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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-06-2015

La multifactica crisis del sistema-mundo (II)
Perspectivas de los movimientos populares y de los gobiernos posneoliberales de Amrica Latina y el Caribe

. Guerra, K. Arkonada, L. Surez S. y O. Gonzlez (coord.)
Rebelin


Perspectivas de los movimientos populares y de los gobiernos posneoliberales de Amrica Latina y el Caribe

52.- No nos corresponde definir el contradictorio impacto que los escenarios ms probables, sintetizados en los dos acpites precedentes, tendrn en cada uno de los 33 estados polticamente independientes y en los 18 territorios sometidos a diferentes formas de dominacin colonial en Amrica Latina y el Caribe. Esa compleja tarea les corresponder a los diversos movimientos sociales y polticos, y a los intelectuales y cientficos sociales comprometidos con las luchas populares que en ellos actan; asimismo, a los gobiernos revolucionarios, reformadores o reformistas genricamente calificados como progresistas, de izquierda y/o posneoliberales actualmente instalados o que en el futuro se instalen en Nuestra Amrica.

53.- Sin embargo, consideramos necesario indicar que ninguno de los escenarios antes sintetizados u otros que no hayamos sido capaces de identificar, estn predeterminados. En tanto los campos de batalla entre los diferentes actores sociales y polticos, gubernamentales y no gubernamentales, hemisfricos o extra hemisfricos, sern heterogneos, al tiempo que esos mismos actores pugnarn entre s por defender su cuota de poder o la razn de sus ideas e intereses, en esa misma medida crecern las reacciones conservadoras y, como contraparte, la creatividad popular y la resistencia, dando lugar a la aparicin de nuevos y muy diferentes escenarios.

54.- En nuestros debates tambin se fortaleci nuestra conviccin de que la poltica de saqueo y depredacin de los recursos naturales renovables y no renovables y de los bienes comunes, seguida por el capital imperialista en Amrica Latina y el Caribe, con pleno apoyo de los gobiernos de Estados Unidos y de la Unin Europea, provocar un amplio abanico de resistencias populares en buena parte de los pases de la regin, incluido Mxico.

55.- Frente a la redoblada ofensiva del capital transnacional y nacional, en el propio Mxico se han multiplicado las formas de resistencia popular, al igual que la construccin social alternativa de los pueblos indgenas, la defensa del trabajo y las organizaciones sindicales, la lucha contra el capital transnacional minero, la defensa del agua, de la tierra, de los territorios sagrados, de los saberes, de los espacios pblicos urbanos, de la educacin, y la batalla permanente contra la contaminacin ambiental, por la justicia y por el derecho a la vida. De manera que los desafos para la construccin de la unidad en la diversidad, sern enormes, pero no imposibles de solventar. Encontrar los caminos para coordinar, hacer confluir y unificar las diversas formas de lucha para enfrentar el despojo y las polticas de un Estado criminal que criminaliza la resistencia, ser un reto que el pueblo mexicano, sus movimientos sociales y las diversas organizaciones polticas de izquierda, tendrn que asumir por encima de las diferencias y contradicciones que en la actualidad se advierten en el campo popular.

56.- Estas y otras evidencias nos inducen a pensar que ante la que se ha calificado como acumulacin por desposesin, los diversos sectores populares y, en especial, las comunidades indgenas, afrodescendientes y mestizas, as como las y los campesinos y las y los trabajadores sin tierra, tendrn que padecer y enfrentar incontables proyectos de minera a cielo abierto, extraccin de petrleo y gas convencional o no convencional, construccin de grandes carreteras y de obras hidrulicas e hidroelctricas, o la plantacin de enormes extensiones de diversos cultivos agrcolas (algunos de ellos transgnicos, como es el caso de la soya), que llevarn aparejado el desplazamiento de miles de familias por medios coercitivos, y la prdida de la tierra y el territorio en los que han vivido y creado su cultura. El resultado de este nuevo e incesante despojo, histricamente hablando, ser la ampliacin del hambre y la profundizacin de la marginacin a las que han estado sometidos buena parte de los habitantes de nuestro continente desde que los colonizadores impusieran, a sangre y fuego, sus mltiples formas de dominacin en este, aquel Nuevo Mundo.

