Portada :: EE.UU. :: Katrina, con el neoliberalismo al cuello
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-09-2005

Los desastres no son naturales: Bush y su santa madre

Marcos Roitman
La Jornada


La madre del presidente estadunidense tiene la genial idea de apoyar en labores humanitarias a las vctimas del huracn Katrina. La magnitud del desastre lo aconseja. Pero su primera accin ha tenido como objetivo solidarizarse con su hijo, el inquilino de la Casa Blanca. Por ello recrimina a quienes constatan el mal hacer de la administracin republicana en la gestin de la catstrofe. Sus declaraciones son contundentes y estn acordes con su estirpe. Sin rubor vocifera que "la mayora de los afectados ya vivan en condiciones miserables con anterioridad al paso del huracn..."

No cabe duda de que estamos en presencia de un argumento recurrente en la historia de los desastres naturales. Siempre los afectados son pobres y estn acostumbrados a sufrir las consecuencias de terremotos, maremotos, huracanes, tifones, etctera. Lo verdaderamente preocupante sera que afectase a los sectores medios y las clases altas. Para la madre de Bush es normal la manera de encarar la situacin. La presencia de militares patrullando las calles de Nueva Orlens con orden de disparar a matar es una respuesta inteligente y expedita para restablecer la ley donde impera el caos. Los desheredados son un peligro. Excusa para imponer un control frreo en la proteccin de la propiedad privada. Los afectados carecen de mantas, vveres, medicamentos y agua, y por ello harn cuanto puedan para sobrevivir.

Hay que evitar que los pobres se tomen la ciudad y decidan actuar por su cuenta procurando solucionar los problemas al margen de una autoridad inexistente. Lo normal es acudir donde los efectos del huracn han sido menores. Los barrios donde vive la gente bien. Pero ellos tenan condiciones materiales para la evacuacin, pagar hoteles o refugiarse. Sus viviendas estn aseguradas. Militares, fuerzas policiales y agentes privados han creado un cerco contra los miserables y muertos de hambre. As se responde a tragedias humanas donde la desesperacin, el miedo, la rabia y la impotencia se aduean de quienes sufren en primera persona las consecuencias de un orden social injusto que explota y margina a quienes producen la riqueza social.

Mientras tanto, los consejeros de Bush le aconsejan concluir sus vacaciones con parsimonia, esperando que las aguas vuelvan a su cauce. Y as muestran cul es su vara para medir la catstrofe. Su inconsciente los traiciona por la manera de encarar el problema. Para Bush, sus consejeros y desde luego su madre, subrayar que los afectados son pobres supone admitir una visin del mundo donde los desastres naturales siempre afectan a quienes viven en la miseria, pasan hambre y juegan con la muerte. Bajo estos principios, la urgencia en la ayuda es subjetiva, puede retrasarse, las prisas son relativas. Adems, si se mira hacia el futuro, el huracn traer efectos positivos, los pobres podrn rehacer sus vidas y accedern a prstamos impensables antes de Katrina. No hay mal que por bien no venga, vocean los responsables de organizar la reconstruccin de Nueva Orlens y Mississippi. Argumento suficiente para acallar las crticas irreverentes hacia la administracin republicana. Los negocios gozan de buena salud, lo mismo que empresarios y el capital financiero, presto a fomentar crditos a bajo inters como si se tratase de una accin humanitaria y no de rentabilidad econmica. Gracias al todopoderoso los afectados no gozan de seguro mdico, ni antirrobos, ni de hogar, ni antincendios, ni de vida. Aquellos que las entidades financieras descartan entre su cartera de clientes y cuyos guardias de seguridad miran con mala cara cuando entran en sus sucursales. Por tanto es buen momento para atraerlos y mostrar la conveniencia de suscribirlos. Se harn a medida de los pobres; no hay de qu alarmarse. Los muertos, las vctimas, son los sin nombre, ningn famoso, nadie conocido los echar de menos. Las lgrimas de familiares y amigos no saldrn en las noticias. Son masa informe. Ms de 10 mil cadveres, muchos de ellos irreconocibles, flotando por aceras inundadas, que debern incinerarse para evitar enfermedades. Incluso muertos corren mala suerte. Ni funeral ni descansar en paz. Infierno en la Tierra, purgatorio en lo alto. Seres prescindibles. Da igual que el huracn pase por Honduras, Nicaragua, Hait o Estados Unidos. Las vctimas se homologan, son pobres que ocupan el ltimo peldao en la escala humana del capitalismo. Sirven para ser explotados y justificar acciones filantrpicas de exencin de impuestos.

Sin embargo, los desastres no son naturales. Los nichos ecolgicos donde habitan los damnificados carecen de infraestructuras, por consiguiente sufren mayor riesgo ante catstrofes perfectamente evitables. Sus casas se asientan en tierras blandas o lechos ganados a los cauces de los ros, por donde las aguas buscarn su salida natural en caso de crecidas incontroladas. Las posibilidades de avalancha de lodos o inundaciones son siempre altas y los costos humanos no tienen precio. Pero como de costumbre, se tienta a la suerte. Slo as se explican los daos causados por el paso del huracn Katrina. Entindase bien, se trata de acotar aquellos efectos de un fenmeno meteorolgico anunciado. Nadie puede prever con certeza matemtica la emergencia de un terremoto o un tsunami. Pero ciertos fenmenos atmosfricos tienen un grado de prediccin suficiente que garantiza una accin deliberada capaz de minimizar el dao a la poblacin y los bienes materiales. Si bien los factores aleatorios siempre estn presentes y provocan rupturas de puentes, bloqueo de carreteras, cortes de luz, etctera, no hay explicacin humana que justifique la muerte de miles de personas como en esta ocasin. Cuando se anuncia un huracn es de esperar la existencia de planes especiales y normativas estrictas para solventar sus consecuencias. Personal especializado, refugios, vveres, hospitales mviles y un operativo en caso de evacuacin de emergencia. Es decir, esfuerzos coordinados en el mbito de las polticas pblicas y estatales. No debe quedar espacio para el mea culpa. Ms si en este caso hablamos del pas ms rico y poderoso del planeta, con infraestructura para hacer frente a los efectos adversos de un huracn. Pero la leccin es cruel: al capitalismo slo le interesa el corto plazo y el beneficio inmediato. Invertir para evitar catstrofes naturales no es negocio. Tal vez por ello en Cuba los huracanes no dejen vctimas humanas. Las prioridades son otras.



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