, cediendo cierta autonoma fiscal y recaudatoria, e incluso represiva si los Estados opresores controlan las fuerzas de orden autonmicas y regionalistas integradas en sus estructuras militares. Tales concesiones alivian y suavizan lo ms duro de la opresin nacional logrando el apoyo decidido de la burguesa vasca y de los bloques sociales pequea burguesa, franjas sociales, clases medias, y masas trabajadoras y obreras autonomistas y regionalistas, conservadoras poltica y socialmente, pero con una visin algo democraticista de su sentimiento difusamente nacional, abstracto.

28. Las concesiones vistas tambin buscan engatusar las dudas e indecisiones de los sectores de la pequea burguesa, clases medias, del pueblo y de la clase obrera que oscilan entre el simple autonomismo y regionalismo y el independentismo socialista, sectores que tienen confusos y borrosos sentimientos nacionales y sociales. Franjas y sectores obreros y populares, etc., que se mueven oscilantes segn los momentos entre los dos polos, que no se sienten miembros de los Estados ocupantes, que conocen al pueblo independentista y sienten simpatas por su coherencia y hasta le apoyan en determinadas movilizaciones e incluso en ciertas situaciones poltico-electorales pero no en otras.

29. Estas concesiones estatales pueden ser y son aceptadas en diverso grado por los sectores sociales, culturales, sindicales y polticos constitucionalistas y unionistas, con sentimiento nacional espaol y francs, cuya aceptacin oscila segn sean ms o menos duras las polticas centralizadoras de sus Estados. Adormilarlos, mantenerlos calmados para que no impulsen respuestas fanticas de opresin nacional y de imperialismo gran nacionalista de los ocupantes, es una sabia estrategia poltico-militar de largo alcance consistente en mantener inactivas las terribles fuerzas irracionales, racistas y machistas de los movimientos contrarrevolucionarios.

30. Por ltimo, puede llegar el momento poltico en el que el Estado ocupante necesite soltar los perros por las calles, pero para eso tiene que mantenerlos atados pero contentos, y una buena explicacin de esas concesiones al separatismo puede lograrlo.

En el siguiente texto desarrollaremos ms en detalle estas tesis pero aplicadas al decisivo asunto del sujeto colectivo de la emancipacin, del problema de la prctica de clase del independentismo del pueblo trabajador.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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