57.- Lo antes dicho nos permite vislumbrar que en los prximos aos se producir una gran ola de luchas populares en defensa de la tierra y los territorios, as como del agua y otros bienes comunes, al igual que de los recursos naturales, como las que se libraron hace algunas dcadas en diferentes pases de Amrica Latina y el Caribe contra las polticas neoliberales. Sin excluir a ninguna de esas luchas, consideramos importante destacar las llamadas guerras del Agua y del Gas que se produjeron en Bolivia. Como se demostr en este y otros pases del continente --en Ecuador, por ejemplo--, para lograr la victoria fue imprescindible fortalecer la organizacin y, sobre todo, lograr la articulacin de los esfuerzos de los diferentes sectores populares del campo y la ciudad en aras de ampliar la movilizacin popular, y, del mismo modo, organizar y consolidar la fuerza poltica capacitada para expresar las aspiraciones de quienes participaban en las luchas. Esas fuerzas polticas pudieron ir mucho ms lejos que la oposicin de los movimientos sociales y las comunidades a los proyectos que los afectaban de manera ms o menos directa, hasta transformarse en un movimiento poltico de alcance nacional, capacitado para disputar y arrebatar a las clases dominantes el gobierno y una parte importante del poder.

58.- De modo que la posibilidad de derrotar la nueva ofensiva contrarrevolucionaria que han emprendido los representantes polticos, econmicos, miliares e ideolgico-culturales de las clases dominantes, estrechamente aliadas con las principales potencias imperialistas (y sobremanera con Estados Unidos), depender de la voluntad y capacidad de los pueblos latinoamericanos y caribeos para unirse y organizarse sobre una plataforma que vaya de la resistencia puntual a formas de organizacin poltico-social que permitan plantearse la toma del gobierno y del poder y, posteriormente, las transformaciones polticas, econmicas, sociales y culturales que se demandan.

59.- Al mismo tiempo, los procesos polticos genricamente calificados como progresistas y/o posneoliberales que en la actualidad se estn produciendo en diferentes pases de Amrica Latina y el Caribe, implican retomar el debate inconcluso sobre el Estado y, en correspondencia, acerca de la problemtica del poder. En este contexto, consideramos imprescindible asumir la necesidad de la defensa de la soberana y la autodeterminacin de los pueblos y las naciones contra el imperialismo y las transnacionales; igualmente, la funcin reguladora y redistributiva del Estado, con la finalidad de contrarrestar los mecanismos de mercado, tan lesivos para la economa popular. Esa desmercantilizacin relativa permitir que broten formas de gestin popular que sustituyan los mecanismos automticos inherentes al propio mercado. En nuestro criterio, resulta fundamental que estos temas sean objeto de debate permanente en los distintos espacios de las izquierdas latinoamericanas y caribeas.

60.- Tales debates son an ms importantes, si entendemos el camino al socialismo como una transicin civilizatoria que, partiendo del desplazamiento de las clases dominantes y del poder recolonizador de la burguesa transnacional, contemple, como bases mnimas, una economa sustentable, con crecimiento y redistribucin de la riqueza, el ascenso en la calidad de vida de la mayora de la poblacin, y una democracia participativa que posibilite el control popular en los asuntos centrales del pas. Todo esto presupone rediscutir los parmetros fundamentales del desarrollo a partir de nuestras caractersticas dependientes y subdesarrolladas, colocando en un lugar primordial el debate de la matriz productiva y extractivista que caracteriza a las estructuras econmicas de la mayor parte de los estados latinoamericanos y caribeos.

61.- Esto es mucho ms necesario porque a nuestros anlisis los atraviesan lgicas del capitalismo y la modernidad que nos dificultan visualizar un horizonte postcapitalista. Sin embargo, tenemos que ser honestos: quinientos aos de colonialismo y treinta de neoliberalismo nos han dejado dficits tan abismales que no se nos puede negar el derecho al desarrollo, a luchar para salir de la pobreza y a vivir en condiciones de dignidad plena, sencillamente humanas. La tarea para las diversas fuerzas de la izquierda en Amrica Latina y el Caribe, especialmente cuando acceden al gobierno, es conjugar ese derecho al desarrollo con los derechos de la Madre Tierra, no entendida esta como una naturaleza esttica a la que le damos derechos, sino como el conjunto de seres vivos que interactuamos en un escenario de biodiversidad.

62.- En un sistema alternativo al capitalismo, tambin necesitamos pensar en nuevos modelos de desarrollo a partir de un cambio de la matriz productiva, cambio que solo puede ser fruto de una transicin sostenida y paulatina; o sea, en modelos inequvocamente diferentes al que asumieron los pases capitalistas centrales y, en particular, las principales potencias imperialistas. Aquellos y estas pudieron desarrollarse a costa de los pueblos, las personas y la naturaleza. Un escenario postcapitalista en Amrica Latina y el Caribe, no se puede sustentar en la explotacin ni resignarse a que perdure la alienacin de las personas sin la formulacin e implementacin de polticas que mejoren su vida cotidiana, sin regular la explotacin de una naturaleza que cuenta con recursos limitados e insuficientes para que el Sur del mundo crezca y mantenga niveles de consumo similares a los del Norte. Miles de millones de personas en Amrica Latina y el Caribe, China, India y el Sur geopoltico del planeta, necesitan mejorar sus condiciones de vida, pero no habr recursos estratgicos suficientes para ello si se mantiene el actual modelo consumista y mientras no se alcance una soberana tecnolgica que libere a nuestros pases de las diversas formas de dependencia respecto a los denominados pases centrales o altamente desarrollados.

63.- Para emprender ese otro modelo de desarrollo, resulta imprescindible demandar que los gobiernos latinoamericanos y caribeos comiencen a gestar una arquitectura financiera internacional ajustada a los intereses pblicos y nacionales. Ese nuevo proyecto econmico y financiero, deber contar con un Banco de Desarrollo e Integracin Latinoamericano y Caribeo que, tomando como punto de partida el Banco del ALBA y el ya aprobado, pero an inoperante, Banco del Sur, y actuando de manera complementaria con el Banco del Grupo BRICS, se plantee sustituir las instituciones financieras internacionales en el menor tiempo posible, especficamente al Fondo Monetario Internacional, al Banco Mundial y al Banco Interamericano de Desarrollo.

64.- Del mismo modo, ser imprescindible seguir luchando para que los gobiernos del continente que los hayan suscrito, se liberen de los leoninos tratados de libre comercio que se han venido implementando desde 1994, tanto con los Estados Unidos como con la Unin Europea. Sobre todo porque, como demuestran mltiples evidencias, esos tratados son totalmente asimtricos, constituyen mecanismos para la dominacin geopoltica y estn centrados en las necesidades del gran capital, lo que ha agudizado las desigualdades, la inequidad y el rol primario exportador de las economas de la mayor parte de los pases latinoamericanos y caribeos.

65.- Los perjuicios al medioambiente constituyen uno de los efectos provocados por la exacerbacin de la cultura del consumo individualista de energa y de otros bienes y recursos materiales. Es un imperativo trascender esta ecuacin suicida para poder avanzar hacia una planeacin y un consumo colectivos, a fin de compartir beneficios y responsabilidades, tanto sociales como ambientales.

66. Como parte de las perspectivas y deberes de los movimientos populares y de los gobiernos posneoliberales de Amrica Latina y el Caribe ms all de sus fronteras, se impone la creacin de un Tribunal Internacional de Justicia Climtica y Ambiental, encargado de juzgar a pases que no cumplen con sus compromisos ni con los tratados internacionales que ellos mismos refrendaron. Ser necesario considerar que debe ser una institucin que evite reproducir las asimetras caractersticas de los organismos vigentes y que garantice mecanismos de coercin reales, considerando la enorme diferencia entre los niveles de consumo de los pases centrales y los perifricos.

67.- Por otra parte, en la lucha contra el capitalismo en crisis se requiere priorizar ms que nunca las que Jos Mart denomin trincheras de ideas, sin perder de vista, como l mismo sealara en abril de 1895, que De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganmosla a pensamiento. Para lograrlo, debe emprenderse con celeridad el lento y trabajoso proceso de subordinar los medios de comunicacin privados a los intereses de las grandes mayoras, pues en tanto aquellos sean controlados por las clases dominantes, actuarn como promotores de la cultura del derroche, de la banalizacin de la historia y de la identidad; en fin, como reproductores de la ideologa hegemnica de la dominacin, la exclusin y la manipulacin, centrada en la despolitizacin de lo cotidiano y en la prdida de la memoria colectiva, hasta logar el control absoluto de cualquier sociedad.

68.- En la batalla contra los medios hegemnicos, ser necesario establecer estrategias de comunicacin claras y consensuadas que permitan la creacin de proyectos alternativos de prensa grfica y digital y fomenten la utilizacin intencionada e inteligente de las redes sociales y de las radios, las pequeas televisoras y otros espacios culturales a nivel comunitario. Estos espacios/medios pueden constituirse en herramientas tiles para (re)construir el sentido comn, la conciencia colectiva y los sentidos de pertenencia. Tales estrategias de comunicacin deben proponerse arropar el rol protagnico de los jvenes y las mujeres, apuntando a la toma de conciencia no slo desde lo poltico, sino tambin desde todo el espectro cultural de lo local, lo nacional y lo regional.

69.- El presente siglo no puede tener otro horizonte que la inexistencia de una civilizacin que ha subordinado todos los aspectos de la vida, incluida la muerte, a una maquinaria de acumulacin de ganancias; que ha sometido a la dictadura del lucro a la produccin, la ciencia, la tecnologa, la educacin, la poltica, el ocio, la naturaleza, y, por si fuera poco, a cualquier forma de intercambio comercial, por ingenua que parezca. La comunitarizacin universal de todas las relaciones humanas con la naturaleza, pasa por un largo y complicado proceso de transicin en el que se desarrollarn enconadas batallas entre la civilizacin dominante, la del capitalismo decadente, y la nueva civilizacin socialista, que ya emerge desde los intersticios, las grietas y contradicciones del propio capitalismo.

70.- En ese contexto, la necesidad y posibilidad de fundar un contra-poder popular y conquistar el poder poltico, por parte de la izquierda, constituye una oportunidad para dar la batalla entre el viejo Estado --que monopoliza las decisiones asociadas a las elites capitalistas transnacionales y locales--, y un nuevo Estado, que cada vez democratice y fundamente ms sus decisiones en las comunidades, en los movimientos sociales, en los diversos sectores populares que componen la sociedad civil y poltica. Debemos apostar por el desborde democrtico, hasta lograr la superacin de la democracia fsil, meramente representativa, y alcanzar la democracia comunitaria, de gnero, multicultural, multitnica, verdaderamente participativa.

71.- Esta ser una batalla por el predominio de la democracia en todas las vertientes de la vida en sociedad, una democracia que envuelva y atraviese las dismiles actividades cotidianas de todas las personas; desde la cultura hasta la poltica, desde la economa hasta la educacin. Una batalla de la que tambin formar parte la lucha nacional e internacional por la ampliacin de los bienes comunes y por la gestin comn de esos mismos bienes, como son el agua, la salud, la educacin, la ciencia, la tecnologa, el medio ambiente.

72.- En esa batalla entre la civilizacin capitalista dominante y la civilizacin comunitaria emergente que comenzar a gestarse a partir de las caractersticas nacionales de cada pas , se conjugarn diferentes formas de propiedad, desde la estatal hasta la comunitaria y la privada, pero todas ellas en funcin de la socializacin de la produccin y de la apropiacin social de los resultados. En ese contexto, un Estado revolucionario debe ayudar a que lo comunitario se expanda, se fortalezca y pueda superar ms rpidamente los obstculos que se interponen en su camino. La comunitarizacin de la economa solo puede ser una creacin heroica de los propios productores y consumidores.

73.- La apuesta por la toma del poder y la conquista del Estado, es la apuesta por un largo proceso de transicin en el que el Estado revolucionario, los partidos y movimientos sociales se fusionan para apuntalar y expandir o disputar la democratizacin de las decisiones, el desmontaje permanente de la lgica del lucro, en aras de la lgica comunitaria y la apuesta al intercambio armnico entre el ser humano y la naturaleza en la produccin de la riqueza y en el vivir cotidiano.

A modo de conclusin

74.- Durante el primer decenio del siglo XXI se produjo una contraofensiva de las fuerzas opuestas a todos los procesos de cambio que, desde el triunfo de la Revolucin bolivariana, comenzaron a gestarse en Amrica Latina y el Caribe. Aunque esa contraofensiva no pudo derrotar a la mayor parte de los gobiernos revolucionarios, reformadores o reformistas instalados en este continente, ni evitar nuevas victorias electorales de las fuerzas polticas populares en algunos pases de Centroamrica y el Caribe, produjo una especie de ralentizacin o reflujo en varios de los procesos de cambio que venan desarrollndose y, por tanto, en las luchas por la segunda independencia de Nuestra Amrica.

75.- En la coyuntura actual se nos plantea la necesidad impostergable de realizar una valoracin ponderada de los progresos antineoliberales que hasta ahora se han obtenido, as como de profundizar en los debates que se han realizado sobre los lmites de los diversos procesos de cambio que se estn desarrollando en la actualidad en Amrica Latina y el Caribe. Aunque resulte obvio decirlo, no habr consolidacin de lo alcanzado hasta aqu, si la marcha se detiene o si se cae en la trampa del inmovilismo posibilista. Mucho ms porque las evidencias histricas --entre ellas, la experiencia de la Revolucin cubana-- indican que la nica garanta para evitar retrocesos, es la constante profundizacin de los procesos antiimperialistas y anticapitalistas, y la socializacin de la propiedad, la economa, los servicios pblicos, el poder y la cultura.

76.- En este contexto habra que sealar que, si bien actuar dentro de la democracia representativa ha constituido un recurso empleado por la izquierda para avanzar en la lucha por la liberacin de los pueblos, una vez que se logra la instauracin de un gobierno posneoliberal mediante la va electoral, las dinmicas de los mecanismos de la democracia representativa incrustados en las estructuras poltico-estatales republicanas, tienden a favorecer a la burguesa y al capital, con indudable perjuicio para los propios procesos de cambio y para la conciencia poltica y social. Por eso, se torna imprescindible crear instancias de democracia directa, participativa, lo ms nutridas posibles, para contrarrestar esa tendencia negativa y evitar que se estanquen o retrocedan las gestiones al servicio del pueblo.

77.- De modo que la ampliacin de los mrgenes de la democracia, mediante la participacin popular y directa en la construccin del poder popular, y la educacin poltica de las masas, constituyen armas sumamente eficaces para derrotar la contraofensiva de Estados Unidos y sus aliados en la regin.

78.- Como se ha visto, prcticamente en todos los pases latinoamericanos y caribeos en los que se ha emprendido procesos de cambios favorables a los intereses nacionales y populares, esa contraofensiva ha demostrado que cada avance --por muy moderado que sea-- hacia la construccin de una sociedad, no slo posneoliberal, sino poscapitalista, desencadenar las ms feroces reacciones de la derecha y de sus garantes imperialistas, con mltiples tcticas, recursos y estrategias, tanto encubiertas como declaradas.

79.- Ese comportamiento se mantendr en los prximos aos, durante los cuales la lucha entre lo nuevo y lo viejo, entre la revolucin y la reaccin, se agudizar en diferentes pases del continente y, en especial, como hemos sealado, en la Repblica Bolivariana de Venezuela. Si la contrarrevolucin lograra triunfar en ese pas, el escenario ms probable sera una cruenta guerra civil que desestabilizara a toda la regin y, en particular, a sus gobiernos posneoliberales. No hay ni habr, entonces, tarea ms apremiante para todas las fuerzas progresistas, los movimientos populares y los liderazgos transformadores en Nuestra Amrica, que patentizar por todas las vas a su alcance la mayor solidaridad con el pueblo bolivariano y chavista y con el gobierno presidido por el compaero Nicols Maduro.

80.- Al saludar todo paso firme de cualquier Estado y gobierno hacia la autodeterminacin y hacia las reformas sociales y polticas que debiliten y desmonten el orden impuesto por la globalizacin neoliberal, y al reconocer todo esfuerzo de unidad e integracin no subordinada a EEUU, ni a otros centros imperialistas, estamos convencidos de que resulta imprescindible renovar, recrear y unificar en cada pas la gran diversidad de fuerzas sociales, polticas y culturales con capacidad de asumir y profundizar cada proceso transformador e impulsar nuevas y originales acciones que contribuyan a la construccin de una Patria Grande latinoamericana y caribea, social y polticamente liberada. Una meta tan trascendente, como sera lograr nuestra impostergable unidad de accin, exige que traspasemos fronteras, erradiquemos dogmas y revitalicemos, con renovadas expectativas, el internacionalismo y el latinoamericanismo de los fundadores de la idea de la gran patria latinoamericana y caribea, y de sus continuadores ms cercanos, entre los cuales figuran, por el mrito de sus grandes aportes, los comandantes Fidel Castro Ruz y Hugo Chvez Fras.


Edicin: 2 de junio de 2015.

Participantes del taller internacional, por orden alfabtico de los nombres

ngel Guerra (Cuba), Arantxa Tirado (Estado Espaol), Daro Salinas (Chile), Esteban Rivero (Mxico), Fernando Snchez Cuadros (Per), Gilberto Lpez y Rivas (Mxico), Hctor Daz-Polanco (Mxico), John Saxe-Fernndez (Mxico), Jorge Casals (Cuba), Jorge Veraza (Mxico), Josefina Morales (Mxico), Katu Arkonada (Pas Vasco), Lila Molinier (Paraguay), Luis Surez (Cuba), Marco Gandsegui (Panam), Nayar Lpez Castellanos (Mxico), Omar Gonzlez (Cuba), Ral Garca Linera (Bolivia), Silvina Romano (Argentina), Tamara Barra (Mxico).

Hicieron llegar sus aportes por escrito:

Frente Guas (Paraguay), Narciso Isa Conde (Repblica Dominicana), Paula Klachko (Argentina), Sergio Rodrguez Gelfenstein (Venezuela), Tania Garca (Cuba).

El equipo de coordinacin del taller y de redaccin de la versin final de este documento, estuvo integrado por: ngel Guerra, Katu Arkonada, Luis Surez.

Parte I: Una mirada crtico-prospectiva a su impacto en Nuestra Amrica


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de los autores y autoras mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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